{"id":13401,"date":"2024-09-27T16:25:03","date_gmt":"2024-09-27T20:55:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13401"},"modified":"2024-09-27T16:28:52","modified_gmt":"2024-09-27T20:58:52","slug":"casa-abila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/casa-abila\/","title":{"rendered":"La casa de los Abila"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Rafael Pocaterra<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Cap\u00edtulo I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entre las dem\u00e1s fachadas del barrio, modernizadas o reconstruidas, la casa de los Abila parec\u00eda conservar como un reto su arquitectura churrigueresca y linajuda; s\u00f3lo que una capa de pintura gris la hacia estar m\u00e1s a tono con el vecindario, a pesar de sus enormes ventanas de repisa y gruesos barrotes cuadrangulares, del port\u00f3n conventual chapado de clavos cabezudos y bajo cuyos aldabones\u2014dos delfines de retorcida cola\u2014brillaba el cobre de una cerradura inglesa incrustada all\u00ed, irreverentemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Corr\u00eda el pesado alero sobre m\u00e9nsulas que iban tendiendo una serie equidistante de quimeras, y al remate de las cinco ventanas un\u00edase toda la l\u00ednea que bajaba por las juntas hasta el z\u00f3calo, saliente, liso y corrido como el alero. Seis dragoncillos vomitaban el agua de las lluvias sobre la acera; seis dragonzuelos de piedra; seis peque\u00f1os monstruos desdentados, con las fauces llenas de tierra y de yerbajos. <\/p>\n\n\n\n<p>El aspecto de aquella vivienda hac\u00eda suponerla amueblada en igual orden. All\u00ed deb\u00edan de estar las alacenas empotradas en el muro; los armarios de roble, las c\u00f3modas de caoba oscura; todo un mobiliario grave de cerda y de antiguas maderas. En la sala, desnuda y fr\u00eda, los sillones de brazos, el enorme sof\u00e1 algo cojo, las consolas con sus briserillas y sus candelabros, las redomas bajo las cuales lucen el reloj de cobre soportado por un atlante y los p\u00e1jaros disecados y el racimo de frutas del tr\u00f3pico reproducidos en cera. Una \u00abara\u00f1a\u00bb colgada en mitad del sal\u00f3n, desde la obra limpia del techo alt\u00edsimo, dar\u00eda una nota cristalina, vetusta, con sus largas l\u00e1grimas de vidrio. Habr\u00eda tambi\u00e9n al acaso, sobre el piano de cola, entre los cuadernos \u00abPoliuto\u00bb o \u00abLucia di Lamermoor\u00bb, el \u00e1lbum negro, descuadernado donde la mano enamorada de alguna abuela copi\u00f3 las antiguas canciones espa\u00f1olas y los ingeniosos versos de su acr\u00f3stico compuesto por el licenciado Brice\u00f1o y Brice\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Y las noches de luna, todas las albahacas del patio inhalar\u00edan la casona. Una voz seca y \u00e1spera. Los \u00abQuince Misterios\u00bb en un rumor monocorde, so\u00f1oliento, piadoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el desconcierto comenzaba en el zagu\u00e1n de mosaicos multicolores, en el anteport\u00f3n barnizado con su bot\u00f3n fantasista del llamador el\u00e9ctrico. En vez del cl\u00e1sico santo Patrono una bombilla incandescente figurando un lirio. Y luego el corredor, los pilares estucados, columnas soportando jarrones de plantas extra\u00f1as, l\u00e1mparas de lat\u00f3n dorado, butacas de mimbre amplias y c\u00f3modas para exhibir un cojinete oscuro\u2014<em>hall <\/em>de un balneario de segundo orden\u2014 cancelas labrad\u00edsimas, decoraci\u00f3n molduras a punta de pincel gordo con medallones de una her\u00e1ldica de pasteler\u00eda; vidrios esmerilados, alg\u00fan mueble absurdo, dif\u00edcil, enojoso de tropezar. Y la jaula de un p\u00e1jaro \u2014canario artificial de peluche amarillo con los ojillos en cuentas negras\u2014 complicado alc\u00e1zar de alambres y cristales. Todo flamante, pulqu\u00e9rrimo, como acabado de adquirir a fuerza de dinero y por lotes, oloroso a quincaller\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Apenas un cuadro grande en la pared del sombrero \u2014suerte caprichosa de juncos y argollas de cobre que colgaban del belfo de un jaguar y en el cual era de lo m\u00e1s laborioso suspender el sombrero o meter el bast\u00f3n\u2014 un cuadrazo, un paisaje que suele estar en la tapa de las cajas de bombones. Lo dem\u00e1s eran chucher\u00edas, cuadritos \u00abalegres\u00bb en vidrio repicado que evocan las ensaladas rusas, una japoner\u00eda \u00abmade in Germany\u00bb; la tr\u00edpode de b\u00facaros peque\u00f1ines\u2014pueril concesi\u00f3n criolla\u2014 variedad infinita de helechos. Alguna revista de modas a medio abrir y los diarios de la ma\u00f1ana tirados en una butaca, doblados de prisa en la p\u00e1gina de las \u00absociales\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>La sala, dividida en dos por un arco de yeso imitaci\u00f3n m\u00e1rmol, y por un biombo de laca, presentaba un aspecto lujoso por la calidad de algunos objetos: hab\u00eda sillas doradas, butaquitas, <em>poufs<\/em> de raso estampado, \u00abconfidentes\u00bb liger\u00edsimos para sentarse con mucha incomodidad; un juego Chesterfield, un sof\u00e1 Luis XVI tapizado de grandes rosas chocolate sobre fondo p\u00e1lido. Espejos altos, marqueter\u00eda de una mesilla por cuyo tapete iban corriendo dos disc\u00f3bolos de similor; el atril de \u00e9bano junto a la pianola arropada en un chal andaluz de Nueva York, \u00faltima factura de Santana, rosat\u00e9 y oro muerto; dos negros de terracota cazando sendos hipop\u00f3tamos sobre la base de los floreros, un <em>chinois<\/em>, una cabeza de fauno en porcelana, mesas de toda forma y tama\u00f1o atestadas de <em>bibelots<\/em>, reproducciones de la torre Eiffel, de la gruta de Lourdes, Psiquis y el Amor, y entre esta una maqueta y una Dafne defendiendo de un Apolo urgido sus duros muslos de virgen, un Napole\u00f3n Bonaparte de yeso, pensativo y tricolor. Detr\u00e1s, chiquillos rozagantes, haciendo un pup\u00fa gracioc\u00edsimo en un sombrero de copa, celuloide de Nuremberg. Todo lo cual parec\u00eda presidir el gran retrato fotogr\u00e1fico, retocad\u00edsimo con tendencias al \u00f3leo, dentro de un marco dorado, sobre el testero de la sala \u2014el principal, sin duda, porque all\u00ed hab\u00eda testeros por todas partes\u2014. Era un se\u00f1or de patillas; los ojos saltones, la boca grande bajo un bigotazo feroz. Se asomaba como asustado de hallarse tan a la vista de todo el mundo, ya que en su vida \u00abel pobre Abila\u00bb a pesar de sus dos haciendas y de su floreciente capital en inmuebles se desliz\u00f3 bajo el poder de \u00abmisea\u00bb Clarita con la humildad de una ca\u00f1er\u00eda. As\u00ed muri\u00f3, de una malaria en Valle Hondo durante la molienda. Lo trajeron r\u00edgido, la nariz azul y las medias blancas a llorarlo un par de horas. Enterr\u00e1ronle de prisa y con lujo; \u00a1se empez\u00f3 a podrir tan de s\u00fabito&#8230;! Un a\u00f1o y medio de luto elegante. Algunas cuatro semanas de \u00abqu\u00e9 dir\u00e1n\u00bb. Y a ratos la viuda: \u00abel pobre Abila\u00bb, frecuentemente las hijas con aquella frase que se desliza entre dos excusas: \u00abya vez, chica, como estamos de luto por pap\u00e1 y t\u00fa sabes que la gente&#8230;\u00bb <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPobre? Naturalmente era pobre en sentido figurado, como as\u00ed le dec\u00eda su viuda. Dejaba no menos de dos millones de bol\u00edvares, todas las fincas saneadas, un <em>chalet<\/em> en Los Chorros, la \u00abVilla-Clara\u00bb en Los Teques, el terreno en Macuto para hacer all\u00ed \u2014gem\u00eda tristemente la se\u00f1ora\u2014 \u00abun ranchito\u00bb cuando le llegara la hora de los reumatismos; papeles, valores, acciones en el Banco de Venezuela, y la hipoteca sobre una casa de catorce o diez y seis mil pesos cuyos intereses hab\u00edan ca\u00eddo desde las manos patricias y marchitas de las nietas del general Zubiaurre\u2014pr\u00f3cer la Independencia muerto, mediante cuarenta pesos mensuales hac\u00eda ya muchos a\u00f1os, en una silleta de la Corte Marcial. <\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 tambi\u00e9n Abila en los estantes de las barber\u00edas, sucia la car\u00e1tula de tiempo y de moscas, un \u00abM\u00e9todo pr\u00e1ctico para obtener ca\u00f1a de az\u00facar de m\u00e1s de nueve gradas en terrenos anegadizos\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Trabajador, acucioso, modesto, s\u00f3lo cri\u00f3 cerca de s\u00ed a Juancito, el hijo menor, que no quiso \u00abseguir estudios\u00bb y a quien tenia ya iniciado en el trabajo. Le\u00f3n, el mayor, estaba en Europa \u00abperfeccion\u00e1ndose\u00bb de ingeniero; y Carlos, el segundo, era \u00abgente bien\u00bb en Las Gradillas. Circulaba en esa peque\u00f1a sociedad de \u00abrecibos\u00bb, <em>garqonniere<\/em> a escote, camarader\u00eda con los toreros de temporada y con los diputados incidentales; todo lo cual, tambi\u00e9n, incidentalmente, hac\u00edale perder cada a\u00f1o el curso vitalicio de Derecho que estaba siguiendo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Siquiera el otro se me gradu\u00f3! \u2014exclamaba su padre. <\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando quiso utilizarle en Valle Hondo para montar la maquinaria nueva, pas\u00f3se all\u00e1 tres meses dictando \u00f3rdenes, montando a caballo, jugando ajedrez con el experto cubano que fue menester traer para que le ayudase, y en definitiva se perdi\u00f3 la tercera parte del producto ese a\u00f1o, y se perdi\u00f3 Carmen, la hija de Cosme, mayordomo\u2014y estuvo perdida alg\u00fan tiempo\u2014hasta que apareci\u00f3 por la Avenida de Diciembre, en la doble insolencia de su belleza y de un autom\u00f3vil, bajo el nombre de guerra a la moda: \u00abla Vallecito\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que dec\u00eda su padre al reprender a Carlos ahora: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Siquiera se me gradu\u00f3! \u00a1No se perdieron esos otros reales! <\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00f3n regres\u00f3 a Europa para seguir \u00abperfeccion\u00e1ndose\u00bb. De tarde en tarde recib\u00edanse cartas suyas en que ped\u00eda dinero, anticipos de pensi\u00f3n, \u00abextras\u00bb\u2014cartas fechadas en Los centros industriales de B\u00e9lgica, de Alemania, de Italia, de Suiza\u2014o lindas postales del <em>Bois<\/em>, de Monte-Carlo, al borde del Danubio, o en Biarritz, o durante una excursi\u00f3n a la Jung-Frau con su inevitable \u00abedelweiss\u00bb reseca.<\/p>\n\n\n\n<p>Una delicia para \u00e9l la poca geograf\u00eda econ\u00f3mica de los de su casa. Y cuando le contestaba al padre remiti\u00e9ndole el giro, pero algo sorprendido de tantos y tantos viajes a ooco llegaba un regalillo para la mayor, Inesita, reci\u00e9n casada con O\u00f1ate\u2014de la firma O\u00f1ate, L\u00f3pez y Compa\u00f1\u00eda\u2014 comerciante calvo, reum\u00e1tico y enamorado. Una piel, un dije, alguna monada\u2026 Entonces ella tomaba de su cuenta el asunto: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Eso no, pap\u00e1!, es que t\u00fa est\u00e1s acostumbrado a vivir en la hacienda, en esa vida tuya con los peones y no sabes las exigencias que tiene Leoncito en Europa, en el c\u00edrculo en que est\u00e1\u2026 \u00a1C\u00f3mo vamos a permitir que le traten como un pelagatos\u2026! \u00a1Eso no\u2026! <\/p>\n\n\n\n<p>Carlos dizque era como era a causa de su madre\u2014pensaba entonces el desolado Abila:\u2014\u00a1Si no le consintiera tanto! Porque inteligente s\u00ed; no pod\u00eda negarse. Su esp\u00edritu pr\u00e1ctico, adormecido en un orgullo paternal de no reconocerse en aquel ant\u00edpoda de su vida, no se preocupaba por el porvenir de un muchacho rico, bien vestido, bien relacionado. <\/p>\n\n\n\n<p>Clarita\u2014 \u00a1pues la chiquilla parec\u00eda de excelente \u00edndole, aunque algo viva de genio!\u2014 ten\u00eda, como su madre, un coraz\u00f3n-de oro y la cabeza muy en su puesto. Adem\u00e1s, hablaba un poco de franc\u00e9s y tocaba al piano \u00abLa Estrella Confidente\u00bb que \u00e9l, las raras veces que pasaba la velada dom\u00e9stica despu\u00e9s de la molienda, o\u00edasela enternecido, contempl\u00e1ndose las pantuflas que le bordara la ni\u00f1a en el Convento para el d\u00eda de su santo: un cuerno de la abundancia en terciopelo rojo. Y suspiraba chupando su capadare a escondidas: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno, \u00a1Dios es muy grande! No hay como la vida de familia\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo a Juancito, raqu\u00edtico, t\u00edmido, insignificante, pero tenaz y laborioso como una hormiga, no se le creyera ni pr\u00f3jimo de aquellas gentes tan bien instaladas en la vida y en la sociedad. <\/p>\n\n\n\n<p>Momentos antes de perder el juicio por la horrible dolencia, apestando a fiebre y a aceite de almendras lo llam\u00f3 cerca de s\u00ed su padre\u2026 Apenas pudo se\u00f1alarle el armario y balbucir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014All\u00ed&#8230; Juancito\u2026 los apuntes\u2026 \u00a1que no se pierdan, hijo! <\/p>\n\n\n\n<p>Muri\u00f3 esa misma tarde. Con los ojos llenos de l\u00e1grimas, tembl\u00e1ndole las manos de filial emoci\u00f3n, hall\u00f3 en el armario tres manillas de papel florete cuya caratula rezaba en la letra grande y garrapatosa de su padre: \u00abApuntes acerca de la aplicaci\u00f3n del licor de Fowller en la peste caballar denominada <em>muermo<\/em>\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Llamado por cable, vino Le\u00f3n de Europa a la apertura del testamento\u2026 Fue un luto <em>chic<\/em>. La viuda dec\u00eda a cada visita de p\u00e9same, ahogando el mismo sollozo tras la misma pausa: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1El pobre Abila, muri\u00f3 en el trabajo, como un h\u00e9roe!<\/p>\n\n\n\n<p>Y hubo una de abogados y de Registro civil durante la quincena, con papelotes y libracos misteriosos all\u00e1, celebrando consultas con el \u00abdoctor\u00bb, discutiendo con O\u00f1ate y explicando a Carlos y a su hermanita lo relativo a \u00abla leg\u00edtima tutela natural de la madre sobre la menor Clarita\u00bb, mientras la se\u00f1ora, presidiendo los consejos de familia, son\u00e1base discretamente y gem\u00eda a cada instante:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El pobre Abila, tan met\u00f3dico, tan ordenado&#8230; todo tan bien previsto. \u00a1Muri\u00f3 como un h\u00e9roe! <\/p>\n\n\n\n<p>Para el efecto, el h\u00e9roe leg\u00f3 un patrimonio que no llegara a supon\u00e9rsele con aquel terno de cuadritos y los eternos botines amarillos. <\/p>\n\n\n\n<p>Los dos hijos, tambi\u00e9n muy conmovidos, pas\u00e1banse d\u00edas haciendo n\u00fameros y suspirando gravemente dentro de sus trajes negros, impecables. <\/p>\n\n\n\n<p>A Juan hubo que llamarle de prisa de la hacienda \u2014a la que regresara despu\u00e9s del entierro para vigilar la molienda\u2014 con el fin de que pudiera asistir a la lectura de las disposiciones testamentarias. <\/p>\n\n\n\n<p>Por ellas se enter\u00f3 de que el grueso de la fortuna patera, a deducir las partes de de Le\u00f3n y O\u00f1ate, este \u00faltimo como representante de su mujer, formaban un todo con la tutela de Clara, las gananciales y la leg\u00edtima de su madre y lo que les correspond\u00eda a \u00e9l y a Carlos su hermano; s\u00f3lo que \u00e9ste entraba a ser socio de la firma O\u00f1ate y Compa\u00f1\u00eda y su cu\u00f1ado quedaba como administrador general. <\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00f3n volver\u00eda a Europa despu\u00e9s de liquidar sus haberes: la hacienda vieja, tres fincas y algunos valores en buen papel. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no voy a estarme en la ceiba de San Francisco, de punto, ni a pelear con alba\u00f1iles\u2026 Aqu\u00ed no hay porvenir: este es un pa\u00eds muy atrasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprar\u00eda deuda rusa\u2014pensaba mientras el r\u00e1bula, cabalg\u00e1ndole los anteojos en la grupa de la nariz, iba leyendo las cl\u00e1usulas del documento con voz ultraterrena, como si el mismo difunto leyese: \u00aby por cuanto\u00bb y \u00abcomo quiera que\u00bb\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>El tribunal se hab\u00eda constituido en mitad de la sala donde flotaba a\u00fan el vaho del \u00e1cido f\u00e9nico, del tomillo y de las pavesas quemadas. Por el postigo velado entraba la luz de la calle, lechosa, trazando un camino de mol\u00e9culas multicolores que iba a morir en la alfombra, al pie mismo de la mesa central en la que estaba instalado el juez. En sitio prominente, llev\u00e1ndose a cada instante el pa\u00f1uelo a los ojos, languidec\u00eda la viuda entre sus dos hijas: In\u00e9s, rubia y apagada; Clarita, inquieta, siguiendo vivamente con la mirada todos los gestos, en tanto su hermano Le\u00f3n, apoy\u00e1ndose con indolencia en el brazo de la butaca, le acariciaba los cabellos de tiempo en tiempo o d\u00e1base golpecitos en los nudillos. Carlos parec\u00eda fastidiarse, teniendo a su derecha al se\u00f1or L\u00f3pez\u2014de la raz\u00f3n social O\u00f1ate, L\u00f3pez y Compa\u00f1\u00eda\u2014, a su izquierda al abogado de la familia Pati\u00f1o-R\u00edos y a un procurador de perfil huido y saco verdegay. Al fondo, en un sof\u00e1, como si les uniera un mismo adem\u00e1n de tristeza y de abatimiento, estaban Juancito y un viejecillo pulcro, menudo, silencioso, que parec\u00eda examinar con curiosidad los muebles y las cortinas sin pagar mayor atenci\u00f3n a la gangosa lectura. <\/p>\n\n\n\n<p>Entre ambos grupos la calva de O\u00f1ate brillaba reflejando la luz del postigo. Establec\u00eda un punto de contacto luminoso y circular en el centro de las dos negras nubes que constitu\u00edan la familia. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lleg\u00f3se a la parte dispositiva del testamento, el lector se afianz\u00f3 las gafas, inclin\u00e1ronse atentas las cabezas de los abogados, crujieron algunas sillas, fulgur\u00f3, inusitadamente, la calva de O\u00f1ate y un h\u00e1lito de inquietud, de angustia, pas\u00f3 como una r\u00e1faga por encima de los herederos que estaban tr\u00e9mulos, y que parec\u00edan irse bebiendo sorbo a sorbo las s\u00edlabas, tal si aquellas casas, aquellos predios y las riquezas que iba enumerando el largo documento, estuvieran all\u00ed, en tajadas, en pedacitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y al terminar una cl\u00e1usula, que comprendiera a algunos de los oyentes, casi sent\u00edase un suspiro de alivio que estrangulaba la voluntad dif\u00edcilmente; brillaban inquietas las pupilas de los que a\u00fan aguardaban su turno, con mayor ansiedad cada vez, como si los legados fuesen cercen\u00e1ndoseles en carne viva. <\/p>\n\n\n\n<p>Iba a concluir ya el infolio sin que al joven ni al viejecillo del sof\u00e1 se les mencionara para nada. Permanec\u00edan inalterables en su extra\u00f1a y modesta actitud.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente todos los ojos cayeron sobre ellos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bbA mi t\u00edo Teodoro&#8230; \u2014ley\u00f3 el r\u00e1bula tosiendo \u2014que quiero que viva y muera en nuestra casa como un padre, porque tal lo fue para m\u00ed a los comienzos de mi fortuna: una pensi\u00f3n mensual de doscientos bol\u00edvares para que disponga de ella como a bien tenga; y siempre y en todo caso deber\u00e1 ser acatado, cuidado y respetado como lo merece&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Luci\u00f3 una sonrisa de ternura en los labios del joven:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1 contento, pap\u00e1-Teo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Estoy muy triste, hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre ellos posaban la mirada cari\u00f1osa de Clarita, las pupilas miopes de In\u00e9s, la ojeada sorprendida de Carlos; Le\u00f3n dir\u00edase que les ignoraba; la viuda hab\u00edase quedado muy grave; y O\u00f1ate, con tono amable y conciso, murmur\u00f3 por lo bajo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muy correcto&#8230; muy justo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Termin\u00e1base el acto con las formalidades del caso. Y todos se miraban a las caras sin que nadie se atreviera a decir palabra. \u00a1Ni una s\u00edlaba en todo el extenso escrito que aludiese al hijo menor! Permanec\u00eda \u00e9ste serio y callado al lado de su t\u00edo abuelo, contemplando la alfombra. Fue la voz clara y serena la que se alz\u00f3 en medio de un rumor de extra\u00f1eza:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Debe haber una omisi\u00f3n involuntaria, se\u00f1or juez, en la lectura del documento.<\/p>\n\n\n\n<p>El magistrado hoje\u00f3 nerviosamente el legajo, ley\u00e9ndolo por debajo de las gafas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfUna omisi\u00f3n\u2026? Caballero\u2026 dice usted que una omisi\u00f3n\u2026 \u00bfy d\u00f3nde?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No se ha dado lectura a la leg\u00edtima que corresponde a mi sobrino Juan Domingo Abila, hijo\u2014a\u00f1adi\u00f3 en medio del asombro general. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero el funcionario, con un rubor lev\u00edsimo en las mejillas descoloridas, exclam\u00f3 de pronto sacudiendo los papeles: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aguarden ustedes\u2026 este caballero tiene raz\u00f3n\u2026 Hab\u00eda saltado este \u00abotros\u00ed\u00bb\u2026.\u2014Y declam\u00f3, siempre solemne, campanudo, recalcando las frases, poniendo en las comas una pausa \u00e9pica y d\u00e1ndole un valor verbal extraordinario al sustantivo\u2014: \u00ab\u2026a Juan, mi hijo, lego, a m\u00e1s de su legitima comprendida en la masa com\u00fan de mis bienes, cuya parte escoger\u00e1 de acuerdo siempre con su madre, los terrenos denominados \u00abLos Terecayes\u00bb, la casa de pulper\u00eda que poseo en el camino real del mismo sitio, los animales, \u00fatiles y herramientas anexos con m\u00e1s un vale por seis mil bol\u00edvares, que est\u00e1 entre los valores de caja, otorgado por don Jos\u00e9 Antonio Ledezma, criador, vecino de dicho terreno. Quiero que con dicha suma y la finca comience a trabajar en el mismo lugar en que yo comenc\u00e9 a formarme hombre y le encargo separar de este dinero lo necesario para publicar mis \u00abApuntes acerca de la aplicaci\u00f3n del llamado licor de Fowller en la peste caballar denominada <em>muermo\u00bb<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEs todo?\u2014inquiri\u00f3 pap\u00e1-Teo sin expresi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Una idea burlona apunt\u00f3 en la mente de los extra\u00f1os. La familia estaba conmovida \u00a1hasta aquel detalle de querer que el hijo forjara la propia fortuna con su esfuerzo y la ayuda cari\u00f1osa y oportuna!, \u00a1ve\u00edase en ello al padre excelente, al marido lleno de delicadeza que hacia respetar en primer t\u00e9rmino la voluntad de su consorte! <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Era un h\u00e9roe del trabajo!\u2014prorrumpi\u00f3 la se\u00f1ora mientras se retiraban. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 hombre!\u2014comentaba Pati\u00f1o-R\u00edos, saliendo. <\/p>\n\n\n\n<p>Apoyado en el brazo de su sobrino, pap\u00e1-Teo abandon\u00f3 el sal\u00f3n: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y t\u00fa, ni\u00f1o, \u00bfest\u00e1s satisfecho? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Oh, s\u00ed, pap\u00e1-Teo, \u00a1m\u00e1s que satisfecho!\u2014 y luego queriendo borrar el tono amargo agreg\u00f3 con humildad:\u2014M\u00e1s Contento que si me hubiera dejado casas y haciendas como a mis hermanos&#8230; con ese terrenito y esos reales, yo trabajar\u00e9, har\u00e9 lo m\u00edo. T\u00fa has de verlo; y qui\u00e9n sabe&#8230; \u00a1Qui\u00e9n sabe!<\/p>\n\n\n\n<p>Su voz ap\u00e1gose, de s\u00fabito. Nunca le oyera hablar as\u00ed nadie. Aquello hab\u00eda salido traidoramente de su coraz\u00f3n y volv\u00eda a sepultarse en en su silencio. <\/p>\n\n\n\n<p>Qued\u00f3 la sala desierta, m\u00e1s sombr\u00eda, m\u00e1s triste. En la mesa central un pedazo de vitela rota, la mancha sangrienta del lacre de los sellos. Y en el testero, sobre el gran sof\u00e1 Luis XVI, dentro de su ca\u00f1uela de yeso dorado, el difunto, con las patillas aborrascadas y los ojos m\u00e1s saltones que nunca \u2014efecto sin duda de la media luz\u2014 parec\u00eda consultarles a la pianola y a los dos sillones si su mujer estar\u00eda satisfecha de aquel testamento.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pocaterra-jose-rafael\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra Cap\u00edtulo I Entre las dem\u00e1s fachadas del barrio, modernizadas o reconstruidas, la casa de los Abila parec\u00eda conservar como un reto su arquitectura churrigueresca y linajuda; s\u00f3lo que una capa de pintura gris la hacia estar m\u00e1s a tono con el vecindario, a pesar de sus enormes ventanas de repisa y gruesos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13402,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13401"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13401"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13401\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13412,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13401\/revisions\/13412"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13402"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13401"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13401"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13401"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}