{"id":13232,"date":"2024-09-14T15:37:22","date_gmt":"2024-09-14T20:07:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13232"},"modified":"2024-09-14T15:40:37","modified_gmt":"2024-09-14T20:10:37","slug":"el-dios-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-dios-invisible\/","title":{"rendered":"El dios invisible"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Arturo Uslar Pietri<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>PERSONAJES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Alan: Joven de 28 a\u00f1os<\/p>\n\n\n\n<p>Ana: Mujer madura y bien conservada de 40 a\u00f1os<\/p>\n\n\n\n<p>Gabriel: hombre de 50 a\u00f1os<\/p>\n\n\n\n<p>Sandra: mujer bella y atractiva de 30 a\u00f1os<\/p>\n\n\n\n<p>El detective: hombre de 40 a\u00f1os<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA ACCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Acto I: la ma\u00f1ana del primer d\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Acto II: la ma\u00f1ana del segundo d\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Acto III: la tarde del tercer d\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL ESCENARIO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Toda la acci\u00f3n transcurre en un solo escenario, que representa, en corte transversal, la calle, la tienda de una librer\u00eda vieja y su trastienda. En una ciudad populosa, en tiempos de guerra internacional.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ACTO PRIMERO. ESCENA I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La escena presenta, como un corte de secci\u00f3n, un pedazo de la calle, el interior de la sala de venta de una modesta librer\u00eda y la trastienda o dep\u00f3sito de la misma. De derecha a izquierda, por puertas perpendiculares al espectador, comunican la calle con la librer\u00eda y la librer\u00eda con la trastienda. No hay ventanas. El ambiente es s\u00f3rdido y pobre. Sobre estantes y mesas se amontonan los libros en desorden. Una mujer est\u00e1, entre los cajones de la trastienda, sentada a una mesa, escribiendo. Es la ma\u00f1ana de un d\u00eda gris. Se acerca a la puerta de la calle un hombre que parece caminar distra\u00eddo. De aspecto delgado, pero atl\u00e9tico, representa cuarenta a\u00f1os bien conservados, rasgos en\u00e9rgicos, viste con excesiva afectaci\u00f3n. Se detiene frente a la puerta, observa durante un rato. Mira a la calle para ver si viene alguien y penetra a la librer\u00eda con resoluci\u00f3n. Suena la campana de la puerta. El hombre mira la tienda vac\u00eda con r\u00e1pidas e inquisitivas miradas. Observa la puerta que comunica con la trastienda. Recorre los estantes como buscando algo que no son libros. Despu\u00e9s tose y hace ruido como queriendo llamar la atenci\u00f3n. La mujer que est\u00e1 en la trastienda le oye, se acerca a la puerta de comunicaci\u00f3n y lo mira por el hueco de la cerradura un momento. Despu\u00e9s abre y entra con paso resuelto.<\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: \u00bfDesea usted algo? (Mientras habla lo mira intensamente)<\/p>\n\n\n\n<p>EL HOMBRE: (Como deseando eludirla) No. Nada en particular. Nada preciso. Pura curiosidad de lector que no puede resistir la tentaci\u00f3n de una librer\u00eda abierta. (Entretanto recorre un estante tomando libros al azar y hoje\u00e1ndolos distra\u00eddamente) No hay duda de que la lectura es el m\u00e1s ego\u00edsta de los vicios. Un vicio solitario de gente que no quiere nada con la dem\u00e1s gente y se encierra con su libro en su rinc\u00f3n a disfrutar calladamente y a olvidarse de todo lo que lo rodea. Usted tambi\u00e9n debe ser una adepta de este vicio. No se puede ser librero sin ser vicioso de los libros. (Volvi\u00e9ndose bruscamente hacia ella) \u00bfO le da a usted lo mismo vender libros que salchichones o que obuses? Alguien ha dicho que la lectura es un crimen impune. \u00bfEs usted c\u00f3mplice del crimen? (La mujer tiene un movimiento de sorpresa y desagrado) \u00a1Oh!, perdone. Resulta desproporcionado, \u00bfverdad?, llamar crimen a la lectura en una \u00e9poca como \u00e9sta de guerra general, en la que, en toda la redondez de la tierra, los hombres no se ocupan de otra cosa que de asesinarse los unos a los otros. El mundo entero huele a carnicer\u00eda, a hospital y a cementerio. El pobre lector con su libro pertenece a una \u00e9poca casi desaparecida o casi a punto de desaparecer. Debe usted saberlo. <\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: (Con inquietud) \u00bfQu\u00e9? <\/p>\n\n\n\n<p>EL HOMBRE: (Con reticencia) Que la gente que compra libros se est\u00e1 acabando. No deben venir muchos parroquianos a la librer\u00eda en estos tiempos. Apuesto a que soy una rareza. <\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: (Con voz tensa y seca) \u00bfDesea usted alg\u00fan libro en especial?<\/p>\n\n\n\n<p>EL HOMBRE: \u00bfAlg\u00fan libro en especial? (Quedan los dos un momento en expectativa) No. No. Ya le he dicho a usted que no. (La mujer parece distenderse.) \u00bfEs usted extranjera? <\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: (Sorprendida) \u00bfYo? No? \u00bfPor qu\u00e9? <\/p>\n\n\n\n<p>EL HOMBRE: No, por nada. Tal vez se le nota algo como un acento extranjero. <\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: Es usted el primero que me lo dice. Todo el mundo al contrario, me elogia mucho por mi dicci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>EL HOMBRE: (Dubitativo) Entonces es eso. Debe ser esa artificial perfecci\u00f3n. Nadie habla su propia lengua con tan aprendida perfecci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: (Secamente) \u00bfQuiere usted decir que estoy mintiendo? <\/p>\n\n\n\n<p>EL HOMBRE: (Risue\u00f1o) De ninguna manera. Tonter\u00edas que uno dice.<\/p>\n\n\n\n<p>(Simult\u00e1neamente aparece en la calle un joven que marcha apresuradamente. Mira el n\u00famero de la puerta, abre y penetra al interior. Se detiene cohibido ante la presencia de los otros dos)<\/p>\n\n\n\n<p>EL HOMBRE: No est\u00e1n tan escasos los parroquianos como yo cre\u00eda. Le deseo que vengan muchos m\u00e1s y\u2026 que compren. No le voy a robar m\u00e1s tiempo. Acaso vuelva otro d\u00eda. Hasta la vista. (Sale haciendo un corto saludo)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ESCENA II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El reci\u00e9n llegado permanece a la expectativa. Es joven, atractivo y viste elegantemente, aunque con cierto estudiado descuido de artista. La mujer madura lo observa con intensidad.<\/p>\n\n\n\n<p>EL JOVEN: No hay muchos clientes. No hay duda de que es una tienda discreta. Una agradable patrona (Hace una ligera inclinaci\u00f3n con la cabeza a guisa de saludo) libros silenciosos, mucha tranquilidad y mucha paz. Mucha paz siquiera en este imperceptible rinc\u00f3n del agitado mundo. \u00bfNo se hacen la guerra los libros entre s\u00ed? \u00bfNo se ha puesto usted a observarlos? \u00bfNo atacan los de un bando a los del otro bando? \u00bfNo se prepara ninguna ofensiva de este estante contra aqu\u00e9l? \u00bfLos tratados de historia del lado derecho no se agarran de la gre\u00f1a con los tratados de historia del lado izquierdo? \u00bfY las palabras de los panfletos pol\u00edticos, no condenan a muerte a los ricos y neur\u00f3ticos personajes de todas aquellas novelas del gran mundo? Deben tener mucho que hacer los detectives de los relatos polic\u00edacos para descubrir e impedir todo lo que se trama tan calladamente. (R\u00ede con fingida risa)<\/p>\n\n\n\n<p>(La mujer lo observa con prudencia) (Pausa)<\/p>\n\n\n\n<p>EL JOVEN: Perdone usted tanta palabrer\u00eda in\u00fatil. Ahora, con la guerra, hay mucho loco suelto. Tranquil\u00edcese usted, no soy uno de ellos. Pero ser\u00e1 mejor que me calle. Y mejor todav\u00eda ser\u00e1 que le compre a usted un libro. El libro que vengo bus-cando precisamente. <\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: \u00bfCu\u00e1l libro, por favor? <\/p>\n\n\n\n<p>EL JOVEN: (R\u00e1pidamente. como quien recita una lecci\u00f3n aprendida) Un ejemplar de la edici\u00f3n facsimilar del folio de Shakespeare. Eso es. <\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: \u00bfTiene alguna particularidad ese ejemplar que busca? <\/p>\n\n\n\n<p>EL JOVEN: (Con olvido visiblemente fingido) \u00bfAlguna particularidad? \u00bfTiene alguna particularidad? S\u00ed, claro, tiene una muy importante. El retrato est\u00e1 invertido. (Sonr\u00ede complacido y se queda a la espera).<\/p>\n\n\n\n<p>LA MUJER: (R\u00e1pidamente, cambiando de tono) \u00bfCu\u00e1ndo lleg\u00f3 usted? \u00bfEst\u00e1 seguro de que no lo ha seguido nadie? <\/p>\n\n\n\n<p>EL JOVEN: (Con expresi\u00f3n seria) Llegu\u00e9 antier, en la forma usual. Estoy seguro de que no me ha seguido nadie. Y he llegado a la hora fijada. \u00bfNo es cierto. Ana? <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: (Con sorpresa) \u00bfC\u00f3mo supo mi nombre? <\/p>\n\n\n\n<p>EL JOVEN: Quien me dio la direcci\u00f3n y la hora me dijo tambi\u00e9n el nombre. Naturalmente que \u00e9se no es su nombre, \u00bfverdad? (La mujer sonde sin responder) Un nombre de guerra. O un nombre para la guerra. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s da? El m\u00edo es Alan. Tambi\u00e9n con la letra A. \u00bfCurioso, verdad? Alguien ha dispuesto esta identidad. Ana y Alan. Alguien lo ha dispuesto, sin duda. Alguien all\u00e1 arriba, o aqu\u00ed abajo. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Tenemos que esperar. Todav\u00eda falta alguien. \u00bfQuiere sentarse? <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: \u00bfNo es usted quien va a darme Las instrucciones?<\/p>\n\n\n\n<p>ANA: No. Alguien va a venir dentro de un momento; esper\u00e9moslo. <\/p>\n\n\n\n<p>(Se sientan) (Pausa)<\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Bueno, mientras esperamos, para matar el tiempo, \u00bfhablaremos de la guerra como todo el mundo? Aunque sospecho que nosotros no somos como todo el mundo. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: No est\u00e9 usted tan seguro de que no somos como todo el mundo. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: En \u00e9poca de paz la gente, para hacer conversaci\u00f3n, hablan del tiempo. Que es algo, como dec\u00eda Mark Twain, sobre lo que todo el mundo habla y nadie hace nada: \u00abQu\u00e9 calor hace\u00bb; \u00abqu\u00e9 fr\u00edo hace\u00bb; \u00abparece que va a llover\u00bb; \u00abparece que no va a llover\u00bb. Y en tiempo de guerra hablan de la guerra: \u00abEsto no dura un mes\u00bb; \u00abesto va a durar tres a\u00f1os m\u00e1s\u00bb; \u00abla victoria de los aliados es inevitable\u00bb; \u00abla derrota de los aliados es inevitable\u00bb. Todos hablan y nadie hace nada. Como de la lluvia o del calor. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: \u00bfEst\u00e1 usted tan convencido de que nadie hace nada? <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Casi convencido. La guerra est\u00e1 tan fuera del control de los hombres como una tempestad o un terremoto. Hay ve-ces en que se la ve venir, como se va formando una negra nube de tormenta. Todo el mundo dice entonces: \u00abVa a haber una guerra. Hay que hacer algo para evitarla\u00bb. Todos tienen temor de morir, de ver morir a los suyos. Pero no pueden hacer nada. De pronto suena el trueno y estalla el rayo y las gentes esconden la cabeza, empavorecidas. Ha empezado la<\/p>\n\n\n\n<p>tempestad. Ha empezado la guerra. Es como si nadie las co-menzara y nadie las pudiera terminar. ANA: Habla usted de la guerra como un pacifista. ALAN: No. Hablo m\u00e1s bien como un meteor\u00f3logo. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: No est\u00e1 mal la comparaci\u00f3n. Los meteor\u00f3logos tampoco pueden hacer nada para provocar ni para detener las tormentas, pero viven de ellas. Es su industria. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: \u00bfQuiere usted decir que nuestra industria es la guerra? <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Despu\u00e9s de todo, no me negar\u00e1 usted que sacamos provecho de ella. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Cierto es que sacamos provecho, pero tambi\u00e9n servimos y exponemos. Si nos echan mano nos llevan al pared\u00f3n de fusilamiento. Somos como una elite de profesionales del riesgo. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: (Sonriendo con simpat\u00eda e inter\u00e9s) No me venga usted ahora con el catecismo del perfecto esp\u00eda. Un solo hombre que puede salvar un ej\u00e9rcito. Un solo hombre que puede perder un ej\u00e9rcito. Un ser que con su acci\u00f3n evita millones de muertes. En caso de triunfo no espere gloria ni recompensa. En caso de fracaso no espere ayuda. No es \u00e9se el motivo por el que usted y yo estamos haciendo esto, \u00bfverdad? <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: (Con expresi\u00f3n de placer) Ana, \u00bfno le han dicho que tiene usted una sonrisa encantadora? Una sonrisa llena de frescura juvenil. No, no es que no sea usted joven todav\u00eda; es que al sonre\u00edr se ilumina de un modo extraordinario, y hay como un contraste muy curioso y atractivo entre esa dulce sonrisa y el vigor que hay en sus palabras y en su actitud. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Muy galante el cumplido\u2026 y poco usado en nuestro oficio.<\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Me gusta hacer las cosas poco usadas. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Eso es peligroso en nuestro oficio. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Regresamos entonces a lo usual, a la seguridad de lo acostumbrado. Usted y yo hacemos este oficio porque es un modo de ganar buen dinero. Especialmente para los que tenemos facilidad para gastarlo y no sabemos c\u00f3mo ganarlo de otro modo. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Tampoco hay que llegar a tal extremo. Conced\u00e1mosle algo a la concepci\u00f3n rom\u00e1ntica. La dificultad y el riesgo la dan un sabor especial a la vida. Es un condimento que una vez probado hace que todo lo dem\u00e1s sea ins\u00edpido. Vamos a decir, para enaltecernos, que somos los drogados del riesgo. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAS: Podemos decir muchas cosas sin creer en ellas. Esa es la m\u00e1s peligrosa de las potencias del hombre. Yo he venido a este pa\u00eds a espiar, sin odiarlo, por cuenta de otro pa\u00eds, al que tampoco amo. Hago un acto de riesgo y de destreza, por el que me pagan como un domador o como un trapecista. Hasta cierto punto, me es indiferente quien gane esta guerra. No estoy deseando ni esperando ning\u00fan gran cambio en el mundo. El hombre seguir\u00e1 siendo el mismo. Cambiar\u00e1n los instrumentos y las t\u00e9cnicas, pero los impulsos y los objetos seguir\u00e1n siendo los mismos. Yo simplemente saco provecho de una habilidad, y mediante ella logro darle intensidad a una vida que se estaba haciendo ins\u00edpida. \u00bfNo piensa usted as\u00ed, Ana? <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Su escepticismo es de tipo tan absoluto como el de los fan\u00e1ticos de una idea. \u00bfNo ha sido usted fan\u00e1tico de algo? <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: (Sonr\u00ede) En una \u00e9poca lo fui terriblemente de un equipo de f\u00fatbol. Me iba a los partidos y enronquec\u00eda gritando a favor de los m\u00edos y haciendo mofa de los contrarios. No pocas veces la cosa terminaba en ri\u00f1a abierta. Tambi\u00e9n me apasionaron las carreras de autom\u00f3viles. Cuando ten\u00eda dinero me compraba uno de esos carros bajos, lisos, limpios como un arma. Tomaba cada vez a mayores dosis aquella borrachera de la velocidad, que consiste en no ver nada, en no darse cuenta del paisaje, ni de las gentes por entre los que atravesamos a centenares de kil\u00f3metros, para tener los ojos clavados en un punto gris y abstracto del camino, que se va desplazando delante de nosotros. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Pero no es de esa clase de fanatismo de la que yo hablo. Es de la otra. Del verdadero y grande fanatismo que ha hecho la historia y que es lo propio del hombre. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: (Con sorna) \u00bfNo quedamos, con Rabelais, en que lo propio del hombre es la risa? <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Yo tengo, o, mejor dicho, tuve, esa maravillosa capacidad de creer. Ese don de pensar, o de sentir, que una idea o que una causa es m\u00e1s importante que nuestra vida. De eso est\u00e1n hechos los m\u00e1rtires. Es como si dij\u00e9ramos, no quiero vivir sino para esto, no quiero vivir fuera de esto, y mi vida no tiene sentido sino al servicio de esto. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: (Con iron\u00eda, haciendo indicaci\u00f3n con la mano del lugar presente) \u00bfAl servicio de esto? <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: De esto o de aquello, pero siempre y \u00fanicamente de lo que se acepta y se cree profundamente. Yo he vivido con gentes de esa clase y he visto c\u00f3mo esa pasi\u00f3n sobrehumana embellece la vida. Es la m\u00e1s completa manera de darse. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Habla usted corno uno de ellos. \u00bfEst\u00e1 usted al servicio de una idea, Ana? \u00bfEst\u00e1 usted movida por la fe en algo que hay que construir o en algo que hay que destruir? Despu\u00e9s de todo, construir y destruir no son sino dos aspectos distintos del mismo fen\u00f3meno. No hay construcci\u00f3n que no sea una destrucci\u00f3n, y tampoco hay destrucci\u00f3n que no sea una construcci\u00f3n. Esa es, precisamente, una de la paradojas que el destino pone para burlar al hombre: no puede construir sin destruir, no puede destruir sin construir, lo que finalmente significa que, en t\u00e9rminos absolutos, ni construye ni destruye. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: (Con iron\u00eda) \u00bfPero qui\u00e9n se ocupa de lo absoluto, sino los fan\u00e1ticos? <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Tambi\u00e9n se ocupan de eso los fil\u00f3sofos, y son, por profesi\u00f3n, la gente que menos cree. \u00bfHa sabido usted de alg\u00fan fil\u00f3sofo que haya sido m\u00e1rtir? Siempre, en la hora del peligro, encuentran alg\u00fan razonamiento que les permite refugiarse y salvar el pellejo. Ana, Ana, no me burlo. Yo tambi\u00e9n he cre\u00eddo; y a veces creo que creo. Pero siempre termino por darme cuenta de que esto que hago lo hago porque es el \u00fanico modo que conozco de ganar buen dinero y porque tengo el vicio de la cosquilla del riesgo, y tambi\u00e9n, sin duda, por una rara sensaci\u00f3n de vanidad escondida, que me llena de satisfacci\u00f3n al pensar que s\u00e9 cosas que los dem\u00e1s ignoran, que estoy en posesi\u00f3n de un secreto que va a frustrar la ofensiva de un ej\u00e9rcito preparada durante meses, o que tengo la ubicaci\u00f3n exacta de un dep\u00f3sito de armas que va a desaparecer, gracias a m\u00ed, en una noche de bombardeo. Gozo code\u00e1ndome con las dem\u00e1s gentes: en la calle, que no pueden sospechar que yo tengo ese secreto de vida o muerte, que a veces es la vida o la muerte de ellos mismos. Y yo me instalo en la terraza de un caf\u00e9 o subo a un autob\u00fas, cargado con aquella dosis espantosa de destino ajeno, sin que el hombre que se sienta a mi lado sospeche que su vida depende de m\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Alan, ha hablado usted como un ni\u00f1o. Y, adem\u00e1s, de la manera m\u00e1s insincera. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: (Sonriendo) No creo que la sinceridad sea unos de los requerimientos de nuestro oficio. Y, adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 sabe usted si es verdad o mentira lo que digo y si soy un fan\u00e1tico inconmovible, capaz de destruir el mundo por una doctrina, o un esc\u00e9ptico que no se dar\u00eda el trabajo de mover un dedo para salvar la m\u00e1s preciosa de las obras o de las vidas? <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: No hay diferencia entre las dos posiciones. Son dos muestras id\u00e9nticas de ceguedad y de estupidez. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Pero no me negar\u00e1n usted que abunda. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Alan, \u00bfha sido usted feliz alguna vez? <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Esta pregunta me coge enteramente de sorpresa y me desconcierta. Es t\u00edpicamente una pregunta de mujer. Yo pensaba que usted, Ana, estaba m\u00e1s all\u00e1 de eso. Con su experiencia, con su energ\u00eda, con su\u2026 oficio, no me pas\u00f3 por la cabeza ni un momento que pudiera usted hacerme esa pregunta de colegiala. \u00bfEs usted feliz? Pero \u00bfqui\u00e9n se ocupa de eso? Solamente las mujeres. Las colegiales y las esp\u00edas y todas sin excepci\u00f3n. Es para ellas la \u00fanica cosa importante. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Para nosotras y para ustedes tambi\u00e9n. Es lo \u00fanico verdaderamente importante. \u00bfCree, por ejemplo, que si usted fuera feliz estar\u00eda haciendo lo que hace? <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: No se da cuenta, Ana, de que, precisamente, para ustedes la felicidad es esa vaga ilusi\u00f3n inalcanzable de estar haciendo una cosa distinta de la que hacemos, de estar viviendo de un modo distinto del que vivimos, de ser otros de los que somos. Es un concepto enteramente pueril. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: No es un concepto, es un sentimiento. Uno no llega a ser feliz porque lo sabe, sino que alcanza a ser feliz cuando lo siente. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: A este animal peludo, macho y hablador, que est\u00e1 en este momento frente a este otro animal hembra, mucho me-nos peludo y hablador, no le preocupa ni poco ni mucho el problema de la felicidad. Para \u00e9l el problema se limita a tener un buen vestido, una buena comida, una adecuada compa\u00f1\u00eda, un autom\u00f3vil nuevo, una hermosa casa y una bolsa m\u00e1gica llena de monedas de oro, que nunca se agota, y como eso no es posible, me contento con la situaci\u00f3n m\u00e1s pr\u00f3xima dentro de mis limitaciones. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Me divierte usted, Alan, con su ch\u00e1chara. Debe usted tener mucho \u00e9xito con las mujeres. A las mujeres nos fascinan los buenos conversadores. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: A los buenos conversadores nos fascinan las mujeres. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: (Con coqueter\u00eda) No olvide, Alan, que soy mucho mayor que usted. <\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: Afortunadamente, la diferencia no es tanta como para ser tristemente cuerdos, ni tan poca como para ser est\u00fapida-mente locos. Usted y yo estamos dentro del prodigioso \u00e1mbito de la madurez, en el que la locura y la cordura ya no son pasiones, sino condimentos que la experiencia ense\u00f1a a combinar deliciosamente. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: Esta manera de matar el tiempo, por lo visto, le gusta a usted m\u00e1s que la de hablar de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>ALAN: No diga eso, Ana. Matar el tiempo s\u00f3lo lo pueden intentar los que est\u00e1n muertos por dentro. Para nosotros. felizmente, no hay tiempo que matar, sino tiempo que vivir, tiempo que vivir plenamente, sin desperdiciar un segundo, sorbiendo hasta el tu\u00e9tano la esencia de cada momento. Usted y yo tenemos ahora este momento, que no sabemos cu\u00e1nto va a durar, pero que ser\u00e1 siempre un momento. No la malbaratemos y perdamos con fingida indiferencia y con torpes evasivas. Vamos a vivirlo valerosa y profundamente. <\/p>\n\n\n\n<p>ANA: (Turbada y sorprendida) Supongo que ahora es mi turno de decirle a usted que me sorprende y que no esperaba esa reacci\u00f3n. Y que, adem\u00e1s, es t\u00edpicamente una ocurrencia de hombre. <\/p>\n\n\n\n<p>(Alan r\u00ede y se levanta como prepar\u00e1ndose para responder, pero se interrumpe bruscamente porque suena la campana de la puerta y penetra un hombre)<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/uslar-pietri-arturo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Uslar Pietri PERSONAJES Alan: Joven de 28 a\u00f1os Ana: Mujer madura y bien conservada de 40 a\u00f1os Gabriel: hombre de 50 a\u00f1os Sandra: mujer bella y atractiva de 30 a\u00f1os El detective: hombre de 40 a\u00f1os LA ACCI\u00d3N Acto I: la ma\u00f1ana del primer d\u00eda Acto II: la ma\u00f1ana del segundo d\u00eda Acto III: [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13235,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13232"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13232"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13232\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13236,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13232\/revisions\/13236"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13235"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13232"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13232"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13232"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}