{"id":13367,"date":"2024-09-21T14:05:05","date_gmt":"2024-09-21T18:35:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13367"},"modified":"2024-09-22T16:21:17","modified_gmt":"2024-09-22T20:51:17","slug":"heridas-literatura-violeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/heridas-literatura-violeta\/","title":{"rendered":"\u00abLas heridas de la literatura venezolana\u00bb, de Violeta Rojo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: Vanessa Castro Rond\u00f3n<\/h4>\n\n\n\n<p>El discurrir de la literatura venezolana actual est\u00e1 signado por dos vertientes \u2014la creaci\u00f3n literaria y la cr\u00edtica\u2014 y caracterizado por dos bandos \u2014los autores y los cr\u00edticos e investigadores\u2014. Por un lado, entender qu\u00e9 somos como pa\u00eds y por qu\u00e9 en nuestras letras los autores se vuelcan a intentar comprenderlo desde el plano ficcional. La segunda vertiente compete a los cr\u00edticos, quienes a partir de las ficciones deshilvanan el porqu\u00e9 los autores no dejan del todo el terreno referencial para construir sus narraciones. Aqu\u00ed es donde se aproxima la visi\u00f3n de Violeta Rojo quien, desde el bando de los cr\u00edticos, formula los argumentos de una profesora e investigadora de larga trayectoria nacional para explicitar las heridas que m\u00e1s que heridas se vislumbran como el proceso, quiz\u00e1s, traum\u00e1tico de la literatura venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las heridas de la literatura venezolana<\/em>\u2026 fue publicado en el mes de febrero del a\u00f1o 2018 bajo el sello editorial El Estilete por Violeta Rojo, profesora jubilada de la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar, egresada en Letras de la Universidad Central de Venezuela, mag\u00edster en Literatura Latinoamericana y doctora en Letras por la Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Su carrera acad\u00e9mica inici\u00f3 en 1993 en la misma casa de estudio donde obtuvo sus dos t\u00edtulos acad\u00e9micos de posgrado. <\/p>\n\n\n\n<p>Entre sus publicaciones: <em>Breve manual para reconocer minicuentos (1997), Breve manual para reconocer minicuentos (ampliado) (2007), M\u00ednima expresi\u00f3n: una muestra de la minificci\u00f3n venezolana (2009), Cien mujeres contra la violencia de g\u00e9nero en Venezuela (2015)<\/em>, compilado junto a Kira Kariakin y Virginia Riquelme. Adem\u00e1s de publicaciones en revistas nacionales e internacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>El libro, con pr\u00f3logo de Miguel \u00c1ngel Campos, re\u00fane diecis\u00e9is textos sobre la literatura venezolana del siglo XX y parte del siglo XXI. Algunos ya hab\u00edan sido publicados en revistas acad\u00e9micas, prensa escrita venezolana (Papel Literario), ponencias, y otros no hab\u00edan tenido oportunidad de salir a la luz y esperaban el tiempo adecuado para ser publicados.<\/p>\n\n\n\n<p>Diecis\u00e9is textos que pueden organizarse tem\u00e1ticamente en memoria, autoficci\u00f3n, ficci\u00f3n, minificci\u00f3n \u2014tema ampliamente abordado por la autora en dos libros\u2014, y autobiograf\u00eda. Posiblemente, estos ejes tem\u00e1ticos se agotan, pues con minuciosidad de investigadora ofrece razones certeras que vincula con aproximaciones te\u00f3ricas para desvelar un pa\u00eds y poder, en este sentido, obtener una visi\u00f3n de \u00e9l. Se\u00f1alo lo anterior porque en diversos cap\u00edtulos se asoma esa curiosidad lectora que se asume m\u00e1s all\u00e1 del conocimiento literario: la necesidad de entendernos como venezolanos. <\/p>\n\n\n\n<p>Esto ocurre en el cap\u00edtulo \u201cUn pa\u00eds que sue\u00f1a pesadillas pol\u00edticas. La dictadura de P\u00e9rez Jim\u00e9nez seg\u00fan Miguel Otero Silva\u201d. En este texto, adem\u00e1s, deja una ventana abierta para conocer su historia lectora. Expresa que cuando era adolescente le\u00eda con fruici\u00f3n obras de Robert Louis Stevenson y Louisa May Alcott, pero hubo un acontecimiento que la hizo leer casi toda la obra de Miguel Otero Silva \u2014escuch\u00f3 un programa de radio sobre la novela Fiebre\u2014 y en sus palabras se entrev\u00e9 c\u00f3mo a trav\u00e9s del autor descubri\u00f3 a la Venezuela de inicios del siglo XX, signada por los per\u00edodos pol\u00edticos como la dictadura Gomecista, el ingreso a la democracia y la modernidad, la dictadura militar a cargo de P\u00e9rez Jim\u00e9nez y la conformaci\u00f3n de las guerrillas en los a\u00f1os sesenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Es precisamente esa necesidad de entendernos como venezolanos por la que en reiterados pasajes de los que conforman los cap\u00edtulos expone el hecho de que la literatura autorreferencial venezolana m\u00e1s que mostrar al protagonista de esas narraciones y padecimientos o \u201ccircunstancias\u201d, en palabras de Rojo (2018): \u201cLo que en realidad quiere contar es c\u00f3mo era el pa\u00eds que cada uno de ellos quiso que quedara para la posteridad\u201d (p. 87). Asimismo, se\u00f1ala: \u201cEn las Memorias\u2026 de Pocaterra la vida del autor no tiene ninguna importancia, como no sea por la azarosa circunstancia de que fue dado vivir un pedazo de la historia\u201d (p. 79).<\/p>\n\n\n\n<p>Se constata que no prima la experiencia de vida. Rojo argumenta el hecho de que nuestra literatura autorreferencial se perfile por la tendencia memorialista en la cual lo \u00edntimo es poco, incluso, accidental, ya que lo que importa es el exterior. En este caso el exterior es contar la historia del pa\u00eds y c\u00f3mo esa persona tuvo adhesi\u00f3n a las situaciones pol\u00edticas, sociales y econ\u00f3micas de la naci\u00f3n. Por tal motivo, el protagonista es el tiempo hist\u00f3rico porque a trav\u00e9s de los textos autobiogr\u00e1ficos que dan cuenta de la dictadura gomecista, sus autores no mencionan sus vivencias personales, sino lo que vivieron y observaron durante la dictadura; en las c\u00e1rceles gomecistas y el paso de la Venezuela rural a la naci\u00f3n que ingresa a la modernidad, entre otros acontecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed que la interpretaci\u00f3n literaria se entrecruza con la historia y la sociolog\u00eda para, reitero, entender un pa\u00eds. Tal aspecto se aprecia porque, y que sirvan los t\u00edtulos siguientes para ejemplificar, m\u00e1s all\u00e1 de visibilizar la figura de Juan Carlos Navarrete, precursor de la minificci\u00f3n venezolana durante el siglo XVIII, y de Rafael Nogales M\u00e9ndez por medio dos art\u00edculos, en la autora est\u00e1 presente el inter\u00e9s por entender lo nuestro, para as\u00ed lograr desvelar y suscitar el di\u00e1logo sobre lo que somos como naci\u00f3n. Voy a tomarme la licencia de manifestar que como lectores junto a la necesidad de asumir un libro con criterio y seriedad investigativa, un texto sobre la literatura venezolana tambi\u00e9n se entreteje con la visi\u00f3n de un pa\u00eds y, si el lector carece de esa visi\u00f3n, estar\u00e1 truncado el intento de construcci\u00f3n de esa visi\u00f3n, por ello para algunos sectores libros y autores son tan peligrosos y pol\u00e9micos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es as\u00ed que, en todos los cap\u00edtulos, se arrojan datos que cualquier lector venezolano m\u00ednimamente versado lograr\u00e1 reconocer alrededor de Francisco de Miranda, el aventurero y errabundo Rafael de Nogales M\u00e9ndez, el \u201ctextor Oswaldo Trejo\u201d. En este sentido, la autora no se encarga solo de preparar una visi\u00f3n panor\u00e1mica, pues con su experticia expone que durante la dictadura gomecista la literatura autorreferencial ocup\u00f3 tres flancos: la versi\u00f3n de los opositores, la oficial y la del ciudadano que nunca se inmiscuy\u00f3 en ninguna de esas dos posiciones. En el caso de Francisco de Miranda, de igual modo, expone una radiograf\u00eda aunque rauda, muy completa de la figura del pr\u00f3cer de la Independencia, el cual se deslastra del prohombre t\u00edpico para erigirse como un exc\u00e9ntrico que vel\u00f3 por sus circunstancias. Un cap\u00edtulo que merece especial atenci\u00f3n es \u201cLa infancia en la memoria\u201d, tema que algunos pueden encasillar dentro de la literatura infantil, pero muy prol\u00edfico para nuestras letras. La infancia es memorialista. Autores como Brice\u00f1o Iragorry y Pic\u00f3n Salas se decantan por escribir el primero, unas memorias que saben a pueblo de monta\u00f1a donde lo \u00edntimo es vedado y que no debe conocerse. Mientras Pic\u00f3n Salas en Viaje al amanecer ficcionaliza un tiempo perdido en la M\u00e9rida finisecular del siglo XIX dando paso a la nostalgia y al intento de acudir a la memoria para buscar esa \u00e9poca y lugar ed\u00e9nico que tiene su fin producto de la modernidad que se avecina.<\/p>\n\n\n\n<p>Una arista diferente es la que nos proporciona Ednodio Quintero en Visiones de un narrador, la autora comenta que aqu\u00ed compone una autobiograf\u00eda marcada por una atmosfera fant\u00e1stica. En el cap\u00edtulo, asimismo, conocemos las reminiscencias de un m\u00fasico (Alirio D\u00edaz) y un artista pl\u00e1stico (Alejandro Otero), ambos procedentes de comarcas so\u00f1adas marcadas por las penurias, pero aderezadas con la mirada fresca de ni\u00f1os que comienzan a caminar por el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, la intenci\u00f3n no es destejer todo el libro, sino que propiciar el acercamiento para entender sobre de qu\u00e9 van Las heridas\u2026, se aprecia como un texto que revisa las producciones ficcionales que se alimentan de la referencialidad y autoreferencialidad para conocer, en palabras de Riquelme: \u201cdesde la literatura, no hemos construido como sociedad\u201d, y que posiblemente desde la ficci\u00f3n nos otorguen luces n\u00edtidas para signar el destino de la naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en Contextos, revista Revista Anual de Estudios Literarios | Vol. 23 &#8211; Nro. 25. pp. 117-18<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Vanessa Castro Rond\u00f3n El discurrir de la literatura venezolana actual est\u00e1 signado por dos vertientes \u2014la creaci\u00f3n literaria y la cr\u00edtica\u2014 y caracterizado por dos bandos \u2014los autores y los cr\u00edticos e investigadores\u2014. 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