{"id":13309,"date":"2024-09-17T19:09:06","date_gmt":"2024-09-17T23:39:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13309"},"modified":"2024-09-17T19:09:06","modified_gmt":"2024-09-17T23:39:06","slug":"cafe-y-libranos-de-todo-mal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cafe-y-libranos-de-todo-mal\/","title":{"rendered":"Caf\u00e9, y l\u00edbranos de todo mal"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jason Maldonado Skrainka<\/h4>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>El hombre no deber\u00eda inquirir cu\u00e1l es el sentido de la vida, sino comprender que es a \u00e9l a quien se inquiere.<\/p>\n<cite>Viktor E. Frankl<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>Algunas tardes llegan pronto las calles atiborradas de prisas y fatigas incendian los papeles del cuerpo.<\/p>\n<cite>Alexis Romero<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p>No quiso perder la costumbre. Como todas las tardes, a pesar de la lluvia o de la \u00e9poca m\u00e1s calurosa del a\u00f1o, se sent\u00f3 en la mesa del fondo, la misma que daba frente a dos fotos blanco y negro de dudosa originalidad: una de Louis Amstrong y otra de Duke Ellington. Ambas estaban enmarcadas y el vidrio cubierto por un polvo ancestral y casi vegetativo, a\u00fan permit\u00edan ver sendas firmas de dos grandes de la m\u00fasica. \u00c9l estaba claro que no pod\u00edan ser firmas originales, menos a\u00fan en una ciudad ca\u00f3tica como esa en la que \u00e9l viv\u00eda. Siempre pensaba en ello cuando en tiempos anteriores all\u00ed se sentaba a compartir con sus amigos, tazas y tazas de caf\u00e9. El mesero de aquel entonces esperaba a que terminara cada espresso y le repon\u00eda otro m\u00e1s, salvo que le ordenara lo contrario. Lleg\u00f3 a dudar de su presencia, pero le daba igual, estaba all\u00ed, en su lugar favorito frente a los dos m\u00fasicos negros que encerrados en sus cuadros fueron testigos de discusiones, alegr\u00edas y de tanto en vez de alg\u00fan despecho. Tardaron mucho en atenderlo, incluso dud\u00f3 de que lo tomaran en cuenta, aunque le dio igual la eficiencia o no de los meseros que en horas de la tarde all\u00ed trabajaban. Ya no estaba el joven carism\u00e1tico de barba rala que lo atend\u00eda con especial respeto y deferencia, el mismo que sab\u00eda cu\u00e1l era el punto exacto de la espuma delicada y marr\u00f3n que deb\u00eda lucir cada uno de sus caf\u00e9s. Pero esto no fue impedimento para seguir adelante con su remembranza, sentado all\u00ed el mundo siempre le pareci\u00f3 distinto, justo, incluso sin complicaciones. En sus largas tertulias sinti\u00f3 que algo especial tendr\u00eda la vida para \u00e9l y tambi\u00e9n para sus amigos; una suerte de elegidos que el destino iba amasando para hacerlos especiales en alg\u00fan momento, \u00fatiles al planeta, \u00fanicos y repletos de atributos que har\u00edan de ellos personajes famosos, destacados, y por tanto, envidiados por muchos. Tom\u00f3 un sorbo de la ardiente bebida, o as\u00ed cree que sucedi\u00f3. Respir\u00f3 con una profundidad extra\u00f1a, m\u00e1s all\u00e1 de la habitual que cualquier ser humano suele hacer. Se sinti\u00f3 transmutado, como puesto en el cuerpo de otro, o m\u00e1s extra\u00f1o a\u00fan, descorporizado, incluso fr\u00e1gil y quebradizo. Sus manos eran y no eran las mismas, blancas y p\u00e1lidas, incluso las raspaduras que se caus\u00f3 por una ca\u00edda antes de llegar hab\u00edan desaparecido; las viejas verrugas t\u00edpicas de la edad no estaban, as\u00ed quiso creerlo. Se las coloc\u00f3 frente a la cara, analiz\u00e1ndolas con una extra\u00f1a atenci\u00f3n, jugando \u2013tal vez imaginando\u2013 a que eran las manos de otros, o de miles de otros, los miles que nunca lleg\u00f3 a conocer y los cientos de personas que tal vez s\u00ed conoci\u00f3 por una u otra raz\u00f3n. \u00c9l siempre lo dec\u00eda, la vida te va llevando de la mano, te da a conocer gente buena, pero tambi\u00e9n ejemplares detestables, personas con las cuales nadie quisiera toparse de ninguna manera. Se olvid\u00f3 de las manos y pas\u00f3 entonces a juguetear con su anillo de bodas. Le daba vueltas sobre su dedo anular. Lo giraba, lo volv\u00eda a colocar al fondo, luego casi en la punta del dedo. Ol\u00eda el espacio blanco y sancochado por el sudor, el c\u00edrculo blancuzco que acusaba la marca de a\u00f1os de matrimonio, y  sobre todo, de no quitarse el anillo jam\u00e1s. Luego jugaba con \u00e9l sobre la mesa, haci\u00e9ndolo girar como un trompo. Le gusta ver el efecto visual que se creaba gracias a la velocidad y al movimiento: dejaba de ser aro para pasar a ser una esfera luminosa e inaccesible pues al detenerse desaparec\u00eda por completo. El ruido del entorno en aquel lugar del centro le pareci\u00f3 tolerable, no le extra\u00f1\u00f3 en lo absoluto. Ahora s\u00ed pod\u00eda entender y explicarse la situaci\u00f3n. El crujir de los motores, el llanto agudo de unas sirenas que no pudieron llegar a su destino, el desesperante sonido de las bocinas, no le impidieron disfrutar del momento. Estaba en su mesa habitual. Lleg\u00f3 a la hora acordada, solo bastaba que ella tambi\u00e9n lo hiciera.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jason-maldonado-skrainka\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Fragmento de la novela publicada por FB Libros. 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