{"id":13175,"date":"2024-09-10T13:57:48","date_gmt":"2024-09-10T18:27:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13175"},"modified":"2024-09-10T13:57:48","modified_gmt":"2024-09-10T18:27:48","slug":"la-galera-de-tiberio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-galera-de-tiberio\/","title":{"rendered":"La galera de Tiberio"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Primera parte <\/strong>(I)<\/p>\n\n\n\n<p>Era en febrero de 1930, durante las maniobras de invierno de la flota americana en la zona del canal. Terribles desastres en la Bolsa de Nueva York amenazaban dar en tierra con las m\u00e1s s\u00f3lidas previsiones. Se trataba de rechazar el ataque de una escuadra y probar la eficiencia de las fortificaciones de tierra. En los diarios numerosos <em>Warning<\/em>, para indicar las zonas de peligro. Desfilaban los furgones arrastrados por mulas relucientes. De vez en cuando un centinela. Buques-tanques procedentes del Lago de Maracaibo y de Cartagena de Indias. U.S.A. Dragas, remolcadores, fraguas. El ruido de los aviones mostraba un cielo abandonado de cuervos. Se les ve\u00eda en largas filas por el camino del Fuerte Amador que bordea un campo de golf. La costa cubierta de nubes artificiales. Los jud\u00edos de Panam\u00e1 esperaban ansiosos el fin de las maniobras, pues entonces los marinos ir\u00edan a tierra con raciones de dos semanas y la sangre enardecida por el sol y la continencia. Un ej\u00e9rcito de prostitutas penetraba en la ciudad. La polic\u00eda arrestaba diariamente a unas cuantas. Se permiti\u00f3 trabajar los domingos.La flota era uno de los recursos del comercio paname\u00f1o. Si la flota desapareciese o las maniobras llegaren a prolongarse, el comercio se declarar\u00eda en bancarrota; no podr\u00eda pagar los impuestos. Los diarios dedicaban a este problema sus editoriales \u2014sin duda el Almirantazgo deb\u00eda tomarlo en cuenta\u2014 y los antimperialistas no hallaban manera de conciliar sus tendencias con los intereses del comercio y del fisco.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de aquellas tardes llena de vaticinios \u2014precisamente el mismo d\u00eda en que la flota negra destruy\u00f3 te\u00f3ricamente las defensas del canal\u2014 tuvo el encuentro singular del cual se deriva parte de este relato, o mejor dicho, uno de los encuentros, pues ellos coinciden de tal modo que es imposible dejar de se\u00f1alarlo, ya que los hechos y las im\u00e1genes exteriores se conciertan a veces de un modo extra\u00f1o y corresponden a nuestros pensamientos. Hac\u00eda tiempo lo observaba. Caminaba delante de m\u00ed por el mismo sendero de \u00e1rboles, un grasiento overall azul, hundido hasta las cejas un viejo fieltro de soldado. Las facciones de dios marino, orgulloso y joven. De pronto se detuvo y me ense\u00f1o su pipa con gesto desolado. Le ofrec\u00ed tabaco y \u00e9l lo tom\u00f3 con avidez. Sus palabras salieron lentas y llenas de humo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es la galera&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Y, tras un momento de silencio, a\u00f1adi\u00f3 en voz baja para recompensarme, sin duda, con su confidencia: La galera de Tiberio.<\/p>\n\n\n\n<p>Le mir\u00e9 con desconfianza y vi un rel\u00e1mpago brillar en sus ojos. Al mismo tiempo divis\u00e9 una especie de portaviones que se deslizaba fuera del canal. Al parecer nada ten\u00eda de com\u00fan con las famosas naves ponderadas de los antiguos, movidas por varias \u00f3rdenes de ramos y algunas tan grandes como la que llev\u00f3 de Egipto el gran obelisco, hundida, seg\u00fan refiere Suetonio, al construirse el dique de Ostia en tiempos de Claudio. Pero la idea de una de esas naves doradas y magn\u00edficas atravesando el canal, orgullo del siglo XX, me dej\u00f3 absorto. Sab\u00eda que estaba en una de esas \u00e9pocas en que el mundo cambia y las palabras del obrero me pon\u00edan ante el drama universal, intacto.<\/p>\n\n\n\n<p>Ocurr\u00eda esto en las alturas de Balboa, el Quarry Heights, la colina silenciosa de recodos agrestes y jardines rodeados de palmeras, donde est\u00e1n las oficinas del Estado Mayor. Para el hombre del norte, el tr\u00f3pico es un animal rebelde al cual es preciso ense\u00f1ar h\u00e1bitos disciplinados. Desde el extremo de la colina se abarca el panorama divulgado a todos los vientos y adquirido en las estaciones por los turistas de todo el mundo: las esclusas de Miraflores y Pedro Miguel, m\u00e1s all\u00e1 de los valles cubiertos de bungalows \u2014de un verde litogr\u00e1fico\u2014 ; de las armaduras de acero y las chimeneas prodigadas por las cuales se escapa y flota en vapores caliginosos el pensamiento de hombres y m\u00e1quinas.<\/p>\n\n\n\n<p>El sol iba a desaparecer tras las monta\u00f1as. Dir\u00edase que el sol, en Panam\u00e1, tiene dos caras a manera de alguna divinidad asiria. Por la ma\u00f1ana es un chino asomado al naciente \u2014la posici\u00f3n de la ciudad hace que el sol parezca nacer por la espalda2. El Pacifico tiene los ojos oblicuos. El Atl\u00e1ntico \u2014al contrario\u2014 es rubio o moreno, pero su sol es completamente blanco. Por la ma\u00f1ana, macerado, amarillento, parece salir de uno de esos conventos budistas de las monta\u00f1as asi\u00e1ticas y por la tarde es un hombre blanco y saludable que juega tennis todos los d\u00edas. Por eso la puesta del sol es mucho m\u00e1s tranquilizadora, pero a toda hora parece decir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Qu\u00e9 v\u00eda magn\u00edfica digna de C\u00e9sar!<\/p>\n\n\n\n<p>Anim\u00e1ndose gradualmente, el coro de plata de la cigarras surg\u00eda de los senderos escalonados; del silencio de los valles. Pronto la noche sofocante iba a surgir de las cuestas y la bah\u00eda presentar\u00eda entonces su aspecto habitual, llena de luces y orquestas. En el cerro de Sosa la estaci\u00f3n de se\u00f1ales indicaba el paso de un buque. Se oy\u00f3 una campana. Y una visi\u00f3n distante se abre paso a trav\u00e9s de los talleres y por encima de los lagos que el poniente volv\u00eda a un color escarlata como en otro tiempo enrojec\u00eda las velas de los buques piratas: los campos natales empurpurados de ciruelas. Atajos que bajan hasta el r\u00edo y el canto de las cigarras era como ahora vivo y profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya los <em>Reading Rooms <\/em>estaban alumbrados y las esclusas brillaban tambi\u00e9n entre la bruma. Ni un avi\u00f3n en el cielo. A su vez el desconocido prosegu\u00eda sus observaciones. Primero, al o\u00edr una campana, sus cejas se enarcaron. Despu\u00e9s su mirada se ensombreci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El canal est\u00e1 cerrado hace una hora, pero a \u00e9ste le han dado paso. Hay mucha niebla \u2014a\u00f1adi\u00f3 con aire sarc\u00e1stico\u2014 y los faros resultan a veces insuficientes. Los nav\u00edos parten de Crist\u00f3bal cada media hora aproximadamente y as\u00ed hasta las once de la noche&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, all\u00e1 abajo en Miraflores, hab\u00eda funcionado todo el mecanismo, tan f\u00e1cil que un ni\u00f1o puede manejarlo. Las puertas blindadas giran lentamente. La cadena, cada uno de cuyos eslabones pesa cien libras, se tiende de una parte a otra mientras por las compuertas escapan con estr\u00e9pito las aguas del Chagres. El buque as\u00ed protegido, encerrado en la esclusa, se eleva o desciende, encuentra su nivel y pasa.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras la isla de Flamencos las luces de los acorazados brillaban en un azul intenso. El buque misterioso iba, pues, a pasar junto a la flota. Se oy\u00f3 el ruido de un avi\u00f3n. Despu\u00e9s otro y otro. Un reflector surgi\u00f3 de pronto en los confines blancos de naves. Luego se entrecruzaron varios dirigidos al cielo y al mar. El desconocido movi\u00f3 la cabeza e hizo un signo vago. Sus facciones se borraban en la sombra. Permanec\u00eda inm\u00f3vil siguiendo con los ojos aquella cauda de los aviones, la cual se mov\u00eda de un lado a otro. Era preciso caminar largo rato para llegar hasta los barrios de los Restaurantes y Club-houses. Balboa y Anc\u00f3n. La polic\u00eda observa cuidadosamente a los transe\u00fantes. Cada hombre a pie es sospechoso de llevar cuando menos un contrabando de licores o de billetes de loter\u00eda. Abajo, entre los \u00e1rboles, se distingu\u00edan las salas del hospital Gorgas. Las cigarras continuaban su himno de la primanoche.<\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente los diarios anunciaban la ca\u00edda de un avi\u00f3n a doce millas de Balboa. No hab\u00eda sido posible rescatar el cuerpo del piloto, el teniente de aviaci\u00f3n Charles Evans.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/enrique-bernardo-nunez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez Primera parte (I) Era en febrero de 1930, durante las maniobras de invierno de la flota americana en la zona del canal. Terribles desastres en la Bolsa de Nueva York amenazaban dar en tierra con las m\u00e1s s\u00f3lidas previsiones. 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