{"id":12782,"date":"2022-08-14T20:34:00","date_gmt":"2022-08-14T20:34:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12782"},"modified":"2024-08-14T20:57:53","modified_gmt":"2024-08-14T20:57:53","slug":"tres-ensayos-breves-de-luis-alberto-crespo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tres-ensayos-breves-de-luis-alberto-crespo\/","title":{"rendered":"Tres ensayos breves de Luis Alberto Crespo"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La tarea de Rubi Guerra<\/h3>\n\n\n\n<p>\u201cYo quisiera estar entre vac\u00edas tinieblas\u201d, exclamaba un hombre alcanzado por los rel\u00e1mpagos del insomnio; un hombre en blanco y negro, como todos los seres cabizbajos, que tuvo por pa\u00eds una biblioteca escrita en lat\u00edn y griego, entre el olor a azahar de Arabia y a sahumerio marino que la ventana tapiada sustra\u00eda de la resolana de Cariaco. Yo fui a su osario, puesto sobre una colina. All\u00ed le\u00ed casi su nombre, borrado por el moho y el escarapelado quicio que pisa lo que alguna vez fue su cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de decidirse por la muerte afan\u00e1ndose con el veronal, estuvo cierto que ser\u00eda nombrado mucho despu\u00e9s del gomecismo, mucho m\u00e1s tarde, m\u00e1s all\u00e1 de 1945. Y no minti\u00f3: hoy, Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre transita por la loa de los cr\u00edticos, frecuenta ediciones y traducciones y es inevitable cotejarlo con Borges o con lo borgeano.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, hace unos meses cuando m\u00e1s, Rubi Guerra, uno de los escritores con mayor relieve en nuestra narrativa, concluy\u00f3 una breve novela en la que el gran cuman\u00e9s es personaje mal disfrazado. Tit\u00falase <em>La tarea del testigo<\/em>, editado por El Perro y la Rana, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y ganadora del Concurso de Novela Corta \u201cRufino Blanco Fombona\u201d. Trata de \u201cun falso Ramos Sucre\u201d, me advierte en la cari\u00f1osa r\u00fabrica que ha estampado en la dedicatoria. S\u00f3lo que su desdicha lo denuncia, su calvario y las cartas ap\u00f3crifas que dirige, mientras cae nieve sobre Europa, al \u201cquerido Alberto\u201d de su alta estima desde los sanatorios de Hamburgo, Merano y G\u00e9nova, como aquella donde se duele y se culpa del abandono de Cruz Salmer\u00f3n Acosta, devorado por la lepra en la tierra crispada de Araya y apenas escondido tras el nombre de \u201cAlejandro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es de noche siempre en esta novela, a\u00fan si amanece, como la mirada sin sue\u00f1o del poeta de <em>Torre de tim\u00f3n, Las formas del fuego y Cielo de esmalte<\/em>, a quien Rubi Guerra le atribuye dones de narrador sin distraerse en demostrarlo, ni en consignar pruebas, como tampoco en advertirnos cu\u00e1ndo ocurre la intrusi\u00f3n del desvar\u00edo y la alucinaci\u00f3n o menos si la vida retoma su certidumbre. La estructura novel\u00edstica no hace caso de la tramoya de los planos narrativos: a la prosa epistolar del desesperado, Guerra acerca la suya propia, la de la ficci\u00f3n, por lo que ambas, en cierto modo, se confunden y se atribuyen una misma semejanza en la irrealidad: la alterada biograf\u00eda del personaje le sirve de pretexto para librarse de verificaciones y holgar as\u00ed de los recursos del g\u00e9nero, mas sin descuidar la entonaci\u00f3n testimonial, la acci\u00f3n de gracias admirativa hacia el prisionero de la noche interminable.<\/p>\n\n\n\n<p>Un Ramos Sucre novelado nos propone esta novela (a la que acompa\u00f1an algunas narraciones como prueba de destreza y de versatilidad tem\u00e1tica), cuyo habitante del semisue\u00f1o y la pesadilla es part\u00edcipe cierto y fingido de una aventura propia de la literatura g\u00f3tica, pero siempre igual a s\u00ed mismo, trajeado de C\u00f3nsul y de hospital, la mirada sin p\u00e1rpados de quien nunca duerme y espera lograrlo en el suicidio. Hasta su casa \u2014una casa real y metaf\u00f3rica\u2014 nos conduce Rubi Guerra en las p\u00e1ginas finales: <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMe sorprendo de c\u00f3mo se ha encogido tu cuerpo, desaparece en las s\u00e1banas en un gesto de infinita discreci\u00f3n (\u2026) T\u00fa abres una vez m\u00e1s los ojos y me miras con serenidad, con extra\u00f1eza, tal vez con afecto, como desde el otro extremo de un puente muy largo\u201d. A\u00f1os antes, Ramos Sucre hab\u00eda vivido ese preludio. Su Preludio: \u201cYo quisiera estar entre vac\u00edas tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La nieve, los lobos y la muerte del brazo de la belleza blanca de la amada dantesca entre el paisaje simb\u00f3lico y la colina ardida del antiguo cuman\u00e9s cubren la escritura del poema, esa tarea del poeta, del testigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Oficio de nobleza<\/h3>\n\n\n\n<p>Carlos C\u00e9sar Rodr\u00edguez es su mirada melanc\u00f3lica, despu\u00e9s es su modestia y casi enseguida su voz baja, que es murmullo, como su andar. Todas esas virtudes forman su presencia y el recuerdo que nos deja apenas se aleja de nosotros. Profesor de la Venezuela de adentro (en los Andes fund\u00f3 hogar y aula y fue decano fundador de la Facultad de Humanidades de la ULA), poeta, cronista, bi\u00f3grafo, escritor de revistas y peri\u00f3dicos, vive como su sombra, asido al mundo, acaso para no distanciarse demasiado de los seres y los espacios por los que tanta estima siente su poes\u00eda, atenta al verso y a la rima, a la imagen y a la estrofa libre. Tales seres y tales espacios se hallan tocados por ese modo suyo de asumir la vida desde la a\u00f1oranza de lo que ama y cuanto le es y ha sido, sabe remoto: la tierra humana, la tierra sola, el amigo, el hijo, la mujer, el lugar y cuanto es y ha sido \u00edntimo antes de volverse materia de evocaci\u00f3n y alabanza. <\/p>\n\n\n\n<p>El tr\u00e1nsito de su poes\u00eda por la existencia cotidiana se detiene a menudo en regiones que definen a su patria afectiva. La aflicci\u00f3n y el desgarro que en ella ha conocido no logran ensombrecer su voz. Ella resiste a lo que intenta mortificarla. De all\u00ed que sobreviva a toda tristura, conviviendo con ella, acept\u00e1ndola como necesaria para su entendimiento con la terredad. De all\u00ed el aire de sosiego que respiran sus motivos po\u00e9ticos con los que evoca al pr\u00f3ximo de su amor y de su afecto, al que dura a\u00fan en nuestra mirada y en las palabras y al que dej\u00f3 de tardarse en ellas. Si el mundo en nuestros sentidos es ef\u00edmero, si el fr\u00edo y la desnudez del fin nos aguardan, todav\u00eda hay tiempo, parece decirnos la poes\u00eda de Carlos C\u00e9sar Rodr\u00edguez, para contemplar la \u00faltima hoja verdecida, el renovado canto final del p\u00e1jaro, la intensa luminosidad del ocaso. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde antiguo, esa ha sido la prioridad de la palabra po\u00e9tica: su poder de conjuro frente a aquello que nos derriba y nos olvida en el polvo. Es improbable que hallemos en su obra motivaci\u00f3n alguna que ceda al pesimismo, al desaliento. Siempre habr\u00e1 en ella el h\u00e1lito de lo renaciente, lo restablecedor. La muerte suele visitarla, la voluntaria y la ineludible, tambi\u00e9n la p\u00e9rdida del deleite, la m\u00e1cula de la ilusi\u00f3n, el acoso del desconcierto y la pena, pero m\u00e1s pueden el mar, las nubes, los senderos, la luz y el espacio nunca vac\u00edo porque lo ocupa la vida, la vida propia y la com\u00fan que en Venezuela, el pa\u00eds que tiene nombre de monta\u00f1a y colina, costa y llanura, horizontes de agua y suelo largos. Hay una hoja amarilla en unos de los poemas que re\u00fane toda esta poes\u00eda titulada <em>Anubizajes<\/em>, editada no ha mucho por el sello Mucuglifo de M\u00e9rida, una hoja amarilla, digo, que guardo conmigo y quiero compartirla con mis amigos en esta ma\u00f1ana. Es esta:<\/p>\n\n\n\n<p>De todo el sol de oto\u00f1o<br>s\u00f3lo queda<br>en la m\u00e1s alta rama<br>una hoja amarilla,<br>y tiene miedo<br>de ondular en el aire<br>y extinguirse<br>en la hojarasca silenciosa<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo es el nombre casi secreto de este poema. La hoja que ha perdido su verdor y quiere aferrarse a\u00fan a su precariedad. Sabe que al menos se estremece, que palpita. Teme la definitiva mudez, la nada de all\u00e1 abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguna misiva de Vicente Gerbasi refer\u00eda en 1944 las virtudes del entonces joven poeta de Guanta. \u201c\u00c9l viene saliendo de su propio misterio, entrando en su propio misterio, como un viajero enigm\u00e1tico, entre las se\u00f1ales de la eternidad\u201d, observa el gran poeta de Mi padre el inmigrante y Los espacios c\u00e1lidos. M\u00e1s luego, a comienzos del a\u00f1o sesenta, Mariano Pic\u00f3n Salas recibe como obsequio de Carlos C\u00e9sar Rodr\u00edguez el poema \u201cEl Girasol\u201d. Despu\u00e9s de tenerlo consigo y expresar su agradecimiento, el alto ensayista meride\u00f1o festeja lo que oculta esa flor que vive pendiente del sol. \u201cUsted ha hecho mucho m\u00e1s que redimir el follaje. \u00a1Qu\u00e9 falta nos hacen en Venezuela los redentores del follaje! Ud. est\u00e1 logrando la clara y peque\u00f1a perfecci\u00f3n de la flor\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, en la alta edad de su vida, el poeta de <em>Anubizaje<\/em> nos invita a entender el mundo con su espina y con su rosa. Ambas se aman. Una y otra son la misma rosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La selva de cada quien<\/h3>\n\n\n\n<p>Quien ha mirado al \u00e1guila arp\u00eda cautiva desde hace a\u00f1os en su erg\u00e1stula del Parque Francisco de Miranda o la ha divisado en las cumbres de los \u00e1rboles de nuestras selvas del sur, entiende lo ajustado de su nombre: esa apariencia de criatura terrible de la mitolog\u00eda griega, menos ave que creaci\u00f3n antropom\u00f3rfica en la que se juntan el depredador vol\u00e1til con el monstruo imaginario que describe largamente el viejo Ovidio, la mirada del cancerbero, las garras del felino, el penacho y los picotazos de la Quimera de Arezzo. Acaso el embustero Walter Raleigh, quien jurara ante su Reina filibustera que se hab\u00eda topado en la manigua de Las Indias Occidentales con seres humanos de cabeza en el pecho y viandantes de un solo pie, qued\u00f3 deslumbrado frente al gran pajarraco de nuestras selvas, uno de los m\u00e1s grandes del mundo y sirvi\u00f3se de su hermosa monstruosidad para remendar a sus seres y sus bichos en apretado embrollo de dragones, hipogrifos y unicornios tropicales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en nuestra arp\u00eda criolla despu\u00e9s de transitar la selva escrita de Wilfredo Machado en la novela o conjunto de relatos monotem\u00e1ticos que \u00e9l ha titulado <em>Diario de la gentep\u00e1jaro<\/em>, ofrecido en atractivo dise\u00f1o por el sello de El Perro y la Rana del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, casi en el crep\u00fasculo del a\u00f1o 2008. Selva, dije, porque tan pronto nos internamos en su an\u00e9cdota nos rodea un follaje continuo, la noche diurna de su desmesurada fronda, el vac\u00edo verde, el quejido y la ronquera de los saltos, y el calor y la humedad y la algarab\u00eda pajarera. No, aclaro, selva geogr\u00e1fica, no la de la cartograf\u00eda realista. La de Wilfredo Machado es selva alterada por la fantas\u00eda o, mejor ser\u00eda, por lo mist\u00e9rico, saldo, supongo, de la biblioteca y la imaginer\u00eda gr\u00e1fica que consultara mientras apuntalaba la estructura narrativa del libro, en la que han intervenido las desaforadas ilustraciones de De Vrie, el dibujante del Discovery de Raleigh, y las alucinadas cr\u00f3nicas de los bi\u00f3grafos de la anaconda, la ara\u00f1a mona, el mico caparro, la hormiga le\u00f3n y los ind\u00edgenas acusados de almorzar carne cristiana, con algo de Hitchcock y sus p\u00e1jaros apocal\u00edpticos, y con mucho del talante po\u00e9tico a que nos tiene habituado Machado las veces que elige la prosa para encantarnos con sus inventos pros\u00f3dicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno columbra que nuestro amigo se ha adentrado un buen rato en la espesura amazoniense, que ha bogado por el Orinoco de m\u00e1s arriba, porque de all\u00e1 trae harto alijo de nombres, comarcas, soledades y bochorno, pero en descuidada mezcolanza, poniendo cataratas donde transcurren r\u00edos so\u00f1olientos o ubicando caser\u00edos y poblados que distan leguas del istmo de Pimich\u00edn, el r\u00edo Guain\u00eda, el Fuerte Solano en el Casiquiare, manglares sin mares que no hallan con qu\u00e9 vivir en medio de ca\u00f1os y cursos de aguas ins\u00edpidas, porque lo que persigue Machado es la p\u00e9rdida de orientaci\u00f3n y la sensaci\u00f3n de <em>no man\u00b4s land<\/em> que se apodera de quien se aventura en el magma selv\u00e1tico, suspendido entre agua y cielo por el espejismo de la corriente inm\u00f3vil, la mirada cruzada de p\u00e1jaros de inn\u00famera apariencia e inexplicable plumaje y canto, cuyo abundamiento suscita, junto con la memoria del ojo lector y el ojo gr\u00e1fico, la presencia de personajes-p\u00e1jaros en quienes conviven lo humano y lo animal como sortilegio de una pluma de colibr\u00ed y una garra de \u00e1guila arp\u00eda, entre la varia industria transmutadora que tanto nos entretiene.<\/p>\n\n\n\n<p>La excusa de la an\u00e9cdota o asunto es la lectura de un diario de traves\u00eda ocurrida en el siglo de Humboldt y de sus seguidores reales o reconstruidos, con ratos de digresiones, desechos de camino real, veredas, vivaques, intrusiones de historias vidas y otra vez la maleza,el agua atormentada por los chubascos, las centellas y los saltos, y adem\u00e1s el presentimiento de bestiarios y la irrupci\u00f3n de la gente-p\u00e1jaro, con nombre y sin nombre, Marcela, Irk, el narrador, de pronto los Ewaipanomas de Raleigh, los centauros de Grecia y s\u00fabito El Dorado, el lago arg\u00e9nteo de Manoa, la ciudad que se llama que no se llama Caracas o alguna otra bajo la nieve y alguien es Charles, el viejo Charles, cient\u00edfico y dios rana surgiendo del agua y todo es selva, la selva en el sue\u00f1o como fascinaci\u00f3n y pesadilla de pluma, augurio de la transmutaci\u00f3n de la apariencia humana en gente-p\u00e1jaro, en pueblo emplumado con h\u00e1bitos y apariencias nuestras. En las postrimer\u00edas del libro, Wilfredo Machado o su personaje nos lee su confesi\u00f3n, testimonio que transcurre entre dos realidades, la fant\u00e1stica y la convencional, sin que ni una ni la otra logren entorpecerse. Un p\u00e1jaro de hierro se desbarata sobre la cima de un \u00e1rbol, el vientre roto ah\u00edto de alijo de droga. Se escucha el canto agorero del yacab\u00f3, una pluma de colibr\u00ed tiembla en el aire selv\u00e1tico y la realidad lineal se fractura. Irk, el hombre-p\u00e1jaro mutilado, reaparece, recupera su garra de arp\u00eda, la garra de los sortilegios sanguinarios. \u201cEntonces \u2014observa el narrador\u2014 dio dos o tres saltos entre la fronda de los grandes \u00e1rboles, perdi\u00e9ndose en el cielo nocturno, lanzando gritos amenazadores en la oscuridad que atemorizaba a todos. Su canto ronco y lujurioso era casi humano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-alberto-crespo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tarea de Rubi Guerra \u201cYo quisiera estar entre vac\u00edas tinieblas\u201d, exclamaba un hombre alcanzado por los rel\u00e1mpagos del insomnio; un hombre en blanco y negro, como todos los seres cabizbajos, que tuvo por pa\u00eds una biblioteca escrita en lat\u00edn y griego, entre el olor a azahar de Arabia y a sahumerio marino que la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":12779,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12782"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12782"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12782\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12783,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12782\/revisions\/12783"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12779"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12782"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12782"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12782"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}