{"id":12372,"date":"2024-07-16T20:52:59","date_gmt":"2024-07-16T20:52:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12372"},"modified":"2024-07-16T21:32:37","modified_gmt":"2024-07-16T21:32:37","slug":"dos-cuentos-de-jose-luis-mendez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-jose-luis-mendez\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Jos\u00e9 Luis M\u00e9ndez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El desahuciador<\/h3>\n\n\n\n<p>Lo hac\u00eda lentamente con la intenci\u00f3n de recordar sus puertas. Subir por las escaleras de aquel viejo edificio reconociendo de vez en cuando en sus pasamanos de madera otros cubiertos por el roce de tactos invisibles y dedos infinitos junto a aquel olor a fresco y a rancio casi al mismo tiempo, proveniente de los tempraneros preparativos del almuerzo a esa hora de la ma\u00f1ana, me trajo, mientras escalaba cada pelda\u00f1o o flotaba sobre ellos, no estoy seguro, alguna sobrevenida fotograf\u00eda de mi ni\u00f1ez abandonada en la memoria. Una sensaci\u00f3n de estar en casa sin estarlo, de seguridad y familiaridad con sus paredes y con sus gentes, de estar viendo a mi madre en la cocina con su mandil amarillo de cuadros, de ser transportado por unos segundos a otro mundo interior y m\u00e1s reservado que apenas recordaba, que se confund\u00eda con este de ahora tan similar no s\u00e9 si a la realidad o a la apariencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los de la planta baja no estaban. Me lo advirti\u00f3 la conserje mientras barr\u00eda, al verme tocar la puerta del \u00fanico apartamento que parec\u00eda ocuparla (el de la conserjer\u00eda, m\u00e1s peque\u00f1o, se mov\u00eda a la vista bajo la sombra de las escaleras). No entend\u00ed bien lo que me murmull\u00f3 sobre que hab\u00edan salido a no s\u00e9 d\u00f3nde o a atender una emergencia a mi casa o a la de un pariente cercano o algo as\u00ed. Tuve la impresi\u00f3n como si fuese el espectador de una pel\u00edcula muda de que no era lo que me dec\u00eda o la expresi\u00f3n de su cara lo que me aturd\u00eda, sino el movimiento de sus labios al hablarme. Era una se\u00f1ora de mediana edad que, al principio, cuando la vi, me pareci\u00f3 conocida o por lo menos eso hubiera jurado ante un notario, de no ser porque esa otra persona hab\u00eda muerto hace a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Los del 1A tardaron un poco en abrirme, a diferencia de los del 1B que lo hicieron antes de que llegara y me encontrara dentro de aquel piso vacio y la ni\u00f1a que lloraba, pienso que por m\u00ed, en medio de una habitaci\u00f3n ba\u00f1ada por la claridad de una ventana abierta, antes de desaparecer o de creerla conmigo recogiendo moras en la aldea de mi abuela, porque era a ella, no pod\u00eda equivocarme, a quien hab\u00eda confundido con alguien que vi antes de entrar o tal vez al bajar contactando a los inquilinos. Una mujer m\u00e1s bien joven se par\u00f3 frente a mi como si fuera otra puerta cerrada, solo que est\u00e1 vez me dio toda la informaci\u00f3n sin resistencia. Estaba conforme con la indemnizaci\u00f3n que le ofrec\u00eda la compa\u00f1\u00eda por echarla de all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo segu\u00ed dejando notificaciones pegadas a las puertas o debajo de ellas. Un se\u00f1or del tercero que no la ten\u00eda abierta ni cerrada, sin ojos que me vieran, al que no pude identificar, bastante mayor como para ser mi padre, pero sin ser un anciano, y que ten\u00eda tiempo esperando por alguien que hab\u00eda sido su hijo, seg\u00fan me confes\u00f3, o que se parec\u00eda a uno que tuvo, me dijo hola por error. Entretanto, yo le daba explicaciones sin lograr interesarlo y sin que me pusiera atenci\u00f3n. Solo deseaba contarme su historia y hablar de s\u00ed mismo. No ten\u00eda con quien desde que cerr\u00f3 el bar de la esquina y se muri\u00f3 Segundo, el relojero que llevaba el tiempo, tres casas m\u00e1s arriba. Al final de la conversaci\u00f3n me pregunt\u00f3 cuando vendr\u00eda de nuevo a visitarlo; fue cuando me di cuenta de que no hab\u00eda puertas en su interior como tampoco al entrar, cuando cre\u00ed que estaba llamando a la suya y me equivoqu\u00e9 porque era a la de enfrente donde lo hab\u00eda hecho por error. Me asombr\u00f3 que me llamara por mi nombre, antes de conocerme, aunque no me extra\u00f1\u00f3. Todo era muy confuso y, a la vez, tan real.<\/p>\n\n\n\n<p>En el 2B pude ver a mi t\u00eda de refil\u00f3n, cuando una jovencita que se perec\u00eda a mi prima Eugenia me atendi\u00f3 desde la entrada sin dejarme pasar, justo donde una alfombra de esas peque\u00f1as para limpiarse las suelas de los zapatos o dejar el polvo del camino ofrec\u00eda su recibimiento con un \u201cBienvenidos\u201d justo a mis pies y se pod\u00edan sentir a\u00fan las pisadas de otros. Como no me reconoci\u00f3 decid\u00ed que no era ella, y que tampoco le entregar\u00eda la nota de desahucio. Cuando estuviera sola le dir\u00eda a mi t\u00eda que se fuera de all\u00ed sin que la vieran. Me hice el desentendido y le respond\u00ed a la que no era la hija de mi t\u00eda, a su impostora, que yo era el cartero, pero que en esta ocasi\u00f3n no tra\u00eda noticias de ninguno de sus dos novios. Decid\u00ed alejarme antes de que me descubriera.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cuarto piso, el \u00faltimo, viv\u00eda una sola persona en los dos apartamentos y por eso hab\u00eda una sola puerta en lugar de dos. As\u00ed, todo se hac\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil. Entr\u00e9 sin tocar, no s\u00e9 c\u00f3mo. Delante de m\u00ed se abr\u00eda un espacio amplio, un sal\u00f3n quiz\u00e1, con algunas colillas y rastros de gente lejana. Al parecer no hab\u00eda nadie. Escuch\u00e9 cerca de m\u00ed, viniendo del pasillo exterior, una voz que me buscaba. Era la conserje, avis\u00e1ndome que fuera al bajo de prisa porque el due\u00f1o acababa de llegar y deb\u00eda marcharse de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegu\u00e9, bajando las escaleras a toda velocidad, atraves\u00e9 la entrada y no vi a nadie esper\u00e1ndome. Dentro del cuarto al que me dirig\u00ed sin equivocarme como si fuera el m\u00edo o lo conociera de siempre, hab\u00eda un lecho y sobre \u00e9l pude observar el cuerpo de un hombre que estaba muerto o aparentaba estarlo mientras descansaba. A su lado, pod\u00eda percibirse la huella con la forma que dejaron el peso y las arrugas, todav\u00eda calientes sobre la s\u00e1bana, de otro que ya no estaba. El hombre se irgui\u00f3 de repente mirando hacia la pared y d\u00e1ndome la espalda. No pude verle el rostro. Se parec\u00eda sin embargo a m\u00ed, all\u00ed, sentado en esa cama, palpando con su mano el lado vac\u00edo como si buscara otra mano o a alguien. Yo intentaba decirle que no era su culpa, pero no me o\u00eda. No me sal\u00eda la voz, tampoco la lengua o las palabras. Era presa de un ataque de angustia y de remordimientos que me asfixiaba, me imped\u00eda coger aire y me hac\u00eda sentir dentro de un oscuro pozo con agua en el que me ahogaba. Fue cuando se dio la vuelta y me escrut\u00f3 con aquellos ojos en los cuales reconoc\u00ed los m\u00edos llenos de miedo y de presagios; porque era yo quien estaba sentado sobre ella, acariciando con la mano la s\u00e1bana del otro lado de la cama cuando escuch\u00e9 aquella voz que me dec\u00eda: \u00a1Despi\u00e9rtate! El \u00fanico desahucio que queda por hacer es el tuyo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>La cortina<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Desde que empez\u00f3 a usar de nuevo aquel viejo cuarto de ba\u00f1o situado en la planta alta de la casa y al que ya nadie iba, forzada por la circunstancia de que el principal construido como un anexo de su habitaci\u00f3n lo estaban reparando y solamente se pod\u00eda utilizar la ducha, una extra\u00f1a sensaci\u00f3n de angustia e incertidumbre ante lo desconocido, que hab\u00eda ido creciendo hasta convertirse en un temor inexplicable con el paso de las horas y los d\u00edas, se hab\u00eda venido apoderando de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s raro es que solo le suced\u00eda cuando estaba en su interior y nunca antes de entrar y de mirar hacia donde estaba aquella cortina siempre cerrada, de pared a pared, con su color violeta y tonalidades blancas y gris\u00e1ceas comprada de oportunidad, meses atr\u00e1s, en un almac\u00e9n del ramo. Tan pronto sal\u00eda de all\u00ed aquella sensaci\u00f3n de intimidaci\u00f3n y de frio inexplicable se iba borrando poco a poco hasta desaparecer. Durante el resto del d\u00eda mientras andaba por la casa entretenida en alguna labor lo olvidaba por completo; era como si hubiera perdido la memoria. Solo cuando las ganas de ir al ba\u00f1o la empujaban hasta el sitio casi siempre hacia el final de la tarde o antes de acostarse reaparec\u00eda para apoderarse de ella poco a poco. Dicha circunstancia, que trataba de evitar hasta que ya no pod\u00eda aguantar m\u00e1s, se estaba haciendo habitual y convirti\u00e9ndose en un problema. Lo que no pod\u00eda entender era que el cuerpo, su cuerpo, no encendiese antes de entrar en aquel ba\u00f1o una luz roja, una especie de alarma en su cabeza que la previniera, que al menos la advirtiera para estar preparada, de que se dirig\u00eda a un rinc\u00f3n de la casa donde un miedo absurdo, tonto y sin fundamento racional la esperaba para intimidarla. \u00bfPor qu\u00e9 su cerebro no se lo recordaba cuando necesitaba hacer pis o, bien, mientras caminaba hacia el lugar desde su habitaci\u00f3n, desde la cocina o desde cualquier otra parte de la casa donde se encontrara? \u00bfPor qu\u00e9 no se lo advert\u00eda como s\u00ed lo hac\u00eda con aquella puerta del patio del vecino de su abuela que acostumbraba estar entreabierta cada vez que la visitaban en el pueblo los fines de semana? Acababa de cumplir ocho a\u00f1os cuando le ocurri\u00f3 y a\u00fan lo llevaba consigo como si estuviese grabado en su memoria, adem\u00e1s de en un brazo, donde aquel perro enorme de pelaje oscuro le hab\u00eda dejado una peque\u00f1a marca que al d\u00eda de hoy se hab\u00eda vuelto casi invisible e indetectable para otros ojos que no fueran los suyos, pero que ella mostraba con m\u00e1s orgullo que verg\u00fcenza cuando alguien le preguntaba por la causa de ese terror cerval que la invad\u00eda tan pronto escuchaba un ladrido. Un pavor que la hac\u00eda ser cautelosa al caminar por alguna calle del vecindario y la inmovilizaba cuando ve\u00eda un perro, aunque fuera de lejos. En realidad, no estaba segura de s\u00ed era al animal al que le ten\u00eda aversi\u00f3n o era m\u00e1s bien a las puertas a medio abrir o a medio cerrar, \u00bfqui\u00e9n es capaz de notar la diferencia?, por las cuales pod\u00eda aparecer s\u00fabitamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de levantarse del inodoro y de subirse la braga, dirigi\u00f3 su mirada mientras se lavaba las manos hacia su derecha, donde se encontraba la cortina desplegada como un tel\u00f3n de fondo que ocultaba el \u00e1rea de la ba\u00f1era del resto del espacio conformado por un bid\u00e9, un lavabo de mesa con jofaina, hecha un material parecido al m\u00e1rmol del que solo era un remedo barato, y por el excusado de porcelana donde acababa de estar sentada. Este \u00faltimo tan pegado a la cortina que pod\u00eda cuando estaba sobre \u00e9l rozarla con su rodilla o palparla con sus manos si lo deseara. Pero no lo deseaba y no la toc\u00f3, como tampoco lo intent\u00f3 esta ma\u00f1ana m\u00e1s temprano. \u00bfPor qu\u00e9 no lo hac\u00eda? \u00bfPor qu\u00e9 no se atrev\u00eda? La cortina estaba all\u00ed, fue ella quien la hab\u00eda escogido en la tienda y la hab\u00eda colgado, y con ganas o sin ellas, al igual que se muerde una manzana sin tener hambre, le bastaba con mover una extremidad para sentir la aspereza o suavidad de la mezcla de tela y de pl\u00e1stico con la que estaba confeccionada, o bien para correrla y descubrir que no hab\u00eda nada intimidante detr\u00e1s de ella; pero ni siquiera lo intentaba, era como si una fuerza incontrolable la inmovilizara.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde donde se hallaba ahora de pie, frente al espejo, a menos de dos metros de distancia de aquella est\u00e1tica cortina que parec\u00eda estarla observando y ret\u00e1ndola, repar\u00f3 en que debi\u00f3 haberlo hecho desde el primer momento en que entr\u00f3 a ese ba\u00f1o que estaba en desuso desde hac\u00eda tiempo y un susurro interior la inst\u00f3 a plantearse, a preguntarse m\u00e1s bien, no sin algo de desconcierto al principio, ante aquella mampara extendida de un lado al otro que le imped\u00eda ver m\u00e1s all\u00e1 de ella \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda si se le ocurriese abrirla?, \u00bfhabr\u00eda alguien aguard\u00e1ndola?, \u00bfse encontrar\u00eda con algo tenebroso detr\u00e1s, en lugar de una simple ba\u00f1era vac\u00eda?, \u00bfo en verdad cre\u00eda que pod\u00eda haber del otro lado algo distinto a lo que conoc\u00eda y que no era un simple temor irracional e infantil el que no la dejaba mirar? Ignoraba cu\u00e1l era la causa que la conduc\u00eda a pensar, aunque fuera de forma pasajera e impertinente y a sabiendas de que era una suposici\u00f3n sin sentido, que algo desconocido o inesperado pod\u00eda estarse ocultando del otro lado, acech\u00e1ndola, esper\u00e1ndola, con el \u00fanico prop\u00f3sito de amenazarla y de aterrorizarla sin raz\u00f3n alguna. Pero no lo hizo esa primera vez que entr\u00f3 ni tampoco la segunda, la tercera o las siguientes, cuando la misma interrogante, aquella duda insidiosa, la confront\u00f3 de nuevo estando all\u00ed, sin saber que el miedo a descorrer la cortina a\u00fan no se hab\u00eda convertido en p\u00e1nico. Ahora, ya era muy tarde y ten\u00eda tanto acumulado que no se atrev\u00eda, ni siquiera con la punta de los dedos, a rozarla. Un presentimiento clandestino, un impulso instintivo de cobard\u00eda enfermiza la deten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Sali\u00f3 de all\u00ed, empujada por esa prisa que produce el susto repentino cuando recorre el cuerpo en forma de escalofr\u00edo, revestida con la intenci\u00f3n como lo hac\u00eda siempre de no darle m\u00e1s importancia a aquello de la que realmente cab\u00eda y conform\u00e1ndose con la idea de que se trataba de una tonter\u00eda que se le pasar\u00eda, tal vez en un rato, ma\u00f1ana, o la semana entrante cuando su otro cuarto de ba\u00f1o estuviese por fin arreglado y funcionando por completo. Hab\u00eda dado apenas unos pasos por el corredor luego de echar la puerta hacia atr\u00e1s con un ligero codazo sin atreverse a verla cuando, a diferencia de ocasiones anteriores en las que se deshac\u00eda de su fobia hundi\u00e9ndola en el olvido m\u00e1s profundo que permit\u00eda el instante, se dio la vuelta con determinaci\u00f3n y mir\u00f3 hacia la puerta que crey\u00f3 haber cerrado y que ahora se mostraba entornada.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, camin\u00f3 hacia ella y volvi\u00f3 a traspasarla decidida a enfrentarse a aquella cortina que la perturbaba, que la estaba aguardando desde hac\u00eda tiempo, y a aquellos ladridos que sonaban a lo lejos, que desde ni\u00f1a la paralizaban, y que ahora pod\u00eda escuchar tan pr\u00f3ximos y cercanos.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-luis-mendez-la-fuente\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El desahuciador Lo hac\u00eda lentamente con la intenci\u00f3n de recordar sus puertas. 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