{"id":12842,"date":"2024-08-20T00:30:52","date_gmt":"2024-08-20T00:30:52","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12842"},"modified":"2024-08-21T21:29:53","modified_gmt":"2024-08-21T21:29:53","slug":"cronicas-de-indias-literaturas-de-fundacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cronicas-de-indias-literaturas-de-fundacion\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas de Indias: \u00bfLiteraturas de fundaci\u00f3n?"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alberto Rodr\u00edguez Carucci<\/h4>\n\n\n\n<p>Durante muchos a\u00f1os la historia de c\u00f3mo se form\u00f3 la civilizaci\u00f3n latinoamericana ha dependido de los relatos que dieron cuenta de aquellos procesos de exploraciones, conquistas y colonizaci\u00f3n del llamado Nuevo Mundo, en el cual se estableci\u00f3 una jerarquizaci\u00f3n de sus territorios, de sus pobladores, de sus creencias, de sus lenguas, costumbres y modos de organizaci\u00f3n, produciendo un disciplinamiento de la memoria y un cartab\u00f3n axiol\u00f3gico regidos por las perspectivas de enunciaci\u00f3n, escrituras y vinculaciones culturales \u2013tanto subjetivas como objetivas\u2013 de los autores de aquellos relatos que instituyeron las visiones de la historia que hemos recibido como legado. A partir de esos enfoques se han concebido y conformado las im\u00e1genes del continente americano, las valoraciones del mismo, su lugar y significaci\u00f3n en el concierto y\/o desconcierto universales. Tales efectos de sentido \u2013tan largamente experimentados a trav\u00e9s de la historia de la cultura\u2013 fueron logrados por las capacidades y destrezas de los cronistas en el manejo de sus recursos expresivos y de sus particulares concepciones y conocimientos del mundo, organizados y fundamentados seg\u00fan los imaginarios de sus tiempos, de tal forma que les permitieron transmitir sus percepciones del \u201cNuevo Mundo\u201d de maneras peculiarmente veros\u00edmiles y eficazmente persuasivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las noticias que llegaban a Europa gracias a las primeras cr\u00f3nicas de los viajeros-exploradores produjeron, sin embargo, distintas interrogantes para las ciencias y las concepciones de finales del siglo XV y comienzos del XVI, pues desestabilizaban la idea limitada que se ten\u00eda del universo y empezaba a formarse una nueva conciencia de un orbe desconocido que ofrec\u00eda otro clima, otros territorios, plantas, animales, ciudades de las cuales se ignoraba todo, aparte de que adem\u00e1s revelaban la existencia de los pueblos ind\u00edgenas cuya humanidad y espiritualidad se pon\u00edan en dudas.<\/p>\n\n\n\n<p>El impacto de aquellas noticias es valorado por el cr\u00edtico argentino \u00c1ngel N\u00fa\u00f1ez en estos t\u00e9rminos: \u201cLas cr\u00f3nicas de Indias intentar\u00e1n responder a estas primeras preguntas que cuestionan todo el saber europeo, todas las certezas, el mismo equilibrio econ\u00f3mico del mundo\u201d (2001: 295-296).<\/p>\n\n\n\n<p>1. El repertorio documental que sostiene todas esas apreciaciones desde sus inicios est\u00e1 integrado por un conjunto voluminoso y diverso de textos que convencionalmente ha sido etiquetado con un nombre pretendidamente unitario, como es el de cr\u00f3nicas de Indias. Un inmenso corpus que acoge una heterogeneidad de clases y tipos discursivos que por s\u00ed mismos tienden a desestabilizar la validez de su inscripci\u00f3n gen\u00e9rica, en raz\u00f3n de las diferentes concepciones que sostienen los textos y las diferentes estrategias de construcci\u00f3n formal que tipifican su textualidad, a partir de la cual se han dise\u00f1ado y jerarquizado recientemente sus cat\u00e1logos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cr\u00f3nicas de Indias se expanden en un horizonte hist\u00f3rico que abarca desde finales del siglo XV \u2013per\u00edodo de las primeras exploraciones europeas en el continente americano\u2013 hasta finales del siglo XVIII, cuando empieza a resquebrajarse la estabilidad del orden colonial en la mayor parte de los dominios regentados por el colonialismo del Viejo Mundo en estas regiones americanas. A aquella diversidad de textos dis\u00edmiles se la llam\u00f3 cr\u00f3nicas en virtud de que su modelo expositivo respond\u00eda a la sucesi\u00f3n temporal de los hechos que narraban, es decir, en atenci\u00f3n al hilo cronol\u00f3gico de los sucesos que los cronistas hab\u00edan percibido, o cre\u00edan haber percibido.<\/p>\n\n\n\n<p>La escritura de las cr\u00f3nicas contaba con sus propias ret\u00f3ricas en las tradiciones europeas, desde los tiempos de los antiguos cosm\u00f3grafos grecolatinos. Distintos autores de los tiempos actuales han indagado en esa relaci\u00f3n, entre ellos el estudioso venezolano Mariano Nava Contreras, quien ha afirmado en su libro La curiosidad compartida que \u201cpor medio del an\u00e1lisis ret\u00f3rico es posible demostrar que los mecanismos frecuentes en la historia antigua, la cual ciertamente obedece a un plan ret\u00f3ricamente estructurado que podemos hallar en la <em>Historia Naturalis <\/em>[de Plinio], se repiten en las Cr\u00f3nicas de Indias\u201d (2006: 25)<sup>1<\/sup>. Cabe acotar, sin embargo, que algunos cronistas mezclaron a veces aquel modelo de escritura con otras ret\u00f3ricas, como las medievales, que integrar\u00edan elementos propios de los relatos fant\u00e1sticos y maravillosos, como lo se\u00f1al\u00f3 tempranamente Irvig Leonard en los Libros del conquistador al apuntar que \u201chasta los llamados escritos hist\u00f3ricos inclu\u00edan a menudo constancias de milagros y de fen\u00f3menos sobrenaturales, y de aqu\u00ed que no sea sorprendente la borrosa distinci\u00f3n que el lector ordinario hac\u00eda entre la realidad y la ficci\u00f3n\u201d (1983: 40).<\/p>\n\n\n\n<p>Todos esos textos, con su tipolog\u00eda diversa (diarios, cartas de relaci\u00f3n, relaciones de la conquista y la colonizaci\u00f3n, e historias), tienen en com\u00fan tanto su ubicaci\u00f3n en el per\u00edodo colonial como su equ\u00edvoco referente geogr\u00e1fico e hist\u00f3rico, \u201clas Indias\u201d, que no son sino lo que hoy reconocemos como el continente americano. Los cortes precisos para la periodizaci\u00f3n de las cr\u00f3nicas han sido establecidos: la escritura del <em>Diario de navegaci\u00f3n<\/em> (1492) de Crist\u00f3bal Col\u00f3n y la Historia del Nuevo Mundo (1793) de Juan Bautista Mu\u00f1oz, seg\u00fan la razonada propuesta de Walter Mignolo en su estudio \u201cCartas, cr\u00f3nicas y relaciones del descubrimiento y la conquista\u201d (1982, T. I: 57-116).<\/p>\n\n\n\n<p>En otro estudio, este mismo autor se\u00f1al\u00f3 la tensi\u00f3n que han ocasionado las cr\u00f3nicas al ser confrontadas seg\u00fan sus instancias de recepci\u00f3n, en las que se las considera unas veces como \u201cliterarias\u201d y otras veces como \u201cdocumentos hist\u00f3ricos\u201d (Mignolo, 1980: 223-233), lo cual suele poner en debate tanto el estatuto discursivo como las funciones comunicativas de las cr\u00f3nicas de Indias.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esa disyuntiva y tomando en cuenta que las cr\u00f3nicas fueron escritas en atenci\u00f3n a las ret\u00f3ricas que de una y otra manera ten\u00edan m\u00e1s pr\u00f3ximas sus autores, quiz\u00e1s se puede aceptar como v\u00e1lida la definici\u00f3n propuesta por Mercedes Serna en su introducci\u00f3n al volumen antol\u00f3gico <em>Cr\u00f3nicas de Indias<\/em>, en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La cr\u00f3nica como g\u00e9nero es un contratexto que ha necesitado de un texto previo para existir. Es un texto h\u00edbrido, en su momento reconocido como texto hist\u00f3rico y hoy como literario, que funciona como un palimpsesto en el que se superponen textualmente distintos planos de la realidad (2000: 55)<sup>2<\/sup>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Esa perspectiva evidentemente optimista en cuanto a la literariedad de las cr\u00f3nicas, no es sin embargo un\u00e1nime, como se puede advertir al confrontarla con otros enfoques que inclusive llegan a determinar las definiciones de esta tipolog\u00eda discursiva en algunas obras de referencia espa\u00f1olas, como por ejemplo el <em>Diccionario Akal<\/em> de t\u00e9rminos literarios, donde se lee que \u201clos cronistas de Indias (siglo XVI) historiaron momentos de la conquista de Am\u00e9rica, pero sus obras no pueden ser consideradas cr\u00f3nicas, a pesar de la denominaci\u00f3n\u201d (Ayuso de Vicente et al., 1997: 87). Como se puede observar, se podr\u00eda decir que en el marco de la cultura hisp\u00e1nica, al menos hasta hace poco, el desconcierto, en cierta medida ha continuado.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Es un hecho que el estudio de las cr\u00f3nicas de Indias empez\u00f3 a hacerse con continuidad muy tard\u00edamente, primero en el campo de la historia, entre los a\u00f1os 50 y 60, en los que destaca el valioso trabajo Historiograf\u00eda indiana (1964), de Francisco Esteve Barba, y luego en el campo de las estudios literarios, hace unos treinta a\u00f1os, cuando la reflexi\u00f3n sobre la teor\u00eda de la cr\u00f3nica y su significaci\u00f3n como texto cultural comenzaron a cobrar auge tras la publicaci\u00f3n de libros como <em>La vocaci\u00f3n literaria del pensamiento hist\u00f3rico en Am\u00e9rica <\/em>(1982), de Enrique Pupo-Walker, y <em>Discurso narrativo de la conquista de Am\u00e9rica<\/em> (1983), de Beatriz Pastor.<\/p>\n\n\n\n<p>En el marco de la historiograf\u00eda literaria hispanoamericana, las cr\u00f3nicas han sido tradicionalmente aceptadas como \u201cantecedentes\u201d sin mayores consideraciones te\u00f3ricas, toda vez que \u00e9stas siguen siendo escasas. Sin embargo las estiman como punto de partida de la literatura en caracteres latinos y en una lengua europea, el espa\u00f1ol, que se impuso en la mayor parte de Am\u00e9rica, aunque eso no significa que no hubiese cr\u00f3nicas en otras lenguas, pues las hay en portugu\u00e9s, franc\u00e9s, italiano, alem\u00e1n<sup>3<\/sup> y en distintas lenguas ind\u00edgenas, como n\u00e1huatl, maya y quechua<sup>4<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, podr\u00eda afirmarse que las cr\u00f3nicas de Indias constituyeron el primer tipo discursivo que se impuso en la escritura en, sobre y desde este continente, poniendo de relieve la existencia del mismo con sus rasgos y peculiaridades, consiguiendo a la vez un lugar visible para Am\u00e9rica en el escenario mundial. En ese sentido, las cr\u00f3nicas marcan de una manera decisiva un punto de partida en la escritura latinoamericana y en la \u201cinvenci\u00f3n de Am\u00e9rica\u201d<sup>5<\/sup> que enriqueci\u00f3 la imaginaci\u00f3n y la producci\u00f3n de literatura ut\u00f3pica en gran parte del mundo occidental.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellas cr\u00f3nicas de Indias, tan frecuentemente descalificadas como discurso de validez hist\u00f3rica al ser acusadas de \u201cenga\u00f1osas\u201d (cf. T.W. Lichtinger) o \u201cmentirosas\u201d, tanto por historiadores como por literatos, han reclamado en estos tiempos nuevas estrategias de lectura capaces de superar los caducos enfoques que instituyeron los positivistas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, con muy escasas aunque honrosas excepciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Reivindicando las cr\u00f3nicas de Indias, en su Historiograf\u00eda indiana, el ya citado historiador espa\u00f1ol Francisco Esteve Barba, hace una destacable aclaratoria que, por su significaci\u00f3n justifica la cita que sigue, donde dice que las cr\u00f3nicas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>No falsean la verdad a sabiendas, sino que recogen lo que hay en el ambiente. Si la cr\u00edtica de los historiadores mon\u00e1sticos las hubiera rechazado por inveros\u00edmiles, nos hubiera privado de un acervo forjado por la imaginaci\u00f3n popular que los cronistas tambi\u00e9n deben recoger (1992: 9).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A estos historiadores no se les puede pedir, por consiguiente, rigor cient\u00edfico entendido a la moderna, por el contrario, hay que juzgarlos desde su propio \u00e1ngulo, sin exigirles que anacr\u00f3nicamente acepten o rechacen las noticias a trav\u00e9s de una lente futura que s\u00f3lo hemos aprendido a manejar nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esa perspectiva se recupera el valor e inter\u00e9s testimonial de las cr\u00f3nicas, as\u00ed como la relevancia cultural de los cronistas en tanto autores, a menudo testigos presenciales de sus narraciones, muchas veces susceptibles de lecturas \u201cliterarias\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En la actualidad, sea cual fuere el modo de releer desde el cual se las aborde, las cr\u00f3nicas se nos ofrecen como textos complejos, como escrituras h\u00edbridas de testimonios, exagerados no pocas veces, que se tornan ficcionales por el empleo de atribuciones sem\u00e1nticas que en verdad vienen a dar cuenta de hechos incomprendidos o de traducciones arbitrarias \u2013o err\u00f3neas\u2013 de los c\u00f3digos americanos a los c\u00f3digos europeos, produciendo a la vez transgresiones sensibles a las pautas de escritura que reg\u00edan m\u00e1s o menos normativamente a las cr\u00f3nicas medievales.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Los rasgos de la verosimilitud, como exigencia para la elaboraci\u00f3n discursiva de la historia, o el de la inverosimilitud como componente de la narraci\u00f3n imaginativa, mencionado por Esteve Barba, son niveles insuficientes para caracterizar la historicidad o la literariedad pretendidamente antag\u00f3nicas, puras e incontaminadas, como se ha hecho creer con base en los residuos de las concepciones positivistas que en ocasiones a\u00fan siguen circulando entre nosotros. Convendr\u00eda revisar esos modos de leer las cr\u00f3nicas someti\u00e9ndolas a discusi\u00f3n al calor de propuestas como las aportadas por George Duby (1975) y Hayden White (1992) desde los estudios de la historia, y como las de Antonio Cornejo Polar (1978) y Walter Mignolo (1981) desde el campo de los estudios literarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Las confrontaciones originales entre mentira y verdad se manifestaron tempranamente en las propias cr\u00f3nicas, como en el caso de la <em>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa\u00f1a<\/em>, de Bernal D\u00edaz del Castillo, en cuyo \u00faltimo cap\u00edtulo se cuenta la an\u00e9cdota entre el cronista y dos \u201clicenciados\u201d que se empe\u00f1an en revisar la relaci\u00f3n manuscrita del soldado, al parecer tratando de leerla seg\u00fan los par\u00e1metros de la ret\u00f3rica. Al respecto refiere Bernal:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026) e yo se la prest\u00e9, porque de sabios siempre se pega algo a los idiotas sin letras como yo soy, y les dije que no enmendasen cosa ninguna de las conquistas, ni poner ni quitar, porque todo lo que yo escribo es muy verdadero; y cuando lo hubieron visto y le\u00eddo los dos licenciados, el uno de ellos era muy ret\u00f3rico, y tal presunci\u00f3n ten\u00eda de s\u00ed, que despu\u00e9s de la sublimar y alabar de la gran memoria que tuve para no se me olvidar cosas de todo lo que pasamos desde que venimos a descubrir (\u2026).<br>(\u2026) me dijeron los licenciados que cuanto a la ret\u00f3rica, que va seg\u00fan el com\u00fan hablar de Castilla la Vieja, e que en estos tiempos se tiene por m\u00e1s agradable, porque no van razones hermoseadas ni afeitadas, que suelen componer los coronistas que han escrito en cosas de guerras, sino toda una llaneza, y debajo de decir verdad se encierran las hermoseadas razones (\u2026) (1971: 924).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En esas palabras de Bernal D\u00edaz del Castillo se deja entender que la verdad deber\u00eda comunicarse en lenguaje \u201cllano\u201d, directa y claramente comprensible para el hablante com\u00fan, sin recurrir a artificios expresivos que lejos de apegarse a la precisi\u00f3n de los hechos, podr\u00edan desvirtuarlos al cargar m\u00e1s la atenci\u00f3n en el cuidado de los recursos expositivos que en los acontecimientos que se pretend\u00eda revelar. All\u00ed estaba en juego el \u00e1ngulo de percepci\u00f3n de las historias narradas, el lugar de enunciaci\u00f3n desde el cual se desplegaba el relato que, en la perspectiva de Bernal, parece guiarse m\u00e1s bien por el nivel cultural y social de la lengua desde el cual escogi\u00f3 narrar su verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo parecido, obviamente con diferentes matices, se podr\u00eda afirmar con respecto a los <em>Comentarios reales de los Incas<\/em>, de Garcilaso Inca de la Vega. En su \u201cProemio al lector\u201d dice \u00e9ste, refiri\u00e9ndose a los cronistas espa\u00f1oles:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Verdad es que tocan muchas cosas de las muy grandes que aquella rep\u00fablica tuvo, pero escr\u00edbenlas tan cortamente que a\u00fan las muy notorias para m\u00ed (de la manera en que las dicen) las entiendo mal. Por lo cual, forzado del amor natural de la patria, me ofrec\u00ed al trabajo de escribir estos Comentarios, donde clara y distintamente se ver\u00e1n las cosas que en aquella rep\u00fablica hab\u00eda antes de los espa\u00f1oles (\u2026).<br>(\u2026)En el discurso de la historia protestamos la verdad de ella, y que no diremos cosa grande que no sea autoriz\u00e1ndola con los mismos historiadores espa\u00f1oles que la tocaron en parte o en todo; que mi intenci\u00f3n no es contradecirles, sino de servirles de comento y glosa y de int\u00e9rprete en muchos vocablos indios, que, como extranjeros en aquella lengua, interpretaron fuera de la propiedad de ella, seg\u00fan que largamente se ver\u00e1 en el discurso de la historia (\u2026) (1976, T. I: 5-6).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Para Garcilaso Inca de la Vega, el factor que pod\u00eda garantizar la verdad en su narraci\u00f3n estaba en la capacidad para entender los c\u00f3digos culturales ind\u00edgenas, quechuas en este caso, por tanto la pertinencia de la traducci\u00f3n le parec\u00eda decisiva. A partir de ese criterio Garcilaso confront\u00f3 \u2013discreta pero cr\u00edticamente\u2013 la historiograf\u00eda espa\u00f1ola sobre la conquista y colonizaci\u00f3n del Per\u00fa, disponi\u00e9ndose a rectificar la verdad en sus Comentarios reales, t\u00edtulo en el cual el adjetivo reales tiene que ver m\u00e1s con \u201crealidad\u201d que con \u201crealeza\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En ambos casos \u2013<em>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa\u00f1a y Comentarios reales de los Incas<\/em>\u2013 se intenta traducir, con distintas modalidades de escritura, perspectivas culturales y niveles de enunciaci\u00f3n diferentes, los niveles de \u201cverdad\u201d o de \u201crealidad\u201d que son contrapuestos a los discursos oficiales de la historiograf\u00eda imperial hisp\u00e1nica, que de paso son expl\u00edcitamente puestos en dudas por sus modos de manifestarse. No es, pues, una sola la \u201cret\u00f3rica de la verdad\u201d que anim\u00f3 la voluntad persuasiva de las cr\u00f3nicas de Indias con respecto a las certezas de los hechos que narran.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto en Bernal como en el Inca Garcilaso, aquellas apreciaciones sobre la verdad y el discurso los llevaron a la escogencia de unos modos de escritura que transgredieron los modelos instituidos para la elaboraci\u00f3n de las cr\u00f3nicas espa\u00f1olas del siglo XVI, lo cual les acarre\u00f3 consecuencias tanto a sus libros como a ellos, en tanto autores de su tiempo y de sus culturas. A Bernal le ocasion\u00f3 un largo silenciamiento por postergaci\u00f3n, pues su obra \u2013terminada en 1568\u2013 fue publicada p\u00f3stumamente en 1632, quiz\u00e1s porque estaba escrita \u201cseg\u00fan el com\u00fan hablar de Castilla la Vieja\u201d y cuestionaba las verdades expuestas en sus cr\u00f3nicas por Hern\u00e1n Cort\u00e9s y Francisco L\u00f3pez de G\u00f3mara, que eran representativas de la historia oficial difundida por la Corona. En el caso del Inca Garcilaso, instauraba como sujeto de enunciaci\u00f3n de sus Comentarios reales una perspectiva ind\u00edgena en tanto que factor de correcci\u00f3n de la verdad, hecho que p\u00f3stumamente, ya en la crisis del modelo colonial del siglo XVIII, le ocasionar\u00eda la condena de la Iglesia, el silenciamiento de su memoria y la prohibici\u00f3n del libro (cf. D. Valc\u00e1rcel).<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, la <em>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa\u00f1a y Comentarios reales de los Incas<\/em>, una vez constituidas las rep\u00fablicas independientes y levantadas las claves de sus respectivas censuras, pasaron a ser hitos fundamentales en el canon y fundacionales en las literaturas de M\u00e9xico y Per\u00fa, con obvia trascendencia en el conjunto de la literatura hispanoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>4. En el caso de las cr\u00f3nicas relativas a Venezuela, tanto los estudios hist\u00f3ricos como los literarios siguen prolongando su moratoria en nuestro pa\u00eds. Desde la disciplina hist\u00f3rica, las cr\u00f3nicas siguen consideradas en minusval\u00eda, percibidas como mera \u201chistoria narrativa\u201d, a la vez que a los cronistas se les ha atendido no como un conjunto de autores que podr\u00eda revelar modalidades y tendencias, sino apenas como casos particulares y aislados (cf. C. Parra Le\u00f3n y G. Mor\u00f3n), aunque es justo acotar que hay trabajos referenciales meritorios que es preciso reconocer en raz\u00f3n de sus contribuciones. As\u00ed, Angelina Lemmo destac\u00f3 el valor de las cr\u00f3nicas como fuentes hist\u00f3ricas \u201cde car\u00e1cter informativo-descriptivo\u201d que vienen a ser los antecedentes de la etnograf\u00eda y la etnohistoria, pues los primeros cronistas se vieron en la situaci\u00f3n de tener que explicar \u2013desde la sorpresa y la curiosidad\u2013 tanto el nuevo medio geogr\u00e1fico como las poblaciones y sus culturas. Los resultados, seg\u00fan la autora, fueron unos documentos cargados de emotividad y subjetivismo, inclinados hacia lo anecd\u00f3tico y lo fabuloso, cuya organizaci\u00f3n y formas de escritura conceden \u201cculto excesivo al verbo, por influencia de los modelos oratorios de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica\u201d y en cierta medida de las cr\u00f3nicas espa\u00f1olas medievales. Es importante el se\u00f1alamiento que hizo la historiadora en relaci\u00f3n con las transformaciones aportadas por las cr\u00f3nicas americanas, como matices propios, frente a la historiograf\u00eda europea. Al respecto afirma:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026) cuando se trata de Am\u00e9rica, comienza a surgir la historia de una civilizaci\u00f3n, de culturas desconocidas. El Estado, que en el Medioevo y a\u00fan en el Renacimiento no permit\u00eda la reconstrucci\u00f3n total del proceso de civilizaci\u00f3n, es decir, que obviaba el proceso l\u00f3gico de la cultura y del dinamismo social, al ser descubierta Am\u00e9rica no le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que permitir \u2013por lo s\u00fabito de los acontecimientos\u2013 la relaci\u00f3n del hecho fuera de los c\u00e1nones historiogr\u00e1ficos de la \u00e9poca, y el hecho en s\u00ed se enfoc\u00f3 en base al uso de las categor\u00edas hist\u00f3ricas europeas. Se pas\u00f3 de un modo s\u00fabito, de la historiograf\u00eda pol\u00edtica y militar (\u2026) a la etnohistoria (1970: 24).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La misma autora se detendr\u00eda algunos a\u00f1os despu\u00e9s en las obras de los cronistas en su libro Historiograf\u00eda colonial de Venezuela (1977), donde intent\u00f3, con base en diversos enfoques cr\u00edticos, dar nuevo ordenamiento y sentido a las cr\u00f3nicas coloniales en el marco de la historia venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras contribuciones para el acercamiento a las cr\u00f3nicas en la historiograf\u00eda de nuestro pa\u00eds han sido las de Pablo Ojer (1978) y Santiago Gerardo Su\u00e1rez (1989), a las que se podr\u00edan agregar algunas notas de la historiadora In\u00e9s Quintero (1996). No obstante, la cr\u00edtica historiogr\u00e1fica sigue considerando que el estudio de las cr\u00f3nicas coloniales relativas a Venezuela sigue siendo limitado e insuficiente (cf. F. Langue, 2001).<\/p>\n\n\n\n<p>En el campo de los estudios literarios se ha avanzado menos, pues han faltado investigaciones y debates al respecto. En nuestra historiograf\u00eda literaria se han hecho algunas referencias generales a los cronistas, como las de Mariano Pic\u00f3n Salas en su Formaci\u00f3n y proceso de la literatura venezolana (1940), donde reconoce a las cr\u00f3nicas como \u201cprimera expresi\u00f3n literaria\u201d pero al valorarlas lo hace con las reservas propias del momento hist\u00f3rico-cultural en que escribe. Por su parte, Arturo \u00daslar Pietri, en <em>Letras y hombres de Venezuela<\/em> (1948), s\u00f3lo hace referencia a las cr\u00f3nicas coloniales como documentaci\u00f3n de los hechos de aquel per\u00edodo, aunque una d\u00e9cada despu\u00e9s revela un cambio de perspectiva cuando escribe: \u201cLa m\u00e1s antigua literatura hecha en este pa\u00eds pertenece a la corograf\u00eda y a la cr\u00f3nica. La revelaci\u00f3n o la invenci\u00f3n literaria de Venezuela comienza por ser una descripci\u00f3n de los escenarios geogr\u00e1ficos y un recuento de las luchas que sobre esos escenarios se desarrollan\u201d<sup>6<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Con posterioridad, en unas notas tituladas \u201cImportancia de la cr\u00f3nica. Conclusiones\u201d, Efra\u00edn Subero hace una consideraci\u00f3n categ\u00f3rica, que sin embargo no llega a argumentar in extenso: \u201cLa cr\u00f3nica es en s\u00ed un g\u00e9nero literario. El primero en nuestra historia literaria de lengua espa\u00f1ola\u201d (1973: 365-366). Reconoce as\u00ed mismo las contribuciones testimoniales de las cr\u00f3nicas en relaci\u00f3n con las informaciones sobre la conquista, las culturas ind\u00edgenas, los procesos \u00e9tnicos, ling\u00fc\u00edsticos y el nacimiento de la literatura en espa\u00f1ol, agregando luego un ap\u00e9ndice con las referencias de los cronistas y las cr\u00f3nicas que contribuyeron, seg\u00fan su parecer, a la formaci\u00f3n de la nacionalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Una atenci\u00f3n particular merece el estudio <em>Cronistas e historiadores \u00bfantecedentes de la literatura venezolana? <\/em>(1982), de Pilar Almoina de Carrera, quien lleg\u00f3 a afirmar en ese texto que \u201ces indudable que a una base informativa como la cr\u00f3nica, con el valor especial que le da el respaldo del observador participante, le corresponde un importante lugar en la formaci\u00f3n de nuestra cultura, pues es el fundamento para el autoconocimiento\u201d, a lo que, sin embargo, agrega luego:<\/p>\n\n\n\n<p><em>esa significaci\u00f3n cultural e hist\u00f3rica en particular, implica una trascendencia al campo literario, si no en los planos directamente estil\u00edsticos y estructurales, al menos en la proyecci\u00f3n mediata de la conformaci\u00f3n de un arquetipo mental, de una visi\u00f3n activa de la naturaleza del nuevo mundo, de un concepto prefijado de su poblador ind\u00edgena, del v\u00ednculo entre ambos, y de la relaci\u00f3n de los dos elementos propios de estas tierras \u2013hombre aborigen y medio natural\u2013 con los forasteros (1982: 3-4)<sup>7<\/sup>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Esto, seg\u00fan su modo de ver, es suficiente para justificar la necesaria investigaci\u00f3n sobre las cr\u00f3nicas. Almoina de Carrera propone as\u00ed una justificaci\u00f3n que m\u00e1s parece ser antropol\u00f3gica que literaria. Pero en lo que se refiere a la ubicaci\u00f3n de las cr\u00f3nicas en la literatura venezolana, la autora ofrece en sus conclusiones un veredicto seg\u00fan el cual aquellos textos no deber\u00edan ser vistos ni como antecedentes estil\u00edsticos ni creativos \u201cen el sentido est\u00e9tico, ni tampoco a trav\u00e9s de un nexo inmediato\u201d, pues seg\u00fan hab\u00eda apuntado en una raz\u00f3n anterior, \u201clo que puede haber de literario en la cr\u00f3nica es ocasional y disperso y no da cohesi\u00f3n de obra literaria a los libros representativos\u201d (1982: 47).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, las perspectivas actuales para el estudio de las cr\u00f3nicas bien pueden ser otras, para las que hay ya, desde hace algunas d\u00e9cadas, criterios m\u00e1s amplios y flexibles<sup>8<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al comienzo de la d\u00e9cada de 1980, Pascual Venegas Filardo, en su discurso de incorporaci\u00f3n a la Academia Venezolana de la Lengua (1983), titulado \u201cVenezuela en la palabra de viajeros y cronistas\u201d intent\u00f3 aportar \u2013desde su peculiar sensibilidad de escritor\u2013 una lectura literaria de las cr\u00f3nicas coloniales, poni\u00e9ndolas en relaci\u00f3n con ciertas novelas hist\u00f3ricas contempor\u00e1neas, a las cuales aqu\u00e9llas habr\u00edan servido de motivaciones y bases, o hipotextos, no s\u00f3lo por las informaciones y datos que suministraban sino tambi\u00e9n por sus modelos expresivos, descriptivos y narrativos, as\u00ed como por sus singulares esmeros en la escritura, seg\u00fan la apreciaci\u00f3n del acad\u00e9mico.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Para entonces, se hab\u00edan puesto en boga entre distintos escritores y en el \u00e1mbito de la cr\u00edtica literaria diferentes lecturas dial\u00f3gicas, y en proceso, de la narrativa latinoamericana en las que se destacaba la relaci\u00f3n entre las cr\u00f3nicas indianas y la que ser\u00eda llamada \u201cnueva novela hist\u00f3rica\u201d (cf. S. Menton, 1993, y K. Kohut, ed., 1997). Esa relaci\u00f3n se hizo evidente en declaraciones de narradores como Lezama Lima, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes y  Abel Posse, entre otros. En  una conferencia en la Universidad de Yale, en 1979, Carpentier afirm\u00f3: \u201cno veo m\u00e1s camino para el novelista nuestro en este umbral del siglo XXI que aceptar la muy honrosa condici\u00f3n de cronista mayor. Cronista de Indias, de nuestro mundo sometido a trascendentales mutaciones, cuyos signos anunciadores aparecen ya en muchos lugares del mapa\u201d (1981: 25).<\/p>\n\n\n\n<p>En ese sentido, podr\u00edamos poner tres ejemplos de textos que han alcanzado distintos reconocimientos y algunas resonancias notables en la producci\u00f3n literaria latinoamericana y en la de nuestro pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>5.1. El primero de ellos se refiere a la asimilaci\u00f3n y transformaci\u00f3n de los textos colombinos, a partir de los cuales se ha hecho toda una literatura en el mundo, y particularmente en Am\u00e9rica Latina. Tales textos fueron puntos de partida para mitos como el del hallazgo del Para\u00edso Terrenal y del Buen Salvaje americano y para la leyenda hist\u00f3rica del \u201cdescubrimiento del Nuevo mundo\u201d y presentan estrategias descriptivas y narrativas susceptibles de ser le\u00eddas como marcas literarias, mientras que los hechos narrados siguen convocando el inter\u00e9s de los historiadores. <\/p>\n\n\n\n<p>Entre mediados de la d\u00e9cada de 1970 y comienzos de la d\u00e9cada de 1980 fueron publicadas varias novelas en las que la figura de Col\u00f3n, las parodias de su <em>Diario<\/em> y de sus <em>Cartas de relaci\u00f3n<\/em>, los juegos intertextuales y la ficcionalizaci\u00f3n cr\u00edtica de la historia, jugaron papeles preponderantes. <\/p>\n\n\n\n<p>En un fragmento del primer cap\u00edtulo de <em>El oto\u00f1o del patriarca<\/em> (1975), de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, hay una parodia desmitificadora, que subvierte la historia oficializada de la llegada del Almirante a tierra americana, desde la cual es narrado el episodio, cambiando as\u00ed la perspectiva del documento original. El enfoque aparece actualizado, al poner el hecho en presente, representado como un desembarco invasivo de una fuerza imperial extranjera encabezada por las naves colombinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros escritores aprovecharon despu\u00e9s, de maneras distintas, los documentos y las biograf\u00edas de Col\u00f3n: <em>El arpa y la sombra<\/em> (1979), de Alejo Carpentier; <em>Los perros del para\u00edso<\/em> (1983), de Abel Posse; <em>Vigilia del Almirante <\/em>(1992), de Augusto Roa Bastos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la narrativa venezolana tambi\u00e9n se produjo un proceso similar de lectura y transformaci\u00f3n de aquellas referencias del navegante<sup>9<\/sup>, que se han proyectado desde los inicios de la d\u00e9cada de 1980 hasta fechas  m\u00e1s cercanas. En el segmento \u201cEl descubridor\u201d, de la novela <em>Abrapalabra<\/em> (1979) de Luis Britto Garc\u00eda, hay una parodia del relato del Almirante donde el narrador, desde tierra continental y en primera persona, relata una vivencia parecida a la del c\u00e9lebre marinero en su arribo a esta que llam\u00f3 Tierra de Gracia. Britto \u2013en otras de sus narraciones breves\u2013 tambi\u00e9n acudi\u00f3 a los hechos, detalles biogr\u00e1ficos y documentos colombinos para desmitificarlos cr\u00edtica e ir\u00f3nicamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, los misterios urdidos alrededor del origen de Crist\u00f3bal Col\u00f3n, le sirvieron a Alicia Freilich, autora de la novela <em>Colombina descubierta<\/em> (1991) para confrontar en \u00e9sta, la historia conocida del navegante, apoy\u00e1ndose en las investigaciones del historiador Salvador de Madariaga y en las suyas propias, que le permitieron configurar un Crist\u00f3bal Col\u00f3n de procedencia jud\u00eda. Ese origen es el mismo que le atribuye al viajero \u00c1ngel Rodr\u00edguez Vald\u00e9s, autor de la novela <em>El azotador de vientos<\/em> (1995), en la cual Col\u00f3n es un jud\u00edo empe\u00f1ado en la b\u00fasqueda de una tierra prometida.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, Jos\u00e9 Rodolfo Mendoza, autor de <em>El rostro oculto del almirante<\/em> (1996), apoyado en un amplio conocimiento del momento hist\u00f3rico del personaje, lo utiliza en funci\u00f3n de un ejercicio narrativo libre y motivador, sobre las andanzas posibles de un Crist\u00f3bal Col\u00f3n imaginario.<\/p>\n\n\n\n<p>La presencia recurrente de la figura de Crist\u00f3bal Col\u00f3n en la narrativa latinoamericana, al ilustrar el contacto entre literatura e historia, ofrece a la vez opciones m\u00faltiples para la interpretaci\u00f3n de los acontecimientos, como es caracter\u00edstico en la narrativa de los cronistas. El caso espec\u00edfico de la escritura y la biograf\u00eda de Col\u00f3n en la \u201cnueva novela hist\u00f3rica\u201d ha sido de inter\u00e9s y atenci\u00f3n para algunos estudiosos de la narrativa latinoamericana, como lo testimonian algunos trabajos fundamentales<sup>10<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>5.2. El segundo caso que presentaremos es el relato sobre Mart\u00edn Tinajero<sup>11<\/sup>, digno de ser considerado como muestra pionera de la narrativa del que se ha llamado \u201crealismo m\u00e1gico\u201d. Este relato fue contado por primera vez a finales del siglo XVI, por el cronista fray Pedro de Aguado en su <em>Historia de Venezuela <\/em>(1581), como \u201cun caso que por parecerme de admiraci\u00f3n lo pongo aqu\u00ed\u201d. Se refiere a un soldado que, integrado en las tropas espa\u00f1olas de la conquista, enferma y muere durante el cumplimiento de una misi\u00f3n. Enterrado provisionalmente, sus compa\u00f1eros regresan d\u00edas despu\u00e9s en busca de su cuerpo, encontr\u00e1ndolo incorrupto y cubierto de abejas, exhalando \u201cun olor suave y agradable y con tanto \u00edmpetu que m\u00e1s de cincuenta pasos a la redonda ocupaba el campo\u201d. Por ese hecho, juzgan que Tinajero pudo ser \u201calg\u00fan bienaventurado\u201d, pero cegados por la codicia de riquezas \u201cno curaron de examinar aquel caso ni ver si eran dignos de llevar consigo aquel cuerpo o darle eclesi\u00e1stica sepultura\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese brev\u00edsimo relato, con rasgos de la narrativa hagiogr\u00e1fica medieval, ser\u00eda retomado despu\u00e9s, en el primer tercio del siglo XVIII, por Jos\u00e9 de Oviedo y Ba\u00f1os, para algunos, nuestro \u00faltimo cronista y para otros, el primer historiador venezolano. En su Historia de la conquista y poblaci\u00f3n de la provincia de Venezuela (1723) reaparece Mart\u00edn Tinajero, obviamente a partir del libro de Aguado, pero con ampliaciones que delimitan e interpretan mejor al personaje, presentando expl\u00edcitamente el suceso de su cuerpo incorrupto como un \u201cprodigio\u201d en funci\u00f3n de mostrar al piadoso Mart\u00edn Tinajero, en su vida y en su muerte, como contraste ante sus compa\u00f1eros de armas, quienes \u201cllevaban puesta la mira, m\u00e1s en descubrir riquezas, que en averiguar milagros\u201d, por lo que dejan abandonado el cuerpo del soldado, aromado por su olor de santidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros autores retomar\u00edan aquel relato a trav\u00e9s de los a\u00f1os, introduciendo cada uno de ellos las transformaciones que les suger\u00edan sus lecturas, perspectivas e intenciones narrativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez lo narr\u00f3 en formato de cuento (\u201cMart\u00edn Tinajero\u201d, escrito en 1927), notablemente ampliado por su creatividad, en su libro <em>Don Pablos en Am\u00e9rica <\/em>(1932). En esta versi\u00f3n, Tinajero es motivo de suspicacias y reservas entre quienes le rodean, que recelan de su modestia y su bondad, pues aparece como una especie de h\u00e9roe santo en las batallas en las que es visto por algunos en comparaci\u00f3n con el ap\u00f3stol Santiago, por su valor, capacidades, piedad y nobleza frente  <\/p>\n\n\n\n<p>los ind\u00edgenas. Esa configuraci\u00f3n lo revela investido de cualidades sacerdotales,<br>que parecen confirmarse despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez lo incorpor\u00f3 como una referencia ejemplarizante en el cuento \u201cLos dos se llamaban Mart\u00edn\u201d, confront\u00e1ndolo con el conquistador Francisco Mart\u00edn en su libro <em>Caminos del amanecer<\/em> (1941).<\/p>\n\n\n\n<p>Al t\u00e9rmino de la segunda mitad del siglo XX, Francisco Herrera Luque cont\u00f3 de nuevo la historia de Mart\u00edn Tinajero en el primer volumen de La historia fabulada (1981), en un texto de naturaleza teatral, adaptado como gui\u00f3n radiof\u00f3nico, vali\u00e9ndose de iron\u00edas y claves humor\u00edsticas, pero reconociendo su valor e inter\u00e9s para la cultura venezolana, en oposici\u00f3n a la desmemoria \u2013que cuestiona\u2013 en el modo de ser nacional. Denzil Romero, en el segundo cap\u00edtulo de su novela <em>Entrego los demonios<\/em> (1986), intercala el relato de Mart\u00edn Tinajero ampliamente contextualizado en el tiempo de acci\u00f3n de los alemanes en la conquista de Venezuela, efectuando una notable ampliaci\u00f3n de la an\u00e9cdota que hab\u00eda contado Aguado. Aderezado con escarnios y picard\u00edas, el relato pone en duda la virilidad de Tinajero, situ\u00e1ndolo a \u00e9l mismo \u2013ya difunto\u2013 como narrador de su tr\u00e1nsito por el territorio occidental venezolano y del prodigio que le acontece despu\u00e9s de su muerte. El hipotexto b\u00e1sico de este cuento intercalado es el \u201cMart\u00edn Tinajero\u201d de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<p>A principios de la d\u00e9cada de 1990, un joven narrador zuliano, Mariano Nava, ofrece una versi\u00f3n fant\u00e1stica del relato en \u201cMart\u00edn Tinajero\u201d, cuento que forma parte de su libro <em>Cuentos de los cuentos que nos contaron<\/em> (1993). El cuento es narrado desde la perspectiva erotizada de las abejas que habitan el cuerpo inerte del soldado, al que terminan encomiando como \u201cel m\u00e1s feliz de los bienaventurados\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Antecedente del cuento venezolano, aquel relato contado primero por Aguado ha navegado, mediante diversos juegos intertextuales, a trav\u00e9s del proceso de la narrativa del pa\u00eds, fecundando las propuestas narrativas de los autores y creando una tradici\u00f3n en la que el personaje \u2013sin dejar de ser \u00e9l mismo\u2013 cambia con versatilidad su sentido y sus funciones, para reinsertarse, actualizado, en cada etapa de nuestra evoluci\u00f3n cultural y literaria.<\/p>\n\n\n\n<p>5.3. El \u00faltimo ejemplo que hemos seleccionado para mostrar las huellas de las cr\u00f3nicas de Indias en la narrativa venezolana es el mito ind\u00edgena tamanaco de Amalivac\u00e1 que \u2013con sus antecedentes prehisp\u00e1nicos\u2013 viene recorriendo desde el siglo XVIII, no s\u00f3lo la literatura, sino tambi\u00e9n otras artes como el teatro, la danza, la pintura, la escultura y el muralismo, hasta llegar a la m\u00fasica, impactando de diversos modos la cultura moderna venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero en registrarlo por escrito, a partir de la oralidad de los pueblos ind\u00edgenas que habitaban las riveras del Orinoco a fines del siglo XVIII, fue el cronista jesuita Filippo Salvatore Gilij, quien lo recogi\u00f3 en su libro Ensayo de historia americana, cuya primera edici\u00f3n \u2013en la lengua materna del cronista\u2013 apareci\u00f3 en 1782<sup>12<\/sup>, per\u00edodo en el cual las culturas ancestrales americanas comenzaban a captar la atenci\u00f3n de muchos europeos, cuando el r\u00e9gimen colonial hisp\u00e1nico enfrentaba su crisis final, que culminar\u00eda a inicios del XIX con la independencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El cronista italiano refiere en estos t\u00e9rminos su descripci\u00f3n b\u00e1sica del h\u00e9roe civilizador de los tamanacos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>De Amalivac\u00e1 los tamanacos hablan como de un hombre que estuvo con ellos en Maita, dicen que andaba vestido, que era blanco, y cosas semejantes, no convenientes a quien los cre\u00f3, sino a quien los llev\u00f3 el primero a aquellos lugares. Por lo contrario, la formaci\u00f3n del mundo, la de ellos mismos y del Orinoco, etc., son proezas de divinidad (Gilij, 1965, T. III: 47).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Mito cosmog\u00f3nico y antropog\u00f3nico, este de Amalivac\u00e1 se hab\u00eda extendido por toda la regi\u00f3n orinoquense, unificando en buena medida el imaginario de las comunidades que lo hab\u00edan adaptado a sus distintas lenguas. A partir del libro de Gilij, lo conoci\u00f3 Alejandro de Humboldt, que volvi\u00f3 a contarlo tras su recorrido por Am\u00e9rica en su obra fundamental, Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente (1799-1804). De all\u00ed lo tomar\u00edan Ar\u00edstides Rojas, para su \u201cLeyenda del moriche\u201d, recogida en sus <em>Leyendas hist\u00f3ricas de Venezuela<\/em> (1890-1981), y Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, quien integr\u00f3 elementos del mito en su novela<br><em>Cubagua<\/em> (1931).<\/p>\n\n\n\n<p>Hay otras novelas que han tenido menor difusi\u00f3n, en las que aparecen algunas p\u00e1ginas con referencia al mito de Amalivac\u00e1. Entre ellas la del escritor cuman\u00e9s Arqu\u00edmedes F. Vargas, quien public\u00f3 su <em>Amalivaca <\/em>en 1981, reeditada con modificaciones en 1992; la novela <em>El gran dispensador<\/em> (1983), de Manuel Trujillo, que alcanz\u00f3 mejor promoci\u00f3n y divulgaci\u00f3n, y la novela <em>Los argonautas ebrios<\/em> (1999), de Freddy Hern\u00e1ndez \u00c1lvarez.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ejemplos que hemos ofrecido no son sino una m\u00ednima muestra de las relaciones posibles entre las cr\u00f3nicas de Indias y la literatura venezolana. Los tres casos presentados \u2013aparte de las curiosidades que revelan\u2013 nos invitan a pensar nuestra evoluci\u00f3n cultural y nuestros procesos literarios con una perspectiva hist\u00f3rica y cr\u00edtica diferentes de las que han sido institucionalizadas en el canon de nuestras letras nacionales, habitualmente establecidas en casilleros inamovibles reproducidos sin cesar en la monoton\u00eda de ciertas rutinas pedag\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p>6. En nuestra perspectiva, las relaciones entre cr\u00f3nicas de Indias y narrativas actuales, adem\u00e1s de permitirnos el acceso a algunas \u201cnovedades del pasado\u201d, nos permiten visitar figuras, motivos y t\u00f3picos desde otras \u00f3pticas menos convencionales, donde las im\u00e1genes de los sujetos venezolanos se hacen presentes. Es el caso de un mito ind\u00edgena prehisp\u00e1nico como el de Amalivac\u00e1, que a partir de su registro alfab\u00e9tico en la escritura de un cronista italiano del siglo XVIII, recorre nuestra literatura nacional, manteniendo casi los mismos componentes narrativos pero cambiando constantemente de funci\u00f3n y de sentidos, a la vez que incorpora a nuestra memoria cultural elementos de los abor\u00edgenes ancestrales.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tambi\u00e9n el caso de las lecturas dial\u00f3gicas entre la narrativa contempor\u00e1nea venezolana y los textos colombinos, contactos \u00e9stos que interrogan o interpelan, desde distintas perspectivas, los documentos del Almirante, modificando la percepci\u00f3n convencionalmente instituida, para hacernos pensar cr\u00edticamente la historia del impacto inicial entre dos de las culturas que nos constituyen y desde el cual surgen las representaciones y registros originarios del territorio y del paisaje captados y apropiados en las letras nacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed mismo, el relato de Mart\u00edn Tinajero, tan discretamente relatado por el padre Aguado, coopera en la comprensi\u00f3n de las contradicciones \u00e9ticas y los imaginarios que se agitaban entre los conquistadores, para ayudarnos as\u00ed a entender las complejidades de un proceso tan duro y traum\u00e1tico como el de la conquista as\u00ed como sus huellas en las obras de nuestros escritores, para quienes la configuraci\u00f3n y recreaci\u00f3n de aquel personaje han sido siempre un reto a sus destrezas y habilidades narrativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto a partir de las cr\u00f3nicas de Indias, sometidas a lecturas y relecturas a trav\u00e9s del tiempo y del caleidoscopio de la literatura del pa\u00eds, donde habitualmente aqu\u00e9llas han sido poco atendidas y apenas valoradas<sup>13<\/sup>. Sin embargo, las cr\u00f3nicas han sido fuente de informaci\u00f3n; modelos de las interpretaciones coloniales de nuestra Am\u00e9rica, en su constante proceso de cambio; espacios del logos donde han sido urdidas y confrontadas las ret\u00edculas axiol\u00f3gicas de nuestra colonialidad hist\u00f3rica; formas de escritura de m\u00faltiples caracter\u00edsticas y funciones que han contribuido en la conformaci\u00f3n de corograf\u00edas, cosmograf\u00eda, etnograf\u00eda, etnolog\u00eda, antropolog\u00eda, historiograf\u00eda, ling\u00fc\u00edstica, filosof\u00eda y literaturas de nuestro continente.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas consideraciones nos permiten volver a la pregunta que encabeza esta participaci\u00f3n, que impl\u00edcitamente opone unos textos, a menudo estimados como meras fuentes hist\u00f3ricas ante la literatura, usualmente concebida como ejercicio de la imaginaci\u00f3n y de las habilidades expresivas. En esa relaci\u00f3n contrastiva se produce una confluencia, precisamente en la noci\u00f3n de los or\u00edgenes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCr\u00f3nicas de Indias: \u00bfliteraturas de fundaci\u00f3n?\u201d. Las cr\u00f3nicas han sido, en especial para los estudiosos, repertorios de datos y\/o discursos representativos de los escenarios, hechos y sujetos que han forjado Am\u00e9rica y a sus diferentes pa\u00edses. As\u00ed han contribuido las cr\u00f3nicas en la formaci\u00f3n de la memoria, de la cultura, de la historia y de las literaturas de nuestro continente, a pesar de todos los reparos y a pesar de todas las reservas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 V\u00e9ase tambi\u00e9n Roberto Gonz\u00e1lez Echevarr\u00eda (1984: 149-166).<\/p>\n\n\n\n<p>2 Para una discusi\u00f3n sobre discurso verdadero y discurso ficticio, sobre historia y cr\u00f3nica,<br>v\u00e9ase Hayden White (1992).<\/p>\n\n\n\n<p>3 Algunas muestras (traducidas) de cronistas de esas lenguas en Emir Rodr\u00edguez Monegal, ed. (1984).<\/p>\n\n\n\n<p>4 Una selecci\u00f3n de cr\u00f3nicas ind\u00edgenas en Miguel Le\u00f3n-Portilla (1964).<\/p>\n\n\n\n<p>5 Esa expresi\u00f3n la tomamos de Edmundo O\u2019Gormann, La invenci\u00f3n de Am\u00e9rica (1958). Este libro marc\u00f3 un hito en el estudio de la documentaci\u00f3n colonial, pues trat\u00f3 de cambiar la noci\u00f3n europea del \u201cdescubrimiento de Am\u00e9rica\u201d por la de invenci\u00f3n, que se refer\u00eda a la conformaci\u00f3n de la idea de Am\u00e9rica en el pensamiento occidental. Es una honda reflexi\u00f3n sobre los escritos de los cronistas desde una perspectiva filos\u00f3fica, y no de comprobaciones f\u00e1cticas, por lo que este estudio represent\u00f3 un viraje en la manera de concebir la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Discurso de incorporaci\u00f3n a la Academia Venezolana de la Lengua (citado de 1991: 520). Tambi\u00e9n fue incluido con el t\u00edtulo \u201cVenezuela y su literatura\u201d (1995: 265-293).<\/p>\n\n\n\n<p>7 Recogido posteriormente como cap\u00edtulo de otro libro de la autora: M\u00e1s all\u00e1 de la escritura: la literatura oral (2001: 49-68).<\/p>\n\n\n\n<p>8 No tenemos por qu\u00e9 leer las cr\u00f3nicas con una prevenci\u00f3n normativa respecto a c\u00f3mo deben ser y qu\u00e9 deben aportarnos para luego estimarlas, o no, como integrantes del campo literario, cuando podr\u00edamos considerarlas en sus contextos espec\u00edficos, en los cuales \u201cla producci\u00f3n, el texto y su consumo corresponden a un universo y el referente a otro distinto y hasta opuesto\u201d, como precis\u00f3 el cr\u00edtico peruano Antonio Cornejo Polar, quien percibi\u00f3 aquella clase de escritos como \u201cliteraturas heterog\u00e9neas\u201d, surgidas de una coyuntura cultural de excepci\u00f3n, que llega a determinar tanto las formas enunciativas y de representaci\u00f3n como las estrategias persuasivas que elaboran los cronistas, en cuyas obras es posible encontrar distintos rasgos de escritura que pueden ser le\u00eddos como manifestaciones de propiedades y cualidades literarias. Al respecto escribi\u00f3 el mismo Cornejo Polar en el aparte \u201cEl comienzo de la heterogeneidad: las cr\u00f3nicas como modelo\u201d (en su art\u00edculo de 1978 citado): \u201cHist\u00f3rica y estructuralmente esta forma de heterogeneidad se manifiesta con gran validez en las cr\u00f3nicas del Nuevo Mundo. Con ellas se funda en Latinoam\u00e9rica un tipo de literatura que tiene vigencia hasta nuestros d\u00edas\u201d. Otra perspectiva de provechosa utilidad para el estudio descriptivo y comprensivo de las cr\u00f3nicas de Indias la aport\u00f3, a trav\u00e9s de varios trabajos fundamentales, el investigador argentino Walter Mignolo, quien someti\u00f3 a discusi\u00f3n el estatuto de la cr\u00f3nica como un g\u00e9nero literario para ubicarla en el marco m\u00e1s general de una clase de discursos \u2013o formaci\u00f3n discursiva\u2013 compuesta por una tipolog\u00eda diversa, determinada por la forma y la funci\u00f3n de cada uno de sus tipos discursivos (cartas relatorias, relaciones, cr\u00f3nicas y sus relaciones con la historia), (cf. sus aportes de 1980, 1981 y 1982).<\/p>\n\n\n\n<p>9 Luis Britto Garc\u00eda, Abrapalabra (1979); Alicia Freilich, Colombina descubierta (1991); \u00c1ngel Rodr\u00edguez Vald\u00e9s, El azotador de vientos (1995); Jos\u00e9 Rodolfo Mendoza, El rostro oculto del almirante (1996).<\/p>\n\n\n\n<p>10 Juan Jos\u00e9 Barrietos, \u201cCol\u00f3n, personaje novelesco\u201d (1996); Roberto Gonz\u00e1lez Echevarr\u00eda, \u201cCol\u00f3n, Carpentier y los or\u00edgenes de la ficci\u00f3n latinoamericana\u201d (1988); Rosa Pellicer, \u201cCol\u00f3n y la busca del Para\u00edso en la novela hist\u00f3rica del siglo XX (De Carpentier a Roa Bastos\u201d (2004).<\/p>\n\n\n\n<p>11 Fray Pedro de Aguado, Historia de Venezuela (1915, ver T. I, Libro II, Cap\u00edtulo XV, 152-153); Jos\u00e9 de Oviedo y Ba\u00f1os, Historia de la conquista y poblaci\u00f3n de la provincia de Venezuela (1992: 53-54); Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, Don Pablos en Am\u00e9rica (Tres relatos) (1932); Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, Caminos del Amanecer (1972); Francisco Herrera Luque, La historia fabulada (1981); Denzil Romero, Entrego los demonios (1986); Mariano Nava, Cuentos de los cuentos que nos contaron (1993).<\/p>\n\n\n\n<p>12 Filippo Salvatore Gilij, Ensayo de historia americana (1965, ver T. III, Libro XIII); tambi\u00e9n Ar\u00edstides Rojas, \u201cLa leyenda del Moriche\u201d, en Leyendas hist\u00f3ricas de Venezuela (1995: 19-24); Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, Cubagua (1987). Un estudio sobre el mito de Amalivac\u00e1 en la literatura venezolana en Alberto Rodr\u00edguez Carucci (2001).<\/p>\n\n\n\n<p>13 En los \u00faltimos a\u00f1os se ha empezado a modificar aquella tendencia que demeritaba el estudio de las cr\u00f3nicas. Un ejemplo del nuevo viraje podr\u00eda ser el libro de Ra\u00fal Garc\u00eda Palma, Las cr\u00f3nicas de Indias como referente en la narrativa de Jos\u00e9 Le\u00f3n Tapia (2012).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>AGUADO, Fray Pedro de (1915). Historia de Venezuela. Caracas: Imprenta Nacional, 2 tomos.<\/p>\n\n\n\n<p>ALMOINA DE CARRERA, Pilar (1982). Cronistas e historiadores: \u00bfantecedentes de la literatura venezolana? Caracas: U.C.V., Facultad de Humanidades y Educaci\u00f3n, Instituto de Investigaciones Literarias (Prepublicaciones) (Recogido posteriormente como cap\u00edtulo del libro de la autora, M\u00e1s all\u00e1 de la escritura: la literatura oral. Caracas: U.C.V., Fondo Editorial de Humanidades y Educaci\u00f3n, 2001: 49-68).<\/p>\n\n\n\n<p>AYUSO DE VICENTE, Mar\u00eda Victoria; Consuelo GARC\u00cdA GALLAR\u00cdN y Sagrario SOLANO SANTOS (1997). Diccionario Akal de t\u00e9rminos literarios. 2\u00aa ed. Madrid: Akal Ediciones (Col. Diccionarios, 19).<\/p>\n\n\n\n<p>BARRIENTOS, Juan Jos\u00e9 (1996). \u201cCol\u00f3n, personaje novelesco\u201d. Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid), n\u00ba 437 (noviembre): 45-62.<\/p>\n\n\n\n<p>BRITTO GARC\u00cdA, Luis (1979). Abrapalabra. La Habana: Casa de las Am\u00e9ricas.<\/p>\n\n\n\n<p>CARPENTIER, Alejo (1981). La novela hispanoamericana en v\u00edsperas de un nuevo siglo y otros ensayos. M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p>CORNEJO POLAR, Antonio (1978). \u201cEl indigenismo y las literaturas heterog\u00e9neas: su doble estatuto socio-cultural\u201d. Revista de Cr\u00edtica Literaria Latinoamericana (Lima), n\u00ba 7-8: 7-21.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00cdAZ DEL CASTILLO, Bernal (1971). 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Bolet\u00edn de la Academia Nacional de la Historia (Caracas), n\u00ba 287 (julio-septiembre): 113-117.<\/p>\n\n\n\n<p>SUBERO, Efra\u00edn (1973). \u201cImportancia de las cr\u00f3nicas. Conclusiones\u201d. En: Pablo Ojer y Efra\u00edn Subero. El primer poema de tema venezolano. Caracas: UCAB (Col. Cuadernos de Prosa, 10).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00daSLAR PIETRI, Arturo (1958). Discurso de incorporaci\u00f3n a la Academia Venezolana de la Lengua. Caracas: Imprenta del Ministerio de Educaci\u00f3n (con el t\u00edtulo de \u201cEl car\u00e1cter de la literatura venezolana\u201d, en Medio milenio de Venezuela, Caracas: Monte \u00c1vila, 1991; como \u201cVenezuela y su literatura\u201d en Letras y hombres de Venezuela, Caracas: Monte \u00c1vila, 1995: 265-293).<\/p>\n\n\n\n<p>VALC\u00c1RCEL, Daniel (1961). \u201cT\u00fapac Amaru y la prohibici\u00f3n de los Comentarios reales\u201d. Revista Nacional de Cultura (Caracas), n\u00ba 144 (enerofebrero): 101-105.<\/p>\n\n\n\n<p>VENEGAS FILARDO, Pascual (1983). \u201cVenezuela en la palabra de viajeros y cronistas\u201d. En: Horacio Jorge Becco (ed.). Discursos acad\u00e9micos 1979-1983. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>WHITE, Hayden (1992). El contenido de la forma. Narrativa, discurso y representaci\u00f3n hist\u00f3rica. Barcelona (Espa\u00f1a): Paid\u00f3s.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alberto-rodriguez-carucci\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Actas del Seminario \u201cLiteratura Latinoamericana: di\u00e1logo con la historia\u201d. 8a FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE VENEZUELA FILVEN, 9 al 18 de marzo, 2012. Pp. 71-94.<br><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Rodr\u00edguez Carucci Durante muchos a\u00f1os la historia de c\u00f3mo se form\u00f3 la civilizaci\u00f3n latinoamericana ha dependido de los relatos que dieron cuenta de aquellos procesos de exploraciones, conquistas y colonizaci\u00f3n del llamado Nuevo Mundo, en el cual se estableci\u00f3 una jerarquizaci\u00f3n de sus territorios, de sus pobladores, de sus creencias, de sus lenguas, costumbres [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":12844,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12842"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12842"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12842\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12879,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12842\/revisions\/12879"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12844"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12842"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12842"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12842"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}