{"id":13166,"date":"2024-09-10T13:44:08","date_gmt":"2024-09-10T18:14:08","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13166"},"modified":"2024-09-10T13:44:08","modified_gmt":"2024-09-10T18:14:08","slug":"cuentos-jason-maldonado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-jason-maldonado\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Jason Maldonado Skrainka"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Alan Brito<\/h3>\n\n\n\n<p>Faltaban diez segundos para que terminara el partido. As\u00ed lo indicaba el cron\u00f3metro, un viejo reloj de agujas al cual hab\u00eda que darle eventualmente unos golpecitos para que continuara andando. La chicharra no era tal, sino el agudo silbido de Pancho, que como p\u00e9simo jugador de baloncesto, era estupendo \u00e1rbitro.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo se detuvo cuando cay\u00f3 la dura falta sobre Alan Brito, a quien justo cuando ejecutaba el doble paso, uno del equipo contrario le dio un soberano carajazo en el antebrazo. Se prendi\u00f3 la trifulca aunque no pas\u00f3 nada, no a esta altura del relato. El juego estaba empatado y desde la raya de tiros libres ten\u00edamos la oportunidad de ganar \u2014de ganar y salir corriendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Alan Brito era una rata. Hay que decirlo. Era de los que se burlaba de todo el mundo. Bautizaba a diestra y siniestra con soeces apodos a la gente y sus vulgares piropos espantaban a las chicas que por mala suerte le pasaban por al lado. Una rata con todas las de la ley, el t\u00edpico guapet\u00f3n de barrio, el que bajaba la santamar\u00eda en el d\u00eda y la sub\u00eda en la noche. <\/p>\n\n\n\n<p>Pancho separ\u00f3 a Rea cuando se le fue encima a Alan Brito. \u00abQu\u00e9dense quietos, a jugar\u00bb. Rea le hizo una se\u00f1a con la mano en forma de m\u00e1gnum ca\u00f1\u00f3n corto o cualquier arma. \u00abVas a tener que\u2026 para que me ganes\u00bb. Omito el verbo que va justo all\u00ed en los puntos suspensivos y el correspondiente y viril sustantivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Era flaco y esmirriado. Sus brazos y piernas aparentaban la ductilidad del alambre. Las m\u00faltiples golpizas no le estropearon nunca los huesos. La piel s\u00ed, la piel duele, duele y se marca con raspones y pret\u00e9ritos trazos de pu\u00f1al como dentelladas de tigre. As\u00ed sus brazos. El destino le coloc\u00f3 un nombre que se transform\u00f3 en apodo. Alan Brito termin\u00f3 siendo \u201cAlambrito\u201d. Con el tiempo se acostumbr\u00f3. El d\u00eda que por primera vez alguien le acu\u00f1\u00f3 el pseud\u00f3nimo, se baj\u00f3 los pantalones cortos y sacudiendo con su mano derecha el miembro, dijo: \u00abaqu\u00ed est\u00e1 tu alambrito\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Rea se burlaba de \u00e9l mientras preparaba el primer lanzamiento de tiro libre. Todas las ofensas iban en diminutivo haciendo rima con el met\u00e1lico sobrenombre. Pas\u00f3 el dorso mugriento de su mano para secarse el sudor de la frente. Escupi\u00f3 hacia un lado de la cancha con rudeza, rebotando el bal\u00f3n para que el sonido pl\u00e1stico de su eco opacara los insultos y amenazas. Tras cada intimidaci\u00f3n acompa\u00f1ada con gestos de un pu\u00f1o golpeando la otra mano; de un antebrazo rebanando un cuello; de ojos entornados afinando punter\u00eda, Alambrito notaba empeque\u00f1ecer el di\u00e1metro del aro, cerrando la oportunidad de sumar un miserable punto para irnos arriba en el marcador.<\/p>\n\n\n\n<p>Fall\u00f3. El quinteto rival estall\u00f3 en carcajadas. El borde de la cancha se abarrot\u00f3 de gente para ver el desenlace final. Alguien se levant\u00f3 la camiseta blanca dej\u00e1ndonos ver, calzada entre el pantal\u00f3n y la ingle, un arma. Luego la tap\u00f3 con la sutileza de quien arropa a un ni\u00f1o para que siga durmiendo. En sus labios pude leer \u00abpilas\u2026 si no, los quiebro\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Segundo y \u00faltimo lanzamiento. Cesta. Un punto arriba. Estamos ganando. Jugar de visitante en barrio ajeno es como nadar ensangrentado en una piscina de tiburones. Todos celebramos con recato, choc\u00e1ndonos las manos, mientras Alambrito se agarraba el miembro con la mano izquierda y con la derecha se lo se\u00f1alaba con el dedo pulgar, como si le diera de beber con el dedo: \u00ab\u00a1qu\u00edtate esa ma\u00f1a, carajo!\u00bb, recuerdo que le dec\u00eda su abuela. Lo hac\u00eda con exagerado y vulgar paroxismo mientras iba caminado de retroceso a defender nuestra cancha en los \u00faltimos segundos.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio incomoda, m\u00e1s a\u00fan si viene de bocas de lobos salivando rabia enmudecida, y m\u00faltiples miradas que navegan en sus escler\u00f3ticas de cerveza y resentimiento. \u00abPlankkk\u2026\u00bb bal\u00f3n al piso y vuelve a la mano; \u00abPlankkk\u2026\u00bb, va de nuevo Spalding contra el asfalto; \u00abPlankkk\u2026\u00bb y se detiene ante la marcaci\u00f3n de Cachimbo, uno de nuestro equipo, duro en la defensa pero malo\u2014malo en el ataque. Quiere quitarle a mister Spalding de las manos a Rea y \u00e9ste se defiende. Le da un codazo a Cachimbo en la boca. Le parte el labio. Nadie protesta, hay miedo, se huele, se mezcla con el olor a cerveza que baila el tango de la vida junto a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El bal\u00f3n en el aire detuvo el tiempo. Visitantes \u2014nosotros\u2014 y locales contuvimos la respiraci\u00f3n. Vimos la inmensa naranja de pl\u00e1stico cortar el aire, apartar de bruces las notas de alguna m\u00fasica caribe\u00f1a que sonaba en el ambiente; vi el tablero agigantarse con descaro de trampa y supongo que ellos lo vieron empeque\u00f1ecerse. Spalding gir\u00f3 varias veces sobre el aro y decidi\u00f3 a nuestro favor. Pancho silb\u00f3 anunciando el final del partido. Mister Spalding segu\u00eda con su onomatopeya \u201cPlankkk\u2026 Plankkk\u2026 Plankkk\u2026\u201d y de pronto se combin\u00f3 con un \u201cPum\u2026Pum\u2026Pum\u201d. Estaba mareado del golpe que recib\u00ed, pero logr\u00e9 salir junto al Madera del peque\u00f1o infierno deportivo. \u00c9l, que me levant\u00f3 de sopet\u00f3n del piso d\u00e1ndome la mano, recibi\u00f3 un disparo en el gemelo del lado derecho y supongo que me sirvi\u00f3 de pantalla. Alguien del p\u00fablico se levant\u00f3 la camiseta dejando ver el metal y su consiguiente p\u00f3lvora, el mismo que segundos antes me alert\u00f3 sobre mi osad\u00eda que nunca fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Corrimos, todos corrimos excepto Alambrito, que como esta\u00f1o, estaba siendo moldeado por infinidad de an\u00f3nimas patadas. Me devolv\u00ed corriendo para defenderlo y la detonaci\u00f3n que cal\u00f3 en su humanidad me detuvo en seco. Spalding ya estaba en manos de los ni\u00f1os que quer\u00edan imitar a los m\u00e1s grandes en la cancha. Recuerdo que el c\u00edrculo humano que lo rode\u00f3 no me permiti\u00f3 verlo por \u00faltima vez. Lo que qued\u00f3 en mi mente fue de nuevo la voz de Spalding contra el asfalto, combin\u00e1ndose con la tos seca del arma que antes estaba tranquila tras un pantal\u00f3n; un definitivo \u201cPum\u201d sobre la virilidad de Brito, lo dej\u00f3 hecho alambre del recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Pega Camacho<\/h3>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 sudoroso, con el coraz\u00f3n palpitando a ritmo de cerveza y derrota. La mand\u00edbula iba de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como si fuera una vieja y dentada m\u00e1quina de escribir. Desenfrenada en su independencia motriz. El lugar se hab\u00eda tragado todo el smog de su motocicleta antes de que apagara el motor. Todos sab\u00edan de qu\u00e9 ven\u00eda; todos eran c\u00f3mplices; todos callaban pero nadie re\u00eda; tal vez un pensamiento colectivo irracional y salvaje se levantaba entre el fulgor del resentimiento y por ello todos callaban.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 con el juego? \u00bfGanamos? \u2013pregunt\u00f3 Yulaidys. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l la ignor\u00f3, como si no existiera, como si el eco de su voz no fuera m\u00e1s que la reminiscencia de una infancia llena de maltratos pretendiendo olvido. Abri\u00f3 el refrigerador para reabastecer su entonaci\u00f3n et\u00edlica: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Esta vaina ya no enfr\u00eda \u2013dijo mientras manoseaba la botella que llevaba en el pecho un animal \u00e1rtico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Te pregunt\u00e9 que qu\u00e9 pas\u00f3 con el juego\u2026 \u00bfno o\u00edste, Pega?<\/p>\n\n\n\n<p>Pega Camacho le respondi\u00f3, pero antes de hacerlo record\u00f3 que alg\u00fan tiempo tuvo un nombre distinto, normal, aplicable a cualquier ser humano; record\u00f3 a Rufino, su padrastro, haciendo negocio con Cleotilde, su madre, vendiendo fantas\u00edas quebradas y piernas entornadas y duras, moldeadas por las escaleras mientras equilibran incontables baldes de agua. Ya con doce a\u00f1os las ni\u00f1as eran buena mercanc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Valmore vio el cierre de la transacci\u00f3n cuando vendieron la flor intacta de su prima, \u201cmi primita\u201d. As\u00ed la recordaba. Desde aquel momento no supo m\u00e1s de ella, no de su inocencia a\u00fan envuelta de sonrisa mientras elevaban un papagayo al final del cerro, arriba, donde nadie llegaba, no; pero s\u00ed supo luego de botellazos y redadas policiales; de una buena felatio para que la soltaran y la dejaran trabajar en santa paz; de \u201cuna buena pelota de plata\u201d para que el polic\u00eda corrupto no la jodiera y del \u201cas\u00ed te quer\u00eda ver pajarito\u201d, cuando una vez lo consigui\u00f3 de civil unas cuantas escaleras abajo, resultando m\u00e1s vecino que ninguno; del sonido seco y r\u00edtmico que solo dan las furiosas balas; del \u201cprima, ahora s\u00ed puedes trabajar tranquila\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Valmore siempre supo de rumbos negros y torcidos; de la necesidad de barrio y de hambre atroz. Cuando ni\u00f1o a\u00fan el dinero sucio no llegaba, estaba bajo el mismo techo de zinc pero a\u00fan no era suyo. Cuando intent\u00f3 llev\u00e1rselo una sola vez, Rufino le parti\u00f3 la boca y us\u00f3 su oreja izquierda como cenicero para apagar el cochino C\u00f3nsul sin filtro. Para calmar su dolor ardiendo en llamas y sus gritos desesperados, tir\u00f3 al piso su endeble humanidad y a pesar del suplicante \u201cno lo hago m\u00e1s\u2026 no lo hago m\u00e1s\u201d, descarg\u00f3 su vejiga plet\u00f3rica de miaos sobre su cabeza mientras le ordenaba \u201cno te tapes carajo, porque si no, vas a tener que abrir la boca\u201d. Con el tiempo conoci\u00f3 los favores que la pega tra\u00eda consigo, de su inhalaci\u00f3n y el emponzo\u00f1amiento de los vapores en el cerebro, de esa puntada aguda pero delirante que hac\u00eda despegar extra\u00f1as figuras al instante.<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco tiempo ya eran cinco, a veces muchos m\u00e1s, los que conformaban la banda de Valmore. Rateros de carteras y bisuter\u00eda enga\u00f1osa que m\u00e1s de una ocasi\u00f3n pasaba por oro. El premio: delirar con la qu\u00edmica del pegamento que sub\u00eda cual erupci\u00f3n por sus narices hasta atragantarlos y hacerlos toser con plenitud de \u00e9xtasis y falsa madurez. \u201cLos pega\u2014pega\u201d se hicieron de temer al poco tiempo. Su l\u00edder, Pega Camacho, sab\u00eda en d\u00f3nde, cu\u00e1ndo y c\u00f3mo, conseguir el exquisito material de los nobles zapateros.<\/p>\n\n\n\n<p>De navajas y pu\u00f1ales ya hab\u00eda vivido mucho. Le resultaba poco pr\u00e1ctico y el contacto cercano con la v\u00edctima siempre resultaba un riesgo que pudiera voltear la moneda del instante y el ajusticiamiento. Ahora nada como la p\u00f3lvora para saldar cuentas y en ese asiento contable de la vida, pronto le tocar\u00eda a Rufino saldar una deuda, que gracias a las buenas piernas de la \u201cprimita\u201d, pagar\u00eda sin darse cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Pega Camacho la convenci\u00f3 en contra de su voluntad. Solo deb\u00eda llev\u00e1rselo al sitio en donde los rudos \u201cpega\u2014pega\u201d lo esperar\u00edan escondidos. \u201cPero no tarden, que yo a ese perro no se lo hago ni por millones\u201d. La tarea ser\u00eda sencilla, Rufino nunca imagin\u00f3 que su deseo por magrear a aquella hembra se har\u00eda realidad despu\u00e9s de tantos intentos in\u00fatiles por poseerla. No se lo cre\u00eda, hubo un coqueteo, una pierna invitando al sexo desde una falda que sub\u00eda con lentitud hasta el l\u00edmite de aquello que tanto quiso. Una palabra sucia y obscena que acribilla la imaginaci\u00f3n sedienta de placer enceguecido, no se hizo esperar para hechizarlo por completo. \u201cNo toques, espera que lleguemos al sitio para que me deshagas\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Y no fue, esa invitaci\u00f3n al desgarre carnal no lleg\u00f3 nunca. Solo pudo palpar escasos segundos la piel tersa de su muslo bien depilado, para la fiesta de quien la paga billete sobre billete. Ella se levant\u00f3 bruscamente y Rufino no entend\u00eda el por qu\u00e9. \u201cY a ti qu\u00e9 te pasa, ahora le tienes miedo al tigre con el cuero casi en tu boquita\u201d. Una voz en sus espaldas repiti\u00f3 con falso eco lo que \u00e9l mismo acababa de decir, \u201cel cuero en la boquita es el que te vamo a pon\u00e9 ahorita\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Rufino salt\u00f3 del sof\u00e1. El pantal\u00f3n desabotonado y el cintur\u00f3n ya cayendo por su peso, les hizo el trabajo m\u00e1s f\u00e1cil de lo que se esperaban. Le ordenaron que se terminara de quitar los pantalones, obedeci\u00f3; que se tirara en el piso, obedeci\u00f3; que le pidiera perd\u00f3n a la \u201cprimita\u201d. Se neg\u00f3, y acto seguido, ten\u00eda cinco armas de distintos calibres apunt\u00e1ndole hacia el miembro. \u201cCierra la boca con todas tus fuerzas y si la abres, el rato se te har\u00e1 eterno\u201d. El ca\u00f1\u00f3n largo chocaba con sus dientes, \u201cNo abras la boca\u2026\u201d, le dec\u00eda Pega Camacho. Quer\u00eda introducirle el fr\u00edo metal hasta lo m\u00e1s profundo, \u201c\u00f3rdenes son \u00f3rdenes, no abras la boca, perro\u2026\u201d, dijo la primita. Los labios comenzaron a sangrarle por la dolorosa resistencia hasta que los incisivos y caninos cedieron. Se los trag\u00f3 de un solo golpe ayudado por el coctel de saliva y sangre que acumulaba en la boca. \u201cNo lo hago m\u00e1s\u2026 no lo hago m\u00e1s\u201d, dijo. La frase retumb\u00f3 en la memoria de lo que fue Valmore antes de transformarse en Pega Camacho.<\/p>\n\n\n\n<p>Rufino sinti\u00f3 la tibieza de cinco orines distintos correr por su cabeza, a trav\u00e9s de su rostro ensangrentado recibiendo la abluci\u00f3n por su perverso proceder, inagotable y siempre presente. Luego una solitaria detonaci\u00f3n dentro de su cavidad bucal acab\u00f3 con la tortura. Ella vomit\u00f3, \u201cQu\u00e9, \u00bftas cagada?\u201d. \u201cNo, estoy pre\u00f1ada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 S\u00ed, te escuch\u00e9\u2026 perdimos por un punto.<\/p>\n\n\n\n<p>Re\u00eda. Sorbi\u00f3 un trago profundo de la botella y se limpi\u00f3 la boca con el dorso de la mano. Yulaidys no entend\u00eda por qu\u00e9 la risa si el resultado no hab\u00eda sido favorable. Ella escuch\u00f3 disparos antes de que llegara pero no le pregunt\u00f3. Tom\u00f3 el arma que hab\u00eda dejado sobre la mesa y constat\u00f3 que el tambor no estaba lleno; faltaban dos balas que sumaban la misma cantidad de detonaciones que a\u00fan retumbaban en el silencio. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfHubo muerto?<\/p>\n\n\n\n<p>Pega Camacho solo sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jason-maldonado-skrainka\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alan Brito Faltaban diez segundos para que terminara el partido. As\u00ed lo indicaba el cron\u00f3metro, un viejo reloj de agujas al cual hab\u00eda que darle eventualmente unos golpecitos para que continuara andando. La chicharra no era tal, sino el agudo silbido de Pancho, que como p\u00e9simo jugador de baloncesto, era estupendo \u00e1rbitro. 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