{"id":13075,"date":"2023-09-03T23:59:00","date_gmt":"2023-09-03T23:59:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13075"},"modified":"2024-09-04T00:15:19","modified_gmt":"2024-09-04T00:15:19","slug":"ciudad-vagabunda-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ciudad-vagabunda-seleccion\/","title":{"rendered":"Ciudad vagabunda (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Federico Vegas<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Una historia de la mentira<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi primera visi\u00f3n de la mentira se basa en la sencilla clasificaci\u00f3n de mi T\u00eda Antonia: \u201cLas mentiras se dividen en blancas, grises y negras. Las blancas son mentiras que ni favorecen al que las cuenta ni perjudican a terceros; las grises son mentiras que nos favorecen y son pecado venial; las negras son aquellas que perjudican al pr\u00f3jimo y son pecado mortal\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En uno de los cap\u00edtulos m\u00e1s interesantes de la novela de Mark Twain,&nbsp;<em>Las aventuras de Tom Sawyer<\/em>, le encargan a Tom que pinte de blanco una larga cerca, la peor tarea que se le puede pedir a un ni\u00f1o un s\u00e1bado por la ma\u00f1ana. Mientras Tom est\u00e1 trabajando se aproxima otro ni\u00f1o. Apenas Tom lo ve llegar quita su cara y pose de fastidio, y comienza a manejar la brocha con ademanes de artista. El ni\u00f1o le pide a Tom que lo deje pintar un poco, pero Tom se niega: \u201csi fuera la cerca de atr\u00e1s no importar\u00eda pero \u00e9sta es la que da a la calle y debe ser pintada con sumo cuidado\u201d. El ni\u00f1o le ofrece a Tom su manzana si lo deja pintar tan solo un metro. Luego van llegando otros ni\u00f1os que tambi\u00e9n quieren pintar. Al final la cerca tiene tres manos de pintura y Tom ha recibido 20 metras, un soldado de plomo y otros tesoros propios de esa edad maravillosa. Mark Twain resume: \u201cSi no se le hubiese acabado la pintura, Tom habr\u00eda dejado en bancarrota a todos los ni\u00f1os del pueblo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo clasificar esta historia seg\u00fan el c\u00f3digo de mi T\u00eda Antonia? Ciertamente Tom obtuvo un provecho utilizando a su pr\u00f3jimo, pero \u00bfminti\u00f3 para lograrlo? Y, por otro lado, \u00bfrealmente perjudic\u00f3 a sus amigos?<\/p>\n\n\n\n<p>Tom hab\u00eda descubierto una verdad que Mark Twain resume de la manera siguiente: \u201cEl trabajo es aquello que estamos obligados a hacer. El juego es aquello que no estamos obligados a hacer\u201d. Para poner en pr\u00e1ctica esta verdad, Tom ten\u00eda que actuar y convertir el trabajo en juego, de manera que sus amigos se convirtieran, no en v\u00edctimas, sino en actores que desconoc\u00edan su verdadero papel.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas aventuras de Tom Sawyer nos obliga a pensar m\u00e1s en el mentir que en la mentira, en el acto m\u00e1s que en el hecho. Esto es lo que propone Jaques Derrida en su libro&nbsp;<em>Historia de la mentira<\/em>. Derrida basa sus argumentos en la legendaria m\u00e1xima de San Agust\u00edn:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p><em>&#8230; no se miente al enunciar una aserci\u00f3n falsa que uno cree verdadera; se miente enunciando una aserci\u00f3n verdadera que uno cree falsa. De manera, pues, que es por la intenci\u00f3n como hay que juzgar la moralidad de los actos.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Es cierto lo que propone San Agust\u00edn, pero se est\u00e1 refiriendo s\u00f3lo al posible mentiroso, \u00bfqu\u00e9 pasa con su auditorio? \u00bfQu\u00e9 resulta m\u00e1s grave, recibir aserciones falsas expuestas con intenciones verdaderas, o recibir verdades expuestas con intenciones falsas? Estas preguntas son relevantes en un mundo que da bandazos entre ambas posibilidades, un mundo donde las mentiras siempre han sido consideradas como herramientas intr\u00ednsecas, no s\u00f3lo del oficio del pol\u00edtico o del demagogo, sino tambi\u00e9n del hombre de Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Kant el asunto es transparente: la mentira no necesita de la cl\u00e1usula seg\u00fan la cual deber\u00eda perjudicar a otro, \u201cpues siempre perjudica a otro; aunque no fuera a otro hombre, s\u00ed a la humanidad en general, ya que descalifica a la fuente del derecho\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre de Estado suele quedar mal plantado ante los requerimientos sagrados que exigen las fuentes del derecho. Tanto \u00e9l, como los ciudadanos a quienes se dirige, enfrentan una posibilidad terrible, algo que Derrida llama la \u201cdimensi\u00f3n realizativa\u201d. En esta dimensi\u00f3n la capacidad de interpretar lo cierto o falso de una supuesta verdad, es rebasada por la necesidad de realizarla, de llevarla cabo. Es as\u00ed como el acto, sin que importe el que sea cierto o falso, se convierte en una verdad consumada.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta opci\u00f3n la manejan bien los reg\u00edmenes totalitarios. Derrida cita un p\u00e1rrafo del libro de Alexandre Koyre,&nbsp;<em>La funci\u00f3n pol\u00edtica de la mentira moderna<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p><em>Los fil\u00f3sofos de los reg\u00edmenes totalitarios niegan el valor propio del pensamiento que, para ellos, no es luz sino un arma. Su finalidad, su funci\u00f3n, nos dicen, no es revelarnos lo real, es decir lo que es, sino ayudarnos a modificarlo, a transformarlo gui\u00e1ndonos hacia lo que no es.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Es injusto limitar esta disposici\u00f3n, modificar m\u00e1s que a revelar, s\u00f3lo a los reg\u00edmenes totalitarios. Pareciera m\u00e1s bien que es una caracter\u00edstica de toda acci\u00f3n pol\u00edtica. Arendt va m\u00e1s all\u00e1, ella dice que la imaginaci\u00f3n ser\u00eda la ra\u00edz com\u00fan de la capacidad de mentir y de la capacidad de actuar, pues existe una \u201cinnegable afinidad de la mentira con la acci\u00f3n, con el cambio del mundo, en s\u00edntesis, con la pol\u00edtica\u201d. \u201cEl mentiroso no tiene que hacer grandes esfuerzos para aparecer en la escena pol\u00edtica, cuenta con la gran ventaja de estar siempre ya en medio de ella. Es un actor por naturaleza; dice lo que no es porque quiere que las cosas sean diferentes a lo que son, es decir, quiere cambiar el mundo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Derrida, Arendt sostiene con esta tesis que no existir\u00eda una historia pol\u00edtica sin la posibilidad de mentir, parte important\u00edsima de la libertad, de la acci\u00f3n y, por supuesto, de la imaginaci\u00f3n. Esto nos regresa al problema del auditorio, de c\u00f3mo deben reaccionar o prepararse los receptores de tanta acci\u00f3n e imaginaci\u00f3n pol\u00edtica; y m\u00e1s crucial a\u00fan, c\u00f3mo enfrentar las verdades de hecho, las verdades impuestas a trav\u00e9s de su realizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Propongo retornar a los cuentos infantiles, en este caso, a una adivinanza. Venimos por un camino y llegamos a un puente que luce muy fr\u00e1gil. En la entrada del puente hay dos hombres, uno que dice siempre la verdad y otro que dice siempre la mentira. \u00bfC\u00f3mo hacemos para saber si el puente es transitable? \u00bfA cu\u00e1l de los dos preguntamos? La soluci\u00f3n es sencilla, le preguntamos a uno cualquiera de los dos hombres:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si le pregunto a t\u00fa vecino si el puente resistir\u00e1 \u00bfQu\u00e9 me ha de responder?<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquiera sea la respuesta siempre ser\u00e1 una mentira, o bien le habremos preguntado al mentiroso y \u00e9ste transformar\u00e1 la verdad en mentira, o le habremos preguntado a quien dice la verdad y este trasmitir\u00e1 intacta la respuesta de quien miente. En el caso de que cualquiera de los dos responda \u201cs\u00ed\u201d, significa que el puente no resiste, y viceversa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la moraleja? Si hacemos del puente una met\u00e1fora de la pol\u00edtica y de la necesidad de elegir ante las ofertas que se nos hacen, podemos llegar a una primera conclusi\u00f3n: es m\u00e1s factible encontrar a la entrada del puente estos opuestos, que encontrar a un hombre que siempre miente, o a uno que siempre diga la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Me refiero no s\u00f3lo a que en la vida uno suele decidir en condiciones similares a las del puente, sino, incluso, a que es mejor la posibilidad de esta duda, de este enfrentamiento, de esta autorregulaci\u00f3n, de este circuito que pasa por la verdad y la mentira para obtener alg\u00fan tipo de certeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ser\u00eda el punto que debemos agregar a la tesis de Arendt. Derrida le critica su indefectible optimismo por creer ciegamente que la verdad, a la larga, tiene su estabilidad asegurada; yo me atrevo a agregar que tanto este optimismo como esta estabilidad requieren, para subsistir, de la participaci\u00f3n de aquel a quien se dice una supuesta verdad o una supuesta mentira, me refiero al personaje que debe hacer una pregunta antes de cruzar el puente.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de la pol\u00edtica parece siempre olvidarse del receptor. Cuando Arendt se refiere al hombre que aparece en la escena pol\u00edtica, nos est\u00e1 hablando de quien est\u00e1 por ser elegido, no de quien elige, pieza indispensable de esta funci\u00f3n. Por ejemplo, en Venezuela se habla de la decadencia y corrupci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos como causa de la falta de fe y participaci\u00f3n de los electores, pero muy poco se examina la posibilidad inversa, que los partidos se corrompan por la falta de fe y participaci\u00f3n de los ciudadanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el enga\u00f1o toda la culpa recae siempre en el que miente. Ninguna responsabilidad se achaca a quien llega a aceptar la m\u00e1s negra de las mentiras, a quien acepta ser enga\u00f1ado y perjudicado para favorecer las aspiraciones de su pr\u00f3jimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan esto, y volviendo al puente y a quienes lo cruzan, la met\u00e1fora tambi\u00e9n puede tener sugerencias m\u00e1s directas: no importa cual sea la combinaci\u00f3n, el resultado siempre ser\u00e1 una mentira. S\u00f3lo quedan nuestras dudas como \u00fanico refugio verdadero, optimista y libre, como fuente del derecho y, en definitiva, como alimento de una genuina reacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Seis tipos de amor y de odio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Andr\u00e9s Eloy Blanco nos dice en su m\u00e1s bello poema: \u201cCuando se tiene un hijo, se tiene al de la casa y al de la calle entera\u201d. En las siguientes estrofas esa capacidad inevitable de amar va en aumento: \u201cCuando se tienen dos hijos se tienen todos los hijos de la tierra\u201d.<\/em> <em>Y, como era de esperarse, aparece una consecuencia dolorosa:<\/em> <em>\u201cCuando se tienen dos hijos se tiene todo el miedo del planeta\u201d.<\/em> <em>Esta visi\u00f3n ineludible y expansiva del amor me ha obligado a pensar en los sentimientos que unen y desunen a los venezolanos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El odio es una sustancia tan oscura y dif\u00edcil de entender. Existen el amado y el amante, incluso el amador; pero no el \u201codiante\u201d ni el \u201codiador\u201d, s\u00f3lo el odioso y el odiado. Pareciera que nos resisti\u00e9ramos a reconocerle al odio su condici\u00f3n transitiva, activa, rec\u00edproca; quiz\u00e1s porque es una fuerza a\u00fan m\u00e1s reconcentrada y solitaria que el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Para entender la fisiolog\u00eda del amor viene bien compararlo con la amistad. El amor es una amistad con momentos er\u00f3ticos, dice Antonio Gala. Lo que equivale a decir que la amistad es un amor sin erotismo. Una diferencia fundamental entre la amistad y el amor es que \u00e9ste es capaz de transitar en un solo sentido. Puede haber amor con un s\u00f3lo enamorado; en cambio, para una verdadera amistad, hacen falta dos amigos. Una de las m\u00e1s crueles y fascinantes particularidades del amor es subsistir sin ser correspondido.<\/p>\n\n\n\n<p>Igual cosa ocurre con el odio. Es que el amor y el odio se parecen tanto que a veces se topan, pero m\u00e1s por el rabo que por la boca. Si sus distintas actitudes fueran claras y definitivas todo ser\u00eda muy sencillo, pero sus diferencias son graduales y mutantes, plenas de giros, superposiciones, ambig\u00fcedades y hasta revolcones. Ambos tienen fuertes dosis de omnipresencia y son igual de on\u00edricos e irracionales. Ya lo dec\u00eda Racine: \u201cLa he amado demasiado para no odiarla\u201d. Ambos cargan tambi\u00e9n una misteriosa carga de placer que bien supo definir Longfellow: \u201cDespu\u00e9s del amor lo m\u00e1s dulce es el odio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ofrezco otras dos citas desconcertantes: \u201cNunca he odiado a un hombre tanto como para devolverle sus diamantes\u201d, confes\u00f3 Zsa Zsa Gabor; y mi favorita: \u201cDetesto todas las citas\u201d, de Ralph Waldo Emerson.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanta proximidad hace que este par de extremos a veces se diluyan uno en el otro. Al principio sutilmente, hasta que, de pronto, se hace evidente una absoluta transformaci\u00f3n e inversi\u00f3n en nuestros sentimientos. Ya lo dec\u00eda mi padre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando una mujer ama a un hombre, le perdona todos sus defectos, cuando no lo ama, no le perdona ni siquiera sus virtudes.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces el bondadoso se hace fatuo, pichirre el ahorrativo, afeminado el exquisito, payaso el divertido, trist\u00f3n el serio, interesado el simp\u00e1tico, empalagoso el amable, obsesivo el trabajador, hist\u00e9rico el detallista, adulador el atento, y hasta el buen amante se convierte en un enfermo sexual.<\/p>\n\n\n\n<p>El odio se opone al amor como la indiferencia a la amistad. Aunque es capaz de generar una evidente autodestrucci\u00f3n, no aparece entre los pecados capitales. Seg\u00fan Santo Tom\u00e1s de Aquino, el t\u00e9rmino \u201ccapital\u201d no se refiere a la magnitud del pecado sino a que \u201cda origen a muchos otros\u201d. Su definici\u00f3n es sugerente: \u201cUn vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable\u201d. En la ira, la envidia y la soberbia se percibe esa influencia de los deseos incumplidos o insatisfechos. El odio en cambio es m\u00e1s sordo y m\u00e1s ciego. Cicer\u00f3n piensa que el odio es una ira de estirpe m\u00e1s antigua, de m\u00e1s arraigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al considerar la triste paradoja que propone Benavente: \u201cm\u00e1s se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor\u201d, no he podido dejar de pensar en una secuencia de etapas que vaya de un extremo al otro. Ojal\u00e1 que nos sirva para encontrar ubicaci\u00f3n, o mejorar la que ya tenemos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando nos hace feliz la felicidad del otro, aunque implique nuestra propia desgracia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1n los que donan un ri\u00f1\u00f3n al hermano y algunos m\u00e1rtires, como los soldados que salen de sus trincheras a rescatar al amigo herido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando nos hace feliz la felicidad del otro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta posibilidad exige una ausencia total de envidia y es menos com\u00fan de lo que suponemos. A veces ni siquiera se da entre marido y mujer, y menos que nada en esas parejas que son m\u00e1s fieles que leales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando nos entristece la desgracia del otro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No siempre se da de una manera genuina, pues a veces la tristeza por la v\u00edctimas de una desgracia, suele ser menor que la satisfacci\u00f3n por no estar incluido. Pero es este sin duda el nivel de solidaridad m\u00e1s amplio, m\u00e1s com\u00fan, o la versi\u00f3n m\u00e1s econ\u00f3mica del amor.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando nos entristece la felicidad del otro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora s\u00ed empezamos a entrar en los tel\u00faricos terrenos del odio, pero a\u00fan no se terminan de llenar sus siniestros requisitos, y se est\u00e1 m\u00e1s cerca de la mezquindad y la envidia. Lo cierto es que a veces se conoce lo que es el desprecio m\u00e1s en los triunfos que en los fracasos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando nos alegra la desgracia del otro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed si hace falta odiar con verdaderas ganas, con fruici\u00f3n. Tambi\u00e9n se revela lo inconducente y estanco del odio, pues quien odia no desea ning\u00fan bien para s\u00ed, sino el mal para su pr\u00f3jimo. Y no quiero extenderme m\u00e1s en un sentimiento que me har\u00eda recordar, y quiz\u00e1s revelar por \u00f3smosis, lo peor de mi alma.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando nos alegra la desgracia del otro, aunque signifique nuestra propia desgracia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En esta etapa ya hemos pasado a la irracionalidad y entrado de lleno en nuestro gran deporte nacional. Curiosamente, donde m\u00e1s se da es entre seres que deber\u00edan amarse o ayudarse mutuamente: hermanos que pelean por herencias, socios por dominar la empresa, miembros de un mismo partido, ciudadanos de un mismo pa\u00eds. De manera que este odio ultra inveterado suele requerir que haya un inter\u00e9s com\u00fan como punto de partida.<\/p>\n\n\n\n<p>He escuchado muchas y crecientes maldiciones donde se desea una desgracia que perjudica incluso a quien maldice: \u201cQue el petr\u00f3leo caiga a 20 d\u00f3lares\u201d, \u201cQue se caiga otra vez el viaducto\u201d, y hasta que \u201cQue le secuestren los hijos a esos escu\u00e1lidos\u201d. Variantes que equivalen a decir: \u201cQue desaparezca la mitad de este pa\u00eds\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Este \u00faltimo sentimiento, ganador absoluto en la escala del odio y en la ausencia del amor, nos ha convertido en una patria donde nos alegramos con algunas desgracias y nos entristecemos con muchas alegr\u00edas. Venezuela se est\u00e1 convirtiendo en un coraz\u00f3n partido e incapaz de amar, en una fauna de odiantes y odiadores, disfrazados de enamorados fervientes, que intentan sobrevivir en un medio pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Herman<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ofrezco excusas a todos los detenidos que aguardan juicio despu\u00e9s del plazo que exige la ley, a todos los que han sido enjuiciados injustamente por motivos pol\u00edticos, y a todos los prisioneros que viven en condiciones indignas, por tratar en estas l\u00edneas s\u00f3lo el caso de Herman Sifontes. Sucede que la experiencia que aqu\u00ed voy a narrar tengo que centrarla en un \u00fanico amigo para poder explicar lo que siento.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Anoche so\u00f1\u00e9 con Herman Sifontes. Ten\u00eda tiempo pensando en escribirle y sent\u00ed que ven\u00eda a reclamarme por mi silencio. Aunque no la est\u00e1bamos pasando tan mal, pues camin\u00e1bamos por la calle hacia un restaurante, un grato evento cuando el amigo que nos acompa\u00f1a tiene m\u00e1s de dos a\u00f1os preso sin juicio ni sentencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no ten\u00eda muy claro a d\u00f3nde \u00edbamos, y en varios momentos estuve a punto de echar todo a perder y preguntarle: \u201cPero, \u00bft\u00fa no estabas preso?\u201d. No lo hice por tener esa permanente y on\u00edrica sospecha de que todo era un sue\u00f1o y no conven\u00eda averiguar mucho. Tambi\u00e9n recuerdo que and\u00e1bamos con bastante prisa. No es que estuvi\u00e9ramos huyendo, pero era algo muy parecido, como si alguien o algo nos estuviera siguiendo, acosando.<\/p>\n\n\n\n<p>En su autobiograf\u00eda,&nbsp;<em>Mi \u00faltimo suspiro,<\/em>&nbsp;Luis Bu\u00f1uel cuenta que despu\u00e9s de la muerte le gustar\u00eda poder levantarse cada diez a\u00f1os, llegar hasta un quiosco, comprar varios peri\u00f3dicos y regresar al cementerio para leer los desastres del mundo antes de volverse a dormir. Esa sensaci\u00f3n de vivir la imposible interrupci\u00f3n de una condena quiz\u00e1s puede definir la opresi\u00f3n que inundaba mi sue\u00f1o (a\u00fan no quiero llamarlo pesadilla), o la raz\u00f3n de tanta prisa: deb\u00edamos comer r\u00e1pido para que despu\u00e9s de un peque\u00f1o paseo por Caracas, Herman volviera a su encierro indefinido.<\/p>\n\n\n\n<p>Debe ser imposible acostumbrarse a estar encerrado. Lo imagino como una desubicaci\u00f3n continua que puede incluso volverse cr\u00f3nica, irreversible. Recuerdo un preso de G\u00f3mez a quien soltaron durante una amnist\u00eda. Cuando llega a su casa le preguntan qu\u00e9 era lo peor de La Rotunda y responde: \u201cUn sue\u00f1o que siempre se repet\u00eda: de pronto estaba libre y durmiendo aqu\u00ed, en esta misma casa. Entonces me despertaba y sufr\u00eda buscando una vela, porque el sue\u00f1o hab\u00eda sido tan real que no pod\u00eda creer que segu\u00eda metido en mi calabozo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sus pesadillas no hab\u00edan terminado: una vez que ya se encuentra en casa, comienza a despertarse a mitad de la noche so\u00f1ando que est\u00e1 de vuelta en el calabozo y se pone a pegar gritos pidiendo algo de luz. A la semana, la familia no aguanta m\u00e1s el esc\u00e1ndalo y lo mandan a dormir con cobija y almohada en uno de los bancos de la plaza Pante\u00f3n; as\u00ed, cada vez que despertara de su horrible pesadilla le bastar\u00eda con abrir los ojos para ver las estrellas y saber d\u00f3nde se encontraba.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera vez que visit\u00e9 a Herman lo ten\u00edan recluido en un s\u00f3tano. Yo me encontraba tan nervioso que destroc\u00e9 el \u00fanico mueble que hab\u00eda en su celda, una silla de pl\u00e1stico azul que luc\u00eda bastante consistente. No estoy tan gordo, as\u00ed que mi \u00fanica explicaci\u00f3n es que la tensi\u00f3n muscular tiene un insospechado peso espec\u00edfico, pues la silla pareci\u00f3 pulverizarse bajo mis asentaderas como atacada por un rayo c\u00f3smico. No result\u00f3 nada gracioso acabar con todo el mobiliario de mi amigo. Luego salimos a caminar por un pasillo y me se\u00f1al\u00f3 a uno de los jefes de la banda \u201cLos invisibles\u201d, quien manten\u00eda su invisibilidad pues lo recuerdo ingr\u00e1vido, como a punto de esfumarse. De hecho, una semana despu\u00e9s, se fug\u00f3 y no lo han vuelto a ver.<\/p>\n\n\n\n<p>Le dije a Herman que deber\u00eda escribir un diario, tomar notas de lo que me estaba contando para desarrollarlo despu\u00e9s. Supongo que ese es el evangelio de todo escritor para enfrentar dificultades tan graves: \u201cEscribe, que algo queda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema es que cada una de mis palabras ten\u00eda demasiado peso. El t\u00e9rmino \u201cdiario\u201d adquiere otro significado en la c\u00e1rcel, pues el d\u00eda se diferencia muy poco de la noche. O, al contrario, la diferencia es tan abismal que hablar de \u201cdiario\u201d suena tonto, banal, ante d\u00edas que parecen a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Peor a\u00fan result\u00f3 la palabra \u201cdespu\u00e9s\u201d: \u00bfDespu\u00e9s de qu\u00e9? \u00bfDespu\u00e9s de cu\u00e1ndo? Sobre todo ante un juicio que nunca parece llegar. Y la peor de las condenas es la que carece de juicio. Esta sola frase suena tan conclusiva. Decir \u201csin juicio\u201d es condenadamente parecido a decir \u201ccon locura\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando apenas comenzaban estos dos largos a\u00f1os, los amigos de Herman escribieron apoy\u00e1ndolo. Yo no lo hice. Siempre hay excusas para callarse. La m\u00eda consist\u00eda en evitar que lo convirtieran en una causa c\u00e9lebre. Era tan evidente el aire de circo, de propaganda pol\u00edtica, y tan distinto al proceder sereno de la justicia, que me dije: \u201cHay que evitar el ruido y concentrarse en los hechos jur\u00eddicos\u201d. Sent\u00eda que el hablar de sus cualidades enardecer\u00eda a la bota que aplasta su cuello.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si actu\u00e9 con la debida lealtad ante todo lo que debo agradecerle. Cuando se fund\u00f3 Relectura, le ped\u00ed que recibiera al grupo de j\u00f3venes escritores que la fundaron y les diera una mano. Lo hizo, pero lo que sorprendi\u00f3 a todos fue su inter\u00e9s y su participaci\u00f3n; parec\u00eda uno m\u00e1s del equipo, sugiriendo posibilidades y contactos con otras iniciativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Herman es el amigo ideal para compartir ideas. Cada vez que nos vemos le planteo un proyecto nuevo. El trabajo de escritor es muy aburrido, al menos la parte fisiol\u00f3gica del asunto, las horas sentado moviendo s\u00f3lo dos dedos. A veces me hace falta imaginar que voy a hacer videos, revistas, gu\u00edas de Caracas, y soy bastante bueno inventando ideas que luego no hago. Herman siempre se interesa, ofrece alternativas, y nunca me ha echado en cara la lista de proyectos que jam\u00e1s arrancaron. Con su entusiasmo me basta para volver a sentarme y escribir con los dos dedos de siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda vez que lo visit\u00e9 fue peor. Cre\u00ed que ya era un experto sumergi\u00e9ndome en la atm\u00f3sfera de una prisi\u00f3n, pero a los diez minutos tuve una crisis de angustia que no sent\u00eda desde que ten\u00eda 21 a\u00f1os y no sab\u00eda que diablos hacer con mi vida. Todo se debi\u00f3 a una sencilla pregunta: \u201c\u00bfSer\u00eda yo capaz de aguantar esto?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen en Carache que a todo se acostumbra el que vive, y hay una maldici\u00f3n jud\u00eda que va a\u00fan m\u00e1s all\u00e1: \u201cQue Dios te permita conocer cuanto eres capaz de sufrir\u201d. Esa ma\u00f1ana, mi tope parec\u00eda ser diez minutos luego de los cuales estuve a punto de gritar: \u201c\u00a1S\u00e1quenme de aqu\u00ed!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es complicado salir y entrar de una c\u00e1rcel, incluso para el visitante. Existe una hora de entrada y otra de salida, y yo estaba constatando mi debilidad absoluta: un terror creciente ante la posibilidad de quedarme hasta las doce del mediod\u00eda. Comenc\u00e9 a sudar tanto que Herman me pregunt\u00f3 qu\u00e9 me pasaba. \u00bfC\u00f3mo explicarle que no aguantaba m\u00e1s? Logr\u00e9 callarme y dej\u00e9 que los segundos y los minutos me ayudaran a asumir lo absurdo de estar en aquel limbo. Comprend\u00ed que mi ansiedad no se deb\u00eda a una postura intelectual o existencial, sino simplemente a mi condici\u00f3n animal. A los tigres los encierran en los parques para que no se coman a la gente, pero tambi\u00e9n encierran a los monos y a los p\u00e1jaros. \u00bfA qu\u00e9 especie pertenecemos Herman y yo?<\/p>\n\n\n\n<p>En estas b\u00fasquedas de un asidero ayuda mucho contar con un amigo, as\u00ed que, sin \u00e9l saberlo, era Herman quien me consolaba. Siempre nos ofrece su rostro m\u00e1s valeroso y evita hablar de las crisis, los desmadres, como cuando perdi\u00f3 catorce kilos en tres semanas y no ten\u00eda ganas ni de estar en pie. No le conviene abrir esos cap\u00edtulos de dolor ante sus visitantes, porque no est\u00e1 muy seguro de poder cerrarlos. Cuando se est\u00e1 hundido en esas oscuras atm\u00f3sferas hay que estar muy atento a las compuertas. Es como navegar en un submarino que podr\u00eda anegarse y hundirse hasta el fondo por culpa de una sola escotilla.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa segunda visita coincid\u00ed con su madre y su hermana, y pude darme cuenta de la vasta onda de amor y dolor que surge de un prisionero. La familia tambi\u00e9n se encuentra presa, encadenada a ese mismo lugar y varada en ese mismo tiempo. Mientras dura la visita, el cub\u00edculo se convierte en una met\u00e1fora extrema de la vida, pues est\u00e1 presente el cielo por tenerlas a su lado y el infierno de verlas sufrir al partir y dejarlo encerrado. En otra visita lo vi conversando con su esposa y sus hijos. Jam\u00e1s olvidar\u00e9 los abrazos de despedida. \u201cMirar\u201d en italiano puede traducirse como&nbsp;<em>Guardare<\/em>, el verbo ideal para definir las miradas que vi entre ellos, pues tambi\u00e9n abarca \u201ccontemplar\u201d, \u201cobservar\u201d, \u201cproteger\u201d, \u201cvelar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia, mucho m\u00e1s que la amistad, es capaz de crear un espacio aparte, una esfera dentro de la esfera, con sus propias alegr\u00edas y esas tristezas, que seg\u00fan Tolstoy, hacen la verdadera diferencia. Fugaces instantes van surgiendo en los que no existe el encierro, aunque pronto vuelva a resurgir con m\u00e1s fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente la calidez de ese n\u00facleo no sab\u00eda qu\u00e9 decir. Trato de hacerme el gracioso y cuento que un amigo prepar\u00f3 el s\u00e1bado un sancocho que parec\u00eda comida de preso. Todos se r\u00eden por cortes\u00eda y perdonan mi metida de pata, pero advierto de nuevo el terrible peso que tiene cada palabra, cada gesto. Cuando el tiempo y el espacio se condensan hacen que todo resulte inolvidable, intensamente significativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta condensaci\u00f3n se da en sentidos opuestos, pues cada vez hay menos espacio (la angustia tiende a angostar) y cada vez parece haber m\u00e1s tiempo. Es como si una fuerza maligna comprimiera una dimensi\u00f3n y estirara la otra sin ninguna compasi\u00f3n. El tiempo, a su vez, tambi\u00e9n obedece a dos tendencias, pues se va haciendo infinito y a la vez inexistente. Quiz\u00e1s por esta raz\u00f3n los d\u00edas han sido siempre representados en las paredes de las celdas como una serie de l\u00edneas tachadas por otra l\u00ednea igual de delgada, de imperceptible.<\/p>\n\n\n\n<p>Egon Schiele narr\u00f3 sus experiencias de cuando estuvo preso por acusaciones que luego carecieron de sustento. Para evitar volverse loco, se puso a pintar paisajes y rostros en las paredes de su celda humedeciendo el dedo en su saliva. Despu\u00e9s observaba c\u00f3mo poco a poco se iban secando las l\u00edneas, desapareciendo en las profundidades de las paredes, \u201ccomo borradas por una mano invisible, poderosa, m\u00e1gica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa sensaci\u00f3n de que una mano poderosa es capaz de borrar im\u00e1genes y esperanzas, me hizo pensar en esa otra mano, la que se jura todopoderosa y le niega la libertad y el juicio a Herman. Esa otra mano jura que el tiempo no tiene ning\u00fan valor, que es s\u00f3lo una l\u00ednea entre las manchas de una pared, y una vez que transcurren los dos a\u00f1os que la ley establece como l\u00edmite para enjuiciar a un prisionero, decide, como por arte de magia, repetir la dosis por dos a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos a\u00f1os es la medida que la humanidad ha establecido como el m\u00e1ximo que un ser humano puede resistir preso sin juicio y sin volverse loco. Es decir, antes de llegar al l\u00edmite en que estos tres estados se juntan en uno solo y ya no hay marcha atr\u00e1s. Entonces ni la raz\u00f3n ni la justicia pueden separar lo que se ha fundido en una sola y \u00fanica perversa realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cuento de Franz Kafka, \u201cAnte la ley\u201d, un hombre ha esperado toda la vida para cruzar una puerta y acceder a la justicia. Cuando est\u00e1 a punto de morir le pregunta al guardi\u00e1n que le ha impedido la entrada:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si todos se esfuerzan por llegar a la Ley, \u00bfc\u00f3mo es posible entonces que durante tantos a\u00f1os nadie m\u00e1s que yo pretendiera entrar?<\/p>\n\n\n\n<p>El guardi\u00e1n comprende que el hombre est\u00e1 por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al o\u00eddo con voz atronadora:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nadie pod\u00eda pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Al traspasar una puerta siempre estamos entrando y a la vez saliendo. Se puede entrar al exterior tanto como salir al interior. Al salir de la c\u00e1rcel despu\u00e9s de visitar a Herman todo ha cambiado, hasta la luz del sol luce distinta. Estoy entrando a una realidad opresiva, no por las mismas razones, pues hay m\u00e1s aire, m\u00e1s amplitud y m\u00e1s opciones, pero s\u00ed puedo asegurar que siento una carga interior ambigua, confusa, dolorosa, que parte de la pregunta: \u00bfen qu\u00e9 consiste ser libre?<\/p>\n\n\n\n<p>llegar. Y la peor de las condenas es la que carece de juicio. Esta sola frase suena tan conclusiva. Decir \u201csin juicio\u201d es condenadamente parecido a decir \u201ccon locura\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando apenas comenzaban estos dos largos a\u00f1os, los amigos de Herman escribieron apoy\u00e1ndolo. Yo no lo hice. Siempre hay excusas para callarse. La m\u00eda consist\u00eda en evitar que lo convirtieran en una causa c\u00e9lebre. Era tan evidente el aire de circo, de propaganda pol\u00edtica, y tan distinto al proceder sereno de la justicia, que me dije: \u201cHay que evitar el ruido y concentrarse en los hechos jur\u00eddicos\u201d. Sent\u00eda que el hablar de sus cualidades enardecer\u00eda a la bota que aplasta su cuello.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si actu\u00e9 con la debida lealtad ante todo lo que debo agradecerle. Cuando se fund\u00f3 Relectura, le ped\u00ed que recibiera al grupo de j\u00f3venes escritores que la fundaron y les diera una mano. Lo hizo, pero lo que sorprendi\u00f3 a todos fue su inter\u00e9s y su participaci\u00f3n; parec\u00eda uno m\u00e1s del equipo, sugiriendo posibilidades y contactos con otras iniciativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Herman es el amigo ideal para compartir ideas. Cada vez que nos vemos le planteo un proyecto nuevo. El trabajo de escritor es muy aburrido, al menos la parte fisiol\u00f3gica del asunto, las horas sentado moviendo s\u00f3lo dos dedos. A veces me hace falta imaginar que voy a hacer videos, revistas, gu\u00edas de Caracas, y soy bastante bueno inventando ideas que luego no hago. Herman siempre se interesa, ofrece alternativas, y nunca me ha echado en cara la lista de proyectos que jam\u00e1s arrancaron. Con su entusiasmo me basta para volver a sentarme y escribir con los dos dedos de siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda vez que lo visit\u00e9 fue peor. Cre\u00ed que ya era un experto sumergi\u00e9ndome en la atm\u00f3sfera de una prisi\u00f3n, pero a los diez minutos tuve una crisis de angustia que no sent\u00eda desde que ten\u00eda 21 a\u00f1os y no sab\u00eda que diablos hacer con mi vida. Todo se debi\u00f3 a una sencilla pregunta: \u201c\u00bfSer\u00eda yo capaz de aguantar esto?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen en Carache que a todo se acostumbra el que vive, y hay una maldici\u00f3n jud\u00eda que va a\u00fan m\u00e1s all\u00e1: \u201cQue Dios te permita conocer cuanto eres capaz de sufrir\u201d. Esa ma\u00f1ana, mi tope parec\u00eda ser diez minutos luego de los cuales estuve a punto de gritar: \u201c\u00a1S\u00e1quenme de aqu\u00ed!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es complicado salir y entrar de una c\u00e1rcel, incluso para el visitante. Existe una hora de entrada y otra de salida, y yo estaba constatando mi debilidad absoluta: un terror creciente ante la posibilidad de quedarme hasta las doce del mediod\u00eda. Comenc\u00e9 a sudar tanto que Herman me pregunt\u00f3 qu\u00e9 me pasaba. \u00bfC\u00f3mo explicarle que no aguantaba m\u00e1s? Logr\u00e9 callarme y dej\u00e9 que los segundos y los minutos me ayudaran a asumir lo absurdo de estar en aquel limbo. Comprend\u00ed que mi ansiedad no se deb\u00eda a una postura intelectual o existencial, sino simplemente a mi condici\u00f3n animal. A los tigres los encierran en los parques para que no se coman a la gente, pero tambi\u00e9n encierran a los monos y a los p\u00e1jaros. \u00bfA qu\u00e9 especie pertenecemos Herman y yo?<\/p>\n\n\n\n<p>En estas b\u00fasquedas de un asidero ayuda mucho contar con un amigo, as\u00ed que, sin \u00e9l saberlo, era Herman quien me consolaba. Siempre nos ofrece su rostro m\u00e1s valeroso y evita hablar de las crisis, los desmadres, como cuando perdi\u00f3 catorce kilos en tres semanas y no ten\u00eda ganas ni de estar en pie. No le conviene abrir esos cap\u00edtulos de dolor ante sus visitantes, porque no est\u00e1 muy seguro de poder cerrarlos. Cuando se est\u00e1 hundido en esas oscuras atm\u00f3sferas hay que estar muy atento a las compuertas. Es como navegar en un submarino que podr\u00eda anegarse y hundirse hasta el fondo por culpa de una sola escotilla.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa segunda visita coincid\u00ed con su madre y su hermana, y pude darme cuenta de la vasta onda de amor y dolor que surge de un prisionero. La familia tambi\u00e9n se encuentra presa, encadenada a ese mismo lugar y varada en ese mismo tiempo. Mientras dura la visita, el cub\u00edculo se convierte en una met\u00e1fora extrema de la vida, pues est\u00e1 presente el cielo por tenerlas a su lado y el infierno de verlas sufrir al partir y dejarlo encerrado. En otra visita lo vi conversando con su esposa y sus hijos. Jam\u00e1s olvidar\u00e9 los abrazos de despedida. \u201cMirar\u201d en italiano puede traducirse como Guardare, el verbo ideal para definir las miradas que vi entre ellos, pues tambi\u00e9n abarca \u201ccontemplar\u201d, \u201cobservar\u201d, \u201cproteger\u201d, \u201cvelar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La familia, mucho m\u00e1s que la amistad, es capaz de crear un espacio aparte, una esfera dentro de la esfera, con sus propias alegr\u00edas y esas tristezas, que seg\u00fan Tolstoy, hacen la verdadera diferencia. Fugaces instantes van surgiendo en los que no existe el encierro, aunque pronto vuelva a resurgir con m\u00e1s fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente la calidez de ese n\u00facleo no sab\u00eda qu\u00e9 decir. Trato de hacerme el gracioso y cuento que un amigo prepar\u00f3 el s\u00e1bado un sancocho que parec\u00eda comida de preso. Todos se r\u00eden por cortes\u00eda y perdonan mi metida de pata, pero advierto de nuevo el terrible peso que tiene cada palabra, cada gesto. Cuando el tiempo y el espacio se condensan hacen que todo resulte inolvidable, intensamente significativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta condensaci\u00f3n se da en sentidos opuestos, pues cada vez hay menos espacio (la angustia tiende a angostar) y cada vez parece haber m\u00e1s tiempo. Es como si una fuerza maligna comprimiera una dimensi\u00f3n y estirara la otra sin ninguna compasi\u00f3n. El tiempo, a su vez, tambi\u00e9n obedece a dos tendencias, pues se va haciendo infinito y a la vez inexistente. Quiz\u00e1s por esta raz\u00f3n los d\u00edas han sido siempre representados en las paredes de las celdas como una serie de l\u00edneas tachadas por otra l\u00ednea igual de delgada, de imperceptible.<\/p>\n\n\n\n<p>Egon Schiele narr\u00f3 sus experiencias de cuando estuvo preso por acusaciones que luego carecieron de sustento. Para evitar volverse loco, se puso a pintar paisajes y rostros en las paredes de su celda humedeciendo el dedo en su saliva. Despu\u00e9s observaba c\u00f3mo poco a poco se iban secando las l\u00edneas, desapareciendo en las profundidades de las paredes, \u201ccomo borradas por una mano invisible, poderosa, m\u00e1gica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa sensaci\u00f3n de que una mano poderosa es capaz de borrar im\u00e1genes y esperanzas, me hizo pensar en esa otra mano, la que se jura todopoderosa y le niega la libertad y el juicio a Herman. Esa otra mano jura que el tiempo no tiene ning\u00fan valor, que es s\u00f3lo una l\u00ednea entre las manchas de una pared, y una vez que transcurren los dos a\u00f1os que la ley establece como l\u00edmite para enjuiciar a un prisionero, decide, como por arte de magia, repetir la dosis por dos a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos a\u00f1os es la medida que la humanidad ha establecido como el m\u00e1ximo que un ser humano puede resistir preso sin juicio y sin volverse loco. Es decir, antes de llegar al l\u00edmite en que estos tres estados se juntan en uno solo y ya no hay marcha atr\u00e1s. Entonces ni la raz\u00f3n ni la justicia pueden separar lo que se ha fundido en una sola y \u00fanica perversa realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cuento de Franz Kafka, \u201cAnte la ley\u201d, un hombre ha esperado toda la vida para cruzar una puerta y acceder a la justicia. Cuando est\u00e1 a punto de morir le pregunta al guardi\u00e1n que le ha impedido la entrada:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si todos se esfuerzan por llegar a la Ley, \u00bfc\u00f3mo es posible entonces que durante tantos a\u00f1os nadie m\u00e1s que yo pretendiera entrar?<\/p>\n\n\n\n<p>El guardi\u00e1n comprende que el hombre est\u00e1 por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al o\u00eddo con voz atronadora:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nadie pod\u00eda pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Al traspasar una puerta siempre estamos entrando y a la vez saliendo. Se puede entrar al exterior tanto como salir al interior. Al salir de la c\u00e1rcel despu\u00e9s de visitar a Herman todo ha cambiado, hasta la luz del sol luce distinta. Estoy entrando a una realidad opresiva, no por las mismas razones, pues hay m\u00e1s aire, m\u00e1s amplitud y m\u00e1s opciones, pero s\u00ed puedo asegurar que siento una carga interior ambigua, confusa, dolorosa, que parte de la pregunta: \u00bfen qu\u00e9 consiste ser libre?<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez le\u00ed que en las tumbas de los faraones, las puertas hacia los tesoros no se cerraban para el que entra sino para el que sale. M\u00e1s le tem\u00edan los ladrones al muerto que el muerto a los ladrones. Todas esas riquezas enterradas eran para tener al fantasma contento y que no anduviera pegando sustos. Partiendo de esta paradoja quiero referirme a algo que est\u00e1 incluso m\u00e1s all\u00e1 de decir: \u201csi mi amigo est\u00e1 preso por m\u00e1s tiempo del que establece la ley, la ley no existe para \u00e9l, ni para m\u00ed, ni para nadie\u201d. Lo que trato de explorar es la coexistencia de dos mundos tan distintos como la cosmolog\u00eda de ser prisionero y la de ser un hombre libre. La primera tiene todo a su favor, o en su contra, para definirse, para acotarse, por eso quiz\u00e1s he encontrado tanta dignidad y ense\u00f1anzas en la actitud de Herman: \u00e9l s\u00ed sabe d\u00f3nde est\u00e1, aunque no sepa por cu\u00e1nto tiempo, la m\u00e1s cruel de las variables. \u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s podr\u00e1 aguantar en la incertidumbre, o en la certidumbre de estar en manos de la impiedad y el cinismo? No lo s\u00e9, s\u00f3lo puedo testificar sobre la dignidad de su actitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi caso es diferente en todos los sentidos. Lo que me volver\u00eda loco en pocas horas a \u00e9l parece haberlo hecho m\u00e1s cuerdo en dos a\u00f1os. Yo, que estoy afuera, que creo haber salido, \u00bfd\u00f3nde diablos estoy? \u00bfEn cu\u00e1l realidad he entrado?<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s lo que m\u00e1s me atormenta es no ser capaz de asumir el caudal de representaci\u00f3n que tiene la situaci\u00f3n de Herman sobre nuestras vidas. \u00c9l se ha convertido en el extremo m\u00e1s visible y m\u00e1s oculto de mi indefensi\u00f3n. Yo tambi\u00e9n ignoro hasta cu\u00e1ndo durar\u00e1 una situaci\u00f3n que me resulta insoportable, absurda, pero, frente al caudal de injusticia a que ha sido sometido mi amigo, ante la magnitud de su sufrimiento, de la concreci\u00f3n y precisi\u00f3n con que la puerta de la justicia se ha cerrado frente a \u00e9l, se supone que debo considerarme afortunado. Esta es la confusa ambig\u00fcedad a que me refer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que nos conduce a otra pregunta: \u00bfExiste realmente una sola puerta y un solo guardi\u00e1n para cada uno de nosotros? \u201cAnte la ley\u201d es uno de los cuentos de Kafka m\u00e1s alejados de Dios. La propuesta de una gran puerta que nos espera es una visi\u00f3n muy cat\u00f3lica. Esa idea de que existe una sola entrada por cabeza no tiene nada de ecum\u00e9nica ni de apost\u00f3lica. La justicia, volviendo a Tolstoy, es como la familia: cuando entramos felices en ella parece ser la misma puerta para todos, cuando se nos niega la entrada se convierte en esa \u00fanica puerta que Kafka ha descrito con devastador acierto. El guardi\u00e1n se encarga de aislar al prisionero, de hacernos creer que no nos conciernen las injusticias que contra \u00e9l se cometen. Pero, m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde, ser\u00e1 la misma entrada para todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas razones me llevan a considerar que es imperdonable e insano callarse y los convoco a oponernos a una injusticia que se est\u00e1 cometiendo en la puerta donde todos debemos comparecer. Unas acusaciones que fueron causa celebre y de gran alharaca por la televisi\u00f3n y los medios, por las cuales un hombre ha sido sometido a m\u00e1s de dos a\u00f1os de encierro, de pronto, se han convertido en algo difuso, inasible, que nadie logra articular ante los tribunales.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber estado adentro, y de haberme mostrado tan d\u00e9bil ante mi amigo, no puedo, ahora que estoy afuera, pedir justicia con valent\u00eda. Quiero ir m\u00e1s all\u00e1 y exigir piedad desde el mismo horror que sent\u00ed ante al tener que preguntarme a qu\u00e9 animal de la creaci\u00f3n pertenec\u00edamos. Le estoy pidiendo a sus jueces no s\u00f3lo que ejerzan la piedad, sino que sean capaces de sentirla, de asumir en carne propia el valor de los d\u00edas y el derecho que tiene un ser humano a esperar sentencia junto a su familia. Dicho esto, quiero dejar claro que la piedad no sustituye a la justicia, sino que le da su basamento m\u00e1s profundo, pues es el sentimiento que nos impulsa a reconocer nuestros deberes para con los dioses y el respeto por la condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Italo Calvino dec\u00eda que Tur\u00edn era una ciudad ideal para escribir, por su rigor, su linealidad y estilo. \u201cInvita a la l\u00f3gica, y, a trav\u00e9s de la l\u00f3gica, abre el camino a la locura\u201d. Debo agradecerle a Herman el conducirme en la direcci\u00f3n opuesta. Al haberme permitido entrar a trav\u00e9s de sus reflexiones \u2014y las historias de prisi\u00f3n que espero alguna vez escriba\u2014 al reino de una locura donde la medida de tiempo no existe, sino s\u00f3lo las pr\u00f3rrogas, los retrasos y los diferimientos, he podido comprender mejor la l\u00f3gica de una locura dif\u00edcil de entender por su misma presencia aplastante y constante.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora puedo ver la puerta que se le niega. Ahora s\u00e9 que es la m\u00eda y ser\u00e1 la de todos.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/federico-vegas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Forman parte del volumen <em>Ciudad vagabunda <\/em>editado por El Nacional (Caracas, 2015) <\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Federico Vegas Una historia de la mentira Mi primera visi\u00f3n de la mentira se basa en la sencilla clasificaci\u00f3n de mi T\u00eda Antonia: \u201cLas mentiras se dividen en blancas, grises y negras. 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