{"id":13516,"date":"2024-10-10T14:59:34","date_gmt":"2024-10-10T19:29:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13516"},"modified":"2024-10-10T15:04:11","modified_gmt":"2024-10-10T19:34:11","slug":"ensayos-breves-ebn","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayos-breves-ebn\/","title":{"rendered":"Ensayos breves de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>L<\/strong><strong>a <\/strong><strong>U<\/strong><strong>tilidad de los <\/strong><strong>P<\/strong><strong>oetas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>D\u00edas pasados el se\u00f1or don Juan E. Arcia, de la Academia de la Lengua, dio una conferencia sobre la utilidad de los poetas como art\u00edfices y conservadores del idioma. El se\u00f1or Arcia desenvolvi\u00f3 doctamente el tema demostrando la alta misi\u00f3n de los que en todo tiempo aparecen como leg\u00edtimos sembradores de ideales.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno es recordar, cada vez que se agite tan viejo tema, esa misma utilidad en otro sentido: la necesidad de belleza que siente la humanidad y por cuya satisfacci\u00f3n devuelve a menudo un desd\u00e9n incurable. En realidad, un poeta no representa utilidad inmediata en una sociedad de la que es el m\u00e1s inerme de sus miembros. La suya es como el agua escondida en la tierra: pasan tiempos y nadie se acuerda de que existen.<\/p>\n\n\n\n<p>La atenci\u00f3n de los hombres absorbida por m\u00faltiples empresas, esforzada en poderosas conquistas, apenas tiene tiempo de volverse hacia el que balbucea en sus o\u00eddos cosas de sue\u00f1o; hacia el que trata de sorprender en el v\u00e9rtigo de la vida el ritmo secreto del coraz\u00f3n, menos hoy, en que est\u00e1n muy lejos los tiempos en que los ciudadanos esculp\u00edan en la tumba de los grandes poetas, a manera de sencillo epitafio, el simb\u00f3lico enjambre de abejas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, es evidente que su solo lirismo es una encantadora realidad. Calc\u00falese lo que representa en el mundo la existencia de un Verlaine o de un Rub\u00e9n Dar\u00edo y c\u00f3mo debiera cuidarse la vida de estos seres que son cada d\u00eda m\u00e1s raros, que llevan consigo la \u00e1urea flauta de mil sonidos y que, en su aparente inercia, meditan acentos nuevos y desconocidos.<\/p>\n\n\n\n<p>El poeta es semejante al p\u00e1jaro cautivo. Un buen d\u00eda canta. En los jardines bot\u00e1nicos rodean con la mayor vigilancia a los p\u00e1jaros preciosos; pero el hombre, m\u00e1s justo siempre con los que no pertenecen a su especie, no tiene el menor cuidado para los que infunden en su mismo lenguaje la m\u00fasica de un idioma distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tambi\u00e9n el poeta el m\u00e1s desheredado de todos los artistas con excepci\u00f3n de los pocos que hacen fortuna. Los m\u00fasicos, los cantantes, los pintores y hasta los toreros logran el triunfo con mayor facilidad; entusiasman debidamente a los p\u00fablicos que los paga con gusto, pues que su arte est\u00e1 a la vista, halaga m\u00e1s prontamente a los sentidos y necesita menos esfuerzo para descubrirle. Y el poeta es objeto de inicuas maquinaciones; su campo de acci\u00f3n con ser m\u00e1s vasto, es parad\u00f3jicamente el m\u00e1s estrecho, su triunfo es muy ocasional y aunque deleiten sus versos en la velada familiar o en la funci\u00f3n de gala, no gozar\u00e1 al d\u00eda siguiente de la menor consideraci\u00f3n personal del gordo bur\u00f3crata y de la dama enternecida un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n lee hoy versos? \u00bfHan llegado los tiempos en que los poetas deben desaparecer? Aunque aparecen cada d\u00eda en mayor n\u00famero, sobre todo en Am\u00e9rica, la pregunta no sale de los labios y los mismos hombres cultos averiguan si al fin no morir\u00e1n del todo, notando algunos, que grandes artistas no han tenido que recurrir al \u201crengl\u00f3n corto\u201d para obrar el milagro realizado por los que han \u201ctocado la rosa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes, cuando hab\u00eda pueblos artistas, el poeta era casi un sacerdote; despu\u00e9s su papel se hizo galante. En ocasiones una ciudad fue salvada por ser la patria de un poeta; su esp\u00edritu serv\u00edale de penate protector; tiempos hubo en que las cortes disput\u00e1banse su presencia y muchas veces los pueblos se declararon la guerra por guardar las obras de estos seres peregrinos. Formaban, adem\u00e1s, el alma de la muchedumbre; Torcuato Tasso, dirigi\u00e9ndose al destierro, se deten\u00eda en la fuga para o\u00edr al pueblo que recitaba sus versos en las calles.<\/p>\n\n\n\n<p>En las organizaciones modernas no hay puesto para los poetas. \u00c9l tiene que conformarse con representar de ocasi\u00f3n, aunque su idea bendita de ser algo m\u00e1s que los otros mortales le desespera y encadena. Confundido en la muchedumbre habr\u00e1 de vagar con su ilusi\u00f3n de gloria, en un tiempo donde casi se le desconoce. El reflujo humano le ir\u00e1 relegando m\u00e1s y m\u00e1s. Los hombres escalar\u00e1n el cielo y hundir\u00e1n la frente en el abismo escuchando menos el canto que anhela subir en una aspiraci\u00f3n creciente.<\/p>\n\n\n\n<p>A los caminos, al silencio, va el poeta. Aun as\u00ed ellos tienen su momento. El que corta un cedro desde\u00f1a la flor humilde, mas un d\u00eda se acordar\u00e1 de que hay flores e ir\u00e1 a cortarlas para la novia o la tumba que les reclama. En esta nueva etapa de su historia, la muchedumbre solicitar\u00e1 m\u00e1s \u00edntimamente al poeta y acaso esto sea su nueva misi\u00f3n m\u00e1s clara y verdadera. Ser\u00e1 con m\u00e1s eficacia el hermano eterno de las alegr\u00edas y las penas de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>L<\/strong><strong>a <\/strong><strong>N<\/strong><strong>ovela <\/strong><strong>N<\/strong><strong>acional<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>\u00bfExiste o no la novela nacional? \u00bfC\u00f3mo debe entenderse \u00e9sta? \u00bfCu\u00e1l es su verdadera naturaleza? Desde que alguien en d\u00edas remotos ya tuvo la ocurrencia entre nosotros de escribir una novela aderezada bellamente con plantas y aves m\u00e1s o menos tropicales no se ha hecho sino discutir sobre esta cuesti\u00f3n trascendental en la literatura de Am\u00e9rica. Dichas preocupaciones son las mismas en todo el Continente y todav\u00eda nadie ha dado que, se sepa, una respuesta capaz de satisfacer la opini\u00f3n, que es muy diversa.<\/p>\n\n\n\n<p>Donde m\u00e1s se agita y trastorna el anticuado t\u00f3pico es en Venezuela, en cuyo medio constituye un problema tan rec\u00f3ndito como el de la piedra filosofal o el de la prolongaci\u00f3n de la vida humana. Al menos todos se afanan en resolverlo sin que en la opini\u00f3n de los m\u00e1s se llegue a resultados concluyentes. Problema de tal magnitud que s\u00f3lo hablar de \u00e9l es muy dif\u00edcil, pues nada puede afirmarse absolutamente sin que se oponga en seguida otra observaci\u00f3n poderosa, amiga de confundir. Parece que se exige algo extraordinario, diferente en todo, a lo que se llama generalmente novela, que es la urdimbre de cualquier intriga, m\u00e1s o menos verdadera y en cuyo desarrollo demuestra el autor la calidad de su temperamento y su aptitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Apartando las cuestiones de influencia, de cultura y otras que envuelven el problema, aparece otra de m\u00e1s importancia: la vida nuestra y lo que se ha dado en llamar ambiente y car\u00e1cter. Se habla de ello con empe\u00f1o. Los cr\u00edticos y aun los que no son cr\u00edticos, (\u00bfexisten cr\u00edticos entre nosotros?) no acaban de observar que no hay en las obras nacionales bastante vida. \u00bfEs que \u00e9sta difiere mucho de la de otros pa\u00edses? Al parecer no tiene mayores diferencias, acaso un matiz m\u00e1s o menos espiritual o de raza que pueda caracterizarla. De manera que los tipos de una novela netamente venezolana pueden parecer en ocasiones desprendidos de otra cualquiera, inglesa, rusa o alemana.<\/p>\n\n\n\n<p>La nuestra, pobre, casi mon\u00f3tona en lo exterior, necesita ante todo de la sal del arte para imprimirle inter\u00e9s; de ah\u00ed que a veces haya de fundirse en \u00e9l toda la acci\u00f3n de la obra. Porque, \u00bfqui\u00e9n dijo que donde hay belleza no hay vida? \u00bfEs que quiere significar el concepto de novela nacional, vulgaridad y estolidez \u00fanicamente? \u00bfO debe ella ser cat\u00e1logo de cosas pueriles y de chistes despojados de todo ingenio? \u00bfEn qu\u00e9 va a diferenciarse nuestra novela de la europea cuando tenemos un instrumento que no es propio; cuando nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestras modas, nuestras pasiones mismas, son importadas? Aun escribiendo una novela precolombina, habremos de hacerlo en espa\u00f1ol y habr\u00e1 de resentirse de cierta influencia extranjera, como en las grandes reconstrucciones contempor\u00e1neas de la antig\u00fcedad no han podido insignes artistas dejar de imprimirles ideas y sentimientos peculiares del esp\u00edritu moderno.<\/p>\n\n\n\n<p>Si apareciese en Am\u00e9rica el novelista de genio que fije normas nuevas al arte de novelar, la revoluci\u00f3n, por ser precisamente genial, abarcar\u00eda el mundo entero o al menos al mundo espa\u00f1ol, como es de verse en un ejemplo vivo en la poes\u00eda castellana, al aparecer Rub\u00e9n Dar\u00edo; como la novela francesa ha influido en la espa\u00f1ola; como la rusa comienza a influir de una manera directa en la novela moderna.<\/p>\n\n\n\n<p>Pres\u00e9ntase otro factor que unir\u00e1 m\u00e1s y m\u00e1s la novela de Am\u00e9rica y sobre todo la venezolana con la europea: el porvenir. Cuando nuestro pa\u00eds se haga m\u00e1s cosmopolita; cuando nuestra regiones m\u00e1s t\u00edpicas, la monta\u00f1a y la llanura, se modifiquen al empuje que viene de afuera; cuando queden \u00fanicamente los vestigios capaces de distinguir puramente en lo exterior la vida de provincia \u00bfqu\u00e9 puede quedar de algo verdaderamente nuestro, cuando el mismo idioma es susceptible de sufrir modificaciones y adulterio?<\/p>\n\n\n\n<p>Se olvida, adem\u00e1s, con frecuencia, otro factor indispensable para juzgar una novela: el de situarse en el mismo punto donde un autor contempla la vida, lo que cambia seg\u00fan el car\u00e1cter y temperamento. Juzgan as\u00ed de acuerdo con el suyo, pretendiendo una misma modalidad en todos ellos. Precisamente la fuente inagotable del arte consiste en esa constante variaci\u00f3n de la personalidad sobre unos sentimientos que son eternos en la humanidad e id\u00e9nticos bajo todos los cielos; lo que ha confirmado la observaci\u00f3n de que la percepci\u00f3n y hasta las formas var\u00edan en el modo de recibirlas cada quien. Por eso, y porque cada quien se inclina y busca el sendero a que le llama la naturaleza de su cultura y de su esp\u00edritu, ha dicho un distinguido venezolano: \u201cel viejo novelista neogranadino Jorge Isaacs, y entre los modernos el argentino Larreta, el brasile\u00f1o Graca Aranha, el colombiano Vargas Vila, el venezolano D\u00edaz Rodr\u00edguez, etc., escriben a maravilla o con giros personales; no se parecen entre s\u00ed, y se parecen en calidad a muchos europeos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos ellos, es de a\u00f1adir, forman ya para el futuro la tradici\u00f3n de la novela de Am\u00e9rica; todos ellos contribuyen a abrir camino a la obra maestra del futuro, a presentar ma\u00f1ana el gran lienzo de la novela nuestra, que extienda en realidad su ambiente, para prescindir de una vez de la preocupaci\u00f3n de que no se ha hecho novela.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay ya tradici\u00f3n en las costumbres, sujetas a modificarse en el ambiente venezolano m\u00e1s que en ninguna parte, y apelar a los dialectos peculiares de una regi\u00f3n, adem\u00e1s de contribuir a variar torpemente los sonidos de un instrumento precioso, dificulta en realidad la universalizaci\u00f3n de nuestra literatura. Y esto se consigue con buenos novelistas que desde\u00f1ando las cosas de menos importancia, de pura apariencia exterior \u2013sea cual fuere la escuela que cultiven, sea dando a sus obras una clara belleza armoniosa o una delicada emoci\u00f3n o una viva crudeza\u2013 comuniquen a sus tipos y a sus cuadros, un aliento e inter\u00e9s tal, que puedan mantenerse bajo el mismo punto en todo el mundo por el soplo de arte vivo en sus p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esto, por encima de todos los prejuicios parroquiales que estrechan y dificultan con mal llamadas orientaciones la libre inclinaci\u00f3n de un escritor y su amplitud espiritual, es la inmediata finalidad y el verdadero prop\u00f3sito de la novela nacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>E<\/strong><strong>l lauro temible<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>\u201cFantoches\u201d, el popular\u00edsimo semanario caraque\u00f1o, ha ofrecido un premio para el cuento que el jurado de su concurso juzgue detestable, o m\u00e1s bien, al mejor cuento malo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se ve, el premio no carece de m\u00e9rito y su misma originalidad estimula a que se le ambicione sinceramente. La popularidad, bastante parecida a la gloria, si no es la misma, est\u00e1 ganada de antemano, y quiz\u00e1 el mejor cuento no asegure a su autor renombre tan ruidoso como el que ofrezca las cualidades opuestas.<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil escribir un cuento malo o mejor dicho, es tan dif\u00edcil como el m\u00e1s original. Requiere inspiraci\u00f3n, cualidades sobresalientes, un momento feliz que acaso no llegue a repetirse. El mejor cuentista, el m\u00e1s h\u00e1bil, quiz\u00e1 no tenga la facultad para llegar a un modelo de ridiculez o imbecilidad absolutos.<\/p>\n\n\n\n<p>El trofeo ofrecido adquiere as\u00ed un valor capaz de satisfacer al m\u00e1s exigente y ser\u00e1 para el agraciado emblem\u00e1tica corona triunfal.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, el deseo de alcanzar fama es tan natural en el hombre y tan antiguo que puede satisfacerse con facilidad. La fealdad, lo mismo que la belleza, tiene su cortejo de celebridad. Unas hermanas siamesas, un enano o esos monstruos que la Naturaleza se complace en formar a veces, rivalizan con el campe\u00f3n de boxeo, el actor de cine, o cualquier novelista de 80.000 ejemplares que son las m\u00e1ximas celebridades del mundo moderno.<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo qui\u00e9n se arroj\u00f3 en una hoguera ante toda la Grecia reunida en los Juegos Ol\u00edmpicos para alcanzar la inmortalidad y no hay para qu\u00e9 nombrar al incendiario del templo de Diana.<\/p>\n\n\n\n<p>Medios m\u00e1s f\u00e1ciles y de consecuencias menos tr\u00e1gicas y funestas se ofrecen hoy. Ya no es preciso perder la vida para adquirir un nombre famoso, al menos a la sombra del campanario nativo. Basta un poco de resignaci\u00f3n y buen sentido, en lo que puede caber mucho de humorismo, para alcanzar la palma.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e9xito se advierte en la multitud que contempla el trofeo en la esquina de Sociedad. Y mientras se pronuncia el nombre ansiosamente esperado se puede calcular la intensa simpat\u00eda con que le saludar\u00e1 el p\u00fablico. Y es de esperarse que, lejos de arrojar la presea con indignaci\u00f3n quijotesca, sepa acogerla con la buena sonrisa de Sancho que es tambi\u00e9n de un hombre superior.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n sabe? La vida tiene sorpresas extraordinarias. El premiado por un cuento malo puede resultar luego un cuentista formidable y el lauro grotesco florecer\u00eda entonces en vivas rosas ir\u00f3nicas. Para el jurado no deja de ser una responsabilidad bastante grave.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>C<\/strong><strong>r\u00edtica y <\/strong><strong>C<\/strong><strong>r\u00edticos<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Se habla en estos d\u00edas de cr\u00edtica. Buen tema. Conviene por lo tanto insistir en \u00e9l. Se nos ense\u00f1a que la cr\u00edtica debe estar siempre exenta de halagos; que hasta hoy se ha carecido de ese instrumento \u00fatil y necesario. La cr\u00edtica es, pues, un hallazgo de nuestros d\u00edas, una funci\u00f3n que ignoraron las generaciones anteriores. Y en realidad hace falta cr\u00edtica en nuestro medio social; una cr\u00edtica sagaz y penetrante fuera del radio de aldeanismos literarios y de alambicamientos acad\u00e9micos. Una cr\u00edtica en la cual perezca todo lo existente, aun cuando se lleve por delante los tres o cuatro genios que poseemos en letras y artes y sucumban at\u00f3nitos los intocados eruditos. Ser\u00e1 \u00e9ste un medio de crear otra vez y devolvernos vivos a los que, precisamente por esa falta de cr\u00edtica, nos parecen muertos. Gracias a tan falsa postura \u2013que por un error parece un privilegio\u2013 esos elegidos nos dan la impresi\u00f3n de encontrarse inm\u00f3viles, fantasmag\u00f3ricos, mostr\u00e1ndonos una sola faz por carecer de la otra mitad. Pero no hay que ir a buscarlos al helado reino de t\u00famulos \u2013ni siquiera al pante\u00f3n de los periodistas\u2013, la cr\u00edtica ser\u00e1 m\u00e1s eficaz cuanto m\u00e1s actual. Este oficio de cr\u00edtico es ante todo oficio de contempor\u00e1neos y as\u00ed la posteridad se hallar\u00e1 en condiciones de revisarla. Y as\u00ed tendremos una idea exacta de la capacidad de nuestros cr\u00edticos. Muchas veces al hacer cr\u00edtica se hace la cr\u00edtica de s\u00ed mismo. Es el riesgo supremo. Mas, \u00bfacaso la cr\u00edtica se reduce a emitir juicios acerca de una obra determinada? \u00bfD\u00f3nde empiezan y concluyen las funciones de la cr\u00edtica? Cr\u00edtica puede ser, ciertamente, toda nuestra vida. Se critica seg\u00fan el esp\u00edritu y toda manifestaci\u00f3n humana viene a ser un acto de cr\u00edtica involuntario. Y la cr\u00edtica ser\u00e1 tambi\u00e9n seg\u00fan la intenci\u00f3n que ponemos en ella. Cr\u00edtica generosa, susceptible de indignarse ante la injusticia y la iniquidad o de encender una cordial esperanza o un sentimiento de belleza en el coraz\u00f3n agostado. Una cr\u00edtica m\u00e1s verdadera y elevada que una lluvia de adoquines precipitada desde el techo en que el cr\u00edtico se ha subido para lanzar gritos y llamar la atenci\u00f3n de los transe\u00fantes. Tan relativa es la cr\u00edtica que los juicios cambian con el tiempo. Las \u00e9pocas estudian, es decir, critican, seg\u00fan su esp\u00edritu. Lo que s\u00ed no es cr\u00edtica, o est\u00e1 lejos de serlo, es la pedanter\u00eda, la incomprensi\u00f3n y el esp\u00edritu parroquial. Y la vanidad pueril. Ante un juicio cualquiera una obra permanecer\u00e1 id\u00e9ntica y si son juicios falsos servir\u00e1n en todo caso para nutrir esos densos vol\u00famenes que de tiempo en tiempo se nos brindan con prop\u00f3sitos culturales y los cuales nacen listos ya para dormir inservibles y eternos en los anaqueles. O para adornar la frente de pont\u00edfices literarios. Cierto es que \u00e9stos tienen su ventajas lo que dicen es repetido por una gran mayor\u00eda que no se detiene a examinar si tales juicios son o no verdaderos. Conseguir una opini\u00f3n favorable de uno de estos sujetos es asegurarse por cierto tiempo un \u00e9xito lisonjero. La influencia de los pont\u00edfices literarios en relaci\u00f3n con el medio. A un medio b\u00e1rbaro o con limitaciones de aldea mayor influencia. \u201cEsto es as\u00ed, porque yo lo digo\u201d. Y ante semejante actitud lo sensato es callar. Lo otro ser\u00eda disputarles la preferencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>L<\/strong><strong>os <\/strong><strong>D<\/strong><strong>erechos del <\/strong><strong>E<\/strong><strong>scritor<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La sociedad de escritores tiene magn\u00edficas ocurrencias. Si no fuera porque el humorismo es una planta casi ex\u00f3tica entre nosotros dir\u00edamos que es una sociedad de humoristas. A\u00f1os pasados tuvo la peregrina idea \u2013muy c\u00f3nsona, por cierto, con aquel momento\u2013 de fundar el pante\u00f3n de los periodistas. Ese proyecto macabro y truculento fue defendido con calor. Con el mismo inter\u00e9s con que se defendi\u00f3 \u00faltimamente la reuni\u00f3n de las C\u00e1maras. Ahora la Sociedad de Escritores, consecuente con sus tendencias, lanza al aire otra iniciativa no menos inquietante: la de que cada escritor ceda un art\u00edculo mensual cuyo producto se dedicar\u00e1 a los fondos de la sociedad destinados a su sostenimiento y tambi\u00e9n al desarrollo de sus planes culturales. <strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para que se vea al extremo a que han llegado las cosas voy a tratar de ser claro. Los diarios venezolanos nunca se han se\u00f1alado por su afici\u00f3n a pagar colaboraciones. Due\u00f1os de robarse lo que quieran se nutren y nutr\u00edan, principalmente hasta ayer, de recortes de prensa extranjera y de las colaboraciones suministradas por las grandes agencias de informaci\u00f3n que sirven el mismo art\u00edculo a una cadena de diarios por precios \u00ednfimos. Para el escritor de aqu\u00ed era una especie de concesi\u00f3n que le hac\u00edan al pagarle un art\u00edculo. En esto tampoco establec\u00edan o establecen selecci\u00f3n.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un trabajo que hab\u00eda costado a su autor varios d\u00edas con sus noches era tasado en el mismo precio \u2013y gracias\u2013 que cualquiera sandez o sarta de vacuidades. Lleg\u00f3 diciembre y los diarios se pararon de mano. Padec\u00edan la escarlatina o fiebre democr\u00e1tica. Pero \u00a1la buena suerte de los diarios! Vino con ese delirio una avalancha de escritores que tampoco necesitaron colaboraci\u00f3n. Naturalmente todo esto vino a tono con aquello de \u201clas obligaciones del escritor*\u2019, \u201clos problemas b\u00e1sicos\u201d, etc., etc. El ideal de estos diarios es vivir de balde, a costa siempre de los dem\u00e1s con una lisura que raya en la desverg\u00fcenza. Algunos tienen proventos considerables. Pero el escritor venezolano, el escritor criollo, el escritor sufrido jam\u00e1s tendr\u00e1 derecho, cualquiera que sea su categor\u00eda, su calidad de escritor, a que su labor sea tasada con decorosa equidad.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y es que el escritor entre nosotros ha de vivir del aire. Todos los dem\u00e1s mortales tienen derecho a mejorar su condici\u00f3n. Un sastre, un alarife, un obrero de f\u00e1brica pueden aspirar a un salario mejor y a presentar sus condiciones. El escritor, no. El escritor es algo as\u00ed como un triste paria o uno de aquellos inmundos cagotes de la Edad Media. Eso s\u00ed, se le exige mucho. Se le exige \u201cla vigilancia\u201d, se le exige \u201corientaci\u00f3n\u201d, se le exige una \u201clabor permanente\u201d. Y en primer t\u00e9rmino se le exige no vivir. El escritor no tiene derecho a nada. Tiene s\u00ed, el deber, seg\u00fan estos fariseos, de dar lo \u00fanico que es suyo, lo \u00fanico que le pertenece y para adquirir lo cual ha gastado los mejores a\u00f1os de su vida. El escritor ha de ir por un desierto, sin t\u00e9rmino fijo, a caza de espejismos.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por eso cuando alguien me pregunta por ah\u00ed por qu\u00e9 no escribo \u2013dando por sentado que su inter\u00e9s es sincero\u2013 callo por cortes\u00eda. La respuesta es otra: \u201cNo escribo porque no me da la gana\u201d. \u00bfPara qu\u00e9 escribir cuando ya todo est\u00e1 resuelto? Y es que la sociedad que quiera tener escritores ha de pagarlos. Y los paga por medio de sus organizaciones correspondientes, en primer t\u00e9rmino por medio de su prensa.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si \u00e9sta es reflejo de la cultura de un pa\u00eds y no simple negocio particular de unos cuantos favorecidos, ha de estimularla. Porque el escritor es su obrero inmediato. Y mal puede servirse esa causa de la cultura donde las labores relacionadas con \u00e9sta han de brindarse gratis, con enfermedad de esp\u00edritu y de cuerpo, y donde el escritor se ve obligado a solicitar el pan \u2013y aqu\u00ed se incluye todo lo que es necesario a su vida de escritor, facilidad de conocimientos e incluso el sol y el aire\u2013 en labores extra\u00f1as y donde para lograr su labor peque\u00f1ita como un grano de mostaza ha de arrebatarle horas al sue\u00f1o y al tiempo que otros emplean en su propio esparcimiento. Y mal puede servirse a la cultura donde ese obrero que llena cuartillas en inter\u00e9s del bien p\u00fablico o por necesidad de su propio esp\u00edritu, se ve despreciado por aquellos mismos organismos que se nutren de ellos y donde cualquiera usurpa tambi\u00e9n el t\u00edtulo de escritor, cuando se trata de beneficios.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por eso es tan peregrina esta nueva iniciativa de la Sociedad de Escritores. Actualmente los diarios no pagan colaboraci\u00f3n o la tasan en forma irrisoria, un art\u00edculo por semana. Y si el escritor no tiene otras entradas \u2013porque el escritor, adem\u00e1s, inspira desconfianzas y recelos en todas partes\u2013 ha de cederle, de todos modos, una parte de ese mendrugo que le otorgan por caridad las poderosas organizaciones period\u00edsticas a la Sociedad de Escritores. Y como la solidaridad es una de nuestras conquistas y la colectividad es lo primero resulta \u2013aqu\u00ed donde el escritor no tiene derecho a nada\u2013 que las empresas period\u00edsticas preferir\u00e1n en sus colaboraciones las que pueda suministrarles la Sociedad de Escritores. Es casi lo mismo de lo del pante\u00f3n de los periodistas. Por mi parte no estoy dispuesto a secundar tan generosa iniciativa. No secundar\u00e9 otra medida que la que tienda al boicot de las empresas period\u00edsticas hasta lograr de \u00e9stas el reconocimiento de los derechos del escritor, nacional y extranjero, de acuerdo con su capacidad econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/enrique-bernardo-nunez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Utilidad de los Poetas D\u00edas pasados el se\u00f1or don Juan E. Arcia, de la Academia de la Lengua, dio una conferencia sobre la utilidad de los poetas como art\u00edfices y conservadores del idioma. 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