{"id":13291,"date":"2022-09-17T09:11:00","date_gmt":"2022-09-17T13:41:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13291"},"modified":"2024-09-17T09:16:32","modified_gmt":"2024-09-17T13:46:32","slug":"cuentos-fantasticos-de-julio-garmendia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-fantasticos-de-julio-garmendia\/","title":{"rendered":"Cuentos fant\u00e1sticos de Julio Garmendia"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El m\u00e9dico de los muertos<\/h3>\n\n\n\n<p>Durante much\u00edsimos a\u00f1os, el peque\u00f1o cementerio hab\u00eda sido un verdadero lugar de reposo, dentro de sus amarillentos paredones, detr\u00e1s de la herrumbrosa y alta puerta cerrada. Algunos \u00e1rboles, entretanto hab\u00edan crecido; se hab\u00edan vuelto coposos y corpulentos; al mismo tiempo, la ciudad fue creciendo tambi\u00e9n; poco a poco fue acerc\u00e1ndose al cementerio, y acab\u00f3, finalmente, por rodearlo y dejarlo atr\u00e1s, enclavado en el interior de un barrio nuevo. Los muertos, dormidos en sus fosas, no se dieron cuenta de estos cambios, y siguieron tranquilos algunos a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, despu\u00e9s, hubo sorpresas. La ciudad segu\u00eda ensanch\u00e1ndose, a\u00f1o tras a\u00f1o, y por todas partes se buscaba ahora, como el m\u00e1s preciado bien, cualquier sobrante de terreno a\u00fan disponible, para aprovecharlo y negociarlo; hasta los olvidados camposantos de otro tiempo, eran arrasados, excavados y abolidos, para dar asiento a modernas construcciones. Una noche llegaron, en doliente caravana, los muertos que hab\u00edan sido arrojados de otro distante cementerio (en donde una compa\u00f1\u00eda comenzaba a levantar sus imponentes bloques), y pidieron sitio y descansos a sus hermanos; estos refunfu\u00f1aron; pero les dieron puesto, al cabo, estrech\u00e1ndose un poco, y juntos durmieron todos nuevamente. Pero m\u00e1s tarde a\u00fan, cuando fueron arregladas las calles adyacentes, el camposanto vino a quedar mucho m\u00e1s elevado que el nivel de la calzada, de modo que desde la calle pod\u00eda verse un abrupto y rojizo talud, y sobre \u00e9ste, la vieja tapia del cementerio, coronada por el follaje de los \u00e1rboles y las enredaderas; brotaban \u00e9stas, igualmente, por entre el carcomido resquicio del port\u00f3n, y por todos lados alargaban sus brazos y sus ganchos y zarcillos, dispuestos a agarrarse de lo primero que encontraron para sostenerse y extenderse m\u00e1s a\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto pasaron por all\u00ed cerca de los autobuses y los camiones, y esto empez\u00f3 a molestar mucho m\u00e1s a los muertos, sobre todo a los que estaban enterrados del lado del barranco que lindaba con la calle. La tierra se estremec\u00eda, trepidaba y los remov\u00eda en sus fosas, cada vez que una de aquellas m\u00e1quinas pasaba. Ellos se daban vuelta, se tapaban los o\u00eddos, se acomodaban lo mejor que pod\u00edan. Pero el poderoso y confuso rumor de la ciudad vino, al fin, a sacarlos de aquel inquieto sue\u00f1o intermitente; empezaron, entre ellos, a cambiar misteriosas se\u00f1ales subterr\u00e1neas, y una noche, previo acuerdo probablemente, salieron varios muertos de sus tumbas, y acordaron ir en busca del Celador del cementerio para exponerles sus quejas. A poco andar, no sin sorpresa, descubrieron que ya no hab\u00eda ni celador, ni capilla, ni nada que se les pareciera. El camposanto hab\u00eda sido clausurado \u2014esto era evidente\u2014 desde incontables a\u00f1os atr\u00e1s, y nadie del mundo de los vivos entraba nunca all\u00ed\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto ha cambiado mucho, mucho\u2026 \u2014dijo uno de los difuntos, echando un vistazo en derredor\u2014. Recuerdo muy bien que, cuando a m\u00ed me trajeron a enterrar, qued\u00e9 materialmente cubierto de rosas, azucenas y jazmines del cabo; no veo ahora ninguna de estas flores por aqu\u00ed, s\u00f3lo paja; paja y verdolaga, en significantes florecillas, de esas que no tienen nombre alguno\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi tumba\u2014 dijo otro \u2014era un riente jard\u00edn; mil flores lo adornaban; daba gusto sentarse ah\u00ed debajo. No pod\u00eda yo verlas ni deleitarme con sus aromas y sus colores; pero, en cambio, pas\u00e9 a\u00f1os y a\u00f1os entretenido, viendo desarrollarse y avanzar las mil y mil ra\u00edces que crec\u00edan junto a mi fosa. Nada hay tan interesante y apropiado para un buen observador subterr\u00e1neo; el crecimiento, el forcejeo, los juegos y las luchas de las ra\u00edces entre s\u00ed; sus t\u00e1cticas y astucias, constituyen el m\u00e1s apasionante espect\u00e1culo que puede contemplarse bajo la haz de la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi un siglo he pasado yo observ\u00e1ndolo y no me parece m\u00e1s que cortos minutos. Pero ocurri\u00f3, finalmente, algo tremendo\u2026 Una enorme ra\u00edz, un verdadero gigante subterr\u00e1neo, que desde hac\u00eda unos setenta a\u00f1os se acercaba a paso lento y cauteloso, acab\u00f3 por llenar completamente el sitio, desalojando y empujando a todas las dem\u00e1s ra\u00edces, grandes o peque\u00f1as. Yo mismo me vi casi tapiado y comprimido por este horrible monstruo del subsuelo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Me acuerdo ahora\u2014 murmur\u00f3 alguien, de repente, interrumpiendo estos discursos \u2014; me acuerdo ahora que por aqu\u00ed mismo fue enterrado cierta vez, Pompilio Udano, quien fuera nuestro Celador Principal por largo tiempo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Se pusieron a mirar entre las cruces, casi todas ca\u00eddas, torcidas o medio hundidas en la tierra. De pronto, descubrieron bajo un oscuro cipr\u00e9s lo que buscaban, y acerc\u00e1ndose bastante, pudieron leer, a la luz de sus propias cuencas vac\u00edas \u2013 aunque dificultosamente, a la verdad -, el borroso epitafio del antiguo celador del camposanto.<\/p>\n\n\n\n<p>Tocaron, discretamente, en la losa. Dieron luego fuertes golpes en el suelo, con los pu\u00f1os cerrados. Como nadie respondi\u00f3 tampoco, dobl\u00f3 el espinazo uno de los presentes y acercando el hueco de la boca al hueco de una de las grietas del terreno, lanz\u00f3 por all\u00ed insistentes llamadas en voz alta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pompilio! \u00a1Pompilio Udano! \u00a1Se\u00f1or Pompiliooo!<\/p>\n\n\n\n<p>Se desliz\u00f3 \u00e9l mismo, todo entero, por la grieta, y desapareci\u00f3 completamente de la vista. A poco pudo o\u00edrse el rumor de una animada conversaci\u00f3n entablada en el fondo de la cueva, no tard\u00f3 en surgir de nuevo el visitante, a la vez que por una segunda grieta aparec\u00eda, un poco m\u00e1s lejos, el propio Pompilio Udano.<\/p>\n\n\n\n<p>Discuti\u00f3se el asunto un buen rato, y Pompilio opuso una fr\u00eda negativa a reasumir la responsabilidad del orden y la paz del camposanto, pues no se consideraba ya obligado a ella, d\u00e1ndose por muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A causa de mi lamentable desaparici\u00f3n \u2014explic\u00f3, con franca egolatr\u00eda, el se\u00f1or Pompilio\u2014, el camposanto fue definitivamente clausurado; desde entonces, en todo ese tiempo, s\u00f3lo una vez sub\u00ed a la superficie, por un rato, llamado, lo recuerdo, por el m\u00e9dico\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfPor el m\u00e9dico? \u2014preguntaron varias voces.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed; \u00bfno saben que tenemos aqu\u00ed un m\u00e9dico?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No lo sab\u00edamos; no lo sab\u00edamos \u2014respondieron todos a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno es saberlo \u2014a\u00f1adi\u00f3 uno\u2014. Aunque a m\u00ed nunca me duele nada \u2014agreg\u00f3 al punto, tocando madera a una cruz vecina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Claro! \u2014le replic\u00f3, sin m\u00e1s tardar, un amargado esqueleto all\u00ed presente\u2014. \u00a1Claro! Si t\u00fa est\u00e1s instalado en una tumba de las mejores; en la m\u00e1s seca y tranquila de todo el cementerio, y si no fuera por el barranco\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Llamemos al m\u00e9dico a ver qu\u00e9 opina \u2014propuso alguien, volviendo a dirigirse al celador y tratando, al parecer, de evitar que resurgieran, juntos con los restos de los difuntos, recriminaciones y suspicacias que para nada ven\u00edan ahora al caso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nos dar\u00e1 algo para dormir, tal vez \u2014insinu\u00f3 una voz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pues\u2026 por all\u00ed \u2014dijo entonces el se\u00f1or Pompilio, se\u00f1alando con el descarnado dedo \u2014. Pero\u2026 \u00bfqu\u00e9 raz\u00f3n habr\u00eda para llamarle en tan altas horas como \u00e9stas? Nadie parece enfermo grave aqu\u00ed\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Yo! \u2014proclam\u00f3 ruidosamente, sin mayor pre\u00e1mbulo, otro de los del grupo, a tiempo que se echaba al suelo, como atacado por fulminante enfermedad, a la entrada de un pante\u00f3n semiderruido\u2014. D\u00edganle que estoy a la puerta del sepulcro\u2026del sepulcro de la Familia Torreit\u00eda \u2014complet\u00f3, leyendo desde el suelo la inscripci\u00f3n del mausoleo.<\/p>\n\n\n\n<p>A poco llegaba ya el doctor. Mir\u00f3 con fijeza al paciente y all\u00ed mismo procedi\u00f3 al reconocimiento y examen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Respire.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ruidos\u2026ruidos \u2014murmur\u00f3 el facultativo, frunciendo el ce\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Estoy aqu\u00ed echado sobre hojas secas, doctor \u2014explic\u00f3 el enfermo, incorpor\u00e1ndose a medias en su lecho de crujiente hojarasca\u2014; es ese, tal vez, el ruido que\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Hum! \u2014gru\u00f1\u00f3 el doctor, sin interrumpirse en su tarea.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero \u00a1doctor! \u00a1Si yo me hice el enfermo s\u00f3lo como pretexto para poder llamarle a usted a estas horas! Y no siento nada, absolutamente nada; s\u00f3lo el insomnio causado por\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo siente nada? \u00a1Pudiera ser! \u2014dijo el doctor\u2014. Pero usted presenta s\u00edntomas\u2026 s\u00edntomas alarmantes\u2026 s\u00edntomas inequ\u00edvocos\u2026 en una palabra, \u00a1s\u00edntomas de vida!.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Oh! \u2014exclamaron los difuntos, retrocediendo, todos, con movimientos de horror. \u00a1S\u00edntomas de vida! \u00a1S\u00edntomas de vida!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 debo hacer? \u00bfQu\u00e9 debo hacer, doctor? \u2014suplicaba, al mismo tiempo, por su parte, el asustado esqueleto, que parec\u00eda palidecido, m\u00e1s a\u00fan, s\u00fabitamente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por lo pronto \u2014dijo el doctor\u2014, meterse en un fosito. Quedarse quietecito. Pero, \u00a1no tema! \u2014a\u00f1adi\u00f3 d\u00e1ndole \u00e1nimos\u2014. Pudiera ser que yo\u2026 la ciencia\u2026 el tratamiento \u00a1Ya veremos!<\/p>\n\n\n\n<p>No se movi\u00f3 m\u00e1s el esqueleto, y el grupo se llev\u00f3 al doctor hacia otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Este c\u00e1lido vaho\u2026 Este efluvio falaz\u2026 Esta hip\u00f3crita noche\u2026 \u2014murmuraba, extra\u00f1amente, el buen doctor, como hablando, ahora, s\u00f3lo para s\u00ed mismo, oteando en torno suyo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De todos modos \u2014dijo uno\u2014, se me ocurre una idea\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e9dico lo mir\u00f3 con atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Hum\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero se oy\u00f3 en aquel instante otra voz, un susurro, m\u00e1s bien, que parec\u00eda venir de muy cerca, a la vez que de muy lejos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Doctor\u2026 doctor\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Se entristeci\u00f3 el m\u00e9dico, deteni\u00e9ndose para observar.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el fondo de la tierra, llegaba hasta su o\u00eddo algo as\u00ed como la \u00faltima, d\u00e9bil, resonancia de una remota y juvenil voz de mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cada vez que vuelve la primavera, doctor\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Hum\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quisiera andar, cantar, re\u00edr, llorar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Desapareci\u00f3 el m\u00e9dico penetrando en la agrietada superficie de donde la misteriosa voz hab\u00eda salido\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando volvi\u00f3 a reunirse con el grupo, la luna hab\u00eda hecho su aparici\u00f3n entre las nubes; flotaba dulcemente en el espacio. Ligeras r\u00e1fagas de brisa acariciaban el follaje de las ceibas y los mangos. Confundido tal vez por el intenso resplandor de la luna \u2014o en sue\u00f1os, quiz\u00e1s\u2014, un p\u00e1jaro llamaba, piando, por momentos, como al despuntar del d\u00eda, desde alg\u00fan hueco del muro. Nuevas hojas brillaban, h\u00famedas y relucientes, en los enormes brazos de una ceiba. Otra ceiba, al lado, aparec\u00eda cubierta, toda ella de blancuzcas flores, compactas y apretujadas entre s\u00ed, que exhalaban un acre y penetrante aroma. Lanzando sus silbidos, revoloteaban, en torno, los murci\u00e9lagos, como alrededor de una inmensa golosina; se deten\u00edan en el aire, en suspenso ante las flores: libaban en los c\u00e1lices. De todos lados a la vez llegaba el chirrido de los grillos. Y las insignificantes florecillas silvestres y rastreras \u2014esas que no tienen nombre alguno, ni fragancia ni esplendores\u2014, por todas partes recubr\u00edan, piadosamente, sin embargo, la tierra del camposanto. Nadie fijaba en ellas la mirada pero el m\u00e9dico s\u00ed las ve\u00eda; como tambi\u00e9n ve\u00eda los mil tupidos brotes de hojas tiernas; como escuchaba el canto de los grillos, o sent\u00eda el vivo perfume de la tierra; y de los \u00e1rboles\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Habr\u00e1 que precaverse\u2026 resguardarse \u2014dijo, de pronto, estremeci\u00e9ndose, como presa de violento escalofr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ja\u2026ja\u2026 \u2014ri\u00f3 el amargado esqueleto que ya antes hab\u00eda hablado alguna vez\u2014. Eso quisiera yo tambi\u00e9n, \u00a1c\u00f3mo no! Estar bien al abrigo, y al seguro, bajo tierra, con mi buena l\u00e1pida encima, por tan feo tiempo como el de esta noche\u2026 Horrible tiempo de primavera, con pimpollos, nidos, luna, brisas, fragancias, cuchicheos\u2026 un tiempo como para estarse uno encerrado, all\u00e1 abajo, quieto y serio\u2026 \u00a1Pero a cada momento estoy temiendo que se desmoronen el barranco en donde estoy y vayan a parar mis pobres huesos qui\u00e9n sabe d\u00f3nde!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando me contaba entre los vivos \u2014volvi\u00f3 a decir el m\u00e9dico, siguiendo el hilo de sus pensamientos\u2014. Cuando me contaba entre los vivos, y era m\u00e9dico entre ellos, \u00a1qu\u00e9 vano y quim\u00e9rico trabajo, el de luchar contra la muerte! A veces, el desaliento me invad\u00eda, y no aspiraba ya entonces m\u00e1s que a la muerte misma, para lograr al fin la certidumbre que nunca hallaba en la existencia\u2026 Y ahora \u2014a\u00f1adi\u00f3, con una como vaga o dolorosa turbaci\u00f3n en la voz\u2014, ahora soy el m\u00e9dico de los muertos\u2026estoy muerto yo mismo\u2026 y bastante s\u00e9 ya, despu\u00e9s de todo, sobre este incurable mal que nos acosa, noche y d\u00eda, bajo la aparente quietud del camposanto\u2026 esta implacable e invencible vida, que por todas partes recomienza, a cada instante \u2014fuera y dentro de nosotros\u2014, su trabajo de zapa interminable\u2026 \u00a1Alucinante morbo! \u00a1Espeluznante enfermedad!<\/p>\n\n\n\n<p>Ech\u00f3 a andar, por entre las cruces y las losas \u2014o por lo que de ellas a\u00fan quedaba aqu\u00ed o all\u00e1\u2014, y fue a hundirse, blandamente, en aquel mismo punto del cipr\u00e9s, que era lo suyo. Pudo escucharse con cu\u00e1nto cuidado y precauciones se encerraba, procurando tapar toda grieta o hendija por donde filtrara algo, todav\u00eda, hasta all\u00e1 abajo, del soplo de la brisa o de la magnificencia de la noche, o del suave e insistente llamar desde su nido, del p\u00e1jaro enga\u00f1osamente despertado por el claror de la luna. Sacando uno de sus brazos por un restante agujero a\u00fan abierto, acomod\u00f3 mejor, sobre s\u00ed, la mohosa l\u00e1pida, cual s\u00e1bana o cobija, y cerr\u00f3 finalmente desde adentro, esta \u00faltima abertura al exterior. Junto al nombre desva\u00eddo, hab\u00eda unas cifras ya borrosas, unas cifras que hab\u00edan sido doradas, en su tiempo, y que lo mismo pod\u00edan ahora significar las fechas del nacimiento y de la muerte del doctor, que las nocturnas horas de consultas del m\u00e9dico\u2026 \u00a1Del M\u00e9dico de los Muertos!<\/p>\n\n\n\n<p>Era ya muy tarde, y los mil ruidos que ven\u00edan de la ciudad hab\u00edan cesado por completo. De modo que los muertos se olvidaron del motivo mismo de su salida, y todos imitaron el ejemplo del doctor. \u00a1Volvieron los difuntos a sus cruces, as\u00ed como retornan, a cierta hora, a sus olivos los mochuelos! Y la paz volvi\u00f3 a reinar, por el momento, en el peque\u00f1o camposanto abandonado. La luna segu\u00eda su curso por el cielo. Los grillos cantaban con pasi\u00f3n. Brillaban los cocuyos. A ratos, como una r\u00e1faga del mundo, un murci\u00e9lago hend\u00eda el aire. Y poco a poco iban cayendo, como pesadas gotas de alg\u00fan licor capitoso, las peque\u00f1as flores blancuzcas y viscosas de concentrado y denso aroma embriagador; blanqueaban en el suelo, al pie del \u00e1rbol, a la luz de la luna, como huesecillos esparcidos\u2026 Ya los muertos reposaban y dorm\u00edan nuevamente, cada uno en su sitio, cada cual bajo su l\u00e1pida o su t\u00famulo, o bajo su mont\u00edculo y sus piedras\u2026 \u00a1Enga\u00f1osas apariencias, s\u00ed!<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s nunca os voy a decir: \u00ab\u00a1Quedad en paz! \u00a1Descansad en paz!\u00bb. Ya s\u00e9 lo que es vuestro descanso, vuestro eterno descanso\u2026 \u00a1Moment\u00e1nea pausa apenas!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Ef\u00edmero intermedio!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El difunto yo<\/h3>\n\n\n\n<p>Examin\u00e9 apresuradamente la extra\u00f1a situaci\u00f3n en que me hallaba. Deb\u00eda, sin perder un segundo, ponerme en persecuci\u00f3n de mi <em>alter ego<\/em>. Ya que circunstancias desconocidas lo hab\u00edan separado de mi personalidad, conven\u00eda darle alcance antes de que pudiera alejarse mucho. Era necesario, mejor dicho, urgente, muy urgente, tomar medidas que le impidieran, si lo intentaba, dirigirse en secreto hacia alg\u00fan pa\u00eds extranjero, llevado por el ansia de lo desconocido y la sed de aventuras. Bien sab\u00eda yo, su \u00edntimo -iba a decir \u201cinseparable\u201d-, su \u00edntimo amigo y compa\u00f1ero, que tales sentimientos ven\u00edan aguijone\u00e1ndole desde tiempo atr\u00e1s, hasta el extremo de perturbarle el sentido cr\u00edtico y la sana raz\u00f3n que debe exhibir un alter ego en todos sus actos, as\u00ed p\u00fablicos como privados. Ten\u00eda, pues, bastante motivo para preocuparme de su repentina desaparici\u00f3n. Sin duda acababa \u00e9l de dar pruebas de una reserva sin limites, de inconmensurable discreci\u00f3n y de consumada pericia en el arte de la astucia y el disimulo. Nada dej\u00f3 traslucir de los planes que maestramente preparaba en el fondo de su silencio. Mi <em>alter ego<\/em>, en efecto, hac\u00eda varios d\u00edas que permanec\u00eda silencioso; pero en vista de que entre nosotros no mediaban desavenencias profundas, atribu\u00ed su conducta al fastidio, al cual fue siempre muy propenso, a\u00fan en sus mejores tiempos, y me limit\u00e9 a suponer que me consideraba desprovisto de la amenidad que tanto le agradaba. Ahora me sorprend\u00eda con un hecho incuestionable: hab\u00eda escapado, sin que yo supiera c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo busqu\u00e9 en seguida en el aposento donde se me hab\u00eda revelado su brusca ausencia. Lo busqu\u00e9 detr\u00e1s de las puertas, debajo de las mesas, dentro del armario. Tampoco apareci\u00f3 en las dem\u00e1s habitaciones de la casa. Notando, sorprendida, mis idas y venidas, me pregunt\u00f3 mi mujer qu\u00e9 cosa hab\u00eda perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>-Puedes estar segura de que no es el cerebro -le dije. Y a\u00f1ad\u00ed hip\u00f3critamente:<\/p>\n\n\n\n<p>-He perdido el sombrero.<\/p>\n\n\n\n<p>-Hace poco saliste, y lo llevabas. \u00bfNo me dijiste que ibas a no s\u00e9 qu\u00e9 peri\u00f3dico a poner un anuncio que quer\u00edas publicar? No s\u00e9 c\u00f3mo has vuelto tan pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que dec\u00eda mi mujer era muy singular. \u00bfAd\u00f3nde, pues, se hab\u00eda dirigido mi <em>alter ego<\/em>? Dominado por la inquietud, me ech\u00e9 a la calle en su busca o seguimiento. A poco not\u00e9 -o cre\u00ed notar- que algunos transe\u00fantes me miraban con fijeza, cuchicheaban, sonre\u00edan o gui\u00f1aban el ojo. Esto me hizo apresurar el paso y casi correr; pero a poco andar me sali\u00f3 al encuentro un polic\u00eda, que, ech\u00e1ndome mano con precauci\u00f3n, como si fuera yo alg\u00fan sujeto peligroso o dif\u00edcil de prender, me anunci\u00f3 que estaba arrestado. Vi\u00e9ndome fuertemente asido, no me cupo de ello la menor duda. De nada sirvieron mis protestas ni las de muchos circunstantes. Fui conducido al cuartel de polic\u00eda, donde se me acus\u00f3 de pendenciero, escandaloso y borracho, y, adem\u00e1s, de valerme de miserables y cobardes subterfugios, habilidades, ma\u00f1as y mixtificaciones para no pagar ciertas deudas de caf\u00e9, de veh\u00edculos de carrera, de menudas compras \u00a1Lo juro por mi honor! Nada sab\u00eda yo de aquellas deudas, ni nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar de ellas, ni siquiera conoc\u00eda las personas o los sitios -\u00a1Y qu\u00e9 sitios!- en donde se me acusaba de haber escandalizado. No pude menos, sin embargo, de resignarme a balbucir excusas, explicaciones: me falt\u00f3 valor para confesar la vergonzosa fuga de mi <em>alter ego<\/em>, que era sin duda el verdadero culpable y autor de tales supercher\u00edas, y pedir su detenci\u00f3n. Humillado, promet\u00ed enmendarme. Fui puesto en libertad, y alarmado, no ya tanto por la desaparici\u00f3n de mi <em>alter ego<\/em> como por las deshonrosas complicaciones que su conducta comenzaba a hacer recaer sobre m\u00ed, me dirig\u00ed r\u00e1pidamente a la oficina del peri\u00f3dico de mayor circulaci\u00f3n que hab\u00eda en la localidad con la intenci\u00f3n de insertar en seguida un anuncio advirtiendo que, en adelante, no reconocer\u00eda m\u00e1s deudas que las que yo mismo hubiera contra\u00eddo. El empleado del peri\u00f3dico, que pareci\u00f3 reconocerme en el acto, sonri\u00f3 de una manera que juzgu\u00e9 equ\u00edvoca y sin esperar que yo pronunciara una palabra, me entreg\u00f3 una peque\u00f1a prueba de imprenta, aun olorosa a tinta fresca, y el original de ella, el cual estaba escrito como de mi pu\u00f1o y letra. Lo que peor es, el texto del anuncio, autorizado por una firma que era la m\u00eda misma, dec\u00eda justamente aquello que yo ten\u00eda en mientes decir. Pero tampoco quise descubrir la nueva supercher\u00eda de mi <em>alter ego<\/em> -\u00bfde qui\u00e9n otro pod\u00eda ser?- y como aquel era, palabra por palabra, el anuncio que yo quer\u00eda, pagu\u00e9 su inserci\u00f3n durante un mes consecutivo. Dec\u00eda as\u00ed el anuncio en cuesti\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cParticipo a mis amigos y relacionados de dentro y fuera de esta ciudad que no reconozco deudas que haya contra\u00eddo \u201cotro\u201d que no sea \u201cyo\u201d. Hago esta advertencia para evitar inconvenientes y mixtificaciones desagradables.<br>Andr\u00e9s Erre.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a casa despu\u00e9s de sufrir durante el resto del d\u00eda que las personas conocidas me dijeran a cada paso, d\u00e1ndome palmaditas en el hombro:<\/p>\n\n\n\n<p>-Te vi por all\u00e1 arriba\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>O bien:<\/p>\n\n\n\n<p>-Te vi por all\u00e1 abajo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Mi mujer, que cos\u00eda tranquilamente, al verme llegar detuvo la rueda de la m\u00e1quina de coser y exclam\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 p\u00e1lido est\u00e1s!<\/p>\n\n\n\n<p>-Me siento enfermo -le dije.<\/p>\n\n\n\n<p>-Trastorno digestivo -diagnostic\u00f3-. Te preparar\u00e9 un purgante y esta noche no comer\u00e1s nada.<\/p>\n\n\n\n<p>No pude reprimir un gesto de protesta. \u00a1C\u00f3mo! La escandalosa conducta de mi <em>alter ego<\/em> me expon\u00eda a crueles privaciones alimenticias, pues yo deber\u00eda purgar sus culpas, de acuerdo con la l\u00f3gica de mi mujer. Esto desprend\u00edase de las palabras que ella acababa de pronunciar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no quer\u00eda alarmarla con el relato del extraordinario fen\u00f3meno de mi desdoblamiento. Era un alma sencilla, un alma simple. Hubiera sido presa de indescriptibles terrores y yo hubiera cobrado a sus ojos las apariencias de un ser peligrosamente diab\u00f3lico. \u00a1Desdoblarse! \u00a1Dios m\u00edo! Mi pobre mujer hubiera derramado amargas l\u00e1grimas al saber que me acontec\u00eda un accidente tan extra\u00f1o. Nunca m\u00e1s hubiera consentido en quedarse sola en las habitaciones donde apenas penetraba una luz d\u00e9bil. Y de noche, era casi seguro que sus aprensiones me hubieran obligado a recogerme mucho antes de la hora acostumbrada, pues ya no se acostar\u00eda despreocupadamente antes de mi vuelta, ni la sorprender\u00eda dormida en las altas horas, cuando me retardaba en la calle m\u00e1s de lo ordinario.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante los incidentes del d\u00eda, todav\u00eda conservaba yo suficiente lucidez para prever las consecuencias de una confidencia que no pod\u00eda ser m\u00e1s que perjudicial, porque si bien las correr\u00edas de mi <em>alter ego<\/em> pudiera suceder que, al fin y al cabo, fuesen pasajeras, en cambio ser\u00eda dif\u00edcil, si no imposible, componer en mucho tiempo una alteraci\u00f3n tan grave de la tranquilidad dom\u00e9stica como la que producir\u00eda la noticia de mi desdoblamiento. Pero los acontecimientos tomaron un giro muy distinto e imprevisto. La defecci\u00f3n de mi <em>alter ego<\/em>, que empez\u00f3 por ser un hecho antes risible que otra cosa, acab\u00f3 en una traici\u00f3n que no tiene igual en los anales de las peores traiciones\u2026 Este inicuo individuo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pero observo que la indignaci\u00f3n -una indignaci\u00f3n muy justificada, por lo dem\u00e1s- me arrastra lejos de la brevedad con que me propuse referir los hechos. Helos aqu\u00ed, enteramente desnudos de todo artificio y redundancia:<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00ed aquella noche despu\u00e9s de comer frugalmente porque mi mujer lo quiso as\u00ed y me dijo, no obstante mis reiteradas protestas, que me dejar\u00eda preparado un purgante activ\u00edsimo para que lo tomara al volver. Calculaba que mi regreso ser\u00eda, como de ordinario, a eso de las doce de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el fin de olvidar los sobresaltos del d\u00eda, busqu\u00e9 en el caf\u00e9 la compa\u00f1\u00eda de varios amigos que, casi todos, me hab\u00edan visto en diferentes sitios a horas desacostumbradas y hablaban maliciosamente de ciertos incidentes en los cuales hall\u00e1base mezclado mi nombre, seg\u00fan pude colegir, pues no quise inquirir nada directamente ni tratar de esclarecer los puntos. Guard\u00e9 bien mi secreto. Disimul\u00e9 los hechos lo mejor que pude, procurando despojarlos de toda importancia. Una discusi\u00f3n de pol\u00edtica nos retuvo luego hasta horas avanzadas. Eran las dos de la madrugada cuando abr\u00ed la puerta de casa, empuj\u00e1ndola r\u00e1pidamente para que chirriara lo menos posible. Todo estaba en calma, pero mi mujer, a pesar de que dorm\u00eda con sue\u00f1o denso y pesado, despert\u00f3 a causa del ruido. Los ojos apenas entreabiertos, me pregunt\u00f3 entre dientes c\u00f3mo me hab\u00eda sentado el purgante.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1El purgante! -exclam\u00e9-. Llego de la calle en este momento y no he visto ning\u00fan purgante! \u00a1Expl\u00edcate, habla, despierta! \u00a1Eso que dices no es posible!<\/p>\n\n\n\n<p>Se desperez\u00f3 largamente.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed -me dijo- es posible, puesto que lo tomaste en mi presencia\u2026 y estabas conmigo.. y\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u2026 \u00a1Y!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Comprend\u00ed el terrible enga\u00f1o de mi <em>alter ego<\/em>. La traici\u00f3n de aquel \u00edntimo amigo y compa\u00f1ero de toda la vida me sobrecogi\u00f3 de espanto, de horror, de ira. Mi mujer me vio palidecer.<\/p>\n\n\n\n<p>-Efecto del purgante -dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque nadie, ni aun ella misma, hab\u00eda notado el delito de mi <em>alter ego<\/em>, la deshonra era irreparable y siempre vergonzosa a pesar del secreto. Las manos crispadas, erizados los cabellos, lleno de profundo estupor, sal\u00ed de la alcoba en tanto que mi mujer, volvi\u00e9ndose de espaldas a la luz encendida, se dorm\u00eda otra vez con la facilidad que da la extenuaci\u00f3n; y fui a ahorcarme de una de las vigas del techo con una cuerda que hall\u00e9 a mano. Al lado colgaba la jaula de Jesusito, el loro. Seguramente hice ruido en el momento de abandonarme como un p\u00e9ndulo en el aire, pues Jesusito, despert\u00e1ndose, esponj\u00f3 las plumas de la cabeza y me grit\u00f3, como sol\u00eda hacerlo:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Adi\u00f3s, Doctor!<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo razones para creer que mi <em>alter ego<\/em>, que sin duda espiaba mis movimientos desde alg\u00fan escondrijo improvisado, a favor de las sombras de la noche, se apoder\u00f3 en seguida de mi cad\u00e1ver, lo descolg\u00f3 y se introdujo dentro de \u00e9l. De este modo volvi\u00f3 a la alcoba conyugal, donde pas\u00f3 el resto de la noche ocupado en prodigar a mi viuda las m\u00e1s ardientes caricias. Fundo esta creencia en el hecho ins\u00f3lito de que mi suicidio no produjo impresi\u00f3n ni tuvo la menor resonancia. En mi hogar nadie pareci\u00f3 darse cuenta de que yo hab\u00eda desaparecido para siempre. No hubo duelo, ni entierro. El peri\u00f3dico no hizo alusi\u00f3n a la tragedia, ni en grandes ni en peque\u00f1os t\u00edtulos. Los amigos continuaron chance\u00e1ndose y d\u00e1ndole palmaditas en el hombro a mi <em>alter ego<\/em>, como si fuera yo mismo. Y Jesusito no ha dejado nunca de gritar:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Adi\u00f3s, Doctor!<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, mi <em>alter ego<\/em> desarroll\u00f3 desde el principio un plan h\u00e1bilmente calculado en el sentido de producir los resultados que en efecto se produjeron. Previ\u00f3 con precisi\u00f3n el modo como reaccionar\u00eda yo delante de los hechos que \u00e9l se encargar\u00eda de presentarme en r\u00e1pida y desconcertante sucesi\u00f3n. Determin\u00f3 de antemano mi inquietud, mi angustia, mi desesperaci\u00f3n; calcul\u00f3 exactamente la hora en que un c\u00famulo de extra\u00f1as circunstancias hab\u00eda de conducirme al suicidio. Esta hora se\u00f1alaba el feliz coronamiento de su obra; y es claro que s\u00f3lo un alter ego que gozaba de toda mi confianza pudo llevar a cabo esta empresa. En primer lugar, el completo conocimiento que pose\u00eda de los m\u00e1s rec\u00f3nditos resortes de mi alma le facilit\u00f3 los elementos necesarios para preparar sin error el plan de inducci\u00f3n al suicidio inmediato. En segundo t\u00e9rmino, si logr\u00f3 hacerse pasar por m\u00ed mismo delante de mi mujer y de todas las personas que me conoc\u00edan, fue porque estaba en el secreto de mis costumbres, ideas, modos de expresi\u00f3n y grados de intimidad con los dem\u00e1s. Sab\u00eda imitar mi voz, mis gestos, mi letra y en particular mi firma, y adem\u00e1s conoc\u00eda la combinaci\u00f3n de mi peque\u00f1a caja fuerte. Todos mis bienes pasaron autom\u00e1ticamente a poder suyo, sin que las leyes, tan celosas en otros casos, intervinieran en manera alguna para evitar la iniquidad de que fui v\u00edctima. Tambi\u00e9n se apoder\u00f3 del cr\u00e9dito que hab\u00eda alcanzado yo despu\u00e9s de largos a\u00f1os de conducta intachable y correctos procederes; y en el mismo peri\u00f3dico contin\u00faa publicando a diario, autorizado con su firma, que es la m\u00eda, el mismo aviso que dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cParticipo a mis amigos y relacionados de dentro y fuera de esta ciudad que no reconozco deudas que haya contra\u00eddo \u201cotro\u201d que no sea \u201cyo\u201d. Hago esta advertencia para evitar inconvenientes y mixtificaciones desagradables.<br>Andr\u00e9s Erre.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El m\u00e9dico de los muertos Durante much\u00edsimos a\u00f1os, el peque\u00f1o cementerio hab\u00eda sido un verdadero lugar de reposo, dentro de sus amarillentos paredones, detr\u00e1s de la herrumbrosa y alta puerta cerrada. Algunos \u00e1rboles, entretanto hab\u00edan crecido; se hab\u00edan vuelto coposos y corpulentos; al mismo tiempo, la ciudad fue creciendo tambi\u00e9n; poco a poco fue acerc\u00e1ndose [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13292,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13291"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13291"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13291\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13293,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13291\/revisions\/13293"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13292"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13291"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13291"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13291"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}