{"id":12120,"date":"2024-06-19T20:45:43","date_gmt":"2024-06-19T20:45:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12120"},"modified":"2024-06-25T22:49:04","modified_gmt":"2024-06-25T22:49:04","slug":"la-historia-de-lourdes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-historia-de-lourdes\/","title":{"rendered":"La historia de Lourdes"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ysa\u00edas Lucas N\u00fa\u00f1ez<\/h4>\n\n\n\n<p>Antes de escoger el nombre, la due\u00f1a revis\u00f3 con minuciosidad los anaqueles de su memoria intentando no ponerle uno que llevase alguien de la familia. <em>No pudiste ser macho<\/em>, le reproch\u00f3 a la perrita. Lo dec\u00eda porque su familia estaba compuesta, casi en su totalidad, por mujeres que hab\u00edan muerto despu\u00e9s de la Guerra Federal. En su mente octogenaria hab\u00eda un vetusto \u00e1rbol geneal\u00f3gico con ramas del pasado que en ocasiones se confund\u00edan con el presente y el futuro, y que intentaba no seguir por temor a llegar a verdades hirientes. La perrita movi\u00f3 la cola esperando a que le diesen un nombre. Si pudi\u00e9semos entrar en la mente de la mascota como lo hicimos con la vieja, podr\u00edamos decir que esta esperaba llamarse Perla, Lul\u00fa, Nena, o un largo etc\u00e9tera de nombres cursis acordes a su peso y estructura \u00f3sea, pero jam\u00e1s Lourdes.<\/p>\n\n\n\n<p><em>As\u00ed es, te llamar\u00e1s Lourdes<\/em>. Lourdes pesta\u00f1e\u00f3 con la paciencia de alguien como ella, donde parec\u00eda que a la naturaleza se le hab\u00eda pasado la mano en materia de ojos y de delgadez. Lourdes, de cachorra cab\u00eda en la palma de la mano, y de adulta, tambi\u00e9n. Hab\u00eda crecido, es verdad, pero no lo suficiente como para que sus enormes ojos lo advirtieran. Por las tardes la due\u00f1a la llevaba en el regazo como si fuese un beb\u00e9, y le daba de comer todo cuanto com\u00eda en los cocteles y reuniones. Malteada de chocolate, helado de tamarindo, ponqu\u00e9s, roscas, guarapita, arepas dulces, chicharr\u00f3n con pelo, y tantas cosas que su est\u00f3mago no lograr\u00eda recordar por m\u00e1s que quisiera. Salvo una cosa.<\/p>\n\n\n\n<p><em>No, de eso Lourdes no come<\/em>. Era la respuesta que le daba la due\u00f1a a otra vieja perfumada sobre si la ni\u00f1a com\u00eda comida para perros. No cont\u00f3 el porqu\u00e9, pero Lourdes record\u00f3 el d\u00eda en que se vomit\u00f3 en los brazos de la due\u00f1a por zamparse aquellas cosas que ol\u00edan a excremento de gallina. Eran menudencias que le pasaban a seres venidos a este mundo, desde los m\u00e1s racionales hasta los que no. Le agradeci\u00f3 la discreci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, la due\u00f1a le hab\u00eda hecho pintar el pelaje del mismo color que ella, de un rojo chupeta.<em> Lourdes, te ves hermosa como yo<\/em>, hab\u00eda dicho la due\u00f1a frente al espejo, aunque por m\u00e1s que quisiera Lourdes no ve\u00eda m\u00e1s que un color fr\u00edo y triste como el gris. No, no hab\u00eda quedado hermosa. Luego la hab\u00eda hecho llevar un vestido confeccionado con la misma tela del de ella, seg\u00fan era seda de la India. Y pas\u00f3 lo que ya comenzaba a ser ordinario, el clan de las viejas no dej\u00f3 de decir que se ve\u00eda bella, preciosa, linda, divina, cuchitura de Dios. Piropos que no hac\u00edan m\u00e1s que exasperar a Lourdes, y que de tener fuerza en la mand\u00edbula les hubiese quitado una mano, o al menos un dedo, si no era mucho pedir. Mas ella no se enteraba, y no ten\u00eda forma de saberlo, que esos cambios de car\u00e1cter y \u00e1nimos obedec\u00edan a la naturaleza de ser hembra, o mujer, como dec\u00eda la due\u00f1a. Una tarde, mientras caminaban por el malec\u00f3n del Paseo Col\u00f3n, Lourdes oy\u00f3 los pasos de una bestia que, lejos de asustarla, se emocion\u00f3, y m\u00e1s cuando vio a qui\u00e9n pertenec\u00edan. Un perro gigante y fornido se acercaba, y ella, desobedeciendo a la due\u00f1a corri\u00f3 al encuentro, pero aquel, el muy ingrato pas\u00f3 de largo, y ella corri\u00f3 detr\u00e1s, pregunt\u00e1ndole si pod\u00edan hacer eso que no sab\u00eda explicar, ah\u00ed mismo en la arenita, que no importaba, que ella cooperaba. Sin embargo, eso nunca pas\u00f3, primero porque la due\u00f1a no la dejaba, le dec\u00eda que la dejar\u00edan en silla de ruedas, y segundo porque los perros hu\u00edan ante la insistencia loca de esos ojos saltones y enfaldados. Lo bueno es que eso era por temporadas, del resto viv\u00eda en el regazo de la due\u00f1a, oy\u00e9ndola echar chistes de sus abuelas y t\u00edas sinverg\u00fcenzas. Cuando la due\u00f1a estir\u00f3 los brazos para recoger lo que hab\u00eda ganado en la partida de ronda, Lourdes aprovech\u00f3 para saltar al suelo. Fue tan mala su suerte que una pata se le enred\u00f3 con la bufanda de la India, pero aguant\u00f3 el dolor. Hab\u00eda una urgencia que no pod\u00eda retener m\u00e1s. Se me\u00f3 en la alfombra persa de la due\u00f1a de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mira lo que ha hecho tu perra<\/em>, grit\u00f3 la vieja.<\/p>\n\n\n\n<p>La due\u00f1a de Lourdes no pudo m\u00e1s que pedir disculpas, que no sab\u00eda c\u00f3mo hab\u00eda pasado, cuando Lourdes era una ni\u00f1a bien educada, que hac\u00eda el <em>uno<\/em>, pip\u00ed, y el <em>dos,<\/em> lo que ya sabemos, en su ba\u00f1o perruno. Entonces, viendo que esto no calmaba a la otra, decidi\u00f3 pegarle, ah\u00ed s\u00ed chill\u00f3, y la due\u00f1a de la alfombra persa se tranquiliz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, la due\u00f1a de Lourdes lleg\u00f3 enojada a casa, no le dio de cenar ni de beber, para que aprendiera a no dejarla en rid\u00edculo frente a sus amigas, para que aprendiera a no mearse en casas ajenas y supiera valorar el vestido de seda india que ahora permanec\u00eda tirado en un rinc\u00f3n. Con todo esto, en la madrugada Lourdes se fue acostar con la due\u00f1a, no sin antes lamerle la cara y probar la crema antiarrugas que ese d\u00eda hab\u00eda decidido ponerse. La vieja llor\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El castigo se alarg\u00f3 un poco m\u00e1s de lo esperado, con jornadas en las que no se com\u00eda ni beb\u00eda nada, fuese en casa propia o en la casa de alguna vieja parlanchina, misma que dec\u00eda algo y las dem\u00e1s coreaban lo escuchado, era, en verdad, desesperante, por m\u00e1s que dijesen una y otra vez descanse en paz mientras la barriga ard\u00eda de hambre cual infierno. Al finalizar los coros, cada una ayud\u00f3 a recoger las sillas, y la due\u00f1a le fue preguntando a cada una qu\u00e9 se iba hacer, y cada una le dijo que nada, que se ir\u00edan a casa para prepararse para Semana Santa. Lourdes no lo dijo, y c\u00f3mo, pero al igual que o\u00eda las tripas de ellas, oy\u00f3 que se ir\u00edan a jugar ludo, que una de ellas ya hab\u00eda puesto a enfriar una caja de cervezas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Nos vemos en el Domingo de ramos<\/em>, le dijeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 el Viernes Santo y extra\u00f1amente no las vieron ni por aqu\u00ed ni por all\u00e1, y con la naturalidad acostumbrada, bueno, m\u00e1s o menos, porque ese d\u00eda, sin saber si era pecado o no, le pag\u00f3 al monaguillo para que le diera unas hostias consagradas. <em>El cuerpo de Cristo<\/em>, le dijo la due\u00f1a a Lourdes mientras masticaba, <em>tienes que decir am\u00e9n. Di, pues.<\/em> Lourdes sigui\u00f3 masticando, esperando m\u00e1s bien a que le dieran otra de esas galletitas que se le pegaban del paladar. <em>Come, malagradecida, que el d\u00eda menos pensando uno se va de este mundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Si hay algo que se le agradece al tiempo es su poder para olvidar y ocultar heridas, tanto es as\u00ed, que al rato corr\u00edan en la orilla de la playa. Una se re\u00eda, la otra ladraba, aunque c\u00f3mo negar que eso que llamamos ladridos no eran carcajadas caninas. Risas que asustaban a las gaviotas, y que a los pel\u00edcanos ni gracia les hac\u00edan. De vez en cuando bordeaba la falda de espuma que dejaban las olas y que la arena desaparec\u00eda con rapidez, como si tuviese miedo de que Lourdes la deshiciera por una costura, de la misma forma que lo hab\u00eda hecho con el vestido de la India. En todo caso, presa de esta felicidad, Lourdes se dej\u00f3 llevar por las ganas de correr m\u00e1s all\u00e1 de la orilla, pues ahora un olor la invitaba a seguir.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Se\u00f1orita, por ah\u00ed no, <\/em>grit\u00f3 la due\u00f1a. <em>Se te van a mojar los zapatos.<\/em> Lourdes quiso hacerle caso, que unos zapatos como esos costaban bastante, pero no lo hizo. Se adentr\u00f3 en el mar. Nad\u00f3 con las patitas enzapatadas, moj\u00e1ndose toda, tragando agua salada, oyendo las piedras removidas por el agua, oyendo las olas confundirse con los gritos de desespero de la due\u00f1a. Nad\u00f3 mar abierto, viendo los peces volar all\u00e1 abajo, oyendo las gaviotas nadar all\u00e1 arriba, siendo devuelta una y otra vez, subiendo y bajando, bajando y subiendo, hasta que dio con el olor a casa y pescado frito. Proven\u00eda de una balsa donde un hombre dormitaba a la espera de qui\u00e9n sabe qu\u00e9. Aquel, y dem\u00e1s est\u00e1 decirlo, jam\u00e1s esperar\u00eda pescar un perro con zapatos, cosa que le dio mucha risa y pena, y menos Lourdes quien tampoco pens\u00f3 que perdiendo aquella comodidad se\u00f1orial, terminar\u00eda recuperando su dignidad natural y humana.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ysaias-lucas-nunez\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Foto: Geczain Tovar<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ysa\u00edas Lucas N\u00fa\u00f1ez Antes de escoger el nombre, la due\u00f1a revis\u00f3 con minuciosidad los anaqueles de su memoria intentando no ponerle uno que llevase alguien de la familia. No pudiste ser macho, le reproch\u00f3 a la perrita. 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