{"id":12254,"date":"2024-06-29T21:35:00","date_gmt":"2024-06-29T21:35:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12254"},"modified":"2024-06-29T21:38:27","modified_gmt":"2024-06-29T21:38:27","slug":"caracas-muerde-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/caracas-muerde-seleccion\/","title":{"rendered":"Caracas muerde (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">H\u00e9ctor Torres<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>UN MALANDRO CARAQUE\u00d1O<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">A Daniel Pratt y a Vicente Ulive<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>But I\u00b4m tryin\u00b4, Ringo. I\u00b4m tryin\u00b4 real hard to be the shepherd. Jules Winfield<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">La an\u00e9cdota de seguro es ap\u00f3crifa.&nbsp; Pero la realidad es maravillosa por beber del lago de lo posible. Seg\u00fan eso, en el gui\u00f3n original de la pel\u00edcula <em>Domin\u00f3 <\/em>(Tony Scott, 2005), el personaje Choco era un criminal mexicano. El actor vene\u00adzolano Edgar Ram\u00edrez, al hacer el <em>casting, <\/em>propuso al director que lo cambiase por un malandro caraque\u00f1o. A cada negativa del director le segu\u00eda una insistencia del actor. Ese pulso dur\u00f3 hasta que el primero, solo para despachar el asunto, acept\u00f3 hacer la prueba.<\/p>\n\n\n\n<p>Ram\u00edrez se meti\u00f3 en su personaje <em>y <\/em>sali\u00f3 a escena con una escopeta en una mano, bailando una m\u00fasica invisible mientras caminaba hacia un reh\u00e9n imaginario amarrado en el piso y, luego de patearlo con desd\u00e9n, le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1P\u00e1rate, mamag\u00fcevo!<\/p>\n\n\n\n<p>El modo de andar, de empu\u00f1ar el arma, la cruel parada&#8230; pero, sobre todo, la m\u00fasica de esas palabras que no entend\u00eda, debieron producir una certeza en la mente de Scott: para que Choco exprese la necesaria violencia <em>y <\/em>la desde\u00f1osa maldad que exig\u00eda el personaje, deb\u00eda ser eso que estaba viendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, un malandro caraque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Caracas carece de una disposici\u00f3n que la haga compren\u00adsible. La \u00fanica l\u00f3gica a la que atiende es la de las leyendas urbanas, inhibiciones <em>y <\/em>prejuicios de sus habitantes. Ocupando un mismo valle, viven en ciudades superpuestas que no se comunican entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Eduardo es habitante de una de \u00abesas\u00bb Caracas. Lejos del pistolero de <em>Domin\u00f3<\/em> y de los velorios en el barrio (las fu\u00adnerarias no aceptan <em>tiroteados), <\/em>vive en su Caracas Plaza Las Am\u00e9ricas y Galer\u00edas Los Naranjos. Una Caracas al sureste del Guaire, de colinas urbanizadas en las que es menester tener carro para trasladarse, atrincherada tras sus rejas, casetas de vigilancia, circuitos cerrados de relevisi\u00f3n <em>y <\/em>un profundo recelo respecto a lo desconocido. Una Caracas que vive su ilusi\u00f3n de normalidad al interior de sus confortables guetos. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00e9l aprendi\u00f3 a extender los l\u00edmites de su Caracas, aplicando la ecuaci\u00f3n de \u00aba menores prejuicios mayores libertades\u00bb. Gracias a eso compra la aguja para su viejo tocadiscos en Tele Cuba, en Catia. Y se toma unas cervezas en La Can\u00addelaria. Y se adentra con confianza en los predios de la Baralt.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene una ciudad m\u00e1s grande que la de muchos de sus vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a\u00fan as\u00ed se le fue haciendo asfixiante. Un d\u00eda cay\u00f3 en cuenta de eso <em>y <\/em>de la magnitud del mapa del exilio entre sus afectos. Por ello, y por no tener nada que cuidar en su Caracas atrincherada, traz\u00f3 un itinerario para reencontrarse con la parte de su mundo que renunci\u00f3 a un pa\u00eds que desayuna, almuerza y cena con dos temas invariables: los delirios de un peque\u00f1o emperador y la violencia circundante.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de sus primeros destinos fue Barb\u00e9s, un barrio al norte de Par\u00eds que podr\u00eda parecerse a Catia, si Catia fuese limpia <em>y <\/em>no flotase sobre un colch\u00f3n de p\u00f3lvora. Sus anfitriones le alertaron acerca de la zona y sus habitantes, sobre la dificultad para comprender el <em>verlan <\/em>(el franc\u00e9s malandro) y le sugirieron, por \u00faltimo, que ajustara su comprensi\u00f3n del peligro a ese paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto \u00faltimo se lo repitieron a diario durante esa primera semana, cada vez que lo ve\u00edan llegar de sus largas caminatas en la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>-Sigue menospreciando el peligro y un d\u00eda te vas a ganar una cuchillada -le advirtieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche caminaba por el and\u00e9n de la l\u00ednea 2 cuan\u00addo vio a dos muchachos que ven\u00edan hacia \u00e9l con fingida distracci\u00f3n. Ten\u00edan fenotipos \u00e1rabes y unos veinte a\u00f1os. El aspecto de Eduardo, que pasa desapercibido en las calles de Caurimare, encajaba en el tipo de los <em>conejos <\/em>que aquellos trabajaban rutinariamente. Pero \u00e9l, sobreviviente de una ciudad en guerra, les adivin\u00f3 la intenci\u00f3n desde que uno de ellos lo vio <em>y <\/em>pens\u00f3 en someter su elecci\u00f3n a la opini\u00f3n del otro. <\/p>\n\n\n\n<p>El modus operandi es universal. Caminaban con agili\u00addad, haciendo ruido en direcci\u00f3n a \u00e9l. Lo hac\u00edan ocupando tal espacio de su trayectoria que resultara imposible eva\u00addirlos. Avanzaban, se gritaban en su idioma se golpeaban y lo observaban de cuando en cuando. Eduardo sopes\u00f3 las probabilidades de salir bien librado de la trampa. Un paso mal calculado de uno de ellos le abri\u00f3 esa m\u00ednima posibilidad en forma de un boquete a trav\u00e9s del cual logr\u00f3 pasar \u00abpor un lado\u00bb y no \u00abentre\u00bb ellos. Al darse cuenta del error y de la velocidad del conejo, activaron el plan de contingencia. En medio de su parodia de juego, el de la esquina empuj\u00f3 al otro hacia Eduardo, que sac\u00f3 el codo y esper\u00f3 al costillar que ven\u00eda hacia la repentina v\u00edctima, entre sorprendida e indignada, comenz\u00f3 a gritarle en una incomprensible variante de franc\u00e9s, como \u00faltima opci\u00f3n para arrinconarlo<strong>.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La cultura es lo que se olvida, seg\u00fan dicen. Ser\u00e1 por eso que el lector de Carver y de Bukowski ya ley\u00f3 a Poe y a Chejov, pero no lo recuerda. Y el lector de <em>Pulp fiction <\/em>ya ley\u00f3 a Carver y a Bukowski sin haberse enterado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y por esos tercos hilos del miedo y la violencia, Eduardo, que es de esa Caracas de una apacible urbanizaci\u00f3n al sur del r\u00edo, tambi\u00e9n es hijo de esa ciudad de cincuenta cad\u00e1veres apilados en la morgue de Bello Monre cada fin de semana. Y medio hermano de asesinos como Los Capri, que filmaban con los celulares sus ejecuciones para subirlas a la red. Y heredero de este fratricidio cotidiano en el que unas veces se hace de Ca\u00edn y otras de Abel, bajo un sem\u00e1foro, dentro del banco, en la cola del estacionamiento. Ca\u00edn y Abel, o testigo indolente del cad\u00e1ver que recogieron a las 24 horas de haber sido asesinado. Y autor de las s\u00e1dicas escenas en las que mataba mentalmente a su jefe, a su vecino, al motorizado que vio robando a una chica en la autopista, al que toca corneta paro avisar que lleg\u00f3. Testigo, ejecutor y c\u00f3mplice (aunque sea por omisi\u00f3n) de toda esa violencia. Hasta de la peque\u00f1a fechor\u00eda de comerse una luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ADN salvaje que quiere civilizarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 entonces por todo eso que, acosado en el metro de Par\u00eds por dos due\u00f1os de aquellos calles, sin br\u00fajula ni mapa de las rutas de escape, viendo asomarse del abrigo la mano con el cuchillo del que le hab\u00edan advertido que saldr\u00eda en cualquier momento, grit\u00f3 con ese acento que no es caribe\u00f1o ni andino mientras, como si lo hubiese ensayado, estiraba un brazo con el que les apunt\u00f3 con una pistola imaginaria, pose\u00eddo por aquella ciudad que nunca estar\u00e1 tan lejos como para no seguir mordiendo:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 de qu\u00e9, mamag\u00fcevo? \u00a1Ponte pilas!<\/p>\n\n\n\n<p>Es liberador decir palabrotas a todo pulm\u00f3n, sin la con\u00addena del pudor, en un and\u00e9n lleno de gente que percibe la intenci6n, pero no el significado. Y descubrir que ser cara\u00adque\u00f1o es ser caribe\u00f1o. Y ser caribe\u00f1o <em> <\/em>es de alguna remota manera, ser africano. Y que esos fonemas de s\u00edlabas secas pero envueltas en una entonaci\u00f3n ancestral que canta y amenaza y sobrevive y se aterra, esos que hechizaron a Scott, disuadieron a dos rateritos del metro de Par\u00eds de confundir a un perro (casero, pero curtido en las calles m\u00e1s duras del orbe) con un distra\u00eddo conejo.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfT\u00fa eres loco? Esos bichos son malos, Eduardo. No tienes ni idea -dijo uno de sus anfitriones cuando les cont\u00f3 la &nbsp;an\u00e9cdota.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>&#8211;<\/strong>Loco no, caraque\u00f1o. \u00bfCon qu\u00e9 cara cuento all\u00e1 que me atracaron en Par\u00eds? -respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>SOBRE EL ESTELAR SEGUNDO VEINTIUNO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Y dibujaron su mu\u00f1equito &#8216;e tiza en la acera<\/em>. <em>DESORDEN P\u00daBLICO<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Una moto sube por la principal de Macaracuay esquivando los carros del canal r\u00e1pido. Sobre ella, dos tipos viajan con sus trajes de invisibilidad: chaquetas, lentes oscuros y gorras. Es la segunda vez que pasan por la esquina del Centro Comercial, pero la gente no suele reparar en esos detalles.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las dos y cincuenta y cinco de la tarde de un viernes de quincena. La ciudad se siente como un globo lleno al que le siguen echando aire. La moto con \u00ablos invisibles\u00bb baja de nuevo y vuelve a subir. El parrillero putea. Las se\u00f1as recibidas son vagas y hay mucha gente en la calle. Las tardes de los viernes de quincena se dan las mejores pescas, pero no es para cualquier pescador. \u00abHay que tener bolas\u00bb, se ufanaba. Se supone que el pez (o, el \u00abpescao\u00bb, como le dicen) ya debi\u00f3 haber salido del Centro Comercial. Descose la calle para armar en una misma persona las piezas sueltas recibidas por celular: gordito, moreno, alto, koala, franela azul y gorra de \u00ablos cerveceros de mi bloque\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ese conejo no es serio ni cuando est\u00e1 trabajando \u2014le grita al compa\u00f1ero.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, entre la masa de gente, vio todas-las-pie-zas-reunidas apurando el paso hacia la parada, midiendo al metrob\u00fas que se va acercando. La moto subi\u00f3 hasta la redoma y se lanz\u00f3 en bajada esquivando carros y peatones, hasta detenerse delante del metrob\u00fas, que terminaba de estacionarse con su parsimonia de paquidermo cansado. El invisible que est\u00e1 de parrillero se baja y detecta al pescao a punto de subirse a la pecera. La cola estaba m\u00e1s o menos vac\u00eda. Estaba compuesta por: a) una se\u00f1ora gorda, b) la v\u00edctima en cuesti\u00f3n, c) un viejo con aspecto de espa\u00f1ol y d) una muchacha morena con aud\u00edfonos. Incorpor\u00e1ndose a la escena, un tipo cuarent\u00f3n y una nenita de unos diez a\u00f1os corr\u00edan para alcanzar la cola.<\/p>\n\n\n\n<p>El parrillero se lanz\u00f3 directo sobre el objetivo. El que manejaba qued\u00f3 sobre la moto, listo para arrancar. No hubo necesidad de palabras. Con una pistola en la mano cualquiera se pone a revisar a otro sin tener que dar explicaciones. Comenz\u00f3 la escena que todo caraque\u00f1o tiene aprendida para cuando le toque vivirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 en los genes, como parte del kit de supervivencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El tipo busc\u00f3 directo en el koala, en el bolsillo trasero izquierdo del pantal\u00f3n y en la media derecha del gordito. Tan abrumadora precisi\u00f3n trajo a la mente de la v\u00edctima la cara del cajero, con sus dientes de conejo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Co\u00f1uesumadre, maldito, sucio \u2014murmur\u00f3 para s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo se detuvo sin interrumpir el curso de esa escena. Todos miraban pero nadie estaba mirando. El viejo se encerr\u00f3 en su diario, la muchacha cerr\u00f3 los ojos para ver ese concierto de Oasis que sal\u00eda de los aud\u00edfonos, la se\u00f1ora clav\u00f3 la mirada al piso con vehemencia y el cuarent\u00f3n alcanz\u00f3 a llegar a la parada y, al darse cuenta, abraz\u00f3 a la ni\u00f1ita, tap\u00e1ndole la cara disimuladamente con las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>El resto del elenco hizo bien su papel de reparto. Todos (el conductor del metrob\u00fas, los pasajeros de los primeros asientos, la gente que caminaba por la acera) apuraron el paso, se volvieron ingr\u00e1vidos, vaciaron de contenido sus pupilas, bordeando con sigilo el asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo zumbaba en los o\u00eddos, alejando ese primer plano del resto de la escena, y sin embargo el rumor de la calle permanec\u00eda intacto en toda su composici\u00f3n: carros, cornetas, motos, sirenas, gente que sosten\u00eda remotas conversaciones&#8230; Todo segu\u00eda all\u00ed, en un murmullo pastoso que iba perdiendo gravedad. Todo ese furor comprimido de viernes de quincena encontr\u00f3 su desahogo y estall\u00f3 en una suma de m\u00ednimos orgasmos personales. La presi\u00f3n baj\u00f3 y los que entendieron se asustaron y celebraron en secreto no haber sido los poseedores del n\u00famero de ese sorteo.<\/p>\n\n\n\n<p>La escena se sigui\u00f3 espesando, congelando, perdiendo vida, hasta detenerse en un fotograma, que pudo ser la instant\u00e1nea que acompa\u00f1ar\u00eda la cr\u00f3nica del fin del mundo para alguien.<\/p>\n\n\n\n<p>El gordito obedeci\u00f3 d\u00f3cil. Sinti\u00f3 un fr\u00edo que le bloqueaba la audici\u00f3n. No sab\u00eda que ten\u00eda miedo, pero s\u00ed sab\u00eda que ya no sent\u00eda rabia. No, por ahora. Solo sent\u00eda ansiedad porque todo terminara pronto. El tipo se llev\u00f3 el bot\u00edn, y le quit\u00f3 el celular y la gorra Milwaukee Brewers por la sola costumbre de malandrear, y camin\u00f3 con aplomo en direcci\u00f3n a la moto.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa larga y repetida escena no durar\u00eda ni veinte segundos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el tiempo cay\u00f3 rodando sobre el estelar segundo veintiuno.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Resulta que el pap\u00e1 de la ni\u00f1ita era polic\u00eda. La empuj\u00f3 hacia m\u00ed, que estaba delante de ellos, y yo la abrac\u00e9 duro porque sospech\u00e9 lo que ven\u00eda. Dio dos pasos a un lado y, con las piernas abiertas y las manos agarrando su arma, les grit\u00f3 con fuerza un \u00ab\u00a1Quietos!\u00bb que, por supuesto, los tipos ni pendiente. Ah\u00ed mismito los dej\u00f3 fr\u00edos. \u00a1Qu\u00e9 heavy!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos, que no fue as\u00ed. La verdad es que el atracador se devolv\u00eda a la moto cuando se llev\u00f3 el susto de su vida al ver a dos municipales echarle el guante a su compinche y a otro par de polic\u00edas, que esperaban delante del metrob\u00fas, apunt\u00e1ndole con sus armas. Por m\u00ed, que los cuelguen por la polla.<\/p>\n\n\n\n<p>-Usted no pudo haber visto nada porque apenas vio esa pistolota, meti\u00f3 la cabeza en el peri\u00f3dico. La verdad es que el muchacho no estaba solo. Cuando el malandro se le acerc\u00f3 con la pistola en la mano, se le vino por detr\u00e1s el amigo del muchacho y le puso una m\u00e1s grande en la nuca. El de la moto se fue sin esperar al compinche. Al hombre ese todav\u00eda le deben estar dando palos en la parada.<\/p>\n\n\n\n<p>-No, qu\u00e9 va. Yo los vi desde que llegaron. Se baj\u00f3 el tipo con la pistola y calcul\u00e9 que el de la moto no estar\u00eda armado. Me entr\u00f3 una impotencia y, sin pensarlo, puse la palanca en drive y met\u00ed chola a fondo. Como el otro no esperaba ver al pana debajo de las ruedas, el gordito aprovech\u00f3 y lo inmoviliz\u00f3 con una llave. Ah\u00ed mismo la gente se le tir\u00f3 encima y le dieron hasta con paraguas y carteras.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran sabrosas todas las versiones. Todos, en su impotencia, se regalaron su fantas\u00eda de justicia, de redenci\u00f3n ante tanto abuso. Pero la vida no es una pel\u00edcula y al segundo veintiuno, el tipo se mont\u00f3 en la moto y arrancaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas se perdieron de vista por la principal hacia abajo, el volumen de la escena comenz\u00f3 a subirse gradualmente. La gente volvi\u00f3 a su ritmo, a respirar, a comentar y a preguntar necedades. \u00bfCu\u00e1nto te tumbaron, chamo? \u00bfLes viste la cara? \u00bfLa gorra era original? \u00bfTe guardaste el dinero frente al cajero? \u00bfEsos reales eran tuyos?<\/p>\n\n\n\n<p>El gordito los miraba como quien despierta en Pek\u00edn. Como pod\u00eda mirarlos el perro que bajaba por la acera, ajeno a Caracas y sus miserias. En el barullo de preguntas, en el creciente rumor de vida vuelta a su ritmo, comienzan a desfilar por su cabeza las primeras conclusiones. Ve lejos, como si fuese un borroso pasado, la fiesta que ten\u00eda esa noche. Ve lejos las birras y los cuentos del mundial. Le preocupa llegar a la oficina sin los doce mil bol\u00edvares que le mandaron a sacar. Y sin un tiro en una pierna, que es lo peor. Piensa en esto \u00faltimo y le parece tan sospechoso, que hasta \u00e9l mismo duda de su inocencia. Piensa en el tr\u00e1mite del cuento, en la cara de los ingenieros y la de Jenny, la secretaria, cuando les cuente. Piensa en la n\u00f3mina y en la mirada de los obreros. Piensa, qu\u00e9 cagada, en la cara de culpable.<\/p>\n\n\n\n<p>En el metrob\u00fas todo el mundo participa de las conversaciones sobre el atraco. Todo el mundo, menos \u00e9l. \u00c9l y el cuarent\u00f3n que est\u00e1 con su ni\u00f1a y que se dedic\u00f3 a hablarle de otras cosas. Cuando ya el tema comenzaba a morir en los pasajeros, el hombre le pregunt\u00f3 a la ni\u00f1a, que va callada viendo por la ventana con mirada melanc\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 tienes, nena?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Que me da cosa con el muchacho. Tiene como ganas de llorar \u2014respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/hector-torres-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>H\u00e9ctor Torres UN MALANDRO CARAQUE\u00d1O A Daniel Pratt y a Vicente Ulive But I\u00b4m tryin\u00b4, Ringo. I\u00b4m tryin\u00b4 real hard to be the shepherd. 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