{"id":12278,"date":"2024-07-04T19:51:48","date_gmt":"2024-07-04T19:51:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12278"},"modified":"2024-08-21T00:31:00","modified_gmt":"2024-08-21T00:31:00","slug":"ensayos-de-augusto-mijares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayos-de-augusto-mijares\/","title":{"rendered":"Ensayos de Augusto Mijares"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>La poes\u00eda de Luis Enrique M\u00e1rmol<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u00a1Almas signadas del divino fuego<br>que lentamente os extingu\u00eds en brasas,<br>faltas del soplo que debi\u00f3 vestiros<br>del alado minuto de la llama<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">As\u00ed cant\u00f3 el sufrimiento de las almas que no obtienen jam\u00e1s la gloria del sacrificio total y luminoso; y su voz clama ante el destino por esos hermanos de vida frustra\u00adda, que son como creaciones exquisitas de un Dios, aban\u00addonadas despu\u00e9s con divina negligencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 porque sent\u00eda su propia vida, que deb\u00eda ser tan corta, &nbsp;entregada &nbsp;al mismo desamparo inexplicable.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin&nbsp; embargo, \u00e9l hab\u00eda obtenido un anticipo de tales dotes, que su obra, cercenada bruscamente por la muerte, define a pesar de ello una de las personalidades litera\u00adrias m\u00e1s vigorosas de nuestra l\u00edrica. M\u00e1s vigorosas y m\u00e1s originales, con vigor y originalidad que hoy tienen par\u00adticular relieve, cuando podemos verlo ya -inclasificable, aislado, se\u00f1ero- frente la poes\u00eda rubendariana de los cinco primeros lustros del siglo y la dispersa inquietud pos\u00adterior, que todav\u00eda no ha encontrado un representativo ep\u00f3nimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su cr\u00edtica no puede ser la vulgar dosificaci\u00f3n de ad\u00adjetivos laudatorios, pero tampoco puede justificarse un  estudio fragmentario de su libro si el cr\u00edtico no se con\u00adforma a compartir con el lector el gozoso compa\u00f1erismo de la admiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En su obra de poeta dest\u00e1case como nota fundamental el mismo anhelo que ennobleci\u00f3 sus d\u00edas mortales: la re\u00adbeld\u00eda contra la taciturna mediocridad de la vida, la ne\u00adcesidad de encontrar a toda costa un ideal para mante\u00adnerla vigilante en el combate, una fe para aureolar su dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Mirando en s\u00ed mismo crey\u00f3 encontrar la norma reden\u00adtora en una afirmaci\u00f3n individualista e intr\u00e9pida, que desde\u00f1a todo deseo limitado, y encuentra en la lucha misma la exultante realidad l\u00edrica que parad\u00f3jicamente lo reconforta y lo apacigua. As\u00ed, en el \u00abNuevo Evange\u00adlio\u00bb, cuando la muchedumbre lleva sus congojas ante el Dios impasible, \u00e9ste sabe que en vano les conceder\u00eda lo que anhelan bajo la forma de gloria, amor, riquezas. Todo lo logrado ha de envenenarse al fin con el hast\u00edo o trans\u00adformarse en nuevas concupiscencias. El secreto de la sal\u00advaci\u00f3n ser\u00e1 para el Poeta, que acepta esforzadamente aquella realidad, rechaza los dones equ\u00edvocos que los otros solicitan y se afirma en la libertad de su alma:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abHabl\u00f3 a su vez el Dios, con una voz extra\u00f1a:<br>sorda como el rumor del viento en la monta\u00f1a<br>a ratos; suave, como una caricia, a otros;<br>y en veces dura como un galopar de potros:<br>una voz que era hierro, seda y dolor e ira:<br>-La dicha, la desgracia, la victoria : \u00a1mentira!<br>Te digo que muy poco valen las realidades,<br>sombras, luz\u2026\u00a1qu\u00e9 m\u00e1s da , sobre un agua corriente,<br>muchedumbre irrisoria de nuestras soledades<br>que quedan soledades irremediablemente\u2026<br>Los has visto llegar convulsos, doloridos,<br>el eco de sus quejas aun queda en tus o\u00eddos,<br>como un rumor, confuso, como un martirio, horrible,<br>y repruebas acaso mi actitud impasible<br>porque ignoras, humano, que con gusto les diera<br>todo cuanto han pedido si de algo lea sirviera;<br>a unos dar\u00eda bienes, a otros dar\u00eda honores<br>si ello b\u00e1lsamo ser pudiera en sus dolores..<br>Mas, su desdicha est\u00e1 en ellos escondida:<br>\u00a1todos han se\u00f1alado un objeto a su vida!<br>\u00bfPero t\u00fa nada pides?<br>-Nada pido . ..<br>-\u00a1De modo<br>que no tienes deseos?<br>-\u00a1S\u00ed, por Dios!<br>-\u00bfLuego, todo<br>cuanto deseas logras, alcanzas cuanto esperas?<br>-No, por mi fe; yo tuve mil sue\u00f1os fracasados;<br>mas; \u00a1qu\u00e9 importa! son bellos frustrados o logrados:<br>\u00a1para que se renueven yo podo mis quimeras<br>y gozo y sufro y sue\u00f1o y lucho y siento y vivo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El mismo concepto se expresa en el s\u00edmbolo de \u00abEl h\u00e9roe\u00bb. Cuando \u00e9ste llega a la colina de la felicidad, siente por un momento con deleite c\u00f3mo su vigor se adormece en aquel \u00abencantamiento de paz y claridad\u00bb. Pero inmediatamente pres\u00e9ntasele el adusto ideal que le atormenta y le fascina, y su dicha se le descubre despre\u00adciable:<\/p>\n\n\n\n<p><em>C\u00f3mo adu\u00e9rmese el bravo vigor bajo las frondas,<br>bajo las frondas suaves, exquisitas y hondas&#8230;<br>en este encantamiento de paz y claridad!<br>\u00bfC\u00f3mo invita al reposo perezoso y eterno,<br>junto al hilo de agua l\u00edmpida, el musgo tierno<br>que cubre la colina de la Felicidad!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y el l\u00edrico cruzado claras delicias bebe\u2026<br>mas y\u00e9rguese de s\u00fabito austero y silencioso<br>y hacia los cuatro vientos vuelve el mirar seguro;<br>\u00a1menguada es la colina! \u00a1el horizonte breve!<br>y no obstante la dicha que le brinda el reposo,<br>hundiendo el acicate en el brid\u00f3n oscuro,<br>\u00a1\u00e1vido de horizontes prosigue, las miradas<br>clavadas en las torvas cumbres innominadas!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es siempre la oposici\u00f3n&nbsp;entre el esp\u00edritu&nbsp;de lucha&nbsp;y el enemigo multiforme -pereza, ego\u00edsmo, cobard\u00eda-que pugna por enervarle en el reposo de una conformidad mezquina. <\/p>\n\n\n\n<p>En el vuelo se un colibr\u00ed se le representa felizmente la belleza de esta inquietud sin finalidad, y en el ap\u00f3strofe final del \u00abCanto absurdo\u00bb la adopta como una explicaci\u00f3n de las ansias que lo agitan:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Alma m\u00eda sin fe, desorientada<br>en vac\u00eda mezquindad ambiente:<br>\u00a1est\u00e1n cerrados todos los caminos!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Pero quiero vivir, gozarlo todo,<br>lograrlo todo y que lo pierda todo!<br>\u00a1Los besos y las ansias y los sue\u00f1os<br>y la vida, divinamente in\u00fatil,<br>pero divinamente atormentada!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1El colibr\u00ed! qu\u00e9 l\u00edrico su vuelo:<br>\u00a1toda una loca vibraci\u00f3n inm\u00f3vil!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero si bien el valor y la arrogancia son escudo bas\u00adtante para las almas excepcionales, el poeta tampoco ol\u00advida la turba desconsolada&nbsp;de los que no pueden seguir aquella fe. En su nombre interpreta la angustia de los ensue\u00f1os frustrados y admite entonces la realidad del dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Dolor por la ambici\u00f3n y el orgullo, condenados en la hermosa blasfemia de la \u00abCanci\u00f3n del desilusionado\u00bb. Dolor ante la belleza y el amor. Dolor en los sentimien\u00adtos filiales y en el pensamiento de la Patria:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Y por la dulce Patria este dolor de amor<br>&#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; &#8230; <br>\u00a1Y esta emoci\u00f3n de Patria, donde apunta, seguro<br>y ansioso, el gesto del sacrificio futuro!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Dolor como compa\u00f1\u00eda inseparable de la grandeza hu\u00admana simbolizada en Gulliver, porque \u00e9ste, despu\u00e9s de sentir el orgullo de ser gigante, comprende que por ello mismo, para siempre, ha de ser un extranjero entre las alegr\u00edas de Liliput.<\/p>\n\n\n\n<p>Dolor a\u00fan en la plenitud l\u00edrica, que no se sosiega con el canto:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Ay, Dios m\u00edo! esta savia que corre por mis venas<br>ahoga tu silencio en turbulencia amarga<br>si yo pudiera darla en estrofas serenas\u2026<br>\u00a1este canto imposible pesa como una carga!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No<em> <\/em>pudo darla en estrofas serenas; pero como valor art\u00edstico loemos esta \u00abturbulencia amarga\u00bb cuya fuerza dram\u00e1tica transforma la eleg\u00eda en una epopeya&nbsp;\u00edntima, eleva su angustia por encima del desconcierto de las al\u00admas fl\u00e1ccidas, y conserva incontaminado de cobard\u00eda su prolongado desasosiego. El dolor sigue siendo una pro\u00advocaci\u00f3n para el&nbsp; alma batalladora; la inseguridad&nbsp;de la dicha es el ambiente exultante que la dignifica y lo desconocido guarda siempre una admonici\u00f3n austera contra el ego\u00edsmo del triunfo.<\/p>\n\n\n\n<p>Personal\u00edsima nos parece \u00abLa Canci\u00f3n &nbsp;del vacilante\u00bb, y sin duda es el testimonio directo y sangrante del tor\u00admento en que vivi\u00f3 toda la generaci\u00f3n del poeta por las condiciones pol\u00edticas de la Patria en aquel &nbsp;momento; pero es, a la vez, &nbsp;un poema de tal contenido universal y eterno que s\u00f3lo me parece comparable al \u00abMois\u00e9s\u00bb, de Alfredo de Vigny, aunque sean tan diferentes en todos los otros aspectos. Ha de &nbsp;citarse \u00edntegro:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo he sido, madre m\u00eda, madre m\u00eda\u2026<br>Por encima de todos, mis culpas me baldonan:<br>\u00a1yo, nadie sino yo, es el solo culpable!<br>\u00a1Oh, madre m\u00eda dulce, simple y desprevenida!,<br>\u00bfte acuerdas?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1T\u00fa, moldeabas, sin darte cuenta de ello<br>en Ia gracia del ni\u00f1o la apostura del hombre!<br>\u00a1T\u00fa, que lo diste todo para que fuera fuerte,<br>t\u00fa me lo diste todo para que fuera puro,<br>porque lo fuera todo, t\u00fa me lo diste todo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tus dedos en mis bucles,<br>con qu\u00e9 simplicidad, madre m\u00eda, me diste<br>la fuerza candorosa que anima la leyenda,<br>y, \u00a1c\u00f3mo sonre\u00edas del estupor feliz<br>de mis ingenuos ojos exaltados!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfRecuerdas, madre m\u00eda?<br>T\u00fa mirabas crecer poco a poco mi alma,<br>\u00a1y c\u00f3mo te asombrabas<br>de encontrar en mi alma lo que en ella pon\u00edas,<br>lo que en ella pon\u00edas de verdad y belleza,<br>lo que en ella pon\u00edas de belleza y de fe!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfTe acuerdas, madre m\u00eda?<br>Apoyada en mi brazo<br>que t\u00fa sent\u00edas fuerte para abarcar el mundo;<br>tu coraz\u00f3n junto a mi coraz\u00f3n,<br>que t\u00fa sent\u00edas bueno para salvar el mundo,<br>\u00a1ah !, \u00a1c\u00f3mo me mirabas,<br>temblorosa y gozosa de generoso miedo,<br>anticipada angustia de la primer salida!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00fa me lo diste todo para que fuera fuerte,<br>t\u00fa me lo diste todo para que fuera puro,<br>porque lo fuera todo t\u00fa me diste todo,<br>\u00bfte acuerdas, madre m\u00eda?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y he mirado doncellas ultrajadas,<br>y he presenciado cr\u00edmenes&#8230;<br>y he visto c\u00f3mo el fuerte despojara a los d\u00e9biles;<br>y he mirado las zarpas espantosas<br>hundirse en blancas carnes indefensas,<br>y me he quedado inm\u00f3vil,<br>sofoqu\u00e9, cobarde, los \u00edmpetus viriles,<br>\u00a1lo que t\u00fa cultivaste, madre m\u00eda!,<br>\u00a1y mi m\u00e1s noble gesto fue el de volver el rostro!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero t\u00fa, madre m\u00eda, t\u00fa no has sabido verlo;<br>yo he matado lo noble que pusiste en mi alma:<br>yo he sido, madre m\u00eda, madre m\u00eda,<br>\u00a1yo, nadie sino yo es el solo culpable!\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mas t\u00fa no sabes verlo,<br>y a\u00fan me sientes fuerte para abarcar el mundo,<br>y a\u00fan me sientes bueno para salvar el mundo,<br>\u00a1temblorosa y gozosa de generoso miedo!\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Como la muchacha de su poema \u00abUna noche\u00bb, la vida le deja entrever, s\u00f3lo por un momento, el tesoro rutilante de lo imprevisto; pero sobre su reiterada median\u00eda, el dolor s\u00ed es capaz de elevarse a lo sublime.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPero ser\u00e1 el denuedo la \u00fanica afirmaci\u00f3n? No; que\u00addan tambi\u00e9n la Belleza y el Amor.  Por su concepci\u00f3n apol\u00ednea de la belleza, la define como \u00abuna suprema lejan\u00eda\u00bb, llega hasta inmovilizarla; quisiera separarla &nbsp;del atentado de la acci\u00f3n, impaciente y brutal, y exige el sacrificio absoluto:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Era la noche t\u00e9trica, era el desierto enorme \u2026<br>una sombra curvada, irreal, desva\u00edda,<br>cruzaba la agresiva extensi\u00f3n uniforme.<br>\u00a1Desierto, sombra, tedio y mal, como la vida!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un vigor de idealismos impuls\u00f3 su partida:<br>quiso llevar muy lejos su alto ensue\u00f1o inconforme,<br>y hoy en sus secas fauces clava su acometida<br>\u00a1la sed, garra de fuego retorcida y deforme!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ni un rumor en la turbia amplitud vacilante,<br>s\u00f3lo en medio al inmenso silencio circundante;<br>redim\u00eda una gota de sangre cada huella\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00fabito hiri\u00f3 sus ojos un temblor de agua p\u00eda;<br>un sorbo acaso\u2026 pero dentro una estrella hab\u00eda<br>\u00a1y el agua dej\u00f3 intacta por no abolir la estrella!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El amor raras veces es el motivo central de sus poemas; pero, quiz\u00e1 por eso mismo, cuando la nota de ternura se abre paso, la expresi\u00f3n de su anhelo de amar casi pueril<em>,<\/em> tiene un&nbsp; encanto nuevo que la avalora de modo singular:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Con mi vino sincero de canciones<br>yo llam\u00e9 a muchas puertas<br>que so\u00f1\u00e9 hallar abiertas\u2026<br>Y los ojos azules se re\u00edan<br>de mi intenso tesoro de emociones<br>y sonriendo dec\u00edan: <br>-\u00a1Aqu\u00ed no es!&#8230;<br>y al lado: -Puede ser&#8230; Quiz\u00e1&#8230; \u00a1tal vez!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Dolor, Fuerza, Belleza, Amor. \u00bfLa muerte? S\u00f3lo pen\u00ads\u00f3 en ella ante la posibilidad de la claudicaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>y el alma que ha perdido su quijotismo imp\u00e1vido,<br>en el estremecido reposo del acecho<br>s\u00f3lo el momento espera para el zarpazo enorme\u2026<br>\u00a1y ojal\u00e1 le sorprenda la muerte antes de darlo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed; antes la muerte que el \u00e9xito&nbsp;de un logrero oportunista o el de los victimarios rapaces. Antes la muerte. Pero no por eso necesitaba \u00e9sta apresurarse. Hubiera es\u00adperado hasta la extrema senectud de este hombre de vida pur\u00edsima y lo hubiera encontrado como le hall\u00f3 a los 29 a\u00f1os; sin haber perdido nada de su confianza en el credo generoso que cant\u00f3 su vida siempre acorde a la l\u00ednea ideal que am\u00f3 como poeta:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Y as\u00ed la vida toda llena de perspectivas<br>renovadas sin tregua, con enorme fe l\u00edrica<br>\u00a1en la bondad, en la ternura, en la belleza!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El libro de Mujiquita<\/h3>\n\n\n\n<p>R\u00f3mulo Gllegos ha insuflado vida y acci\u00f3n al m\u00e1s denso de los problemas venezolanos en dos figuras nove\u00adlescas:&nbsp;\u00d1o Pernalete y Mujiquita.<\/p>\n\n\n\n<p>Mueven a risa y causan espanto. Su breve aparici\u00f3n en las p\u00e1ginas del libro abre de pronto una profundidad abism\u00e1tica, y desde los bordes de la sima que produce v\u00e9rtigo, vemos bullir en el fondo verdades y enigmas que nos sobrecogen.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo <em>\u00d1o Pernalete <\/em><em>otras calamidades m\u00e1s<\/em><em>,<\/em><em> <\/em>cada rasgo caracter\u00edstico de los los personajes podr\u00eda tomarse como base para un estudio, y &nbsp;obtendr\u00edamos &nbsp;va\u00adrios &nbsp;trabajos &nbsp;erizados &nbsp;de &nbsp;cavilaciones inquietantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo:<em> \u00bf<\/em>Es cierto \u00abque no existir\u00edan Pernaletes si no existie\u00adran Mujiquitas\u00bb?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfO la verdad, es por el contrario, que no existir\u00edan Mujiquitas si una serie interminable de Pernaletes no se encargaran de \u00abeducarlos\u00bb en cada generaci\u00f3n para la sumisi\u00f3n y el atropello?<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Santos Luzardo le reclama a Mujiquita &nbsp;por\u00ad que este olvida su funci\u00f3n de administrar justicia , el vencido &nbsp;responde:<\/p>\n\n\n\n<p><em>-Yo estoy&nbsp;aqu\u00ed&nbsp;para&nbsp;completarles la&nbsp;arepa a&nbsp;mis hijos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Si en lugar de ver en estas palabras una excusa c\u00ednica, las apreci\u00e1ramos con un grito de c\u00f3lera, cambiar\u00eda su talante el significado de la escena: Mujiquita se con\u00advierte en acusador: Santos Luzardo -joven, rico, pode\u00adroso- representa la sociedad, la sociedad culta que pide justicia. \u00a1Por qu\u00e9 no se lleg\u00f3 hasta Mujiquita sino cuan\u00addo necesit\u00f3 de \u00e9l. \u00bfY antes? \u00bfPor qu\u00e9 no pens\u00f3 nunca en libertarlo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Qui\u00e9n sabe cu\u00e1nto tiempo Mujiquita guard\u00f3 intactos sus deseo de justicia! \u00a1Qui\u00e9n sabe durante cu\u00e1ntos a\u00f1os, aferrado a ese de\u00adseo de justicia y dobleg\u00e1ndose con \u00e9l, poco a poco, d\u00eda a d\u00eda, agoniz\u00f3 bajo la presi\u00f3n brutal!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1El deseo de justicia de un hombre que tiene las manos manchadas&nbsp;de &nbsp;tinta! \u00a1Qu\u00e9 &nbsp;irrisi\u00f3n! &nbsp;Aunque&nbsp;se pruebe despu\u00e9s, hasta&nbsp;la saciedad&nbsp;que&nbsp;Pernalete,&nbsp;aparte&nbsp;de&nbsp;ser tan pillo, &nbsp;es s\u00f3lo un &nbsp;hazmerre\u00edr, nadie ir\u00e1 a buscar en &nbsp;la tumba&nbsp;o en el olvido al iluso <em>plumario&nbsp;<\/em>que un d\u00eda se atrevi\u00f3 &nbsp;-cuando &nbsp;era &nbsp;joven&nbsp; y se crey\u00f3 fuerte- a &nbsp;reclamar &nbsp;justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbPorque era jefe, &nbsp;el hombre, y ten\u00eda su&nbsp; Secretario\u00bb, apunta en una de sus frases explicativas \u00d1o&nbsp;Pernalete. Esta jerarquizaci\u00f3n b\u00e1rbara, que la jactancia del .Jefe Civil hace m\u00e1s brutal, podr\u00eda explicar toda la historia de Venezuela&nbsp;durante&nbsp;el primer siglo de su vida independiente.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00f3lo significa la inversi\u00f3n de valores en que se perdi\u00f3 lo mejor de nuestra tradici\u00f3n intelectual y moral; la violencia sobre la inteligencia y la \u00abviveza \u00bb sobre el decoro, sino&nbsp;tambi\u00e9n el&nbsp;irremediable desamparo de Mujiquita.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no solamente, es la debilidad de Mujiquita, sino la fatalidad que pesa sobre Pernalete, lo que lo hace c\u00f3mico y terrible a un mismo tiempo. \u00c9sta: que acorazado, como se exhibe, en la seguridad de su poder incontrastable, queda condenado a no salir jam\u00e1s de su abismo de ignorancia y tozudez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab-\u00a1Ah, Santos Luzardo!&#8217; T\u00fa no has cambiado en nada . . .\u00bb, exclama m\u00e1s adelante Mujiquita.<\/p>\n\n\n\n<p>Si lo dijo&nbsp;con envidia, \u00a1con cu\u00e1nta raz\u00f3n! A<em> <\/em>\u00e9l lo cambiaron. No; \u00e9l no era as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hasta su propio creador- el novelista- ha cometi\u00addo contra \u00e9l la injusticia de ir a buscarlo demasiado tarde.&nbsp;La misma injusticia de Santos Luzardo. La injusticia que comete contra&nbsp;&nbsp;Mujiquita toda la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso yo quiero reclamar -con ocasi\u00f3n de la Primera Exposici\u00f3n del Libro Venezolano- el puesto que debe tener espiritualmente en ella el libro de Mujiquita.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero &nbsp;referirme al libro que Mujiquita escribi\u00f3 cuando era joven y se cre\u00eda&nbsp;fuerte. All\u00ed se habla de justicia, porque hablar de justicia es la \u00fanica forma de administrar justicia que puede alcanzar un secretario.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero se habla con belleza, con pasi\u00f3n, con santa credulidad. Es un libro, sobre todo, donde no hay cinismo ni sarcasmos. Un libro puro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese libro lo guard\u00f3 Mujiquita en lo m\u00e1s profundo de su&nbsp;escritorio de Juez, para&nbsp;que \u00d1o Pernalete no le repitiera:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8216;A usted lo van&nbsp;enterrar&nbsp;con&nbsp;urna&nbsp;blanca,&nbsp;Mujiquita, se puro inocente&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Pernalete, &nbsp;Luzardo y Mujiquita&nbsp;se presentan juntos ante el lector adquieren inmediatamente la pleni\u00adtud&nbsp;de un s\u00edmbolo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero aquellas creaciones de nuestro genial novelista son personajes vivientes y no r\u00edgidos arquetipos, la vida que ellos poseen los independiza de su propio creador, adquirimos el derecho de seguirlos fuera de la novela, juzgar la parte de su existencia que el autor no nos ha narrado, e interpretarlos, no seg\u00fan la actuaci\u00f3n que en el libro circunstancialmente tienen, sino de acuerdo con la multiforme y secular acci\u00f3n con que se han mezclado, desde la independencia, en todos los sucesos de nuestra historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y salir en defensa de Mujiquita es destacar la parte de su vida que el novelista no nos cuenta: la angustia, el desamparo y la buena fe con que \u00e9l carg\u00f3 durante lar\u00adgo tiempo, solo, con las tropel\u00edas de Pernalete y los in\u00adfortunios de la Patria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Durante tanto tiempo, solo!; \u00a1todo el tiempo que tar\u00add\u00f3 Santos Luzardo en ir a buscarlo hasta su h\u00f3rrida mi\u00adseria, con la sarc\u00e1stica exigencia de que fuera Mujiquita, el indefenso, quien improvisara bajo el machete de Per\u00adnalete la seguridad social y la justicia!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n Santos&nbsp;Luzardo amenaza a Mujiquita con volver un d\u00eda a indicarle imperativamente c\u00f3mo debe sentenciar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9sa no es sino la soluci\u00f3n&nbsp;de <em>su problerma; <\/em>el de la Patria implicaba muchas obligaciones del propio Luzardo que \u00e9l no cumpli\u00f3 y no reconoce; es justo record\u00e1rselas. El jefe Civil simbolizado en Pernalete jam\u00e1s&nbsp;abando\u00adnar\u00e1 &nbsp;la suspicacia y la mandoner\u00eda (\u00bba m\u00ed no me gusta que se atraviesen en mis asuntos\u00bb), jam\u00e1s permitir\u00e1 que el hombre culto adquiera a su lado la personalidad de un consejero (\u00abporque era jefe, el hombre, y ten\u00eda su secre\u00adtario\u00bb) y frente&nbsp;a&nbsp;cualquier escr\u00fapulo moral ha de re\u00adaccionar&nbsp;con la c\u00f3lera y&nbsp;el menosprecio que Pernalete lanza sobre su subordinado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Pernalete no es tan s\u00f3lo el b\u00e1rbaro, intransigente y manejable a la vez, que si por una parte considera bochornoso recibir el consejo del intelectual no siente el rid\u00edculo de \u00abinformarse por la calle qui\u00e9n es el que tiene la raz\u00f3n\u00bb. Pernalete es tambi\u00e9n el advenedizo inse\u00adguro que ante la exterioridad de Santos Luzardo se siente cohibido, que se inquieta por las poderosas relaciones de Luzardo, y que no hace sino ocultar su falta de valor cuando subordina cruelmente a Mujiquita, que est\u00e1 inerme, con la secreta esperanza de intimidar a Santos Luzardo que le causa temor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab-Porque lo que es el doctorcito \u00e9se, ya va a estar llevando el &nbsp;chisme para San &nbsp;Fernando. &nbsp;\u00a1A ver! \u00a1Eche ac\u00e1 el sumario ese!\u201d, le dice Pernalete a Mujiquita despu\u00e9s de su entrevista con Luzardo. Antes no se le hab\u00eda ocurrido estudiar el asunto, porque ni Mujiquita ni el indefenso pueblo&nbsp; pueden intimidar a Pernalete; pero trat\u00e1ndose de Luzardo necesita ir con m\u00e1s cuidado. \u00a1Qu\u00e9 enorme brecha abrir\u00eda este miedo del Jefe Civil para que los Luzardo llegaran a los verdaderos problemas del pa\u00eds, en lugar de detenerse, ego\u00edstamente, en la defensa de sus propios intereses!<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo con estas observaciones se comprende bien el otro s\u00edmbolo de la novela, que tampoco en la vida p\u00fablica de Venezuela ha sido bien destacado&nbsp; para&nbsp;&nbsp;&nbsp; que nuestros Luzardos asuman la responsabilidad que les corresponde. Esa responsabilidad deriva de esto: que Mujiquita representa una superioridad que Pernalete odia y desprecia: la de la inteligencia; mientras que Luzardo personifica una superioridad que Pernalete teme y ans\u00eda: la de las riquezas y el predominio en la capital.<\/p>\n\n\n\n<p>Pernalete conservar\u00e1 invariables su intemperancia y su desd\u00e9n ante Mujiquita porque siempre podr\u00e1 &nbsp;reducirlo a la incondicionalidad del Secretario; pero se sentir\u00e1 cohibido y halagado a la vez cuando penetre en el sal\u00f3n de los Luzardos. Los Pernaletes se r\u00eden de las ideas y de la moral; pero respetan las alfombras y los sillones acojinados donde no encuentran &nbsp;c\u00f3moda posici\u00f3n. Y una &nbsp;ostentosa l\u00e1mpara de rutilantes luces tiene que pegar en los ojos del &nbsp;trepador obtuso como no &nbsp;pueden &nbsp;hacerlo la virtud ni el talento.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, Mujiquita es el tipo de intelectual sin ubicaci\u00f3n econ\u00f3mica y su desamparo no es solamente el de su hambre. Peor es el desamparo de su leg\u00edtima ambici\u00f3n de ser socialmente \u00fatil, que no encontrar\u00e1 salida sin la protecci\u00f3n de Pernalete. &nbsp;Luzardo se siente \u00abrepresentativo\u00bb por su riqueza, y para conservarla le bastar\u00e1 acercarse de vez en cuando a Pernalete; Mujiquita comienza por vivir &nbsp;solo, &nbsp;con &nbsp;su &nbsp;juventud, &nbsp;sus miserias, &nbsp;sus &nbsp;libros y los proyectos que le atormentan, &nbsp;y muy &nbsp;pronto &nbsp;advertir\u00e1 &nbsp;que &nbsp;cada generaci\u00f3n pasa a nuestra historia &nbsp;personificar, no por los que en ella intr\u00ednsecamente valen, sino por &nbsp;los &nbsp;\u00abrepresentativos\u00bb que la protecci\u00f3n &nbsp;de Pernalete elige y destaca.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la opini\u00f3n p\u00fablica, formada en el servilismo, es &nbsp;tan cruel como Pernalete. Si a Mujiquita lo ven en una antesala de palacio dicen que es un adulador; pero si ven a Luzardo dicen que es \u00abun pol\u00edtico\u201d. Luzardo es, muy a menudo, el que organiza los chanchullos junto a Pernalete, pero permanece en la sombra. Por el contrario, si a Mujiquita lo llaman para que le preste decoro a alguno de sus \u00abtejemanejes\u201d, toda la responsabilidad ha de recaer sobre \u00e9l, aunque muchas veces el cr\u00e9dulo Mujiquita ha esperado sinceramente que su intervenci\u00f3n pondr\u00e1 un poco de decencia en lo que ya es irremediable.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s del esc\u00e1ndalo, Mujiquita se va a su casa, bastante avergonzado, y no cobra.&nbsp; Luzardo&nbsp; permanece&nbsp; en palacio, porque sabe que la asiduidad personal y el halago directo son mucho menos comprometedores y m\u00e1s productivos que la solidaridad moral con que el imprudente Mujiquita se ha desacreditado.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s tarde, si la complicidad con Pernalete se hace francamente bochornosa, Mujiquita considerar\u00e1 con angustia la obligaci\u00f3n de retirarse; pero su sacrificio no provocar\u00e1 sino el comentario: \u201c\u00a1se qued\u00f3 sin puesto Mujiquita!\u201d. La renuncia de Luzardo s\u00ed tendr\u00eda trascendencia, porque el comentario alarmista es: \u201cya Luzardo no quiere colaborar\u201d; sin embargo, Luzardo no renuncia, porque \u201c\u00e9l tiene muchos intereses que considerar; un hombre como \u00e9l no puede precipitarse\u201d, dir\u00e1n sus amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin contar con que, cuanto menos adule Mujiquita, menos trepar\u00e1, m\u00e1s Mujiquita ha de ser. Pero mi objeto no es lamentarme por Mujiquita, ni \u00e9l lo necesita tanto como parece, pues a veces nada menos que la gloria ha sido la compensaci\u00f3n de su terrible desamparo espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque un Mujiquita fue D. Andr\u00e9s Bello cuando ped\u00eda pan para sus hijos. \u00abpor quienes sufro lo indecible\u00bb, seg\u00fan escrib\u00eda desde Londres. Durante&nbsp; m\u00e1s de 30 a\u00f1os disfrutar\u00eda despu\u00e9s, en Chile, de un predominio moral y pol\u00edtico que ning\u00fan gobierno trat\u00f3 de regatearle. \u00bfHubiera sido posible esto bajo los suspicaces Pernaletes que se&nbsp; suced\u00edan para&nbsp; entonces&nbsp; en Venezuela?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta nos la da otro de nuestros Mujiquitas auroleados por&nbsp; la&nbsp; gloria: Juan&nbsp;&nbsp; Vicente Gonz\u00e1lez. Paecista durante toda su vida, su tard\u00edo e&nbsp; in\u00fatil&nbsp; arrepentimiento en el momento de la Dictadura tiene tanto rencor porque es entonces cuando le sale bruscamente a la conciencia la raz\u00f3n por la cual hab\u00eda vivido siempre en la mentira. Y esa raz\u00f3n es la otra forma de la tragedia de Mujiquita,&nbsp; que he se\u00f1alado: no la tragedia&nbsp; del&nbsp; hambre f\u00edsica, sino la&nbsp; tragedia de&nbsp; sus&nbsp; ideas&nbsp; alucinantes,&nbsp; de&nbsp; su ambici\u00f3n que es&nbsp; leg\u00edtima pero&nbsp; que lo lleva&nbsp; fatalmente a la complicidad moral que le aterra:<\/p>\n\n\n\n<p><em>P\u00e1ez, escribe entonces, fue el odio de mis primeros a\u00f1os\u2026 (pero) en mis luchas pol\u00edticas, precisado en apoyarme en alg\u00fan partido, ca\u00ed en el que P\u00e1ez presid\u00eda\u2026 S\u00ed, yo elogi\u00e9 a P\u00e1ez; ese es mi crimen, que he llorado y expiado largamente. Estas alabanzas comprometieron mi juventud e iban a sobornar la historia. Pero, \u00bfqu\u00e9 no he intentado para neutralizar el mal que hab\u00eda hecho? Mientras estuvo en Norteam\u00e9rica, para no ser causa de nuevas divisiones en un partido tan desgarrado, me content\u00e9 con censurarle entre amigos\u2026 (pero) hele aqu\u00ed que ya llega a rehacer la historia, a destruir la f\u00e1bula de nuestro cari\u00f1o.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En los&nbsp; fragmentos del texto que copio he intercalado dos \u00abperos\u00bb, entre par\u00e9ntesis, para destacar la terrible contraposici\u00f3n de sentimientos que me parece lo m\u00e1s caracter\u00edstico&nbsp; en&nbsp; esta&nbsp; confesi\u00f3n. \u00ab<em>precisado en apoyarme en alg\u00fan partido\u2026 comprometieron mi juventud e iban a sobornar la historia\u2026 no ser causa de nuevas divisiones en un partido tan desgarrado\u2026 hele aqu\u00ed que ya llega a rehacer la historia, a destruir la f\u00e1bula de nuestro cari\u00f1o<\/em>\u201d. Dij\u00e9rase que son las frases que una persona insomne se repite con angustia, sin llegar a formar con ellas un razonamiento. Esa pesadilla incoherente es la historia de todas sus luchas: \u00a1y&nbsp; cu\u00e1nto dolor, cu\u00e1ntos sofismas elaborados de mala gana, cu\u00e1ntas verg\u00fcenzas disfrazadas&nbsp; de&nbsp; jactancia, debi\u00f3 aceptar&nbsp;nuestro cicl\u00f3peo Mujiquita para mantener acoplados esos sentimientos contradictorios,&nbsp; que s\u00f3lo en la \u00faltima crisis de&nbsp; su vida habr\u00edan de disociarse en una explosi\u00f3n devastadora!<\/p>\n\n\n\n<p>Y Cecilio Acosta es otro Mujiquita. A veces quisi\u00e9ramos poder decir que el Pernaletismo de su tiempo estuvo dirigido por un Ilustre que por algunos motivos s\u00ed merec\u00eda este t\u00edtulo, pero precisamente en Cecilio Acosta est\u00e1 la prueba de que no dejaba&nbsp; de&nbsp; castigarse el decoro con la miseria, y sobre todo, con esa inactividad social -el \u00bbcementerio de los vivos\u00bb- en que tan sagaces se muestran todos los Pernaletes.<\/p>\n\n\n\n<p>Por&nbsp; eso,&nbsp; cuando Cecilio Acosta&nbsp; pide la reforma de la educaci\u00f3n, clama porque se abran c\u00e1tedras lucrativas y llega a decir que \u00abcambiar\u00eda la pluma del juriconsulto por el delantal del artesano\u00bb, no hace sino expresar en otra forma el mismo lamento de Andr\u00e9s Bello, que es tambi\u00e9n la protesta que Mujiquita lanza contra Luzardo. Y aunque la universidad de su&nbsp; tiempo no era todav\u00eda una incubadora de Luzardos, sino una inofensiva f\u00e1brica de Acad\u00e9micos, a Cecilio Acosta le causa terror:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEl t\u00edtulo no da clientela, la clientela misma, si la hay, es la l\u00e1mpara del pobre, que s\u00f3lo sirve para alumbrar la miseria de su cuarto; y de resultas, vienen a salir hombres &nbsp;in\u00fatiles para s\u00ed, in\u00fatiles para la sociedad, y que tal vez la trastornan por despecho o por hambre, o la arruinan, llevados de que les da necesidades y no recursos&#8230; \u00a1Qu\u00e9 de males! \u00bfYo dije que se fabricaban acad\u00e9micos? Pues ahora sostengo que se fabrican&nbsp; desgraciados,&nbsp; y apelo a los mismos que lo son\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Bello, Juan Vicente Gonz\u00e1lez y Cecilio Acosta, Mujiquitas. Y Mujiquita, algo m\u00e1s, algo menos, lo fue todo escritor venezolano. Tan Mujiquita, esto es, tan generoso y tan dolorido, que llega hasta el conocido fen\u00f3meno psicol\u00f3gico de la autoacusaci\u00f3n. Porque esto es, ni m\u00e1s ni menos, el hecho de centrar sobre Mujiquita, sobre el intelectual, la odiosidad que, en primer t\u00e9rmino y por ampl\u00edsimo margen, sobre Luzardo y Pernalete cab\u00eda recaer.<\/p>\n\n\n\n<p>De los tres personajes en acci\u00f3n, Luzardo es el \u00fanico que durante la entrevista se mueve con desenfado y seguridad. Pernalete secretamente le teme; y en cuanto a Mujiquita, si se hubiera permitido los arrestos de Luzardo&#8230; \u00a1ni pensarlo! \u00bfPor qu\u00e9, pues, es a Mujiquita&nbsp; a quien se le pide justicia?<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed llego a la parte constructiva de este estudio, que deseo destacar: a la responsabilidad de Santos Luzardo, derivada de que \u00e9l es el \u00fanico elemento social que comparte el poder con Pernalete; el \u00fanico, a lo menos, que puede limitarlo, porque, como he dicho, hasta la simple abstenci\u00f3n de Luzardo tiene en muchos casos el alcance de una sanci\u00f3n moral. Y, sobre todo, porque, unos m\u00e1s otros menos, todos los Pernaletes llegan tarde o temprano a enquistarse dentro del sal\u00f3n de uno de los Luzardos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese es el momento de hacer algo por la justicia, por la justicia en grande, la justicia de un pa\u00eds bien organizado, y no que espere Luzardo a que sus propias haciendas est\u00e9n en peligro.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a los problemas de la Patria, Mujiquita no tiene sino sus ideas y si se le ocurre escribir un libro, todo el mundo lo considerara un <em>inocente<\/em>. Luzardo tiene a su alcance la acci\u00f3n, pero Luzardo prefiere dejar los puntos sobre las haches y sabe que \u201clas cosas son como son\u201d. Esa es su culpa y ah\u00ed est\u00e1 el problema m\u00e1s grave.<\/p>\n\n\n\n<p>Pernalete es, a lo menos en parte, el hombre que no sabe; y Mujiquita es el hombre que no puede. Pero cu\u00e1nto alcance tiene a veces una simple insinuaci\u00f3n en las antesalas de Pernalete, su juicio sobre los hombres p\u00fablicos que no llegan a hasta all\u00ed, su entusiasmo o su burla sobre los proyectos administrativos en curso, su manera de estimular o desalentar la perfectibilidad del sistema de gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, Luzardo tiene tambi\u00e9n como campo de influencia el pa\u00eds entero: \u00e9l hubiera&nbsp; podido educar&nbsp; a Pernalete y hubiera podido redimir a Mujiquita de su miseria, algunos a\u00f1os antes de ir a buscarlos para pedir protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero decir que Luzardo fundara una&nbsp; escuela o diera&nbsp; unas&nbsp; limosnas;&nbsp; es&nbsp; que&nbsp; Luzardo, o el padre de Luzardo, fueron Ministros o Consejeros de otro Pernalete y tuvieron all\u00ed en sus manos la suerte de centenares de Pernaletes y millares de&nbsp;&nbsp;Mujiquitas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero&nbsp; entonces&nbsp; el padre de Luzardo pens\u00f3 que con dejarle un buen hato a su hijo lo aseguraba para siempre, porque todos nos preocupamos por la herencia pecuniaria que dejaremos a nuestros hijos, pero pocos son los que se aterran ante esa herencia de un pa\u00eds de Pernaletes y de Mujiquitas, donde les tocar\u00e1 vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>Debo advertir que aunque el Pernaletismo ha desaparecido del primer plano de nuestra pol\u00edtica desde el a\u00f1o 36, porque los que la han dirigido no pod\u00edan, ni&nbsp; por educaci\u00f3n ni por sus ideales, reducirse al papel de Pernaletes, no por eso dejan de subsistir las condiciones sociales a que aquel fen\u00f3meno corresponde, y en especial esa pobreza y esa desorientaci\u00f3n del cuerpo social que hace de \u00e9l un inmenso y enclenque Mujiquita, confiado a la dudosa representaci\u00f3n de los Luzardos que cada r\u00e9gimen pol\u00edtico lega a su sucesor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y quiero insistir en que para m\u00ed lo esencial de Luzardo no es tan s\u00f3lo su riqueza, sino su posibilidad de acci\u00f3n; y la falta de sentido social y la imprevisi\u00f3n que, por contraste, lo reducen a ser el s\u00edmbolo del ego\u00edsmo y de la frivolidad. As\u00ed como tampoco pretendo que la pobreza de Mujiquita le conceda una absoluci\u00f3n definitiva, \u00a1porque bien sabemos que son muchos los Mujiquitas que logran ascender a la categor\u00eda de Luzardo, y hasta a la de Pernalete!<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n es muy frecuente el caso del Mujiquita que adopta la ostentaci\u00f3n de Luzardo, asciende, y llega a creerse un Pernalete, quiz\u00e1 porque todos participamos, a la vez, de esas tres personalidades fundamentales.<\/p>\n\n\n\n<p>No trato, pues, de destruir el derecho de los m\u00e1s fuertes para erigir en su lugar, como dec\u00eda Romain Rolland, el derecho de los m\u00e1s d\u00e9biles. Lo que he querido es descentrar el problema que nos plantea R\u00f3mulo Gallegos, devolverle la\u00a0 vitalidad con que nace en la novela. M\u00e1s que nada porque a veces la Patria misma es la que tiene que\u00a0 sufrir\u00a0 ese c\u00f3modo desplazamiento de responsabilidad, y tambi\u00e9n Luzardo quiere exigir de ella una justicia\u00a0 y una seguridad social a las cuales \u00e9l nunca ha\u00a0 contribuido.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/augusto-mijares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La poes\u00eda de Luis Enrique M\u00e1rmol \u00a1Almas signadas del divino fuegoque lentamente os extingu\u00eds en brasas,faltas del soplo que debi\u00f3 vestirosdel alado minuto de la llama As\u00ed cant\u00f3 el sufrimiento de las almas que no obtienen jam\u00e1s la gloria del sacrificio total y luminoso; y su voz clama ante el destino por esos hermanos de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":12279,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12278"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12278"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12278\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12861,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12278\/revisions\/12861"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12279"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12278"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12278"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12278"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}