{"id":13146,"date":"2024-09-10T00:54:43","date_gmt":"2024-09-10T00:54:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13146"},"modified":"2024-09-10T00:54:43","modified_gmt":"2024-09-10T00:54:43","slug":"vidas-oscuras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/vidas-oscuras\/","title":{"rendered":"Vidas oscuras"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Rafael Pocaterra<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Cap\u00edtulo I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1No, no es Chamizas! <\/p>\n\n\n\n<p>Y don Cris\u00f3stomo se quit\u00f3 de sobre las cejas la mano que le serv\u00eda de pantalla. En cambio Juan Garc\u00eda porfiaba: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014F\u00edjese bien; agu\u00e1itele la cobija que carga lo colorao pa juera, \u00bfno est\u00e1 viendo el caballo zaino barrig\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>Por el camino, en lo alto de la cuesta que remataba la casa del hato, aparec\u00eda y desaparec\u00eda, atravesando los chaparrales el pe\u00f3n Chamizas. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hombre, es raro \u2014observaba don Criso\u2014; no tiene tiempo de haber ido y vuelto a San Diego. <\/p>\n\n\n\n<p>Ya cerca a pocas cuadras del paradero, le grit\u00f3: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1T\u00fa vienes del pueblooo\u2026! <\/p>\n\n\n\n<p>Chamizas, empinado en los estribos, dec\u00eda a gritos algo que el viento fuerte de la sabana le arrebataba de los labios. Por fin tramando la bestia se acerc\u00f3; ape\u00f3se de un salto y sac\u00f3 de la faItriquera un pa\u00f1uelo de Madr\u00e1s, dentro del cual, cuidadosamente doblada, tra\u00eda una carta. El papel tembl\u00f3 un poco en la mano insegura del viejo; fue rele\u00eddo y visto varias veces: <em>\u2026\u00e9ste tiene por objeto despu\u00e9s de saludarlo en uni\u00f3n su familia de participarle que le interesa mucho venir al pueblo cuanto antes mejor. Memoria a la familia, su seguro servidor y amigo que le desea salud. Estran\u00f3n Gonz\u00e1lez<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi deletreando termin\u00f3 de leer aquella carta. Era extra\u00f1o; precisamente esa misma semana tuviera un altercado con el general Estran\u00f3n, quien desde su nombramiento de Jefe Civil no hizo m\u00e1s que hostilizarlo; ya por el deg\u00fcello de ganado vacuno, ya encubriendo feos abigeatos, bien atendido a chismes de colindantes que acusaban al viejo Criso de parar rodeos en sabanas ajenas. Y ahora le escrib\u00eda de aquel modo\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Mire, comadre! <\/p>\n\n\n\n<p>La vieja Dolores respondi\u00f3 desde la cocina; con su paso afanado atraves\u00f3 el corredor para ir a ver\u2026 Tambi\u00e9n a ella le extra\u00f1aba el papel. Juan Garc\u00eda interrogaba a Chamizas. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero, bueno, \u00bfno fuiste al pueblo? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gua s\u00ed, pero hoy el general Estran\u00f3n me despach\u00f3 con una carta dici\u00e9ndome que era cosa de apuro. <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, seguramente era cosa de apuro. Don Criso mand\u00f3 a ensillar la mula y resolvi\u00f3 que le acompa\u00f1ara Juan Garc\u00eda con el g\u00fcinche. En aquellas disposiciones para atender al llamado amistoso de una autoridad civil, surg\u00eda la profunda desconfianza de las clases trabajadoras. Ya para montar le advirti\u00f3 a la vieja: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esas muchachas que se le pasan ahora en la sabana! <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Fueron a la laguna a ba\u00f1arse. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que ya tienen m\u00e1s tiempo del necesario. M\u00e1ndelas a buscar. <\/p>\n\n\n\n<p>Fue su despedida. Al pasitrote, seguido del mayordomo que llevaba atravesado un winchester en el arz\u00f3n delantero, cogieron el camino del pueblo. El viejo pensaba muy preocupado en aquella llamada. \u00bfSer\u00eda un lazo para arrancarle algo? Le ten\u00edan seco: no s\u00f3lo era el gasto de la casa cada vez mayor, a pesar de haber reducido la familia al hato, alquilando el viejo caser\u00f3n de los G\u00e1rate, el m\u00e1s grande de San Diego; no<br>s\u00f3lo era su hermano Juan Antonio que le deb\u00eda ya como siete mil pesos de pr\u00e9stamos para sostenerse en Caracas, para ir a hablar con Crespo, para llevar la se\u00f1ora a Macuto; tambi\u00e9n el tal Estran\u00f3n, antiguo pe\u00f3n sabanero de los G\u00e1rate, se le tiraba encima; tambi\u00e9n, el hijo de peones, el v\u00e1stago de muchos siervos que encontraron pan y abrigo y protecci\u00f3n en la tierra sus mayores, ca\u00eda \u00e1vidamente sobre \u00e9l, cumpliendo as\u00ed una sorda e inexplicable revancha de una clase h\u00edbrida y ladronesca hacia otra que defiende la propia fortuna, atrincherada en la docena de vagas ideas conservadoras. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero cualesquiera que fueran las intenciones de Estran\u00f3n, \u00e9l estaba resuelto a no dejarse fregar m\u00e1s\u2026 \u00a1No, imposible, estaba resuelto! <\/p>\n\n\n\n<p>Del hato al pueblo era asunto de legua y media largas. Se atravesaba un banco de sabana taraceado de palmas y chapa, luego el monte del r\u00edo serpeado por un camino abierto a hacha y machete. Pasando el Guara, a cuatro o seis cuadras, sobre una ladera de tierra rojiza, trepaba el caser\u00edo. Chozas cobijadas con palma y una que otra casona destartalada; la la de una sola nave; las pulper\u00edas donde se expende queso, c\u00e1psulas de rev\u00f3lver, zaraza y mantequilla; la Jefatura CiviI con su mesa coja, un escaparate viejo en cuyas hojas se juntan recortes con el retrato de la secuestrada de Poitiers y el general Crespo; dos <em>cubanos<\/em> echados a perder en un rinc\u00f3n y el Secretario que eternamente, desde que San Diego fue creado Municipio \u00aben virtud de su notable adelanto, etc\u2026\u00bb, rasgu\u00f1a sobre el mismo papel florete, al pie de los EE. UU. s\u00edrvase pasar en el t\u00e9rmino de la distancia etc. <\/p>\n\n\n\n<p>Bajo el sol t\u00f3rrido, al mediod\u00eda, el suelo calcinado, los techos pajizos, los \u00e1rboles de verdor met\u00e1lico, las aguas perezosas del r\u00edo, casi estancadas, dan de s\u00ed una modorra tan intensa que el \u00e1nimo desfallece en quietudes absurdas; la vida parece que se exprime en lo alto del fastidio como un trapo puesto a secar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero don Criso y su mayordomo, preocupados por otro g\u00e9nero de ideas, marchaban al pasitrote sin cuidarse de aquella atm\u00f3sfera de fuego que resquebrajaba los guijarros en los senderos. Y ya entrando a San Diego se vinieron a dar cuenta del camino recorrido. <\/p>\n\n\n\n<p>Muy sorprendidos, subiendo la cuesta por el atajo del Cementerio, vieron un grupo que parec\u00eda se\u00f1alarlos gritando: \u00a1Ah\u00ed viene! \u00a1Ah\u00ed est\u00e1! <\/p>\n\n\n\n<p>Y de s\u00fabito el maestro Anselmo con su viol\u00edn, Pedrito con el requinto y el negro Cleofe rasgando un cuatro, atacaron el Himno Nacional. Tres cohetes de a cuartillo reventaron en el aire espantando las bestias que paraban la oreja al <em>Gloria al bravo pueblo<\/em>\u2026. Y Estran\u00f3n, adelant\u00e1ndose grit\u00f3 de voz en cuello:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Viva el doctor Juan Antonio G\u00e1rate! \u00a1Viva el Gran Partido Liberal! \u00a1Viva el Presidente de la Rep\u00fablica! <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Vivaaal <\/p>\n\n\n\n<p>Y dos cohetes m\u00e1s reventaron opacamente. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00e9 nueva varilla ser\u00e1 \u00e9sta \u2014murmuraba el viejo malhumorado por aquello del gran partido. <\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Estran\u00f3n se adelant\u00f3 para saludarlo. Los hizo apear con suma amabilidad: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Coja esas bestias \u2014le orden\u00f3 al polic\u00eda de la Jefatura \u2014, b\u00e1\u00f1elas y acom\u00f3delas en el pesebre de la botica, de orden superior. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nosotros nos vamos ya \u2014se excus\u00f3 don Criso\u2014, tenemos qu\u00e9 hacer en el hato; estamos herrando\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, se\u00f1or, \u00a1c\u00f3mo van a irse!, \u00a1ya tengo un sancocho de Gallina especial! <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que.. -y el viejo se rasc\u00f3 maliciosamente detr\u00e1s de la oreja. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada: es para ust\u00e9 el obsequio; no puede despreciarnos. All\u00e1 le daremos la noticia! <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfUna noticia? y \u00bfcu\u00e1l podr\u00eda ser? <em>Necesito doscientas vacas paridas<\/em>, o bien <em>el gobierno cuenta con seis arrobas de queso<\/em>. \u00a1As\u00ed eran todas las buenas noticias que de cuatro a\u00f1os a esa parte le ven\u00edan dando! Sin embargo, hab\u00eda tal halago en el Jefe Civil, ve\u00edale tan respetuosamente el Secretario, le miraban sonre\u00eddos de tal modo los dem\u00e1s, que temiendo una broma pesada el viejo se vio, no fuera a estar desabotonado y le dijo al mayordomo en voz baja: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1M\u00edrame la espalda, no vayan estos carrizos a haberme puesto un mu\u00f1eco! <\/p>\n\n\n\n<p>Y la desconfianza del viejo comenz\u00f3 a ceder, cuando instalados a la mesa, frente a un almuerzo groseramente abundante hallacas y perniles de marrano y un costillar ensartado en un palo iba de comensal a comensal para que cortaran su costilla, se le coloc\u00f3 en puesto de cabecera y oy\u00f3 el discurso que le dirigi\u00f3 el Secretario a nombre del Municipio San Diego de Guara, \u00abeste heroico Municipio que dio m\u00e1s de un h\u00e9roe a nuestra Magna Lucha\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Andrade hab\u00eda nombrado nuevo Ministerio; en el Fomento aparec\u00eda el ciudadano doctor Juan Antonio G\u00e1rate. Una reminiscencia de la infancia lejana, el recuerdo de los G\u00e1rate, don Juan Antonio, seco, avellanado, duro de modales y de palabras, generoso en acciones de valor cuando a las \u00f3rdenes de Facundo Carnero alanceaba destacamentos federales; do\u00f1a Margarita, ya avejentada, pero tan llena de bondades, con una severidad que desbordaba en afecto y buenos consejos\u2026 Todav\u00eda anciana, \u00e9l se acordaba de las manos lind\u00edsimas de su madre. <\/p>\n\n\n\n<p>Don Criso recordaba tambi\u00e9n a su hermano, siempre en los estudios, el brillo de la casa, el porvenir de la familia, porque \u00e9l apenas pod\u00eda preciarse orgullosamente en las discusiones pol\u00edticas, sustentando alguna opini\u00f3n \u00abeso dice mi hermano Juan Antonio, porque yo no soy m\u00e1s que buen pe\u00f3n\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando las exigencias del hermano brillante preocupaban su econom\u00eda, sacando sus cuentas rudimentarias de lo suplido al hato por Sanoja &amp; Gonz\u00e1lez, y las cuenta-ventas de ganado y el producto de la quesera, ca\u00eda siempre de entre aquellos papeles el recorte que \u00e9l conservaba de un peri\u00f3dico <em>Auras del Guara<\/em>, donde Juan Antonio a los catorce a\u00f1os asombr\u00f3 al pueblo con un escrito en el cual interrogaba a Dios sobre la existencia de los curas y llamaba a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo <em>dulce bohemio de Galilea<\/em>. Aquello dividi\u00f3 la opini\u00f3n. En la botica hubo discusiones violent\u00edsimas; el domingo siguiente el cura no abri\u00f3 la iglesia; los hombres se indignaron; las vecinas se dec\u00edan compadecidas: <em>\u00a1La pobre misia Margarita, c\u00f3mo ser\u00eda para ella esto si estuviera viva, manto! \u00a1salirle un hijo mas\u00f3n\u2026! <\/em>A pesar de ir contra sus ideas m\u00e1s queridas, don Criso, ante aquellos recuerdos, terminaba por exclamar: \u00abNo trabaje, \u00a1ese muchacho ten\u00eda talento desde chiquito!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Fue un talento alimentado con lo mejor de la herencia paterna. Cris\u00f3stomo pose\u00eda el car\u00e1cter rudo y tenaz de su padre; desdobl\u00f3 el coraje del viejo Juan Antonio en peque\u00f1as y valerosas energ\u00edas trabajadoras. El otro hermano, mimado por do\u00f1a Margarita, hered\u00f3 junto con su aire afable un genio vivo, un gusto muy fuera del ambiente familiar, una especie de anhelo por librar su vida de aquel vivir de la madre, tan ajeno a su temperamento, consumiendo a\u00f1os de delicadeza y de inteligencia en un medio reducido, brutal, castigado de sol y de fiebre. Muri\u00f3, una noche, sola en la fundaci\u00f3n. Su marido y el hijo mayor andaban en la guerra, huyendo. Sola con Juan Antonio, que apenas ten\u00eda dieciocho meses, agoniz\u00f3 estrech\u00e1ndolo contra s\u00ed, comunic\u00e1ndole en aquella despedida muda la angustia del llano y de la soledad\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Convencido por los telegramas que le presentaron, algunos dirigidos a \u00e9l mismo, y m\u00e1s a\u00fan por las afabilidades del cura que en aquel momento entr\u00f3, entre grandes exclamaciones, el viejo Criso sinti\u00f3 que sus ojos se humedec\u00edan y que como reto\u00f1o nuevo despu\u00e9s de las candelas veraniegas, surg\u00eda en su coraz\u00f3n ese cari\u00f1o protector del hermano que nace primero. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Vaya, pues me alegro! \u2014y sonri\u00f3 por primera vez. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El general Andrade no ha hecho sino justicia \u2014dec\u00eda el padre Fuentes Pereira, arrancando a diente limpio un filamento de carne\u2014; ver\u00e1 ust\u00e9 c\u00f3mo el Se\u00f1or le ayuda en sus necesidades. Yo lo he recordado mucho en el Santo Sacrificio de la la Misa&#8230; \u2014escupi\u00f3 un hueso y agreg\u00f3\u2014 porque el doctor merece eso y mucho m\u00e1s\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>La ebriedad vaga comenzaba a apoderarse de Estran\u00f3n; comprendi\u00f3 que deb\u00eda decir algo afectuoso, algo pol\u00edtico, y prorrumpi\u00f3 dando un golpe en la mesa, quit\u00e1ndole la palabra al Cura: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No venga con eso, \u00a1\u00e9se es un palo de hombre; por eso estamos nosotros que lo acompa\u00f1amos hasta donde sea lo, hasta donde mono no carga su hijo!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Deo volente<\/em>\u2014 observ\u00f3 el Cura\u2014; eso no ser\u00e1 preciso, caramba \u00a1yo estoy alegre, cr\u00e9alo usted, yo estoy alegre! \u2014Y vaci\u00f3 un vaso de cerveza, sin secarse la espuma que le manchaba el rostro ya barbudo; a\u00f1adi\u00f3 todav\u00eda: \u2014Ahora s\u00ed le hacemos el frontis a la iglesia y su nicho para San Isidro, que usted sabe, don Cris\u00f3stomo, que es el santo que le tiene m\u00e1s cari\u00f1o a los G\u00e1rate. Cuando el general G\u00e1rate vino aqu\u00ed mal herido, despu\u00e9s de Copl\u00e9&#8230; Comenz\u00f3 una larga historia donde San Isidro salvaba de la muerte, de la ruina, de las culebras y de los malos panas a muchas generaciones de G\u00e1rates. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Al regreso, en un pedazo del camino, le acompa\u00f1aron el Jefe Civil, el Cura, el Maestro de escuela Bachiller Mart\u00ednez Mart\u00ednez, don Agapito Brizuela, Agente de Papel Sellado, y varios m\u00e1s&#8230; Hubo empe\u00f1os porque se trajera la familia del hato; ya las muchachas estaban grandes, aqu\u00e9lla no era vida para ellas en aquel monte; hubo ofertas de toda \u00edndole. <\/p>\n\n\n\n<p>Al pisar el plan de la Quebrada del Muerto se despidieron todos. Eran una mancha a los lejos cuando el viejo volvi\u00e9ndose en la silla exclam\u00f3 se\u00f1al\u00e1ndoselos al mayordomo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa ves toda esa gente?, esos son los amarillos&#8230; \u00a1Siempre nos cargan con la soga a rastras! <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Entraban al patio de la casa, recibidos con el eterno regocijo de los perros, cuando sobre la laguna espaldera se pon\u00eda el sol; un poniente muy rojo, como sangre fresca que salpicaba las hojas, tend\u00eda por la sabana l\u00edneas viol\u00e1ceas, estiraba cintas de grana sobre el paisaje oscuro reflejado en las aguas; y ascendiendo en matices, o romp\u00edase en una claridad amarillenta o se retiraba a zonas luminosas tras pedazos de un azul ultramar que evoca los crep\u00fasculos de largas navegaciones&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p>A esa hora, en los hatos, el regreso de peones y de animales adquiere una lentitud de llegada que contrasta con el movimiento interior: ya no es la calma pesada de la can\u00edcula que achaparra el panorama y retuesta los cueros estacados en el patio, ni los movimientos vagos de las gentes que trajinan descolgando chinchorros y trayendo bestias a ensillar en la penumbra de la madrugada; ahora chisporrotea el fuego de los fogones, zumba sordamente el pil\u00f3n y hay sogas que arrastran, animales que se encabritan, razones absurdas de reses halladas no s\u00e9 d\u00f3nde, y un cantar y un silbido mon\u00f3tono de golpes bailados en pasadas parrandas, y a veces un grito aislado, y en otras el silencio de la sabana queda como esperando nuevos ruidos. <\/p>\n\n\n\n<p>En la mesa les refiri\u00f3 cuanto hab\u00eda sucedido, no sin olvidar una reprimenda por aquel continuo estarse en la sabana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y se los he dicho; \u00a1ahora que hay tamo zorro con peste&#8230;!<\/p>\n\n\n\n<p>A la mesa r\u00fastica la vieja Dolores, con sus eternas hojas de naranja en las sienes; los dos lindos semblantes de las muchachas cuyos labios manchaba la espuma de la leche reci\u00e9n orde\u00f1ada, ocultando la risa tras las escudillas de loza. Pero la reprimenda continuaba. No eran como la madre, \u00abque ella s\u00ed hac\u00eda oficio&#8230; o estaban dando brincos como chivos, o dando carreras en los burros del trabajo, o mont\u00e1ndose en los palos para coger matajeyes\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>La mayor, Mar\u00eda de Jes\u00fas, se excusaba al fin refunfu\u00f1ando: \u00abqui\u00e9n es la que hace todo cuando ust\u00e9 no est\u00e1 aqu\u00ed\u00bb; que saliera a caminar porque no hallaba qu\u00e9 hacer, eso no ten\u00eda nada de malo, la que se encaramaba en las matas era C\u00e1ndida Rosa y ella la que la convidaba a ir a la laguna. <\/p>\n\n\n\n<p>Y como la rega\u00f1ara, \u00e9sta se vino hacia \u00e9l, le ech\u00f3 los brazos por el cuello y lo fue contentando con razones improvisadas: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed fuimos a ba\u00f1arnos, pero Chucha me meti\u00f3 miedo porque y que sal\u00edan babas, que ella las hab\u00eda visto; por fin ella fue la que se ba\u00f1\u00f3. Nos dilatamos por eso, viejito bravo, nos dilatamos por eso\u2026 \u2014Y le tiraba de una gu\u00eda del cano bigote, y le abotonaba la blusa y por \u00faltimo se le sent\u00f3 en las piernas. Pero el viejo haci\u00e9ndose todav\u00eda el amostazado, le plant\u00f3 en el suelo: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Siga as\u00ed y no coja juicio; que yo le voy a hacer perder los brincos\u2026! <\/p>\n\n\n\n<p>Poni\u00e9ndose colorada le sirvi\u00f3 el caf\u00e9, muy seria. Tan seria que por fin el padre la cogi\u00f3 de una oreja jugando. La vieja Dolores le hizo cargos: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya ve, compadre, que ust\u00e9 tiene la culpa para que ma\u00f1ana no me la eche a m\u00ed; si sus muchachas le salen como le salen es porque ust\u00e9 las consiente. Ah\u00ed estuvieron; dos veces mand\u00e9 a Chamizas para que les gritara que se vinieran despu\u00e9s que ustedes se fueron, y ahorita, un poquito antes de ust\u00e9 llegar, fue que me hicieron caso. <\/p>\n\n\n\n<p>Iba \u00e9l a disculparlas, pero las dos protestaron vivamente; empezaron a rega\u00f1ar con la vieja. Por cambiar de conversaci\u00f3n, les dijo que se prepararan para irse, que se las llevaba para el pueblo\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Animadamente, con la viveza de un deseo muchas veces manifestado, acogieron la idea. Sobre todo Chucha, quien declar\u00f3 que ellas se iban a morir metidas en aquel monte, que ella no se iba a ocupar m\u00e1s de peones ni de nada porque hasta cu\u00e1ndo iban a estar enterradas all\u00ed. Hablaba con esa autoridad que adquieren los primog\u00e9nitos a costa de las peque\u00f1as y cari\u00f1osas claudicaciones de la familia. Tras las facciones juveniles, se acentuaban los rasgos graves de su padre, y la mirada los ojos pardos, grandes, muy ovalados, a veces ten\u00eda la fijeza imperativa de los ojillos grises del viejo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edas despu\u00e9s se trasladaron al pueblo. Una madrugada fr\u00eda; el ciclo se aclaraba en un reflejo amarillo, leve; los bueyes de la carreta rozaban con el hocico bajo las hierbas, y de la costa del r\u00edo, las chenchenas daban un canto que cruj\u00eda como madera seca\u2026 De tiempo en tiempo, por entre dos matas lejanas, un venado hu\u00eda a todo correr.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pocaterra-jose-rafael\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra Cap\u00edtulo I \u2014\u00a1No, no es Chamizas! Y don Cris\u00f3stomo se quit\u00f3 de sobre las cejas la mano que le serv\u00eda de pantalla. En cambio Juan Garc\u00eda porfiaba: \u2014F\u00edjese bien; agu\u00e1itele la cobija que carga lo colorao pa juera, \u00bfno est\u00e1 viendo el caballo zaino barrig\u00f3n? Por el camino, en lo alto de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13147,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13146"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13146"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13146\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13150,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13146\/revisions\/13150"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13147"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13146"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13146"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13146"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}