{"id":12410,"date":"2024-07-22T19:56:40","date_gmt":"2024-07-22T19:56:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12410"},"modified":"2025-05-25T14:56:25","modified_gmt":"2025-05-25T19:26:25","slug":"dos-cuentos-de-lidia-rebrij","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-lidia-rebrij\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Lidia Rebrij"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El dorado vino de tu piel<\/h3>\n\n\n\n<p><em>A la dulc\u00edsima mirada de Elizabeth Gross<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Hac\u00eda ya tantos a\u00f1os que los Hucher viv\u00edan en el pueblo, que si no fuera por las dificultades que a\u00fan ten\u00edan con el idioma se podr\u00eda creer que eran uno de los nuestros. Como a tantos otros, la guerra los hab\u00eda alejado de su pa\u00eds natal, y por un azar de la fortuna Helmer Hucher y su esposa Greta hab\u00edan recalado en nuestra aldea.<\/p>\n\n\n\n<p>El mayor Hucher era voluminoso, con un rostro tan blanco que desde lejos le resaltaba la nariz rojiza y abultada. Sab\u00edamos retazos de su historia: que antes de la invasi\u00f3n hab\u00eda sido el due\u00f1o de grandes f\u00e1bricas textiles que malvendi\u00f3 durante la guerra, y que ahora, convertido en poderoso se\u00f1or rural, viv\u00eda de secretas rentas que le permit\u00edan dedicarse tranquilamente a la \u00fanica pasi\u00f3n de su vida: la cacer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros todav\u00eda \u00e9ramos adolescentes, pero a pesar del tiempo transcurrido recuerdo con precisi\u00f3n sus gestos imperiosos y su corpulenta figura que ten\u00eda algo que inspiraba m\u00e1s aversi\u00f3n que respeto. Se levantaba de madrugada, y cuando nosotros \u00edbamos a apacentar las ovejas \u00e9l ya llevaba horas de marcha en pos de su presa. Volv\u00eda de noche, precedido de sus perros, y tras de s\u00ed se bamboleaban las ensangrentadas p\u00e9rtigas que portaban sus ayudantes, arqueadas por el peso de la macabra carga.Los viejos aldeanos lo recib\u00edan en la taberna y, si la caza hab\u00eda sido buena, \u00e9l los invitaba a una ronda de la cerveza caliente y amarga que yo empec\u00e9 a degustar muchos a\u00f1os despu\u00e9s,cuando de los Hucher ya nadie se acordaba.Pero hoy todav\u00eda soy un adolescente, tengo diecis\u00e9is o diecisiete a\u00f1os cuando mucho, y junto con los muchachos de mi edad miro en silencio al sombr\u00edo cazador atravesar con sus botas embarradas las calles llenas de polvo que lo llevaban de regreso a su casa, mientras lo persegu\u00eda el rastro sanguinolento de aves y piezas mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>El nuestro era un pueblo tranquilo, sin acontecimientos de importancia, que se manten\u00eda desde hac\u00eda siglos igual a s\u00ed mismo. A nadie se le hubiera ocurrido que ten\u00eda que prosperar en ning\u00fan sentido. Nosotros nos limit\u00e1bamos a cuidar de las ovejas, a las que llev\u00e1bamos a pastar no muy lejos de nuestras casas, y mientras ellas iban y ven\u00edan balando ininteligibles canciones, nosotros nos dedic\u00e1bamos a conversar. Discut\u00edamos horas enteras acostados en el prado, con una delgada ca\u00f1ita en la boca, y en nuestras conversaciones, que siempre versaban sobre el mismo tema, las muchachas m\u00e1s bonitas, que eran celosamente vigiladas por sus padres, danzaban semidesnudas ante nuestros ojos codiciosos. Algunos de nosotros \u2013yo entre ellos\u2013 hab\u00edamos probado ya las primicias del sexo. Ciertas incursiones secretas a otros pueblos lejanos hab\u00edan dado como resultado la iniciaci\u00f3n sexual de la flor y nata de nuestro villorrio, y la jactancia \u2013la edad lo justifica\u2013 era una de las maneras con que manten\u00edamos el liderazgo entre los pastores noveles.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lleg\u00e1bamos de regreso, al caer el d\u00eda, los viejos nos miraban pasar desde los altos de la calle. Algunos se sonre\u00edan con malicia, pero, si por casualidad Greta Hucher acertaba a pasar en este momento, todo se volv\u00eda silencio desconfiado y rechazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Greta Hucher era algo m\u00e1s que bella: era una mujer interesante. Parec\u00eda una amazona, de esas que mi padre \u2013que era el maestro del pueblo y que ten\u00eda reputaci\u00f3n de hombre sabio\u2013 me cont\u00f3 que una vez existieron. Era muy alta, muy delgada, y en el rostro blanqu\u00edsimo se engarzaban sus ojos azules como dos zafiros acu\u00e1ticos. Ten\u00eda el cabello lacio, de un color amarillo ceniza, recogido en un sencillo lazo, y su rostro era el m\u00e1s triste del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Greta llevaba toda una vida casada con aquel hombre r\u00fastico y tosco, con el cazador para el cual la muerte era un deporte, con quien arrastraba un matrimonio sin hijos y sin ilusiones. Con frecuencia sal\u00eda a caminar por los acantilados, y yo me preguntaba, al verla tan melanc\u00f3lica, si era que extra\u00f1aba a los bosques, a las monta\u00f1as de su tierra natal. Tambi\u00e9n me daba cuenta que la misma tristeza del paisaje le pon\u00eda un reflejo sombr\u00edo en las pupilas y entonces sus ojos se tornaban m\u00e1s azules que nunca. Pero en el pueblo no la quer\u00edan, tal vez porque era tan distante, tan ausente.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo creo que sab\u00eda tanto de ella para aquel entonces, porque me hab\u00eda enamorado con un amor tumultuoso y lejano, sin asidero, in\u00fatil y absolutamente lleno de dolor, que apenas si fui capaz de confes\u00e1rmelo a m\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La segu\u00eda en sus caminatas muy a lo lejos, para cuidarla, pero tambi\u00e9n para sentir que compart\u00edamos el mismo camino, para tratar de imaginar que nuestros sentimientos eran los mismos ante las mismas cosas, me deten\u00eda donde ella se hab\u00eda detenido, y a veces rozaba con mis dedos el suelo donde ella se hab\u00eda acostado, y de todo aquello vuelve a m\u00ed, atravesando los a\u00f1os, el mismo dolor confuso de un animal herido.<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>Greta Hucher llenaba sus d\u00edas con ocupaciones peque\u00f1as, sin mayor proyecci\u00f3n en el tiempo, sin planificar nada m\u00e1s all\u00e1 de la llegada de la noche. S\u00f3lo sus paseos eran su \u00fanico norte, su \u00fanica constante. Yo hab\u00eda dejado de llevar a pastorear a las ovejas, y mi padre pag\u00f3 en mi lugar a otro pastor.<\/p>\n\n\n\n<p>Aduje cualquier excusa que ya no recuerdo, y entonces pude seguir a Greta a todas partes siempre de lejos, siempre cuidando que no me viera.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no hac\u00eda nada. Apenas si pod\u00eda decirse que transcurr\u00eda. Pero yo la vi muchas veces aquel oto\u00f1o, recostada contra un \u00e1rbol, aferradas sus manos a las rodillas, llorar hasta quedarse exhausta mirando la lejan\u00eda del mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo de lejos tambi\u00e9n lloraba.<\/p>\n\n\n\n<p>V<\/p>\n\n\n\n<p>Raramente ve\u00edamos llegar a un extra\u00f1o, y el arribo de uno que otro viajero constitu\u00eda una novedad que alborotaba a los lugare\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso el d\u00eda en que lleg\u00f3 aquel vendedor ambulante, tan joven y tan risue\u00f1o, tan quemado por el sol, fue todo un acontecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Se baj\u00f3 del polvoriento carromato, y con una sonrisa que abarc\u00f3 a todos los curiosos se encamin\u00f3 entre saludos y presentaciones a la \u00fanica taberna del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dijo que se llamaba Th omas \u2013no recuerdo ahora el apellido\u2013, dijo que vend\u00eda sedas y rasos, camisas y botones, que tra\u00eda peri\u00f3dicos viejos y uno que otro libro, y todo esto lo dec\u00eda acompa\u00f1ado de grandes gestos dirigidos a los presentes, mientras corr\u00eda la primera ronda de cerveza que prometi\u00f3 pagar de su bolsillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando estaba la taberna enardecida con el baile de dos pastores chispeados por el alcohol, yo que estaba dentro, junto a la escalera que llevaba al s\u00f3tano, vi pasar a Greta Hucher, contemplando como siempre el infinito, y vi tambi\u00e9n cuando mir\u00f3 a Thomas, y c\u00f3mo los dos se sobresaltaron al reconocerse, porque yo fui el \u00fanico que siempre supo que ellos dos se conoc\u00edan de antes, de mucho tiempo antes, y fui capaz, tal vez porque estaba tan enamorado, de intuir que \u00e9l era alguien que pod\u00eda entender su lejan\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>VI<\/p>\n\n\n\n<p>Thomas era un hombre extra\u00f1o. El tiempo que estuvo con nosotros, que hoy comprendo claramente que no fue mucho, a m\u00ed me pareci\u00f3 un siglo. Y en ese tiempo nunca lo vi borracho, como se emborrachaban todos los hombres que yo conoc\u00eda, ni tuvo vicio alguno, ni siquiera un l\u00edo de faldas que le fuera atribuido, porque lo que pas\u00f3 entre Greta y \u00e9l nunca se supo a ciencia cierta, y eran todas suposiciones. Al principio se encontraban casualmente, por lo regular en lugares p\u00fablicos: en la plaza, alguna vez en la puerta de la iglesia o en la tienda de v\u00edveres.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi nunca hablaban, se miraban furtivamente, y quiz\u00e1s en alg\u00fan momento \u00e9l la acompa\u00f1\u00f3 siempre en silencio, en largos paseos por los acantilados.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto para m\u00ed constitu\u00eda un verdadero martirio, tan grande que a\u00fan recuerdo esos d\u00edas como si los viera a trav\u00e9s de un vidrio astillado. Fue seguramente para entonces cuando \u00e9l le recordar\u00eda su historia, una historia vulgar de la cual yo me enter\u00e9 por casualidad muchos pero muchos a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca hab\u00eda cumplido nada, ni con \u00e9l mismo ni con nadie, ning\u00fan plan, ning\u00fan proyecto, no ten\u00eda ni siquiera un sue\u00f1o o una idea por cumplir. Viv\u00eda solo, sin ataduras, como un gitano uncido \u00fanicamente a su carromato. Iba de pueblo en pueblo, y a veces se quedaba m\u00e1s en un sitio que en otro, seg\u00fan el capricho de su voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo le dir\u00eda tambi\u00e9n de su pasado, de su padre ferozmente encadenado a la tierra, y de ese destino de labriego \u2013que nunca lleg\u00f3 a cumplir\u2013 que lo esperaba desde toda la vida. Muchas veces, desde la puerta de la taberna, los ve\u00edamos pasar. Yo entend\u00ed que algo malo se estaba gestando cuando vi al viejo Yezael menear la cabeza con desaprobaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa fue la primera se\u00f1al, pero no le hice caso.<\/p>\n\n\n\n<p>VII<\/p>\n\n\n\n<p>Lentamente comenz\u00f3 en Greta un extra\u00f1o proceso de metamorfosis. Era un cambio que no se notaba por fuera, era por dentro, todo por dentro, pero yo me di cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo mejor era que caminaba con mayor viveza, o eran sus ojos, m\u00e1s y m\u00e1s azules, o quiz\u00e1s era simplemente que ya no usaba el lazo que le sujetaba el cabello, \u00a1qui\u00e9n puede decirlo!, hasta pudo haber sido que ya no parec\u00eda te\u00f1ida de color sepia de la cabeza a los pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda sufrir menos, como si ya no extra\u00f1ara tanto a la nieve o a las calles empedradas de su ciudad natal. Y un d\u00eda se me revel\u00f3 ante mis ojos como si la piel se le hubiera tornado dorada, dorada como el mosto liviano que mi madre preparaba con las uvas tempranas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se mostraba como si se hubiera recobrado a s\u00ed misma, como si despu\u00e9s de haberse arrancado tantas cosas hubiera finalmente renunciado a todas, y se hab\u00eda quedado as\u00ed, en carne viva.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo sab\u00eda que a todas, a todas menos a Thomas.<\/p>\n\n\n\n<p>VIII<\/p>\n\n\n\n<p>Ese a\u00f1o la caza estuvo mejor que nunca, y el mayor Helmer no dej\u00f3 un solo d\u00eda de cobrar presas mayores.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si era verdad porque en el fondo yo le ten\u00eda miedo, o quiz\u00e1s porque nunca pude dejar de odiarlo, pero deseaba profundamente que muriera, que se borrara de la tierra la huella sanguinolenta de su paso, y sobre todo que dejara en paz a Greta, porque corr\u00edan rumores \u2013atizados por la mujer que trabajaba en su casa de camarera\u2013 que a su esposa ni la miraba, que ella era otra v\u00edctima suya a la que gustaba someter por la fuerza a oscuras en la noche, en encuentros donde Greta se enfrentaba a todo el horror de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ella, el mundo se hab\u00eda acabado. Ya nada exist\u00eda, hasta el mismo d\u00eda en que apareci\u00f3 Thomas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora la gente murmuraba cuando ellos pasaban sin ver a nadie, enfrascados en conversaciones cada vez m\u00e1s largas, que ampliaban d\u00eda a d\u00eda el radio de sus paseos.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo mejor fue entonces cuando empezaron los amigos del mayor a abrirle los ojos, \u00a1qui\u00e9n sabe!, despu\u00e9s de todo ellos no se ocultaban, todo el mundo pod\u00eda verlos, y ver a Greta, notar su cambio. Yo lo hab\u00eda barruntado desde el primer d\u00eda: ahora que se hab\u00eda sacudido esa tristeza, parec\u00eda un felino, siempre tensa, escuchando y abriendo m\u00e1s los ojos para o\u00edr mejor, y \u00e9l hablando, cont\u00e1ndole de sus viajes, imaginando caravanas del desierto, beduinos, mercaderes y cuenteros que caminaban con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s recuerdo pocas cosas, algunos detalles, aunque todo se precipit\u00f3 tan velozmente que s\u00f3lo pude preocuparme del destino de Greta, que en el fondo era lo \u00fanico que me importaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Supongo que Thomas le contagi\u00f3 sus ganas de vivir (\u00bfacaso hay algo que se propague con mayor rapidez?) y Greta quiso abrir sus alas y batirlas contra el viento. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que todo el pueblo los se\u00f1alaba, y no hab\u00eda ninguna duda de que el mayor Helmer Hucher ya estaba al tanto de lo que suced\u00eda frente a sus propios ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>IX<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana que recuerdo como si me la hubieran marcado en los ojos con un hierro candente, Thomas desapareci\u00f3 junto con su carromato y nunca m\u00e1s se supo de \u00e9l. A nadie pareci\u00f3 importarle. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero yo vi a Greta ese mismo d\u00eda, caminando y hablando sola, la cara llena de verdugones, con un ojo cerrado por los golpes, y sufr\u00ed la inmensa tortura de o\u00edrla llorar durante horas. <\/p>\n\n\n\n<p>Nunca tuve valor para acercarme y consolarla, yo era demasiado joven a\u00fan como para ser fuerte. Y me qued\u00e9 all\u00ed, acompa\u00f1\u00e1ndola distante, hasta que en la noche no pude m\u00e1s y regrese a mi casa.<\/p>\n\n\n\n<p>El mayor Hucher nunca volvi\u00f3 a mencionar el nombre de su esposa y mucho menos el de Thomas. Pero un aire de respetuoso orgullo recorr\u00eda a los viejos cuando llegaba al caer la tarde, con la ropa ensangrentada a beber cerveza y a comer el jam\u00f3n, que colgando desde la vigas del techo, goteaba y resbalaba sobre las mesas desnudas de la oscura taberna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">\u00c9l fue su \u00fanico novio<\/h3>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para Gladys Ochoa el amor era eso: la casa limpia, pulcra, decente, los hijos esmeradamente alimentados por ella, con ansiedad de madre, con cari\u00f1o de madre, con dedicaci\u00f3n de madre, el esposo pulido como la casa, con exigencias de hombre cada tanto (por suerte cada vez menos), el apartamento, el televisor, las facturas por pagar y que se pagan justo a tiempo, una a una, regularmente, alguna amiga, y uno que otro familiar cercano.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta all\u00ed llegaba la generosidad de su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levantaba temprano: \u00abel desayuno todav\u00eda no est\u00e1 preparado, y me parece que hoy no hay leche\u00bb, camina con un vestido lleno de botones por delante: en fila india, blanco este bot\u00f3n, y partido a un costado este otro.<\/p>\n\n\n\n<p>El cabello se le desliza de cualquier manera sobre la cara: \u00ab\u00bfpara qui\u00e9n me voy a arreglar, si \u00e9l no est\u00e1, nunca est\u00e1, o mejor dicho, est\u00e1 y no est\u00e1?\u00bb. Va poniendo las tostadas sobre una bandeja, \u00ab\u00bfd\u00f3nde habr\u00e9 puesto la mantequilla?\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Saca y pone, levanta, arrima, ubica, traslada, ensucia y limpia, mientras trata de no pensar, de no abarcar ese espacio nupcial suyo de esposa abandonada, descuidada, olvidada, relegada y llena \u2014sonri\u00f3 con amargura\u2014 de polvo de olvido. \u00abS\u00ed, eso \u2014me dice\u2014, usted que est\u00e1 escribiendo esta historia, ponga que estoy llena de olvido\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Le sonr\u00edo y escribo su soledad que le deshilacha el ruedo de la bata, que le resalta la pintura descascarada de las u\u00f1as \u2014\u00bbcomo la pintura del techo del ba\u00f1o, que \u00e9l no mira, que \u00e9l no ve, porque entra y sale y no ve nada, no siente nada. Antes sent\u00eda \u2014murmura Gladys detr\u00e1s de una tostada oscura y una mantequilla rancia y amarilla\u2014 \u00bfqu\u00e9 cu\u00e1ndo fue?, fue hace mucho, mucho tiempo, claro. Fue cuando yo ten\u00eda un cuerpo que sent\u00eda, \u00bfque qu\u00e9 sent\u00eda? a \u00e9l, a mi esposo lo sent\u00eda. Ahora ya no, pero hubo un tiempo en que su cuerpo era todo mi mundo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><br>Anoto su posici\u00f3n vencida, sus ojos amarronados, ese aire de ya no gustarse ni a s\u00ed misma, de derrota entre la ropa, aunque est\u00e9 reci\u00e9n comprada, de derrota en la almohada, y en la mirada de los hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus hijos, \u00abs\u00ed, mis hijos, anote eso tambi\u00e9n. A los dos. Los quiero, me quieren, pero no puedo dejar de pensar que soy mam\u00e1dameplata, mam\u00e1c\u00f3mpramesto, mam\u00e1ll\u00e9vame, alc\u00e1nzame\u2014hazme, mam\u00e1pollo, mam\u00e1bistec, mam\u00e1huevofrito, mam\u00e1pl\u00e1nchamel\u00e1vames\u00e9camemam\u00e1mam\u00e1, mam\u00e1, ma\u2026Y yo todav\u00eda me acuerdo cuando eran ni\u00f1os\u00bb. Y ella se acuerda. Se sienta, la mirada perdida, la mano bajo el ment\u00f3n, mam\u00e1 recuerda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAhora es diferente\u00bb. Se levanta y se sacude los cabellos. Algunos le cubren la frente. \u00abAhora es diferente, mire, s\u00f3lo me buscan por necesidad. Aunque\u2026\u00bb perdida, se diluye en explicaciones que se reducen siempre al deshilachado ruedo del vestido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Gladys cierra la puerta, pregunta la hora, acomoda el peri\u00f3dico y quita maquinalmente una hoja seca de una enredadera.<\/p>\n\n\n\n<p>No sabe. \u00abNo s\u00e9, me dice, por qu\u00e9 a veces tengo esta tristeza, esta sensaci\u00f3n de angustia. Si por lo menos \u00e9l\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l que un d\u00eda tuvo un cuerpo que era todo el mundo de ella, se acerca a la puerta, distra\u00eddo, desganado, preocupado, \u00bfotra vez? la interroga mudamente con los ojos, y se desprende de sus manos una sensaci\u00f3n de resiganado cansancio\u2026 s\u00ed, y el \u00abotra vez\u00bb: se le devuelve hecho noticias en las p\u00e1ginas de econom\u00eda, de sucesos, de far\u00e1ndula del peri\u00f3dico.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella lo atisba por encima de los ojos resignados, de s\u00e1banas limpias, de su cuerpo limpio como su mam\u00e1 le hab\u00eda ense\u00f1ado, limpio cada pedazo, cada trozo, que no quede nada, nada sin lavar, sin lavar la vagina, los labios de afuera, los de adentro, el peque\u00f1o trozo de carne que resguarda el cl\u00edtoris, limpio el vello del pubis, el tajo de las nalgas, limpios los senos, los pezones, las axilas, limpias las orejas, los l\u00f3bulos, y los agujeros de los l\u00f3bulos limpios con una aguja que los limpia de la suciedad de los zarcillos, limpia, as\u00ed, con olor a limpia, nada que recuerde a un animal, limpia y casta, cast\u00edsima, disimulando hasta el momento de la rendici\u00f3n final, de la ca\u00edda, cualquier deseo malsano, cualquier llamado del cuerpo, cualquier latido de los sentidos, cualquier cosa que haga pensar en una fiera que acecha al menor movimiento del hombre, as\u00ed, disimula, disimula y recuerda que \u00abeso\u00bb se hace siempre de la misma manera, nada de cosa raras, ni de besos raros, acu\u00e9rdate del Pecado, del pEcado, del peCado, del\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Gladys se acuerda del pecado y de su madre, y por eso le pone velas, \u00abpobrecita, ya tiene cuatro a\u00f1os de muerta, agradecida es que estoy, s\u00ed, claro que ella me ense\u00f1\u00f3 eso, que el pecado y el amor no van juntos, por eso y por todo le estoy tan agradecida\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMire, ponga por favor que mam\u00e1 mur\u00edo de c\u00e1ncer de \u00fatero, despu\u00e9s de haber sufrido tanto, despu\u00e9s de haberla cuidado yo tanto, despu\u00e9s de haberle rogado a Jos\u00e9 Gregorio, pero qu\u00e9 se le va a hacer, se muri\u00f3\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre de Gladys se dirige frente al espejo, y le habla a Gladys\u2014ni\u00f1a, \u00abel calor de los hombres le quita la juventud a la mujer. Por eso no quiero que bailes con ellos, no te les acerques mucho\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Gladys, que por aquel entonces ten\u00eda los ojos \u00abas\u00ed de grandes, no como ahora, que se me cayeron los p\u00e1rpados y me llen\u00e9 de patas de gallo\u00bb, asent\u00eda en silencio, la escuchaba en silencio, la adoraba en silencio, como am\u00f3 en silencio al se\u00f1or Ochoa, Eugenio Omar Ochoa desde el d\u00eda en que lo vio. Lo vio y lo mir\u00f3 en silencio. A su lado, la mam\u00e1 severa, la miraba. Ese fue otro d\u00eda m\u00e1s que la acerc\u00f3 a la muerte que despu\u00e9s le sobrevendr\u00eda, cruenta y dolorosa: \u00aben el \u00fatero, s\u00ed, usted sabe, fue todo tan terrible\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la mam\u00e1 de Gladys de todos modos se muri\u00f3, y ahora le pone velas todas las noches, porque se acuerda de sus consejos, y le agradece \u00abdesde el fondo de mi coraz\u00f3n todo lo que por m\u00ed hizo. Eso s\u00ed, nunca me dejaba salir. Me cuidaba. No tampoco fui a la escuela, sexto grado s\u00ed, pero el resto fue aprender a lavar, a planchar, a cocinar, a zurcir\u00bb, a esperar todas las tardes al se\u00f1or Eugenio Omar Ochoa, que por aquel entonces, cuando Gladys ten\u00eda doce, trece, catorce, quince a\u00f1os, ya ten\u00eda los veinte, veintiuno, veintid\u00f3s, veintitr\u00e9s, y ten\u00eda un empleo, y ganas de conseguirse una mujer, alguien que lo ayudara con la tienda que pensaba montar, cuando lagrara reunir, cuando pudiera juntar, cuando alcanzara\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mont\u00f3, logr\u00f3 reunir, junt\u00f3 y alcanz\u00f3 no s\u00f3lo para la tienda, sino tambi\u00e9n para este bienestar que los rodea de videos, de carros nuevos cada dos o tres a\u00f1os, de buen apartamento (propio, claro), de buena ropa, de buen colegio para los hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1Ah!, los hijos, ponga, ponga que yo los quiero y que me quieren\u00bb. S\u00ed, se\u00f1or Ochoa. Eugenio Omar Ochoa quiere y es querido por sus hijos, \u00abpero sabe usted, a veces siento que no est\u00e1n muy cerca de m\u00ed, claro, es otra \u00e9poca. A su edad, yo estaba muy pegado a mi padre, adoraba a mi madre y visitaba a mis abuelos. Pero la juventud\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>La juventud del se\u00f1or Ochoa se fue hace rato, junto con los \u00faltimos mechones negros de su cabello. Ahora, un canoso matizado con risos oscuros sobrelleva una cabeza repleta de n\u00fameros, de compro y tengo, doy y retengo, resta tanto, existe tanto, tanto, tanto que se le olvida a veces que una vez quiso, cuando era ni\u00f1o, hacerse unas alas de cera para volar por el corral. Se rompi\u00f3 las dos piernas, por eso le qued\u00f3 la cojera, \u00bfno?, pero \u00bfah!, fue todo tan m\u00e1gico. La madre del se\u00f1o Eugenio Omar Ochoa muri\u00f3 despu\u00e9s del accidente. Pero ahora se le acerca despacio y apoya, preocupada, una mano leve sobre la frente febril del hijo. Eugenio\u2014ni\u00f1o se queja d\u00e9bilmente, el padre entre furioso y alterado va y viene por el cuarto.<\/p>\n\n\n\n<p>Su esposa, la madre de Eugenio Omar, lo quiso siempre, lo am\u00f3 siempre, y se muri\u00f3 mirando a su marido.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, el se\u00f1or Eugenio Omar quiere un amor as\u00ed, et\u00e9reo, casi inconsistente, como aquella mano ligera que le acariciaba la frente. Su esposa deb\u00eda ser eso, porque para \u00ablo otro\u00bb estaba las otras mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Como Maragarita, como Esmeralda, como las chicas que hab\u00eda conocido hace un tiempo, y ellas, bueno, ellas ten\u00edan unas grupas grandes, una piel dorada que le provocaban una sensaci\u00f3n oscura que lo sacud\u00eda cuando las volteaba sobre los lechos con s\u00e1banas siempre olorosas a jab\u00f3n barato, con el perfume a palitos de incienso que \u00e9l respiraba a grandes bocanadas, \u00abdespu\u00e9s, despu\u00e9s\u00bb, despu\u00e9s de todas las veces que todav\u00eda pod\u00eda, que todav\u00eda llegaba a sentir, a convertirse en ese animal jadeante, abraz\u00e1ndose a tanta carne indefensa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abPero con Gladys no. Por favor. \u00a1Si usted supiera! Gladys es una santa, qu\u00e9 se le va a hacer, la mam\u00e1, mi suegra, que Dios la tenga en la gloria, la cri\u00f3 as\u00ed, que los hombres le quitaban la juventud a las mujeres y no s\u00e9 cu\u00e1ntas tonter\u00edas m\u00e1s sobre el pecado y otros cuentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que Gladys se lo crey\u00f3, y bueno, ahora yo tambi\u00e9n creo que es mejor as\u00ed, despu\u00e9s de todo, Gladys es una se\u00f1ora, s\u00ed, mi se\u00f1ora, mi esposa, mi mujer, nos casamos por la Iglesia, mire esta es la foto del matrimonio, el ni\u00f1ito de aqu\u00ed, el que est\u00e1 al lado de Gladys se muri\u00f3 de una meningitis fulminante al d\u00eda siguiente de la boda. Nosotros nos volvimos de la luna de miel, era mi primo, \u00a1el pobrecito!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Gladys se acerca al espejo, se suelta las peinetas que le retienen el cabello a los costados, se desabotona despacio el vestido, un bot\u00f3n despu\u00e9s de otro, este blanco, este roto en un costado, uno a uno, se lo quita y lo deja caer al suelo, se quita el corpi\u00f1o, mira los pechos albos, limpios, relucientes como peras frotadas con un pa\u00f1o, se quita el \u00faltimo reducto de su pudor siempre renovado. Se queda desnuda, desnuda frente al espejo, y se mira, todav\u00eda se est\u00e1 mirando cuando entr\u00f3 al cuarto la hija, la menor de los dos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mam\u00e1. Ella voltea el rostro cuajado de l\u00e1grimas, y se ve en su hija, cuando ten\u00eda doce, trece, catorce, quince a\u00f1os, y se ve mirando a su madre frente al espejo, y entonces gravemente, le dice: \u00abhija m\u00eda, \u00bfsabes?, cuando yo ten\u00eda tu edad, mi madre, tu abuela, me ense\u00f1\u00f3\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u00bb y yo, con toda diligencia, escribo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lidia-rebrij\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*C\u00e9sar Prieto, Paisaje (detalle)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El dorado vino de tu piel A la dulc\u00edsima mirada de Elizabeth Gross I Hac\u00eda ya tantos a\u00f1os que los Hucher viv\u00edan en el pueblo, que si no fuera por las dificultades que a\u00fan ten\u00edan con el idioma se podr\u00eda creer que eran uno de los nuestros. 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