{"id":12693,"date":"2024-08-09T13:02:48","date_gmt":"2024-08-09T13:02:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12693"},"modified":"2024-08-09T13:02:48","modified_gmt":"2024-08-09T13:02:48","slug":"la-gata-el-espejo-y-yo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-gata-el-espejo-y-yo\/","title":{"rendered":"La gata, el espejo y yo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Nelson Himiob<\/h4>\n\n\n\n<p>Deb\u00eda regresar a Caracas a establecerme en uni\u00f3n de mi esposa y de mis hijos, y resolv\u00ed venirme yo primero para tomar la casa en que habr\u00edamos de residir. En vista de que tuve dificultades para conseguirla sin muebles, alquil\u00e9 una amueblada, mediante contrato a corto plazo. Posteriormente ya estudiar\u00edamos, mi esposa y yo, el modo de adquirir la que habr\u00eda de ser, definitivamente, nuestro hogar. <\/p>\n\n\n\n<p>La casa que alquil\u00e9 era vieja, pero espaciosa y cercana al centro comercial de la ciudad. Adem\u00e1s, hall\u00e1base reci\u00e9n pintada, y sus principales servicios hab\u00edan sido rematados. Los muebles tampoco eran nuevos, pero si c\u00f3modos y suficientes en n\u00famero y variedad. <\/p>\n\n\n\n<p>Escrib\u00eda a mi mujer manifest\u00e1ndole que ya pod\u00eda venir, y me mud\u00e9 a la casa, solo. Al instalarme en ella, ninguna objeci\u00f3n fundamental ten\u00eda que hacerle. Fue en la noche, poco despu\u00e9s de haberme acostado y apagado la luz, cuando se present\u00f3 la objeci\u00f3n. Y se present\u00f3 en forma de ruidos, poco intensos y discontinuas, pero que me imped\u00edan conciliar el sue\u00f1o. F\u00e1cil me fue adivinar que eran ratones los causantes de los ruidos. Ratones que pasaban a la carrera cerca de la cama o por debajo de ella, y ratones que ro\u00edan y golpeaban el z\u00f3calo de madera de la pared del dormitorio. Encend\u00eda la luz y se produc\u00eda el silencio, la apagaba, y minutos despu\u00e9s volv\u00edan los ruidos, leves y distantes al principio, fuertes y frecuentes luego. A la madrugada, al fin, pude dormirme, cansado de dar vueltas y revueltas en la cama; fastidiado de encender la luz una y otra va; y harto de echar pestes al due\u00f1o de la casa y a todas las especies de roedores. <\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, no bien estuve en la calle, me encamin\u00e9 sin p\u00e9rdida de tiempo a una farmacia en busca de un veneno para ratones, el m\u00e1s fulminante que pudieran venderme. Adquir\u00ed uno que me recomend\u00f3 un dependiente del establecimiento, y con \u00e9l en la mano regres\u00e9 a la casa. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones del prospecto que lo acompa\u00f1aba, lo distribu\u00ed estrat\u00e9gicamente por los dormitorios, el comedor y la cocina. En la noche me acost\u00e9 dispuesto a sufrir resignadamente los molestos ruidos, pero esperando que ser\u00eda esa noche la \u00faltima que los sufrir\u00eda. Resignaci\u00f3n que no fue tan completa como debi\u00f3 ser, porque, aun cuando me abstuve de encender la luz, mascull\u00e9 rabioso toda clase de maldiciones. Y esperanza vana, porque a la noche siguiente persistieron implacablemente las carreritas y los golpecitos. Indagu\u00e9, al amanecer, los motivos de esta persistencia, y me di cuenta, apesadumbrado, de que los p\u00edcaros ratones no se hab\u00edan comido ni una pizca de las peque\u00f1as porciones de alimento cargado de veneno que para ellos distribuyera por la casa. <\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 entonces resolver el problema mediante un gato. Y luego de muy laboriosas gestiones, que me tomaron toda la ma\u00f1ana, consegu\u00ed uno, jovencito, de color negro, salvo la boca y las menudas pezu\u00f1as, que eran blancas, como si el animalito acabase de estar parado, bebiendo, en un poco de leche derramada. En la noche hubo silencio, pero a la siguiente se reanudaron los golpeteos y las carreras, t\u00edmidamente al comienzo, francamente despu\u00e9s. <\/p>\n\n\n\n<p>Al otro d\u00eda comprend\u00ed lo que ocurr\u00eda: mi hermoso gatico le ten\u00eda, de modo inexplicable, miedo a los ratones. Posiblemente \u00e9stos, en un principio, al advertir la presencia de aqu\u00e9l en la casa, se recluyeron, atemorizados, mudos, en sus madrigueras. Luego, observando que el natural enemigo no los buscaba quisieron probarlo, y dieron algunas demostraciones de que exist\u00edan. Finalmente cayeron en la cuenta de que la temida fiera les hu\u00eda. En consecuencia, reanudaron sus actividades habituales. <\/p>\n\n\n\n<p>Razon\u00e9 de esta manera despu\u00e9s de ver, en el comedor, que mi gatico dio un tremendo salto y emprendi\u00f3 una loca carrera hacia el corral al o\u00edrse movimientos y chillidos de rat\u00f3n detr\u00e1s del aparador. Resolv\u00ed, por consiguiente, devolverlo y conseguirme otro, pero adulto, por pensar que el miedo del animalito pod\u00eda ser debido al hecho de hallarse a\u00fan en la infancia. Esa misma tarde hice las diligencias respectivas, y al anochecer se lo llevaron y me dejaron en la casa a una gata flaca, de un triste pelambre color blanco sucio y unos verdes ojos feamente amarillosos: lenta, pesada en sus movimientos y desconfiada, arisca. Sal\u00ed a comer y despu\u00e9s me fui al teatro. De regreso a la casa, pasadas las doce, advert\u00ed, al entrar, que algo anormal habla ocurrido, pues en el corredor ve\u00edanse dos sillas derribadas, y en el piso de la antesala los fragmentos de un jarr\u00f3n que estuviera sobre una mesita acodada a un \u00e1ngulo de la pared. <\/p>\n\n\n\n<p>Tuve la impresi\u00f3n de que all\u00ed acababa de realizarse una lucha, y, alarmado, corr\u00ed a mi dormitorio en busca de la pistola que guardaba en la mesita de noche. Quer\u00eda revisar toda la casa, pero hall\u00e1ndome armado, por lo que pudiera encontrar. Al encender la luz, me di cuenta de lo sucedido, pues vi, en un rinc\u00f3n, a la gata desgarrando el cuerpecito de un rat\u00f3n, y cerca de ella los cad\u00e1veres, casi descuartizados, de varios de estos animalitos. En cuanto advirti\u00f3 mi presencia, la gata suspendi\u00f3 su cruenta labor y se me qued\u00f3 mirando. En el hocico, de pelambre blanco sucio como el resto de su cuerpo, ve\u00edansele manchas de sangre; sus verdes ojos feamente amarillosos chispeaban de complacencia, y ten\u00eda la boca semiabierta, retra\u00edda en las comisuras, mostrando el filo de los agudos dientes, como si se estuviera riendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Experiment\u00e9 una sensaci\u00f3n totalmente desagradable, que al principio me pareci\u00f3 de miedo, pero que despu\u00e9s comprend\u00ed lo era de repugnancia, de escalofriante repugnancia. No pude contenerme y me arroj\u00e9 sobre el feroz y asqueante animal para echarlo a puntapi\u00e9s. Pero no me dio tiempo de llegar hasta \u00e9l, porque, luego de apresar entre los dientes el rat\u00f3n a medio desgarrar, huy\u00f3 a saltos grandes y r\u00e1pidos, mostrando una agilidad que no se aven\u00eda con su habitual andar lento y pesado. <\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de recoger y botar los menudos cad\u00e1veres que hab\u00eda en el dormitorio, busqu\u00e9 otros en el corredor y en la antesala, escenarios tambi\u00e9n de la sa\u00f1uda persecuci\u00f3n, pero ninguno m\u00e1s encontr\u00e9. Seguramente la gata hab\u00eda matado a los animalitos en los lugares donde pudo apresarlos, y luego se los hab\u00eda llevado a mi habitaci\u00f3n para desgarrarlos all\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche no perturbaron mi sue\u00f1o los golpeteos y las carreritas. Lo perturbaron el recuerdo de los cuerpecitos destrozados, y la imagen de la gata asesina, con el hocico manchado de sangre y los verdes ojos feamente amarillosos chispeantes de complacencia, y con la boca semi-abierta, retra\u00edda en las comisuras, mostrando el filo de sus agudos dientes, como si se estuviera riendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">II<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Al otro d\u00eda fui a una tienda de objetos usados en busca de un jarr\u00f3n Igual o semejante al que hab\u00eda roto la gata en su feroz cacer\u00eda. Consegu\u00ed uno aproximadamente del mismo tama\u00f1o y de parecida calidad. Abon\u00e9 su importe y ped\u00ed que me lo enviaran a casa. Me retiraba ya cuando, a mi paso, vi de pronto, reflejada en un espejo, la imagen de mi rostro. Pero reflejada de una manera que juzgu\u00e9 demasiado clara para la poca luz que hab\u00eda en el local. Lo que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n y por eso me detuve<\/p>\n\n\n\n<p>El espejo era de forma circular, biselado, sin marco, y con un di\u00e1metro de unos setenta cent\u00edmetros, poco m\u00e1s o menos. Manten\u00edase sujeto en posici\u00f3n vertical entre dos delgadas columnas de madera color caoba, cuyos capiteles serv\u00edan de apoyo a sendas bolas tambi\u00e9n de madera y del mismo tinte y grosor. Se hallaba colocado sobre una c\u00f3moda, a corta distancia, casi de frente hacia m\u00ed, ligeramente hacia la izquierda del estrecho corredor por donde pasaba. <\/p>\n\n\n\n<p>Al mirarlo con detenimiento me pareci\u00f3 advenir que hab\u00eda en todo \u00e9l una expresi\u00f3n de s\u00faplica para que lo sacaran de all\u00ed, de conmovedora s\u00faplica, y dirigida a m\u00ed, precisamente a m\u00ed. Pens\u00e9 entonces \u2014de manera absurda, pero lo pens\u00e9\u2014 que el haber reflejado mi imagen en forma tan n\u00edtida hab\u00eda sido el medio de que se valiera para llamarme la atenci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Bah! \u00a1Tonter\u00edas! \u2014me dije. <\/p>\n\n\n\n<p>Y ya iba a volverle la cara para continuar hacia la puerta, cuando tuve la Impresi\u00f3n de que en \u00e9l se acentuaba la expresi\u00f3n de s\u00faplica hasta un punto que colindaba con el llanto. Sent\u00ed una profunda l\u00e1stima, y resolv\u00ed llevarme el espejo a casa. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No debe ser muy costoso \u2014pens\u00e9\u2014 porque su armadura es ordinaria y de un p\u00e9simo gusto. Lo que gaste adquiri\u00e9ndolo estar\u00e1 compensado con la tranquilidad que me proporcionar\u00e1 el sacarlo de aqu\u00ed, el atender a su ruego. Claro est\u00e1 que es un ruego que yo me he imaginado, porque no puede ser de otra manera, pero que siento como si fuera real. <\/p>\n\n\n\n<p>Como lo hab\u00eda pensado, era bajo el costo del espejo. Lo compr\u00e9 y ped\u00ed que me lo enviaran junto con el jarr\u00f3n. Antes de abandonar la tienda, me volv\u00ed hacia \u00e9l. Y me sent\u00ed complacido, pues que su expresi\u00f3n hab\u00eda cambiado por completo. Casi dir\u00eda que estaba rebosante de j\u00fabilo y que me miraba con cari\u00f1o y agradecimiento. <\/p>\n\n\n\n<p>Coloqu\u00e9 el jarr\u00f3n en la antesala, en el mismo sitio que ocupara el destrozado por la gata. Puse el espejo en el dormitorio. sobre la c\u00f3moda, mueble \u00e9ste que se hallaba a un lado de la cama y frente a la butaca en la cual, casi todas las noches, me sentaba a leer. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde que lleg\u00f3 el espejo a mi casa, me sent\u00ed acompa\u00f1ado, porque indudablemente no se trataba de un mueble cualquiera, sin vida, indiferente, sino de algo que ten\u00eda estados de \u00e1nimo; que los ten\u00eda y que los expresaba, aunque no siempre en forma comprensible. Esto pod\u00eda ser, desde luego, pura imaginaci\u00f3n m\u00eda, pero lo cierto es que yo ve\u00eda la expresi\u00f3n de esos estados de \u00e1nimo. Podr\u00eda afirmar, por ejemplo, que era alegr\u00eda, gozosa alegr\u00eda la que tuvo cuando lo llevaron a casa y me vio; y que era complacencia. total complacencia la que mostr\u00f3 cuando se vio situado en mi dormitorio. Tambi\u00e9n podr\u00eda afirmar que tuvo una grata sorpresa al darse cuenta de que se hallaba colocado frente a mi butaca predilecta. <\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda, desde luego, muchas cosas que no le comprend\u00eda. En otras. en cambio, r\u00e1pidamente penetraba en su sentido. As\u00ed, por ejemplo, un d\u00eda en que estaba frente a \u00e9l poni\u00e9ndome la corbata, le not\u00e9 algo raro, como si quisiera hacer girar hacia m\u00ed la parte superior del disco de su cuerpo, inclinarse un poco hacia mi para que se reflejara aqu\u00e9lla en toda su extensi\u00f3n. Al principio consider\u00e9 que nada pod\u00eda hacer yo para satisfacer su deseo, puesto que el disco de su cuerpo manten\u00edase sujeto firmemente entre las dos columnas. Luego pens\u00e9 que si hab\u00eda expresado ese deseo era porque habla alguna posibilidad de realizarlo. Y me puse a examinar cuidadosamente los contornos de la armadura. No tard\u00e9 en encontrar, en efecto, en el lado exterior de las columnas, sendos tomillos, al aflojar los cuales giraba el disco. Pude. pues, complacerlo en lo que quer\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Inclinada as\u00ed, un poco hacia adelante, la parte superior del espejo, en \u00e9l se reflejaba la butaca, situada al frente, y yo mismo cuando en ella me sentaba. Como esto lo hac\u00eda a menudo, mi contacto con el espejo se hizo m\u00e1s frecuente y de mayor duraci\u00f3n. Por eso, transcurrido alg\u00fan tiempo, llegu\u00e9 a tomarle verdadero cari\u00f1o y, en consecuencia, empec\u00e9 a considerarlo como algo m\u00e1s que una simple compa\u00f1\u00eda; empec\u00e9 a considerarlo como a un amigo, y como un amigo de toda mi intimidad. \u00bfQu\u00e9 tiene de extra\u00f1o, pues, que algunas veces le hablara a fin de comunicarle lo que para entonces sent\u00eda o pensaba? \u00bfY acaso de este comunicarle mis sentimientos y pensamientos no obtuve beneficios? Porque sus expresiones de conformidad o desacuerdo con lo que yo le manifestaba me marcaron en varias ocasiones el rumbo a seguir en diferentes asuntos; rumbo que en casi todos los casos, seg\u00fan comprend\u00ed luego, fue el acertado. \u00bfNo era natural, por consiguiente, que yo le consultara mis cosas a mi amigo el espejo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">III<\/p>\n\n\n\n<p>En contraste con el cari\u00f1o que le hab\u00eda llegado a tener al espejo, estaba el odio que hab\u00eda llegado a sentir por la gata asesina. Odio que tuvo su culminaci\u00f3n al d\u00eda siguiente de haber llevado yo a la casa un canario, cuando encontr\u00e9 en el patio el cad\u00e1ver desgarrado del pajarito. Hab\u00eda colgado la jaula en lo m\u00e1s alto de una de las paredes del corredor, y lo habla hecho as\u00ed para poner al canario fuera del alcance del sanguinario felino. A\u00fan no me explico, pues, c\u00f3mo pudo \u00e9ste saltar hasta la jaula y apoderarse de aqu\u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Se supondr\u00e1, quiz\u00e1s, que yo, entonces, arroj\u00e9 a la gato a la calle. Y se supondr\u00e1 con raz\u00f3n porque era lo indicado. Sin embargo, no lo hice. Y no lo hice porque gracias a ella habla en mi casa un completo silencio por los noches, el silencio que necesitaba un hombre nervioso como yo para poder conciliar el sue\u00f1o. Porque estaba seguro de que si echaba a la gata, los ratones volver\u00edan a impedirme dormir, con sus golpeteos y carreritas, ya que los tenaces roedores no hablan sido exterminados ni mucho menos, como lo evidenciaba el hecho de aparecer, de vez en cuando en un rinc\u00f3n cualquiera de la casa, el cuerpecito destrozado de alguno de ellos. <\/p>\n\n\n\n<p>Mi amigo el espejo tambi\u00e9n odiaba a la gata, o, al menos, sent\u00eda por ella una radical antipat\u00eda. Claramente se observaba su aversi\u00f3n por el animal cuando \u00e9ste le pasaba por delante. En efecto, entonces su expresi\u00f3n tomaba una adustez semejante a la que, en momentos de c\u00f3lera, aparece en el rostro de los hombres reconcentrados. La detestable fierezuela hab\u00eda tomado la costumbre de echarse en mi butaca predilecta, lo cual, como es de suponer, me desagradaba profundamente. Al principio, en cuanto la ve\u00eda, la espantaba de all\u00ed. Luego, ante la persistencia de su costumbre, y harto ya de gritarle y amenazarla, lentamente me fui resignando, y conclu\u00ed por dejarla tranquila. Quien, al parecer, no se resignaba, era mi amigo el espejo. Porque a mi amigo tambi\u00e9n le produc\u00eda un profundo disgusto la irrespetuosa costumbre de la gata. Casi llegar\u00eda a decir que le disgustaba m\u00e1s que a m\u00ed. Y ello por la sencilla raz\u00f3n de que, como la butaca se reflejaba en \u00e9l, la gata, al echarse en la butaca, tambi\u00e9n en \u00e9l se reflejaba. Y no s\u00f3lo era que mi amigo no se resignaba, sino que, todos los d\u00edas, su rechazo por la costumbre del animal daba la impresi\u00f3n de ser m\u00e1s fuerte. Hasta que una vez&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00edan las tres de la tarde, y yo, despu\u00e9s de una ligera siestecita, hall\u00e1bame a\u00fan en el dormitorio, arregl\u00e1ndome para salir a la calle. En el momento en que tomaba el paquete de cigarrillos y el encendedor, que antes de acostarme pusiera sobre la mesita de noche, o\u00ed, muy cerca, el inconfundible gru\u00f1ido de los gatos cuando de pronto se ven frente a un perro. Volv\u00ed la cabeza y vi a la gata parada en la butaca, de frente al espejo, con el cuerpo arqueado, el rabo enhiesto, erizado el pelambre, desnudos y temblando los filudos dientes, fulgurantes los ojos. Desvi\u00e9 entonces la mirada hacia mi amigo el espejo, y vi que en \u00e9l se reflejaba el odioso animal en toda su furiosa y desafiante actitud. Pero vi tambi\u00e9n en mi amigo una expresi\u00f3n de ira de que nunca le cre\u00ed capaz. El disco de su cuerpo parec\u00eda vibrar de c\u00f3lera, y dir\u00edase que las partes no ocupadas por la imagen de la gata desped\u00edan reflejos azulados y rojizos.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente sucedi\u00f3 lo inaudito. \u00a1El disco empez\u00f3 a expulsar a la iracunda imagen! La expulsaba lentamente, mientras sus vibraciones aumentaban, y eran m\u00e1s r\u00e1pidos, cual un menudo bombardeo, sus destellos azulados y rojizos. La imagen sali\u00f3 del disco como impresa en una l\u00e1mina de aire. Avanzaba, cent\u00edmetro a cent\u00edmetro, en linea recta, hacia el centro del dormitorio. Y a medida que avanzaba se iba desvaneciendo. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo, totalmente asombrado, la segu\u00eda con la vista, y cuando instantes despu\u00e9s se hubo desvanecido por completo, volv\u00ed los ojos al espejo, pensando que, al expulsar la imagen que reflejaba, se hab\u00eda quedado vac\u00edo. Y, \u00bfc\u00f3mo ser\u00eda un espejo vac\u00edo, un espejo que nada reflejase? Pero me hab\u00eda equivocado. Otra imagen estaba all\u00ed, substituyendo a la expulsada. Era tambi\u00e9n de la gata, pero no en la actitud en que ahora se hallaba, sino echada, so\u00f1olienta, en la butaca. Esta imagen, al igual que la anterior, tambi\u00e9n fue expulsada del disco, en la misma forma y de la misma manera, pero m\u00e1s r\u00e1pidamente. Otra la substituy\u00f3, tambi\u00e9n de la gata, en posici\u00f3n distinta a las anteriores, y tambi\u00e9n fue expulsada. y m\u00e1s r\u00e1pidamente a\u00fan. Y fue luego una sucesi\u00f3n de im\u00e1genes expulsadas, cada vez con mayor velocidad, todas del abominable felino. <\/p>\n\n\n\n<p>Era evidente que mi amigo el espejo, llegado al m\u00e1ximo su aborrecimiento por el animal, y no queriendo saber nada de \u00e9l, tener nada de \u00e9l, estaba devolviendo sus im\u00e1genes. S\u00fabitamente ces\u00f3 la devoluci\u00f3n de \u00e9stas, y en el espejo qued\u00f3 fija una, asqueante y horrenda, casi id\u00e9ntica a otra que yo conoc\u00eda en la realidad. Era la gata desgarrando el cuerpecillo de un rat\u00f3n; de la gata asesina ensimismada en su cruenta tarea, con el hocico manchado de sangre y los verdes ojos feamente amarillosos chispeantes de complacencia, y con la boca semiabierta, retra\u00edda en las comisuras, mostrando el filo de los agudos dientes, como si se estuviera riendo. <\/p>\n\n\n\n<p>La diferencia de tal escena con la que yo hab\u00eda presenciado anteriormente se hallaba en que en \u00e9sta aparec\u00eda la gata realizando su repugnante acci\u00f3n sobre la butaca. \u00a1Sobre mi butaca! \u00a1Maldito animal! Advert\u00edase claramente que mi amigo, al mostrarle la horrenda imagen a la gata, estaba ech\u00e1ndole en cara su crueldad, repudiando abiertamente su conducta criminal. <\/p>\n\n\n\n<p>La irritada fierezuela, que presenciaba cuanto suced\u00eda sin variar de posici\u00f3n ni de actitud, o sea parada en la butaca, arqueado el cuerpo, erizado el pelambre y gru\u00f1endo, solt\u00f3 de pronto un furioso bufido, seguramente medio enloquecida de rabia por el acto que se le echaba en cara, y con un salto gigantesco se lanz\u00f3 contra el espejo. Rompi\u00f3se el disco y sus pedazos cayeron al suelo. La gata, entre tanto, quedaba en pie sobre la c\u00f3moda. <\/p>\n\n\n\n<p>Al ver destrozado el cuerpo de mi amigo, mont\u00e9 en c\u00f3lera y me abalanc\u00e9 contra el furioso animal, dispuesto a agarrarlo y estrangularlo. Pero no pude llegar hasta \u00e9l, porque en cuanto me le acerqu\u00e9, brinc\u00f3 al suelo y se alej\u00f3 en carrera vertiginosa. Preso de la ira, corr\u00ed tras \u00e9l. Lo persegu\u00ed por el patio, por el comedor, por la cocina y, finalmente, sigui\u00e9ndole los pasos llegu\u00e9 al corral. Al fondo de \u00e9ste, junto a una enredadera que crec\u00eda arrimada a la pared, se hab\u00eda detenido. Y desde all\u00ed me miraba, lucientes y alertas los feos ojos. <\/p>\n\n\n\n<p>Lentamente me le fui acercando, observ\u00e1ndolo, espiando el menor de sus movimientos, a fin de adivinar hacia d\u00f3nde saltar\u00eda, para cortarle el salto y apresarlo. Ya me hallaba a s\u00f3lo unos cinco pasos de \u00e9l. Y estaba claro que por la posici\u00f3n del cuerpo, saltar\u00eda hacia la derecha. \u00a1Y all\u00ed estar\u00eda yo para cortarle el salto! \u00a1No se me escapar\u00eda el felino aborrecible! Ahora s\u00f3lo me hallaba a cuatro pasos. \u00a1A tres! Ya casi sent\u00eda su inmundo pescuezo entre mis manos, y mis dedos apret\u00e1ndolo, apret\u00e1ndolo, fuertemente, despiadadamente. <\/p>\n\n\n\n<p>Y, de pronto, el animal salt\u00f3, \u00a1pero salt\u00f3 hacia arriba, hacia la enredadera! Prendi\u00f3se de ella, trep\u00f3 velozmente, brinc\u00f3 hacia el techo y se fue, para no regresar jam\u00e1s. Lleno de amargura por no haber podido matar a la odiosa bestia, regres\u00e9 al dormitorio y me detuve frente a los restos de mi amigo el espejo. De aquel maravilloso disco que con tanta vivacidad mostraba sus estados de \u00e1nimo, quedaban s\u00f3lo unos cuantos fragmentos inexpresivos. Amorosamente los recog\u00ed, y poco despu\u00e9s les di sepultura en el corral, cerca de la enredadera. <\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que ning\u00fan descalabro hab\u00edan sufrido con el golpe, enterr\u00e9, en uni\u00f3n de los restos del disco, las delgadas columnas que le sirvieron de soporte. En vida estuvieron juntos; en muerte tambi\u00e9n deb\u00edan de estarlo. Con la desaparici\u00f3n de mi amigo el espejo, nuevamente qued\u00e9 solo en la casa. Por fortuna, mi esposa y mis hijos llegar\u00edan dentro de pocos d\u00edas. Ellos me proporcionar\u00edan la mejor de las compa\u00f1\u00edas. y ellos se ocupar\u00edan en resolver el problema de los ratones, el cual, faltando la gata, no tardar\u00eda en presentarse otra vez. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego que nada les contar\u00eda de lo sucedido. Las cosas que en su soledad ve un hombre, no se cuentan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nelson Himiob Deb\u00eda regresar a Caracas a establecerme en uni\u00f3n de mi esposa y de mis hijos, y resolv\u00ed venirme yo primero para tomar la casa en que habr\u00edamos de residir. En vista de que tuve dificultades para conseguirla sin muebles, alquil\u00e9 una amueblada, mediante contrato a corto plazo. 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