{"id":13069,"date":"2024-09-03T20:32:02","date_gmt":"2024-09-03T20:32:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13069"},"modified":"2024-09-03T20:32:02","modified_gmt":"2024-09-03T20:32:02","slug":"dos-cuentos-de-carlos-vilarino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-carlos-vilarino\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Carlos Vilarino"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Bajo el signo de c\u00e1ncer<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El brazo muerto no siempre est\u00e1 del todo muerto: a veces percibo un hormigueo leve que me toma por sorpresa. Casi no pienso en \u00e9l. De hecho, s\u00f3lo con esfuerzo puedo recordar c\u00f3mo era la vida antes de que se apagara la conexi\u00f3n entre nosotros. Con el resto del cuerpo he ido ganando control en \u00e1reas que cre\u00ed perdidas por completo. No ha sido f\u00e1cil la recuperaci\u00f3n, o tal vez, para no crear falsas expectativas, no ha sido f\u00e1cil demorar la ruina total hacia la que me dirig\u00eda. Cuando experimento esa sensaci\u00f3n, espor\u00e1dica y casi ajena, en la que algo de vida parece habitar todav\u00eda en el brazo, entro en un vaho de melancol\u00eda. Una neblina difusa parecida a la tristeza, porque a pesar de que me esfuerzo, no puedo imaginar c\u00f3mo era que, en el pasado, beb\u00eda una taza de caf\u00e9 sujetada por ese extremo, me as\u00eda de los pasamanos en el Metro o acariciaba alg\u00fan rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora que puedo verlo de nuevo, luego de una temporada de estar sumergido en la oscuridad total, lo descubro menguado por completo, fl\u00e1cido, esquel\u00e9tico, inm\u00f3vil. La mayor parte del tiempo me siento alienado de \u00e9l, no puedo reconocerlo como propio m\u00e1s que por un ejercicio de rigor racional. Est\u00e1 all\u00ed, fijado a un extremo del t\u00f3rax como un ap\u00e9ndice, est\u00e1, existe, pero por s\u00ed s\u00f3lo no puede subsistir. Apenas si puede limitarse a permanecer all\u00ed, casi muerto, asistido por el mecanismo ciego del aparato circulatorio que, irrig\u00e1ndolo de sangre, evita que se apague por completo. Con el otro, el vivo, el todav\u00eda fuerte, el que asume la total responsabilidad de apoyarme en el trato con el mundo, lo tomo y lo cambio de lugar cuando su presencia se hace m\u00e1s in\u00fatil y gravosa.<\/p>\n\n\n\n<p>No es mucha la diferencia con la pierna que est\u00e1 de ese lado. A\u00fan as\u00ed, a ella todav\u00eda le puedo exprimir alg\u00fan movimiento tosco y mal coordinado que, a pesar de todo, me hace posible valerme por m\u00ed mismo. La pierna y su torpe marcha representan una victoria parcial, transitoria tal vez, sobre los bichos que se han venido comiendo los cables en mi cabeza. De all\u00ed provienen todas mis ruinas: de mi cabeza y de las desconectadas fibras nerviosas que se han ido tragando poco a poco los artr\u00f3podos que se alimentan de m\u00ed. Ir\u00f3nicamente, el mismo ciego mecanismo circulatorio que evita que el brazo muerto lo est\u00e9 por completo, es el que mantiene pujantes a los invasores. No not\u00e9 su presencia sino hasta que fue ya demasiado tarde, cuando hab\u00edan minado vastas extensiones de corteza y la presi\u00f3n ejercida por su explosi\u00f3n demogr\u00e1fica comenz\u00f3 a desactivar algunas funciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0Aquella ma\u00f1ana, en la que despert\u00e9 sobresaltado por una pesadilla recurrente, descubr\u00ed los primeros signos de su presencia. Me levant\u00e9 de la cama con determinaci\u00f3n, pero al poner ambos pies en el suelo la habitaci\u00f3n comenz\u00f3 a dar vueltas y en un instante fui a parar contra la mesita de noche en la que estaba el retrato de los abuelos. Me golpee la nariz y derram\u00e9 un poco de sangre. Luego me qued\u00e9 un rato tendido en el piso hasta que ces\u00f3 el mareo y me pude incorporar de nuevo. Entonces pensaba que el vah\u00eddo se deb\u00eda a una mala digesti\u00f3n de la cena anterior y segu\u00ed mi vida sin preocupaciones. En aquella \u00e9poca jugaba al f\u00fatbol, era delantero y buen goleador. Los fines de semana eran para el f\u00fatbol, para los amigos y para los abuelos. Ellos me recib\u00edan con manjar de mandarina y chicha andina. Los abuelos eran los propios abuelos, es decir, hac\u00edan todo lo que un ni\u00f1o podr\u00eda querer, necesitar y gozar de unos abuelos. Cari\u00f1osos, sabiondos, bonachones, encubridores y generosos a m\u00e1s no poder, hac\u00edan de m\u00ed un pr\u00edncipe agasajado cada s\u00e1bado que pasaba a su lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Fueron los abuelos los que me acompa\u00f1aron por los tramos m\u00e1s oscuros, cuando se hizo evidente que algo andaba mal con mi cabeza. Fueron ellos, los abuelos, los que me tranquilizaron durante horas mientras esper\u00e1bamos en la sala del hospital. Fueron ellos los que me llevaron en brazos cuando fallaron ambas piernas y no pod\u00eda sostenerme ni para ir al ba\u00f1o. Cuando los amigos del colegio dejaron de visitarme por las tardes, cuando los hermanos siguieron jugando sus vidas evitando pasar frente a mi habitaci\u00f3n, cuando el cabello perdido por las radiaciones me proporcion\u00f3 una imagen alien\u00edgena. Jam\u00e1s lloraron, no recuerdo haberlos visto llorar o gritar de obstinaci\u00f3n por mis interminables quejidos, por mis recurrentes y casi alucinantes interpelaciones: \u00bfpor qu\u00e9 a m\u00ed?, \u00bfpor qu\u00e9 abuelito?, \u00bfpor qu\u00e9 no puedo jugar contigo?, \u00bfpor qu\u00e9 ya no sabe a nada el manjar de mandarina?, \u00bfpor qu\u00e9 abuelo, por qu\u00e9, por qu\u00e9 a m\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy por hoy conozco bien las explicaciones t\u00e9cnicas y m\u00edsticas de la iniquidad que padezco. Aunque ya no me quejo, todav\u00eda sigue sin respuesta esa cuesti\u00f3n. En cualquier caso, por la raz\u00f3n que sea, cr\u00edptica o evidente, lo cierto es que el brazo muerto me toc\u00f3 a m\u00ed. Y detr\u00e1s del brazo y de la pierna lisiada y de la visi\u00f3n borrosa y del sabor a plomo en la boca est\u00e1n los artr\u00f3podos hambrientos, tragando conexiones sin\u00e1pticas y apagando funciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Meses antes de que perdiera la visi\u00f3n por completo el abuelo me llev\u00f3 en su carro hasta la playa. Los m\u00e9dicos hab\u00edan prohibido toda clase de excursiones que implicasen un esfuerzo adicional para mi cuerpo, pero el abuelo no pod\u00eda ver c\u00f3mo se consum\u00edan las horas sin que yo pudiese gozar, as\u00ed fuese tan s\u00f3lo un rato, del esplendido sol que ba\u00f1aba la tarde. Sol que s\u00f3lo pod\u00eda ser espl\u00e9ndido si disfrutaba en la playa. Cuando divis\u00e9 la l\u00ednea costera fantase\u00e9 con salir corriendo hasta la orilla de la playa y tirarme un clavado entre las olas. Tuve que conformarme con que el abuelo me llevara cargado hasta la arena mojada y que la abuela me rociara un poco del agua de mar en el rostro. Nos quedamos all\u00ed toda la tarde, hasta que el sol comenz\u00f3 a ocultarse y el cielo se fractur\u00f3 en tonos rojizos. De la arena se asomaron unos diminutos ojos que nos observaban cautelosos, erupciones de polvillo sal\u00edan del suelo de la playa formando peque\u00f1os cr\u00e1teres en su superficie. A los ojos vigilantes les siguieron unas tenazas, exoesquel\u00e9ticas prolongaciones que una vez que han sujetado algo jam\u00e1s lo sueltan. Cientos, tal vez miles de diminutos cangrejos comenzaron a invadir la playa y de pronto estuvimos rodeados de un ej\u00e9rcito de crust\u00e1ceos. El abuelo estall\u00f3 en un arrebato de ira como nunca antes lo hab\u00eda visto, intent\u00f3 patear y aplastar a los cangrejos que velozmente se metieron en sus escondrijos. El abuelo sigui\u00f3 golpeando con un palo la superficie de la arena mientras los maldec\u00eda y les gritaba que me dejaran en paz. Entonces comprend\u00ed que de alg\u00fan modo lo que hab\u00eda en mi cabeza, lo que me imped\u00eda jugar al f\u00fatbol, ir al colegio y sentir el sabor andino de la chicha que me preparaba la abuela ten\u00eda que ver con los cangrejos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como yo nunca dejaba de pensar en los cangrejos que vimos aquella tarde en la playa, le pregunt\u00e9 a la abuela cu\u00e1l era la relaci\u00f3n entre ellos y el tumor que crec\u00eda en mi cabeza. Se qued\u00f3 un rato en silencio y luego me explic\u00f3 que las palabras tienen or\u00edgenes extra\u00f1os y que tal vez de all\u00ed proviene su poder enigm\u00e1tico. La abuela, que dict\u00f3 clases en una escuela secundaria por treinta a\u00f1os, me explic\u00f3 con absoluta sencillez que un m\u00e9dico griego llamado Galeno fue el primero en utilizar la palabra c\u00e1ncer para referirse a los tumores que encontraba en sus enfermos. La palabra c\u00e1ncer, me dec\u00eda ella, significa originalmente cangrejo, por eso el abuelo odiaba tanto a aquellos medrosos animales.<\/p>\n\n\n\n<p>La ceguera me dur\u00f3 m\u00e1s de un a\u00f1o. A\u00f1o en el cual me sent\u00ed atrapado en una prisi\u00f3n sin paredes y por ello mismo sin ventanas. La prisi\u00f3n estaba colmada de im\u00e1genes, figuras confusas en las que se mezclaban recuerdos con deseos, temores con pensamientos o todos con extra\u00f1as sensaciones corporales. Privado como me encontraba de ver algo fuera de m\u00ed, me di cuenta del horror que significa no tener p\u00e1rpados en la mente. Durante m\u00e1s de un a\u00f1o permanec\u00ed confinado a un mundo sin d\u00eda ni noche, sin tiempo y sin espacio definido. En ese mundo de mis enloquecidas conexiones sin\u00e1pticas ven\u00eda una y otra vez la silueta del artr\u00f3podo marino de cuyo cuerpo semiesf\u00e9rico brotaban infinitas patas y tenazas sin que yo pudiera impedirlo. Al parecer, en medio de severas fiebres alucinatorias, gritaba enajenado a toda hora. Mi d\u00e9bil conexi\u00f3n con el mundo exterior era la voz de mi abuela que incansable me arrullaba y me repet\u00eda una y otra vez que todo iba estar bien.<\/p>\n\n\n\n<p>La abuela se dio a la tarea de mantenerme anclado a la realidad con el hilo de su voz. Al principio me le\u00eda las historietas o novelas fant\u00e1sticas que encontr\u00f3 por docenas en mi cuarto, luego, al darse cuenta de que con ello s\u00f3lo alimentaba mi bestiario delirante se limit\u00f3 a contarme los sucesos de la vida familiar. La abuela se convirti\u00f3 en un noticiero dom\u00e9stico que me manten\u00eda al d\u00eda sobre c\u00f3mo iban las cosas en el negocio de pap\u00e1, sobre las peleas entre \u00e9l y mi mam\u00e1 por asuntos sin importancia o sobre lo r\u00e1pido que estaban creciendo los gemelos. Me repet\u00eda una y otra vez que todos me extra\u00f1aban y que pronto estar\u00eda de nuevo con ellos. S\u00f3lo cuando el esc\u00e1ndalo cesaba un poco en mi cabeza pod\u00eda aferrarme al hilo de su voz y abrigarme a la esperanza de que aquella promesa de la abuela fuera cierta. De alg\u00fan modo encontrar\u00eda la salida del laberinto y escapar\u00eda a la voracidad del artr\u00f3podo, mientras tanto s\u00f3lo ten\u00eda que resistir y eso fue lo que hice.<\/p>\n\n\n\n<p>Se invierte ocho veces m\u00e1s energ\u00eda en el ataque que en la defensa, y si aquello que crec\u00eda en mi cabeza iba finalmente a derrotarme no ser\u00eda sin haber agotado todas las alternativas para imped\u00edrselo. El abuelo lo tuvo siempre claro, mucho m\u00e1s que el resto de la familia que me daba ya por desahuciado. Pese a las negativas de mis padres que s\u00f3lo ve\u00edan en sus esfuerzos in\u00fatiles dilaciones a un fin previsible, el abuelo me llev\u00f3 a cuanto lugar hizo falta. Desde m\u00e9dicos alop\u00e1ticos, pasando por brujos, home\u00f3patas, imponedores de manos, exorcistas, chamanes y m\u00e9diums. Sin importar su procedencia cualquier ayuda ser\u00eda buena. Mi nueva actitud, la de invertir todas mis energ\u00edas en resistir, comenzaba a rendir ciertos frutos y poco a poco recuper\u00e9 parte de la visi\u00f3n; la luz del mundo exterior ilumin\u00f3 tenuemente la prisi\u00f3n en que yac\u00eda. Pens\u00e9 que la estaba alucinando, pero a medida que su forma persist\u00eda y no se desdibujaba en alguna otra figura monstruosa comprend\u00ed que de nuevo pod\u00eda ver, no sin esfuerzo, la sonrisa de la abuela. La gradual recuperaci\u00f3n de mi visi\u00f3n y con ella la desaparici\u00f3n progresiva de mis crisis delirantes, infundi\u00f3 en el abuelo la convicci\u00f3n de que era posible ganarle la partida a los cangrejos. Decidi\u00f3 ponerme al tanto de todo cu\u00e1nto me pasaba, del origen de mi enfermedad y de las acciones que en adelante tomar\u00edamos para pasar de la defensa a la ofensiva. Ya no me habl\u00f3 m\u00e1s como a un ni\u00f1o, y prohibi\u00f3 a la abuela que me mimara con bober\u00edas. En lo sucesivo, si quer\u00edamos recuperar terreno frente a los artr\u00f3podos deb\u00edamos asumir una actitud combativa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al abuelo, quien fuera militar de carrera, le gustaba hablar de la enfermedad como si de un c\u00f3digo cifrado se tratara. Y la clave con la cual les fue posible tomar algunas decisiones arriesgadas provino de una fuente inesperada. El largo peregrinar por especialistas de todas las medicinas terrenales, espirituales u ocultas nos llev\u00f3 a la casa de una se\u00f1ora. El encuentro no tuvo nada de espectacular, a diferencia de otros sitios a donde fuimos no hubo profusas bocanadas de tabaco, escupitajos de ron, ojos desorbitados o tambores afroamericanos. La se\u00f1ora se limit\u00f3 a conversar con el abuelo, le hizo algunas preguntas sobre el tiempo que llevaba en esa situaci\u00f3n, sobre mis padres, sobre mi infancia, coment\u00f3 un poco sobre pol\u00edtica, incluso aventur\u00f3 pron\u00f3sticos para la copa del mundial de f\u00fatbol. Finalmente, tras haber conversado con el abuelo por varias horas sin que aquel di\u00e1logo ameno tuviese un sentido aparente, ella se limit\u00f3 a decirle que el mal era una cuesti\u00f3n de perspectivas, y que a grandes males s\u00f3lo pod\u00eda opon\u00e9rseles soluciones radicales, que s\u00f3lo otro mal podr\u00eda contener aquello que crec\u00eda dentro de m\u00ed. La se\u00f1ora le dijo al abuelo que ella no ten\u00eda la respuesta a mi situaci\u00f3n pero que no olvidara que ante la mordedura de una serpiente la \u00fanica respuesta se encuentra en el propio veneno. Entonces sac\u00f3 de un peque\u00f1o frasco de vidrio un trocito de cuero seco que alguna vez perteneci\u00f3 a un ofidio venenoso, me lo regal\u00f3 y dirigi\u00e9ndose a m\u00ed me prometi\u00f3 tenerme siempre en sus oraciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La recuperaci\u00f3n inicial no dur\u00f3 demasiado y pronto comenc\u00e9 a tener no s\u00f3lo problemas para hablar sino que se hac\u00eda cada vez m\u00e1s d\u00e9bil mi respiraci\u00f3n. Desesperados, los abuelos me llevaron de emergencia al hospital donde me aplicaban la quimio y la radioterapia, all\u00ed los galenos estabilizaron mis signos vitales. No obstante, el equipo m\u00e9dico le explic\u00f3 a mi familia que tal y como avanzaba la enfermedad mi expectativa de vida era a lo sumo de algunas semanas, que la presi\u00f3n que generaba el tumor contra mi cerebro pronto har\u00eda que fallaran algunas o todas mis funciones vitales. As\u00ed que tan solo restaba esperar a que los cables que me conectan con el resto del cuerpo se fueran apagando uno a uno hasta que ya no quedara ning\u00fan signo de actividad cortical. Yo no recuerdo nada de ese per\u00edodo, lo que s\u00e9 me lo contaron los abuelos cuando sal\u00ed del coma y progresivamente fui recuper\u00e1ndome. Desde mi punto de vista yo hab\u00eda entrado en un sue\u00f1o profundo en el que no era m\u00e1s que una cosa que piensa pero sin conciencia alguna sobre ese pensamiento. Ahora me encontraba a merced del cangrejo y de lo que el abuelo pudiese hacer para salvarme de sus tenazas.<\/p>\n\n\n\n<p>La abuela me cont\u00f3 luego c\u00f3mo mi padre y el abuelo se trabaron en una penosa discusi\u00f3n sobre lo que deb\u00eda hacerse en ese momento. Mi padre, rendido desde el principio ante la persistencia del artr\u00f3podo, cre\u00eda que lo mejor era no prolongar mi agon\u00eda. El abuelo, convencido de que aquello ser\u00eda lo mismo que meterme una pu\u00f1alada en el pecho, se neg\u00f3 en todo momento a rendirse. Una ma\u00f1ana, a la mitad de una inspecci\u00f3n m\u00e9dica, el abuelo, con el ce\u00f1o fruncido y con la mirada fija, le pregunt\u00f3 al doctor que dirig\u00eda mi tratamiento si no hab\u00eda alguna cosa final que se pudiese hacer para intentar salvarme. La respuesta inicial no se hizo esperar y no pas\u00f3 de un monos\u00edlabo, un simple y determinante: no. Pero luego repuso que quiz\u00e1 quedaban los virus oncol\u00edticos. El abuelo no comprend\u00eda qu\u00e9 pod\u00edan significar esas palabras y le urgi\u00f3 a que le explicara. El m\u00e9dico habl\u00f3 de un tratamiento en fase experimental que consiste en inocular en el n\u00facleo del tumor grandes cantidades de cierto tipo de virus, que neutraliza y a veces incluso revierte del proceso metast\u00e1sico. Un procedimiento sencillo que una vez aplicado s\u00f3lo resta esperar la respuesta del organismo. Sin embargo, acot\u00f3, en este pa\u00eds jam\u00e1s se hab\u00eda intentado. El abuelo, que a pesar de ser militar de carrera s\u00f3lo entiende de met\u00e1foras, le pregunt\u00f3 al m\u00e9dico c\u00f3mo se llamaba ese virus, a lo que \u00e9ste respondi\u00f3: herpes, herpes simple.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>La disputa entre mi pap\u00e1 y mi abuelo se prolong\u00f3 por una semana. Semana en la que el viejo coronel retirado le exig\u00eda a su hijo que autorizara el procedimiento quir\u00fargico. El abuelo no sab\u00eda absolutamente nada de ninguna medicina terrena, espiritual u oculta pero cuando la abuela le explic\u00f3 el origen extra\u00f1o de la palabra herpes, entonces \u00e9l entendi\u00f3 que esa era la \u00fanica esperanza que me quedaba. La abuela siempre insist\u00eda en que las palabras tienen poderes enigm\u00e1ticos y el abuelo siempre le cre\u00eda. Cuando sal\u00ed del coma, con id\u00e9ntica sencillez me explic\u00f3 la abuela que un siglo antes de que Galeno usara c\u00e1ncer para referirse a los tumores, otro m\u00e9dico griego, Diosc\u00f3rides, hab\u00eda usado la palabra herpes para referirse a ciertas lesiones que sal\u00edan en la piel. La palabra herpes, me dec\u00eda, significa: serpiente.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, vencidas las resistencias de mi pap\u00e1, se autoriz\u00f3 a los m\u00e9dicos para que perforaran mi cabeza e introdujeran con una c\u00e1nula diminuta una hambrienta serpiente en el escondrijo de los artr\u00f3podos. Ella, la que rampa y serpentea, s\u00f3lo se come las c\u00e9lulas que se reproducen con rapidez y en mi cerebro las \u00fanicas c\u00e9lulas que se reproducen son las del tumor. Al final la se\u00f1ora ten\u00eda raz\u00f3n, Brasil ganar\u00eda de nuevo el mundial de f\u00fatbol y s\u00f3lo otro mal pudo contener aquello que crec\u00eda dentro de m\u00ed. All\u00ed dentro se libra todav\u00eda una batalla infinita entre la serpiente y los cangrejos, y mientras los agentes del mal se ocupan unos de otros yo he podido extender mi esperanza de vida de unas cuantas semanas a poco m\u00e1s de quince a\u00f1os. Pude incluso sobrevivir a los abuelos, que tal y como dec\u00eda la cari\u00f1osa, sabionda, encubridora y generosa profesora jubilada que era mi abuela, es como Dios manda.<\/p>\n\n\n\n<p>El brazo muerto no siempre est\u00e1 del todo muerto, a veces percibo un hormigueo leve que me toma por sorpresa. Casi no pienso en \u00e9l, de hecho, s\u00f3lo con esfuerzo puedo recordar c\u00f3mo era la vida antes de que se apagara la conexi\u00f3n entre nosotros. Con el otro, el vivo, el todav\u00eda fuerte, el que asume la total responsabilidad de apoyarme en el trato con el mundo, sujeto aquel trocito de cuero seco que alguna vez perteneci\u00f3 a un ofidio venenoso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Camila y los seres de la noche<\/h3>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfVale la pena vivir si no puedes entrar en el juego del apareamiento?\u00bb escuch\u00f3 decir al narrador de televisi\u00f3n mientras la pantalla proyectaba im\u00e1genes de canguros tirados en los suelos de la planicie, sumisos, humillados, aceptando la derrota tras una feroz pelea. Machos que apostaron en el juego del apareamiento y perdieron en el intento. Uno m\u00e1s entre tantos otros era aquel documental de la televisora nacional, en el que se refugiaba esa larga noche, uno m\u00e1s, nada especial ni novedoso, las mismas ins\u00f3litas tomas en la madriguera de una familia de ratones campestres, los mismos \u00e1ngulos imposibles siguiendo el trepidante correr de un guepardo en la llanura africana, las inusitadas formas alien\u00edgenas que habitan en lo profundo del abismo marino. Otro de tantos registros que congelan para las generaciones futuras el recuerdo de las bestias, hermosas y horrendas, que han ido desapareciendo progresivamente de la faz de la tierra. Nada nuevo, nada que no haya visto antes en aquel u otro canal privado, no obstante, aquella frase inocente, colocada por el guionista en el libreto del narrador s\u00f3lo para reducir el tedio de las im\u00e1genes, lo arranc\u00f3 de golpe de su letargo insomne y lo proyect\u00f3 hasta el filo del precipicio de la reflexi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se preguntaba c\u00f3mo hab\u00eda llegado hasta all\u00ed, dos metros bajo tierra aquella c\u00e1mara<em>voyeur<\/em>&nbsp;para captar el instante preciso en que los test\u00edculos del rat\u00f3n campestre se hinchan dos veces su tama\u00f1o natural para inyectar cientos de mililitros de testosterona en su sangre, obnubilando la visi\u00f3n de aquel min\u00fasculo animal que en ese momento s\u00f3lo piensa, si es que piensa, en aparearse. \u00bfC\u00f3mo, c\u00f3mo lleg\u00f3 hasta all\u00ed el ojo fisg\u00f3n del et\u00f3logo interesado hasta en el m\u00e1s m\u00ednimo detalle del comportamiento sexual de ese Don Juan del bosque? \u00bfQui\u00e9n vela por el leg\u00edtimo derecho de aquel le\u00f3n africano de que no se revelen sus dos d\u00edas incesantes de copulaci\u00f3n felina? Es incre\u00edble que con la mirada atenta en sus receptores de televisi\u00f3n, miles de millones de personas no se hagan exactamente la misma pregunta: \u00ab\u00bfVale la pena vivir si no puedes entrar en el juego del apareamiento?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La noche ha sido larga y tranquila, el peque\u00f1o aparato de televisi\u00f3n apenas si puede proyectar con dificultad la se\u00f1al que le llega desde los confines de la ionosfera. La oficina es un amplio sal\u00f3n acondicionado para hacer las veces de un despacho, dos hileras de archivadores rebosan de expedientes a la espera de un procedimiento de investigaci\u00f3n, tres escritorios de dispar tama\u00f1o y dise\u00f1o acumulan otro tanto de documentos y evidencias sumariales. Cinco m\u00e1quinas de escribir, una de ellas todav\u00eda en servicio activo, dos ordenadores cuyo cerebro data del neol\u00edtico inform\u00e1tico arrojan la tenue luz de sus monitores. Junto al televisor destacan un tel\u00e9fono m\u00f3vil celular de \u00faltima generaci\u00f3n y una pistola Glock, austriaca, calibre 9 mil\u00edmetros. Fuera de su funda impresiona su delicado y elegante dise\u00f1o, novecientos cinco gramos de pol\u00edmero y quince mort\u00edferas balas reposan en silencio. Detr\u00e1s del televisor, un mapa de la ciudad atravesado por banderines, notas y fotos, permite tener una idea de c\u00f3mo marchan los casos m\u00e1s importantes. Afuera, violines cartilaginosos componen una melod\u00eda monocorde, miles de grillos frotan sus patas desde el fondo de los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio superficial de la noche esconde una din\u00e1mica profunda. Hacia la media noche la ciudad est\u00e1 encendida de extremo a extremo, una fren\u00e9tica actividad se est\u00e1 llevando a cabo en los s\u00f3tanos de los clubes, los hospitales, los salones de baile, la medicatura forense, los cibercaf\u00e9, las funerarias, las discotecas, los cementerios. Sucesiva y simult\u00e1neamente, tel\u00faricos movimientos sacuden el lecho ocasional o permanente en el que los amantes se dan encuentro. Por los cuatro puntos cardinales la lava ardiente del deseo mueve la tect\u00f3nica de placas del inconciente colectivo, que estalla en erupciones de semen, sudor y sangre. Son los seres de la oscuridad que cada noche se despojan de su piel diurna para deslizarse por el asfalto capitalino, reptando por entre calles y avenidas, destilando feromonas e inyectado su veneno. Son los seres de la noche, esos que a la luz del d\u00eda se esconden bajo la piel de un pastor de iglesia, una secretaria, un padre de familia, un estudiante universitario o una ni\u00f1a de su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Mantiene los ojos fijos en la pantalla del televisor, una columna de humo se levanta desde la punta del cigarrillo que se consume con cada nueva bocanada. En la zona de combusti\u00f3n del cigarro, all\u00ed y s\u00f3lo all\u00ed, la temperatura alcanza los seiscientos grados cent\u00edgrados, el resto del cuerpo permanece entumecido por el fr\u00edo. Harto ya de ver al rat\u00f3n campestre ir de madriguera en madriguera repartiendo sus semillas, decide acudir a un llamado natural que hace horas que reclama su atenci\u00f3n. Semidormido, semidespierto, en el umbral de la enso\u00f1aci\u00f3n todav\u00eda le queda energ\u00eda para preguntarse \u00bfcu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que se le hincharon las pelotas hasta reventar de deseo, cu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que entr\u00f3 en el juego del apareamiento y sali\u00f3 ganando? El hilo amarillento de secreciones salinas que se precipita hasta el retrete genera un sonido inconfundible. Todos los sonidos de la noche se magnifican y transforman espectralmente, el desag\u00fce, suena como un eructo.&nbsp;<em>La cuesti\u00f3n en juego<\/em>&nbsp;\u2014se dice\u2014&nbsp;<em>no es cu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que te apareaste, sino, esa es la cuesti\u00f3n real, \u00bfcu\u00e1ndo fue la \u00faltima vez que jugaste el juego de la seducci\u00f3n y saliste ganando?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre esta pregunta porque una llamada telef\u00f3nica lo sustrajo de sus pensamientos y conden\u00f3 irremediablemente lo que promet\u00eda ser una guardia tranquila. Una vez m\u00e1s los seres de la noche se han cobrado otro tributo, ha sido derramada la sangre sobre el altar y ahora hay que levantar los cuerpos. Toma de la mesa su tel\u00e9fono m\u00f3vil celular, enfunda su Glock, precavidamente verifica que las otras dos cacerinas est\u00e9n en el chaleco antibalas y mientras se dirige a la salida, despierta a su compa\u00f1ero de guardia con una palmada en el hombro. Se percata de que no ha apagado el televisor y echa una \u00faltima mirada a la pantalla. Las franjas multicolores indican el cese de transmisiones por el d\u00eda de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Se da inicio al ceremonial de la Divisi\u00f3n Contra Homicidios, hacer acto presencial en la escena del crimen, recolectar la evidencia, realizar las pruebas dactilogr\u00e1ficas y de bal\u00edstica si fuera necesario, interrogar a todo posible testigo o sospechoso. Misma rutina cientos de veces reiterada en momentos y lugares diferentes de la ciudad. La \u00fanica satisfacci\u00f3n del trabajo, m\u00e1s all\u00e1 de uno que otro enfrentamiento ocasional con el homicida, es la reconstrucci\u00f3n del crimen, urdir la trama de los hechos. La elaboraci\u00f3n del informe, que prepara con especial esmero, revive por instantes una antigua pasi\u00f3n por la escritura. La elaboraci\u00f3n del informe es la oportunidad propicia para la exposici\u00f3n de una realidad tan radicalmente cruel, que preferimos consolarnos con la creencia de que tales relatos, tales testimonios, no son m\u00e1s que obras de ficci\u00f3n. Pero \u00e9l sabe que no es as\u00ed, que la imaginaci\u00f3n del escritor es siempre est\u00e9ril comparada con la imaginaci\u00f3n de los seres que hormiguean en la oscuridad, ellos, que operan noche a noche el eterno ritual de semen, sudor y sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>La patrulla avanza sin prisa hacia el lugar de los hechos, nadie tiene urgencia en llegar, \u00e9l menos todav\u00eda, prefiere mantener sus pensamientos alejados del trabajo hasta el \u00faltimo momento. Se conforma con mirar a trav\u00e9s de la ventanilla lo que ocurre en el furor de la noche. Noct\u00edvagos, hurgan entre los desechos de basura buscando tesoros de lat\u00f3n y aluminio, quiz\u00e1 tambi\u00e9n un poco de alimento en descomposici\u00f3n temprana. A lo lejos, una rubia de piel canela exhibe sus rojos ligueros y camina desenfadada por la avenida, alg\u00fan veh\u00edculo se detiene para acordar el precio del servicio, quiz\u00e1 es demasiado costoso, quiz\u00e1 a ella no le convence el cliente, el conductor avanza solo y ella sigue pase\u00e1ndose serena por la acera. Cuando finalmente pasan a su lado, puede constatar que carece de caderas y que la espalda amplia como la de un nadador hace juego perfecto con el bulto apretado que hay entre sus piernas.<\/p>\n\n\n\n<p>No todos los que transitan en la oscuridad de la noche pertenecen a \u00e9sta, los seres de la noche no son simples personas que por error se han salido de sus c\u00e1lidas camas. Los seres de la noche, son aquellos que se alimentan en la penumbra y han aguzado sus sentidos m\u00e1s all\u00e1 de cualquier l\u00edmite, siendo capaces de oler a kil\u00f3metros a otros de su especie. Se reconocen entre s\u00ed por las feromonas que destilan a su paso, beben las secreciones corporales de sus v\u00edctimas y se aglomeran entre las grietas de la ciudad, donde celebran orgi\u00e1sticos las milenarias fiestas del dios Baco. Ocasionalmente matan a los que consideran turistas, animales diurnos que por capricho personal invaden su territorio. Durante a\u00f1os \u00e9l ha sido un turista de la noche, jam\u00e1s ha podido entrar plenamente a la profundidad de las cavernas, jam\u00e1s ha podido entender la tect\u00f3nica de placas que mueve el inconsciente colectivo, el magma lascivo que sacude secretamente al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta este mes trabaja en la Divisi\u00f3n Contra Homicidios, pedir\u00e1 traslado a otra dependencia, ya no soporta el olor a placenta fresca cada vez que descubre un nonato envuelto en papel peri\u00f3dico o tener que tomar miles de contradictorias declaraciones de quienes habiendo visto todo, no recuerdan o no quieren recordar nada de lo que les pueda ser \u00fatil en la resoluci\u00f3n de un caso. Como si llevara esferas de plomo en la sangre siente su cuerpo m\u00e1s pesado que nunca, se entierra en el asiento de la patrulla y cierra los ojos para no seguir viendo lo que ocurre a su alrededor. El oficial que conduce el veh\u00edculo lo ve condescendientemente, y aunque la autopista est\u00e1 desolada, disminuye la velocidad, d\u00e1ndole as\u00ed unos minutos adicionales al detective para que repose en el asiento contiguo. La patrulla avanza sin prisa hacia el lugar de los hechos, nadie tiene urgencia en llegar.<\/p>\n\n\n\n<p>El mullido follaje arropa en la penumbra el suelo de la selva, pese al intenso sol que reina sobre las copas de los \u00e1rboles, bajo sus ramas el clima desciende a temperaturas templadas. Inm\u00f3vil, la selva parece estar a la expectativa de acontecimientos dram\u00e1ticos, nada se mueve bajo el ramaje, una alfombra de hojas muertas recubre la superficie. El sonido de pisadas sobre la hojarasca rompe el denso silencio. Avanza a paso firme entre las palmas, el pecho magnificado por el chaleco antibalas delata una respiraci\u00f3n acelerada, en la cintura reposa la Glock lista para fulminar lo que sea que se esconde en la espesura. Profusas gotas caen de su frente, es un sudor g\u00e9lido, lleno de temor, toda su confianza est\u00e1 cifrada en el ca\u00f1\u00f3n de su pistola y en su habilidad para penetrar el cuerpo hostil con certeros proyectiles. Maullidos se dejan o\u00edr claramente conforme se aproxima a unas bestias felinas que retozan a pocos metros. Juguetean entre s\u00ed lami\u00e9ndose los rostros, mordisqueando sus orejas y frot\u00e1ndose contra sus cuerpos. Tres cuerpos curvos y estilizados se entrelazan en una danza hormonal. Hace rato que las bestias han notado la presencia del observador, sin embargo, contin\u00faan inconmovibles ante el intruso, ocasionalmente le lanzan miradas penetrantes, hipn\u00f3ticas pupilas verticales cuya elipse resulta misteriosa y embrujadora. Tambi\u00e9n le muestran sus afilados colmillos en una mueca que no sabe c\u00f3mo interpretar. Su mirada permanece fija en una pantera de color pardo que parece gozar a plenitud aquel restriego. No puede dejar de mirar el espect\u00e1culo zoof\u00edlico, se debate entre el asco y la excitaci\u00f3n, el morbo se agita en su pecho y su mente combate la testosterona que irriga todo su cuerpo. Un rat\u00f3n campestre cruza veloz por su mente. La pantera se incorpora, balancea la larga cola, lo mide con la mirada, asume posici\u00f3n de ataque e inicia una carrera a toda velocidad en su persecuci\u00f3n. \u00c9l, desenfunda apresuradamente la nueve mil\u00edmetros, la empu\u00f1a con ambas manos y aprieta el gatillo, un proyectil incandescente como un sol se desliza dentro del ca\u00f1\u00f3n de la pistola, derriti\u00e9ndola por completo a su paso, el fogonazo de la detonaci\u00f3n funde el propio proyectil en un l\u00edquido viscoso que finalmente sale goteando de la punta fl\u00e1cida del ca\u00f1\u00f3n. Incapaz de penetrar en el cuerpo hostil que se le abalanza, se entrega resignado a su destino.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo de los sue\u00f1os es inconmensurablemente infinito con relaci\u00f3n al tiempo de la vigilia, una vida entera puede transcurrir en un sue\u00f1o, porque el tiempo es una cuesti\u00f3n discursiva y s\u00f3lo se da en el discurrir de la narraci\u00f3n, milenios pueden quedar comprimidos en una estrofa o un minuto se puede dilatar en la m\u00e1s larga y tediosa de las descripciones. No es la narraci\u00f3n la que transcurre en el tiempo sino \u00e9ste el que se despliega dentro de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Abre los ojos mientras su mente calibra las coordenadas espacio\u2014temporales en las que se encuentra, al instante reconoce la ciudad, la patrulla, la situaci\u00f3n. Van camino al lugar de los hechos, est\u00e1n pr\u00f3ximos a llegar. Se reincorpora en el asiento asumiendo una posici\u00f3n m\u00e1s digna de su rango, ajusta la pistola dentro de la funda y se prepara para entrar en acci\u00f3n. Se estacionan frente a un hotel, hay cierta agitaci\u00f3n en el vest\u00edbulo, ya han llegado los bomberos y un equipo de reporteros gr\u00e1ficos. El encargado del hotel los intercepta atropellando frases y oraciones unas sobre otras, la hiperb\u00f3lica gesticulaci\u00f3n y la hist\u00e9rica descripci\u00f3n hacen que se le despierte un inesperado dolor de cabeza. Levanta la mano derecha, y con la palma abierta hace un gesto en se\u00f1al de que se calle, el encargado entiende de inmediato el significado amenazante de esa palma abierta y se limita a decir el n\u00famero de la habitaci\u00f3n en la que han ocurrido los hechos. Los tres, el detective, el oficial y el encargado, caminan por el vest\u00edbulo hasta llegar a los ascensores, esperan unos segundos hasta que el aparato abre sus puertas, y una vez adentro el oficial corta el paso del encargado del hotel, indic\u00e1ndole que hasta all\u00ed llega su compa\u00f1\u00eda. Aguardan en silencio los dos hombres, el detective ve la hora en su reloj y se percata de que son las dos de la ma\u00f1ana, si se apresura, podr\u00e1 dormir un rato con su mujer antes de que al amanecer se marche para el trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Irritado, constata por los sonidos caracter\u00edsticos que se escapan por la rendija inferior de las puertas, que no han desalojado el hotel y que detr\u00e1s de las paredes todav\u00eda se libran obscenas batallas. Se gira hacia el oficial y da la orden de evacuaci\u00f3n inmediata del edificio. Finalmente, la puerta entreabierta de la suite 405 deja ver el movimiento ajetreado de los fot\u00f3grafos forenses, capturando todos los detalles de la escena. Otro oficial se acerca para ponerlo al tanto de la situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cuarto principal se encuentra el cuerpo sin vida de un hombre de cuarenta y cinco a\u00f1os con los pantalones ca\u00eddos a la altura de las rodillas, presenta heridas a lo largo de toda la espalada causadas por un objeto punzopenetrante. Una mujer, de aproximadamente treinta y dos a\u00f1os, fue llevada de emergencia por el personal de param\u00e9dicos al hospital, al presentar politraumatismos y fracturas en el rostro. El encargado del hotel refiri\u00f3 que una mujer desnuda, salpicada de sangre, apareci\u00f3 en el lobby y se desmay\u00f3 sobre la alfombra. Actualmente la mujer es atendida por el psic\u00f3logo forense. En el cuarto, adem\u00e1s del cuerpo del occiso, fueron encontrados los documentos de identificaci\u00f3n de los involucrados, de donde se pudo constatar que la v\u00edctima es el esposo de la mujer encontrada en el lobby, tambi\u00e9n se tiene la identificaci\u00f3n completa de la mujer que fue llevada de emergencia al hospital y se est\u00e1 tratando de establecer su relaci\u00f3n con la pareja. Uno de los espejos de la habitaci\u00f3n se encontr\u00f3 partido en pedazos. En los pu\u00f1os del hombre se detectaron manchas de sangre sin evidencia aparente de heridas. Hay sangre por toda la cama, huellas de pisadas hasta la entrada de la habitaci\u00f3n y salpicaduras en la manilla de la puerta. El peritaje determinar\u00e1 a qui\u00e9n \u2014adem\u00e1s del cad\u00e1ver\u2014 pertenece la sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>El interrogatorio inicial a los empleados revela que una pareja de mujeres se registr\u00f3 en la habitaci\u00f3n 405 a las diez y media de la noche. Treinta minutos despu\u00e9s la pareja solicita un servicio de bebidas a la recepci\u00f3n y el licor es requerido al coffee bar del hotel. A las once y cuarto aparece un hombre de tez clara y estatura promedio solicitando saber d\u00f3nde se encuentra alojada su esposa, muestra su identificaci\u00f3n, y el empleado al verificar la correspondencia de apellidos le indica el n\u00famero de habitaci\u00f3n. El reci\u00e9n llegado inst\u00f3 al recepcionista a que no se molestase en anunciarlo, porque lo estaban esperando. El encargado de la recepci\u00f3n refiri\u00f3 no haber puesto mayores reparos, ya que, adem\u00e1s de que la discreci\u00f3n y privacidad forman parte de la cultura de servicio del hotel, tambi\u00e9n es pr\u00e1ctica frecuente la pernocta de parejas o tr\u00edos en el recinto. \u00abDe hecho, -refiere el empleado de la recepci\u00f3n- otras dos mujeres y un hombre se alojaron en la suite 404 apenas un hora antes y entregaron las llaves de la habitaci\u00f3n sin mayor novedad poco despu\u00e9s de la media noche\u00bb. A las once y treinta el camarero toca la puerta de la habitaci\u00f3n 405 para hacer entrega del servicio, no obstante, a pesar de su insistencia nadie sali\u00f3 a recibir el pedido. Al interrogar al camarero, \u00e9ste refiri\u00f3 escuchar unos gritos dentro del cuarto. En otras circunstancias le hubiese llamado la atenci\u00f3n ese hecho, pero esos alborotos generalmente no son m\u00e1s que la escenificaci\u00f3n de alguna fantas\u00eda sexual de los clientes, y es pol\u00edtica del hotel no molestar a los hu\u00e9spedes si se sospecha que est\u00e1n ocupados en alguna faena privada. A las doce y media de la noche aparece en el lobby del hotel la esposa de la v\u00edctima, completamente desnuda, empu\u00f1ando un trozo de vidrio.<\/p>\n\n\n\n<p>El dolor de cabeza se intensifica mientras escucha el reporte del oficial, quien ha hecho un excelente resumen de la evidencia parcial sobre el caso. De momento parece claro el qu\u00e9 de la situaci\u00f3n, lo que est\u00e1 por dilucidarse es el&nbsp;<em>c\u00f3mo<\/em>&nbsp;y el&nbsp;<em>por qu\u00e9<\/em>&nbsp;de los sucesos acaecidos. As\u00ed que mentalmente, mientras pasea el lugar de los hechos, procede a hacerse una serie de preguntas y a aventurar posibles respuestas. Primero, \u00bfpor qu\u00e9 el esposo lleg\u00f3 cuarenta minutos despu\u00e9s que las dos mujeres se hospedaran? Pudo haberse retrasado por cualquier motivo, adem\u00e1s, una tardanza de media hora no resulta nada extra\u00f1o en este pa\u00eds, as\u00ed que no parece relevante la diferencia de horarios. Segundo, \u00bfpor qu\u00e9 el hombre no sab\u00eda la habitaci\u00f3n en la que se registraron su mujer y la acompa\u00f1ante? Si \u00e9l no sab\u00eda el n\u00famero del cuarto es porque no exist\u00eda ning\u00fan acuerdo de verse en ese hotel, as\u00ed que el marido con seguridad estaba siguiendo a su esposa y quer\u00eda sorprenderla, eso explicar\u00eda su insistencia en que el recepcionista no anunciara su llegada. Tercero, entre el momento en que lleg\u00f3 el esposo y el momento en que el camarero toc\u00f3 a la puerta, habr\u00e1n transcurrido unos quince minutos, es probable entonces que las dos mujeres abrieran sin sospechar, pensando que era el servicio de bebida.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la punta de un bol\u00edgrafo levanta la mano occisa y fija su mirada en las manchas de sangre de los nudillos, recuerda que el oficial le indic\u00f3 que la otra mujer presentaba severas heridas en la cara. Aunque hay que esperar el peritaje, no parece haber duda alguna de que la v\u00edctima fue tambi\u00e9n el victimario de la segunda mujer. La visita no pretend\u00eda ser amistosa. Los pantalones a la altura de las rodillas sugieren que el hombre tuvo tiempo suficiente para obrar un \u00faltimo ultraje. Observa detenidamente el espejo fracturado, hay una zona de impacto que corresponde aproximadamente a la de una espalda menuda, el fragmento de espejo \u2014empu\u00f1ado por la esposa en el lobby del hotel\u2014 habla por s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>El yugo que une a los conyugues no subyuga en lo absoluto el fervor de los deseos, menos a\u00fan el objeto a ser deseado. Aquellas dos habitantes de la isla de Lesbos se daban encuentro en ese cuarto de hotel para recrear los versos de la bella Safo. \u00bfQui\u00e9n sabe cu\u00e1ntas veces las amantes habr\u00e1n cruzado el mar Egeo para unirse en un h\u00famedo abrazo, pubis contra pubis, y compensar as\u00ed el sufrimiento de una vida a la sombra, de un amor furtivo que a los ojos de familiares y amigos s\u00f3lo podr\u00eda pasar por una firme amistad?<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo que resta de noche no hay m\u00e1s nada que hacer, ese violento encuentro forma parte del eterno ritual de semen, sudor y sangre. Da la autorizaci\u00f3n para que se lleven el cad\u00e1ver a la medicatura forense, ordena el traslado de la mujer a la comisar\u00eda para dar inicio al expediente inculpatorio, y dispone que sea clausurado el cuarto piso del hotel mientras duren las experticias. Observa su reloj, son las tres y media de la madrugada y la ciudad no descansa, restan todav\u00eda algunas horas antes de que el sol de la ma\u00f1ana repliegue a los ej\u00e9rcitos de la oscuridad, los seres de la noche que todav\u00eda se mueven de extremo a extremo de la urbe. Sube a la patrulla y da instrucciones al oficial de que lo deje en su casa, pretende estrecharse a su esposa antes de que llegue el amanecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez en su casa, la abraza tomando con delicadeza su seno, ella aprieta la mano contra su pecho y murmura alguna frase afectiva mientras \u00e9l termina de plegarse a su cuerpo. Una t\u00edmida erecci\u00f3n va adquiriendo fuerza. Procurando activar el mecanismo reflejo de la excitaci\u00f3n, acaricia con movimientos circulares el pecho de Camila y lame febril su nuca. Camila responde con desgano los avances de su marido, se voltea y deja que su lengua se introduzca dentro de la boca y que su dedo escarbe debajo del pijama buscando el cl\u00edtoris dormido. A pesar de que Camila hace horas que debe reposar c\u00e1lidamente sobre su cama, en ese momento parece abatida por el cansancio, como si la embestida amorosa del esposo significara un esfuerzo adicional.<\/p>\n\n\n\n<p>Con movimientos seguros voltea el cuerpo de Camila y tom\u00e1ndola por la cintura la coloca boca abajo. Ella, con las rodillas incrustadas en el colch\u00f3n y la cabeza posada sobre la almohada, le expone sus gl\u00fateos firmes y torneados sin el m\u00e1s m\u00ednimo rastro de imperfecci\u00f3n. Es un magnifico espect\u00e1culo el que Camila le entrega a su esposo. Con ambas manos, abre el pliegue formado por las nalgas y descubre ante sus ojos las cavidades profundas de su mujer. Dos abismos carnosos le hacen sentir un intenso v\u00e9rtigo, como si temiera perderse para siempre dentro aquellos orificios, en las profundidades secretas donde se ocultan los eternos misterios de la humanidad. Desde su \u00e1ngulo de visi\u00f3n, el ano se le enfrenta m\u00f3rbido y compacto, negro como el averno marino, m\u00e1s abajo, rojiza y viscosa se expande la vulva en pliegues ondulados. Debe tomar una decisi\u00f3n, apuntar al objetivo correcto y con certeros proyectiles de semen penetrar en el cuerpo hostil.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l no sabe que Camila tiene su mente ocupada en los recuerdos, en el rito inici\u00e1tico que hab\u00eda tenido lugar esa noche. Mientras \u00e9l soportaba entumecido las primeras horas de fr\u00edo frente al televisor, Camila tomaba unas cervezas con su mejor amiga en el&nbsp;<em>Baco coffee bar<\/em>. All\u00ed, entre luces estrobosc\u00f3picas, las im\u00e1genes superpuestas de cuerpos sudorosos y danzantes embriagaban a Camila en un ins\u00f3lito estado de excitaci\u00f3n, en medio de la pista de baile sent\u00eda como si, pedazo a pedazo, una antigua y gastada piel se le fuese desprendiendo. La m\u00fasica del Deejay la proyectaba m\u00e1s all\u00e1 de su cuerpo. Sabe que su esposo est\u00e1 ocupado en la Divisi\u00f3n Contra Homicidios. Resign\u00e1ndose a sublimar sus deseos con la m\u00fasica trance, cierra los ojos y se entrega por entero a<em>Cosmosis, California Sunshine, Space Cat<\/em>&nbsp;y todas las bandas de m\u00fasica electr\u00f3nica que el<em>Deejay<\/em>&nbsp;ha seleccionado para su diversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Camila tiene su mente ocupada en los recuerdos, evocando el instante en el cual, en medio de la penumbra siente la fricci\u00f3n de un cuerpo contra sus senos, el calor de una piel h\u00fameda que se abraza contra la suya, sin abrir los ojos se deja llevar por la cadencia de sus movimientos. Por la retaguardia, siente la presi\u00f3n de un bulto que aprieta contra la minifalda y unas gruesas manos que la toman por la cintura. Abre los ojos, delante, su amiga frota sus senos contra los de Camila, acarici\u00e1ndole el rostro con las manos. Detr\u00e1s, bes\u00e1ndole la nuca, el novio de su amiga la domina con sus fuertes brazos. Bajo las sombras, sus felinas siluetas se confunden entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Camila tiene su mente ocupada en los recuerdos, y \u00e9l no sabe que cuando se dirig\u00eda semidormido al lugar de los hechos, Camila era atravesada por el conducto excretor con un m\u00e1stil del tama\u00f1o de una torre. No sabe que los dedos de aquella amiga jugaron con el cl\u00edtoris erecto de su esposa, No sabe tampoco que ella bebi\u00f3 sus fluidos genitales. Mientras \u00e9l se despertaba sobresaltado en medio de una pesadilla, seis brazos y seis piernas se enlazaban en el eterno ritual de semen, sudor y sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, en la suite 404 de un hotel capitalino, los emisarios del dios Baco oficiaron el bautismo. Son los seres de la noche, esos que a la luz del d\u00eda se esconden bajo la piel de un pastor de iglesia, una secretaria, un padre de familia, un estudiante universitario, una ni\u00f1a de su casa o una esposa enamorada. No todos los que transitan en la oscuridad de la noche pertenecen a \u00e9sta, los seres de la noche no son simples personas que por error se han salido de sus c\u00e1lidas camas. Durante a\u00f1os \u00e9l ha sido un turista de la noche, jam\u00e1s ha podido entrar plenamente a la profundidad de las cavernas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dispone a penetrar a Camila del modo tradicional, pero las v\u00e1lvulas que le bombean sangre al pene se detienen y pierde el poder de la erecci\u00f3n. El exceso de trabajo, caf\u00e9 y cigarros no son buenos para el amor. Un rat\u00f3n campestre cruza veloz por su cabeza. Jam\u00e1s ha podido entender la tect\u00f3nica de placas que mueve el inconsciente colectivo, el magma lascivo que sacude secretamente al mundo. Incapaz de penetrar en el cuerpo hostil que se le abalanza, se entrega resignado a su destino y recuerda de nuevo aquella frase inocente: \u00ab\u00bfVale la pena vivir si no puedes entrar en el juego del apareamiento?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados originalmente en: https:\/\/circulodepoesia.com y https:\/\/ficcionbreve.org, respectivamente.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bajo el signo de c\u00e1ncer El brazo muerto no siempre est\u00e1 del todo muerto: a veces percibo un hormigueo leve que me toma por sorpresa. Casi no pienso en \u00e9l. De hecho, s\u00f3lo con esfuerzo puedo recordar c\u00f3mo era la vida antes de que se apagara la conexi\u00f3n entre nosotros. 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