{"id":13406,"date":"2024-09-27T14:21:22","date_gmt":"2024-09-27T18:51:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13406"},"modified":"2024-10-03T15:54:09","modified_gmt":"2024-10-03T20:24:09","slug":"aburrirse-de-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/aburrirse-de-literatura\/","title":{"rendered":"Aburrirse de literatura"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Carlos Yusti<\/h4>\n\n\n\n<p>En mis d\u00edas de bachillerato despu\u00e9s de las matem\u00e1ticas las clases de castellano y literatura eran una tortura. Yo observaba, desde mi torre de incipiente lector, la tez descompuesta, ajada, compungida por el tedio de los otros condisc\u00edpulos. Mis compa\u00f1eros, que a lo sumo le\u00edan las palabrotas y chistes escatol\u00f3gicos en las paredes del ba\u00f1o del liceo, hac\u00edan un esfuerzo para estar atentos a la clase. Pero los libros se les resist\u00edan y algunos aseguraban que comenzaron a leer <em>Mar\u00eda<\/em>, o alg\u00fan cuento de Horacio Quiroga, pero el sue\u00f1o era m\u00e1s fuerte. Cuando le toc\u00f3 el turno a <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em> la infelicidad en el aula fue may\u00fascula. Eso de la barbarie en pugna con la civilizaci\u00f3n le quitaba el encanto vol\u00e1til que ten\u00eda la devoradora de hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Convertirse en lector tiene que ver con la disposici\u00f3n que se tenga para asombrarse y encontrar en los libros esa historia, esa frase, ese verso que de alguna manera enriquecer\u00e1 nuestra vida. Adem\u00e1s, en el bachillerato me toc\u00f3 en suerte un profesor que hizo todo lo posible para que descubri\u00e9ramos la lectura desde ese eje del placer y no como una clase para obtener una nota.<\/p>\n\n\n\n<p>El profesor Humberto Gonz\u00e1lez iba a sus aires, era un individuo desplanchado y esto hizo que los otros profesores, con m\u00e1s almid\u00f3n y de trajes con corbata, le vieran desde una posici\u00f3n despectiva de \u201cqui\u00e9n es este se\u00f1or, ni profesor parece\u201d. Pero el profesor Humberto era bueno tanto en el aula como ese fastidioso papeleo de notas, horarios y todo lo dem\u00e1s. Como para el cuerpo directivo era un bicho raro le colocaban las horas extremas para sus clases.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi sal\u00f3n ve\u00eda clase con Humberto a la una de la tarde. Una hora espeluznante para descubrir las haza\u00f1as de Ulises en la <em>Odisea<\/em>. Pero all\u00ed estaba puntual dando su materia, a pesar de que el sal\u00f3n en pleno estaba extenuado, con hambre, de las clases de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Humberto no ense\u00f1aba literatura, buscaba que vi\u00e9semos en las narraciones, los poemas y los cuentos la posibilidad de una aventura, en la que era requisito montarse en el carromato de la imaginaci\u00f3n, apartar el follaje del lenguaje y recorrer kil\u00f3metros de estilos diversos de un g\u00e9nero a otro. Asimismo, nos descubr\u00eda de alg\u00fan modo los mecanismos ocultos de un relato o de un poema. Humberto nos met\u00eda dentro de la literatura y llor\u00e1bamos con <em>Mar\u00eda<\/em> o el hielo nos parec\u00eda algo ins\u00f3lito y extraordinario.&nbsp; Los relatos de Horacio Quiroga despertaban nuestra fascinaci\u00f3n por ese mundo fant\u00e1stico pleno de sinuosidades oscuras. Con Humberto la literatura dej\u00f3 de ser algo aburrido para devenir en un desprop\u00f3sito luminoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay personas que quieren que los j\u00f3venes lean. No s\u00e9 en cuentas campa\u00f1as en pro de la lectura he participado. Pero est\u00e1 ese otro grupo, siniestro por otra parte, que hacen todo lo posible por bloquear los alcances intangibles de la literatura. Gente que me recuerda mucho a los bomberos de <em>Fahrenheit 451 <\/em>que, en vez de apagar el fuego, se dedican a quemar libros. Este grupo, que act\u00faa a plena luz del d\u00eda, no quema los libros, pero hacen todo lo necesario por boicotear la lectura de algunos libros que consideran da\u00f1inos. Una especie de moralismo de opereta ha desatado una campa\u00f1a feroz contra algunos cl\u00e1sicos que al parecer quebrantan las ideas morales de alguien, de algunas minor\u00edas y dem\u00e1s moralistas dom\u00e9sticos que hay a patadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Convertirse en lector con esos moralistas que consideran las novelas de Harry Potter como apolog\u00edas encubiertas de la magia y la hechicer\u00eda se vuelve cuesta arriba. Alberto Manguel ha escrito: \u201cLa literatura no parece tener una obvia utilidad, pero la ciencia ha demostrado que la tiene. Leer literatura, una actividad que muchos consideran ociosa o in\u00fatil, posee un valor social invaluable: nos hace m\u00e1s emp\u00e1ticos, m\u00e1s dispuestos a escuchar y entender a los otros. Las ficciones nos ense\u00f1an a nombrar nuestras angustias y tambi\u00e9n c\u00f3mo enfrentar y compartir nuestros problemas cotidianos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No es casual entonces que la persecuci\u00f3n moralista quiera rescribir los libros y adecuarlos a sus par\u00e1metros morales. Los personajes de la literatura algo nos ense\u00f1an. Eso fue lo que trat\u00f3 de inculcarnos el profesor Humberto Gonz\u00e1lez. \u00c9l sab\u00eda el poder transformador de la literatura. El arte en general busca colocarlo todo desde una perspectiva distinta. Intenta dejar al descubierto los prejuicios y esa falsa moral que parece corroerlo todo.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus clases de literatura, el escritor Vladimir Nabokov, les explicaba a sus estudiantes que las novelas estudiadas en sus clases no iban a ense\u00f1arles nada que fuese aplicable a esos problemas evidentes de la existencia. No les ayudar\u00edan para nada en la oficina, ni en el ej\u00e9rcito, ni en la cocina, ni en la escuela de p\u00e1rvulos. O como lo ha escrito Nabokov: \u201cDe hecho, los conocimientos que he estado tratando de impartir aqu\u00ed son un puro lujo. No les ayudar\u00e1n a comprender la econom\u00eda social de Francia ni los secretos del coraz\u00f3n de una mujer o de un joven. Pero puede que les ayuden, si hab\u00e9is seguido mis ense\u00f1anzas, a sentir la pura satisfacci\u00f3n que transmite una obra de arte inspirada y precisa y esa sensaci\u00f3n de satisfacci\u00f3n a su vez va a dar lugar a un sentimiento de aut\u00e9ntico consuelo mental, el del consuelo que uno siente cuando toma conciencia, pese a todos sus errores y meteduras de pata, de que la textura interior de la vida es tambi\u00e9n materia de inspiraci\u00f3n y precisi\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los alumnos de Nabokov ha dado con la clave de la literatura en una de las frases de su profesor: \u201cEl estilo y la estructura son la esencia de un libro; las grandes ideas son idioteces\u201d. Una lecci\u00f3n que tambi\u00e9n deber\u00edan aprender esos papanatas de la correcci\u00f3n est\u00e9tica y pol\u00edtica, esos falsos moralistas que quieren ahormarlo todo a su esquema mental reducido, pobre y carente de cualquier viso de creatividad.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carlos-yusti\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Yusti En mis d\u00edas de bachillerato despu\u00e9s de las matem\u00e1ticas las clases de castellano y literatura eran una tortura. Yo observaba, desde mi torre de incipiente lector, la tez descompuesta, ajada, compungida por el tedio de los otros condisc\u00edpulos. 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