{"id":13436,"date":"2024-09-29T16:40:40","date_gmt":"2024-09-29T21:10:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13436"},"modified":"2024-09-29T16:40:40","modified_gmt":"2024-09-29T21:10:40","slug":"veronica-o-la-redencion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/veronica-o-la-redencion\/","title":{"rendered":"Ver\u00f3nica o la redenci\u00f3n in\u00fatil de toda pena"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Eduardo Mari\u00f1o<\/h4>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u00abY desde que parti\u00f3,<br>su Verbo vive en mi carne\u00bb<br>Gustavo Cerati, Bocanada<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mateo 8, 8<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por cuanto es su creencia que desde el d\u00eda de su pr\u00edstino nacimiento y hasta la actual fecha, no ha hecho otra cosa que asistir a una rara y fabulosa comedia de espejos. A todos lados que va, en todas partes donde su mirada reposa, no hay m\u00e1s que espejos, centenares de ellos, eludiendo la realidad y haciendo invisible a sus ojos, la sutil trama sobre la que descansa el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cada ma\u00f1ana descubre que cerrando apenas los ojos puede adivinar formas maravillosas e inusuales en los garabatos del techo. Se detiene casi dos horas en la operaci\u00f3n de levantarse y enfrentarse a un d\u00eda que de por s\u00ed, ya supone nefasto. Recuerda esa frase en otros labios, en otra  voz: \u00ab<em>je suis nefaste<\/em>\u00bb. Y recuerda tambi\u00e9n que debajo de alguna manta azul las noches fueron largas, y los amaneceres, tibios.<\/p>\n\n\n\n<p>Como cada ma\u00f1ana, saldr\u00e1 a caminar. Caminar de un lado a otro es un s\u00edmbolo. No implica s\u00f3lo el desplazamiento in\u00fatil de sus cavidades, ingenuidades y melancol\u00edas. Implica que las cosas que pretende dejar en un lado simplemente est\u00e1n en \u00e9l, y en el ir hay s\u00f3lo una infecta se\u00f1al de su propia huida, es decir, de su nader\u00eda. Ignoro las razones que le mueven a tanto caminar en vano: Nada hay que haga creer con firmeza que su situaci\u00f3n cambiar\u00e1. Todo indica que la amorfa continuidad de sus d\u00edas ser\u00e1 tan implacable e inmutable como lo ha sido desde siempre. Sin embargo, busca: Busca una mentira, un abrazo o dos, el fulgor que aceche en cada beso. Incierto en sus aires pregunta, se contesta y cree en el intento o la omisi\u00f3n. Su mano buscar\u00e1 un d\u00eda la mano que le sabe el ritmo preciso y la medida de cada dedo. Pero no hay tal mano, es s\u00f3lo un juego que el sue\u00f1o perpetra a\u00fan antes de disolverse en la tenue luz que se cuela en la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo suele ser su mayor dilema. A veces le cuesta creer que hubiera llegado tarde a todas partes y que sin embargo, siempre hubo un lugar al que llegar. Pero la suerte acecha, un d\u00eda llegar\u00e1 demasiado pronto, y el destino no estar\u00e1 ah\u00ed para sofocarle la esperanza. Aqu\u00ed, por lo general, se detiene en el quicio de la puerta y piensa detenidamente en la palabra \u00abrinse\u00bb, que no existe en su idioma pero alude a sentimientos descaradamente \u00edntimos. \u00ab<em>I must rinse her<\/em>\u00bb se dice a s\u00ed mismo en la ma\u00f1ana larga sin manta azul. Y es verdad, s\u00f3lo que esa palabra no pertenece a su mundo, ni jam\u00e1s podr\u00e1n  comprenderla sus miserables pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<em>Tu vida no te pertenece<\/em>\u00bb. Esa es la frase que se le asoma al cuerpo despu\u00e9s de una comida en la que el sabor de sal apenas se deja de confundir con el sabor amargo del d\u00eda. Es otra creencia recurrente la de que toda su vida ha sido signada por el mandato ajeno: Familia, culpas nunca propias, vicios y estancamientos. Quiz\u00e1s ah\u00ed reside su miseria. \u00ab<em>No permita usted que le dicten un poema, una canci\u00f3n, el testamento<\/em>\u00bb se dice entre el caf\u00e9 y la prensa, \u00ab<em>no permita palabra ajena en el o\u00eddo sensible solitario, no permita un dedo en el labio el descanso en el hombro<\/em>\u00bb, esa especie de letan\u00eda se repite una y otra vez, hasta el mediod\u00eda, desde el inefable atardecer, d\u00eda tras d\u00eda. Pero no es m\u00e1s que una oraci\u00f3n sin fe cuyo destinatario \u2013un pobre Dios errabundo\u2013 no tiene milagros al alcance de la mano. \u00ab<em>Enteramente destierre de sus manos el perd\u00f3n o el abandono. H\u00e1gase due\u00f1o de un d\u00eda y mande todo al infierno, por en\u00e9sima, necesaria vez<\/em>\u00bb quisiera decirse cuando se levanta de la mesa, caf\u00e9 a medio terminar. Pero los silencios lo embriagan y caminar es de nuevo, la salida hacia ninguna parte, es decir, a donde su sentido de pertenencia le llama.<\/p>\n\n\n\n<p>La mirada encendida desde su propio reverso, es el instinto asom\u00e1ndose a la incesante madrugada. Las consecuencias se perciben en sus ojeras. He all\u00ed la magia del insomnio: Hacer que parezca decadencia una simple contrariedad del olvido, es decir, de ese intento de inventar el tiempo en otras manos y luego despedirse, saber que fue mentira, que nunca ocurre lo que se predice en el humo de un cigarrillo. Ese olvido cada noche no es m\u00e1s que otra farsa, otro espejo, pero su destino se asemeja en peso y consistencia a la astuta celeridad del amor: tiene nombre de mujer y cuerpo de navaja o de tigre.<\/p>\n\n\n\n<p>Intentar\u00e1 la brevedad del gesto al asomarse a sus labios: Apenas detenida la palabra, apenas sugerida, su b\u00fasqueda profunda \u2013h\u00fameda de tiempo y a\u00f1orosa de un nosotros\u2013 ser\u00e1 el vac\u00edo necesario, la intensidad de alg\u00fan silencio. Hora de descender, dejarse ir por la inmutable corriente que reduce todo a la simplicidad del ahogo en manos ajenas. <\/p>\n\n\n\n<p>En medio de la sombra su ala se tuerce y la mirada se cansa, es la hora del viento entre los huesos. Mas, debajo de la esperanza un latido se le asoma en la risa nerviosa, la tosecilla afectada. Su dedo le escamotea un beso y la sue\u00f1a perdida en la humedad de las s\u00e1banas, entrecerrada la ternura, crucificado el coraz\u00f3n. Pobre p\u00e1jaro nocturno que no conoce del d\u00eda, una palabra suya bastar\u00eda para salvarla. Pero no es su oficio el de Salvador.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo ha entendido desde siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>En su vida no hay m\u00e1s que espejos.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00fanico rostro verdadero que lleg\u00f3 a habitarlo, hace tiempo ya no est\u00e1. Como el retrato perdido en una tela ro\u00edda. \u00ab<em>Je suis nefaste<\/em>\u00bb, dec\u00eda. Sol\u00eda sentarse en el escal\u00f3n de la puerta \u2013abrazaba sus rodillas\u2013 a esperar las luces de la calle, que encendieran las fuentes o que cambiara el minutero en la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda un peque\u00f1o lunar y un amor que la esperaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca entendi\u00f3 que para cada tiempo existe un milagro secreto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Magdalena<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Preguntarse al o\u00eddo si se est\u00e1 siendo feliz. No, mejor a\u00fan, preguntarse al o\u00eddo si se est\u00e1 cerca o lejos de ser feliz. Empuja el sin az\u00facar ma\u00f1anero y el d\u00eda empieza amargo, como ayer. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la maravilla que el terciopelo promete? <\/p>\n\n\n\n<p>La tarde anterior la hab\u00eda visto pasar por el pasillo frente a la librer\u00eda. Un ligero ondular en su falda, el movimiento de su mu\u00f1eca buscando con la mirada la hora, le delataban la prisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Milagros.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay peque\u00f1os milagros en cada acto que hacemos o que abandonamos, como si continuamente vivi\u00e9ramos el \u00faltimo minuto de una representaci\u00f3n ef\u00edmera y a la vez, llena de la eternidad de lo posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Verla pasar cada tarde es un reto.<\/p>\n\n\n\n<p>Imagina en su piel p\u00e1lida, la lamedura del sol al atardecer \u2013 cierta tonalidad del dorado en las nubes tras los \u00e1rboles, allende las aguas\u2013 haci\u00e9ndose reflejo en sus mejillas, como el rubor de un \u00e1ngel al descubrirte curioseando en la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de lo amarga de la ma\u00f1ana, siempre hay maravillas por revelar, por esperar.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo dos meses despu\u00e9s pudo averiguar su nombre. Intent\u00f3 paladearlo, detenerse en la respiraci\u00f3n de su nombre como se detendr\u00eda en el suspiro de verla caminar, la falda corta, los pasos largos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ensay\u00f3 la penuria de detenerla y regalarle un libro, entregarle escritas, editadas y perfectamente cortadas y empaquetadas las palabras que se le amontonaban y que de otra  manera nunca le dir\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda una falda roja y una blusita blanca, casi de encaje \u00bfNo es m\u00e1gico el amor, que transforma toda banalidad en un detalle preciso y necesario?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero darle un libro era tambi\u00e9n asomarla al cotidiano mont\u00f3n de tristezas. Pens\u00f3 que hay cosas que se ensayan siempre para no equivocarse y terminar haci\u00e9ndolas por \u00faltima y fugitiva vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Como los milagros: Debe ser dif\u00edcil ensayar lo imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe que nunca intentar\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de un par de palabras, el comentario simple, la mirada distra\u00edda que se deslice lento hasta sus dedos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la fe es un atributo milenario.<\/p>\n\n\n\n<p>Verla pasar es casi un intento.<\/p>\n\n\n\n<p>Al menos vale la redenci\u00f3n de cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lucas 11, 26<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se estrena el pegajoso augurio de un \u00abbuenos d\u00edas\u00bb con la certeza de lo perdido. Recorre el diminuto espacio de su cuarto con la premura de quien olvida. \u00bfConoces la intenci\u00f3n de quien te espera? No, tal vez no.<\/p>\n\n\n\n<p>Partir una y otra vez del instante al respiro de descanso. Asombrarse en el ingenio que apenas te salva el d\u00eda, la hipocres\u00eda del saludar y rebuscar. Todas estas, operaciones que se suceden sin cesar \u2013sin escape y sin salida\u2013 hasta agotar la levedad de las sencillas horas bajo el sol que marzo impasible le encaja en la culpa como el aliento del olvido o la jugarreta m\u00e1s inocente del destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada diez minutos se demorar\u00e1 en buscar su reflejo en el agua, en alg\u00fan cristal, en cualquier mirada al azar, en la punta de sus dedos, menos en la distancia a la que \u2013por intuici\u00f3n o desenga\u00f1o\u2013 ya pertenece, tenue y evanescente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso le vemos bajar la guardia, caminar lento y despreocupado. Su camino es del todo err\u00f3neo \u00bfno pueden verlo? El pasar del d\u00eda es la esperanza que lo delimita.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero todo esto no es m\u00e1s que la preparaci\u00f3n del caf\u00e9, el amanecer distendido, el reci\u00e9n despertar y la necesaria duda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un s\u00edmbolo ajustado a su met\u00f3dica nostalgia de lunes a lunes tendr\u00eda m\u00e1s bien la precisi\u00f3n de un domingo. Ya sabemos demasiado bien lo que viene luego: La marchitada rutina, el desesperado fatigar de un d\u00eda desandado que no tienen otra piel y sentido que los de sus propias manos, su propio y vago recordar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo describir mejor este complicado proceso? De cierta manera, toda descripci\u00f3n es in\u00fatil por incapaz de abarcar los m\u00ednimos gestos, los insignificantes detalles que componen este sortilegio de \u00e9pica cotidiana. Le miraremos una y otra vez demorarse insanamente tras el recuerdo, entretener sus horas y sus pasos para al final, descubrir en sus manos el delicado vestigio de un abandono particular y lejano, un cierto misterio de amor que jam\u00e1s dilucidaremos del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni siquiera \u00e9l en su vasta melancol\u00eda es capaz de tanta gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>Le vemos alejarse en silencio. Quiz\u00e1s con m\u00e1s prisa de lo que requerir\u00eda la literaria intenci\u00f3n que presuponemos. Sin embargo, esas son sus circunstancias y sus palabras menos vagas. D\u00edas tras d\u00eda le veremos evolucionar en su infatigable laberinto, a la manera de esos juegos del caos con que a veces nos sorprende un arrebolado atardecer o una bandada de p\u00e1jaros que nos aborda al filo del insomnio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Juan 11, 13<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Detenerse al borde del d\u00eda y preguntarse si es vida o muerte lo que han respirado tus pasos. Te adivino pobre L\u00e1zaro de sue\u00f1os caminando lento por esta avenida, descuidado el coraz\u00f3n, arrepentido el adentro.<\/p>\n\n\n\n<p>Morir y resucitar no es algo f\u00e1cil de entender, mucho menos de sobrellevar. A veces te cansa un poco el recuerdo del fogonazo al final, el fr\u00e1gil destello, la gana de aferrarse a algo que se escapa. Como un beso a trav\u00e9s de una reja fr\u00eda y oxidada.<\/p>\n\n\n\n<p>Intent\u00f3 detenerla. Convertirla acaso en ese fr\u00e1gil destello de eternidad que una vez la hizo p\u00e1lida espesura entre sus dedos. Intent\u00f3 con todas sus fuerzas no dejarla hacerse viento entre los dedos, como todo en su vida, en todas sus vidas anteriores. Pero una suave melod\u00eda de invierno adentr\u00e1ndose en sus palabras le hizo presentir la ausencia y la despedida.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella y sus distancias, ella y sus pasos lentos, sus manos fr\u00edas. No pod\u00eda pensar en otra cosa desde el d\u00eda infinito de aquellas palabras \u00abtu sabes como soy, soy nefasta\u00bb y sentir que desde entonces gravitaba entre los dos una sombra, de igual peso y consistencia a aquella luz que una d\u00eda le hab\u00eda llevado de la mano con un \u00abentonces nosotros\u00bb. Pero ese es el problema central de todo milagro: Uno es s\u00f3lo parte de la indecible trama que el Dios sue\u00f1a, tal vez ni siquiera veremos el final del milagro que se va desarrollando ante nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche sali\u00f3 de su casa con la sensaci\u00f3n de que algo se hab\u00eda dicho cuyo secreto sentido no le hab\u00eda sido develado. Ella ni siquiera se qued\u00f3 como otras veces a esperar que doblase la esquina. Intu\u00eda el hast\u00edo que le produc\u00eda su constante presencia, aunque no entend\u00eda que la mov\u00eda a tolerar cada noche el mismo, pesado ritual de hola-aqu\u00ed un rato hasta ma\u00f1ana-sonrisa casi forzada-despedida certera.<\/p>\n\n\n\n<p>Camin\u00f3 lento por la avenida, tal como ahora le sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 en la infinita serie de hechos aislados que compon\u00edan un instante. La noche, la hora, el d\u00eda juntos, la tarde ausente dentro de ella, alg\u00fan dolor en la pierna, otro en la mirada. Pens\u00f3 en las miles de posibilidades, las palabras dichas y las a\u00fan por decir, las que nunca dir\u00eda y las que nunca, le ser\u00edan otorgadas. <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00fabitamente, se regres\u00f3 y toc\u00f3 levemente a su puerta. Imagin\u00f3 sin duda una noche semejante, en alguna de esas otras bifurcaciones que el destino le insinuaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no dijo gran cosa, ni siquiera se molest\u00f3 en preguntar. Asom\u00f3 parcialmente su rostro como una luna prisionera y ajena, y se acerc\u00f3 a la reja, sugiri\u00e9ndole el p\u00e1lido beso de buenas noches<\/p>\n\n\n\n<p>Como un sue\u00f1o distante y antiguo, que se recuerda ciertas noches de invierno, de rara melod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Como el sue\u00f1o que pudiste haber vivido, mi pobre L\u00e1zaro, durante tu breve tr\u00e1nsito por la muerte. <\/p>\n\n\n\n<p>Misterioso quiz\u00e1s, un milagro a final de cuentas no es m\u00e1s que un sucesivo encadenamiento de detalles y casualidades a los que el Dios, despiadadamente, nos somete.<\/p>\n\n\n\n<p>Ver\u00f3nica<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013En sus manos el tiempo es caricia, que no la espina<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Una vez al a\u00f1o su mirada se posar\u00e1 en tus ojos, sabr\u00e1s del amor<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Infecto de ella, tu cuerpo se sabe fracaso<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Se trata de tener actitud, la p\u00e1lida piel es un artificio de crueldad<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Un d\u00eda el olvido lavar\u00e1 sus manos en tu aliento, tu rostro quedar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus noches estaban reservadas a la difuminaci\u00f3n consciente de un esp\u00edritu cada d\u00eda m\u00e1s leve. Previsiblemente, sol\u00edan transcurrir en la dulzura de una mesa al azar, entre tactos apenas desconocidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda problemas con los verbos. Para ella el estar siempre era irse, y el llegar era volver. \u00bfC\u00f3mo aclararle al cuerpo tanta vuelta de esp\u00edritu con el solo movimiento de los labios, el tiempo en los dedos, un cigarro? Tiene un silencio que m\u00e1s all\u00e1 del sue\u00f1o huele a esperanza. Me estremece el tiempo que agoto en describirla desde mi propia sombra: Cadena y desmesura arrastr\u00e1ndome del reposo al \u00e9xtasis, mientras agota su rostro la futilidad de los d\u00edas, el hast\u00edo de estar colgando en los recuerdos. Pudo ser bailarina o sofista ocasional, pudo hacer de \u00c9l, el Dios de sus ancestros o la esperanza de sus domingos, quiz\u00e1s no es importante su infamia o los detalles de su caricia.<\/p>\n\n\n\n<p>Su destino pudo haber estado escrito en los susurros de aquel primer amanecer. Pero hace mucho tiempo sabe que todo se nos pudre en esta vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Atrapado como el olor de la oscura m\u00fasica de los rincones, su poema ya es conocido: Suavidad de tatuaje en el medio beso de la despedida. Sus pasos casi forzados se desviven en el \u00fanico templo donde su fe es tan v\u00e1lida como las promesas de amor que nacen al abrigo de las botellas y las palabras sucias que se amontonan tras las barras y el humo de los bares. Su frase favorita es tambi\u00e9n su anatema: \u00ab<em>je suis nefaste<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaricia el peque\u00f1o lunar con la certeza de que es un lugar reconocible en otros dedos, una esperanza que carcome, alguna veleidad que olvido ha dejado al azar en la memoria. Morderse los labios tras la cerveza le recupera el sentido, no la consolada palabra. Percibe la brevedad del gesto al asomarse a sus labios. Lo sue\u00f1a oficiante secreto de su peque\u00f1o ritual de oscuridad desde un rinc\u00f3n de la barra, donde la piel es menos densa y la fragilidad del instante tiende a afantasmarlo. Lo mira cantar en silencio \u00ab<em>how long he wait for<\/em>\u2026\u00bb y se siente perdida en la intensidad de su mirada p\u00e1lida. Podr\u00eda tomarlo de la mano e invitarle a un baile desconocido, sentarse a su lado y susurrarle las palabras que bastar\u00edan para llevarlo a un d\u00eda ilimitado y febril: el ilimitado y febril d\u00eda del amor. Pero no es ella la misma Ver\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo ha entendido desde siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque su peque\u00f1o lunar se retuerza en la gastada memoria de sus d\u00edas y en la fatigada e insomne veladura de sus noches, no puede dejar de pensar que todo se ha podrido en esta vida desde la noche en que otra mano \u2013no la de \u00c9l\u2013 la invit\u00f3 a un baile desconocido y otros labios \u2013no los que ans\u00eda\u2013 le susurraron a los suyos, acerca de un d\u00eda ilimitado como el amor, y misterioso como el olvido. Porque las promesas de amor de los bares, generalmente terminan \u2013con el \u00faltimo espasmo\u2013 en el rostro vac\u00edo que se pierde en las s\u00e1banas de alg\u00fan hotel mugroso y oxidado.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Sobre el autor<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Mari\u00f1o \u00abY desde que parti\u00f3,su Verbo vive en mi carne\u00bbGustavo Cerati, Bocanada Mateo 8, 8 Por cuanto es su creencia que desde el d\u00eda de su pr\u00edstino nacimiento y hasta la actual fecha, no ha hecho otra cosa que asistir a una rara y fabulosa comedia de espejos. 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