{"id":12546,"date":"2024-07-29T22:01:58","date_gmt":"2024-07-29T22:01:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12546"},"modified":"2024-07-29T22:05:21","modified_gmt":"2024-07-29T22:05:21","slug":"dia-de-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dia-de-ceniza\/","title":{"rendered":"D\u00eda de ceniza (cap\u00edtulo I)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Salvador Garmendia<\/h4>\n\n\n\n<p>El isle\u00f1o que maneja la Victoria Arduino es un tipo s\u00f3lido, con un cuello fibroso acordonado de venas oscuras, y brazos cortos sembrados de vellos cobrizos. Cuando no est\u00e1 moviendo las palancas o abriendo el tubo del vapor, descansa, como ahora, apoyando un pie en el caj6n donde se deposita el polvo de desecho y un brazo sobre la plataforma de m\u00e1rmol blanco de la&nbsp; m\u00e1quina,&nbsp; que es de un modelo pesado y funeral, mientras mira con aire desabrido&nbsp; al sal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hay otro&nbsp; hombre&nbsp; detr\u00e1s&nbsp; del&nbsp; mostrador,&nbsp; recostado en la cava en actitud inm\u00f3vil: es un espa\u00f1ol viejo y larguirucho. En este momento sus ojos reposan en la pared del fondo del sal\u00f3n, detenidos (y quiz\u00e1s sin interesarse por nada en particular, pues est\u00e1n solamente absortos en un punto indeterminado, tanto que parecen semidesprendidos de la figura, esa cubierta de cuero seco, inm\u00f3vil) en una abigarrada pintura que la cubre casi por completo: es una especie de selva de hojalata donde se entremezclan y confunden colas de papagayos, hojas dentadas y corolas monstruosas. Un peque\u00f1o avi\u00f3n remonta la parte del cielo, donde la pintura tostada se ha cubierto&nbsp; de&nbsp; finas&nbsp; nervaduras.&nbsp; Adem\u00e1s,&nbsp; hay tres hombres apoyados de codos en la barra. Han bajado en mangas de camisa a tomar caf\u00e9 y lucen todav\u00eda pulcros, ma\u00f1aneros, esmeradamente limpios y rasurados como si acabaran de abandonar la sala de ba\u00f1o. En el resto del saloncito se organizan los cuadros de lin\u00f3leo de las mesas, sillas de tubos niquelados y espaldares rojos y vasos embutidos de servilletas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, inesperadamente, uno de los clientes de la barra ha empezado a re\u00edr a todo pulm\u00f3n, emitiendo una&nbsp; serie de registros breves y escalonados, cada vez sobre una vocal diferente. Entretanto, la figura de piel bermeja, alta y cargada de hombros, permanece apoyada en el mostrador, sin conmoverse en&nbsp; lo&nbsp; m\u00e1s&nbsp; m\u00ednimo,&nbsp; como&nbsp; si aquella&nbsp; fuerte&nbsp; risa que por un momento ha llenado todo el sal\u00f3n fuese una sonoridad artificial, un efecto de percusi\u00f3n&nbsp; producido&nbsp; por alg\u00fan mecanismo en la dilataci\u00f3n del cuello. S\u00f3lo la tez se le amorata progresivamente hasta lucirle brillante y pulida como una berenjena.<\/p>\n\n\n\n<p>La persona&nbsp; que est\u00e1 a su lado le grita:<\/p>\n\n\n\n<p>-Br\u00ed\u00f1ez,&nbsp; Br\u00ed\u00f1ez&#8230; -se golpean las&nbsp; espaldas y sus carcajadas&nbsp;se confunden durante un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo reluce con un brillo h\u00famedo, grasoso, despu\u00e9s de la limpieza de la ma\u00f1ana. La risa acaba de interrumpirse (en las fisuras de las baldosas de granito han quedado muestras de aserr\u00edn, en forma de peque\u00f1as crestas, y cal vez se encuentren algunas&nbsp; hilachas negras dejadas por el paso de la mapa bajo las mesas o los&nbsp; taburetes de la barra), mientras el hombre de la m\u00e1quina traslada despaciosamente la mirada hacia el \u00fanico habitante del saloncito: una mujer gruesa, de edad indiferente, cuyo rosto ofrece, apenas, una&nbsp; superficie \u00e1rida lastimada por la intemperie. Tal&nbsp; vez, observ\u00e1ndolo m\u00e1s de cerca, aquella piel enharinada llegar\u00eda a revelar su aut\u00e9ntica&nbsp; textura de vieja galleta y el curso de las peque\u00f1as arrugas que se multiplican en torno a los ojos y en torno del cuello como una vasija agrietada.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 all\u00ed, desde hace un buen rato, masticando mnquinalmente un sandwich, y el isle\u00f1o la observa con lentitud, descarga en ella sus ojos gris\u00e1ceos, grandes y&nbsp; sangu\u00edneos. El vestido se le ha rodado&nbsp; un&nbsp; poco&nbsp; hasta&nbsp; el&nbsp; nacimiento&nbsp; de los muslos, que mantiene ligeramente separados, y&nbsp; \u00e9l puede ver ahora, por entre las patas niqueladas de las sillas, las rodillas carnosas como grandes trozos de tocino, donde se anudan&nbsp; unas&nbsp; medias&nbsp; color&nbsp; ladrillo.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre que sigue recostado a la cava gru\u00f1\u00f3 imperceptiblemente. -Hoy vino sola, \u00bfeh? En su m\u00e1scara \u00f3sea el tabaco ha oscilado brevemente, y al acabar la frase pliega varias veces la mand\u00edbula en una especie de rictus mec\u00e1nico. Sus brazos, dos varas secas y venosas, siguen abiertos en comp\u00e1s por el borde de la plataforma donde se aglomeran las botellas descorchadas, mientras que la espalda, las orejas largas y rugosas y un cr\u00e1neo de&nbsp; huevo, semidesierto y de veste biliosa, se hunden en el espejo ovalado que centra la armadura.<\/p>\n\n\n\n<p>El de la m\u00e1quina respondi\u00f3 con otro gru\u00f1ido muriente. Nada volvi\u00f3 a moverse en el aire por algunos instantes.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Hoy&nbsp; vamos&nbsp; a&nbsp; colgar&nbsp; uno&nbsp; de&nbsp; esos&nbsp; chismes&nbsp; de&nbsp; carnaval -dijo el flaco-.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos de los que tomaban&nbsp; caf\u00e9 en la barra- Br\u00ed\u00f1ez y&nbsp; su compa\u00f1ero-, salieron&nbsp; murmurando, mientras la mujer, que ya hab\u00eda terminado su sandwich, reun\u00eda entre los dedos restos de lechuga&nbsp; y&nbsp; boronas&nbsp; de pan. Las rodillas se unieron suavemente como tiernas molduras de masa; lue\u00adgo, el \u00faltimo en la barra, un moreno achatado con cara de gru\u00f1ido y el cabello adherido a la terraza del cr\u00e1neo como una capa de alambre chamuscado, se desprendi\u00f3 del mos\u00adtrador, se entretuvo unos segundos en&nbsp; la&nbsp; puerta, de manos en los bolsillos, y desapareci\u00f3 silbando hacia el pasaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Semejante quietud no era nada corriente en aquel lugar, pues la \u00fanica puerta, tan ancha como la mitad del sal\u00f3n, aunque fragmentada por una persiana de madera removible, se abr\u00eda a no m\u00e1s de diez pasos de la entrada del pasaje, de modo que el zumbido del tr\u00e1nsito y la agitaci\u00f3n continua de la acera se esparc\u00edan por entre las mesas. Por&nbsp; ahora,&nbsp; transcurre el lapso de aparente caln1a que antecede a la precipitaci\u00f3n&nbsp; del mediod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En la barra ol\u00eda a sandwiches: un poco a pan tostado, a viejas boronas, y otro a jam\u00f3n y salsa agria: este olor se hace todav\u00eda m\u00e1s sensible, y parece vestir el aire como un traje grueso muy usado, cuando el lugar, como ahora, est\u00e1 solo, mientras en el espacio restante domina una emanaci\u00f3n de rinc\u00f3n h\u00famedo, cargada de aserr\u00edn y cerveza \u00e1cida. El local es bastante reducido, el techo bajo. Tres gruesas columnas, que achican a\u00fan m\u00e1s el espacio, est\u00e1n revestidas de espejos hasta m\u00e1s o menos la altura de un hombre, y el azogado irregular provoca en ellos toda clase de muecas y deformidades. Es corriente ver aparecer en la superficie moviente, caras deshuesadas y el\u00e1sticas que se transforman en monstruosos pepinos o se estiran hasta reventar.<\/p>\n\n\n\n<p>Unas ocho mesas se avecinan entre las columnas, y no existe otro adorno en las paredes que la&nbsp; gran pintura del fondo, unos pocos afiches de refrescos y cigarrillos, y un reloj el\u00e9ctrico de esfera blanca colocado sobre la puerta del urinario. Caribe. Caf\u00e9-Bar. Lunch, dice el letrero luminoso a la entrada del pasaje. Las manos de la mujer reposan a ambos lados del plato, pero todav\u00eda sus mand\u00edbulas se mueven muellemente como un reflejo tard\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Debe ser loca -murmur\u00f3 el isle\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>No hac\u00eda un minuto que el \u00faltimo de los parroquianos hab\u00eda salido, cuando en medio del ruido continuo de los zapatos arrastrados en las baldosas del pasaje y las resonancias que a ratos se desprenden de los edificios laterales, se oy\u00f3 la voz aguda y r\u00e1pida de Ant\u00fanez. Grit\u00f3 algunas palabras, en un timbre algo desafinado como un falso de trompeta, que all\u00ed dentro se hicieron ininteligibles y fueron interrumpidas por el bramido de un motor. Una carcajada met\u00e1lica lo sigui\u00f3 hasta la puerta. -Luego&nbsp; nos vemos, Br\u00ed\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<p>El portafolio produjo un sonoro estampido en el mostrador.<\/p>\n\n\n\n<p>-Dame una soda con lim\u00f3n, \u00a1r\u00e1pido!<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba all\u00ed, aparentemente tranquilo y sin embargo la carga de energ\u00eda vivaz y contenida que parec\u00eda emanar de su figura, interrump\u00eda por sorpresa la quietud reinante; daba la impresi\u00f3n de que un trompo alocado acabara de aparecer y correteara por el piso. Sin embargo, aquello fue s\u00f3lo una impresi\u00f3n repentina, pues, al instante, todo regres\u00f3 a la normalidad. Apenas si la mujer interrumpi\u00f3 su lenta masticaci\u00f3n y levant\u00f3 la frente para guiar la mirada del plato hacia la barra, mientras el espa\u00f1ol abandonaba su posici\u00f3n para inclinarse y abrir la cava. Su camisa se pobl\u00f3 de prominencias \u00f3seas, y qued\u00f3 a la vista un aro de cabellos lisos, mortecinos, rodeando, a modo de un bonete, la cumbre desnuda del cr\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de incorporarse del todo, pregunt\u00f3 con su voz rugosa de asm\u00e1tico:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 cuentas, Ant\u00fanez?<\/p>\n\n\n\n<p>Ant\u00fanez intent\u00f3 sonre\u00edr. Sent\u00eda los ojos llenos de sol, acuosos y calientes, como si los hubiera tenido un buen rato en agua hirviente.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; T\u00fa deb\u00edas disfrazarte de cura, Perucho; tienes cara de. . .<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1A la mierda!<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Dicen que Consentida no pierde, \u00bfeh? -dijo el isle\u00f1o, y comenz\u00f3 a cantar en voz baja y delgada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ant\u00fancz permanec\u00eda con la mirada fija en el burbujear de la soda.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfLe pones az\u00facar?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1No, no, est\u00e1 b&#8230;! -y el tic lo sorprendi\u00f3 igual que un violento aletazo. Fue un registro de movimientos r\u00e1pidos y entrecortados que comenzaron en los hombros, imprimi\u00e9ndoles una sacudida de escalofr\u00edo, y al mismo instante le recorrieron la mand\u00edbula como si la prensara con alambres debajo de la piel, ocasion\u00e1ndole un r\u00e1pido temblor de p\u00e1rpados; medio aturdido, clav\u00f3 un dedo en el cuello de la camisa; lo recorri\u00f3 en semic\u00edrculo, sacudiendo a tiempo la cabeza como si se desnucara. Realmente, parec\u00eda que el hombrecito,&nbsp;que apenas sobresal\u00eda de la barra, continuara haciendo toda clase de gestos y visajes, y sin embargo, se calm\u00f3 de pronto.<\/p>\n\n\n\n<p>Perucho solt\u00f3 el exprimidor:<\/p>\n\n\n\n<p>-Toma, hombre; te har\u00e1&nbsp; bien.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfAnzola no ha venido por aqu\u00ed? -pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Esta ma\u00f1ana, temprano, pas\u00f3 por aqu\u00ed -intervino el de la m\u00e1quina-. No eran las nueve todav\u00eda, me parece. Se asom\u00f3, se devolvi\u00f3, volvi\u00f3 a asomarse y se fue. -Su acento era tosco con el timbre reticente del isle\u00f1o. -Hoy es s\u00e1bado y todo est\u00e1 demasiado tranquilo. \u00bfCreen que habr\u00e1 carnavales? -Ant\u00fanez se encogi\u00f3 de hombros.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Necesito verlo hoy al mediod\u00eda. Anoche estuvimos en el Samba -la soda le ara\u00f1aba el paladar-hasta las tres de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfOs divert\u00eds, eh?<\/p>\n\n\n\n<p>Una ahogada voz de bar\u00edtono los hizo volver la cabeza a un mismo tiempo. En la puerta, un&nbsp; hombre de cara borroneada -a la distancia de la barra sus facciones eran manchas de tinta china-, cantaba como si hiciera su presentaci\u00f3n en un tablado, a tiempo que se mec\u00eda suavemente sobre sus pies, manteniendo los ojos entrecerrados y la frente partida en arrugas. Cort\u00f3 de golpe, y vino a echarse de codos en la barra donde volvi\u00f3 a cantar un trozo. Pidi\u00f3 un sandwich sin tostar, mientras se miraba al espejo y alisaba sus cabellos muy negros, pulcramente engrasados, y al fin sali\u00f3 de all\u00ed mordisqueando su&nbsp; pan.<\/p>\n\n\n\n<p>La mand\u00edbula de Perucho se contrajo mec\u00e1nicamente como si obedeciera a alg\u00fan rumor interior. Su con textura desgarbada, aunque dura y fibrosa; su tallado r\u00fastico de personaje antiguo y monta\u00f1\u00e9s, parecen recortados de un repujado; se le podr\u00eda&nbsp; imaginar cubierto de cueros y pieles burdas y llevando un&nbsp; palo al hombro. Todos sus ademanes son met\u00f3dicos y lentos -pasa el d\u00eda y la noche metido en aquella atm\u00f3sfera turbia y pesada como en una pecera-, Y sus movimientos habituales para destapar botellas o preparar alguna bebida, terminan&nbsp; en&nbsp; alguna&nbsp; pose estatuaria: recostado a la cava o reclinado en el mostrador, cruzado de brazos y chupando su eterno&nbsp; tabaco.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto era lo que acababa de hacer y pregunt\u00f3: -\u00bfQu\u00e9 te parecen las vainas, Ant\u00fanez? El vio asomar sus dientes des\u00ad gastados parecidos a conchas salitrosas.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 vainas? Ahora&nbsp; s\u00f3lo falta que llueva.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 ha de ser? \u00a1Estos t\u00edos de mierda que no hacen m\u00e1s que alborotar y hacer da\u00f1o! -Ant\u00fanez bostez\u00f3 nuevamente.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 pasa?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Hablo del foll\u00f3n que tiene armado toda esta gente. Anoche estuvieron ah\u00ed, frente al Congreso, pidiendo no s\u00e9 qu\u00e9. Iban a poner fuego a un bus, cuando la polic\u00eda la emprendi\u00f3 a porrazos.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No supe nada.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda estado all\u00ed la noche anterior. Sali\u00f3 de los tribunales con Anzola y fueron a cenar a un&nbsp; restaurante costoso. El maitre italiano, que aun de cerca parec\u00eda retocado como una foto de estudio, se desliz\u00f3 hacia la mesa como sobre sk\u00edes, luciendo una sonrisa tensa de trapecista. Anzola se portaba como un conocedor. Orden\u00f3 una Saltimbocca a la Romana. Las mesas estaban repletas, y los mozos, con sus chaquetillas azules, correteaban por todas partes como ponics excitados por el l\u00e1tigo. El chianti ten\u00eda un sabor astringente de madera h\u00fameda y aquella masa hirviente de macarrones gratinados que&#8230; Un grito potente reson\u00f3 en el conf\u00edn del pasaje. Ant\u00fanez miraba el \u00faltimo resto de espuma en el fondo del vaso.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 hora es? Al acabar la soda, la sed hab\u00eda reaparecido tost\u00e1ndole los labios.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente se oy\u00f3 a s\u00ed mismo como si su voz atravesara por un ca\u00f1o oxidado: -\u00bfEs que t\u00fa no sabes lo que es un hombre cuando tiene hambre, Perucho?<\/p>\n\n\n\n<p>El &nbsp;espa\u00f1ol&nbsp; emiti\u00f3&nbsp; una&nbsp; serie&nbsp; de&nbsp; rugidos cortos.&nbsp; -\u00a1Hambre! \u00a1Hambre! Los ojitos acuosos se llenaron de brillo y asomaron ambos lagrimales semejantes a nudos de carne viva que estuvieran a punto de sangrar. -Yo s\u00e9 lo que es pasar hambre de veras-grit\u00f3-. Comes unos gramos de pan cada d\u00eda. \u00bfQu\u00e9 digo pan? \u00a1Mierda!-y sus dedos parecieron barrer las migas en el mostrador.-\u00daltimamente lo hac\u00edan de arroz, de centeno, \u00a1qu\u00e9 s\u00e9 yo! Y de carne, \u00a1ni hablar! Ant\u00fanez rio entre dientes, mientras el espa\u00f1ol hablaba acaloradamente.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Que hablo en serio, que no puede ser! -Y alarg\u00f3 el brazo hacia el muro lateral del pasaje: las vitrinas de Cambio Pizzomi, con su adorno de monedas, billetes enormes y carteles de turismo. -Yo he visto a muchos de estos t\u00edos ah\u00ed, \u00a1ah\u00ed! \u00a1T\u00fa lo sabes! -All\u00e1, en el cristal, se mov\u00edan siluetas de&nbsp; hombres&nbsp; y mujeres, superpuestas a&nbsp; otras im\u00e1genes&nbsp;trasl\u00facidas de la gente que pasaba por la acera o los que se agitaban a la entrada&nbsp; del pasaje. Aquellas mu\u00f1ecas holandesas de galleta y las praderas de pana verde con castillos de plomer\u00eda y torres puntiagudas; laderas de pinos verdinegros y las monta\u00f1as nevadas que&nbsp; semejan lujosas copas de helado relamidas. Perucho hablaba a gritos. Toldos azules y toneles de cerveza de Munich. Una&nbsp; mujer con un&nbsp; ni\u00f1o y dos hombres contemplaban todo aquello en silencio. La mujer se apart\u00f3, empujando al ni\u00f1o que vest\u00eda pantalones&nbsp; ajados y una camisa roja. Uno de los hombres encendi\u00f3 un cigarrillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ant\u00fanez oy\u00f3 un zumbido en su cabeza, tuvo un eructo con resto de whiskey y zumo de lim\u00f3n y&nbsp; le pareci\u00f3 sentir la tibieza de la s\u00e1bana en el cuerpo desnudo, cubierto por una piel seca y caliente. Los p\u00e1rpados fijos como conchas.&nbsp; \u00bfPor qu\u00e9 hab\u00eda&nbsp;tenido que levantarse tan temprano? Miraba,&nbsp; a su lado, la almohada vac\u00eda mientras la suya ard\u00eda&nbsp;bajo la nuca. Leticia entr\u00f3 al cuarto. Lo mir\u00f3 desde el borde de la cama con expresi\u00f3n seca y contrariada. -Me dijiste que ten\u00edas que levantarte a las nueve -dijo-. -\u00bfQu\u00e9 hora es? &#8211; Las&nbsp; nueve&nbsp; y&nbsp; cuarto. -No tengo&nbsp; ganas&nbsp; de&nbsp; levantarme. -Sentado en la cama, mir\u00e1ndose los muslos desnudos -dos trozos gordos y&nbsp; rojizos, donde&nbsp; la piel parec\u00eda&nbsp; irritada&nbsp; y venosa, como si la hubiese frotado con lija-, sent\u00eda que su propia voz se le encerraba en el o\u00eddo y parec\u00eda vibrar all\u00ed sobre una delgada membrana. -Estuve con Anzola, se empe\u00f1\u00f3&#8230; Ella no volvi\u00f3 a hablarle en toda la ma\u00f1ana. Vio aparecer en el cristal la imagen transparente del Turco Br\u00ed\u00f1ez, a quien acababa de tropezar a la entrada del pasaje, entre un grupo de conocidos. No quiso detenerse y apenas les hizo un adem\u00e1n de saludo, aunque Bri\u00f1ez lo persigui\u00f3 casi hasta la entrada del bar.&nbsp; Paredes estaba con ellos: &#8211; \u00a1Tengo que hablarte, Ant\u00fanez!<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, algo le molestaba entre las ingles. -He debido cambiarme de interiores. Al mediod\u00eda, despu\u00e9s del ba\u00f1o&#8230; Pero tambi\u00e9n ten\u00eda que almorzar con Pastorita. -Va a estar furiosa, de seguro. \u00a1Hoy todo es una mierda, por lo visto! Perucho segu\u00eda relatando lo que hab\u00eda visto la noche anterior, all\u00ed, frente al Edificio del Congreso. Estaba horrorizado. \u00bfAd\u00f3nde \u00edbamos a parar? -&#8230;\u00a1Pero las cosas tienen que marchar! Y si lo que buscan es la anarqu\u00eda, \u00a1ah\u00ed tienen el ejemplo de Espa\u00f1a! -Temblaba. La risa chillona de Ant\u00fanez parec\u00eda estremecerlo como un contacto el\u00e9ctrico. -\u00a1Bien sabes t\u00fa que yo me cago en los curas!<\/p>\n\n\n\n<p>Entraron dos clientes en mangas de camisa y el isle\u00f1o comenz\u00f3 a mover las palancas con impulsos precisos y r\u00e1pidos. Dos mujeres pasaron directamente al tel\u00e9fono. Mientras una hablaba al aparato, la otra, envuelta en un traje ce\u00f1ido que modelaba sus caderas robustas, pretend\u00eda adoptar una actitud ausente mirando indistintamente al techo y a las mesas vac\u00edas. Eran las diez y media y a esa hora, como de costumbre, los empleados de las oficinas bajaban en grupos a tomar algo en los caf\u00e9s de la cuadra. La barra se poblaba de mangas blancas, juegos de pluma fuentes y corbatas oscilantes. Ant\u00fanez empez\u00f3 a hablar en sordina.<\/p>\n\n\n\n<p>-Si yo te muestro la cantidad de embargos por deudas que hemos hecho en menos de veinte d\u00edas&#8230; -le daba palmaditas a su portafolio-. \u00a1Es impresionante!<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfMe lo dices a m\u00ed? Si a veces provoca cerrar e irse a la mierda. Una tierra tan rica, un pa\u00eds como el vuestro&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Ant\u00fanez volte\u00f3 al o\u00edr un arrastrar de tacones. Era la mujer que acababa de levantarse, y atravesaba&nbsp; despaciosamente el sal\u00f3n apretando una negra cartera bajo el brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfSabes qui\u00e9n es?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Pues no. Llevaba ah\u00ed dos horas o no s\u00e9 cu\u00e1nto. Ayer vino tambi\u00e9n con un cr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Yo creo que es loca -dijo el isle\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 ha de ser loca, Tom\u00e1s? \u00bfNo ves que es una pobre mujer?<\/p>\n\n\n\n<p>-Lo digo por la mirada. Yo les conozco la mirada. En mi pueblo hab\u00eda una mujer como \u00e9sa. Estaba siempre&nbsp; hablando sola.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Pues yo no le he o\u00eddo decir una palabra desde&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; La he visto en el Tribunal en estos d\u00edas. \u00a1Qui\u00e9n sabe! Medit\u00f3 unos instantes hasta que se desprendi\u00f3 del taburete.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Perucho, si Anzola aparece por aqu\u00ed, dile que me espere, que no se vaya. Yo vengo&nbsp; al&nbsp; mediod\u00eda, seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a\u00fan no se resolv\u00eda a salir. All\u00e1 fuera, Br\u00ed\u00f1ez&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Le parec\u00eda estar viendo de nuevo a la mujer mientras desaparec\u00eda en silencio por la puerta. Durante toda esa ma\u00f1ana, su mente trabajaba en medio de una lentitud pesada y recurrente como si durmiera&nbsp; y despertara en breves intervalos. Alguna imagen que sorprend\u00eda al azar,&nbsp; tardaba en desaparecer por&nbsp; completo o se quedaba agazapada en alg\u00fan lado, bien borroneada o desprendida del&nbsp; conjunto, y con frecuencia injerta en otras figuras de manera grotesca o risible. Ahora hab\u00eda cre\u00eddo ver s\u00f3lo las&nbsp; piernas de la mujer, cortas y jamonudas, y los negros zapatos torcidos que vacilan bajo el peso del cuerpo. Pero antes de que la ilusi\u00f3n se disipe por completo, aparece Leticia en el momento de&nbsp; entrar&nbsp; al&nbsp; Pantry en bata de casa, una bata de flores moradas que hab\u00eda usado esa ma\u00f1ana. La taza de caf\u00e9 con leche humea en su mano. Oye el golpeteo suave de las sandalias&#8230; El grito \u00e1spero del vendedor de loter\u00eda. El hombre, plantado all\u00ed, tan cerca que no le bast\u00f3 haber apartado la mirada, pues sigui\u00f3 aspirando su olor descompuesto, un olor tibio, verdoso como una capa de moho fresco, parec\u00eda narcotizado, los ojos vac\u00edos e inm\u00f3viles empa\u00f1ados por un humor vidrioso. No atinaba a moverse de all\u00ed de ninguna manera, y de pronto, como si dejase caer un objeto oxidado, volvi\u00f3 a gritar la cifra.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No&nbsp; te olvides, Perucho.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ve con Dios, hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Pag\u00f3 y&nbsp; sali\u00f3 al pasaje.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salvador-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salvador Garmendia El isle\u00f1o que maneja la Victoria Arduino es un tipo s\u00f3lido, con un cuello fibroso acordonado de venas oscuras, y brazos cortos sembrados de vellos cobrizos. Cuando no est\u00e1 moviendo las palancas o abriendo el tubo del vapor, descansa, como ahora, apoyando un pie en el caj6n donde se deposita el polvo de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":12550,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12546"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12546"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12546\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12551,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12546\/revisions\/12551"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12550"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12546"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12546"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12546"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}