{"id":12499,"date":"2024-07-26T21:10:15","date_gmt":"2024-07-26T21:10:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12499"},"modified":"2025-04-12T09:51:42","modified_gmt":"2025-04-12T14:21:42","slug":"cuentos-de-reinaldo-cardoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-reinaldo-cardoza\/","title":{"rendered":"Cuentos de Reinaldo Cardoza"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Pensando flores<\/h3>\n\n\n\n<p>En diciembre de ese a\u00f1o regres\u00e9 a Cuman\u00e1 a pasar las navidades con mi familia. No hab\u00eda otra opci\u00f3n: las navidades en casa eran sagradas, intocables; ten\u00eda que estar para recibir el a\u00f1o y para las fiestas. Era as\u00ed desde que recordaba y no conoc\u00eda otro modo de celebrarlas. Al volver en enero escuchaba las historias de los que no volv\u00edan a sus casas en navidad: viajes en bus a Colombia y regalos del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Me mataba la curiosidad por saber lo que era una cena navide\u00f1a en el comedor principal, el de planta baja. Los que se quedaban dec\u00edan que aquello no parec\u00eda el colegio, y que hasta los sacerdotes se permit\u00edan \u2015tambi\u00e9n a los dem\u00e1s\u2015 la libertad de una cerveza el 24 y el 31. Los muchachos deb\u00edan escribir una carta al Ni\u00f1o Jes\u00fas pidiendo los regalos; un capricho y una necesidad. Y la hermana superiora se los conced\u00eda la noche del 24 de diciembre. Nunca viv\u00ed aquella experiencia; no me estaba permitido. Los que se quedaban contaban estas cosas, y a nosotros nos parec\u00eda que hab\u00eda algo de falso en sus relatos, algo de invenci\u00f3n que no terminaba de convencer ni siquiera al m\u00e1s cr\u00e9dulo. Quiz\u00e1 era un modo de reproche porque \u00edbamos a nuestras casas y ellos no; jam\u00e1s lo supe.<\/p>\n\n\n\n<p>El tr\u00e1nsito de mi viaje fue, como siempre, un desastre. Mi cuerpo de trece a\u00f1os apenas soportaba las veinte horas en bus que me llevaban de un extremo a otro del pa\u00eds. Yo intentaba consolarme con lo bueno que me esperaba al llegar. Diciembre era la mejor \u00e9poca del a\u00f1o en la casa, y ya iba para tres meses sin ver a la familia. Adem\u00e1s, mam\u00e1 hab\u00eda estado enferma. La \u00faltima noche, tres meses atr\u00e1s, antes de irme a M\u00e9rida, mam\u00e1 puso a correr a mis hermanos por un desmayo y parec\u00eda que la enfermedad hab\u00eda ocupado a todos en mi ausencia. Yo no entend\u00eda muy bien de qu\u00e9 se trataba. Las explicaciones evasivas de mis hermanos no ayudaban mucho. En alg\u00fan momento supuse que era grave. Un mes despu\u00e9s de mi partida trajeron a la t\u00eda Sonia a la casa y la pusieron al tel\u00e9fono para que me explicara. Segu\u00ed sin entender, quiz\u00e1 porque ella no lo hizo tan bien como esperaban mis hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una lucha con la incertidumbre, una batalla constante con aquellas cosas que imaginaba le pod\u00edan haber pasado y que yo no sab\u00eda. Me costaba cada vez m\u00e1s pensar en las clases y en las tareas. Algunas veces me sorprend\u00eda despistado ante las preguntas de los profesores; otras, me tend\u00eda sobre la cama y miraba por horas las formas irregulares de la litera de encima, sin dormir, entre miedo y pensamientos. Durante esos tres meses mam\u00e1 no habl\u00f3 conmigo ni contest\u00f3 mis cartas. Siempre me dec\u00edan que estaba dormida cuando yo llamaba o me llamaban. No hay nada m\u00e1s desalentador que la idea de alguien que escribe y no recibe respuesta a sus cartas. Como la imagen de un hombre que bebe a solas en un bar. Por eso me interesaba el viaje de aquel a\u00f1o, a pesar de las veinte horas recorriendo el pa\u00eds a bordo de un bus que andaba m\u00e1s por milagro que por sus condiciones mec\u00e1nicas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Noem\u00ed: He decidido escribirte nuevamente. S\u00e9 que no es nada novedoso para ti; siempre he sido yo quien escribe, como en los a\u00f1os del internado. T\u00fa prefer\u00edas hacer caso a tu sentido pr\u00e1ctico, al impulso moment\u00e1neo de una llamada telef\u00f3nica. Yo sin embargo escog\u00eda perpetuar aquello que quer\u00eda decir a trav\u00e9s de la tinta, del papel, en la distancia, en el tiempo que tardaba la oficina de correos en hacerte llegar mis cartas. Como entonces, no creo que tenga alguna raz\u00f3n v\u00e1lida para hacerlo: es posible que haya muchas en las que no quiero detenerme en este momento. Decid\u00ed escribirte otra vez, aunque hayan pasado los a\u00f1os y ya no est\u00e9 en el internado, aunque no puedas responderme con una llamada, aunque s\u00e9 que cuando decida cerrar el sobre no tendr\u00e9 una direcci\u00f3n que poner para que los del correo hagan su trabajo. As\u00ed de necios llegamos a ser a veces los remitentes.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cuman\u00e1 era, a\u00fan lo es, un pueblito olvidado al que es muy dif\u00edcil llegar por aire o tierra, por eso las l\u00edneas de buses no ten\u00edan rutas directas, de modo que me tocaba hacer parada obligatoria en Puerto La Cruz, en un terminal tan feo como el de mi destino, s\u00f3lo que m\u00e1s grande. A pesar de la tortuosa y serpenteante v\u00eda que une a las dos ciudades, es un espect\u00e1culo la vista del mar en pleno amanecer, con la luz naciente que da otro color al paisaje y a las islas de Mochima. Parad\u00f3jico, pero cada regreso a Cuman\u00e1 es como la primera vez. En muchos a\u00f1os, incluso cuando me hice un hombre, me toc\u00f3 viajar a infinidad de lugares, pero sigo experimentando aquella sensaci\u00f3n del retorno con la misma expectativa de los a\u00f1os del internado. Aunque los destinos sean muchos, el regreso siempre es el mismo, pienso ahora que escribo esto. Aquellos dos viajes al a\u00f1o eran una isla. No importaba a d\u00f3nde iba, un respiro era lo que necesitaba de las cosas que se viv\u00edan en el colegio, independientemente de que fuese un buen a\u00f1o, porque tambi\u00e9n los hab\u00eda. Cuman\u00e1 era, siempre lo ha sido, la posibilidad de regresar, algo as\u00ed como el \u00faltimo destino que no se me puede negar.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Recuerdo aquellas largas hojas que llenaba para ti en los a\u00f1os agrios y solitarios en el internado. Mi caligraf\u00eda torpe intentaba convencerte de que era feliz, que todo iba bien y pronto estar\u00eda de vuelta, y podr\u00eda abrazarte como s\u00f3lo un desdichado es capaz de hacerlo porque sabe que la felicidad se le escapa en un segundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El cuadro de la Virgen del Valle de la sala ten\u00eda un vel\u00f3n encendido, como cada vez que yo viajaba de M\u00e9rida a Cuman\u00e1 y de Cuman\u00e1 a M\u00e9rida. Ella dec\u00eda que aquel cuadro se lo regalaron cuando apenas era una adolescente, y deb\u00eda ser cierto por lo amarillento de la imagen que proteg\u00eda el vidrio. Nosotros a\u00fan lo conservamos como una de sus reliquias m\u00e1s preciadas. Ese gesto de la vela encendida me llev\u00f3 el coraz\u00f3n a la boca, y los latidos se me hicieron ensordecedores.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me vio, mam\u00e1 pareci\u00f3 no reconocerme de inmediato. Estaba acostada en el primer cuarto y no en el suyo como era de esperarse. El sol entraba casi horizontal por la ventana e iluminaba todo el espacio. Seg\u00fan dijo mi hermana, que ahora dorm\u00eda junto a ella, se hab\u00eda levantado a las cinco de la ma\u00f1ana, como si le hubiesen anunciado la noche anterior mi llegada, como si de alguna manera supiese que yo ven\u00eda. En la habitaci\u00f3n hab\u00eda una cama matrimonial en la que dorm\u00edan ella y mi hermana, y una mesa de noche repleta de medicamentos \u2015cajas de comprimidos, bl\u00edsteres, frascos, cremas y pomadas, ampollas, inyectadoras, alcohol\u2015. Aunque todo estaba m\u00e1s o menos igual que tres meses atr\u00e1s \u2014los mismos muebles colocados donde siempre\u2014, salvo por el decorado navide\u00f1o, supe que algo hab\u00eda cambiado. Ella no era la misma. Me lo confirmaron sus ojos de duda ante mi presencia; esos ojos eran todo interrogante ante aquel que llegaba con la ma\u00f1ana e irrump\u00eda en su cuarto.<\/p>\n\n\n\n<p>Descubr\u00ed de inmediato las huellas de la par\u00e1lisis parcial apenas se incorpor\u00f3 para verme mejor. Vi que estaba flaca y que llevaba el cabello m\u00e1s largo de lo usual. Hablaba poco y yo no le entend\u00eda media palabra. Mis hermanos serv\u00edan de int\u00e9rpretes entre ella y yo. Sab\u00eda que ven\u00eda de lejos, interpretaron mis hermanos, que llegaba de viaje, pero no fue capaz de recordar mi nombre. Sab\u00eda, dijeron mis hermanos, que nos un\u00eda un lazo de alg\u00fan tipo, pero no recordaba con exactitud qui\u00e9n era yo. Le preguntaron de mil maneras, tratando de darle pistas, pero fue en vano. Ellos siguieron interpretando y traduciendo para m\u00ed lo que yo apenas alcanzaba a o\u00edr; simples balbuceos, palabras sin significado. Comenc\u00e9 a sospechar entonces de alg\u00fan tipo de habilidad en ellos, desconocida para m\u00ed hasta ahora, que les permiti\u00f3 descubrir un lenguaje m\u00e1s all\u00e1 de las palabras y las convenciones. Se comunicaban a perfecci\u00f3n mientras yo trataba de adivinar si hab\u00eda alg\u00fan tipo de clave, alguna marca, un c\u00f3digo al que no ten\u00eda acceso. Tard\u00e9 a\u00f1os en entender que simplemente era un espacio vac\u00edo, un borr\u00f3n en la memoria; por eso no ten\u00eda posibilidades. Era eso, que de la noche a la ma\u00f1ana hab\u00eda dejado de existir, que ella me hab\u00eda olvidado y que en mi historia faltaba un pedazo, que me faltaba un brazo o el rostro. Estaba all\u00ed, pero era como no haber nacido. Peor a\u00fan: el tipo bebiendo solo en el bar era yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sintiendo que aquella carencia de rostro o de una extremidad era casi org\u00e1nica, comenc\u00e9 a sacar regalos y dulces de una caja que hab\u00eda tra\u00eddo conmigo. Ella no era la misma y yo lo sent\u00eda en su manera de mirarme con extra\u00f1eza, como se ve a un desconocido. Un recuerdo que ha sido borrado. Por eso fue que tuve que comenzar de cero, como si fuese la primera vez en vernos y ella tambi\u00e9n era alguien nuevo en mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Casi puedo verme sentado en una mesa de las amplias galer\u00edas, haci\u00e9ndome la idea de que me le\u00edas con la emoci\u00f3n en la garganta, con l\u00e1grimas en los ojos. Intentaba mentirte, pero sab\u00edas en el fondo que en el internado todo era soledad y tristeza. Entonces no me conformaba con las palabras. Buscaba alguna cosa que me ayudase a tapar las mentiras. Usualmente era alguna flor: una orqu\u00eddea diminuta; el p\u00e9talo de alguna rosa injerta que yo mismo hab\u00eda cortado de los rosales de la tumba del padre fundador del internado; un ramo de an\u00eds de los que crec\u00edan entre la grama; una hoja extra\u00f1a que me resultaba atractiva\u2026 Y no faltaba una nota brev\u00edsima, en general un p\u00e1rrafo, acompa\u00f1ando aquel obsequio que guardabas en una gaveta de la mesa de noche: \u00abEsta es una orqu\u00eddea de una especie bien rara; ya te habr\u00e1s dado cuenta por su tama\u00f1o. Se da en los jardines del colegio, y no crece en los \u00e1rboles como las otras orqu\u00eddeas. Es de color amarillo\u00bb. La flor machacada, como si el peso de los a\u00f1os la hubiese aplastado. Permanece intacta, salvo por el color. Hasta yo mismo hab\u00eda olvidado el color. Debe ser por eso que lo puse en la nota. Y as\u00ed te fui construyendo jardines de plantas nuevas y flores extra\u00f1as que te hicieran olvidar mi ausencia y la distancia que nos separaba\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que puede sonar a tonter\u00edas, pero nuestras vidas cambiaron con su enfermedad. No es como cuando te da una gripe o algo por el estilo; son cambios que se producen en lo m\u00e1s profundo de nuestro ser que apenas se los percibe, van surtiendo efecto sin que uno tenga conciencia de que van operando de manera lenta y progresiva. Mis hermanos, que apenas sab\u00edan conducirse en la casa dirigidos por mam\u00e1, ahora se encargaban habilidosamente de todo. Cocinaban y la atend\u00edan a ella con cuidados de todo tipo, como si tuviesen largo tiempo haci\u00e9ndolo. Ellos no se daban cuenta, pero yo, el extra\u00f1o, el reci\u00e9n llegado, me fijaba en todas estas cosas. Preparaban la dieta, lavaban, administraban tratamientos, med\u00edan la presi\u00f3n arterial, cambiaban pa\u00f1ales, ba\u00f1aban, se distribu\u00edan horarios\u2026 No, ninguno de nosotros fue igual desde entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra casa permanec\u00eda igual, pero con cada llegada yo la ve\u00eda m\u00e1s peque\u00f1a. Luego, con los d\u00edas, se iba haciendo m\u00e1s y m\u00e1s grande hasta recuperar su tama\u00f1o natural. Era un problema con los espacios, me dec\u00eda; en M\u00e9rida estaba acostumbrado a los lugares abiertos y m\u00e1s amplios. En Cuman\u00e1 todo me parec\u00eda peque\u00f1o, tambi\u00e9n las calles y las plazas. Cuando tuve una semana en la casa ca\u00ed en cuenta de que haber venido fue un error. No hab\u00eda pasado nada, pero aquella sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza que experiment\u00e9 en mi propia casa desde el primer d\u00eda de mi retorno permanec\u00eda intacta. Dese\u00e9 no haber venido. Quiz\u00e1 esta era la oportunidad para averiguar si de verdad la superiora conced\u00eda los dos regalos en la noche del 24: el capricho y la necesidad (a m\u00ed me hubiese bastado uno solo). Un extra\u00f1o en la propia casa. Natural sentirse as\u00ed en todas partes, pero en tu casa llega a ser asfixiante. Por eso sal\u00eda en las tardes a caminar hacia la playa. A las cinco de la tarde, cuando el sol no era ya un torturador inclemente, me pon\u00eda ropas ligeras y me daba un receso en las actividades que yo mismo me descubr\u00ed haciendo para atender a mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>En esos d\u00edas vi una plantaci\u00f3n de flores en uno de los jardines de la universidad \u2015que estaba en la ruta de mi caminata. Era de una especie extra\u00f1a, de nombre desconocido para m\u00ed. La hab\u00eda visto en las ventas del centro de la ciudad, a orillas del r\u00edo, pero no sab\u00eda que se pudiesen cultivar en aquel clima. Eran flores anaranjadas, casi rojas, al parecer de la misma familia de las aves del para\u00edso. Dos d\u00edas despu\u00e9s llev\u00e9 conmigo un cuchillo en los bolsillos y rob\u00e9 de los jardines un tub\u00e9rculo para sembrarlo en el porchecito de nuestra casa. Mam\u00e1, que estaba sentada junto a la puerta, me miraba con atenci\u00f3n mientras yo abr\u00eda un hueco para depositar all\u00ed el hijo de la planta. Yo segu\u00eda sin dominar aquel lenguaje que hac\u00eda posible que mis hermanos la entendiesen. Sin dejar de mirarme dijo con claridad: \u00abEso es riqui-riqui\u00bb. Lo dijo con una convicci\u00f3n propia de ella, se\u00f1al\u00e1ndome con el \u00edndice. Nadie m\u00e1s la oy\u00f3. Para m\u00ed fue como recuperar aquel pedazo de mi historia que sab\u00eda perdido.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ahora soy yo el que escribe para mitigar la soledad, para decirme a m\u00ed mismo que aunque te fuiste sigues de alg\u00fan modo, en el recuerdo y en tu cuarto vac\u00edo, en las fotograf\u00edas de ese \u00e1lbum que atesoramos como lo \u00fanico que dejaste, en esa sonrisa malcriada\u2026 Ahora que he vuelto t\u00fa te has ido con la pausa de los que quieren quedarse. L\u00e1stima que s\u00e9 que no llamar\u00e1s, que no recibir\u00e9 ninguna respuesta tuya. L\u00e1stima que ya no cuente con un jard\u00edn de especies poco t\u00edpicas como las de la infancia. Solamente espero que los recuerdos no causen da\u00f1o, los dejo reposar para que el tiempo los curta de otro sabor menos doloroso.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Las vacaciones de diciembre terminaron pronto, y nuevamente volv\u00ed al internado. Mientras estuve en la casa, regaba todos los d\u00edas el peque\u00f1o hijo, a\u00fan en contra de las recomendaciones de todos, que aseguraban que tanta agua terminar\u00eda pudri\u00e9ndolo. Yo no les hac\u00eda caso, y lo regaba confiando en que crecer\u00eda y florecer\u00eda. Cuando me fui ya la planta hab\u00eda crecido por lo menos veinte cent\u00edmetros m\u00e1s, de manera que tendr\u00eda cerca de medio metro, y part\u00ed convencido de que ya no morir\u00eda. Mis hermanos me contaron que la mata dio su primera flor a los cuatro meses. Mam\u00e1 pidi\u00f3, as\u00ed dijeron mis hermanos, tal vez interpretando ese lenguaje que yo mismo comenc\u00e9 a dominar con el tiempo, que la cortasen y la pusiesen a la foto de la Virgen del Valle de la sala. Se dedicaba al cuidado de la planta (que ya eran varias), dijeron mis hermanos, estaba pendiente del riego diario, de que le echaran un poco de agua a la flor del muchachito. El muchachito, as\u00ed me llamaba ahora.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mis hermanos y yo estamos bien. Hacemos esfuerzos enormes por parecer normales, por continuar con nuestras vidas a pesar de tu cuarto vac\u00edo. Alg\u00fan d\u00eda espero poder escribirte una \u00faltima carta sin direcci\u00f3n en el sobre, en la que por fin me convenza de que te has ido para no volver, y acepte que para darte flores debo ir hasta el cementerio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Destierro<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>\u2015\u00a1Co\u00f1o, pero t\u00fa s\u00ed eres cobarde\u2026! \u2015me dijo, y solt\u00f3 una carcajada, como si hubiese contado un chiste muy gracioso. Me tuteaba, a pesar de la costumbre de los andinos de dirigirse a todos como <em>usted<\/em>. Record\u00e9 que cuando estudi\u00e1bamos yo mismo le ped\u00eda que se refiriese a m\u00ed como <em>t\u00fa<\/em>, porque me incomodaba aquel tratamiento tan fr\u00edo y distante. Al principio me molest\u00f3 su risa, cre\u00ed que se burlaba de m\u00ed con el mayor descaro; confieso que esperaba un poco de compasi\u00f3n por mi situaci\u00f3n. Cuando call\u00f3 y los dos quedamos en silencio comprend\u00ed que no hab\u00eda cabida en \u00e9l para la burla o el descaro, tampoco para la compasi\u00f3n. El colegio, o lo que quedaba de \u00e9l, est\u00e1 sobre un cerro, en una planicie que termina justo donde comienza la pendiente del cerro. Los dos est\u00e1bamos sentados en esa zona lim\u00edtrofe entre la pendiente y la planicie, y pod\u00edamos ver c\u00f3mo atardec\u00eda en la Sierra Nevada. A pesar de la hora, la neblina no tapaba las monta\u00f1as, que en ese momento se dejaban ver en un tono azul gris\u00e1ceo y verdusco. Los d\u00edas sin neblina eran, quiz\u00e1, los m\u00e1s fr\u00edos. Desde donde est\u00e1bamos hasta el pico Bol\u00edvar no hab\u00eda l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Ya ver\u00e1s que, despu\u00e9s de todo, el asunto no es tan grave, que te est\u00e1s ahogando en un vaso de agua. Recuerda que las cosas siempre pueden estar peor, y ese no es tu caso. Y no creas que lo digo para hacerte sentir bien; es en serio. \u2015Hablaba con una serenidad que me pareci\u00f3 inhumana, despojada de todo sentimiento, como si lo m\u00edo fuese un dolor de muelas o un rasp\u00f3n en la rodilla. Tal vez no hab\u00eda nada en la tierra capaz de conmoverlo. Yo no sab\u00eda qu\u00e9 responder, me dejaba contra la pared, arrinconado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015A ver, dime \u00bfpor qu\u00e9 viniste ac\u00e1? Y no me refiero al viaje, sino al colegio \u00bfpor qu\u00e9 has venido todos estos d\u00edas?<\/p>\n\n\n\n<p>Lo hab\u00eda visto estacionar el carro frente a la que ahora era mi residencia. Yo estaba sentado en el porche de la quinta leyendo la prensa. Baj\u00f3 y tom\u00f3 hacia el final de la calle. Supuse era alguno de los que llegaban a ba\u00f1arse en la quebrada y se iban al rato. Cre\u00ed tambi\u00e9n que su cara me era conocida. Tengo una memoria fotogr\u00e1fica inservible; puedo recordar con precisi\u00f3n que conozco a alguien, pero imposible que haga coincidir nombres con caras y lugares. Suelo pasar situaciones muy inc\u00f3modas por esta limitaci\u00f3n m\u00eda. Se parec\u00eda a un viejo amigo de la adolescencia, por eso fui tras \u00e9l. El Arado, como se llama la calle, desemboca en una quebrada donde sol\u00eda ba\u00f1arme cuando me escapaba los fines de semana del colegio. Me pareci\u00f3 raro que veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s el agua permaneciese limpia y tan caudalosa como en mis tiempos de estudiante. Cuando llegu\u00e9 hasta all\u00ed, el hombre no estaba. No ten\u00eda intenci\u00f3n de seguirlo, pero ya era la hora de mi paseo diario.<\/p>\n\n\n\n<p>Vi que iba adelante, nos separaban unos cien metros. A pesar de mis cuidados no tard\u00f3 en darse cuenta de que iba detr\u00e1s de \u00e9l. Al saberme descubierto me sent\u00ed nervioso como un ni\u00f1o al que van a rega\u00f1ar porque le peg\u00f3 a su hermano menor o ray\u00f3 las paredes reci\u00e9n pintadas de su casa. Redujo la velocidad de sus pasos para esperarme, sin dejar de caminar. Me mir\u00f3 con ojos dubitativos, sospechando conocerme. Yo lo comprob\u00e9 cuando pronunci\u00f3 mi nombre y apellido. Lo dijo con tal naturalidad que habr\u00eda podido jurar que me estaba esperando. Nos abrazamos y en ese abrazo sent\u00ed que recuperaba su amistad adolescente, que los dos volv\u00edamos a ser los muchachos que contaban historias y hac\u00edan planes para un futuro que entonces parec\u00eda incierto. Despu\u00e9s camin\u00f3 junto a m\u00ed, como adivinando que llev\u00e1bamos la misma direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenzamos a conversar de nuestras vidas. Hasta parec\u00eda que reanud\u00e1bamos una pl\u00e1tica interrumpida unos segundos antes por el saludo de un tercero. Se mostr\u00f3 especialmente interesado por saber qu\u00e9 hab\u00eda hecho en los veinticinco a\u00f1os sin vernos.<\/p>\n\n\n\n<p>Le dije entonces que logr\u00e9 estudiar y titularme en arquitectura, le cont\u00e9 de los esfuerzos y sacrificios de mi familia para pagar mis estudios, de lo que tuve que trabajar yo mismo porque a veces lo que me mandaban no alcanzaba para cubrir mis gastos. Despu\u00e9s de la graduaci\u00f3n vino el matrimonio con una muchacha que conoc\u00ed en la universidad mientras ella todav\u00eda estudiaba dise\u00f1o de interiores. Un noviazgo m\u00e1s bien corto y un matrimonio que ya pasaba las dos d\u00e9cadas. Ten\u00edamos dos hijos, dos j\u00f3venes que hab\u00edan dado todo lo que se pod\u00eda esperar de ellos y m\u00e1s todav\u00eda. Le habl\u00e9 de mi trabajo como profesor en la universidad, del restaurant que comenz\u00f3 siendo un pasatiempo y despu\u00e9s lleg\u00f3 a ser uno de los mejores en la ciudad, de la agencia de decoraci\u00f3n de Amanda, mi esposa. Le dije que nos iba bien, los negocios familiares generaban suficientes ingresos para que vivi\u00e9semos con comodidad. Ahora que lo pensaba mejor, \u00e9ramos una familia feliz y yo estaba contento con todo aquello, me sent\u00eda satisfecho de lo que hab\u00eda hecho y construido. Era algo que estaba m\u00e1s all\u00e1 de las comodidades y el dinero. Mi antiguo amigo me escuchaba con atenci\u00f3n, hasta se dir\u00eda que estaba interesado en realidad en lo que escuchaba y que no lo hac\u00eda por simple cortes\u00eda. Avanz\u00e1bamos por la margen derecha de la carretera, o lo que quedaba de ella. Un silencio ceremonioso nos rodeaba, y s\u00f3lo se o\u00eda el sonido de nuestras pisadas en el asfalto. Los \u00e1rboles apenas se mov\u00edan por una brisa suave que tambi\u00e9n nos refrescaba. Como pas\u00f3 conmigo, a mi amigo no pareci\u00f3 sorprenderlo el ambiente ruinoso del que se consider\u00f3 uno de los mejores colegios del pa\u00eds. Seguramente hab\u00eda venido recientemente y lo que ve\u00eda no representaba sorpresa alguna. Pude ver en su rostro que mi historia no lo convenc\u00eda del todo, que esperaba por m\u00e1s. De un momento a otro se hab\u00eda convertido en mi confesor, sin que \u00e9l me lo pidiese y yo sin propon\u00e9rmelo. Tal vez actu\u00e1bamos movidos por la necesidad de hablar, de tener a otro con quien conversar.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuve que contarle entonces las razones del viaje que me hab\u00eda llevado otra vez a M\u00e9rida. Hab\u00edamos llegado al pie del cerro sobre el que estaba el colegio. Preferimos rodearlo y caminar por el patio, por las calles empedradas, hasta sentarnos al borde del pavimento, y quedamos de espaldas a las im\u00e1genes del santo patrono y la Virgen sentada con el Ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Le cont\u00e9 que tres meses atr\u00e1s me hab\u00edan hecho el diagn\u00f3stico. Fui al m\u00e9dico temiendo lo peor, sabiendo que esta vez era mi turno. La enfermedad era hereditaria y mi madre y algunas t\u00edas hab\u00edan muerto del mismo padecimiento. Los s\u00edntomas t\u00edpicos aparecieron, pero yo no les hac\u00eda caso, queriendo creer que se trataba de malestares aislados producto del estr\u00e9s por el trabajo en la universidad y las exigencias cada vez mayores del restaurant. Sab\u00eda, adem\u00e1s, que si se trataba de la enfermedad familiar poco se pod\u00eda hacer. Primero fueron los malestares y los mareos, una debilidad en el cuerpo a toda hora. Una palidez que se apoderaba a ratos de mi rostro que me hac\u00eda pensar de inmediato en la muerte. Mucho sue\u00f1o durante el d\u00eda y desvelo por las noches. Tambi\u00e9n orinaba m\u00e1s veces que las acostumbradas. Cuando mis piernas y mis pies comenzaron a hincharse, Amanda me oblig\u00f3 a ir a consulta con un especialista. La medicina no contaba con una cura, s\u00f3lo con mecanismos que retrasar\u00edan mi muerte. Se trataba de una enfermedad cr\u00f3nica terminal. Con lo m\u00edo, le dije, pasaba como en aquel cuadro que ten\u00eda el viejo Forero a la entrada de su casa. La pintura era, seg\u00fan el propio Forero, una alegor\u00eda de la medicina. Mi amigo crey\u00f3 recordarla vagamente. En el medio de la escena estaba el cirujano con su traje azul, con la mascarilla tap\u00e1ndole medio rostro; al lado derecho del hombre y frente a \u00e9l, una mujer desnuda medio desmayada; el m\u00e9dico imped\u00eda que la mujer cayese al suelo; del lado izquierdo, detr\u00e1s del doctor, y envuelto en un manto negro, estaba un esqueleto de huesos blancos; el esqueleto extend\u00eda los huesos desnudos de un brazo, tratando de alcanzar a la mujer; el m\u00e9dico no lo dejaba. Aquel esqueleto pl\u00e1sticamente tan bien logrado era la muerte. La t\u00fanica negra y el movimiento de los huesos, el brazo que se extend\u00eda sin desesperos, la calavera sin expresi\u00f3n que provocaba mil expresiones, la muerte paciente que espera y sabe cu\u00e1ndo arrebatar. El doctor era el \u00fanico que miraba al espectador, y lo hac\u00eda buscando respuestas; siempre me pareci\u00f3 que de los tres era quien menos entend\u00eda en medio de qu\u00e9 se encontraba. Hab\u00eda un no s\u00e9 qu\u00e9 de extra\u00f1eza en sus ojos que provocaba tensi\u00f3n en el espectador.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en aquella alegor\u00eda, los m\u00e9dicos no pod\u00edan darme una respuesta ni una cura. Esa fue la raz\u00f3n por la que tom\u00e9 una decisi\u00f3n. De inmediato supe que deb\u00eda irme lejos, dejando atr\u00e1s a la familia y todo lo que ten\u00eda. Me impuse este destierro hasta la llegada de mi muerte, en la soledad de este fr\u00edo valle. No soportar\u00eda, le dije, que tambi\u00e9n los m\u00edos sufriesen mi padecimiento. Comenc\u00e9 a planificar mi viaje con total hermetismo y guard\u00e9 para m\u00ed lo de la enfermedad. Me fue f\u00e1cil fingir que no suced\u00eda nada, a Amanda le invent\u00e9 cualquier excusa sobre los s\u00edntomas que ya hab\u00eda notado. Preparaba cada detalle de mi partida con el mayor de los cuidados, seguramente ninguno de los que me rodeaba not\u00f3 algo extra\u00f1o. Hice las gestiones necesarias con un abogado para resolver la sucesi\u00f3n de mis propiedades, que en realidad no eran muchas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 detalle a detalle todo lo que ser\u00eda mi vida en adelante. Y me cre\u00e9 una serie de normas y pasos a seguir para que todo saliese seg\u00fan lo planeado, como viajar en bus porque en avi\u00f3n era f\u00e1cil que descubriesen mi destino, no gastar dinero de ninguna de mis tarjetas porque me localizar\u00edan de inmediato, y as\u00ed tantas cosas que en otras circunstancias hubiesen parecido propias de un neur\u00f3tico. Pero era eso o que me descubriesen. Ahora que me detengo a pensar esto me sorprendo de lo meticuloso, lo detallista, lo calculado de todo. La \u00faltima ma\u00f1ana que estuve en mi casa, sal\u00ed como que fuese a la universidad, sin m\u00e1s equipaje que un morral. Antes de marcharme, dej\u00e9 una carta donde explicaba todo; quer\u00eda evitar que se armase un esc\u00e1ndalo, que se creyese que permanec\u00eda secuestrado o desaparecido y muerto con una bala en el cr\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015\u00bfEntonces tomaste por costumbre marcharte sin despedirte?, \u00bfno fuiste capaz siquiera de decirles adi\u00f3s? \u2015nuevamente me preguntaba por algo que me parec\u00eda fuera de lugar, como si diese importancia a cosas irrelevantes. Tampoco esta vez supe qu\u00e9 contestarle.\u2015 \u00bfRecuerdas que tampoco te despediste de m\u00ed, de ninguno de nosotros\u2026? Ni siquiera por la amistad y de todo lo que compartimos juntos.\u2015 Sus silencios eran de una profundidad sepulcral; su mirada segu\u00eda perdida m\u00e1s all\u00e1 de las monta\u00f1as.\u2015 Un escritor de tu tierra (no recuerdo en este momento su nombre) dice que \u00ablos que se van sin despedida quedan como almas en pena\u00bb; y en otro texto suyo repite la misma idea: \u00abse sabe que quienes se van as\u00ed sin m\u00e1s, sin decir una palabra, han de volver alg\u00fan d\u00eda\u00bb. Como que lo hubiese escrito pensando en ti. Ahora que lo pienso es probable que esa sea la raz\u00f3n de que hayas vuelto, de que te haya encontrado. Es posible que por eso yo tambi\u00e9n est\u00e9 aqu\u00ed. Y para nada esto es un reproche, ya sabes que me alegra mucho que estemos conversando.\u2015 Una nueva pausa.\u2015 No te culpo porque te sientas as\u00ed, porque decidieras marcharte; cualquiera se acobarda ante la llegada de la muerte. Claro, tampoco creo que eso sea malo. El miedo siempre est\u00e1 all\u00ed, s\u00f3lo que con el tiempo lo vamos tratando de distintas maneras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015A ver, y las despedidas\u2026 \u00bfpor qu\u00e9 te interesan? \u2015pregunt\u00e9 yo. \u00c9l se tom\u00f3 su tiempo para volver a hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2015Yo tambi\u00e9n vengo de vez en cuando hasta ac\u00e1, como hoy. Dejo el carro estacionado en El Arado y me pongo a caminar por todo esto. Recorro el patio y los jardines, me siento en la fuente y despu\u00e9s me voy. No s\u00e9 si m\u00e1s aliviado, pero con la idea de que he recuperado algo del pasado, los recuerdos que a\u00fan conservan estas paredes y las piedras. Esto que te digo tal vez suene enfermizo, y probablemente lo sea, pero es lo \u00fanico que me queda. \u00bfRecuerdas a Iraida, aquella novia que tuve en el cuarto a\u00f1o? \u2015no esper\u00f3 que respondiera\u2015 Claro que debes acordarte, si ella fue la raz\u00f3n de nuestra primera borrachera ac\u00e1 mismo con una botella de aguardiente Los Andes\u2026 Yo no soportaba la idea de que ella estuviese con aquel indiecito mala sangre y que no volteara a mirarme. Su indiferencia me hac\u00eda pedazos y despu\u00e9s de unos cuantos tragos de aguardiente me puse a llorar como un aut\u00e9ntico desgraciado. Al final creo que t\u00fa tambi\u00e9n te pusiste a llorar conmigo; no s\u00e9 si por l\u00e1stima o solidaridad. \u00bfLa recuerdas, verdad? Volvimos a vernos. Casi la hab\u00eda olvidado cuando nos reencontramos, aunque eso s\u00f3lo es un modo de decirlo. Retomamos nuestro noviazgo. Fue como conocernos de nuevo, como empezar desde cero. Esta vez no hab\u00eda ning\u00fan indiecito rode\u00e1ndola, de modo que ten\u00eda el camino libre. Volvimos a ser los novios de antes. Seguro te habr\u00edas enamorado tambi\u00e9n. Era imposible no enamorarse de aquella mujer. S\u00ed, ya era una mujer, y yo no era el ni\u00f1o que conociste cuando nos graduamos. Descubr\u00ed que ser\u00eda un terrible error dejarla pasar, permitir que se fuera. Nada m\u00e1s acertado eso de que aprendemos a querer en la ausencia. No nos casamos, ya sabes que no soy muy dado a las formalidades. Para nosotros nunca fue necesario aquel tr\u00e1mite. Aunque ella me confes\u00f3, mucho despu\u00e9s, que siempre hab\u00eda so\u00f1ado con salir vestida de novia de una iglesia conmigo, tom\u00e1ndome del brazo, pero estuvo dispuesta a renunciar a aquella ilusi\u00f3n de adolescente por m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuvimos tres ni\u00f1as. Un encanto las carajitas. Cuando tenga oportunidad te muestro una foto para que compruebes que no te miento. Dos de ellas eran gemelas. Tardamos en tenerlas, es posible que por ego\u00edsmo; siempre hay algo de ego\u00edsmo en el amor. Estaba acostumbrado a una vida de entrega en la que solo exist\u00edamos el uno para el otro. Por un tiempo no pod\u00eda aceptar que hubiese un tercero entre nosotros. Me oigo y no deja de parecerme cursi todo esto que te digo, pero no me importa. Viv\u00edamos ac\u00e1 mismo, en El Valle. Las chamas llegaron y las cosas no fueron distintas, al menos no en la manera en que cre\u00ed. Hasta parece que mejoraron. Cuando vine a caer en la cuenta yo tambi\u00e9n hab\u00eda sido seducido por ellas y sus travesuras, por sus peleas y berrinches diarios. Creo que no hace falta que te diga que adoraba a aquellas cuatro mujercitas, que me alegraban la vida por la sola raz\u00f3n de existir.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda las ni\u00f1as no estaban en la escuela. El a\u00f1o siguiente inscribir\u00edamos en preescolar a las mayores, a las gemelas. Iraida viajaba todos los a\u00f1os a Margarita a pasar las navidades con su familia. Yo deb\u00eda trabajar hasta el \u00faltimo d\u00eda, as\u00ed que las alcanzaba despu\u00e9s para pasar las fiestas juntos; su familia es muy tradicional con estas celebraciones. Con las ni\u00f1as era imposible que viajara en bus, desde que nacieron las mayorcitas decidimos que era mejor hacer el trayecto en avi\u00f3n. La noche anterior a la salida surgi\u00f3 un inconveniente de \u00faltima hora en la oficina de la que era empleado y estuve hasta muy tarde en la madrugada resolviendo unas transferencias, ultimando detalles que no pod\u00eda postergar. Una comisi\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda viajaba a la ma\u00f1ana siguiente hacia Caracas para gestionar alianzas con otras empresas del ramo. Ese d\u00eda tuve quedarme con los miembros de la comisi\u00f3n, hasta que uno a uno se fueron marchando. Cuando el \u00faltimo se despidi\u00f3 eran cerca de la una de la ma\u00f1ana. El cansancio de la jornada me venci\u00f3 y en un descuido ca\u00ed rendido en mi escritorio. Afortunadamente ya hab\u00eda terminado lo que estaba pendiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Al abrir los ojos ya hab\u00edan llegado los primeros empleados. Me despertaron el recuerdo de que el vuelo de Iraida y las ni\u00f1as sal\u00eda a las siete y un intenso olor a caf\u00e9 reci\u00e9n colado. Sent\u00ed un fuerte dolor de espalda y de piernas que cre\u00ed me tumbar\u00eda al piso apenas trat\u00e9 de ponerme de pie. Con los ojos a\u00fan arenosos busqu\u00e9 mi reloj de pulsera. Ya no tendr\u00eda oportunidad siquiera de acercarme al aeropuerto para decirles adi\u00f3s. No le di importancia al asunto porque sab\u00eda que cuando Iraida llegase a casa de sus padres llamar\u00eda para decirme que todo estaba bien y que me extra\u00f1aba.<\/p>\n\n\n\n<p>Me fui sin hablar con nadie de la oficina. Manej\u00e9 hasta la casa temiendo quedarme dormido nuevamente y terminar con el carro sobre una acera o contra un poste de electricidad. Llegu\u00e9 y ya no hab\u00eda nadie. Me dej\u00f3 un taco pegado en la nevera. Conserv\u00e1bamos la costumbre de escribirnos notas desde que est\u00e1bamos ac\u00e1 en el colegio, como si se tratara de un juego. La nota promet\u00eda una llamada al llegar a destino. Se disculpaba por no haberse comunicado antes, porque supon\u00eda que estaba cansado y en el trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras preparaba algo ligero para el desayuno encend\u00ed el televisor de la cocina. Una estaci\u00f3n local daba la noticia. Un avi\u00f3n con destino a Caracas se estrella en el p\u00e1ramo a s\u00f3lo diez minutos de haber despegado del aeropuerto de M\u00e9rida. A\u00fan no localizaban los restos, pero daban por supuesto que no hab\u00eda sobrevivientes. Cuerpos de rescate se dirig\u00edan a la zona. A\u00fan no hab\u00eda im\u00e1genes del suceso. El nombre de la aerol\u00ednea y la hora del vuelo me confirmaron lo que tem\u00eda. Mi sue\u00f1o se fue como si hubiese consumido alguna droga. Estuve alrededor de una hora paralizado frente al televisor que a\u00fan no mostraba im\u00e1genes pero repet\u00eda una y otra vez lo que hab\u00eda o\u00eddo desde el principio. Entrevistaban a gente y m\u00e1s gente que no sab\u00eda nada y no se cansaba de especular sobre los hechos. Cuando dijeron el lugar aproximado del accidente tom\u00e9 el carro y me fui hasta all\u00ed\u2026 Lo dem\u00e1s te lo puedes imaginar.<\/p>\n\n\n\n<p>De lo \u00fanico que me arrepiento es no haberme despedido de ellas, de darles un beso y estar consciente de que se han ido. Es una tonter\u00eda decirlo, pero espero que vuelvan. Es como si nunca se hubiesen marchado, conf\u00edo en que regresar\u00e1n una ma\u00f1ana o mientras cae la noche. Hicimos un entierro simb\u00f3lico porque no se pudieron identificar los restos, pero yo s\u00e9 que aquellas cajas ven\u00edan vac\u00edas, que ellas no estaban all\u00ed. Por eso, mi viejo amigo, me interesan las despedidas. A veces siento que yo mismo soy un fantasma, un alma en pena que qued\u00f3 en el limbo porque no encuentra paz, porque no se ha podido despedir de los suyos. De cierto modo tambi\u00e9n estoy muerto; esto, en definitiva, es una forma del infierno. Vengo al colegio porque aqu\u00ed la conoc\u00ed a ella. Imagino que los dos caminamos por la plaza tomados de las manos, escondi\u00e9ndonos de las monjas y los curas para poder darnos un beso, creo que conversa conmigo mientras recorremos el patio o contemplamos el paisaje. La brisa fr\u00eda refresca mis recuerdos, el rumor del bosque consuela mi soledad. Como ya te dije, eso es lo \u00fanico que me queda. Esta soledad es lo m\u00e1s parecido a la paz que he conocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso te digo que te ahogas en un vaso de agua. Si los m\u00e9dicos han dicho que con lo tuyo no hay vuelta atr\u00e1s, no veo por qu\u00e9 debas condenarte a una segunda muerte, la del olvido; una muerte m\u00e1s escalofriante y dolorosa. Y peor a\u00fan, condenar a los tuyos a esto. No quiero convencerte de nada, de que vuelvas o cambies de parecer; debo respetar tus decisiones. Aunque te confieso tambi\u00e9n que si est\u00e1s dispuesto a regresar yo mismo te acompa\u00f1o hasta tu casa, tengo bastante tiempo que no me ba\u00f1o en la playa\u2026 \u2015y volvi\u00f3 a re\u00edr con ganas, yo lo acompa\u00f1\u00e9 en su risa que tambi\u00e9n me alegraba la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Decidimos irnos porque comenzaba a anochecer. En la entrada a mi residencia nos despedimos. Me dej\u00f3 un n\u00famero telef\u00f3nico suyo para que nos tom\u00e1semos un caf\u00e9, o le avisara si decid\u00eda alguna cosa sobre mi estad\u00eda en la ciudad. Dos d\u00edas despu\u00e9s lo llam\u00e9, pero del otro lado de la bocina una voz de mujer me dijo que \u00e9l se hab\u00eda mudado y no sab\u00eda de su paradero actual, de eso hac\u00eda unos cinco a\u00f1os, que el hombre le hab\u00eda vendido la casa para comprarse otra m\u00e1s peque\u00f1a. No quise hacerme conjeturas de aquel incidente, yo simplemente llamaba para despedirme y agradecerle nuestra charla de aquella tarde, tal vez preguntarle si su propuesta de volver conmigo segu\u00eda en pie. Pero nada de esto fue posible.<\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, cuando por fin abandonaba la casa donde estaba hospedado, encontr\u00e9 junto a la puerta un sobre amarillo con mi nombre. Enseguida me abord\u00f3 la due\u00f1a de la casa, quien me desped\u00eda con gestos y palabras amables, como si me conociese de una larga temporada. Lamentaba mi partida, seg\u00fan me dijo. Una vez instalado en el asiento de mi avi\u00f3n pude abrir el sobre y vi que adentro estaba un \u00e1lbum fotogr\u00e1fico familiar de mi amigo. Era un grueso tomo con muchas fotograf\u00edas, incluso con algunas de los tiempos cuando estudi\u00e1bamos juntos. En una sucesi\u00f3n de im\u00e1genes pude ver el transcurrir del tiempo, los cambios que los a\u00f1os van dejando y las apariciones de las ni\u00f1as. En verdad eran un encanto las carajitas, pens\u00e9 yo como si su voz se repitiese en mi cabeza. Al final estaba una en la que aparec\u00edamos los tres: Irada, \u00e9l y yo, quiz\u00e1 tomada en el cuarto a\u00f1o. Llev\u00e1bamos el uniforme marr\u00f3n y en el fondo estaba el paisaje de un pico Bol\u00edvar imponente. Est\u00e1bamos parados en el mismo sitio donde hab\u00edamos conversado mi amigo y yo tres d\u00edas antes. Una foto que yo no recordaba. En ese momento apret\u00e9 el tomo contra mi pecho, con la sensaci\u00f3n de que, de alg\u00fan modo, mi amigo regresaba conmigo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/reinaldo-cardoza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pensando flores En diciembre de ese a\u00f1o regres\u00e9 a Cuman\u00e1 a pasar las navidades con mi familia. No hab\u00eda otra opci\u00f3n: las navidades en casa eran sagradas, intocables; ten\u00eda que estar para recibir el a\u00f1o y para las fiestas. Era as\u00ed desde que recordaba y no conoc\u00eda otro modo de celebrarlas. Al volver en enero [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":12500,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12499"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12499"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12499\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15804,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12499\/revisions\/15804"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12500"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12499"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12499"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12499"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}