{"id":12231,"date":"2024-06-29T13:31:44","date_gmt":"2024-06-29T13:31:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12231"},"modified":"2025-02-18T16:35:16","modified_gmt":"2025-02-18T21:05:16","slug":"dias-de-rojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dias-de-rojo\/","title":{"rendered":"D\u00edas de rojo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Mar\u00eda Elena Lavaud<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Cap\u00edtulo 1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La lluvia hab\u00eda vuelto a sorprenderla sin paraguas. Caminaba con paso apurado tratando de ganarle tiempo a las gotas, que comenzaban a convertirse en un agua\u00adcero; pero la velocidad de su andar no era solamente producto del instinto natural de ganarle la partida a la lluvia; era la consecuencia l\u00f3gica del ritmo de sus pul \u00adsaciones, todav\u00eda aceleradas, tras el encuentro de minutos atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruz\u00f3 con paso r\u00e1pido la v\u00eda hasta tomar la avenida Fuerzas Oficiales. \u00ab\u00a1Diablos!\u00bb, farfull\u00f3 al dar un traspi\u00e9 tratando de avanzar por las voluptuosas aceras del oeste de la ciudad, que m\u00e1s de 30 a\u00f1os despu\u00e9s mostraban todav\u00eda los rigores del terremoto de 1967. Era uno de esos excepcionales d\u00edas en los cuales sal\u00eda de casa sin autom\u00f3vil. \u00abEn mala hora\u00bb, se reproch\u00f3 mientras intentaba alcanzar un taxi.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta el fr\u00edo y la \u00e9poca de lluvia hab\u00eda cam biado en Agua Grande a finales del siglo XX. El frondoso pulm\u00f3n vegetal que adorna el valle que es la capital, domi\u00adnado por palmeras y ceibas, respiraba desconcertado intentando seguir el paso a los desarreglos que desdibujaron en el calendario el lugar del fr\u00edo decembri no y las lluvias de mayo a Septiembre. La anarqu\u00eda se instal\u00f3 en el ambiente, como presagiando la turbulencia que indefectiblemente habr\u00eda de tocar a todos sus habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La lluvia de ese d\u00eda&nbsp; la hab\u00eda sorprendido tanto como la fatuidad de aquel hom\u00adbre que acababa de conocer, gracias al desaf\u00edo de su amiga de la infancia y a la postre tambi\u00e9n colega, Cecilia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Anda Irene, acomp\u00e1\u00f1ame, no quiero ir sola, me da un poco de miedo, a decir verdad. Ya sabes que tiene fama de atrevido y mujeriego.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Por favor, Cecilia. \u00bfQui\u00e9n va a creer eso?, \u00bft\u00fa con miedo, y a un mujeriego? \u00bfImposible! Intenta otro argumento: adem\u00e1s, ese hombre me repugna, no lo soporto. Por m\u00e1s que lo pienso y trato de entender sus razones, para m\u00ed jam\u00e1s ser\u00e1n suficientes para justificar el uso de las armas y las muertes sin &nbsp;sentido que provoc\u00f3. Es demasiado Ceci, no me pidas eso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Irene por favor. No parecen cosas tuyas. \u00bfVas a dejar que otro te cuente c\u00f3mo es en realidad el hombre que en pleno siglo XX trat\u00f3 de dar un golpe de Estado a una de las democracias m\u00e1s s\u00f3lidas de la regi\u00f3n? \u00bfVas a perder la oportunidad de verlo personalmente?<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed estaban, esperando en la antesala. Cecilia, como siempre, hab\u00eda logrado salirse con la suya. Hab\u00eda convencido a Irene, a la que conoc\u00eda como la palma de su mano. Recurri\u00f3 a esa persistencia inagotable que pose\u00eda, la misma que empleaba para presentarse ante quien se le antojara, desde cantantes hasta estrellas del cine; todo con la excusa del periodismo, y para satisfacer su esp\u00edritu aventurero y conquistador. Provocadora por naturaleza, Cecilia sab\u00eda sin embargo c\u00f3mo tocar las fibras y el orgullo de su gran amiga. De peque\u00f1as, fueron muchos los helados que dejaron derretir a causa de conversaciones tan amenas como interminables, llenas de ideales y de sue\u00f1os compartidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta de la sala &nbsp;de visitas &nbsp;se abri\u00f3 &nbsp;lo suficiente para que Cecilia&nbsp;e<em> <\/em>I rene alcanzaran a presenciar la despedida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Entonces nos vemos la semana que viene, comandante \u2013 dec\u00eda Victoria Correa d\u00e1ndole la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Claro que s\u00ed, belleza, recuerda que voy a estar esper\u00e1ndote \u2013 respond\u00eda S\u00e1nchez con un gui\u00f1o de ojo. Acto seguido dio la bienvenida a las reporteras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfUstedes son las que vienen de Radio Ciudad?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Nosotras mismas somos \u2013 se apur\u00f3 a contestar Cecilia pellizcando a Irene que observaba todo con displicencia. \u00abMu\u00e9vete mujer \u00ab, le susurr\u00f3 para que se levan\u00adtara de su asiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Entraron en la sala. Era peque\u00f1a, pero estaba lim pia, ordenada y con una buena dosis de luz del sol que se colaba por el alto y enrejado ventanal que recorr\u00eda una de las paredes del viejo Cuartel de largo a largo. Otra de ellas, la de enfrente, es\u00adtaba repleta de escrituras, pensamientos, reflexiones y diagn\u00f3sticos pol\u00edticos. Era la letra del comandante, peque\u00f1a y apretada; vertical, con marcador negro. Irene repar\u00f3 en ella enseguida, tratando de calcular en cu\u00e1ntas horas o d\u00edas aquel hombre hab\u00eda producido semejante crucigrama.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfC\u00f3mo es que se llama el programa de ustedes? \u2013 Terci\u00f3 S\u00e1nchez para romper el hielo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Se llama Ad\u00e1n y la serpiente \u2013 respondi\u00f3 Cecilia deslumbrada, cont\u00e1ndole a guisa de carta de presentaci\u00f3n que hac\u00eda pocos meses ella, junto a su compa\u00f1ero de programa se hab\u00eda ganado el Premio Nacional de Periodismo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfY qui\u00e9n es la culebra? \u2013 respondi\u00f3 entre risas el Comandante,  dedic\u00e1ndole de una vez una mirada socarrona a Irene.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Yo no formo parte del equipo del programa. Soy periodista, pero esta vez solo vine acompa\u00f1ando a mi amiga. No perdamos tiempo, por favor \u2013 dijo Irene visiblemente impaciente, rogando con la mirada a Cecilia que se diera prisa.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera pregunta de Cecilia era la obligada: \u00bfCu\u00e1les fueron los motivos que tuvieron los comandantes golpistas para emprender las acciones. Irene se sab\u00eda la respuesta de memoria: la corrupci\u00f3n, la pobreza, las c\u00f3pulas podridas de los par\u00adtidos pol\u00edticos. En fin, el mismo discurso que con cada entrevista apreciaba m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s fluido en el comandante S\u00e1nchez.<\/p>\n\n\n\n<p>Soport\u00f3 estoica la mayor parte del tiempo sin perder detalle; se mantuvo al mar\u00adgen escuchando y escrutando cada gesto y cada palabra de &nbsp;aquel &nbsp;hombre &nbsp;que ahora le causaba m\u00e1s repulsi\u00f3n. Dej\u00f3 que Cecilia asegurara su trabajo, y cuando estim\u00f3 que ya estaba listo, ech\u00f3 mano de la vieja t\u00e1ctica: la pregunta m\u00e1s imper\u00adtinente para el final, por si el entrevistado se molesta y da por terminado el encuentro.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 cree usted que le dio derecho para tomar las armas que se le dieron para la seguridad y defensa del pa\u00eds, y arremeter con ellas contra sus propios compa\u00f1eros?<\/p>\n\n\n\n<p>Cecilia observaba con atenci\u00f3n c\u00f3mo Irene iba subiendo el tono de sus pala\u00adbras, mientras el Comandante cruzaba sus brazos y se reclinaba en el asiento midi\u00e9ndola con la vista sin perder detalle de lo que dec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013T\u00fa no entiendes, muchacha.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pues d\u00e9jeme decirle, Teniente Coronel N\u00e9stor S\u00e1nchez, que usted se equivoc\u00f3. Usted ha usado las armas de la Rep\u00fablica para matar ciudadanos; por el mo\u00adtivo que sea, usted es el responsable de la desgracia que muchas familias nunca podr\u00e1n olvidar. Familias pobres, por cierto, \u00e9sas en cuyo nombre usted dice que actu\u00f3; familias de soldados humildes, que murieron unos por obedecerle a usted, y otros por obedecer los principios y formaci\u00f3n militar e institucional que les&nbsp;impartieron para defender la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cecilia no dejaba de mirar a aquel hombre que se le antojaba lleno de una ener\u00adg\u00eda irresistible. Segu\u00eda cada uno de sus gestos y cada adem\u00e1n con todos sus sen\u00adtidos. Pens\u00f3 que sin duda se trataba de un hombre valiente, que hab\u00eda sido capaz de hacer temblar las bases del estatus de una sociedad m\u00e1s que carcomida en sus cimientos por la corrupci\u00f3n, los intereses econ\u00f3micos y el abuso del poder. No obstante, sab\u00eda que el encuentro estaba por terminar. Conoc\u00eda de sobra a Irene; as\u00ed que se levant\u00f3 de su asiento y comenz\u00f3 a caminar hacia &nbsp;la salida, aun cuando desde ese mismo momento, \u00edntimamente, supo que regresar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Esc\u00facheme y v\u00e9ame bien, &nbsp;Teniente Coronel. &nbsp;Mi &nbsp;nombre &nbsp;es &nbsp;Irene &nbsp;Becerra. Como &nbsp;le &nbsp;dije, &nbsp;no &nbsp;estoy &nbsp;en &nbsp;funciones &nbsp;period\u00edsticas &nbsp;en &nbsp;este momento, &nbsp;solo vine acompa\u00f1ando a mi &nbsp;colega; pero como ciudadana, y con &nbsp;la libertad&nbsp; plena que me da esta democracia que usted pretendi\u00f3 quitarme, me atrevo a decirle que usted es una deshonra para las Fuerzas Militares: que usted &nbsp;no se merece ni un c\u00e9ntimo de los impuestos que hemos pagado para su formaci\u00f3n militar; d\u00e9jeme decirle que su famoso golpe de estado que muchos ya le aplauden, a &nbsp;m\u00ed me llena de asco y de verg\u00fcenza. Me decepciona &nbsp;usted, y sus actos golpistas me&nbsp;ofenden como ciuda\u00addana y com o ser humano. Pi\u00e9nselo, Ten iente Coronel, y revise su discurso, porque puede usted tener raz\u00f3n en el diagn\u00f3stico, pero se equivoc\u00f3 en la soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Irene se dispon\u00eda a seguir a Cecilia cuando S\u00e1nchez se levant\u00f3 y la tom\u00f3 del brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 As\u00ed es que me gustan las cosas a m\u00ed, por la calle del medio, con franqueza y valent\u00eda, porque t\u00fa eres muy valiente. \u00bfNo es as\u00ed? \u00bfIrene me dijiste que te llamas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Becerra Gedler, no se le olvide.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Imposible! Eso te lo aseguro, belleza. Gracias por la visita de todas maneras, y te aseguro que nos volveremos a encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>No era la primera vez que argumentos como los de I rene se le presentaban al comandante. No obstante, estaba convencido de que conquistar\u00eda el poder tarde o temprano. Victoria, la abogada que acababa de despachar, ten\u00eda raz\u00f3n; era preciso obtener la libertad de inmediato. Luego tendr\u00eda tiempo de ocuparse de todo. Espe\u00adcialmente de gente como esa Irene, que se atrev\u00edan a desafiarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cecilia&nbsp; ofreci\u00f3 llevarla, pero ella prefiri\u00f3 caminar para tratar de disipar el disgusto. Apenas se subi\u00f3 al taxi revent\u00f3 el aguacero. Pidi\u00f3 al chofer que la llevara a su oficina en el sureste de la capital. Todav\u00eda sent\u00eda en&nbsp; su brazo la presi\u00f3n de la mano de aquel &nbsp;hombre que &nbsp;ahora despreciaba mucho m\u00e1s. &nbsp;Irene entend\u00eda sin duda que se trataba de la noticia del momento, pero siempre pens\u00f3 que se le estaba dando demasiado espacio en los medios de comunicaci\u00f3n a semejante personaje. De nuevo la necesidad de encontrar un Mes\u00edas que resolviera todos los males del pa\u00eds se estaba convirtiendo en un verdadero problema; sin embargo muchos parec\u00edan no advertirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>A med ida que hac\u00edan el recorrido para tomar la autopista en sentido Oeste-Este, la lluvia pon\u00eda de nuevo al descubierto las miserias de los gobernantes y el calvario de los &nbsp;habitantes: alcantarillas totalmente obstruidas y quebradas llenas de escombros que dejaban en evidencia como por arte de magia, la desidia de la que &nbsp;por a\u00f1os ha sido v\u00edctima la que alguna vez fue calificada como una de las ciudades con m\u00e1s potencial de desarrollo en el continente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sucedi\u00f3 entonces lo de siempre. El tr\u00e1fico se complic\u00f3 en segundos. \u00abNo es posible tanto descaro \u2013 pensaba entregada al retraso de al menos media hora que tendr\u00eda en llegar a su destino \u2013 primero prometen todas las soluciones del mundo, y al llegar al poder se olvidan de todo. Embaucan a la gente con una pretendida vocaci\u00f3n de servicio y luego no hacen gran cosa. Es indecente comprobar c\u00f3mo el modo de vida de estos personajes no se ajusta para nada al &nbsp;nivel de ingresos que te\u00f3ricamente perciben\u00bb, pensaba una y otra vez. \u00ab\u00bfCu\u00e1l es el &nbsp;inter\u00e9s entonces en lograr cargos p\u00fablicos si los salarios son una miseria?\u00bb Para ella, la respuesta era obvia y vergonzosa.<\/p>\n\n\n\n<p>En eso, lamentablemente ten\u00eda que dar la raz\u00f3n al Comandante. Sin embargo, la democracia era sin duda un sistema pol\u00edtico criticable, como ella misma lo hac\u00eda, pero perfectible e insustituible. Lo peligroso resultaba que ahora, un golpista devenido en celebridad comenzaba a ganarse la&nbsp;simpat\u00eda de los habitantes &nbsp;de Agua Grande, ese pa\u00eds lleno de costas hermosas, selva, llano, monta\u00f1as y no pocas riquezas naturales. \u00abMi Dios \u2013 pens\u00f3 \u2013 qu\u00e9 disparate\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 a la editorial una hora despu\u00e9s de lo previsto. Con lluvia y sin aire acondi\u00adcionado, como era corriente en los taxis de la capital pese a su clima templado, el trayecto le result\u00f3 agobiante. &nbsp;Salvo el relativamente nuevo subterr\u00e1neo con que contaba parte de la ciudad, el transporte colectivo segu\u00eda siendo una gran calamidad. Ten\u00eda parte de la ropa h\u00fameda&nbsp; por las gotas de agua que al estrellarse contra el vidrio semiabierto para permitir la circulaci\u00f3n del aire, iban a parar encima de ella. El sopor la acompa\u00f1\u00f3 todo el camino, y una sensaci\u00f3n de ahogo se apoder\u00f3 de ella por momentos. Se sent\u00eda angustiada e inquieta.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez en su puesto de trabajo, despach\u00f3 dos reportajes que ten\u00eda pendiente entregar, y se dispuso a listar las entrevistas que har\u00eda para la pr\u00f3xima edici\u00f3n: una investigaci\u00f3n sobre el \u00e9xito de las telenovelas nacionales en el exterior, que estaban&nbsp; siendo vendidas&nbsp; incluso en &nbsp;Europa; se trataba&nbsp;de un fen\u00f3meno sin &nbsp;precedentes en la historia de la producci\u00f3n de la televisi\u00f3n local. Un semanario especializado en mercadeo y comunicaciones como \u00e9se donde ella trabajaba, no pod\u00eda dejar de ofrecerlo a sus lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>Se encontr\u00f3 con la p\u00e1gina en blanco frente a s\u00ed. Estuvo varios minutos sin escribir palabra; inm\u00f3vil, pensativa. No pod\u00eda alejar de su mente la escena con el Comandante S\u00e1nchez.&nbsp; De pronto, record\u00f3 el sobre amarillo que escond\u00eda &nbsp;bajo llave en una de sus gavetas. Lo abri\u00f3. Volvi\u00f3 a repasar de nuevo las p\u00e1ginas que conten\u00eda, una a una. La primera de ellas con el r\u00f3tulo de \u00abConfidencial: Informe de Inteligencia \u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez que lo le\u00eda terminaba con la misma sensaci\u00f3n: hab\u00eda piezas que definitivamente no encajaban en el rompecabezas, y la tentaci\u00f3n de encontrarlas crec\u00eda en ella d\u00eda a d\u00eda. Nunca podr\u00eda olvidar aquella experiencia de la madrugada del d\u00eda de la intentona golpista.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/maria-elena-lavaud\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Elena Lavaud Cap\u00edtulo 1 La lluvia hab\u00eda vuelto a sorprenderla sin paraguas. 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