{"id":1250,"date":"2021-09-14T18:31:38","date_gmt":"2021-09-14T18:31:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1250"},"modified":"2023-11-24T18:38:40","modified_gmt":"2023-11-24T18:38:40","slug":"contribucion-a-una-historia-de-la-poesia-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/contribucion-a-una-historia-de-la-poesia-venezolana\/","title":{"rendered":"Contribuci\u00f3n a una historia de la poes\u00eda venezolana"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina<\/h4>\n<p>I<\/p>\n<p>Para una mayor\u00eda de autores la poes\u00eda venezolana comienza con <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/andres-bello\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Andr\u00e9s Bello<\/a> (1781- 1865), en la encrucijada de neoclasicismo y romanticismo. Pero hay tambi\u00e9n quienes se\u00f1alan mucho m\u00e1s atr\u00e1s. Por ejemplo, a Juan de Castellanos (1522-1607): \u00abPoeta de las cosas de Am\u00e9rica, cantor de Venezuela en primer t\u00e9rmino: el primer poeta, cronol\u00f3gicamente, de nuestra literatura\u00bb (Orlando Araujo), en cuya \u00abconvivencia de acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n\u00bb encuentra incluso una especie de modelo avanzado de lo que ser\u00e1 el escritor de nuestro pa\u00eds. Araujo apunta igualmente -lo que ha hecho tambi\u00e9n Pedro D\u00edaz Seijas y Roberto Lovera de Sola entre otros- hacia la literatura ind\u00edgena, pero sin pretender que ella sea el inicio de nuestra poes\u00eda. Por su parte, Isaac J. Pardo detecta en Castellanos elementos que apreciaremos luego en Bello: ciertas \u00abpinceladas fuertemente expresivas\u00bb del paisaje y, sobre todo, las \u00ablargas enumeraciones de frutos del Nuevo Mundo\u00bb, sin datar tampoco la poes\u00eda venezolana de las Eleg\u00edas (1589) de Castellanos. El mismo Araujo considera la obra de Bello \u00abla primera manifestaci\u00f3n exclusivamente literaria\u00bb en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Luis Beltr\u00e1n Guerrero enumera, sin mayor entusiasmo, a otros soldados-poetas del XVI, de quienes no nos queda texto alguno, y se remite a los versos prefaciales de la Historia de la Conquista y poblaci\u00f3n de la provincia de Venezuela (1723) de Oviedo y Ba\u00f1os. Mariano Pic\u00f3n Salas, para quien la obra de Castellanos no es sino una de las \u00abmalas imitaciones que la epopeya de Ercilla provoc\u00f3 en toda Am\u00e9rica\u00bb, aprecia ciertamente al \u00abcomo poeta id\u00edlico\u00bb que hay en la Historia, pero sobre todo al narrador fluido, gracioso, ameno. En general se cita a varios autores menores del XVIII y comienzos del XIX, opacados siempre por Bello: Vicente Tejera y Sor Mar\u00eda Josefa de los \u00c1ngeles (1770-1818) han llegado a alguna antolog\u00eda, destac\u00e1ndose entre un grupo que incluye fundamentalmente a los frecuentadores de la tertulia de los Ust\u00e1riz.<\/p>\n<p>Con Mariano Pic\u00f3n Salas podr\u00eda sintetizarse el juicio sobre casi toda la \u00e9poca:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\"><em>Venezuela no tuvo una literatura colonial que pueda compararse, p\u00e1lidamente, por lo menos por su volumen, con las de M\u00e9xico, Per\u00fa o Nuevo Reino de Granada&#8230;. Los papeles que quedan del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII -novenas y sermones gongorinos o poes\u00edas de circunstancias como las que preceden el ya citado libro de Oviedo y Ba\u00f1os- coinciden en su barroquismo colonial con las de las otras partes de Am\u00e9rica. La misma erudici6n farragosa, el mismo gusto del retru\u00e9cano, la misma f\u00f3rmula altisonante.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto a la Venezuela de 1800, en la que \u00abla alta clase criolla de la ciudad de Caracas alcanza un refinamiento casi europeo\u00bb, se produce una \u00abpoes\u00eda neocl\u00e1sica, juguetona, apacible\u00bb. Ya se considere la Venezuela colonial como \u00abun pa\u00eds enteramente salvaje\u00bb (Julio Calca\u00f1o), ya se rechacen las supuestas \u00abtinieblas coloniales\u00bb siguiendo a Mario Brice\u00f1o- Iragorry, los comentaristas son un\u00e1nimes en se\u00f1alar la m\u00fasica como la mayor manifestaci\u00f3n cultural del periodo y en hacer de Bello un verdadero gozne entre el final de la Colonia y los primeros decenios en Independencia, cual resumen de lo mejor de ambos momentos.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>La gesta libertadora marca, para algunos, otros espantoso vacio cultural. En palabras de Pedro Arismendi Britto: \u00abYa iniciada la guerra de la Independencia, a excitar a los patriotas que combat\u00edan, a cantar sus proezas y a lamentar sus martirios, fue a cuanto estuvo reducido todo el movimiento literario de la \u00e9poca\u00bb. Si la literatura propiamente dicha no ha sido revalorizada, si se ha operado, al menos desde Gil Fortoul, una ampliaci6n del concepto, releyendo ahora en clave literaria los escritos pol\u00edticos y encontrando en ellos los mejores textos del periodo: \u00abEn los periodos de la Independencia y de la Uni\u00f3n Colombiana, bien puede decirse que el \u00fanico estilo nuevo es el de Bol\u00edvar\u00bb.<\/p>\n<p>En \u00abMi delirio sobre el Chimborazo\u00bb (1822) y la cr\u00edtica al poema de Olmedo, \u00abLa victoria de Jun\u00edn\u00bb encuentra Gil Fortoul ese \u00abestilo nuevo\u00bb. Al primero, \u00abfragmento de poes\u00eda en prosa brotado en plena forja b\u00e9lica\u00bb (Luis Beltr\u00e1n Guerrero), lo relaciona Pic\u00f3n Salas con Rousseau y Pedro Grases con \u00abLos sue\u00f1os\u00bb de Quevedo. Por la segunda, Luis Beltr\u00e1n Guerrero considera a Bol\u00edvar \u00abel iniciador de nuestra cr\u00edtica literaria\u00bb. El elogio que hace Rafael Angel Insausti de su \u00abprosa aut\u00f3ctona y personal\u00edsima, hecha como para decir de manera que nunca se olviden, los alborozos, dudas, certidumbres y angustias de nuestra Am\u00e9rica\u00bb, conlleva la exaltaci\u00f3n de Bol\u00edvar tambi\u00e9n como precursor de nuestro romanticismo: \u00abpudo ser en los pa\u00edses que libertara lo que en Francia el creador de <em>Atala<\/em> y de Ren\u00e9: iniciador el m\u00e1s eficaz del movimiento rom\u00e1ntico, por la exaltaci\u00f3n idealista que sus palabras y sus grandes acciones de diplomacia y de guerra produc\u00edan\u00bb. No otra cosa afirma Rufino Blanco Fombona: \u00abla inspiraci\u00f3n encendida llega a convertirlo en poeta no ya de acci6n -que siempre lo fue- sino de la expresi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La relectura alcanza, hacia atr\u00e1s, a Francisco de Miranda: \u00abLos diarios mirandinos son, acaso, el m\u00e1s importante hecho literario, en densidad y seducci\u00f3n, de nuestro siglo de las luces\u00bb (Gustavo Pereira); insiste en Bol\u00edvar como fundador de una verdadera \u00abexpresi\u00f3n americana\u00bb; se extiende a proclamas, discursos, manifiestos, art\u00edculos y otros materiales de combate, sin olvidar \u00ablos corridos, d\u00e9cimas, galerones y joropos\u00bb en los que Pic\u00f3n Salas rastreaba ya en el siglo XVIII \u00abla sensibilidad criolla\u00bb, y a los que la guerra \u00abimpregnar\u00e1 tanta fuerza \u00e9pica\u00bb.<\/p>\n<p>En varios trabajos, Juan Liscano ha desarrollado la tr\u00e1gica disyuntiva que Pic\u00f3n Salas planteara as\u00ed: \u00abLa lucha entre lo popular y lo erudito, entre lo vital y lo acad\u00e9mico, ser\u00e1 rasgo determinante en nuestra literatura del 800\u00bb. Con lo que volveremos -siempre- al que, en la f\u00f3rmula de Pic\u00f3n Salas, \u00abDesde su retiro de Londres&#8230; en los a\u00f1os de la guerra es el \u00fanico venezolano que ha podido escribir literatura pura\u00bb: Andr\u00e9s Bello.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>En el esquema, Bello ocupa por s\u00ed solo un periodo, y lo hace si m\u00e1s vertical que horizontalmente, porque de inmediato se abre otro abismo de contiendas con la Guerra Federal. Si Gonzalo Pic\u00f3n Febres escribe que: \u00ab1830 es la base fundamental e inconmovible de la naci\u00f3n venezolana. Desde ese a\u00f1o&#8230; surgen las mariposas de la literatura, &#8230; las verdaderas delicad\u00edsimas estrofas -abejas de brillantes y rub\u00edes- de la poes\u00eda nacional\u00bb, es Andr\u00e9s Bello el \u00fanico que nombra como poeta. Hacia 1840: \u00abYa para entonces hab\u00eda ciudadanos eminentes &#8230; que se daban con entusiasmo verdadero al cultivo de la divina poes\u00eda; pero Las composiciones rimadas de algunos de estos eminentes ciudadanos &#8230; deben recordarse apenas como una curiosidad bibliogr\u00e1fica e hist\u00f3rica, por su falta absoluta de inspiraci\u00f3n y delicadeza art\u00edstica\u00bb. Y, en 1846, estalla La guerra: \u00abLas bellas letras cerraron Las puertas de su templo\u00bb, e \u00abimpidieron el renacimiento franco de la literatura nacional hasta el a\u00f1o de 64\u00bb, ya que \u00abLa pol\u00edtica segu\u00eda absorbiendo casi por completo la inteligencia de los poetas, de los literatos y de los pensadores\u00bb.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Bello marca tambi\u00e9n cierto eclecticismo en el que predomina lo cl\u00e1sico sobre lo rom\u00e1ntico, y que en sus oscilaciones define gran parte de nuestra poes\u00eda, y se\u00f1ala sus contenidos: \u00abel tema de la exaltaci\u00f3n del agro, del repudio a la ciudad creadora de rencillas y ambiciones, de la contemplaci\u00f3n maravillada del paisaje y la flora abundante, inspirar\u00e1 durante a\u00f1os la narrativa y la poes\u00eda venezolanas, hasta el punto que debemos a ese impulso algunas de las obras m\u00e1s significativas\u00bb (Juan Liscano). \u00a0Para Mariano Pic\u00f3n Salas: \u00abDespu\u00e9s de Bello y Bol\u00edvar no hay mucho que leer\u00bb en Venezuela hasta la llegada del modernismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina I Para una mayor\u00eda de autores la poes\u00eda venezolana comienza con Andr\u00e9s Bello (1781- 1865), en la encrucijada de neoclasicismo y romanticismo. 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