{"id":12534,"date":"2024-07-27T20:50:11","date_gmt":"2024-07-27T20:50:11","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12534"},"modified":"2024-07-27T21:25:26","modified_gmt":"2024-07-27T21:25:26","slug":"__trashed-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/__trashed-2\/","title":{"rendered":"Dos ensayos de Juan Carlos Santaella"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una antropolog\u00eda de lo cotidiano<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Cada temperamento forja una escritura determinada, cada situaci\u00f3n hist\u00f3rica desarrolla un modo muy peculiar de afrontar el hecho literario. La literatura, en sus formas y conceptos m\u00e1s generales y complejos, genera un espacio totalmente libre e imaginario donde convergen todas y cada una de las posibilidades que ofrece una actitud atenta y cr\u00edtica de los fen\u00f3menos sociales. La escritura entonces, se abre hacia innumerables vertientes, hacia infinitos \u00e1ngulos y objetivos humanos. La \u201ccr\u00f3nica\u201d, g\u00e9nero espec\u00edfico entre los muchos que tienen una funci\u00f3n literaria determinada, traza un dominio de la escritura completamente diferenciado de otras categor\u00edas literarias. Generalmente suele asoci\u00e1rsele a un tipo extra\u00f1o y superficial de aproximaci\u00f3n a lo banal o a lo corrientemente anecd\u00f3tico. Sin embargo, la cr\u00f3nica comporta vitalmente un rasgo que la hace estar permanentemente unida a una territorialidad \u00edntima, a un contexto de situaciones sociales y psicol\u00f3gicas de las cuales historia de la cultura occidental, los pueblos han desarrollado un c\u00famulo de particularidades colectivas que no siempre las cr\u00edticas sociol\u00f3gicas y las teor\u00edas pol\u00edticas han podido descifrar. Estos secretos, si se pueden llamar as\u00ed, son como un caudal silencioso y polis\u00e9mico que arrastran incasablemente las ciudades, a trav\u00e9s de cuyas corrientes se desplaza la vida confidencial de sus habitantes. Podr\u00edamos, en este orden de la cr\u00f3nica, atrevernos a plantear una especie de sociolog\u00eda o de la intimidad urbana o una antropolog\u00eda de las enso\u00f1aciones nocturnas. Porque en esa oscuridad citadina, en esa habitaci\u00f3n cerrada y tenue, la memoria de la desesperanza comienza a promover los signos de esa escritura muchas veces procaz y marginal de las ciudades. Al lado de una gram\u00e1tica lineal o normal que comporta la vida diurna, hallamos una enunciaci\u00f3n de la promiscuidad nocturna, un deseo tenebroso y terrible en aquellas cosas y lugares que sostienen el sopor obsesivo de una gran ciudad. La cr\u00f3nica literaria tambi\u00e9n plantea un problema de tipo sexual, puesto que se le atribuye su mecanicidad o un orden enteramente femenino, tal vez por la fuerte tendencia de la mujer a inmiscuirse en la vida de tantos hechos notable y de participar de ciertos placeres que s\u00f3lo la necesidad obliga a sostenerlos. En tal sentido, las \u00fanicas capaces de posees esos secretos y esa intimidad callada que otorgan las inmensidades solitarias de las horas nocturnas son, indiscutiblemente, las mujeres, v\u00edctimas y victimarias, personajes de esa gran novela, de esa gran cr\u00f3nica social que significa un pa\u00eds, de la memoria agresiva, traum\u00e1tica y bondadosa de sus seres an\u00f3nimos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la historia de las sociedades latinoamericanas, el papel que han jugado las ciudades ha sido determinante. A partir de los a\u00f1os cuarenta cuando verdaderamente comienzan a transformarse muchos pa\u00edses latinoamericanos, se da inicio a un orden social y existencial completamente nuevo. Este orden, configurado en una perspectiva abiertamente urbana, suscita much\u00edsimos elementos in\u00e9ditos que, para ese especial per\u00edodo, incorporaban una noci\u00f3n de la vida colectiva individual decisivamente violenta. Lo urbano trajo un estilo esencial de comportamiento, al mismo tiempo que desencadenaba h\u00e1bitos y costumbres propias de cierta modernidad inevitable. A la par de una cultura progresista y de un avance incontenible de las ciudades, se fueron formando culturas y sentimientos paralelos que estaban depositados en lo que m\u00e1s adelante llamar\u00edamos \u201czonas orilleras\u201d y \u201cmarginales\u201d de la ciudad. Este cambio, en gran parte econ\u00f3mico, constituy\u00f3 una capa social te\u00f1ida profundamente de miserias y dram\u00e1ticas pobrezas. Las ciudades se fueron haciendo inconmensurables, gigantescas, rodeadas, a su modo, por incre\u00edbles personajes y problemas que fueron constituyendo lentamente una sintaxis multifac\u00e9tica, un lenguaje que pod\u00eda perfectamente expresarse a trav\u00e9s de algunas v\u00edas casi imperceptibles como la m\u00fasica popular, las melod\u00edas nost\u00e1lgicas, el \u201cbolero\u201d, los \u201ctangos\u201d y su influjo arrebatador, verdadero s\u00edntoma de lo que fue una cultura urbana de la desolaci\u00f3n y la introspecci\u00f3n nocturna. Es en esa sociedad radial de los a\u00f1os cuarenta que se forman importantes y decisivas estructuras pol\u00edticas y culturales. Los boleros fueron una forma, en gran medida, sincera de abordar una idiosincrasia, un desarraigo y hasta una derrota que circulaba enloquecidamente dentro del car\u00e1cter ciudadano del latinoamericano. Todo ese mundo de soledad y tristeza pudo leg\u00edtimamente mostrarse en un esquema rom\u00e1ntico y sentimental que s\u00f3lo el bolero y los tangos pod\u00edan describir. Con los boleros se inician los primeros discursos narrativos y las primeras muestras de un modo de ser singularmente latinoamericano. Este modo de vivir, de respirar una dimensionalidad muchas veces reprimida y mortal, incita el deseo de manifestar musicalmente un gesto elocuente tanto en lo liberador, como en la frustraci\u00f3n que a la larga sintieron estas formas por la llegada de otras modas y vertientes musicales. El bolero, pese a todo, logro una continuidad afectiva en la sociedad latinoamericana y tal vez logr\u00f3 inventar un lenguaje, fortaleciendo secretamente la vasta y atropellada memoria de este habitante cercano al tr\u00f3pico. Nuestra nocturnidad est\u00e1 depositada enteramente en los boleros y a partir de \u00e9stos, podemos comprender mejor la raz\u00f3n de ser de un lenguaje que en un principio comenz\u00f3 siendo \u201cradiado\u201d y despu\u00e9s pas\u00f3 a la novela, a la ficci\u00f3n latinoamericana. Detr\u00e1s de Cabrera Infante, detr\u00e1s de Manuel Puig y Salvador Garmendia est\u00e1n las letras y las voces de Agust\u00edn Lara, Carlos Gardel, Pedro Vargas, Javier Sol\u00eds y Rafael Mu\u00f1oz. \u00bfUna literatura radial o un psicoan\u00e1lisis del amor y del recuerdo latinoamericano? Ambas cosas, en definitiva, que nombran, ausentan y hacen proclive al esp\u00edritu a perpetuar una errancia interminable, eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>La cr\u00f3nica literaria ha podido socavar esos hilos imperceptibles del acontecer marginal de una &nbsp;gran ciudad. Ha logrado, de igual forma, restituir una dignidad y un valor social a ciertos y determinados mundos que, por parecer com\u00fanmente como cosas sin importancia, conducen la atenci\u00f3n de aquel que descubre los c\u00f3digos de este abarrotado universo de canciones, intimidades, celos y odios consumidos, a producir una lectura sem\u00e1ntica de los signos que forman, veladamente, la gran memoria latinoamericana. Y estos signos, que la cr\u00f3nica o un tipo especial de ensayo descubren, son tanto como una exposici\u00f3n de voces y gestos mudos, como tambi\u00e9n un aprendizaje de palabras que dicen el amor, la nostalgia y el fracaso definitivo de un tipoi muy particular de hombre latinoamericano. La sociedad latinoamericana puede, a partir de la existencia de una escritura diacr\u00f3nica y circular, comprenderse en tanto forma una totalidad hist\u00f3rica, pol\u00edtica y cultural susceptible de ser reconocida y estudiada desde un amplio proyecto semi\u00f3tico. Trataremos de establecer que existe una estructura significante (ecos, ruidos, amenazas, silencios) que organizan un significado, pedazos casi inconclusos de un gesto a punto de rebelarse, de explotar. En resumen, se buscar\u00eda aquello que subyace por debajo de los aparentes contenidos y enunciados, es decir, los grandes vac\u00edos, las enormes dudas, las letras que no se escriben, las palabras que jam\u00e1s son pronunciadas. As\u00ed, unificando este proyecto, obtendr\u00edamos un esquema del enunciado y una transparencia del significante. Primero hablar\u00edamos de formas, articulaciones y extremidades de la memoria latinoamericana y despu\u00e9s llegar\u00edamos a los \u201csignificados plenos\u201d del orden amoroso y sentimental, a su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica. Habr\u00eda que formar una po\u00e9tica del sopor latinoamericano que no es m\u00e1s que una gram\u00e1tica de los bares, noches y burdeles que rondan y afirman un significado completamente pleno en palabras y gestos alucinados. Es en este punto donde surge la cr\u00f3nica como portadora de ciertos significantes y significados, que descubren esos juegos terribles de la desesperanza y el desarraigo latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>En la literatura latinoamericana existen dos escritores, un novelista y un ensayista, que convergen intuitivamente en m\u00faltiples aspectos relacionados con la b\u00fasqueda de m\u00faltiples aspectos relacionados con la b\u00fasqueda de un tipo espec\u00edfico de memoria antropol\u00f3gica. Concretamente hago alusi\u00f3n a Manuel Puig y a Elisa Lerner. El primero de \u00e9stos forma parte de un grupo significativo de escritores que, paralelamente, han constituido de una manera muy singular y experimental de tratar novel\u00edsticamente ciertos temas y asuntos latinoamericanos. Dir\u00eda que dentro de esta categor\u00eda se ubican escritores como Severo Sarduy, Cabrera Infante, Salvador Elizondo, Luis Rafael S\u00e1nchez, Julieta Campos y Luis Britto Garc\u00eda. Si miramos m\u00e1s de cerca la obra de&nbsp; estos novelistas, obtendr\u00edamos una lectura muy particular en cuanto al tratamiento ficticio que elaboran estos de la realidad latinoamericana. La ficci\u00f3n es muy importante \u2013 hecho que acostumbradamente se olvida \u2013 en el contexto de una o varias formas narrativas experimentales. En el caso de la novel\u00edstica latinoamericana, las formas estil\u00edsticas var\u00edan de un escritor a otro. No existe un textura homog\u00e9nea, ni mucho menos un esquema arquet\u00edpico de los procedimientos instrumentales de dicha literatura. Lo que s\u00ed es importante, en este orden de la ficci\u00f3n experimental, es que por encima de las diversas corrientes y visiones narrativas existentes, se halla un substrato intencional, hist\u00f3rico y muchas veces ideol\u00f3gico, de se\u00f1alas una estructura moral decisiva y determinante en la esfera de los fen\u00f3menos culturales y psicol\u00f3gicos del ser latinoamericano. Estando dentro de otra rama formal y apuntando hacia otro tipo de inter\u00e9s reflexivo,&nbsp; estos novelistas completan la otra gran parte de la ficci\u00f3n latinoamericana, inicia tal vez con Onetti y desarrollada abiertamente en Cort\u00e1zar, Fuentes, Vargas Llosa y Garmendia. Manuel Puig propicia una escritura cuyas preocupaciones argumentales est\u00e1n lo bastante cerca de alguna venas psicol\u00f3gicas y sociales del modo de ser&nbsp; latinoamericano. La indagaci\u00f3n sobre cierto inconsciente que efect\u00faa Puig, tiene sus or\u00edgenes en el descubrimiento de una memoria que se nutre y cubre importantes categor\u00edas existenciales como pueden ser lo sentimental, la nostalgia desamparada y a veces cursi de un prototipo de comportamiento, el odio filial, la confusi\u00f3n y la frustraci\u00f3n pol\u00edtica, la dependencia secreta hacia un sentimiento \u00edntimo de enso\u00f1aci\u00f3n que est\u00e1 consubstanciado en los tangos, boleros y radionovelas. Esa vida sopor\u00edfera y folletinesca, altamente tr\u00e1gica, es la que describe obsesivamente Puig en <em>Boquitas pintadas<\/em>, <em>La traici\u00f3n de Rita Hayworth<\/em> y <em>El beso de la mujer ara\u00f1a<\/em>. Memoria del deseo. Memoria amorosa, gardeliana, mortal.<\/p>\n\n\n\n<p>Elisa Lerner, por una v\u00eda distinta y compleja, intenta un modo de acercamiento a ese \u201csopor latinoamericano\u201d que coincide tem\u00e1ticamente con la obra de Manuel Puig. Elisa Lerner propicia una escritura que pertenece al sistema de la cr\u00f3nica. Estas cr\u00f3nicas, intensamente padecidas y plenas, en el mejor sentido metaf\u00f3rico, recuperan un tiempo muy especial que parte de una vidas p\u00fablica ligada al cotidiano desplazamiento de conductas, hechos y gestos sociales. Estos gestos que capta la escritura de Elisa Lerner son transformados ligeramente en un perspicaz e ir\u00f3nico encuentro son situaciones y correspondencias \u00edntimas entre un sujeto que escribe y un sujeto (muchos sujetos) que se multiplica en episodios cinematogr\u00e1ficos, personajes y fen\u00f3menos del mundo pol\u00edtico y cultural latinoamericano. Esta sociolog\u00eda del gesto p\u00fablico precisa detalles y fisonom\u00edas que tal vez ninguna otra dilucidaci\u00f3n sociol\u00f3gica podr\u00eda realizar. Porque as\u00ed como en el pensamiento ideol\u00f3gico se produce una dial\u00e9ctica que enfrenta diversas concepciones filos\u00f3ficas y morales, tambi\u00e9n existe una imaginaci\u00f3n antropol\u00f3gica capaz de percibir las \u201ccosas\u201d desde una vertiente coherentemente leg\u00edtima. La realidad social y pol\u00edtica de los pueblos no s\u00f3lo se piensa y sistematiza, sino, proporcionalmente, se imagina y se inventa. Hay gestos que nada m\u00e1s se explican en el paso imaginante de materias confidenciales y dolorosas. Existe una est\u00e9tica de los nombres propios, una sintaxis de las calles y avenidas de cualquier ciudad. Elisa Lerner prefigura un sentimiento nocturno hacedor de incasables gestos amorosos. Sus cr\u00f3nicas ponen de relieve la imagen de una gran alcoba, una enorme habitaci\u00f3n cerrada donde resplandece una memoria atropellada y nost\u00e1lgica. En uno de sus libros principales, titulado <em>Yo amo a Columbo<\/em>, se recogen diversas zonas de esa antropolog\u00eda cotidiana latinoamericana. Una antropolog\u00eda basada, no en la b\u00fasqueda enga\u00f1osa de un supuesto tiempo primitivo, sino en la tangibilidad de un presente que resulta, definitivamente, m\u00e1s cercano y m\u00e1s verdadero en tanto responde a las necesidades de un di\u00e1logo, de un lenguaje incesante y modelador del habitante latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas dos escrituras, la del Manuel Puig y la de Elisa Lerner, trazan una radiograf\u00eda hondamente confidencial y mitol\u00f3gica de Latinoam\u00e9rica. La vida cotidiana transformada en mito, es decir, en objeto de un conocimiento imaginario, un conocimiento gestual de los modos y maneras en que se muestra una determinada cultura y unas determinadas estructuras hist\u00f3ricas y morales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Juego y fortuna en en ensayo literario<\/h3>\n\n\n\n<p>No es tarea f\u00e1cil establecer con respecto al ensayo literario venezolano de los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os pautas y esquemas anal\u00edticos que nos puedan ofrecer una visi\u00f3n exhaustiva del mismo. Por su particular condici\u00f3n, por las caracter\u00edsticas que no animan y mueven en torno a sus ejes estil\u00edsticos y conceptuales, el ensayo suele escapar a todo intento de comprensi\u00f3n definitiva. G\u00e9nero que contiene al mismo tiempo todos los dem\u00e1s, su estructura singular rebasa todas las fronteras posibles para instalarse en un espacio de absoluta libertad y de impredecible riesgo. Por tanto, toda argumentaci\u00f3n que pretenda obtener a partir de su materia claves definitivas para su comprensi\u00f3n, corre el riesgo de encontrarse, sin duda, frente a la imagen de un laberinto cuyas m\u00faltiples salidas aparecen y desaparecen por doquier. En suma, el ensayo posee una especial dial\u00e9ctica que le otorga una movilidad escritural m\u00e1s all\u00e1 de las f\u00f3rmulas, m\u00e9todos y exactitudes propias de otros saberes. Su realidad inmediata se centra en el lenguaje, en la forma que inaugura. Por ello mismo, fortuna y juego le son esenciales, tal y como se\u00f1alaba Theodor Adorno. Sin estos dos aditivos b\u00e1sicos, el ensayo no podr\u00eda aspirar a formular su esencia y tambi\u00e9n su verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Para poder trazar una breve historia del ensayo literario venezolano de las dos \u00faltimas d\u00e9cadas, es preciso referirnos un poco a esa primera contemporaneidad en la cual este se ha manifestado y que tiene como escenario al periodo comprendido entre 1930 y 1960. Es importante se\u00f1alar que ambos ciclos dividen, en cierta manera, no solo la historia concreta del ensayo en nuestro pa\u00eds, sino que al mismo tiempo, delimitan una frontera est\u00e9tica y \u00e9tica con respecto al devenir de toda la literatura nacional. Evidentemente, antes de 1958 Venezuela ten\u00eda una ensay\u00edstica, es decir, un cuerpo de ideas y se\u00f1alamientos espec\u00edficos expresados a trav\u00e9s de un conjunto significativo de escritores. En este sentido, bastar\u00eda con decir que la base fundamental del ensayo literario venezolano indicado al respecto, se organiza a partir de su condici\u00f3n human\u00edstica, de su sentido claro en lo que se refiere a ciertos ideales de clasicidad, orden y rigor estil\u00edstico. Este es un ensayo que prospera atendiendo a un orden constituido en las exigencias de lo pedag\u00f3gico, en el imperativo educacional. Es un ensayo que busca, principalmente, ense\u00f1ar, indicar caminos y rumbos que posibiliten una comprensi\u00f3n de lo venezolano. Por eso, toda la reflexi\u00f3n ensay\u00edstica que hallamos en escritores como R\u00f3mulo Gallegos, Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, Mario Brice Iragorry, Pic\u00f3n Salas y \u00daslar Pietri, entre otros, se concentra en el inter\u00e9s por explorar en las vertientes reales e imaginarias del modo de ser del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Para estos ensayistas, Venezuela precisaba de la formulaci\u00f3n de un pensamiento que se manifestara en la solidez argumental de sus planteamientos. A\u00f1os en que el concepto de nacionalidad acudir\u00eda como auxilio y punto de partida para la elaboraci\u00f3n de un corpus anal\u00edtico que en el ensayo se ir\u00eda a reflejar abundantemente. El proyecto novel\u00edstico de Gallegos va a la par de su proyecto ensay\u00edstico. Uno se nutre del otro y de los dos nace una manera particular de explicar, de ver y de sentir al pa\u00eds. Por supuesto que no puede homogeneizarse todo ese vasto proceso de escrituras y estilos dispares. Tan solo insisto en recordar que la ensay\u00edstica anterior a la d\u00e9cada del sesenta, responde a una concepci\u00f3n human\u00edstica de los avatares nacionales, surge en medio de contextos pol\u00edticos y econ\u00f3micos bien determinados. Oscar Rodr\u00edguez Ortiz refiere, a prop\u00f3sito de la actividad ensay\u00edstica de ese largo periodo, los v\u00ednculos estrechos entre la forma del ensayo y su correlato \u00e9tico. \u00abLa finalidad del recorrido -dice- es \u00e9tica porque el ensayo venezolano de la primera contemporaneidad se ancla en un sentido: el de literatura de ideas con im\u00e1genes pedag\u00f3gicas al que se llega desde el eje del humanismo\u00bb. De modo que podr\u00edamos indicar, seg\u00fan se desprende de esta observaci\u00f3n, que la ensay\u00edstica que recorrer\u00e1 estas complej\u00edsimas d\u00e9cadas, se proyecta bajo su doble situaci\u00f3n \u00e9tica y human\u00edstica. Aun y en un escritor como Andr\u00e9s Mari\u00f1o Palacio, cuya obras ensay\u00edstica respira a trav\u00e9s de unos impulsos supranacionales para construirse desde una perspectiva m\u00e1s universal, no obstante reflexiona en muchos momentos desde realidades inmediatas.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la ca\u00edda de la dictadura, la literatura venezolana entra en una etapa de renovaci\u00f3n y de reinterpretaci\u00f3n de la cultura nacional. La apertura democr\u00e1tica cre\u00f3 un nuevo orden \u00e9tico y est\u00e9tico en donde la figura del escritor se conformar\u00eda a partir de un in\u00e9dito paisaje imaginario. El concepto de instituci\u00f3n literaria cambia radicalmente, porque tambi\u00e9n ha cambiado el contexto pol\u00edtico del pa\u00eds. En consecuencia, las relaciones de los escritores con el mundo inmediato que los rodea, originara posiciones definitivas, vehementes, repletas de una irreverencia est\u00e9tica e ideol\u00f3gica que veremos expresada tanto en la prosa de ficci\u00f3n, en la poes\u00eda y, desde luego, en el ensayo literario. Es bien conocido el rol intelectual que jugaron en la escena pol\u00edtica y cultural de aquellos a\u00f1os, grupos literarios como Sardio, Techo de la Ballena y el grupo que se nucle\u00f3 alrededor de la revista <em>Critica contempor\u00e1nea<\/em>. Especialmente en esta \u00faltima fue donde tuvo una mayor ascendencia un tipo de ensayo que se nutr\u00eda de sus v\u00ednculos estrechos con el trabajo universitario. Surge, entonces, una generaci\u00f3n de ensayistas repartidos en distintas \u00e1reas del saber y cada uno intentando responder no solo a las demandas e interpretaciones que el pa\u00eds pol\u00edtico reclamaba sino a imperativos individuales, a b\u00fasquedas privadas dentro de un campo de acci\u00f3n y de mediaci\u00f3n que la contemporaneidad exig\u00eda. Se repite el viejo fen\u00f3meno de la antigua ensay\u00edstica, pero con signos distintos. Muchos de estos ensayistas son, a la vez, creadores, ejercen el oficio de poetas y novelistas. Es esta una constante singular en la literatura venezolana del siglo veinte, la cual permite, por razones l\u00f3gicas, que un poeta sostenga al mismo tiempo una escritura de naturaleza ensay\u00edstica. Desde luego que existen verdaderas excepciones, pero es com\u00fan en el escritor venezolano propender a una especie de sentido integral con relaci\u00f3n a su labor como intelectual. La critica, el ensayo y la poes\u00eda andan casi siempre juntas, se reparten sus intereses, amarran sus deseos. De esta fase del ensayo literario podemos citar algunos nombres: Juan Nu\u00f1o, Manuel Caballero, Ludovico Silva, Orlando Araujo, Elisa Lerner, Guillermo Sucre, Eugenio Montejo, Luis Britto Garc\u00eda, Juan Liscano, Francisco Rivera, Domingo Miliani, Rafael Cadenas, etc. La lista puede ampliarse con irreprochable generosidad, pero es preciso fijar algunos puntos de referencia que a mi juicio son esenciales.<\/p>\n\n\n<p>Es oportuno establecer en este inventario somero acerca del ensayo literario en los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os, algunas consideraciones relativas a lo que podr\u00edamos llamar la coexistencia de la cr\u00edtica literaria y el ensayo en un mismo espacio de solicitudes imaginarias y conceptuales. Por lo general se suele insistir, a la hora de demarcar rumbos y dar cuenta de una producci\u00f3n, en el car\u00e1cter deficitario de ambas actividades. Siempre se parte del hecho de que no hemos tenido una ensay\u00edstica a la altura de nuestras expectativas y, simult\u00e1neamente, adolecemos de una cr\u00edtica que sepa dar cuenta de las obras que se mueven en un espacio de diferencias, tendencias y l\u00edneas est\u00e9ticas diversas. En primer t\u00e9rmino, debemos separar estas modalidades discursivas y encontrarle a cada una de ellas un lugar espec\u00edfico en el marco de sus objetivos concretos. Deficitaria o no, la cr\u00edtica literaria venezolana tiene unos puntos de referencia, en su origen y en su pr\u00e1ctica, que son opuestos al desarrollo del ensayo. Cuando la cr\u00edtica literaria aparece en Venezuela mostrando un nivel de academicismo, que coincide con la renovaci\u00f3n de los estudios literarios llevados a cabo en Europa, el ensayo ya ten\u00eda en el pa\u00eds un perfil particular. Ya hemos acotado el sustrato human\u00edstico del mismo que prevaleci\u00f3 en las tres o cuatro d\u00e9cadas del siglo. Paradigmas sobre su condici\u00f3n est\u00e1n a la mano: Pic\u00f3n Salas, Uslar Pietri, Garc\u00eda Bacca son el principal caldo de cultivo de un g\u00e9nero por el cual pudimos instalarnos modernamente en una reflexi\u00f3n que part\u00eda de lo particular y culminaba en lo universal. Sin embargo, no se puede negar el influjo que en los comienzos de los sesenta hasta finales de los setenta depar\u00f3 la cr\u00edtica literaria para efectos de la comprensi\u00f3n del texto literario. Este impulso de la cr\u00edtica, cuyas vertientes mis estimulantes proven\u00edan del estructuralismo y el psicoan\u00e1lisis, fueron modificando, dir\u00edamos mejor alimentando, una percepci6n del fen\u00f3meno literario que con el tiempo fecundar\u00eda en un tono escritural amigo y compa\u00f1ero del ensayo literario. \u00bfC\u00f3mo es ese ensayo que nace ya en los ochenta y todav\u00eda navega en las aguas de un mar que se insiste en llamar posmoderno?<\/p>\n<p><!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph --><\/p>\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>Hay un ensayo humanista, cl\u00e1sico, que se pasea durante los cuarenta primeros a\u00f1os del siglo veinte. Luego tenemos un ensayo moderno, contempor\u00e1neo, que se nutrir\u00e1 de m\u00faltiples puntos de vista y se expresa en una Venezuela de nuevos hallazgos pol\u00edticos e intelectuales. Despu\u00e9s arribamos a un ensayo que podemos calificarlo, a falta de otra palabra, de posmoderno, es decir, entendiendo como tal una escritura, un estilo y una tem\u00e1tica que prefiere abordar cualquier posibilidad imaginaria, cualquier materia de su predilecci\u00f3n. Atr\u00e1s comienzan a quedar las viejas posturas axiom\u00e1ticas que caracterizaron, en buena parte, el destino reflexivo de la literatura en los a\u00f1os setenta. En cierto sentido, hay un volver al ideal cl\u00e1sico del ensayo en lo que el mismo tiene de absoluta individualidad, tolerancia, inexactitud y riesgo. Entre otras razones, esta es una \u00e9poca impregnada de un profundo escepticismo, de una profunda desolaci\u00f3n humana y afectiva. Por tanto, el ensayo apunta, en su concepci\u00f3n \u00edntima, a una libertad donde la palabra se fragmenta para adquirir un rostro lunar, un resplandor en las sombras.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->\n\n<!-- wp:paragraph -->\n<p>El ensayismo que fertiliza en estos momentos parte de un tono autobiogr\u00e1fico, introduce su mirada en el interior de una reflexi\u00f3n que no concede l\u00edmites, que no impone fronteras. La escritura se desnuda, se vierte sobre s\u00ed misma para alcanzar un plano de total despojamiento. \u00bfQui\u00e9nes comparten este destino com\u00fan? Pienso en escrituras como la de Hanni Ossott, Jos\u00e9 Balza, Mar\u00eda Fernanda Palacios, Armando Rojas Guardia, Rafael Castillo Zapata, Salvador Tenreiro, V\u00edctor Bravo, Stefania Mosca, Hector Seijas y algunas m\u00e1s que la memoria me impide recordar. En todos ellos hay una voluntad de estilo; una voluntad que no pretende en ning\u00fan momento, aferrarse a postulados definitivos ni a f\u00f3rmulas preestablecidas de ante mano en el discurso. Su capacidad es su riesgo, su saber conoce menos pero siente m\u00e1s. En el ensayo venezolano reciente podemos descubrir una s\u00edntesis perfecta de lo aprendido y lo padecido. Hay conocimiento, pero tambi\u00e9n hay dolor. Hay lucidez y, paralelamente, posee una iron\u00eda que lo distancia y lo enaltece. Como dec\u00eda Robert Musil, se encuentra en nuestro ensayo m\u00e1s reciente \u00abuna combinaci\u00f3n de exactitud e inexactitud, de precisi\u00f3n y de pasi\u00f3n\u00bb. Las puertas est\u00e1n abiertas. El laberinto nos encanta y nos seduce. No conviene salir por ahora de \u00e9l.<\/p>\n<!-- \/wp:paragraph -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una antropolog\u00eda de lo cotidiano Cada temperamento forja una escritura determinada, cada situaci\u00f3n hist\u00f3rica desarrolla un modo muy peculiar de afrontar el hecho literario. 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