{"id":13724,"date":"2024-10-31T20:27:18","date_gmt":"2024-11-01T00:57:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13724"},"modified":"2024-10-31T20:28:37","modified_gmt":"2024-11-01T00:58:37","slug":"lirica-clarividente-palomares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lirica-clarividente-palomares\/","title":{"rendered":"La l\u00edrica clarividente de Ram\u00f3n Palomares en \u201cYo, el resplandor\u201d"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Recuento biogr\u00e1fico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde mi formaci\u00f3n cultural en la adolescencia tuve contacto con poetas, tanto en las casas donde habit\u00e9, como en aquellas donde me toc\u00f3 vivir en varias ciudades venezolanas y del extranjero; creo que fueron ellos los verdaderos responsables de mi formaci\u00f3n, no solamente intelectual sino humana, al ofrecerme sus muestras de sinceridad, autenticidad y valent\u00eda en procederes o comportamientos frente las causas justas o de los abusos de poder. Entre estos poetas destaca el nombre de Ram\u00f3n Palomares, quien fue profesor, amigo y maestro; \u00e9l, como tantos otros aut\u00e9nticos creadores, me asombraron con sus gestos de humildad, generosidad y verdadera sabidur\u00eda. Palomares naci\u00f3 en Escuque (1935), estado Trujillo, un pueblecito de neblinas en los andes venezolanos; curs\u00f3 estudios primarios y secundarios en las ciudades de Trujillo y Valera, para luego dirigirse a la ciudad de Caracas a hacer estudios de literatura en el Instituto Pedag\u00f3gico. Por esos a\u00f1os form\u00f3 parte del reconocido grupo literario y la revista <em>Sardio<\/em> en los a\u00f1os 60, que tanta importancia tuvo para la edificaci\u00f3n de la modernidad literaria venezolana, junto a escritores como Guillermo Sucre, Salvador Garmendia, Luis Garc\u00eda Morales, Gonzalo Castellanos, Rodolfo Izaguirre y otros. Luego de graduarse, imparti\u00f3 clases en la ciudad capital durante un tiempo, para luego dirigirse a M\u00e9rida a dar clases en la Escuela de Letras de la Universidad de los Andes; iba con frecuencia a Caracas a visitar a sus amigos y a compartir la bohemia de Sabana Grande en los a\u00f1os setentas, para luego regresar a M\u00e9rida, donde se residenci\u00f3 hasta su muerte en 2016. Tuve la suerte de compartir con \u00e9l paseos por los andes venezolanos en compa\u00f1\u00eda de amigos que nos conduc\u00edan a ciudades y pueblos donde habita el misterio de la tierra. Entre ellas, esa regi\u00f3n m\u00e1gica, la \u201ctierra de nubes\u201d de Escuque, de donde Palomares extrae una serie de elementos que le permiten construir una l\u00edrica particular, basada en expresiones del alma popular y de giros ling\u00fc\u00edsticos vern\u00e1culos, costumbres y mitos ancestrales constitutivos de una tradici\u00f3n rica en significados espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Rasgos definitorios de estilo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ya desde su primer libro de poemas <strong><em>El reino<\/em><\/strong>(1958), Palomares da muestras de la diversidad espiritual de su mundo, tomando en cuenta los fen\u00f3menos coloquiales, el habla de esa tierra. Para crear, el poeta se aleja conscientemente \u2013dig\u00e1moslo as\u00ed&#8211; de la tradici\u00f3n literaria occidental y del bagaje cultural de movimientos como el clasicismo, romanticismo, modernismo o de las vanguardias hist\u00f3ricas &#8211;e incluso tambi\u00e9n de los conocidos costumbrismos conocidos&#8211; para buscar otras fuentes que le permitieran expresarse con mayor holgura, y esa libertad a su vez le diera acceso a otros modos de versificar; incluso, me atrever\u00eda a decir, se pone de espaldas a la vanguardia internacional y a los versolibrismos premeditados. Palomares comienza con buen pie en <strong><em>El reino<\/em><\/strong> a construir un mundo donde la infancia, el paisaje, los familiares, campesinos, labriegos y elementos naturales se funden, para ofrecernos una poes\u00eda remozada. Un claro ejemplo de ese inicio es el poema \u201cEleg\u00eda a la muerte de mi padre\u201d, donde nuestro poeta cumple su primer hallazgo significativo. Recordamos algunos de aquellos versos que dicen: \u201c<em>Esto dij\u00e9ronme: \/ Tu padre ha muerto, m\u00e1s nunca habr\u00e1s de verlo. \u00c1brele los ojos por \u00faltima vez \/ y hu\u00e9lelo y t\u00f3calo por \u00faltima vez. \/ Con la terrible mano tuya rec\u00f3rrelo \/ y hu\u00e9lelo como siguiendo el rastro de su muerte \/ y entre\u00e1brele los ojos por si pudieras \/ mirar a donde ahora se encuentra. Ya los gavilanes han dejado su garra en la cumbre \/ y en el Aire dejaron pedazos de sus alas, \/ con una sombra dura y triste se perdieron \/ como amenazando la noche con sus picos rojos<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Luego en su segundo libro <strong><em>Paisano<\/em><\/strong> (1964) da un paso decisivo en la conformaci\u00f3n de su peculiar estilo, o mejor ser\u00eda decir, idiolecto po\u00e9tico. Basado en un <em>estado del ser raigal<\/em> m\u00e1s all\u00e1 de cosmopolitismos o vanguardismos que tantos influjos positivos brindaron a nuestras b\u00fasquedas po\u00e9ticas, &#8211;sobre todo mediante el surrealismo&#8211; Palomares opta en cambio por una suerte de <em>naturalismo transmutado<\/em> en s\u00edmbolo, o en m\u00fasica surgida del libre lenguaje oral, que lo aproximen a los giros dialectales de las regiones, a sus leyendas y costumbres ancestrales. De hecho, esto explora en <strong><em>Paisano<\/em><\/strong> al cantarle a p\u00e1jaros, r\u00edos, lagunas, \u00e1rboles, soles, bailes, fiestas, m\u00fasicas o ritualidades que le permiten crear un mundo propio. Entre los m\u00e1s recordados de estos textos se encuentran \u201cEl noche\u201d, \u201cCulebra\u201d, \u201cUn gavil\u00e1n\u201d, \u201cEl sol\u201d, \u201cErrantes\u201d, \u201cPatas arriba en el techo\u201d, \u201cEn el patio\u201d y tantos otros que pronto adquirieron rangos de cl\u00e1sicos entre nosotros. Se pudiera decir que, hoy, por hoy, <strong><em>Paisano<\/em><\/strong> es una de las obras fundamentales de la poes\u00eda venezolana, tanto por su densidad est\u00e9tica, como por los logros formales que la diferencian de toda la tradici\u00f3n anterior, donde se vislumbra un universo de espiritualidad que, justamente, vendr\u00eda a cristalizar en su obra p\u00f3stuma. Me permito ahora transcribir uno de los poemas de <strong><em>Paisano<\/em><\/strong> que me aprend\u00ed de memoria para decirlo en reuniones y fiestas: \u201cEl noche\u201d: <em>\u201cAqu\u00ed llega el noche \/ el que tiene las estrellas en las u\u00f1as, \/ con caminar rabioso y perros entre las piernas \/ alzando los brazos como rel\u00e1mpago \/ abriendo los cedros \/ echando las ramas sobre si, \/ muy lejos. Entra como si fuera un hombre \/ a caballo y pasa por el zagu\u00e1n \/ sacudi\u00e9ndose la tormenta. \/ Y se desmonta y comienza a averiguar \/ y hace memoria y extiende los ojos. \/ Mira a los pueblos que est\u00e1n \/ unos en laderas y otros agachados en los barrancos \/ y entra en las casas \/ viendo c\u00f3mo est\u00e1n las mujeres \/ y repasa las iglesias por las sacrist\u00edas \/ y los campanarios \/ espantando cuando pisa en las escaleras. &nbsp;\/ Y se sienta sobre las piedras \/ averiguando sin paz.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Luego de <strong><em>Paisano<\/em><\/strong> vendr\u00eda <strong><em>El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas<\/em><\/strong> (1973), poema de largo aliento cuya edici\u00f3n en plaquette de gran formato impresion\u00f3 de manera rotunda a toda una generaci\u00f3n, debido a la suprema delicadeza y originalidad de su lenguaje. En una l\u00ednea similar a la de <strong><em>Paisano,<\/em><\/strong> Palomares escribe <strong><em>Adi\u00f3s Escuque<\/em><\/strong> (1974), con el cual obtiene el Premio Nacional de Literatura y le confirma en su universo de espiritualidad ancestral. Debemos decir que, paralelamente a esta l\u00ednea, nuestro poeta ven\u00eda urdiendo otra vertiente de recreaci\u00f3n hist\u00f3rica, iniciada con la publicaci\u00f3n de <strong><em>Honras f\u00fanebres<\/em><\/strong> (1965), <strong><em>Santiago de Le\u00f3n de Caracas<\/em><\/strong> (1967) y <strong><em>Alegres provincias<\/em><\/strong> (2011), libros que merecer\u00edan consideraci\u00f3n aparte, aun cuando se conectan de manera lateral con los motivos de la gesta nacional de nuestra historia patria que tanto interesaron a nuestro autor desde los inicios de su trayectoria, donde se exalta la lucha de nuestros libertadores, humanistas o caciques originarios.<\/p>\n\n\n\n<p>En <strong><em>Adi\u00f3s Escuque<\/em><\/strong> ya est\u00e1n plenamente conformados sus rasgos formales decisivos; nuestro autor produce otras tantas piezas memorables para la poes\u00eda venezolana como \u201cPajarito que ven\u00eds tan cansado\u201d, \u201cDiciembre andando por el cielo\u201d, &nbsp;\u201cSerenata\u201d,&nbsp; \u201cViejo lobo\u201d, \u201cEl patiecito\u201d, &nbsp;\u201cYo mismo pasando por esta vida\u201d, \u201dPleno verano\u201d, \u201cEl alma d\u00e1ndole de beber\u201d,&nbsp; y una serie de poemas extensos que no dudamos en considerar cl\u00e1sicos como representativos del profundo animismo de nuestro poeta, como son \u201cEl hijo pr\u00f3digo\u201d, \u201cLa ca\u00edda\u201d, \u201cEl jugador\u201d o \u201cAdi\u00f3s\u201d. &nbsp;Podemos considerar que el universo de este poeta ya ha sido definido de modo completo; luego, dar\u00eda inicio a otras indagaciones mediante nuevas selecciones poem\u00e1ticas en vol\u00famenes como <strong><em>Lobos y halcones<\/em><\/strong> (1977), <strong><em>En el reino de Escuque<\/em><\/strong> (2006), y sobre todo en obras compilativas notables como la titulada <strong><em>Vuelta a casa<\/em><\/strong> (2006)<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. En toda la obra de Palomares, en mayor o menor grado, est\u00e1 presente esa inmersi\u00f3n profunda en el sustrato aborigen nuestro, su espiritualidad, deidades, mitos, simbolog\u00edas. De manera clara u oblicua, directa o subrepticia, motivos y personajes aparecen ligados a estos temas, y han sido objeto de estudio por parte de investigadores como Ennio Jim\u00e9nez Em\u00e1n (quien aborda el tema de la simbolog\u00eda n\u00e1huatl en la obra del poeta), Mar\u00eda Elena Maggi (esta la asocia a motivos o procedimientos del realismo m\u00e1gico latinoamericano), o Patricia Guzm\u00e1n (quien centra su interpretaci\u00f3n en el acto de escuchar, en el hecho de desear transmitir la voz del otro o de los otros, los hablantes en el mundo del poeta) entre tantos otros trabajos. De entre estas propuestas me adhiero a la de Maggi, quien a lo largo de su tesis sostiene que los logros de Palomares en poes\u00eda son equiparables a los hallazgos del realismo m\u00e1gico en la narrativa; incluso me atrever\u00eda a asociarlos a los logros est\u00e9ticos de un Juan Rulfo en obras como <em>El llano en llamas <\/em>y <em>Pedro P\u00e1ramo,<\/em> las cuales destilan voces y expresiones populares raigales de M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Par\u00e9ntesis meride\u00f1o<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a su fervor hacia M\u00e9rida, Palomares le ha cantado a esta ciudad dedic\u00e1ndole numerosos poemas a sus r\u00edos, valles e historia, creando una saga particular, exclusiva para esta ciudad que am\u00f3 tanto, y consta de los vol\u00famenes <strong><em>M\u00e9rida, elogio de sus r\u00edos<\/em><\/strong> (1985) y <strong><em>M\u00e9rida, f\u00e1bula de cuatro r\u00edos<\/em><\/strong> (1994). Al evocar M\u00e9rida con la presencia de Palomares, mi memoria viaja por las calles de esa ciudad, especialmente por el sector de La Pedregosa, donde habitaban numerosos escritores, cineastas y artistas, y&nbsp; en cuyas casas celebr\u00e1bamos fiestas y reuniones, a las cuales asist\u00edan o serv\u00edan de anfitriones Carlos Contramaestrre, Omar Granados, Enrique Hern\u00e1ndez D\u2019Jes\u00fas, \u00c1ngel Eduardo Acevedo, Ramiro Naj\u00fal, Jos\u00e9 Manuel Brice\u00f1o Guerrero, Donald Myerston,&nbsp; Vicencio Pereira, Tarik Souky, Iv\u00e1n Real, &nbsp;Bayardo Vera, H\u00e9ctor Vera, Tirso Mel\u00e9ndez, Hernando Track, Manuel de la Fuente, Carlos Rebolledo, Betania Uzc\u00e1tegui, Arnaldo Acosta Bello, V\u00edctor Valera Mora, Luis Cornejo, Jos\u00e9 Barroeta, Salvador Garmendia, Pedro Parayma, Le\u00f3n Alfonso Pino, Malila Estaba, Ana Rita Tiberi, &nbsp;Malin Pino, Leonor Pulgar, Marina Barreto, Duilia Santana, Adelaida Villalba, Miguel Szinetar o Armando Romero. Se trataba de un grupo de artistas de todas las disciplinas, en cuyas reuniones quiz\u00e1s se aprend\u00eda un poco m\u00e1s acerca de la vida o el arte que en las mismas aulas de clase. Seguramente, si Charles Bukowski hubiese visitado M\u00e9rida por aquellos d\u00edas, se hubiese unido sin pensarlo a esta pandilla de alucinados bohemios. A\u00f1os despu\u00e9s, Palomares me honrar\u00eda escribiendo un pr\u00f3logo a mi libro de poemas <strong><em>Balada del bohemio m\u00edstico<\/em><\/strong> (2009) editado por Monte \u00c1vila Editores, cuyo texto introductorio (\u201cExistir como un gran deseo\u201d) me sirvi\u00f3 de est\u00edmulo permanente. Por cierto, el m\u00edstico m\u00edo, b\u00e1quico o azaroso, posiblemente tenga algo que ver con aquellas celebraciones nocturnales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Clarividencia y m\u00edstica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la presente ocasi\u00f3n, me ocupar\u00e9 de glosar algunos motivos y constantes presentes en su poes\u00eda in\u00e9dita, publicada de manera p\u00f3stuma (Palomares falleci\u00f3 en 2016) bajo el t\u00edtulo de <strong><em>Yo, el resplandor <\/em><\/strong>(Acirema, 2023), ofrecida a nosotros gracias a una excelente curadur\u00eda del poeta Pedro Ruiz, con sendos pr\u00f3logos de Gustavo Pereira, Luis Alberto Crespo y el propio Ruiz, en el logro de una cuidada edici\u00f3n. Pereira anota all\u00ed que nuestro poeta \u201cabreva tambi\u00e9n en otras aguas, las cl\u00e1sicas de la gran literatura universal, y de la historia humana incluyendo las a\u00fan casi desconocidas de las culturas americanas, presentes todav\u00eda en el vocabulario popular cuando este nombra sus r\u00edos, monta\u00f1as, utensilios, sitios del coraz\u00f3n.\u201d Mientras, Crespo nos habla de \u201cuna escritura h\u00edmnica y blanca (nunca transcurri\u00f3 tiniebla alguna en lo que dijo, ni siquiera cuando sobreven\u00eda el melanc\u00f3lico pesar) ced\u00eda su mutismo po\u00e9tico a la verdad pura de la transfiguraci\u00f3n de lo vivido en belleza (\u2026) una urdimbre encantada entre dulzura y rudeza, aspereza y sedosidad, identidad y desdoblamiento\u201d; mientras Ruiz lo evoca \u201cacariciando las plantas, y cuando regresaba de su enso\u00f1aci\u00f3n, las nombraba por su nombre com\u00fan y el cient\u00edfico. Auscultaba el paisaje\u2026\u201d <strong><em>Yo, el resplandor<\/em><\/strong> se nos presenta como un trabajo de vertiente distinta en la obra de este poeta, cuya observaci\u00f3n es ciertamente compleja, urdida mediante elementos aglutinados en torno al asunto de la <em>clarividencia<\/em> como expresi\u00f3n central, ramificada hacia lo <em>trascendente m\u00edstico<\/em> abordado mediante variados recursos, tropos, categor\u00edas o niveles vinculantes que me permitir\u00e1n desarrollar sucintamente algunas ideas.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, el poeta se propone una progresiva aproximaci\u00f3n a diversos grados de revelaci\u00f3n, los cuales tienen que ver con un esp\u00edritu que denominamos <em>m\u00edstico <\/em>en la tradici\u00f3n cristiano-cat\u00f3lica de occidente, y en otras culturas se halla asociado a una revelaci\u00f3n de naturaleza polite\u00edsta, la cual toma en cuenta una serie de procedimientos o ritos de iniciaci\u00f3n, nacidos de una psique profunda. No pretendo identificar al propio Palomares con tal o cual creencia religiosa, elemento que perjudicar\u00eda, por dem\u00e1s, la intenci\u00f3n de este ensayo. A lo largo de este breve \u201cviaje\u201d a trav\u00e9s de <strong><em>Yo, el resplandor<\/em><\/strong> su autor describe un itinerario de iniciaci\u00f3n, dentro del cual tendremos en cuenta una estructura dispuesta del siguiente modo: 1. <strong>Yo, el resplandor<\/strong>, compuesta por ochenta y nueve (89) poemas breves donde tiene lugar el ascenso a una (suerte de) revelaci\u00f3n extasiada. 2.<strong> Flor de eternidad,<\/strong> donde se describe lo que yo llamar\u00eda <em>puerta de acceso<\/em> a los para\u00edsos, constituida por treinta y cuatro (34) poemas extensos (o de largo aliento) y 3. <strong>Otros poemas<\/strong>. Sucesi\u00f3n de dieciocho (18) textos independientes y de longitud considerable, apuntando hacia un elogio de la naturaleza, pero distintos entre s\u00ed en cuanto a su forma, algunos de ellos vertidos en prosa; todo ello, conformando un resultado admirable y de intenci\u00f3n totalizante, en su encuentro con experiencias, tradiciones, personajes y deidades.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Irradiaciones iniciales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ubic\u00e1ndonos al inicio de la primera parte, hallamos ya los modos significativos de irradiar tal resplandor, comenzando por la quietud o la levedad, e incluso situ\u00e1ndose en la experiencia de la muerte, a la sombra moment\u00e1nea de un muro: <em>Al fin aguas profundas \/ m\u00e1s all\u00e1 del muro \/ Vi el aire movi\u00e9ndose \/ vi el cielo tras los \u00e1rboles \/ y entre las hojas muestras colores \/ en pugna.<\/em>\u201d El Yo oteador se manifiesta del siguiente modo: \u201c<em>Que la idea se empareje \/ que suene su fragor como cruda nieve. \/ Desde la altura puedo verla, \/ el quebracho de ventana, \/ y yo, tortuoso, oteando.\u201d<\/em> Luego van apareciendo los ramajes de la monta\u00f1a, los r\u00edos y m\u00fasicas del ayer en un texto de iniciaci\u00f3n: <em>\u201cMe doy a unos declives, una yerba lozana. \/ El cielo. Puerta de azul profundo. \/ El recodo del valle, unos riachuelos. \/ Las m\u00fasicas de ayer se han ido, \/ empieza el verano\u201d.<\/em> El Yo, sigue, se deja llevar hasta crear un pre\u00e1mbulo al espacio m\u00edtico abierto hacia <em>\u201cesa extra\u00f1a casa donde vuelven mis ojos \/ encuentro esa urdimbre encantada, \/una hoja, el pez, el arroyo, fiestas. \/ Ser\u00e1 como decir OTRA VEZ. \/ Y despu\u00e9s de un cielo vac\u00edo \/ reencarnar\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>N\u00f3tese este verbo \u201creencarnar\u201d como aglutinador de la voluntad trascendente del poeta, propiciatorio de un regreso al mundo infantil.&nbsp; Y as\u00ed contin\u00faa, hallando a un pez encarnado en gema (una esmeralda verdiazul), en un ojo para ver el pasto de un prado; o bien a identificar los \u00e1rboles con dioses, mientras las bestias pastan en lo azul: \u201c<em>Las bestias de este d\u00eda \/ pastan y brevan en lo azul. \/ El azul en el sol atenuado \/ purifica la avaricia. \/ Todo el cielo habita aqu\u00ed: \/ la garza quieta, \/ el ganso escandaloso \/ los ni\u00f1os que se esfuman \/ en la arboleda.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n visita el poeta al sol, o experimenta junto a \u00e9l un proceso de transformaci\u00f3n. <em>\u201cEn mis a\u00f1os cu\u00e1ntos cielos \/ y cu\u00e1ntas noches. \/ Como noche recojo mi piel, \/me desdoblo y me trago. \/ Como d\u00eda salgo de mis ojos \/ y me doy a brillar.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Desde un punto de vista formal advertimos el uso de met\u00e1foras descriptivas, como las que se hallan en el poema 16: \u201c<em>Echado cara al cielo sobre el lecho verde \/ puedo acunar en m\u00ed el blanco de una garza (\u2026)&nbsp; \/ una pareja de golondrinas bebe de m\u00ed \/ y el color de mis orillas sonr\u00ede.\u201d<\/em> Se va adentrando el iniciado en tal para\u00edso, hallando algo que pudi\u00e9ramos llamar \u201cla tierra vegetal\u201d donde las rosas, por ejemplo, vuelven a fungir de s\u00edmbolos de la perfecci\u00f3n alqu\u00edmica, cuando leemos: <em>\u201cDescansa mi peque\u00f1o universo \/ traza dentro de m\u00ed tenues coloraciones. Las rosas est\u00e1n lejos \/ el ruido de cascadas me recorre\u201d; <\/em>o tambi\u00e9n puede tomarse la licencia de ir a visitar la Luna en el poema 18: <em>\u201cDe regreso y ya frente a un lago \/ vi mi asiento lejos, en la sombra, \/ en la parte oscura de la luna.\u201d <\/em>&nbsp;<a>Estamos<\/a><a href=\"#_msocom_1\">[U1]<\/a>&nbsp; frente a una serie de enunciados m\u00edsticos sintetizados en las presencias vegetales, en versos como: \u201c<em>mis huesos de limo \/ mi carne transparente, se mecen \/ lentamente en mi hora vegetal.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco, el clarividente va ingresando a universos cambiantes, optando por un arte alqu\u00edmica como esa que se concentra en la peque\u00f1a joya del poema 25 y dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sombra en el ardiente primor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Para verme en ti<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Qu\u00e9 importa esa espuma doliente;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>penas, hombres.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi sol se hunde cada vez m\u00e1s.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Talvez sea tiempo ya de ser<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>una flor, una espiga.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y la maravillosa alma de mi ser<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>la r\u00e1faga vac\u00eda girando alrededor.&nbsp; &nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El poeta opta entonces por la no-muerte o por la vida perenne, que s\u00f3lo es accesible a trav\u00e9s de una comunicaci\u00f3n con las deidades, en el entendido de que lo sustancial va a permanecer siempre oculto; el misterio aparece como principio y fin del conocimiento y de la experiencia espiritual. Este trayecto no se produce s\u00f3lo como avance, sino tambi\u00e9n como un ir hacia atr\u00e1s, hacia el hogar de la infancia, hacia la casa infantil m\u00e1s all\u00e1 del aire, donde el d\u00eda deslumbra e invita (tal advertimos en el poema 28) o en un direccionamiento hacia lo que los m\u00edsticos consideran un <em>estado de gracia<\/em>, leemos: <em>\u201cLa alegr\u00eda frente a mi \/ y la belleza gritan y se desnudan.\u201d<\/em> En cierto modo, el poeta asiste aqu\u00ed a una purificaci\u00f3n por el fuego de la palabra: \u201c<em>Que sea la destrucci\u00f3n el acto r\u00e1pido \/ violento \/ conque me purifique \/ No ese lento morder en el vivir de una asesina hiedra.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Signos de purificaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Justo aqu\u00ed convive el resplandor como signo de purificaci\u00f3n: \u201c<em>Muchas torres, muchas ciudades \/ hondas murallas \/ y repentino y en silencio \/ el resplandor.\u201d <\/em>&nbsp;El poeta se somete a una especie de cilicio, atesora las fuerzas que le brinda la naturaleza y contin\u00faa su trayecto hacia la iluminaci\u00f3n: el rumor, la espuma, el fuego resplandeciente, o el vuelo, lo conducen al asombro interior; se dirige hacia una monta\u00f1a rodeada de nubes, hacia un tiempo nuevo: \u201c<em>Para ti un tiempo nuevo, \/ la memoria rodeada de nubes y su azul. \/ Escasos laberintos \/ y los innumerables flancos \/ tortuosos e inh\u00f3spitos.\u201d<\/em> De esta manera se cumple el encantamiento, se crea un espacio de quietud para el desdoblamiento y la contemplaci\u00f3n: los poemas van sucediendo, a la manera de instantes, en la realizaci\u00f3n de tales estados de plenitud. En efecto, la l\u00edrica de Palomares en este libro irradia el resplandor y vive para \u00e9l en su etapa postrera, dej\u00e1ndose llevar: \u201c<em>Vivir es dejarse llevar \/ Un aire r\u00e1pido en un envi\u00f3n me despeja \/ y encuentro el cielo frente a m\u00ed.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El viaje implica \u2013como todo lo que vale la pena\u2014 una serie de elementos que como los r\u00edos, van despejando el camino hacia el encuentro con la Deidad Superior, para lo cual habr\u00eda que ejecutar el rito respectivo, y \u00e9ste se lleva a cabo al producirse la aproximaci\u00f3n a la fuerza celeste, cuando el <em>cerco del aparecer<\/em> le permite sentir la presencia de Dios, aunque no verlo, pues perder\u00eda su condici\u00f3n de Dios, la naturaleza de Dios reside justamente en ser invisible, podemos sentirlo pero no verlo, si lo vi\u00e9semos directamente dejar\u00edamos de sentirlo, pues lo esencial es a nuestros ojos invisible, existimos porque sentimos o pensamos, no s\u00f3lo porque vemos u o\u00edmos por separado.<\/p>\n\n\n\n<p>Deidades complementarias pueden ser el Aire, el Agua o el P\u00e1jaro, s\u00edmbolos vivos que hacen brotar canciones (poes\u00eda) y mitos (relatos), y aquello que en occidente llamamos Ideas de modo categ\u00f3rico. Hablamos aqu\u00ed, antes, de una Mismidad o de una fusi\u00f3n con Dios que se produce mediante el respectivo ritual, cumplido desde la oscuridad hacia la luz:<\/p>\n\n\n\n<p><em>He cumplido, mi esp\u00edritu dice:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1alabado sea!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escrib\u00ed. He abierto otra vez las ventanas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1bienvenido sea!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>He ganado este tiempo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>se encienden para m\u00ed luces nuevas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aparece entonces la mujer, el matrimonio y todas las uniones o apareamientos posibles, a fin de alcanzar la realizaci\u00f3n plena. Leamos esta otra Arte Po\u00e9tica de la clarividencia:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cambia, mira, det\u00e9nte<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Haz lo que quieras, mejor a\u00fan, s\u00e9 lo que quieres.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La figura que cabalga hacia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El siempre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hacia el nunca\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00fa mismo el siempre. T\u00fa mismo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el nunca.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, lo que Palomares cumple en este libro es el encuentro depurado del Esp\u00edritu con Dios, mediante los signos naturales de este mundo, en un profundo acto de contemplaci\u00f3n. Dios es agua, infancia, pez. Despu\u00e9s de crear el agua, Dios extiende los brazos y respira largamente, y entonces el agua se vuelve elemento redentor de regreso al origen, como podemos advertir en el poema 73:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo, el resplandor. Yo, el resplandor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>verano quieto<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El resplandor cabeza abajo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Regreso, me extiendo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>acontezco, me distiendo, agonizo, soy<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>desaparezco.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo, el resplandor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>En busca de los para\u00edsos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A veces, el poeta-demiurgo parece llegar tarde y desea levantarse del agua <em>\u201cpara disolverse, acabar en nada. Es la superficie apenas m\u00f3vil, esta gracia.<\/em>\u201d Hasta la culminaci\u00f3n de esta&nbsp; primera parte del libro, el poeta penetra a manera de zigzag en cada una de sus iluminaciones; regresa, se opaca, resplandece, se sumerge&nbsp; en encantamientos, hasta ganar la gran metamorfosis donde el Yo puede transformarse en Resplandor, Ruido Blanco, Agua P\u00farpura, flores, lluvia, peces burbujeando, p\u00e1rpado de la nieve que bebe del canto y del agua callada, o bien puede sumirse en un soliloquio de melancol\u00eda: a trav\u00e9s de \u00e9stos, la imagen del Para\u00edso es percibida como la del mundo natural en armon\u00eda, y esto no impide que, dentro de este proceso de acceder a lo revelado, se presenten asuntos problem\u00e1ticos como la angustia o la nada, tal se describen en el poema 79.<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, la nostalgia de Dios se conjura mediante la Escritura, mientras la mano intenta dibujar el Para\u00edso. Ram\u00f3n Palomares se ha procurado aqu\u00ed su camino hacia la clarividencia mediante la visi\u00f3n y la revelaci\u00f3n, ha cumplido su misi\u00f3n de conjurar sus demonios y de moverse por los laberintos del ed\u00e9n hasta que su cerebro \u201calumbre y se haga luz\u201d, lo cual le permitir\u00eda conducirse hacia la eternidad a paso seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>Como anotamos al principio, la segunda parte del libro, <strong>Flor de Eternidad, <\/strong>aparece a manera de complemento, abriendo un nuevo acceso a los para\u00edsos, mediante textos extensos donde se ofrecen distintos compases de interpretaci\u00f3n, no ya desde un punto de vista formal como conceptual, tal se lee en este breve segmento de un extenso poema titulado \u201cPara\u00edso\u201d: <em>Para\u00edso. \/ El viajero se aproxima. A o lejos se ve un pueblo di\u00e1fano \/ y el aire trae ese canto de p\u00e1jaro. \/ este verso convertido y esta serena tarde \/ cuando el camino dijo tres nombres \/ y las vibraciones del canto devolvieron los nombres. \/ Como si aquellos antiguos, vivos, regresaran \/ en el p\u00e1jaro. (\u2026) Pero este es uno de tus enga\u00f1os. \/ Para\u00edso, porque no sabr\u00eda descartar. \/ Y un tesoro de negras perlas. \/ O un hallazgo de plata \/ me perder\u00edan, \/ esplendores de sombr\u00eda igualdad.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de los poemas de la primera parte, en esta segunda secci\u00f3n los textos s\u00ed poseen t\u00edtulos, muchos de ellos referidos a animales o demonios (\u201cGran diablo\u201d o \u201cP\u00e1jaro en la noche\u201d) tambi\u00e9n poemas inici\u00e1ticos; todos conducen de alg\u00fan modo al Sol, autentico dios energ\u00e9tico de todos nosotros, bien sea grande o peque\u00f1o, es decir, el sol es tambi\u00e9n h\u00e1lito de felicidad que todo lo domina, ese sol en forma de gallo que pintaba para nosotros cuando \u00e9ramos adolescentes, en su gran libro <strong><em>Paisano,<\/em><\/strong> y se replica en este caso en el texto que reza <em>\u201cCasa m\u00eda ahora s\u00ed vamos a so\u00f1ar\u201d: Sol, &#8211;le dije\u2014qu\u00e9 derramas ahora al mediod\u00eda \/ sobre mi cabeza. \/ Vinos, licores que causan exquisito deleite. \/ Ning\u00fan fruto produce estos licores.) Nada hay mejor en la Tierra. \/ Este era un sol traicionero. \/ Y lo mat\u00e9. \/ Me fui. \/ He matado al Sol \u2013me dije&#8211; \/ La vida dice que debo morir, \/ Pero no es cierto, y t\u00fa, casa m\u00eda, vas a so\u00f1ar.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En esta secci\u00f3n est\u00e1n contenidas de modo m\u00e1s heterog\u00e9neo unas cuantas claves del nuevo universo po\u00e9tico de Palomares en cuanto a clarividencia y m\u00edstica, pues nos encontramos en presencia de un fil\u00f3sofo que piensa con la poes\u00eda y de un poeta que medita en medio de la contemplaci\u00f3n; en esta obra, vuelos y mariposas, aires y nostalgias primordiales se unen, por ejemplo, para recibir a Alexander Von Humboldt y a su compa\u00f1ero Bonpland en una red de odas a la Gran Natura, o de una \u00e9pica de la naturaleza como pocas veces hemos visto en nuestra poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Me llaman la atenci\u00f3n los poemas en prosa \u2013o relatos breves&#8211; elegidos para cerrar esta edici\u00f3n de <strong><em>Yo, el resplandor<\/em><\/strong>, pues no fue una forma muy utilizada por nuestro poeta; aqu\u00ed tienen un peso espec\u00edfico notable, los titulados \u201cDiciembre\u201d (16), \u201cDiciembre ha llegado\u201d (17) y \u201cDiciembre\u201d (18). Teniendo como tema el mes \u00faltimo del a\u00f1o, tambi\u00e9n se nos sugiere que estos culminan, usando la ceremonia del nacimiento de Jesucristo, un reconocimiento de nuestro autor para rendir homenaje a tan relevante figura, lo cual lleva a cabo a trav\u00e9s de textos narrativos de tono humor\u00edstico, donde el poeta refiere diversos personajes de su lar natal. En el primero de ellos, el narrador describe a diciembre tal si fuese un animal visitando a un pueblo, buscando llevar a \u00e9l un cofre de sorpresas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEscondido en lejanas voces (el furro y las cuerdas trepan lento desde la oscuridad, tramontando una espera anhelante por barrios apartados, aparece diciembre, asomando su enorme y fluida cabeza entre ventanucos pardos y cuartos de un aliento brumoso. De las pendientes verde agua o bien secas o acartonadas sopla su dichosa respiraci\u00f3n acomod\u00e1ndose entre campanadas y tejados, y agitando entre las orejas de animales dormidos \u2013caballos y toros, gatos, perros, conejos, y arrejuntados cachorros\u2014una alegr\u00eda del color de la infancia, pues \u00e9l, diciembre, tanto m\u00e1s que abril, es brujo y cham\u00e1n, y hace nieve en los puertos del tr\u00f3pico, monta renos y trineos en los chivitales y levanta \u00e1rboles de un az\u00facar verde bajo los techos urbanos <\/em>&nbsp;(\u2026) Todo ello describe el poeta, mientras varios personajes del pueblo aguardan expectantes, entre ellos el Juez del pueblo en un bar, entre amigos, se prepara a leer un poema.<\/p>\n\n\n\n<p>En el segundo de ellos el sastre del pueblo, Maximiliano Baker, se alista a confeccionar los trajes que han de estrenar muchos de sus habitantes, evento destinado a procurar inmensa alegr\u00eda entre ellos, y alienta al narrador a describir las conductas de sus ingenuos habitantes, mientras ocurre un juego de b\u00e9isbol. Se celebra una misa; est\u00e1n a punto de desfilar las se\u00f1oritas del pueblo y tambi\u00e9n los ciegos, los desahuciados, los sordos, \u201c<em>los enamorados que revierten su sed en el deseo.<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En lo relativo al poeta que observa la escena, este se describe del siguiente modo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>En cuanto a m\u00ed voy despertando lentamente pues s\u00f3lo hace un instante sobrenadaba un limbo h\u00famedo y cerrado, despu\u00e9s vol\u00e9, farallones abajo, y al llegar al punto estuve con los peque\u00f1os arquitectos que alisaban papeles de seda y recortaban con tijeras doradas casas y colinas, techos y ventanas, caminos, vertientes, ri\u00e9ndose entre monta\u00f1as. Convert\u00edan cajitas de f\u00f3sforo y envoltorios plateados de cigarrillos en aldeas neblinosas y torrentes\u2026 y luego se ve el atardecer.<\/em> <em>A la hora de la cena, con prenderse la hilera de bombillos a lo alto de los tiesos aleros, las v\u00edsperas del Ave Mar\u00eda. Es hora de estar solo, dicen. es hora de escuchar por los rincones untuosos.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el tercer \u201cDiciembre\u201d y \u00faltimo poema del libro, tiene lugar el hecho m\u00e1s divertido, ingenuo y humor\u00edstico de esta mini trilog\u00eda narrativa, en medio de la barah\u00fanda de la fiesta religiosa el d\u00eda del nacimiento del ni\u00f1o Jes\u00fas, en un ambiente de sacristanes, estallidos y reverberaciones, cohetones, tropiezos, repiques, mientras \u201cr\u00edos de gentes pasan sonando sus tacones por las aceras de roc\u00edo y tenues lluvias.\u201d Se cantan letan\u00edas y alabanzas, pasan muchachos y muchachas, m\u00fasicos con guitarras, maracas y furrucos, la plaza est\u00e1 llena de campesinos y trabajadores, todo parece normal, hasta que ocurre el gran acontecimiento, cuyo p\u00e1rrafo final transcribo \u00edntegramente para ilustrar de la hermosa ingenuidad y picard\u00eda popular:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cY d\u00edas m\u00e1s tarde, por el don de la inocencia, debo cometer el gran robo; casa de mis amigos, sustraer del fondo del pesebre al mism\u00edsimo reci\u00e9n nacido \u2013Santo Ni\u00f1o Jes\u00fas\u2014y \u00e9l as\u00ed comenzar\u00eda otra fiesta, y en una de las noches siguientes me ver\u00e9 barbudo, de barbas de carb\u00f3n de corcho, con mucho verde, llevando de cabestro una burrita. Una ni\u00f1a \u2013tan querida Virgen Mar\u00eda\u2014est\u00e1 sentada del lado de la muy adornada montura- un poquito asustada; mientras recorremos las calles de azucena, estrellas, fr\u00edo, rogando m\u00e1s que preguntando.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8211;\u00bfPor aqu\u00ed no has visto un ni\u00f1o?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y las pastoras y pastores y mucha gente cantan<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cQue al ni\u00f1o Jes\u00fas bendito<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>lo venimos a buscar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>porque una noche dormido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>se lo fueron a robar\u2026\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8211;Pobre Ni\u00f1o Jes\u00fas\u2014dec\u00edan\u2014mientras los reyes magos cabriolaban en sus recias monturas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8211;Cuidado con esas bestias\u2014gritaron m\u00e1s all\u00e1.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con este terceto de \u201cDiciembres\u201d donde se hace patente una vez m\u00e1s la infinita creatividad popular (escrito en 1997) culmina este libro, y nosotros iniciamos la lectura an\u00edmica de esta obra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Breve reflexi\u00f3n sobre misticismo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando al serle preguntado a Albert Einstein si cre\u00eda en Dios y \u00e9l respond\u00eda invariablemente que \u00e9l cre\u00eda solo en \u201cel Dios de Spinoza\u201d, nos estaba diciendo quiz\u00e1s que cre\u00eda en el dios de la Naturaleza, en las poderosas fuerzas ocultas en ella, capaces de transformar todo. Por otro lado, tenemos a las diferentes religiones que reglamentan e instituyen las fuerzas espirituales, creando a veces los m\u00e1s absurdos fundamentalismos, muchos de los cuales perviven hoy, librando ensa\u00f1ados combates que suelen derivar en meras pugnas ideol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al misticismo, el hecho de pensar la religi\u00f3n es de por si un tanto parad\u00f3jico en la medida en que la fe \u2013sustento de la religi\u00f3n\u2014no se basa en argumentaciones razonadas sino en la creencia de una fuerza superior inexplicable que al mismo tiempo mueve las cosas del mundo, la cual puede o no derivar o emanar de un Ser Supremo (Dios o los dioses), aun cuando este Ser tambi\u00e9n deba estar sustentado en alguna clase de conocimiento o revelaci\u00f3n, que no se consigue s\u00f3lo a trav\u00e9s de un acto de razonamiento l\u00f3gico o un sistema de leyes racionales comprobadas, sino debidas a fuerzas naturales regidas por una suerte de azar c\u00f3smico. En este sentido, las religiones se mueven entre un esencialismo y una ritualidad, entre misas y oficios llevados a cabo por sacerdotes, hierofantes o piaches de acuerdo a su origen, a su raigalidad m\u00edtica o simb\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la palabra <em>m\u00edstico<\/em> sucede algo curioso. Nos refiere a un individuo impregnado de un poder especial, de una imantaci\u00f3n que le permite comunicarse (en un sentido profundo) con la deidad de la naturaleza o de la cultura a la cual pertenece, le otorga poderes especiales en el momento acercarse a ella, al origen mist\u00e9rico de las cosas. La noci\u00f3n de misticismo entre nosotros los occidentales, casi siempre ha venido impregnada de la idea de una persona hipersensible que, en su continua proximidad con Dios, se acerca al creador en un rapto de \u00e9xtasis, en una suerte de embriaguez espiritual que les permite a los m\u00edsticos acceder a estados de revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando hablamos de m\u00edsticos cristianos &#8211;aparte, por supuesto, de los ap\u00f3stoles y los santos del tiempo de Cristo&#8211; pensamos en figuras como Ram\u00f3n Llull, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jes\u00fas, Fray Luis de Le\u00f3n o Fray Luis de Granada; y si pensamos en figuras de talante intelectual dentro de esta tradici\u00f3n, resaltan las figuras de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, San Ignacio de Loyola y, por supuesto, del padre Benito Jer\u00f3nimo Feijoo; mientras dentro de la m\u00edstica no cat\u00f3lica tendr\u00edamos que pensar en los cordobeses o sefard\u00edes Averroes y Maim\u00f3nides. En la filosof\u00eda occidental del Iluminismo franc\u00e9s, tenemos el caso de Jean Jacques Rousseau, quien ten\u00eda a la Naturaleza como centro de espiritualidad e inspiraci\u00f3n constante, reaccionando contra los c\u00e1nones de la Iglesia. En la filosof\u00eda estadounidense contamos con pensadores como Ralph Waldo Emerson, quien abandona su profesi\u00f3n de Pastor para abrigarse en el Dios que habita en su interior, buscando con ah\u00ednco un Yo Sapiencial, innovando por completo las ideas en esa naci\u00f3n a trav\u00e9s de la libre observaci\u00f3n de la Naturaleza y la sociedad, e influy\u00f3 notablemente en la poes\u00eda de sus disc\u00edpulos Walt Whitman y en las ideas de Henry David Thoreau, quien se alej\u00f3, en su retiro del bosque de Concord, para dedicarse a la contemplaci\u00f3n, reaccionando contra las imposiciones y reglas del Estado; las ideas de Thoreau acerca de la <em>Desobediencia Civil<\/em> inspiraron al estadista, pol\u00edtico y pensador hind\u00fa Mahatma Gandhi, quien las us\u00f3 para tratar de conducir al pueblo de la India a una doctrina de paz, la cual a su vez inspirar\u00eda a otros fil\u00f3sofos hind\u00faes como Jiddu Krishnamurti, quien constituy\u00f3 en su momento una verdadera revelaci\u00f3n en la manera de observar la espiritualidad occidental, mediante la contemplaci\u00f3n trascendente<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la d\u00e9cada de los a\u00f1os sesentas del siglo veinte la m\u00edstica adquiri\u00f3 un nuevo relieve, debido justamente al pensamiento hinduista que se ofreci\u00f3 como posibilidad espiritual y se expres\u00f3 en la m\u00fasica y en los movimientos contraculturales de Estados Unidos y Europa, frente a los desmanes del capitalismo salvaje y de la sociedad de consumo. Tambi\u00e9n los movimientos de la llamada <em>teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n<\/em> apuntaron en una direcci\u00f3n de repensar de modo distinto la espiritualidad cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de Ram\u00f3n Palomares creo que en su libro <strong><em>Yo, el resplandor <\/em><\/strong>se nos muestra en franca rebeld\u00eda respecto de las religiones tradicionales, acogi\u00e9ndose en cierto modo al Dios de Spinoza invocado por Einstein o buscado por Rousseau, m\u00e1s all\u00e1 de las ritualidades del misticismo cristiano-cat\u00f3lico, basado en la misa, la culpa, la expiaci\u00f3n, el sacrificio, el dolor, la compasi\u00f3n y el perd\u00f3n, siendo estos dos \u00faltimos los fundamentos centrales de su doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Otra espiritualidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Personalmente, considero que esta obra de Palomares constituye el libro m\u00e1s sobresaliente de la poes\u00eda venezolana en lo que va del siglo XXI, pues se trata de un cierre de ciclo de este enorme aeda, que ha recogido lo mejor del \u00e1nima sagrada de nuestros pueblos y la ha presentado de una manera original, con un sello personal distintivo de su trabajo a lo largo de todo su trayecto l\u00edrico, de un modo novedoso y profundo, tejiendo admirablemente una serie de textos ubicados en el centro mismo de nuestra espiritualidad, con ramificaciones hacia el mundo trascendente, m\u00e1s all\u00e1 del universo cristiano-cat\u00f3lico, en textos que bien pudieran servir de oraciones supra sensoriales para los tiempos aciagos que se avecinan.<\/p>\n\n\n\n<p>Pudi\u00e9ramos decir, incluso, que a trav\u00e9s de esta suerte de \u00e9pica de la Naturaleza, Palomares no solamente se ha redimido a s\u00ed mismo, sino tambi\u00e9n nos ha ubicado a todos nosotros m\u00e1s cerca de una verdadera espiritualidad, aproxim\u00e1ndonos a nuestros dioses pr\u00edstinos, aquellos que cohabitan en nuestra alma ancestral americana, se disfrazan o deslizan entre las sendas sinuosas de nuestros bosques antiguos, por los grandes valles abor\u00edgenes que vieron nacer nuestras razas, las cuales quiz\u00e1 est\u00e1n tratando de expresarse&nbsp; a trav\u00e9s de la lengua de un poeta, en este caso de un escudri\u00f1ador de mitos, leyendas, fablas o presencias totalizantes que se manifiestan mediante el <em>cerco del aparecer,<\/em> ejercitando un rito que va m\u00e1s all\u00e1 de lo puramente verbal, aglutinador de los grandes alientos que habitan no solamente en tierras de Trujillo sino de todo el pa\u00eds, visit\u00e1ndonos a trav\u00e9s de esta obra admirable, irradiada ahora al siglo XXI, buscando para nosotros un lugar de reflexi\u00f3n sensible y un \u00e9xtasis peculiar ante la Naturaleza, que bien pudiera ser reparador para mitigar los horrores b\u00e9licos o los vac\u00edos espirituales del siglo presente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn1\" href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Se trata de la antolog\u00eda m\u00e1s completa de la obra de Palomares editada hasta la fecha: <strong><em>Vuelta a casa<\/em><\/strong>, Pr\u00f3logo, Cronolog\u00eda y Bibliograf\u00eda de Patricia Guzm\u00e1n; Edici\u00f3n revisada por Ram\u00f3n Palomares; Notas de V\u00edctor Bravo; Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2006.<\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn2\" href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> Abundo un poco m\u00e1s sobre estos fil\u00f3sofos y otros de la modernidad y postmodernidad en mi libro <strong><em>Del logos moderno a la raz\u00f3n global<\/em><\/strong>, Ediciones Oikos-F\u00e1bula, Coro, estado Falc\u00f3n, 2023.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gabriel-jimenez-eman\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Foto cortes\u00eda de <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/neybis-bracho\/\"><strong>Neybis Bracho<\/strong><\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n Recuento biogr\u00e1fico Desde mi formaci\u00f3n cultural en la adolescencia tuve contacto con poetas, tanto en las casas donde habit\u00e9, como en aquellas donde me toc\u00f3 vivir en varias ciudades venezolanas y del extranjero; creo que fueron ellos los verdaderos responsables de mi formaci\u00f3n, no solamente intelectual sino humana, al ofrecerme sus muestras [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13725,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13724"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13724"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13724\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13726,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13724\/revisions\/13726"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13725"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13724"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13724"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13724"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}