{"id":13039,"date":"2023-09-01T19:12:00","date_gmt":"2023-09-01T19:12:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=13039"},"modified":"2024-09-01T20:12:55","modified_gmt":"2024-09-01T20:12:55","slug":"las-novelas-del-28","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/las-novelas-del-28\/","title":{"rendered":"Las novelas del 28"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez<\/h4>\n\n\n\n<p>Los sucesos de febrero de 1928, conocidos como \u201cSemana del Estudiante\u201d, la prisi\u00f3n de m\u00e1s de 200 j\u00f3venes y su env\u00edo al Castillo Libertador de Puerto Cabello, la participaci\u00f3n de algunos en el golpe del 7 de abril, la nueva prisi\u00f3n masiva de estudiantes en octubre, y posterior distribuci\u00f3n entre concentrados en Las Colonias y secuestrados en el Castillo, las experiencias carcelarias de algunos de los actores de estos episodios \u2013incluida la de uno que se les incorpor\u00f3 sin ser universitario, como Antonio Arr\u00e1iz\u2013 y el testimonio de otros que no tomaron parte en los hechos \u2013por ejemplo, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, en funciones consulares, o M\u00e9ndez Llamozas, impugnador de ellos\u2013, est\u00e1n documentados en una serie de novelas que llamar\u00e9 por comodidad \u201cnovelas del 28\u201d, atendiendo no a que sus autores perteneciesen a la generaci\u00f3n o n\u00facleo estudiantil que insurge en ese a\u00f1o, sino a la circunstancia gen\u00e9rica de que tocaran, directa o incidentalmente, el tema de ese estallido singular en la historia venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Novelas plenas y novelas incidentales<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Novelas plenas del 28, lo son \u00fanicamente, a mi manera de ver, La carretera y Fiebre, escritas por dos miembros del grupo estudiantil del 28; la primera por Nelson Himiob, Vicepresidente del Centro de Estudiantes de Derecho para aquellos d\u00edas, y Miguel Otero Silva, estudiante de Ingenier\u00eda, humorista y poeta incipiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Novelas que incidentalmente se refieren a los sucesos iniciales son: <em>Todos iban desorientados<\/em>, de Antonio Arr\u00e1iz, <em>As\u00ed fue<\/em>, de Diego Labarta (seud\u00f3nimo de M\u00e9ndez Llamozas); <em>Todas las luces conduc\u00edan a la sombra<\/em>, obra escrita por Nelson Himiob; <em>La Galera de Tiberio<\/em>, de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez; <em>Rastro en el alba<\/em>, de Manuel Vicente Tinoco, y <em>Casas muertas<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>Y novela que relata experiencias carcelarias posteriores a los sucesos, desdibujadas en un fondo colectivo no puramente estudiantil, lo ser\u00eda nada m\u00e1s Puros hombres, de Arr\u00e1iz; mientras Juan Oropesa con Fronteras, busca encuadrar la \u201cemigraci\u00f3n voluntaria\u201d de un grupo estudiantil a\u00f1os despu\u00e9s del choque del 28, y Laureano Vallenilla Lanz situar, a la manera de un heredero de los beneficios del gomecismo, el aporte universitario a la invasi\u00f3n del \u201cFalke\u201d. Muy por  encima, \u00bfqu\u00e9 dec\u00edan esas novelas y en qu\u00e9 forma sus autores fueron solidarios o antagonistas de este turbi\u00f3n juvenil?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Un testimonio terrible: La carretera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Quiero empezar por La carretera, no s\u00f3lo porque fue el primer documento en vivo que se public\u00f3 (1937), sino tambi\u00e9n por haber sido redactada tempranamente, casi contempor\u00e1neamente a los hechos, entre 1929 y 1932. Himiob llam\u00f3 a su novela con bastante acierto \u201crelato\u201d, y como tal \u2013como una relaci\u00f3n hist\u00f3rica novelada\u2013 debe tomarse. El car\u00e1cter ficticio es aqu\u00ed secundario, subordinado a una acci\u00f3n y unos personajes reales, incluso con fechas y nombres que permiten una inmediata identificaci\u00f3n. Llevado por esas pistas, un lector desprevenido podr\u00eda tratar de identificarla con las Memorias de Pocaterra, y pecar\u00eda de excesivo comparativismo, de sumisi\u00f3n a m\u00e9todos anal\u00f3gicos, pues la intenci\u00f3n convicta y confesa de Pocaterra, era memorizar para memorializar; mientras en Himiob lo era para relatar. M\u00e1s cerca, por cubrir un mismo tiempo narrativo, y por ce\u00f1irse a la misma an\u00e9cdota y a los mismos personajes, estar\u00eda el libro En la prisi\u00f3n, compuesto a la manera de un diario por otro de los protagonistas del 28, el larense Pedro N. Pereira, aunque en \u00e9ste opera la \u201cmemoria pura\u201d, una descripci\u00f3n simult\u00e1nea de los sucesos en los que se admira lo veraz y minucioso m\u00e1s que el af\u00e1n de situarlos novelescamente. Con todo, La carretera es un tipo sui g\u00e9neris de novela, provista de la visi\u00f3n documentalista heredada de nuestros \u201cfabuladores\u201d decimon\u00f3nicos, y convertida en un mal \u00f3ptico terrible bajo el impulso de una larga dictadura como la de G\u00f3mez, que ped\u00eda del escritor denuncia, imprecaci\u00f3n, insulto, m\u00e1s que el libre ejercicio narrativo o la ficci\u00f3n v\u00e1lida por s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Deber\u00eda alguien asumir la tarea, nada dif\u00edcil, por lo dem\u00e1s, de cotejar <em>En la prisi\u00f3n<\/em> con <em>La carretera<\/em>. La misma descripci\u00f3n de la salida por Petare; la misma presentaci\u00f3n de personajes del momento, actores del drama: Isaac Pardo, Luis Villalba, Chirinos Lares, L\u00f3pez Gallegos, Clemente Parpac\u00e9n y otros; el mismo encuadre de <em>Las Colonias mirandinas<\/em>, con el sacapatalaj\u00e1, los proyectos y el esp\u00edritu de grupo, s\u00f3lo que en Pereira esta parte es m\u00e1s extensa y detallada; el mismo anuncio del traslado y la misma divisi\u00f3n en dos grupos, uno para ser conducido a Palenque, y el otro, m\u00e1s numeroso, al Castillo Libertador. En la parte final, los libros, en cambio, se apartan para contar cada uno un episodio distinto de una jornada id\u00e9ntica: Himiob para relatar la vida en La China y Palenque, cap\u00edtulos donde alcanza un vigor documentalista m\u00e1s tarde recogido por Jos\u00e9 Vicente Abreu en <em>Se llamaba SN<\/em>, y Pereira para describir la \u201csegunda vida\u201d en el Castillo Libertador. La carretera hace desfilar entonces, en un marco realista ruso, y siguiendo, como dije, la v\u00eda venezolana de la historizaci\u00f3n de la novela, a personajes reales dentro de un horrendo escenario tambi\u00e9n real. Pasan as\u00ed ante los ojos del lector: Inocente Palacios, Pedro Juliac, Jos\u00e9 Antonio Marturet, Ricardo Razetti, Celis Saune, Anzola, Yanes, S\u00e1nchez Pacheco, Garc\u00eda, Maldonado y otra vez Chirinos Lares y Parpac\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Estudiantes y obreros en <em>Fiebre<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Influy\u00f3 posiblemente en Otero Silva, para arrancar con los sucesos estudiantiles de febrero y concluir en el campamento concentracionario de Palenque, pasando antes por la montonera, el hecho de haber eludido a la polic\u00eda en octubre-noviembre de 1928, esto es, el env\u00edo a Las Colonias o al segundo encierro del Castillo, y participado en el asalto de Curazao y la invasi\u00f3n por Falc\u00f3n en junio de 1929. De su incursi\u00f3n armada, de su breve vida de guerrillero, tom\u00f3, pues, un elemento que no figura en La carretera, ni directamente en ninguna otra novela del 28, pues Balumba, de Arturo Brice\u00f1o, ce\u00f1ida en el estilo galleguiano, obedece a otro tiempo y circunstancia. Pero Fiebre, al pintar la vida en Palenque, lo hace por referencia, no por experiencia; en efecto, Otero Silva apel\u00f3 a la narraci\u00f3n oral de sus antiguos compa\u00f1eros de Universidad para completar el ciclo, o sea, para unir la \u201cSemana del Estudiante\u201d con el brote montonero y darle remate angustioso a su novela.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo en la Caracas del 27 algunos anarco-sindicalistas espa\u00f1oles, y agarr\u00e1ndose de este punto hist\u00f3rico y de su posterior formaci\u00f3n marxista \u2013\u201choy somos distintos a lo que fuimos en 1928\u201d, dice el personaje en Palenque, al dirigirse a sus compa\u00f1eros presos en el Castillo\u2013, Otero Silva introduce un elemento ideol\u00f3gico revolucionario que est\u00e1 por completo ausente en los otros testigos generacionales. Hilario Figueras, aunque alg\u00fan cr\u00edtico pretenda que es una intromisi\u00f3n doctrinaria a posteriori, no experencial, no s\u00f3lo es explicable dentro del contexto hist\u00f3rico del 28, sino que le imprime a la novela, tan dirigida a demostrar la furia dialogante y pol\u00e9mica de los estudiantes (recu\u00e9rdense episodios similares en el grupo intelectual-universitario de <em>Reinaldo Solar<\/em>, que cubre la primera d\u00e9cada gomecista), un equilibrio de tesis. Sin la presencia de Figueras, abogado de la clase obrera y de sus m\u00e9todos de lucha, y a quien Otero Silva le dejar\u00e1 heredero en <em>Cuando quiero llorar no lloro<\/em>, la novela de un autor revolucionario para el momento<br>en que la public\u00f3, habr\u00eda quedado inscrita en la vieja palabrer\u00eda estudiantil o intelectual de <em>Pasiones<\/em>, de Gil Fortoul, y de <em>Reinaldo Solar<\/em>, de Gallegos.<\/p>\n\n\n\n<p>La edici\u00f3n con esquela y pr\u00f3logo de Fiebre tiene, pues, un inter\u00e9s del que carec\u00edan las impresiones anteriores. Pone a discutir a una generaci\u00f3n novelada sobre la novela de una generaci\u00f3n, que ya Vidal Rojas supon\u00eda, en su fiebre de Palenque, un tanto diferente a lo largo de las c\u00e1rceles, los desenga\u00f1os, los contactos con nuevas ideolog\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Visiones negativas del 28<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dos testimonios contrarios son: <em>As\u00ed fue<\/em>, a quien su autor califica curiosamente de noveloide, y <em>All\u00e1 en Caracas<\/em>. As\u00ed fue, plena de errores de tipograf\u00eda, lo que acaso se deba a su edici\u00f3n de imprenta extranjera (Fernand Sorlot, Par\u00eds), pretende ser la exposici\u00f3n de \u201cescenas de un cambio de r\u00e9gimen\u201d, y la primera parte de una serie de \u201cepisodios venezolanos\u201d al estilo de Tosta Garc\u00eda, quien a su vez se hab\u00eda inspirado para la composici\u00f3n en varias piezas seriadas, en P\u00e9rez Gald\u00f3s y sus \u201cepisodios nacionales\u201d. Pero Ram\u00f3n I. M\u00e9ndez Llamozas no cumpli\u00f3 su prop\u00f3sito y quedaron sin escribir o in\u00e9ditas: <em>Memento, homo<\/em> y <em>Calma y cordura<\/em>, segundo y tercer volumen de los episodios.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se hurgaran precedentes de la novel\u00edstica venezolana, s\u00f3lo en cuanto al enfoque ideol\u00f3gico de reg\u00edmenes pol\u00edticos o cambios revolucionarios, <em>As\u00ed fue<\/em> lo tendr\u00eda en <em>La Charca<\/em>, novela en la que Carlos El\u00edas Villanueva se aparta de los tradicionales elogios a la Guerra Federal, y ensaya un castigo \u201cnovelesco\u201d contra aquellos destructores de la propiedad, liquidadores de la familia y demagogos empedernidos que para \u00e9l fueron los federalistas. Obra goda, reaccionaria en el sentido \u00faltimo de la palabra, tiene su alma gemela en As\u00ed fue, sucesivos cuadros con car\u00e1cter alternante de la Venezuela gomecista y de los primeros tiempos del lopecismo, que pasa necesariamente por el a\u00f1o 28 y los sucesos estudiantiles. El protagonista en este caso se llama Nicomedes Galindo, especie de antih\u00e9roe que habr\u00e1 de participar en el golpe del 7 de abril. Esta relaci\u00f3n le da cierta vigencia para los fines aqu\u00ed estudiados, a la novela, cuyo vicio principal es arrastrar con la tradici\u00f3n de la mixtura realista-ficticia dentro de la narraci\u00f3n, forz\u00e1ndola al panfleto y a la venganza pol\u00edtica. Para M\u00e9ndez Llamozas, los jefes de la guarnici\u00f3n militar de Miraflores fueron \u201csalvajemente asesinados\u201d, y los estudiantes, al parecer, no sufrieron prisi\u00f3n alguna, ni el r\u00e9gimen era culpable de horrores y torturas. M\u00e9ndez Llamozas public\u00f3 su \u201cnoveloide\u201d con el seud\u00f3nimo de Diego Labar\u00eda, que Di\u00f3genes Escalante en una carta al General L\u00f3pez Contreras, en 1939, confunde con Diego Labarca.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a Laureano Vallenilla Lanz, All\u00e1 en Caracas constituye la matriz novelada de sus posteriores Memorias, escritas no tan de memoria (hay investigaci\u00f3n al lado de trabajo en el pasado, de recuerdos) y capta, un tanto ensay\u00edsticamente, la parte de los sucesos estudiantiles en que \u00e9stos son ya armados, concretamente la invasi\u00f3n del \u201cFalke\u201d. El personaje \u201cimaginario\u201d Roberto Mijares estuvo entre los soldados de Delgado Chalbaud, al igual que Rengifo, tambi\u00e9n \u201cnovelesco\u201d, en tanto que Armando Zuloaga Blanco, de carne y hueso, es mencionado entre los participantes de la invasi\u00f3n. Ahora bien, el personaje central, o sea el narrador (identificable con Laureano Vallenilla) cuenta esto desde afuera, Francia, donde efectivamente viv\u00eda para la \u00e9poca. Es testigo de segunda mano.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Antes y despu\u00e9s de los sucesos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Muy a la ligera, es hora de volver a Himiob y de presentar a uno de los activistas y te\u00f3ricos del 28, Juan Oropesa, de reciente muerte. No son las suyas estrictamente novelas del 28, una porque cronol\u00f3gicamente abarca sustancialmente la etapa anterior al 28, y otra porque lo hace en una etapa posterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las luces conduc\u00edan a la sombra, relata la infancia y adolescencia de un grupo estudiantil, que, muy avanzada la obra, entronca con la \u201cSemana del Estudiante\u201d, el golpe del 7 de abril, complots terroristas, prisiones y env\u00edos a la carretera. Fernando, Pablo, Nevares y Pepegarte, son los principales actores de este peligroso evento del que se dan expl\u00edcitos datos, como las asambleas estudiantiles, el fracaso del asalto al \u201cSan Carlos\u201d y los preparativos terroristas o conspirativos de m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan Oropesa, en Fronteras, al querer salirse del marco hist\u00f3rico y dar una idea del 28 por v\u00eda de los recuerdos, se vale de un \u201cgrupo estudiantil\u201d (y en este sentido es \u201cnovela de grupo\u201d, como la mayor\u00eda de las del 28), que planifica un viaje hasta San Crist\u00f3bal y que a final de cuentas, por complicaciones en una conspiraci\u00f3n local, va a dar a Colombia. La primera y segunda parte, tienen m\u00e1s prop\u00f3sito de rememoraci\u00f3n que la tercera, cuando la novela se diluye en ciertas relaciones amorosas y seudoconspirativas de escaso valor creador. En s\u00edntesis, la obra enfoca en diferentes sitios del pa\u00eds, desde Caracas a C\u00facuta, al grupo estudiantil que inconscientemente emigra del pa\u00eds y del pasado en un Ford modelo 31, con lo que Oropesa introduce un elemento novedoso en la narrativa. Con otro sentido, por lo dem\u00e1s maravillosamente logrado, fue lo mismo que hizo Sinclair Lewis en <em>Aire libre<\/em>, al describir un viaje de costa a costa a lo largo de las carreteras de EE.UU. Oropesa, como casi todos los novelistas a que me he referido, no escapa a la tentaci\u00f3n de presentar personajes reales o en mezcla con \u201ccaracteres imaginarios\u201d. Por ejemplo, \u00e9l mismo se pinta a trav\u00e9s de Fabi\u00e1n Orozco, tal como Otero Silva lo hab\u00eda hecho a trav\u00e9s de Vidal Rojas, y deja la idea de que Samos no es otra persona que Ch\u00edo Zubillaga Perera, maestro de esa y otras generaciones estudiantiles de Carora.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Incidencias, referencias y rellenos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Rastro en el alba, La Galera de Tiberio <\/em>y <em>Casas muertas<\/em>, tienen referencias espec\u00edficas a la jornada del 28 o a las que le siguieron inmediatamente.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Rastro en el alba<\/em> es una novela estudiantil como <em>Todas las luces conduc\u00edan a la sombra<\/em>, con la diferencia de que la primera parte de la obra de Manuel Vicente Tinoco se desarrolla en el interior de San Felipe y Barquisimeto, concretamente. Relatada a trav\u00e9s de un narrador, Francisco Andara, llega un momento en que el grupo estudiantil provinciano es despertado a la pol\u00edtica, al o\u00edr el rumor de la muerte de un secuestrado en la temible c\u00e1rcel Las Tres Torres, y al conocer la noticia de que en Caracas los estudiantes se hab\u00edan alzado y el General G\u00f3mez estaba grave. Todos se compraron boinas azules y se prendieron insignias de la FEV en la solapa, como gesto solidario con los universitarios y, m\u00e1s tarde, algunos del grupo, al venir a Caracas para cursar en la UCV, participaron en la \u201csegunda parte del movimiento\u201d, que no de otra forma pueden calificarse las jornadas de 1936.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez estaba en Panam\u00e1 cuando escribi\u00f3 <em>La Galera de Tiberio<\/em>, novela excepcional desde el punto de vista de la estructura, aunque sin mayor vigencia desde el \u00e1ngulo pol\u00edtico, donde le era dif\u00edcil situarse a N\u00fa\u00f1ez. A trav\u00e9s de Pablo Revilla dej\u00f3 constancia el novelista de su apreciaci\u00f3n del movimiento estudiantil. Ese personaje se hab\u00eda contaminado de ideas revolucionarias desde 1927 (\u00bfuno de los gestores de Universidad y v\u00e1lvula?) y comprometido con la huelga estudiantil del 28, y cantado canciones burlescas, y por fin, tras prisi\u00f3n en el Castillo, participado en el asalto de \u201cun cuartel\u201d, indudablemente el San Carlos. N\u00fa\u00f1ez encuentra a su personaje en el exilio y lo pone como testigo de la huelga bananera que conmover\u00e1 a Colombia, y que aparece magistralmente descrita en <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>Retroceso de una novela sobrepasada, Pic\u00f3n Salas tard\u00edamente, 1955, narra la sobada historia de caudillos y dictadura, generales presos y persecuci\u00f3n y en un largo tramo de <em>Los tratos de la noche<\/em>, apunta hacia el 28 y los estudiantes, en prosa ensay\u00edstica y falsa, impropia de sus condiciones de escritor. La tortura de Alfonso Segovia no a\u00f1ade nada a las descripciones de novelistas anteriores. Y <em>Casas muertas<\/em> es, por breve referencia, otra visi\u00f3n de Palenque, un tanto distinta a la que Otero Silva hab\u00eda formulado en <em>Fiebre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos obras de Antonio Arr\u00e1iz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, dos novelas de Antonio Arr\u00e1iz. En <em>Todos iban desorientados<\/em>, se toma como enfoque central la llegada de un forastero (y se dice que en la novela del mismo nombre de Gallegos, el personaje lleva a la ciudad del interior la inquietud del 28), que no es otro que el estudiante Alfonso Olivares, de quien a la entrada de la obra se da cuenta por medio de un telegrama policial en el que yerra la t\u00e9cnica estil\u00edstica de Arr\u00e1iz, tan maestra en Puros hombres, pues es telegrama con todos los signos de puntuaci\u00f3n, incluyendo comas y puntos y comas. Argumento en contrapunto, creaci\u00f3n de atm\u00f3sfera colectiva, acaso con una t\u00e9cnica tomada de los rusos y del unanimismo, la obra de Arr\u00e1iz es una repetici\u00f3n de Puros hombres en el manejo de la situaci\u00f3n y los personajes.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed se trata ahora de una c\u00e1rcel, del ambiente carcelario, m\u00e1s en su sentido humano que f\u00edsico. Tejido colectivo de hombres y pasiones, muertes violentas, ca\u00eddas en el hampa y en el bajo mundo, en <em>Puros hombres <\/em>los fonetismos y el lenguaje interiorizado de los personajes populares, alcanzan notable dimensi\u00f3n. La presencia un tanto mesi\u00e1nica, la aparici\u00f3n intempestiva del estudiante Gonzalo Ibarra, quien termina muerto en un intento de fuga (como algunos secuestrados pol\u00edticos de La Rotunda, en el siglo pasado), le imprimen a la novela un car\u00e1cter pedag\u00f3gico, formativo, por sobre el agitativo o pol\u00edtico. Arr\u00e1iz debi\u00f3 tomar los elementos de este libro brutal de su larga y dolorosa vida en La Rotunda, luego aumentada con la prisi\u00f3n, m\u00e1s corta, en Las Tres Torres: por ciertos detalles, la c\u00e1rcel parece a primera vista, como si fuera La Rotunda, y por otros, sobre todo la intromisi\u00f3n de lo campesino, como si fuera <em>Las Tres Torres<\/em>. En cualquier caso, es la c\u00e1rcel del gomecismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de 44 a\u00f1os, \u00e9stas son las \u201cnovelas del 28\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jesus-sanoja-hernandez\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Tomado de: https:\/\/www.archivosanojahernandez.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez Los sucesos de febrero de 1928, conocidos como \u201cSemana del Estudiante\u201d, la prisi\u00f3n de m\u00e1s de 200 j\u00f3venes y su env\u00edo al Castillo Libertador de Puerto Cabello, la participaci\u00f3n de algunos en el golpe del 7 de abril, la nueva prisi\u00f3n masiva de estudiantes en octubre, y posterior distribuci\u00f3n entre concentrados en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":13040,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13039"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13039"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13039\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13048,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13039\/revisions\/13048"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13040"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13039"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13039"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13039"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}