{"id":13727,"date":"2024-11-01T14:04:43","date_gmt":"2024-11-01T18:34:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13727"},"modified":"2024-11-01T14:05:36","modified_gmt":"2024-11-01T18:35:36","slug":"senor-marx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/senor-marx\/","title":{"rendered":"El se\u00f1or Marx no est\u00e1 en casa"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ibsen Mart\u00ednez<\/h4>\n\n\n\n<p>A mediados de 2006 tuve el primer atisbo de que Karl Marx pudo haber inducido a Eleanor, su hija menor, a sostener relaciones incestuosas con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed lo tienen, pues. Ya est\u00e1 dicho: Karl Marx \u00abagresor sexual intrafamiliar\u00bb. Solo por hoy tomar\u00e9 en pr\u00e9stamo esa horr\u00edsona expresi\u00f3n, hallada en el folleto de una ONG.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea atraves\u00f3 mi alcoba como un aerolito cruza el cielo cuando una voz de mujer \u2014una voz autorizada y condolida\u2014 conjetur\u00f3 los motivos que pudo tener Eleanor Marx para suicidarse a los 43 a\u00f1os de edad.<\/p>\n\n\n\n<p>No estoy hablando aqu\u00ed de una sesi\u00f3n de espiritismo: la due\u00f1a de esa voz es mujer de carne y hueso y pisa la tierra. Se llama Gloria Abadi y yo estaba enamorado de ella. Habl\u00e1bamos a oscuras, echados en la cama, porque la conversaci\u00f3n hab\u00eda comenzado antes del crep\u00fasculo del tr\u00f3pico y nos absorbi\u00f3 de tal modo que ninguno de los dos se ocup\u00f3 de encender la luz cuando cay\u00f3 la noche por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>La conjetura de Gloria me alcanz\u00f3 al cabo de veinticinco arios de inextinguible fascinaci\u00f3n por un suicidio registrado hada ya m\u00e1s de cien, en un pa\u00eds lejano y en circunstancias que nunca fueron suficientemente aclaradas. Su hip\u00f3tesis obr\u00f3 en m\u00ed el consabido efecto del \u00ab\u00a1rayos; ahora todo encaja!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando le cont\u00e9 a Gloria lo que cre\u00eda saber del suicidio de Eleanor Marx, ya hab\u00eda pasado yo de los cincuenta a\u00f1os, pero mi obsesi\u00f3n por aquel subproducto de la historia del socialismo europeo no era menos lancinante que en mi juventud.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra hermana de Eleanor, Laura, lleg\u00f3 al mismo extremo en 1911, cumpliendo un pacto suicida hecho con su esposo, Paul Lafargue; pero esas muertes nada tienen que ver \u2014policialmente hablando, al menos\u2014 con la de Eleanor. Jenny, la mayor de las hermanas, muri\u00f3 de causas naturales a comienzos de 1883, en Argenteuil, el lugar que Claude Monet y cierta variedad de esp\u00e1rragos blancos pusieron en el mapa.<\/p>\n\n\n\n<p>De joven quise trasmutar en pieza teatral todo lo que cre\u00eda saber de la tragedia de Eleanor. Sin \u00e9xito alguno, me apresuro a decir. Cuantas veces me sent\u00e9 a escribirla, armado de fichas y de \u00abplanes de la obra\u00bb, termin\u00e9 por desistir, paralizado ante la opulencia de una informaci\u00f3n que empecinadamente juzgaba imprescindible embutir en s\u00f3lo hora y media de espect\u00e1culo. Pero, aunque no llegu\u00e9 muy lejos como dramaturgo, mi inter\u00e9s por lo que pudo haber ocurrido en el n\u00famero 7 de Jews Walk, en Sydenham, al sureste de Londres, la ma\u00f1ana del 31 de marzo de 1898, nunca lleg\u00f3 a disiparse.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho sin m\u00e1s vueltas, me habr\u00eda gustado conocer, y quiz\u00e1, tambi\u00e9n cortejar con \u00e9xito a la victoriana y socialista Eleanor y tal vez, con suerte, hacerla feliz. Pero Eleanor muri\u00f3 en Inglaterra, de una manera atroz, cincuenta y tres a\u00f1os antes de nacer yo en un campo petrolero de la Pantepec Consolidated of Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Durante un cuarto de siglo fui escribidor de culebrones. Llegu\u00e9 al oficio desde el mundillo del teatro que nutre los elencos de telenovela. A poco de entrar a la Facultad de Ingenier\u00eda, viv\u00ed por alg\u00fan tiempo con una actriz del teatro experimental universitario, una muchacha fr\u00e1gil y ambiciosa que llegaba al fin de mes trabajando a destajo en culebrones. Fue ella quien propici\u00f3 una entrevista con la persona indicada y me ayud\u00f3 a escapar de una carrera de ingenier\u00eda para la que no estaba dotado en absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl culebr\u00f3n es un rubro semielaborado de exportaci\u00f3n que no requiere tecnolog\u00eda de punta y es poco intensivo en inversi\u00f3n de capital\u00bb, me dijo la persona indicada el primer d\u00eda de trabajo. \u00abVideo de baja resoluci\u00f3n con historias de baja resoluci\u00f3n: eso es lo que hacemos aqu\u00ed\u00bb, a\u00f1adi\u00f3, antes de asignarme un escritorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Tard\u00e9 muy poco en persuadirme de que la telenovela no era para m\u00ed pues yo carec\u00eda por completo de lo que hay que tener \u2014tes\u00f3n, desparpajo, saber hablar de dinero, qu\u00e9 s\u00e9 yo\u2014 para escribir ciento cincuenta episodios seguidos de otros ciento cincuenta cap\u00edtulos y luego a\u00fan otros ciento cincuenta cap\u00edtulos \u00abde invariable invenci\u00f3n\u00bb que anteceden a los ciento cincuenta cap\u00edtulos finales.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acogotaba el estr\u00e9s de la competencia entre los canales de televisi\u00f3n, pero, sobre todo \u2014y era lo m\u00e1s grave\u2014, me maniataban pudores, que llamar\u00e9 \u00abde literato\u00bb, a la hora de juntar el cotidiano haz de le\u00f1a hecho de 45 minutos de dram\u00f3n hortera.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Pese a todo, nunca llegu\u00e9 a aprender los trucos de ning\u00fan otro oficio tan bien como los de escribir culebrones. A sabiendas de que en este negocio s\u00f3lo se hacen ricos los corredores de fondo y de que yo no lo era, igual quise mi parte de todo el dinero que hay en el <em>racket<\/em> de las telenovelas. El diarismo paga demasiado poco, as\u00ed que persist\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y enmascar\u00e9 mi repugnancia, mi poca disposici\u00f3n y \u2014mejor decirlo de una vez\u2014 mi pereza con solicitudes de pr\u00f3rroga para terminar de escribir la sinopsis argumental y los cinco episodios fundantes. O con prescripciones de reposo m\u00e9dico obtenidas dolosamente. El \u00faltimo recurso consist\u00eda en trenzarme en un prolongado rifirrafe con la gerencia intermedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Me las apa\u00f1aba para exasperar con mis demoras a los directivos de un canal de tv hasta hacerme despedir, s\u00f3lo para hacerme contratar, meses m\u00e1s tarde, por el canal de la competencia a cuyos ejecutivos tambi\u00e9n daba largas hasta la exasperaci\u00f3n. Entre un empleo y otro viv\u00eda del cheque de indemnizaci\u00f3n por cesant\u00eda. A veces, desde luego, nada de esto funcionaba y deb\u00eda resignarme a escribir una telenovela de cabo a rabo o bien adaptar para la tv, con desigual fortuna, a\u00f1osos libretos de radionovelas cubanas de la d\u00e9cada de los cincuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada d\u00eda m\u00e1s viejo, cada d\u00eda menos prometedor como autor de grandes \u00e9xitos, encontr\u00e9 sin embargo mi lugar. El taylorismo propio de esta industria guardaba para m\u00ed el papel de \u00abdialoguista\u00bb: un indiferenciado operario de la l\u00ednea de montaje de escenas y di\u00e1logos.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo, la desconfianza que por mucho tiempo llegu\u00e9 a inspirar a mis posibles empleadores hizo que me tocaran algunas malas rachas seguidas y llegu\u00e9 a v\u00e9rmelas muy negras durante largo tiempo \u2014porque no conozco otro oficio, porque no supe nunca agenciarme otro modo de ganarme la vida\u2014, antes de que un afamado autor de culebrones me tendiese la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel hombre no era melindroso como yo. Sab\u00eda devolver la vista a las protagonistas ciegas, embarazar v\u00edrgenes al primer beso, sacarlas de la c\u00e1rcel sorpresivamente para restituirles el patrimonio usurpado, dar su merecido a los malvados y casarlas con el hombre de sus vidas en el \u00faltimo episodio. Y todo desenvueltamente, sin escalofr\u00edos de est\u00e9tica. A este hombre le <em>gustaba<\/em> escribir culebrones; <em>disfrutaba<\/em> concibi\u00e9ndolos y, mucho m\u00e1s, al <em>escribirlos<\/em>. Lo providencial para m\u00ed estuvo en que, aun estando al corriente de mi historial de libretista de bajo rendimiento y de contumaz embrollador laboral, el hombre me arrojase un cabo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque fue as\u00ed como ocurri\u00f3: en el momento en que me hallaba en los peores apuros \u2014nunca ahorr\u00e9 un n\u00edquel de todo el dinero que llegu\u00e9 a ganar\u2014, sin conocerme personalmente siquiera, me ofreci\u00f3 trabajo como dialoguista de sus exitos\u00edsimas telenovelas. Desde entonces s\u00f3lo trabaj\u00e9 para \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin contrato ni beneficios sociales, sin bonificaci\u00f3n de fin de a\u00f1o ni mucho menos cr\u00e9dito en pantalla, pero relevado del trato con ejecutivos de televisi\u00f3n y, muy especialmente, de escribir escenas de amor, algo que me descompone hasta las bascas, algo que detesto y con lo que nunca he podido lidiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi benefactor, en cambio, desplegaba en ellas una soltura y un ingenio dignos de Rostand. En consecuencia, me encomendaba las escenas que se me daban m\u00e1s f\u00e1cilmente: las situaciones \u00abcostumbristas\u00bb, llenas de caricatos y \u00abcomentario social\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Pagaba bien: quinientos, seiscientos, a veces hasta setecientos d\u00f3lares por escribir las dieciocho o veinte escenas que me asignaba en cada episodio de una hora. Escrib\u00edamos durante nueve o diez horas al d\u00eda, desde muy temprano en la ma\u00f1ana. Fabric\u00e1bamos a cuatro manos un promedio de dieciocho episodios al mes; hagan ustedes las cuentas.<\/p>\n\n\n\n<p>Almorz\u00e1bamos juntos todos los d\u00edas laborables. \u00cdbamos con frecuencia al parque de b\u00e9isbol a ver partidos nocturnos por el placer de conversar al aire fresco de la noche, mirando el juego de pelota s\u00f3lo con el rabillo de la mente y sin apostar. Sentados en la tribuna especial del Stadium Universitario de Caracas, mi amigo y yo termin\u00e1bamos por caer, infaltablemente, en el tema de la literatura, los autores favoritos, \u00ablos demasiados libros\u00bb y las obras imaginarias que gente como nosotros deber\u00eda sentarse a escribir. Que yo recuerde, nunca llegamos a hablar abiertamente de cu\u00e1nto nos habr\u00eda gustado haber tenido la clarividencia y la resoluci\u00f3n necesarias para emigrar lejos de este pa\u00eds de falsos igualitarios exaltados, emigrar como mexicanos, como colombianos, como lo hacen peruanos y ecuatorianos. Emigrar cuando todav\u00eda hacerlo habr\u00eda tenido alg\u00fan sentido para nuestras vidas de escritores. Hoy s\u00e9 que bajo cualquier tema literario del que habl\u00e1semos s\u00f3lo estaba nuestra hermandad en esa sedentaria cobard\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Mi amigo muri\u00f3 repentinamente, a los 58 a\u00f1os de edad, la misma que ahora tengo. Con ello perd\u00ed a mi mejor amigo y me qued\u00e9 sin trabajo. Por aquel tiempo, tambi\u00e9n, conoc\u00ed a Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi difunta madre habr\u00eda dicho de Gloria que \u00abtiene el negro cerca\u00bb y habr\u00eda acertado porque Gloria es mestiza de canario y mulata. Aun siendo muy rubia y de ojos grises, tiene la piel melada y el cr\u00e1neo, la bemba y la musculatura de una fondista keniata que, con la edad, hubiese engrosado s\u00f3lo un poquit\u00edn. Un d\u00eda me envi\u00f3 por correo electr\u00f3nico varias fotos tomadas junto al mar, en una playa del Pac\u00edfico costarricense.<\/p>\n\n\n\n<p>A los cuarenta largos, captada en ba\u00f1ador enterizo blanco, su cuerpo todav\u00eda hipnotizaba. Esa serie de fotos en ba\u00f1ador sigue siendo hoy d\u00eda el motivo de mi protector de pantalla. La playa se llama Junquillal y est\u00e1 en la provincia de Guanacaste, al noreste de Costa Rica. Gloria hab\u00eda quedado encantada con ella desde una ocasi\u00f3n en que su hijo mayor, un surfista solter\u00f3n y trotamundos que ech\u00f3 ra\u00edces en Costa Rica, la invit\u00f3 a visitarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>La playa de Junquillal, vivir cerca de su consentido hijo mayor, desplazarse en bicicleta vistiendo s\u00f3lo bermudas y camiseta de algod\u00f3n para ir a un trabajo de medio tiempo en alguna peque\u00f1a ciudad; tal era el plan de retiro de Gloria y yo lo hice m\u00edo sin pens\u00e1rmelo mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCosta Rica aboli\u00f3 el ej\u00e9rcito desde 1948 \u2014sol\u00eda decir Gloria, ponderando el perfecto refugio para el retiro\u2014, no hay guerrillas ni paramilitares, tampoco es territorio de paso del narcotr\u00e1fico, han electo dos veces a un Premio Nobel de la Paz como presidente. Claro, la primera vez el tipo todav\u00eda no era Premio Nobel, pero t\u00fa me entiendes lo que quiero decir, adem\u00e1s San Jos\u00e9 est\u00e1 en la misma latitud de Caracas'\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto y mucho m\u00e1s informaba las efusiones costarricences de Gloria quien, gracias a David, se hab\u00eda enterado de que Intel, la transnacional fabricante de procesadores electr\u00f3nicos, hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n de instalar una de sus plantas en aquel pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por algo ser\u00e1, negro \u2014conclu\u00eda Gloria\u2014; no har\u00edan nunca una inversi\u00f3n de ese calibre en un Estado forajido como Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras enso\u00f1aciones a dos voces sobre la posibilidad de una vida juntos en la ejemplar Costa Rica me eran muy deleitables. Eran quiz\u00e1 lo mejor de cada encuentro; a veces mucho mejor que el sexo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sorprendido por la muerte de mi amigo, sin empleo y, al mismo tiempo, exaltado por la entusiasmante entrada de Gloria en mi vida, quise escribir algo distinto a mis disyuntas y desabridas escenas de culebr\u00f3n. Fue as\u00ed \u2014aunque no fueron \u00e9sas todas mis razones\u2014 como re-gres\u00e9 a la tragedia de Eleanor Marx, abandonada hac\u00eda ya una vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Por aquel tiempo yo viv\u00eda al m\u00ednimo, en un peque\u00f1o apartamento de segunda mano en San Bernardino. 55 metros cuadrados que adquir\u00ed a espaldas de mi esposa, poco antes de divorciarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba por vender en el mercado negro mis \u00faltimos 3.500 d\u00f3lares cuando apareci\u00f3 en mi buz\u00f3n electr\u00f3nico una oferta de trabajo. La firmaba en M\u00e9xico un tal Beto Barradas, quien comenzaba por ofrecer condolencias por la muerte de mi amigo, ocurrida muchos meses atr\u00e1s. Barradas se dispon\u00eda a escribir una telenovela para una productora independiente llamada Argosy Productions de M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no recordaba a Barradas, pero era m\u00e1s que posible que lo hubiese conocido mientras estuve trabajando en el D.F., a comienzos de los noventa. Barradas lamentaba no poder ofrecerme m\u00e1s que 150 d\u00f3lares por cada cap\u00edtulo en que yo interviniese. Era obvio que Barradas estaba al corriente de mis apuros econ\u00f3micos. En cualquier caso, a\u00f1ad\u00eda, nunca ser\u00edan m\u00e1s de doce o quince cap\u00edtulos al mes, pero podr\u00eda trabajar desde mi casa en Caracas. Con el e-mail ven\u00eda una sinopsis argumental del culebr\u00f3n. Nos comunicar\u00edamos diaria-mente por correo electr\u00f3nico. El equipo de subescribidores estaba ya casi completo \u00bfEstar\u00eda yo interesado? Le respond\u00ed que s\u00ed y a\u00f1ad\u00ed una t\u00edmida solicitud: llevar la oferta a doscientos d\u00f3lares por cap\u00edtulo. En el siguiente e-mail Barradas dec\u00eda: \u00abi5o, lo tomas o lo dejas\u00bb, y yo escrib\u00ed: \u00abcu\u00e1ndo empezamos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Movi\u00e9ndome por la ciudad a pie, en metro o en busetas, haciendo de mucama una vez por semana, cocinando mis granitos, mi carne mechada, mi arroz con pollo y mis sancochitos de pescado, bebiendo whiskey de ocho a\u00f1os, escuchando m\u00fasica de salsa de los a\u00f1os setenta mientras escrib\u00eda di\u00e1logos de telenovela para un libretista mexicano del mont\u00f3n, sin ahorros, sin portafolio de inversiones en fondos mutuales ni seguro m\u00e9dico, sin plan de retiro pero enamorado como un veintea\u00f1ero, fue muy f\u00e1cil atreverme a imaginar que con algo menos de 2.500 d\u00f3lares al mes podr\u00eda vivir el resto de mis d\u00edas en cualquier parte del mundo que no fuese Venezuela, con tal de que all\u00ed tuviesen internet y vendiesen Viagra sin prescripci\u00f3n m\u00e9dica. Podr\u00eda vivir en Junquillal, por ejemplo. Con Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>La informaci\u00f3n en que me apoyaba ahora, trascurrido tanto tiempo y luego de tantas lecturas, era a\u00fan mucho m\u00e1s opulenta y aplastante que en mi juventud. Mis saberes sobre la vida y \u00e9poca de Karl Marx y los suyos se hab\u00edan hecho \u2014al menos eso cre\u00eda yo\u2014 m\u00e1s vastos, aunque en much\u00edsimos casos completamente in\u00fatiles por tratarse de trivialidades que, no s\u00e9 por qu\u00e9, atra\u00edan mi l\u00e1piz rojo. El asunto de las boquillas desechables es s\u00f3lo un ejemplo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tengo ahora un favor que pedirle. Los m\u00e9dicos me han prohibido fumar puros sin boquilla. En consecuencia, me encantar\u00eda hacerme, pensando en mis amigos y en m\u00ed, de unas doscientas boquillas iguales a unas que alcanc\u00e9 a ver en Karlsbad y que pueden arrojarse luego de cada fumada, cuando ya no son \u00fatiles. No se consiguen aqu\u00ed [en Londres] esas boquillas. Considere usted esto una orden comercial cuyo costo deber\u00e1 hacerme saber, de lo contrario sentir\u00e9 verg\u00fcenza de pedirle un favor similar en el futuro&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(Carta de Karl Marx a Max Oppenheim, 20 de julio de 1875.)<\/p>\n\n\n\n<p>Para entonces, hac\u00eda tiempo que Marx sufr\u00eda, y mucho, de los pulmones, pero igual quer\u00eda un lote de \u00a1doscientas boquillas desechables! Pues bien, \u00e9se era el tipo de cosas que, sin tener ni idea de c\u00f3mo lograrlo, deseaba ver en escena, si alguna vez llegaba la noche de estreno.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n pensaba en todo el dinero que pod\u00eda ganar en una plaza m\u00e1s propicia al teatro que Caracas. Contaba para ello con entusiasmar a Juan Carlos Gen\u00e9, actor, dramaturgo, maestro de actores y director teatral argentino que hab\u00eda vivido exilado en Venezuela durante veinte a\u00f1os, antes de regresar a Buenos Aires. Se anunciaba ahora una visita suya a Caracas, luego de doce a\u00f1os de ausencia. Gen\u00e9 vendr\u00eda a dictar talleres de actuaci\u00f3n y a dirigir algo de Pirandello.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que supe de su inminente visita me dio por multiplicar en la calculadora de mi computador el aforo de la sala m\u00e1s peque\u00f1a del Teatro San Mart\u00edn de Buenos Aires por el precio m\u00e1s bajo imaginable de un boleto subsidiado por la municipalidad. Multiplicaba entonces la cifra as\u00ed obtenida por las mil y una noches de una infinita sucesi\u00f3n de temporadas. Llevaba el total a d\u00f3lares y eso me dejaba largo rato mirando la pantalla de la calculadora. Gen\u00e9 era alguien en Buenos Aires \u2014me dec\u00eda\u2014, \u00e9ramos amigos, \u00e9l podr\u00eda hacer ocurrir cosas. Quiz\u00e1 llegase a ponerla \u00e9l mismo en escena a condici\u00f3n de que fuese un buen libreto.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo hab\u00eda llegado a juntar, leer, subrayar y anotar anaqueles enteros de libros y art\u00edculos que versan sobre el tema \u00abEleanor Marx: vida y \u00e9poca\u00bb, y tratan de sus parientes y otros contempor\u00e1neos \u2014amigos y enemigos\u2014, de su <em>zeitgeist<\/em> y su <em>weltschmerz<\/em>. Luego de un par de semanas familiariz\u00e1ndome de nuevo con mi a\u00f1oso tesoro de libros subrayados, recortes de prensa y cuadernos de notas en torno a Eleanor, cre\u00ed al fin encontrar \u00abun \u00e1ngulo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En otras cinco o seis semanas alcanc\u00e9 a componer el borrador de un primer acto que, sin propon\u00e9rselo, y en cuesti\u00f3n de minutos, Gloria Abad\u00ed hizo trizas con su hip\u00f3tesis.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>La se\u00f1ora Yvonne Kapp, <em>n\u00e9e<\/em> Yvonne Mayer (1903-1999) dedic\u00f3 gran parte de su larga vejez a escribir una biograf\u00eda de Eleanor Marx. Pasaba ya de los sesenta cuando comenz\u00f3 a escribirla. Dedic\u00f3 el primer tomo a Margaret Mynatt, su compa\u00f1era de vida desde 193\u00f3, quien falleci\u00f3 de c\u00e1ncer en Londres, en 1977, luego de varias intervenciones quir\u00fargicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yvonne Kapp ten\u00eda ideas muy propias acerca de las turbulentas relaciones entre Eleanor y el doctor Edward Aveling:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abLos hechos mejor difundidos acerca de Eleanor Marx son que vivi\u00f3 con un hombre de mala reputaci\u00f3n que termin\u00f3 cas\u00e1ndose con otra y que por eso ella se mat\u00f3. Cosas como estas son la estofa del teatro \u2014contin\u00faa\u2014: una neur\u00f3tica, un concubinato, una traici\u00f3n, un suicidio y, \u00a1presto!, el melodrama de los Marx-Aveling est\u00e1 listo para servir: Emma Bovary en Sydenham; sin estilo literario, claro.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abLas subtramas se ocupan del horrible destino y los riesgos actuariales impl\u00edcitos en ser una de las hijas de Karl Marx. En m\u00e1s de un v\u00edvido recuento, la muerte que Laura, su hermana mayor, se procur\u00f3 por propia mano ha sido proyectada en el tiempo hacia atr\u00e1s, mientras hay quienes quieren tambi\u00e9n que Jenny \u2014su otra hermana mayor, fallecida en 1883\u2014 participe de este desenfreno autodestructivo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abLa uni\u00f3n de Eleanor con Aveling pudo ser, y en efecto, fue desastrosa a la larga; el car\u00e1cter de este hombre pudo ser y, en efecto, fue deplorable. Sin embargo, desde el momento en que ella se junta con \u00e9l, su vida tiene al fin un prop\u00f3sito. Ya no duda: tiene una direcci\u00f3n. Sus modales siguen siendo modestos y francos, pero ahora han ganado en autoridad. No pierde nada de su humor y humanidad \u2014al contrario, estas cualidades se acrecientan en ella\u2014, pues se ha convertido en una mujer completa, responsable, valerosa y sumamente capaz de emplear a fondo sus talentos en pro de sus semejantes\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los riesgos que entra\u00f1aba ser una hija de Karl Marx. \u00abUna neur\u00f3tica, un concubinato, una traici\u00f3n, un suicidio y, ;presto!, el melodrama de la pareja Marx-Aveling est\u00e1 ya listo para servir\u00bb, eso pensaba la Kapp.<\/p>\n\n\n\n<p>Y yo pens\u00e9 que era imposible formular mejor el asunto de mi pieza teatral. Lo que tanto repugnaba a Yvonne Kapp era precisamente lo que siempre so\u00f1\u00e9 poder embutir en los noventa minutos de un primero y segundo actos.<\/p>\n\n\n\n<p>Yvonne Kapp fecha el final de sus memorias en Highgate, en 1989, aunque todav\u00eda iba a vivir diez a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>En que lo quedaba de aquel a\u00f1o pudo enterarse de los sucesos de la plaza de Tiananmen, la legalizaci\u00f3n del sindicato Solidaridad, la autodisoluci\u00f3n de parlamento polaco, la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn, la elecci\u00f3n parlamentaria de V\u00e1clav Havel como presidente checoslovaco y el ajusticiamiento de los esposos Ceausescu, justo el d\u00eda de Navidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Juzg\u00f3 con simpat\u00eda las vigilias de la plaza de San Wenceslao, en Praga. Lleg\u00f3 a pensar que todo ello no auguraba sino nuevos \u00abamaneceres confiados y alegres\u00bb \u2014un verso de Pope al que Kapp vuelve una y otra vez en sus escritos\u2014, una liberalizaci\u00f3n capaz de revitalizar al mundo comunista y no el anuncio de su inminente desaparici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1977, el a\u00f1o en que Margaret Mynatt muri\u00f3, tambi\u00e9n murieron Charlie Chaplin, Mar\u00eda Callas, Peter Finch y Vladimir Nabokov. Fue el a\u00f1o de la matanza de la calle de Atocha. Fue el a\u00f1o en que estrenaron <em>Annie Hall<\/em> y <em>La guerra de las galaxias<\/em>. Tambi\u00e9n fue el primer a\u00f1o en que asist\u00ed a una Serie Mundial de b\u00e9isbol de grandes ligas.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera telenovela que escrib\u00ed \u2014adaptaci\u00f3n de una vieja radio-novela cubana, ya no recuerdo si original de In\u00e9s Rodena o de F\u00e9lix Pita Rodr\u00edguez\u2014 gan\u00f3 con creces la medici\u00f3n de audiencia local, fue adquirida por diecisiete pa\u00edses latinoamericanos y por una red hispana en los Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>El se\u00f1or Sotolongo, gerente general de la televisora, estaba muy contento con mi desempe\u00f1o \u2014yo era su hallazgo, su \u00abnovato del a\u00f1o\u00bb\u2014 y me premi\u00f3 con un bono especial que gast\u00e9 \u00edntegramente durante la Serie Mundial de b\u00e9isbol que aquel a\u00f1o los Yankees de Nueva York ganaron a los Royals de Kansas City en s\u00f3lo cinco partidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La actriz de teatro experimental y yo todav\u00eda viv\u00edamos juntos y lo pasamos ch\u00e9vere con el bono del se\u00f1or Sotolongo: b\u00e9isbol de grandes ligas en el Bronx, de d\u00eda, y salsa brava en Manhattan cada noche, despu\u00e9s del teatro y la cena.<\/p>\n\n\n\n<p>La v\u00edspera de nuestro regreso a Caracas, en la vitrina de una li-brer\u00eda neoyorquina, no lejos de Sheridan Square, vi al pasar una foto de Marx y Engels en traje dominguero, flanqueando cada quien a las tres hijas de Marx, en lo que, con toda seguridad, ha debido ser el Hampstead Heath de Londres.<\/p>\n\n\n\n<p>Marx sostiene en la mano un sombrero que, a la distancia y con los a\u00f1os, parece de paja. Eleanor es todav\u00eda una ni\u00f1a, lleva puesta una chalina y se toca con lo que parece un quepis militar. Era la portada del primer tomo del libro de la vieja Kapp. A su lado estaba el retrato de una chica triste, de unos dieciocho a\u00f1os: la portada del segundo tomo de la biograf\u00eda de Eleanor, que acababa de aparecer. Tengo esa foto a la vista y, al mirarla, pienso una vez m\u00e1s que, de llevarse al cine su historia, Kate Winslet estar\u00eda regia en el papel de Eleanor.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi \u00fanico inter\u00e9s aquella ma\u00f1ana de compras en Nueva York era actualizar mi colecci\u00f3n de discos de salsa y lat\u00edn jazz. Pero el rostro de Eleanor me llev\u00f3 a entrar en la librer\u00eda y comprar los dos tomos de su biograf\u00eda escritos por la Kapp. Comenc\u00e9 a leerlos en el avi\u00f3n y ya nunca m\u00e1s logr\u00e9 escapar del hechizo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ibsen-martinez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ibsen Mart\u00ednez A mediados de 2006 tuve el primer atisbo de que Karl Marx pudo haber inducido a Eleanor, su hija menor, a sostener relaciones incestuosas con \u00e9l. Ah\u00ed lo tienen, pues. Ya est\u00e1 dicho: Karl Marx \u00abagresor sexual intrafamiliar\u00bb. Solo por hoy tomar\u00e9 en pr\u00e9stamo esa horr\u00edsona expresi\u00f3n, hallada en el folleto de una [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13728,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13727"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13727"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13727\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13729,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13727\/revisions\/13729"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13728"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13727"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13727"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13727"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}