{"id":13258,"date":"2024-09-15T17:17:25","date_gmt":"2024-09-15T21:47:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13258"},"modified":"2024-09-15T17:19:41","modified_gmt":"2024-09-15T21:49:41","slug":"el-agresor-cotidiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-agresor-cotidiano\/","title":{"rendered":"El agresor cotidiano (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ednodio Quintero<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>35 <\/strong>MM<\/p>\n\n\n\n<p>Ocurri\u00f3 en los tiempos de la fiebre fotogr\u00e1fica. La Pentax, amiga del alma, me segu\u00eda a todas partes, conoc\u00eda de memoria todos mis secretos. Dif\u00edcil explicar la presencia de la mujer. M\u00e1s dif\u00edcil a\u00fan reconstruir los caminos que la llevaron a mi puerta. Prefiero no intentarlo. Por lo dem\u00e1s, ahora, ya no tiene importancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con marcas de d\u00edas lluviosos surc\u00e1ndole la cara, ella, sin atender a mis preguntas, atraves\u00f3 la sala y se dej\u00f3 caer en la silla de lona, junto a la ventana, clic. Despu\u00e9s de un breve suspiro se desat\u00f3 la cabellera, encendi\u00f3 un cigarrillo y empez\u00f3 a contar, de una manera por dem\u00e1s desordenada, fragmentos de un extra\u00f1o viaje a trav\u00e9s de una selva poblada de p\u00e1jaros, ra\u00edces venenosas, chillidos de monos. Hablaba sin parar, y mis gritos por hacerle entender mis intenciones de fotografiarla rebotaban contra aquel muro de palabras. Mi petici\u00f3n era una f\u00f3rmula hueca pues ya hab\u00eda accionado el disparador una docena de veces. Ella, sin interrumpirse, continu\u00f3 contando detalles de su caminata por la orilla de un profundo r\u00edo, clic, infestado de caimanes. De un salto se levant\u00f3 de la silla y, con movimientos lentos, exquisitos, a menudo urgidos por el aguij\u00f3n de otro recuerdo, comenz\u00f3 a desnudarse, clic, clic, clic. Y yo, como un caballo herido, daba vueltas en la habitaci\u00f3n, agotaba los \u00e1ngulos, con ojos muy abiertos sobrevolaba aquel campo de flores de ceniza, colinas amarillas y ensenadas propicias para burlarse de la muerte. Mientras tanto, en alg\u00fan lugar de la selva un tigre-rel\u00e1mpago cae suavemente sobre un colch\u00f3n de hojas secas.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer se despidi\u00f3 con un hasta luego \u2013sin entonaci\u00f3n- y antes de que sus pasos se confundieran con los ruidos de la calle ya me hab\u00eda convencido de que no la ver\u00eda nunca m\u00e1s. Sent\u00ed n\u00e1useas, y en mi cuerpo el cansancio de un combate perdido. Permanec\u00ed de pie, mirando las paredes, escuchando m\u00fasica de campanas, grillos, rugidos de fieras. As\u00ed, hasta que una idea, quiz\u00e1 un presentimiento, me impuls\u00f3 a correr en direcci\u00f3n al cuarto oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre cortinas negras, \u00e1cidos y aguas de otro naufragio me di a la tarea de revelar las pel\u00edculas. Luego trabaj\u00e9 sin descanso en la copiadora. Y un rato despu\u00e9s, las fotos regadas en el piso me mostraban p\u00e1jaros de brillante plumaje, caimanes al atardecer, huellas recientes de un combate en la arena, un tigre-rel\u00e1mpago salt\u00e1ndome a los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00c1LBUM FAMILIAR<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY esta es la foto d\u00e9 nuestro \u00fanico hijo, muerto la tarde de su quinto cumplea\u00f1os\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Fr\u00edas como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levant\u00f3 de aquel hocico puntiagudo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cComprender\u00e1 que, para una pareja de cuarentones, se trataba de una p\u00e9rdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces, nos consagramos, d\u00eda y noche, al cultivo de su recuerdo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotograf\u00eda. Imagin\u00e9 un mundo de sa\u00f1a en aquella caricia prolongada. Busqu\u00e9 y no encontr\u00e9 huellas de amargura en la superficie de su rostro p\u00e1lido, casi transparente. Confundido me asom\u00e9 a la orilla de sus ojitos grises, y solo pude ver mi doble rostro flotando en la superficie de un pozo de aguas sucias.<\/p>\n\n\n\n<p>Aturdido me alej\u00e9 del corredor y, por un rato, permanec\u00ed de pie, arrecostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el r\u00edo que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se hab\u00eda convertido en un pozo de aguas sucias.<\/p>\n\n\n\n<p>Aturdido me alej\u00e9 del corredor y durante un rato permanec\u00ed de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el r\u00edo que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se hab\u00eda convertido en un obst\u00e1culo para mi huida: el \u00fanico puente hab\u00eda sido arrastrado por la crecida, media hora despu\u00e9s de mi llegada. As\u00ed que, me ver\u00eda obligado a pasar la noche y el d\u00eda de ma\u00f1ana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por un momento llegu\u00e9 a pensar que la anciana deliraba. Descart\u00e9 esta idea y la sustitu\u00ed por otra m\u00e1s tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, raz\u00f3n por la cual pod\u00eda confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su \u00fanico hijo, muerto la tarde de su quinto cumplea\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Arreci\u00f3 la lluvia, y como fiera enjaulada recorr\u00ed pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, m\u00e1scaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados&#8230; La acumulaci\u00f3n de signos de aquel extra\u00f1o culto familiar aument\u00f3 mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Present\u00eda que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entrar\u00eda por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozar\u00edan las im\u00e1genes m\u00e1s queridas de mi sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicaci\u00f3n satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se hab\u00edan canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidi\u00f3 adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, pari\u00f3 el perro. En cualquiera de los casos, la muerte hab\u00eda aportado un final decente.<\/p>\n\n\n\n<p>Me levant\u00e9 muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbr\u00e9 al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ednodio-quintero\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ednodio Quintero 35 MM Ocurri\u00f3 en los tiempos de la fiebre fotogr\u00e1fica. La Pentax, amiga del alma, me segu\u00eda a todas partes, conoc\u00eda de memoria todos mis secretos. Dif\u00edcil explicar la presencia de la mujer. M\u00e1s dif\u00edcil a\u00fan reconstruir los caminos que la llevaron a mi puerta. Prefiero no intentarlo. 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