{"id":12312,"date":"2024-07-08T18:34:22","date_gmt":"2024-07-08T18:34:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12312"},"modified":"2024-07-23T20:32:24","modified_gmt":"2024-07-23T20:32:24","slug":"cuentos-de-osman-aranguibel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-osman-aranguibel\/","title":{"rendered":"Cuentos de Osm\u00e1n Aranguibel"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La suerte echada<\/h3>\n\n\n\n<p><em>A Manuel Ferm\u00edn y Luis Aliare Salazar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando descend\u00eda del autom\u00f3vil, en la avenida norte del nuevo cementerio, o\u00ed que desde la terraza contigua, cubierta de grama, una voz urgida me llamaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Era \u00c1ngela, apenas separada del grupo que ofrec\u00eda la despedida final a su esposo y compa\u00f1ero, mi camarada de siempre Enrique Astudillo. El quebranto que emanaba de su palidez profunda era acentuado por el sobrio conjunto negro. Ten\u00eda un peque\u00f1o cuaderno en las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sergio \u2014me dijo\u2014, lee por favor algunos de sus versos antes de descenderlo.<\/p>\n\n\n\n<p>El fin de la ma\u00f1ana era arrastrado por tenue brisa. La luminosidad sin mancha que cincelaba los rostros ca\u00eda sosegada sobre los verdores circundantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Abr\u00ed en las primeras p\u00e1ginas y reconoc\u00ed de improviso, sin recuperarme a\u00fan de la inesperada exigencia, varios de los poemas \u2014tres o cuatro\u2014 que en varias ocasiones hab\u00edamos celebrado y compartido. Estaban escritos a l\u00e1piz, de su pu\u00f1o y letra, en ese volumen amable en el que cada pieza constitu\u00eda la primera versi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique siempre hab\u00eda sido as\u00ed, del mismo modo como le gustaba conservar las creaciones de su imaginaci\u00f3n, a las cuales por lo dem\u00e1s s\u00f3lo conced\u00eda la importancia que para su fuero interno pudieran tener\u2026 Era la primera versi\u00f3n de la autenticidad. Sincero y consecuente consigo mismo, comedido, tolerante, firme y claro en su actitud frente al mundo, o con el mundo, para mejor decir. Eso era lo que le permit\u00eda \u2014y jam\u00e1s se ocup\u00f3 de advertirlo\u2014 ser una persona de m\u00faltiples amistades, algunas muy s\u00f3lidas, como la del grupo en el que pr\u00e1cticamente nos formamos. Detuve mi vista en las estrofas inconfundibles que \u00e9l dedicara a nuestro maestro com\u00fan don Neptal\u00ed Bencomo y que por todo lo alto bautiz\u00e1ramos en la vieja taberna \u201cSanta Ana\u201d, donde sol\u00edamos reunirnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un torbellino de im\u00e1genes en flash redobl\u00f3 la carga emocional que me estaba sacudiendo\u2026 Porque aquellos no eran unos versos solamente sino el himno de nuestra generaci\u00f3n; el documento que recog\u00eda la circunstancia de nuestras propias vidas. La de \u00e9l, la m\u00eda y las de los dem\u00e1s compa\u00f1eros que una ma\u00f1ana de noviembre partimos del pueblo \u2014ilusionados, anhelantes\u2014 a buscarnos un puesto de lucha, que solo en la gran ciudad pod\u00edamos obtener, para formarnos y llenar nuestros sue\u00f1os adolescentes\u2026 Reconstru\u00ed autom\u00e1ticamente la hilera de muchachos, sentados sobre sillas plegables, en la Inspector\u00eda de Educaci\u00f3n. \u00c9ramos los que hab\u00edamos logrado aprobar el examen de selecci\u00f3n para optar a diecisiete becas p\u00fablicas\u2026 \u201cUsted, usted, usted\u2026 \u2014hasta completar los siete primeros\u2014 van para Caracas. Usted, usted\u2026 \u2014hasta seis\u2014 para Rubio. Usted, usted\u2026 \u2014hasta cuatro\u2014 para El M\u00e1caro\u201d\u2026 Enrique Astudillo, Leopoldo Brice\u00f1o, Homero C\u00e1rdenas, Jos\u00e9 de Jes\u00fas Araujo, Heriberto Linares, Eutimio Gonz\u00e1lez y yo est\u00e1bamos acomodados del primero al s\u00e9ptimo puesto\u2026 Nuestros destinos echados a la suerte\u2026 Sin p\u00e9rdida de tiempo, sellamos alborozados en aquel mismo momento la m\u00e1s grande camarader\u00eda, con un apret\u00f3n de manos que ya nunca nada podr\u00eda deshacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed que se me bloqueaba la garganta y observ\u00e9, sin poderlo evitar, que los versos ondulaban, como si estuvieran flotando en un oleaje. Levant\u00e9 la mirada hacia el silencio expectante. Y all\u00ed, a muy contados pasos, fui a dar de lleno con la expresi\u00f3n conmovida de Leopoldo Brice\u00f1o, y de Homero C\u00e1rdenas, un poco m\u00e1s distante, que se apoyaba en el hombro de su hermana Clarisa. En la segunda o la tercera fila se hallaba cabizbajo Chuy Araujo\u2026 De un costado emergi\u00f3 de repente Heriberto Linares \u2014tal vez al descubrir mi inhibici\u00f3n\u2014, se coloc\u00f3 al borde de la fosa abierta y empez\u00f3 a decir unas palabras que recog\u00edan casi en un todo mis pensamientos y recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p>Heriberto hablaba pausadamente, con soltura y suavidad. No se ocultaban, ni aunque \u00e9l se lo hubiera propuesto, sus dotes de f\u00e1cil orador, cultivadas desde mucho antes de graduarse de abogado, incluso desde el propio internado donde estudiamos cuatro a\u00f1os y nos recibimos de maestros\u2026 Yo detallaba sus gestos, atildados, serenos, y casi pod\u00eda o\u00edr rediviva la sentencia de Enrique: \u201cEste va a llegar a ser presidente o por lo menos ministro. Tiene todo el empaque\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo hab\u00eda dicho en el lejano internado, del que tanto recibimos; donde debimos esforzarnos, pero a cambio del ambiente m\u00e1s estupendo y los m\u00e1s felices d\u00edas de nuestras vidas\u2026 Fue en realidad la primera casa ordenada que tuvimos. En ella, Heriberto, con el porte de Gait\u00e1n, al que sab\u00eda sacar partido, se hizo l\u00edder de fuste. Enrique era el poeta, con el bigote y la calva que tanto lo asemejaban a Mart\u00ed. Leopoldo \u2014catire, ojos verdosos\u2014 cobr\u00f3 fama como el mejor auxiliar de enfermer\u00eda, no se sabe si por su verdadera vocaci\u00f3n, que fue la medicina, o por los hoyuelitos en las mejillas y la cadencia en el andar de Esperanza la enfermera. Homero se convirti\u00f3 en el comunicador por excelencia; un periodista nato que estuvo metido siempre en cuantas publicaciones fueron hechas y hasta en las transmisiones diarias que se efectuaban a trav\u00e9s de los equipos de sonido. Chuy no pod\u00eda ver un bal\u00f3n, un guante o un plinto de saltar y eso lo llev\u00f3 directamente a ser uno de nuestros mejores atletas, con participaci\u00f3n incluso en competencias nacionales. A Eutimio lo llamaban \u201crat\u00f3n de biblioteca\u201d, porque se la pasaba en la sala de lectura revisando y acomodando libros, que ha debido servirle de mucho porque lleg\u00f3 a ser un buen profesional de la bibliotecolog\u00eda. Yo, siempre tuve debilidad por la m\u00fasica y todo el mundo sabe que tambi\u00e9n por la escritura. Pertenec\u00eda, sin mengua de tiempo libre alguno, al orfe\u00f3n y al conjunto musical.<\/p>\n\n\n\n<p>Cargaba conmigo tan frescos nuestros d\u00edas de estudiantes y nuestras tardes y noches de tertulias, que hasta pod\u00eda \u2014como efectivamente lo iba haciendo\u2014 llevar aparejadas las escenas en mudo de los contrapunteos, del intercambio de vivencias, de los torneos de an\u00e9cdotas con la oraci\u00f3n, sencilla y hermosa, del querido compa\u00f1ero jurista\u2026 Cuando hizo referencia a los hijos y a la devoci\u00f3n de Enrique por los suyos, tuve delante de m\u00ed todas las incidencias del recital que un d\u00eda s\u00e1bado arm\u00e1ramos inopinadamente, con los poemas que cada quien pudo recordar, ajenos casi todos y propios algunos, dedicados a los ni\u00f1os del mundo. La idea hab\u00eda partido en propiedad de Leopoldo Brice\u00f1o, que andaba orondo entonces, porque su mujer Elizabeth hab\u00eda alumbrado un varoncito. \u00c9l no era exactamente hombre de letras, pero le gustaban mucho los versos y su memoria privilegiada le permit\u00eda almacenar un nutrido repertorio de las m\u00e1s diversas \u00e9pocas y escuelas. Aquella vez lo prob\u00f3 con maestr\u00eda y desenvoltura, al recitar seis o siete composiciones de \u00f3ptima calidad, \u201caunque \u00fanicamente \u2014lo dec\u00eda a cada instante\u2014 por razones de afici\u00f3n\u201d\u2026 Elizabeth s\u00ed hab\u00eda estudiado literatura y daba clases. Esta actividad profesional, que les era com\u00fan, los hac\u00eda entrelazar m\u00e1s a fondo sus mundos. Leopoldo ense\u00f1aba en la Escuela Nacional de Enfermeras, hasta el momento del absurdo y doloroso accidente que sufriera. Tan similar al del propio Enrique, salvo en que ocurri\u00f3 pasados once meses.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa desgracia de Leopoldo qued\u00f3 registrada en todos los peri\u00f3dicos. A\u00fan en estos d\u00edas aparecieron comentarios referentes al proceso de los dos asesinos. Los que aquella tarde lo abalearon en la carretera Lara-Zulia, para despojarlo de su cartera y algunas otras pertenencias, cuando descendi\u00f3 del veh\u00edculo a reparar un neum\u00e1tico roto. Las tres heridas que recibi\u00f3 fueron mortales. Todo delante de Elizabeth y sus dos ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El no hizo ninguna resistencia. Por el contrario, les implor\u00f3 a sus victimarios que no le fueran a causar da\u00f1o f\u00edsico, ni a \u00e9l ni a su familia. Una reacci\u00f3n pasiva que hab\u00eda sido siempre aconsejada por el mismo Enrique\u2026 Muy distinta de la que tuvo Chuy un par de a\u00f1os despu\u00e9s, cuando fue atracado frente a su residencia, a las diez de la noche aproximadamente. Chuy repeli\u00f3 la agresi\u00f3n con prontitud y, aun con dos balas en el pecho que le quitaban la vida, alcanz\u00f3 a disparar al tanque de gasolina de la moto y \u00e9sta aspir\u00f3 fuerte y expres\u00f3: \u201cEn estos versos est\u00e1 nuestra palabra; nuestra humildad y nuestra gloria. Eso quiere decir que Enrique Astudillo seguir\u00e1 viviendo por siempre y que el pensamiento y los valores del arte jam\u00e1s podr\u00e1n ser asesinados\u201d\u2026 Ley\u00f3 un poema y dijo de memoria otros dos. Rode\u00f3 a \u00c1ngela con el brazo izquierdo y se llev\u00f3 los textos a la altura del pecho\u2026 Despu\u00e9s Homero, desde el sitio donde se hallaba, recit\u00f3 unas estrofas de Vallejo y otras m\u00e1s del propio Enrique.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos iniciaron entre llantos el coro del himno nacional y el murmullo se fue extendiendo como una onda de l\u00edquenes de edad primaveral, hasta copar toda la anchurosa planicie y anclar en las estribaciones donde el sol tambi\u00e9n hallaba su sosiego.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya a la salida, Homero inform\u00f3 que Eutimio no hab\u00eda podido estar presente por encontrarse fuera de Caracas. Tampoco asisti\u00f3 al funeral del cuarto aniversario. Y fue su \u00faltima ausencia temporal, porque ahora es definitiva tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un extra\u00f1o hilo invisible, que en estos \u00faltimos a\u00f1os mucho me ha hecho pensar en aquella ma\u00f1ana de nuestros destinos echados a la suerte, va urdiendo de un modo imperturbable nuestras ausencias y desdichas. Eutimio y Homero eran socios en una librer\u00eda. De tanto persistir y afanarse de sol a sol, lograron asentar un negocio, modesto pero env\u00edas de progreso, que hasta una peque\u00f1a sucursal ten\u00eda en el interior. Pero era como tejer para que ineluctablemente una tercera mano \u2014la misma que desteji\u00f3 tambi\u00e9n las otras vidas\u2014 llegara en su momento a desbaratar la red construida. As\u00ed volvi\u00f3 a pasar. A la hora de cerrar, un lunes por la noche, se presentaron tres portaestandartes del terror citadino. Homero, con rapidez que no le era conocida, los enfrent\u00f3 y dio cuenta de dos de los farsantes. Pero uno huy\u00f3 y Eutimio qued\u00f3 fulminado en el suelo, \u201ccon su doble dolor de abandonado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De esto hace apenas cuatro meses\u2026 Homero est\u00e1 en la c\u00e1rcel, esperando la sentencia y yo esperando aqu\u00ed una orden de secuestro, porque un mugriento leguleyo obtuvo con \u00e9xito rotundo el embargo de mis bienes, que son todo esto y nada m\u00e1s\u2026 S\u00f3lo queda Heriberto. Ojal\u00e1 que si \u00e9l no puede salvar mi condici\u00f3n \u2014la humana condici\u00f3n que celebraba Enrique\u2014, pueda siquiera librarse de la suerte echada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El canario de Ilim<\/h3>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 al vag\u00f3n del metro una estaci\u00f3n m\u00e1s adelante. Su vaporoso terno de algod\u00f3n se abri\u00f3 paso hasta la inmediatez de mis cavilaciones\u2026 Un ligero adem\u00e1n sirvi\u00f3 de sugerencia y le ced\u00ed mi puesto. En el trayecto, hasta el lugar de su destino, apenas si cruzamos dos miradas o dos o tres esbozos de sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que me qued\u00f3 de ese primer encuentro fue el almendra rutilante de sus ojos y un sabor de nostalgia, de revelaciones confusas que convirtieron su ausencia en el rastro de un enigma.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese ovillar de sensaciones empalm\u00f3, como un acto reflejo, a la red memoriosa en que sol\u00eda sumirme \u2014desde mi contacto inicial con la novedad de este tren subterr\u00e1neo\u2014 cada vez que ingresaba a una de sus cabinas\u2026 La limpidez, la armon\u00eda de sus colores y, sobre todo, el fresco aroma de su ambiente, me trasladaban a la presencia sin mancha de El Canario, casi veinte a\u00f1os atr\u00e1s, en la atm\u00f3sfera penumbrosa de mi pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Viejo lo trae, al final de una ma\u00f1ana, y con voz de contenido orgullo dice para los de la casa: \u201cYa est\u00e1 aqu\u00ed. Vengan y vean c\u00f3mo les parece\u201d\u2026 Y aunque yo no conoc\u00eda entonces la palabra \u201cradiante\u201d, con el tiempo he comprendido que eso fue lo que me pareci\u00f3\u2026 Me acerco a \u00e9l, turbado, orondo. Detallo a todo lo largo de su firme postura la tonalidad de azufre, perfectamente pulida. Deletreo los secretos del color con la inocencia de mis dedos. Arrimo una mejilla a la pureza de la l\u00e1mina. El coraz\u00f3n me retumba mucho m\u00e1s fuertemente porque no hay permiso para poder gritar\u2026 Subo la vista al capacete, de matiz marr\u00f3n claro, y all\u00ed mismo en la parte delantera est\u00e1 inscrito el nombre que seg\u00fan dicen los mayores llevar\u00e1 para siempre\u2026 Dentro, un tono gris inmaculado en la carrocer\u00eda y uno plomizo en los asientos. Me animo a entrar, con el dolor de poner un pie en el estribo impoluto. Asciendo. Busco hacia las cubiertas de madera que guardan las llantas, en la parte de atr\u00e1s. Las texturas y pinturas de reciente data se juntan con el aire monta\u00f1\u00e9s para fijar en m\u00ed su puridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a buscarla al d\u00eda siguiente, en la misma estaci\u00f3n donde la conoc\u00ed. Y a una hora similar, pude reconocerla entre los pasajeros que aguardaban su turno. Me coloqu\u00e9 a corta distancia, avanc\u00e9 al interior muy cerca de ella y busqu\u00e9 asiento a su lado nuevamente. Al mirarnos, yo repar\u00e9 otra vez en el r\u00fatilo almendra y ella \u2014inequ\u00edvocamente, desde el fondo de su propia ternura\u2014 en mi huidiza tristeza y en mi incomprensible cercan\u00eda\u2026 Fue cuando supe que su nombre era Adriana. Y cuando tuve la alegr\u00eda de que mi identidad se fuese enredada en sus cabellos casta\u00f1os y en su cuerpo de tibia pomarrosa. Ya al despedirse me dijo sonre\u00edda: \u201cBuenas tardes Oswaldo. Hasta otro d\u00eda\u201d. Con el relumbre de su voz segu\u00ed hasta el final de la l\u00ednea. Pero a trechos dec\u00eda: \u201cNo deja de ser ocurrente que con tanta frecuencia me la pase asociando, as\u00ed, por puras sinrazones, cosas tan distintas y lejanas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El tercer viaje transcurri\u00f3 entre largos silencios, que a veces interrump\u00eda la voz del operador cuando anunciaba la pr\u00f3xima parada. S\u00f3lo frases entrecortadas, gestos simples rematados en sonrisas, interrogantes no suficientemente percibidas, rubores disimulados por el ruido de los rieles\u2026 Pero ya al cuarto d\u00eda, a pocos minutos de iniciar el recorrido, ella se lade\u00f3 un poco hacia m\u00ed y sin volver el rostro inquiri\u00f3 con suavidad: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 piensa?\u2026 \u00bfEn la novia?\u201d\u2026 \u201c\u00a1No, qu\u00e9 va! \u2014le respond\u00ed\u2014 Son cosas raras que uno lleva por dentro\u2026 Pensar por ejemplo que este metro pueda parecerse a un cami\u00f3n de colores brillantes que mi padre ten\u00eda cuando yo era muy ni\u00f1o\u2026 Pero lo que si le digo, Adriana, es que hay algunos he vivido igualmente en aquel tiempo y ahora\u201d\u2026 \u201c\u00a1Qu\u00e9 hermoso! \u00a1Que interesante!\u201d \u2014coment\u00f3 con un dejo de cari\u00f1o\u2014. A m\u00ed ha debido encerez\u00e1rseme la cara, porque sent\u00ed una riada de volcanes que ascendi\u00f3 violentamente y me hizo enmudecer\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El subterr\u00e1neo se detuvo. \u201cChao, Oswaldo. Espero que en la pr\u00f3xima me cuente de esa historia mucho m\u00e1s\u201d. Cuando empezamos la nueva traves\u00eda, ella se confi\u00f3 m\u00e1s de m\u00ed. Me expres\u00f3 que la hab\u00edan conmovido mis palabras. Tal vez porque daba clases de m\u00fasica y estaba muy cerca de los sentimientos de las gentes. Que ayudaba en horas libres en una instituci\u00f3n de ni\u00f1os hu\u00e9rfanos. Y que ella hab\u00eda adivinado en mi tristeza y en mis cavilaciones algunas de las cosas que le hab\u00eda confesado\u2026 Hasta cuando llegamos al sitio de su descenso. \u201c\u00bfPodr\u00eda acompa\u00f1arme esta vez?\u201d \u2014me pidi\u00f3. Muy juntos recorrimos entonces el and\u00e9n. Ella y yo sab\u00edamos que un tul de dicha nos estaba envolviendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Buscamos una mesa apartada de un caf\u00e9. \u201cA ver, Oswaldo \u2014requiri\u00f3 sin demora\u2014. \u00bfQu\u00e9 otros recuerdos guarda de ese bello metro de su infancia?\u201d\u2026 Hab\u00eda dos tazas humeantes de por medio. El ambiente era tranquilo y grato. Aunque estaba turbado por su inter\u00e9s sincero, empec\u00e9 a explicarle todos los elementos de este extra\u00f1o desvar\u00edo. Desde cuando El Canario fue llevado por primera vez a la calle del frente de mi casa, y la impresi\u00f3n de grandeza que me caus\u00f3 y los d\u00edas felices y de orgullo que pas\u00e9 en \u00e9l o junto a su presencia, que tanto cuid\u00e1bamos\u2026 \u201cNo me trates m\u00e1s de usted \u2014interrumpi\u00f3 sin yo esperarlo\u2014. Dime Adriana simplemente\u201d\u2026 As\u00ed fue y ha podido ser por mucho tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Adriana aprovech\u00f3 para contarme que era hija \u00fanica, hu\u00e9rfana de padre, a quien no conoci\u00f3. \u201cMam\u00e1 es muy buena y tierna. Vivimos solas, desde mis primeros meses, seg\u00fan ella me confiesa. Lo que m\u00e1s me ha dolido es no conservar ni siquiera una foto donde yo aparezca con mi padre, ni un tonto objeto que a \u00e9l perteneciera\u2026 No s\u00e9 qu\u00e9 puede haber pasado. En cambio t\u00fa guardas todo tan claro desde ni\u00f1o\u201d. Ten\u00eda un racimo de lagunas de ensue\u00f1o en sus dos faros reinosos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La \u00fanica diferencia\u2014dije, despu\u00e9s de una de las pausas que ya estaban empezando a ser tambi\u00e9n de nuestras vidas\u2014 es que en aquel tiempo pude compartir con alguien la emoci\u00f3n y la felicidad de recorrer los espacios interiores de El Canario; de fantasear en sus asientos o rincones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n era?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Una amiguita, menor que yo como tres a\u00f1os. Era mi mejor compa\u00f1era. Tanto que no he podido olvidarla\u2026 En El Canario realiz\u00e1bamos viajes de f\u00e1bula, tan maravillosos como las traves\u00edas de nuestro metro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 fue de ella?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Recuerdo que se llamaba Ilim\u2026 Ten\u00eda una t\u00eda, su \u00fanico familiar. Un d\u00eda, cuando menos esper\u00e1bamos, se reg\u00f3 la noticia de que ellas se ir\u00edan para la capital. Nadie supo por qu\u00e9, mucho menos Ilim\u2026 Cuando ya se marchaban, ella vino a El Canario y sobre la cubierta de las llantas traseras me dijo, anegada en l\u00e1grimas menudas: \u201cMe voy, Oswaldo; recu\u00e9rdame por esto\u201d, y me entreg\u00f3 un papel doblado en dos. Despu\u00e9s hizo un gesto sobre mi cara y baj\u00f3 en tropel hacia la calle, hasta que se perdi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY nunca m\u00e1s la viste?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No\u2026 Todo fue despu\u00e9s muy doloroso. Un s\u00e1bado en la tarde llegaron a decir que hab\u00eda habido una horrible explosi\u00f3n y que entre la gran cantidad de personas muertas o desaparecidas estaban Ilim y su t\u00eda\u2026 Todos lloramos, pero yo m\u00e1s que nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Adriana ten\u00eda ya un papel entre sus manos\u2026 Con un marcador de tinta azul dibuj\u00f3 ante mis ojos una casita de dos aguas, una puerta en el centro y dos ventanas, un \u00e1rbol a la derecha que ten\u00eda la copa como un hongo, una cerca de postecitos que la rodeaba y arriba un sol grandote con una ancha sonrisa. Me lo entreg\u00f3. Dio una vuelta por el lado izquierdo de la mesa, para ponerse frente a m\u00ed. Entonces levant\u00f3 sus dos manos al nivel de mi cara y con las yemas de sus pulgares cerr\u00f3 mis ojos, que estaban para ese momento humedecidos.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/osman-aranguibel\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La suerte echada A Manuel Ferm\u00edn y Luis Aliare Salazar Cuando descend\u00eda del autom\u00f3vil, en la avenida norte del nuevo cementerio, o\u00ed que desde la terraza contigua, cubierta de grama, una voz urgida me llamaba. Era \u00c1ngela, apenas separada del grupo que ofrec\u00eda la despedida final a su esposo y compa\u00f1ero, mi camarada de siempre [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":12313,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12312"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12312"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12312\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12430,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12312\/revisions\/12430"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12313"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12312"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12312"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12312"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}