{"id":12153,"date":"2024-06-21T22:15:00","date_gmt":"2024-06-21T22:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12153"},"modified":"2025-05-01T16:48:08","modified_gmt":"2025-05-01T21:18:08","slug":"confesiones-de-dias-muertos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/confesiones-de-dias-muertos\/","title":{"rendered":"Confesiones de d\u00edas muertos"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Argenis Gadea<\/h4>\n\n\n\n<p>Era media noche. El aire estaba viciado por el humo de cigarrillo y perfume, todo acorde con el ambiente de un burdel. Parec\u00eda que el domicilio estuviera encerrado en un c\u00edrculo, donde cualquier fantas\u00eda pod\u00eda cumplirse. Los hombres, coronados por el prestigio de la experiencia, bailaban y se intercambiaban las mujeres, antes de entrar a los cuartos. Pens\u00e9 en quedarme una hora m\u00e1s; pero una voz secreta dentro de m\u00ed, igual a la que escuchan los apostadores, me dec\u00eda que volviera a casa. Miradas conspirativas se ve\u00edan en los rostros de los hombres ansiosos de sexo. El hombre el de canas sospechosas, que me hab\u00eda recibido en la puerta, me indic\u00f3 que caminara unos doscientos metros, para llegar al sitio donde pod\u00eda esperar un taxi; y antes de que yo le diera las gracias, agreg\u00f3 con una seriedad de plomo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00e9 valiente eres al andar a esta hora por esta zona de ladrones, que no interrumpen el ejercicio de su profesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mantuve la calma y sal\u00ed caminando sin mirar hacia atr\u00e1s, pensando que se trataba de un chiste de mal gusto. \u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 que es m\u00e1s f\u00e1cil infundir miedo que explicar una idea? A lo lejos se escuchaban sirenas de carros de polic\u00eda. Apur\u00e9 el paso por aquella calle amorfa, donde escuchaba c\u00f3mo mis pasos resonaban en las paredes; las luces del alumbrado p\u00fablico eran tan d\u00e9biles que parec\u00edan estrellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias a mi eterna buena suerte, vi un taxi que se acercaba hacia m\u00ed, a los pocos segundos de pararme en aquella avenida desolada. Sin dudar le saqu\u00e9 la mano; era un <em>Fairlane 500<\/em> marr\u00f3n, que luc\u00eda como si el chofer lo hubiera sacado de la agencia segundos antes de recogerme. Me sub\u00ed al carro, d\u00e1ndole las buenas noches a mi salvador y, queriendo no llegar a mi casa, le dije al taxista la direcci\u00f3n de mi amigo Mois\u00e9s Bravo. El taxista me dijo un \u00abs\u00ed\u00bb, con un acento que <em>ipso facto<\/em> me hizo saber que era espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre iba fumando, as\u00ed que encend\u00ed un cigarrillo para acompa\u00f1arlo. Al ver que mi encendedor no funcionaba, me prest\u00f3 el suyo, dici\u00e9ndome:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe qu\u00e9 van los fabricantes de encendedores de este pa\u00eds, que no sirven para una mierda?<\/p>\n\n\n\n<p>Le agradec\u00ed y le di una fuerte calada a mi cigarrillo, mientras mi cabeza era un caos, llena de preguntas: antes de irse a dormir, \u00bfen qui\u00e9n pensar\u00e1 Nicol?, \u00bftendr\u00e1 familia e hijos?, \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 su edad?, \u00bfpara qu\u00e9 me pedir\u00eda mi n\u00famero telef\u00f3nico? Sal\u00ed de aquel trance cuando el conductor, le dio volumen a la radio donde hablaba un hombre con un acento peninsular, m\u00e1s fuerte que el del mismo taxista:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEs usted espa\u00f1ol? \u2014, le pregunt\u00e9 tirando la colilla de mi cigarrillo por la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Claro, hombre! De Madrid, capital de la gloria, capital de ladrones y putas, como en todos lados y el que est\u00e1 hablando en la radio es madrile\u00f1o tambi\u00e9n, amigo m\u00edo: Javier Garc\u00eda\u2014, me respondi\u00f3 el hombre de una forma simp\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>El locutor hablaba de los vientos huracanados que azotaban la Pen\u00ednsula, con rachas que superaron los 120 kil\u00f3metros por hora; la ciudad de Valencia (Espa\u00f1a), fue la m\u00e1s castigada, con cuatro muertos. Luego pas\u00f3 a las noticias de Venezuela, donde la tensi\u00f3n aumentaba por las medidas econ\u00f3micas del presidente Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche era callada, sin tr\u00e1fico; era una noche en la que parec\u00eda como si alguien conspirara contra todo el pa\u00eds. Ya al frente de la casa de Mois\u00e9s Bravo, y despu\u00e9s de pagarle, el taxista me estrech\u00f3 la mano y me dijo con fuerza, con su caracter\u00edstica entonaci\u00f3n madrile\u00f1a: \u201cErnesto Gonz\u00e1lez\u201d, que tenga usted muy buenas noches caballero.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Luego de tocar la pesada puerta de madera, Mois\u00e9s Bravo me abri\u00f3 y al verme reaccion\u00f3 con su habitual grito: \u2014\u00a1Gomecito! Lo consegu\u00ed como siempre, con un cigarrillo en la mano, una cerveza servida en un vaso peque\u00f1o de cristal y un disco de vinilo girando en el plato de su tocadiscos. Conocer a alguien puede ser una empresa muy complicada; es como caminar a oscuras por mucho tiempo, sin saber qu\u00e9 podemos conseguir. Pero con Mois\u00e9s Bravo todo fue espont\u00e1neo y diferente: nos conocimos en la fila de un banco, yo de veinte a\u00f1os y \u00e9l frisaba los cincuenta y cinco; es decir, ten\u00eda la misma edad que tengo yo ahora, cuando estoy escribiendo estas l\u00edneas.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dimos conversaci\u00f3n criticando lo lentas que eran las cajeras del banco. No recuerdo muy bien c\u00f3mo ca\u00edmos en la m\u00fasica. Y en el momento que me confes\u00f3 que se ganaba la vida vendiendo discos de vinilo y motivado al hecho de que compart\u00edamos la misma idea acerca de que los discos y la m\u00fasica influ\u00edan en nuestra existencia, al d\u00eda siguiente de haberlo conocido fui a su casa: era una construcci\u00f3n maciza, hecha por su padre a finales del siglo XIX. Todo siempre estaba muy limpio, aunque reflejaba los problemas financieros de Mois\u00e9s Bravo. Las paredes de la sala estaban cubiertas de estantes de madera llenos de discos de vinilo y, adem\u00e1s, ten\u00eda un dep\u00f3sito con cientos m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa, el tiempo, las an\u00e9cdotas y los recuerdos y lo que le quedaba por vivir, eran los \u00fanicos patrimonios importantes para Mois\u00e9s. Aquel lugar se convirti\u00f3 para m\u00ed en un lugar sagrado, en un templo donde el idioma era la m\u00fasica. Mois\u00e9s Bravo hab\u00eda nacido en 1934, a finales de la dictadura de Juan Vicente G\u00f3mez; cada vez estaba un poco borracho me dec\u00eda en un tono burl\u00f3n: \u00bfT\u00fa no ser\u00e1s familia de ese hombre, Diego?<\/p>\n\n\n\n<p>Mois\u00e9s Bravo rara vez hablaba de su vida, as\u00ed que supe muy poco de su ni\u00f1ez y de su adolescencia; aunque aprovechaba los momentos de borrachera para lanzarle preguntas sobre su pasado, pero Mois\u00e9s era una presa dura de cazar, porque su lealtad a no decir nada era casi medieval. La \u00fanica informaci\u00f3n que le pude sacar fue que se hab\u00eda casado con una mujer llamada Mar\u00eda Ugenia y que aquel matrimonio se termin\u00f3 cuando la mujer lo puso a escoger entre los discos o ella. Mois\u00e9s no dud\u00f3 en escoger los discos y una moto con la que pocas veces se mov\u00eda los domingos.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre vest\u00eda con guayaberas de diferentes colores, bluyines, botas de monta\u00f1a y un <em>Rolex <\/em>heredado de su padre. Aquella noche no pude confesarle a Mois\u00e9s Bravo de d\u00f3nde ven\u00eda, as\u00ed que le dije que hab\u00eda estado en una fiesta de cumplea\u00f1os muy aburrida. Bebimos cervezas escuchando un disco de salsa y termin\u00e9 como casi siempre, es decir, un poco borracho en el sof\u00e1, escuchando Mahler.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando amaneci\u00f3 aquella ma\u00f1ana del 27 de febrero del 1989, Mois\u00e9s Bravo me despert\u00f3 con el inconfundible aroma a caf\u00e9 reci\u00e9n hecho; pero tambi\u00e9n sent\u00edamos algo m\u00e1s en el aire: el otro olor inconfundible de caucho quemado. De inmediato nos enteramos de que en el centro de Caracas hab\u00eda protestas por las medidas econ\u00f3micas. El transporte p\u00fablico suspendi\u00f3 sus actividades, igual que los taxistas.&nbsp; Llam\u00e9 a mi madre para informarle d\u00f3nde estaba y que no ten\u00eda c\u00f3mo llegar a casa y que me iba a quedar en donde Mois\u00e9s Bravo, hasta que todo se calmara.<\/p>\n\n\n\n<p>Salimos a un supermercado cercano a comprar algo para almorzar y recargar la nevera de cervezas, pero ya era muy tarde: una muchedumbre euf\u00f3rica trataba de derribar a golpes las cortinas met\u00e1licas del local. Yo, en mi inocencia, le suger\u00ed a Mois\u00e9s aproximarnos, para tratar de calmar a la turba de personas, para que no destruyeran el negocio de aquel portugu\u00e9s que hab\u00eda llegado a Venezuela en busca de una mejor vida. Pero Mois\u00e9s, un poco aturdido por lo que estaba viendo, me agarr\u00f3 de un brazo y corriendo nos devolvimos a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando entramos, fuimos directo a la cocina, donde Mois\u00e9s ten\u00eda un peque\u00f1o televisor y al encenderlo vimos en los noticieros los saqueos en otras zonas y c\u00f3mo un tropel de personas arrasaba y destrozaba todo a su paso. Por un momento pens\u00e9 que Mois\u00e9s hab\u00eda sintonizado una pel\u00edcula del fin del mundo. Enseguida, llam\u00e9 a mi madre para verificar si estaba viendo lo que pasaba; pero estaba vez me contest\u00f3 mi t\u00edo Francisco, que al escuchar mi voz se ofreci\u00f3 a buscarme. Me opuse dici\u00e9ndole que estaba muy bien resguardado.<\/p>\n\n\n\n<p>Mois\u00e9s mud\u00f3 su peque\u00f1o televisor a la sala, donde estuvimos una media hora, viendo las noticias, sentados en el sof\u00e1, fumando sin parar. Al escuchar unas r\u00e1fagas de tiros a lo lejos decidimos cerrar las puertas y ventanas de la casa. En el momento en que Mois\u00e9s sali\u00f3 hacia el portal, un hombre que viv\u00eda a pocos metros, apodado \u201cEl conejo\u201d, se par\u00f3 con su camioneta vieja. R\u00e1pidamente abri\u00f3 la maleta, sac\u00f3 una bolsa negra y se la dio a Mois\u00e9s sin decirle nada. Se mont\u00f3 de nuevo en su carro, arranc\u00f3 de inmediato, haciendo que sus ruedas traseras chillaran: la bolsa estaba llena de comida perecedera y algunas botellas de ron.<\/p>\n\n\n\n<p>No entend\u00edamos nada de lo que pasaba; el peque\u00f1o televisor, al calentarse, distorsionaba la imagen; as\u00ed que decidimos encender la radio. Se escuchaban las sirenas de las patrullas de un lado a otro. Empezamos a sentir el trote de personas, huyendo de la polic\u00eda y hasta pudimos ver c\u00f3mo el sobrino de una amiga de Mois\u00e9s pas\u00f3 caminando al trote, con una pierna de res entera en sus hombros. Las r\u00e1fagas se escuchaban m\u00e1s cerca. Entonces nos sentamos en el suelo con la peque\u00f1a radio cerca, escuchando los boletines de noticias. Dec\u00edan que el ej\u00e9rcito estaba en la calle para ayudar a la polic\u00eda a acabar con el caos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un poco antes de la nueve de la noche, el ambiente se calm\u00f3. Nunca voy a olvidar cuando Mois\u00e9s sirvi\u00f3 dos tragos de ron, me mir\u00f3 directamente a los ojos y con el tono de voz de un hombre que lleva d\u00edas sin dormir me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se termin\u00f3 de joder este pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Aseguraba que lo que estaba pasando era un movimiento muy bien planeado, que esas protestas no pod\u00edan ser espont\u00e1neas:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Este pa\u00eds nunca va a poder vivir tranquilo. Nuestra historia es esta vaina: golpes de estado y asesinatos entre militares&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Yo lo escuchaba atentamente, ya que no era muy ducho en pol\u00edtica e ignoraba muchas cosas para aquel tiempo: ignoraba qui\u00e9n era Margaret Thatcher; ignoraba por qu\u00e9 se hizo el Muro de Berl\u00edn; ignoraba que un hombre llamado Stalin hab\u00eda matado a 42 millones de personas y que Mao Zedong, que escrib\u00eda poes\u00eda en sus tiempos libres, mat\u00f3 a 21 millones de personas; tambi\u00e9n ignoraba que el Che Guevara fue llamado el \u00abCarnicero de la Caba\u00f1a\u00bb, apodo que no se lo pusieron por casualidad; ignoraba que nuestra historia hab\u00eda sido de dictadores, traiciones entre pol\u00edticos, c\u00e1rceles llenas de torturados y personas asesinadas por el caudillo de turno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Eran las once y media de la noche cuando se fue la luz. Mois\u00e9s busc\u00f3 dos velas peque\u00f1as y, luego de tanta tensi\u00f3n, m\u00e1s el licor, nos quedamos dormidos tirados en el suelo. A la ma\u00f1ana siguiente nos despertamos con la voz engolada del locutor que sal\u00eda de la radio, que a su vez dec\u00eda que la luz hab\u00eda vuelto. Escuchamos los primeros boletines tomando una taza de caf\u00e9 y con un cigarrillo.<\/p>\n\n\n\n<p>El panorama parec\u00eda de tranquilidad; pero la verdad era que las morgues estaban llenas de cad\u00e1veres y mucha gente desesperada buscaba a sus familiares desaparecidos. Todo aquello me parec\u00eda absurdo: el ambiente en toda la ciudad era de incertidumbre. Era la primera vez que ve\u00eda largas colas para comprar comida y los cad\u00e1veres incinerados de los autobuses constitu\u00edan la evidencia del disparate colectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, despu\u00e9s de 33 a\u00f1os de lo sucedido, debo reconocer que Mois\u00e9s Bravo ten\u00eda raz\u00f3n. A\u00f1os antes, para ser m\u00e1s exacto en el 1984, en la Republica Dominicana, durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, se desataron protestas: una \u201crebeli\u00f3n popular\u201d. En los meses de mayo y de junio del 1989 tres meses despu\u00e9s del supuesto \u201cestallido social\u201d que acabo de evocar, en Argentina se repet\u00eda el mismo escenario. Para aquel tiempo pensaba que Mois\u00e9s Bravo exagerada con sus tesis; pero el tiempo demostr\u00f3 que en aquel tiempo que algunos idiotas exclamaban: \u201clleg\u00f3 la hora del pueblo\u201d, no era m\u00e1s que un simple plan.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay siempre en la vida buenas y v\u00e1lidas excusas para todas las debilidades; pero en honor a la verdad, debo decir que siempre, cuando escribo, caigo en el imperio de la melancol\u00eda, removiendo todo un mundo de cosas que no puedo olvidar. Aqu\u00ed estoy en mi decente habitaci\u00f3n pobre, en mi pa\u00eds: porque cuando no est\u00e1s en donde naciste, tu cuarto es tu pa\u00eds, est\u00e1 lleno de tu pa\u00eds. Aqu\u00ed estoy sentando, escribiendo estas l\u00edneas, mientras todo el mundo duerme, salvo algunos perros que de vez en cuando lanzan un ladrido a la luna, como tratando de decirme que hasta la luna ilumina a los ladrones de flores. Estoy aqu\u00ed sentado, sintiendo la brisa helada de las tres de la ma\u00f1ana, que roza mi rostro, como el pu\u00f1al de un sicario mafioso; sitiado por el recuerdo, realizando esta operaci\u00f3n lesiva. Pero es algo que no puedo controlar: soy como el perro que no puede hacer nada con la parte de hueso que le toca. Y neciamente no quiero ser otro. Pero, eso se trata la vida, estar vivo es; estar hecho de recuerdos. As\u00ed que continuar\u00e9 escribiendo, evocando el pasado, evocando mis d\u00edas muertos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Semanas despu\u00e9s de aquella locura colectiva, de aquel desorden, de aquella tribu salvaje que destroz\u00f3 y rob\u00f3 bienes a integrantes de su misma tribu, el pa\u00eds viv\u00eda una calma misteriosa, una calma que siempre estaba bajo sospecha en cada anochecer, con miedo a que se repitiera nuevamente la locura. Nunca voy a poder olvidar aquella ma\u00f1ana del 12 de marzo, cuando sal\u00ed directo al quiosco de prensa, salud\u00e9 al due\u00f1o, Manuel, y a su ayudante Yanira. Algunas viejas terroristas del chisme, que siempre estaban al acecho de cuanto ocurriese, espiando con morbosidad todo movimiento de Manuel, comentaban que Yanira era m\u00e1s que una empleada. Manuel era un hombre peque\u00f1o de estatura, con aires y gracias de un caballero moderno; siempre usaba mocasines marrones y unos lentes bifocales; su nariz era respingada y su tono de voz era suave y delicado. Le daba los buenos d\u00edas a todo humano que ve\u00eda, incluyendo a las viejas envenenadas que hablaban de \u00e9l. Con una disciplina de cuartel comenzaba a trabajar a las cuatro de la ma\u00f1ana y terminaba la jornada despu\u00e9s del mediod\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel d\u00eda compr\u00e9 casi todos los peri\u00f3dicos que ofrec\u00eda Manuel. Ya en mi casa, con una taza de caf\u00e9, me sent\u00e9 con mi madre a leer los peri\u00f3dicos, a entregarme a aquel vicio encantador que me hab\u00eda ense\u00f1ado. En esos tiempos se encontraban periodistas con un alto vuelo intelectual; casi todos estaban casados con la \u00e9tica y la verdad, con plumas tan potentes que pod\u00edan tumbar presidentes. Pero, esto cambi\u00f3 con la llegada de Hugo Ch\u00e1vez a la silla presidencial, en el a\u00f1o 1999, con un morral lleno de resentimientos y con muchas carencias intelectuales, y adem\u00e1s con una carta de presentaci\u00f3n de un golpe de Estado, en el que murieron centenares de venezolanos. Hugo Ch\u00e1vez se encarg\u00f3 de desaparecer los peri\u00f3dicos y la prensa escrita, canales de televisi\u00f3n y estaciones de radio, ya que quer\u00eda tomar los medios de comunicaci\u00f3n a toda costa, con su pol\u00edtica de que cada rico era o bien un ladr\u00f3n o el heredero de un ladr\u00f3n. Repet\u00eda continuamente, en sus largos discursos por televisi\u00f3n, que la prensa ment\u00eda todo el tiempo sobre su revoluci\u00f3n, acusando a los diarios de estar en una conjura para derrocar a su gobierno, que hab\u00eda sido elegido democr\u00e1ticamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de leer los titulares y algunos art\u00edculos, donde comentaban que el gobierno de Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez no hab\u00eda sabido explicarle al pueblo las medidas econ\u00f3micas, ya casi en la \u00faltima p\u00e1gina me encuentro con la noticia de que una joven reportera, de nombre de Ang\u00e9lica Romero, hab\u00eda muerto en medio de la revuelta, por un impacto de bala en la cabeza. M\u00e1s abajo estaban el lugar y la fecha del sepelio y, por \u00faltimo, las siglas \u00abD.E.P\u00bb. Me qued\u00e9 paralizado por un instante y le\u00ed la nota muchas veces, sin creer que era el nombre de Ang\u00e9lica Romero, tratando de asegurarme de que no fuera una alucinaci\u00f3n, o que se trataba de otra Ang\u00e9lica; pero en efecto, era ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuesta creer que un objeto tan peque\u00f1o, de s\u00f3lo ocho gramos, pueda acabar con una vida en un instante. Pas\u00e9 varias horas tirado en mi cama mirando al techo, pensando en Ang\u00e9lica, queriendo llorar, pero no pod\u00eda. Estar solo conmigo mismo me permite experimentar mis pensamientos y mis sentimientos; as\u00ed que si leo o veo una pel\u00edcula y siento ganas de llorar, lloro. Sin embargo, ese d\u00eda no aflu\u00eda el llanto, como queriendo guardar mis l\u00e1grimas para otra ocasi\u00f3n. \u00bfNo era ese el momento de llorar? Misteriosamente luego de diez a\u00f1os, caminando por una de las calles del centro de Londres, vi a una mujer parecida a Ang\u00e9lica: me detuve frente a ella; la mujer me mir\u00f3 y me sonri\u00f3; me qued\u00e9 unos instantes observ\u00e1ndola fijamente. Ella me mir\u00f3 nuevamente y sonri\u00f3 otra vez; luego cruz\u00f3 la calle y desapareci\u00f3 entre una muchedumbre de turistas. Un escalofri\u00f3 me recorri\u00f3 desde los pies hasta la cabeza. Enseguida regres\u00e9 a mi departamento y me puse a llorar, recordando aquel 12 de marzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Asist\u00ed al entierro de Ang\u00e9lica, aunque me promet\u00ed no ver aquel espect\u00e1culo pat\u00e9tico que la vida nos ofrece sin elecci\u00f3n. Llegu\u00e9 al cementerio un poco antes de la hora pautada, para poder observar desde lejos la comitiva de colegas y familiares; sin dudas estar\u00eda Rub\u00e9n Guti, que acompa\u00f1ar\u00eda Ang\u00e9lica a su \u00faltima morada. Una terrible ola de calor atormentaba a toda la cuidad, convirti\u00e9ndola en un gran horno. Las calles sofocantes y la humedad lo empeoraban todo. Hab\u00eda muchas fosas listas para recibir a sus nuevos habitantes del vecindario. Con esto se pod\u00eda demostrar muy f\u00e1cilmente que las cifras de muertos eran m\u00e1s de las que hab\u00edan dicho las autoridades.<\/p>\n\n\n\n<p>Ensay\u00e9 en mi cabeza miles de formas de ofrecerles mis condolencias a la madre y al padre de Ang\u00e9lica; pero tambi\u00e9n pensaba en que quedar\u00eda en evidencia con Rub\u00e9n Guti y desatar\u00eda miles de preguntas. As\u00ed que decid\u00ed mirar el entierro desde lejos. Me entretuve un rato leyendo epitafios de algunas tumbas: uno me sac\u00f3 una risa en medio de aquel mal d\u00eda: \u201cComo pasa el tiempo\u201d. Con la llegada de varios carros y una carroza f\u00fanebre, supe de inmediato que era Ang\u00e9lica quien hab\u00eda arribado al vecindario. A lo lejos, vi a sus padres bajarse de un carro; la madre de Ang\u00e9lica caminaba tambale\u00e1ndose como si fuera una condenada a la horca. M\u00e1s atr\u00e1s iba un cortejo de personas, entre ellas Rub\u00e9n Guti, con sus inseparables lentes de sol. Los empleados del cementerio abrieron la maleta f\u00fanebre y sacaron el ata\u00fad que llevaba el cuerpo de Ang\u00e9lica. De inmediato, encend\u00ed un cigarrillo. Qued\u00e9 nuevamente paralizado al lado de una tumba, de la que solo recuerdo su fecha: \u00ab1945-1970\u00bb. La madre de Ang\u00e9lica lloraba continuamente, aunque intentaba disimularlo quit\u00e1ndose los lentes y coloc\u00e1ndoselos otra vez, a los pocos segundos de hab\u00e9rselos quitado. Le daba la mano a su esposo, se acomodaba su cabellera y nuevamente repet\u00eda la operaci\u00f3n con los lentes. Rub\u00e9n Guti se mantuvo alejado de los padres, con una mujer joven quien, en el momento en que empezaron a bajar el ata\u00fad hacia la fosa, lo abraz\u00f3 por detr\u00e1s y le daba peque\u00f1as palmadas en su pecho. Encend\u00ed otro cigarrillo y desde mi tumba \u00ab1945-1970\u00bb le di el adi\u00f3s a Ang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/argenis-gadea\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Argenis Gadea Era media noche. El aire estaba viciado por el humo de cigarrillo y perfume, todo acorde con el ambiente de un burdel. Parec\u00eda que el domicilio estuviera encerrado en un c\u00edrculo, donde cualquier fantas\u00eda pod\u00eda cumplirse. 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