{"id":12060,"date":"2024-06-13T20:31:13","date_gmt":"2024-06-13T20:31:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12060"},"modified":"2024-06-13T20:32:22","modified_gmt":"2024-06-13T20:32:22","slug":"borburata-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/borburata-fragmentos\/","title":{"rendered":"Borburata (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I El regreso a Herrera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tengo buena memoria. Cuando me pongo a enhebrar recuerdos lo hago con precisi\u00f3n de cronista, no importan los a\u00f1os que hay pasado. Esto que voy a contar aqu\u00ed comienza con nuestro viaje al valle de Borburata a mediados de 1953.<\/p>\n\n\n\n<p>Viejo era ya nuestro <em>C\u00e1dillac, <\/em>vestigio solemne de una pulverizada opulenta, cuando salimos aquel d\u00eda de Caracas con los corazones repletos de musara\u00f1as sentimentales, pero se manten\u00eda a\u00fan lustroso gracias a las pomadas con que lo maquillaba <em>Sel\u00f3 <\/em>en los tiempos en que nos serv\u00eda de chofer. Cuando su enorme carrocer\u00eda de vaca sagrada llen\u00f3 el estrecho camino bordeado de ceibas y de apamates, pap\u00e1 dijo emocionado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Caray, esto no ha cambiado. Est\u00e1 como la \u00faltima vez que lo vi.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfY cu\u00e1nto tiempo hace que lo viste por \u00faltima vez? \u2013 le pregunt\u00e9 yo desde el asiento delantero que ocupaba con mi hermano Gonzalo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Unos quince a\u00f1os. T\u00fa todav\u00eda no hab\u00edas cumplido los ocho.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dem\u00e1s guardaban silencio.&nbsp; Carlos&nbsp; Luis, nuestro pariente de Valencia, que nos hab\u00eda preparado la casa para el arribo, iba junto a pap\u00e1 y a la t\u00eda Javiera en el asiento trasero, y miraba con displicencia el desfile de la floresta. La t\u00eda Javiera \u2013 perfil de plata pulida, cabellera en copete de plata azulada\u2013 acariciaba a <em>Armi\u00f1o, <\/em>su perro de plata que arrollado a sus pies dormitaba como un paje de los tiempos feudales. Pero el m\u00e1s silencioso de todos era Gonzalo cuyos gruesos guantes obscuros disimulaban la crispatura de sus manos sobre el volante. Yo me sent\u00eda opaca y con sue\u00f1o pero para no dejarme vencer por el pesimismo dije sin convicci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Parece mentira&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfParece mentira qu\u00e9? \u2013 indag\u00f3 pap\u00e1 que luchaba con sentimientos an\u00e1logos a los m\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Que no hayas vuelto a la hacienda en quince a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY para qu\u00e9 iba a volver? \u00bfQu\u00e9 s\u00e9 yo de estas cosas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Tienes raz\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La casa apareci\u00f3 por sorpresa en su escondite de la floresta. Era un viejo y descascarado nav\u00edo anclado en un golfo amarillo, con un amplio corredor de arcadas romanas y&nbsp; un abierto&nbsp; balc\u00f3n&nbsp; de madera&nbsp; pintado de azul debajo de la techumbre de tejas ennegrecidas. Frente a la arcada, en el terrapl\u00e9n, hab\u00eda una alta cruz pintada de verde y encajada en una peana de vetusta mamposter\u00eda. Y a su lado un r\u00fastico esca\u00f1o<em>, <\/em>tambi\u00e9n de mamposter\u00eda, en el que estaba sentado un zambo viejo, vestido de lienzo azul. Hab\u00eda muchas plantas en torno a la casa: clavellinas, una acacia cuajada de flores rojas, un lechoso repleto de frutos verdes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Bueno \u2013 anunci\u00f3 Carlos Luis aliviado\u2013 ya estamos aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Al fin \u2013 resucit\u00f3 en un bostezo la t\u00eda Javiera. Uno tras otro bajamos del autom\u00f3vil. El viejo zambo se hab\u00eda puesto de pie y gritaba con voz herrumbrosa hacia la casa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Trina, \u00a1hu! Ac\u00e9rcate que ya est\u00e1n aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un fruto negro y marchito, una e&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sol, pero sus ojos turbios rodaban taimados alrededor de nosotros. Cojeaba un poco al andar. Carlos Luis nos lo present\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Es Mat\u00edas, el guardi\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Buenas tardes, Mat\u00edas \u2013 lo salud\u00f3 pap\u00e1 con indiferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos mir\u00f3 y pareci\u00f3 inventariamos. A\u00f1adi\u00f3 hablando a papa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Usted, don Fernando, debe acordarse de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 C\u00f3mo no.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Y usted, se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablaba ahora a la t\u00eda Javiera, pero \u00e9sta se irgui\u00f3 con un gesto que le era muy peculiar y le alarg\u00f3 la cadena del perro:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Tome, h\u00e1gase cargo de <em>Armi\u00f1o. <\/em>Procure que le den de comer. Despu\u00e9s le dar\u00e9 instrucciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel momento apareci\u00f3 Trina enjugando sus manos en un mandil. Era hija del viejo zambo, una mujer aindiada con el pelo muy negro desmayado en 1a espalda. Inclin\u00f3 la cabeza como si fuera a embestirnos y nos salud\u00f3 con dos cortos graznidos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfC\u00f3mo est\u00e1n? \u00bfYa llegaron?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfEst\u00e1 ah\u00ed Miguel\u00f3n? \u2013 la agredi\u00f3 su padre \u2013 \u00bfY por qu\u00e9 no sale? \u00bfSe imagina que se lo van a comer?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Es que lo mand\u00e9 a comprar velas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojitos grises de la t\u00eda Javiera los desnudaban. Pap\u00e1 estaba cansado, aniquilado por el esfuerzo del viaje. Yo que me hab\u00eda puesto a mirar la casa entr\u00e9 en ella y sub\u00ed al balc\u00f3n. Carlos Luis me sigui\u00f3. Despu\u00e9s entraron pap\u00e1, la t\u00eda y Gonzalo seguidos de Mat\u00edas y de Trina. Al viejo la cadena del perro parec\u00eda quemarle la mano. Era un animal d\u00f3cil, resplandeciente, solemne como un arca o como un C\u00e1dillac de plata 1abrada.&nbsp; Y&nbsp; esto&nbsp; deb\u00eda causar&nbsp; desaz\u00f3n&nbsp; a&nbsp; Mat\u00edas&nbsp; que quiz\u00e1&nbsp; lo comparaba con los canes realengos de Borburata. Despu\u00e9s he sabido que desde aquel sinti\u00f3 una&nbsp; grana antipat\u00eda por <em>Armi\u00f1o<\/em> y so\u00f1\u00f3 con envenenarlo como hab\u00eda hecho con otros perros.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras Carlos Luis y yo recorr\u00edamos el balc\u00f3n, pap\u00e1 y la t\u00eda se metieron en la gran sala de \u201carriba\u201d y Gonzalo desapareci\u00f3 no s\u00e9 d\u00f3nde. Carlos Luis se mostraba muy asiduo conmigo y hac\u00eda esfuerzos por parecer interesante. La verdad es que hab\u00eda realizado proezas para hacernos menos ingrato nuestro ostracismo. Para esto tuvo que descuidar sus negocios y venir a la hacienda en dos o tres oportunidades. Adem\u00e1s se hab\u00eda comportado con desprendimiento y delicadeza. Respetuoso de nuestras costumbres, que no conoc\u00eda, se abstuvo de disponer la colocaci\u00f3n de los muebles \u2013 los enviamos desde Caracas en&nbsp; un cami\u00f3n\u2013 pero en cambio hizo colgar los retratos de la familia estimando que su presencia en el enjalbegado sal\u00f3n tendr\u00eda para nosotros el amable significado de una bienvenida.<\/p>\n\n\n\n<p>Quince a\u00f1os son m\u00e1s que suficientes para que una casa se sature de la personalidad de sus habitantes, y esto era lo que hab\u00eda ocurrido a la que entonces \u00edbamos a habitar.&nbsp; Todo all\u00ed trascend\u00eda a Mat\u00edas, a Trina y a Miguel\u00f3n. El piso de viejas tablas ondulaba y cruj\u00eda cual si cada una de nuestras pisadas le produjera una herida. Las paredes de antigua mamposter\u00eda mostraban sus viejas lepras a trav\u00e9s del reciente velo de cal. Lo mismo el enca\u00f1ado de la techumbre del que todav\u00eda colgaban festones de telara\u00f1as. Abajo, en el patio, y en el piso del corredor, grandes \u00e1reas hab\u00edan sido despojadas de sus ladrillos y exhib\u00edan unas llagas negruzcas y purulentas cubiertas de un menudo musgo de cobre oxidado. Carlos Luis sent\u00eda necesidad de excusarse cual si aquellos estragos fuesen obra suya:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Si ustedes hubieran estado aqu\u00ed hace una semana&#8230; imag\u00ednate que la ara\u00f1a de la sala era un nidal de gallinas&#8230; Los cuartos estaban llenos de las cosas m\u00e1s raras: racimos de cambures, montones de yuca y de \u00f1ame, haces de le\u00f1a\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no todo era como para colgarse de un \u00e1rbol. Las habitaciones luc\u00edan muy grandes y altas y los pocos muebles se dispersaban en ellas flotando en una mullida penumbra. As\u00ed conceb\u00edan su vida, su intimidad,&nbsp; las gentes de anta\u00f1o: penumbrosa y holgada. Edificaban pensando en la prole, en los hu\u00e9spedes, hasta en los fugitivos que pod\u00edan llegar por la noche a buscar protecci\u00f3n. Esos cuartos inmensos que circundaban toda la planta alta alrededor del sal\u00f3n, recib\u00edan el aire y el sol de los campos por unas grandes ventanas de reja abiertas en los robustos muros de calicanto. En ellos hab\u00eda Carlos Luis distribuido las camas de hierro con sus colchones y sus cobijas y hab\u00eda puesto adem\u00e1s esteras de paja en el piso y floreros con flores en las mesitas de noche. Y esto fue lo que me indujo a estrechar su mano y a decirle en voz baja:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Gracias, primo: Dios te lo pague.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>En el vasto y blanqueado sal\u00f3n \u2013 para cien se\u00f1oras rezando el Rosario o para cincuenta parejas bailando pavana\u2013 volvimos a encontrar a pap\u00e1 y a la t\u00eda Javiera. Los muebles, escasos, estaban amontonados en un rinc\u00f3n y los retratos que eran doce en total \u2013 todos al \u00f3leo, con marcos obscuros\u2013 colgaban como islas del aire en el horizonte descolorido de las paredes. Era lo que quedaba de aquellas generaciones de Herreras, Blancos e Infantes que sembraron el cacao, la sarrapia y la nuez moscada en el valle de Borburata. Fluyendo de las fuentes de la noche que se acercaba, unas sombras sutiles invad\u00edan el recinto insensiblemente. En la puerta de acceso, Mat\u00edas, Trina y Miguel\u00f3n hab\u00edan venido a formar un extra\u00f1o grupo entre curioso y hura\u00f1o. Miguelon era un muchacho p\u00e1lido y jorobado, hijo de Trina, que abarcaba en la finca una indefinible variedad de funciones. Ahora, de regreso del pueblo a donde hab\u00eda ido a comprar velas, sosten\u00eda la cadena de <em>Armi\u00f1o <\/em>que le entregara su abuelo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Los viejos \u2013 o\u00ed que dec\u00eda pap\u00e1 con suave iron\u00eda mirando uno de los retratos\u2013, los viejos vuelven a su antigua querencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la t\u00eda comentando:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Nunca&nbsp;se imagjnaron que volver\u00edan en estas condiciones. \u00bfNo te parece?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 &nbsp;No s\u00e9 qu\u00e9 decirte. T\u00fa, por lo visto, crees que si ellos no hubieran muerto no habr\u00edan cambiado las circunstancias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Ellos eran los que creaban las circunstancias.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo hice detener a Carlos Luis para o\u00edr lo que iba&nbsp; a decir pap\u00e1 pero \u00e9ste no hizo m\u00e1s comentarios. Se encogi\u00f3 levemente de hombros y march\u00f3 hacia un <em>switch <\/em>el\u00e9ctrico que se destacaba en una de las paredes. Lo hizo girar pero la luz no acudi\u00f3 a su llamada<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Caray! \u2013 estaba positivamente alarmado\u2013. \u00bfNo hay corriente en la casa?<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, no hab\u00eda corriente y Mat\u00edas se lo dijo con sencillez, casi con alegr\u00eda. Pero aquello era m\u00e1s de lo que pap\u00e1 y la t\u00eda pod\u00edan aguantar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfCon qu\u00e9 vamos a alumbramos entonces?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Aqu\u00ed usamos candiles y velas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLo mismo&nbsp; que usaban&nbsp; <em>los viejos\u00bb,<\/em> tuve la tentaci\u00f3n de decirles, pero prefer\u00ed callar y seguir oyendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00a1Candiles y velas! \u2013 exclam\u00f3 la t\u00eda\u2013. \u00bfEst\u00e1 usted&nbsp; bromeando?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No, se\u00f1ora: \u00e9sa es la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Pero en el pueblo hay corriente el\u00e9ctrica, y seguramente en las fincas vecinas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 S\u00ed, se\u00f1ora, pero a m\u00ed no me han dado nunca para ponerla.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00e1scara de Mat\u00edas, en la que vigilaban las pupilas de ofidio, ten\u00eda algo de reticente y desafiador que irrit\u00f3 a la t\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No me llame se\u00f1ora.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY c\u00f3mo le digo, entonces?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Se\u00f1orita: soy una se\u00f1orita.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Bueno, como usted guste.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Carlos Luis estaba alarmado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Mat\u00edas no tiene la culpa, t\u00eda \u2013 explic\u00f3\u2013. Yo mismo ped\u00ed la corriente pero aqu\u00ed, por lo visto, no tienen prisa para estas cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n yo acud\u00ed en defensa del viejo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No es para tanto. Una noche se pasa de cualquier modo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfY qui\u00e9n me asegura que ser\u00e1 una noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces me decid\u00ed a mencionar a <em>los viejos. <\/em>Se\u00f1al\u00e9 los retratos con un gesto insondable:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Todos ellos se alumbraron con velas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfY a m\u00ed qu\u00e9 me importa? Ellos vivieron conforme a su tiempo; yo quiero vivir en el m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfDe&nbsp; veras?<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed necesidad de re\u00edr. Era una virgen fuerte, la Juana de Arco de la familia, y me complac\u00eda polemizar con la t\u00eda. En el fondo un temor me acechaba constantemente: el de la derrota. Yo no quer\u00eda ser derrotada. Cuando mi risa estall\u00f3 en el sal\u00f3n todas las miradas estaban prendidas a m\u00ed. Pero a pap\u00e1 lo aflig\u00edan las pol\u00e9micas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Valentina, por Dios!<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces me volv\u00ed a los sirvientes:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Bueno, vamos a trabajar que nos coge la noche. T\u00fa, Trina, \u00bfqu\u00e9 nos vas a dar de cenar? Ahora nos vas a mostrar para qu\u00e9 sirven esos cerros de \u00f1ame que Carlos Luis hizo sacar de los cuartos. Y t\u00fa, Miguel\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 haces con ese perro? Ll\u00e9valo abajo y hazlo caminar por el patio&#8230; que se acostumbre como vamos a acostumbramos todos&#8230; Y usted&nbsp; Mat\u00edas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 M\u00e1ndeme, ni\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No, con usted no me meto. Usted sabe lo que tiene que hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez en el corredor del balc\u00f3n, Carlos Luis intent\u00f3 reprochar mi conducta pero yo le contuve con una sonrisa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No hagas caso. Si no fuera por estos encuentros ya yo hubiera envenenado a la t\u00eda. Ella necesita pelear con alguien y yo, por mi parte, tambi\u00e9n. Ahora f\u00edjate bien en la casa&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 La conozco mejor que t\u00fa&#8230; He venido por lo menos diez veces&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Pero, \u00bfla has estudiado bien?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No s\u00e9 lo que quieres decir &#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Aqu\u00ed debieron ser felices esos viejos barbudos y esas se\u00f1oras con armadores, \u00bfno te parece? Ellas en el balc\u00f3n, bordando o leyendo y hasta tocando alg\u00fan instrumento, y ellos abajo, en la hacienda, confundidos con sus esclavos, recogiendo y preparando el cacao para mandarlo al puerto en sus largos arreos de mulas. All\u00ed lo esperaban los barcos que lo llevaban luego a La Guaira, a M\u00e9xico y hasta a Espa\u00f1a, cuando lo permit\u00edan los holandeses.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00a1Los holandeses!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 S\u00ed, los holandeses. \u00bfNo lo sab\u00edas? Y as\u00ed dices que conoces la casa. Los holandeses eran los verdaderos due\u00f1os de esta comarca cuando&nbsp; se construy\u00f3 este edificio, y esos viejos barbudos tan serios y religiosos, y tan adictos al Rey de Espa\u00f1a, prefer\u00edan negociar con ellos antes que con los cat\u00f3licos pelucones. Sus barcos navegaban por estas costas y se met\u00edan&nbsp; en&nbsp; todas&nbsp; sus ensenadas. Tra\u00edan&nbsp; los&nbsp; mejores pa\u00f1os, los vinos m\u00e1s finos y los quesos y dulces m\u00e1s ricos. Ahora que estoy aqu\u00ed me lo explico mejor. As\u00ed se formaron aquellas fortunas y se compraron aquellos t\u00edtulos de marqu\u00e9s y de conde olorosos a cacao y a tabaco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Pero eres una erudita!<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba exaltada. Olvidadas lecturas de los d\u00edas del bachillerato flu\u00edan en mi memoria frente al campo crepuscular y a la cerrada muralla de \u00e1rboles que se iba poniendo negra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfT\u00fa no has le\u00eddo estas cosas? \u2013 pregunt\u00e9 a Carlos Luis con los ojos ardientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00e9l no ten\u00eda noticias de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 T\u00fa sabes que yo no llegu\u00e9 sino al sexto grado. En seguida me emple\u00e9 en el comercio. En cambio t\u00fa estuviste hasta en la Universidad\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 S\u00ed, es verdad. Y adem\u00e1s he tenido una gran maestra: la t\u00eda Javiera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1La t\u00eda Javiera!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Sin propon\u00e9rselo, por supuesto. T\u00fa apenas conoces a la t\u00eda Javiera. Es exactamente el modelo que yo no quiero imitar en la vida. Pero no hablemos ahora de ella. Mira el paisaje. Est\u00e1 anocheciendo. Imag\u00ednate c\u00f3mo debieron ser, en estos lugares, las noches de aquellos tiempos. \u00bfTe lo imaginas?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Carlos Luis guardaba silencio mirando el paisaje sin comprenderlo, anegado en una gelatinosa perplejidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfTe lo imaginas? \u2013 insist\u00ed con vehemencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No \u2013 confes\u00f3 confundido\u2013, &nbsp;te lo confieso: no tengo idea de c\u00f3mo pudo ser esto ni siquiera veinte a\u00f1os atr\u00e1s. Yo no soy m\u00e1s que un vendedor de radio electrolas y de lavadoras el\u00e9ctricas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi risa revolote\u00f3 entonces como un murci\u00e9lago y mi mano oprimi\u00f3 su brazo. Me sent\u00eda mefistof\u00e9lica :<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Tienes&nbsp; raz\u00f3n, pero no hay por qu\u00e9&nbsp; avergonzarse.&nbsp; Dentro de doscientos a\u00f1os habr\u00e1&nbsp; alguna muchacha que se acuerde de los vendedores de lavadoras el\u00e9ctricas y ser\u00e1 una universitaria. \u00danicamente que no se los imaginar\u00e1 en un sitio como \u00e9ste. Es imposible que se imagine un sitio como este.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfPor&nbsp; qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No me interrumpas. Dentro de doscientos a\u00f1os ya las muchachas habr\u00e1n ido a la luna. A m\u00ed me encantan los autom\u00f3viles, la televisi\u00f3n y las lavadoras el\u00e9ctricas, pero&nbsp; \u00bfqu\u00e9&nbsp; quieres?&nbsp; La&nbsp; vida&nbsp; tiene sus iron\u00edas y a m\u00ed, muchacha&nbsp; terr\u00edcola&nbsp; de un&nbsp; momento de transici\u00f3n, me ha obligado a volver al pasado&#8230; Carlos Luis, primo m\u00edo, hay que forzar la imaginaci\u00f3n para que el pasado no nos derrote. Por eso me ves aqu\u00ed imaginando una velada de hace dos siglos, entre estos montes y oyendo el canto de las pavitas. Pero, mira: ya Miguel\u00f3n est\u00e1 encendiendo las velas:<\/p>\n\n\n\n<p>Era verdad. En el obscuro s.al\u00f3n brillaba la luz temblorosa y la silueta del jorobado se desplazaba en una bruma amarilla. Todav\u00eda estaban all\u00ed pap\u00e1 y la t\u00eda Javiera y yo tuve curiosidad de o\u00edr lo que se dec\u00edan. Pero aplac\u00e9 mi deseo acuciada por otros impulsos. All\u00ed, a mi lado, el asombro de Carlos Luis me ofrec\u00eda una maravillosa plasticidad de cera reci\u00e9n extra\u00edda. \u00bfPor qu\u00e9 me temblaba la voz al hablar? \u00bfPor qu\u00e9 me temblaba la mano al oprimir el brazo de Carlos Luis?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Haz la prueba. F\u00edjate en el camino. No tardar\u00e1n en aparecer unos negros con unos faroles y detr\u00e1s de ellos un grupo de caballeros en sus caballos. \u00bfLos reconoces? Unos son espa\u00f1oles, otros son holandeses. Subir\u00e1n al balc\u00f3n, se sentar\u00e1n a la mesa del comedor y desatar\u00e1n las bolsas llenas de monedas de oro&#8230; Despu\u00e9s pasar\u00e1n al sal\u00f3n a hablar con las damas. Mira, aqu\u00e9lla es mi tatarabuela. \u00bfMe creer\u00e1s si te digo que no s\u00e9 su nombre? Bueno, eso es para que me sigas llamando erudita.<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp; aquel momento,&nbsp; en un&nbsp; silencioso estallido, una ducha de luz brot\u00f3 de la tierra, a lo lejos, y se pulveriz\u00f3 en una llovizna blanca sobre la cresta de la arboleda. Eran las luces del pueblo. Se las mostr\u00e9 a Carlos Luis:&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Mira, la luz el\u00e9ctrica. Ahora\u2013 le dije en seguida,&nbsp;tom\u00e1nole&nbsp; del brazo\u2013, vamos a o\u00edr lo que hablan pap\u00e1 y la t\u00eda Javiera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro velas blancas de a real lloraban su luz de capilla en el insondable sal\u00f3n. Las sombras eran cortinas que colgaban del envigado y los abuelos bailaban su inm\u00f3vil pavana dentro de los islotes de sus ca\u00f1uelas. Pap\u00e1 y la t\u00eda Javiera que ya los hab\u00edan contemplado por m\u00e1s de una hora, segu\u00edan all\u00ed en su revista barriendo a escobazos menudos el polvo de sus recuerdos. Nosotros no penetramos en el sal\u00f3n sino que permanecimos fuera de \u00e9l, en la puerta oy\u00e9ndoles evocar. A m\u00ed me parec\u00eda mejor este distante espionaje, lleno de lagunas y de pereza, que la captaci\u00f3n de un di\u00e1logo continuado con todos sus lugares comunes y sus inevitables impertinencias. Por lo dem\u00e1s, ya conoc\u00eda todo lo que era necesario saber acerca de los personajes de los retratos. Aquel r\u00edgido caballero de gola y jub\u00f3n, con su barba afilada y sus ojos sin vida, era el antepasado por antonomasia, un contempor\u00e1neo de Carlos II de cuyos hechos se conservaba una vaga memoria y cuya pintura pudo lo mismo ser heredada de su aut\u00e9ntico original que, comprada en el Rastro por algunos de los Herreras o de los Blancos que hicieron el consabido viaje a Madrid. A su lado, plagado de lamparones, estaba el retrato de una se\u00f1ora con el afrancesado atuendo de fines del siglo XVIII y en cuyo rostro la herencia del tiempo hab\u00eda dibujado una mueca perturbadora. Era do\u00f1a Felipa de Monasterio, casada con un Infante. Hijo suyo fue el tatarabuelo de pap\u00e1 y de la t\u00eda Javiera. Este tatarabuelo era el que aparec\u00eda en el cuadro siguiente con un inconfundible aire de godo de los d\u00edas&nbsp;de la Gran Colombia. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda hecho por el nuevo pa\u00eds surgido del crisol de la Independencia? Se hab\u00eda venido a vivir a la hacienda como lo hicieron despu\u00e9s sus hijos y los hijos de \u00e9stos. Pap\u00e1 y su hermana los contemplaron por en\u00e9sima vez y cruzaron algunas palabras. Conocieron tiempos mejores a pesar de las conmociones pol\u00edticas y de las inquietudes de los esclavos. Aunque el caf\u00e9, fruto republicano, hab\u00eda desplazado al cacao del episcopado econ\u00f3mico del pa\u00eds, todav\u00eda el rico <em>theobroma <\/em>encontraba buenos mercados en el comercio internacional. All\u00ed estaban tambi\u00e9n aquellos se\u00f1ores con sus levitas rom\u00e1nticas y con sus rostros llenos de pelos. Grandes debieron ser sus apuros cuando a Jos\u00e9 Gregorio Monagas se le ocurri\u00f3 la pesada broma de libertar a los siervos. Pap\u00e1 se detuvo frente a su padre y llam\u00f3 la atenci\u00f3n de su hermana:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfTe acuerdas de \u00e9l?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No me voy a acordar&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00bfY de ella<em>?<\/em> \u2013 a\u00f1adi\u00f3 se\u00f1alando a su madre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Desde luego.<\/p>\n\n\n\n<p>Su padre se llamaba Mart\u00edn, Don Mart\u00edn Herrera y Blanco, y su madre Melchora, Do\u00f1a Melchora Infante y Monasterio. Recios como horcones de <em>vera,<\/em> la vida de ambos fue un constante viajar por los intransitables caminos de aquellos tiempos: de Caracas a Valencia, de Valencia a Puerto Cabello, de Puerto Cabello al valle de Borburata. Y gracias a la tenacidad de aquel hombre de patillas rizadas; la finca de <em>Herrera, <\/em>igual que la de Goaiguaza y que las casas de Valencia y del Puerto, pasaron sin un gravamen al poder de sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 T\u00fa debiste seguir su ejemplo \u2013 reprocho la t\u00eda a pap\u00e1 con su voz rega\u00f1ona\u2013, pero te quedaste en Caracas y te pusiste a estudiar derecho. \u00bfQu\u00e9 ganaste con eso?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No&nbsp; ten\u00eda&nbsp; vocaci\u00f3n,&nbsp; pero&nbsp; \u00e9l se empe\u00f1\u00f3. Y t\u00fa sabes que cuando \u00e9l se empe\u00f1aba&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No ten\u00edas vocaci\u00f3n&#8230; Pero, \u00bfes que la has tenido para algo en la vida? Tu \u00fanica vocaci\u00f3n fueron las carreras y el Club Venezuela. Por eso te ves ahora en aprietos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY t\u00fa?&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No, yo no he malgastado lo m\u00edo, a Dios gracias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Malgastaste tu juventud.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPorque no me cas\u00e9? No me iba a entregar a esos botarates que me rondaban porque era rica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Fuiste muy exigente, muy goda\u2026 y te quedaste para tus perros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00b7<\/p>\n\n\n\n<p>La t\u00eda se mostr\u00f3 ofendida:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Fernando! \u00bfQuieres que me largue ahora mismo y los deje aqu\u00ed muri\u00e9ndose de hambre?<\/p>\n\n\n\n<p>Yo mir\u00e9 a Carlos Luis y \u00e9ste me dijo con la mirada: \u00abNo te preocupes. Lo dice para asustarlo. Y si se va, aqu\u00ed me tienes a m\u00ed\u00bb. Pero pap\u00e1 que no vio la sonrisa de Carlos Luis se humill\u00f3 como de costumbre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Bueno \u2013 calm\u00f3 a la t\u00eda\u2013, no hablemos de eso, pero te ruego que no me ofendas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Eres t\u00fa quien ofende.. \u00bfQu\u00e9 tienen que ver los perros en esto? Los he querido porque son buenos, decentes, mejores que muchas personas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Est\u00e1 bien, est\u00e1 bien. Mira: \u00e9sta eras t\u00fa cuando ten\u00edas veinte a\u00f1os.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edan llegado frente a sus propios retratos y se contemplaban en ellos como en dos espejos de encantamiento. El de pap\u00e1 ten\u00eda cierto aire de actor que recordaba a Femando D\u00edaz de Mendoza. El de la t\u00eda era una reticente Madona cruzada de institutriz con unos rubios cabellos lisos recogidos hacia la nuca. Ella se mir\u00f3 en su espejo retrospectivo e hizo una mueca:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No qued\u00e9 bien en esa pintura. No me gust\u00f3 ese pintor asqueroso que&nbsp; lleg\u00f3 a casa recomendado de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY por qu\u00e9 le posaste?<\/p>\n\n\n\n<p>Porque pap\u00e1 se empe\u00f1\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Ah, de modo que \u00e9l se empe\u00f1\u00f3. \u00bfY por qu\u00e9 no te opusiste?<\/p>\n\n\n\n<p>Yo dije a Carlos Luis en voz baja:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Qu\u00e9 tonter\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p>Y la t\u00eda, en vez de replicar a pap\u00e1, le mostr\u00f3 el retrato de mi madre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Ah\u00ed tienes a tu mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristina, mi madre. Apenas la conoc\u00ed, pues muri\u00f3 cuando yo contaba tres a\u00f1os. En el retrato aparec\u00eda con una ingr\u00e1vida gracia prerrafaelita, casi diluida entre gasas y resplandores. A pap\u00e1 \u2013 se lo o\u00ed decir varias veces\u2013 le recordaba a la Beatriz de Crist\u00f3bal Rojas. La pintura hab\u00eda sido hecha en Par\u00eds y a \u00e9l le parec\u00eda una obra maestra de colorido y psicolog\u00eda. Era la mujer que hab\u00eda amado, la que le hab\u00eda hecho feliz y que muri\u00f3 en plena juventud cuando daba a luz a Gonzalo. \u00bfHabr\u00eda sido menos desdichado, menos indiferente y menos cobarde si su mujer hubiese envejecido a su lado?Era hija de un conocido pol\u00edtico de los d\u00edas del crespismo \u2013 el general y doctor Inocente Mendoza\u2013 &nbsp;y su car\u00e1cter, seg\u00fan o\u00ed contar a mi padre, ofrec\u00eda una extra\u00f1a variedad de matices: dulce, tierna y apasionada sol\u00eda al mismo tiempo mostrarse terca y empecinada como una mula. A los dos personajes que se reun\u00edan en mi abuelo Mendoza \u2013 el general y el doctor\u2013 los meti\u00f3 Juan Vicente G\u00f3mez en un calabozo y de all\u00ed no los dej\u00f3 salir sino para el cementerio. Gonzalo naci\u00f3 a ra\u00edz de la muerte del dictador y mi madre muri\u00f3 cuatro d\u00edas despu\u00e9s. \u00ab\u00bfC\u00f3mo est\u00e1 la pol\u00edtica?\u00bb \u2013 cuentan que pregunt\u00f3 a mi padre\u2013. \u00ab\u00bfQui\u00e9n va. quedarse con el <em>coroto?\u00bb. <\/em>Y cuando \u00e9l le dijo que iba a quedarse el ministro de guerra ella oprimi\u00f3le la mano y se despidi\u00f3 con estas palabras:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Es lo natural. Si veo a pap\u00e1 all\u00e1 arriba le dir\u00e9 que en Venezuela no cambian las cosas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Durante un buen rato m\u00e1s Carlos Luis y yo nos quedamos en el balc\u00f3n y saboreamos la noche que estaba dulzona y embriagadora como un coctel de estrellas. Todo era sombras abajo, con chirridos de grillos y gorjeos misteriosos en la floresta, pero a distancia el reflejo del pueblo segu\u00eda espolvoreando los relieves del monte, y m\u00e1s all\u00e1, donde las miradas no pod\u00edan alcanzar, se present\u00eda el mar lle\u00ad no de estelas fosforescentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Me voy a dormir \u2013 dije a Carlos Luis en voz baja\u2013 porque ma\u00f1ana quiero madrugar para recorrer la hacienda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfQui\u00e9n te acompa\u00f1ar\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Los que quieran. Voy a llevar a Mat\u00edas de baquiano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfQuieres que vaya contigo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Si es tu gusto.<\/p>\n\n\n\n<p>Le tend\u00ed la mano y \u00e9l la retuvo en las suyas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Gracias, prima: qu\u00e9 bella eres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Gracias, primo: no s\u00e9 qu\u00e9 habr\u00eda sido de nosotros sin tu generosa ayuda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 No hablemos de eso. Pero dime una cosa antes de que te vayas: \u00bfte sientes con fuerzas para este l\u00edo en que te has metido?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfCu\u00e1l l\u00edo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Esta empresa que has proyectado. Ya s\u00e9 que eres t\u00fa la que lleva los pantalones en esta casa, pero dime: \u00bfte sientes con fuerzas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Voy a intentarlo&#8230;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; .<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfCon qu\u00e9 vas a comenzar? \u00bfNecesitas dinero?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Tenemos la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Palade\u00f3 sus escr\u00fapulos en silencio y por fin me solt\u00f3 la pregunta que le estaba hostigando la lengua:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Prima, \u00bfpor qu\u00e9 no te casas?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero yo le romp\u00ed la emoci\u00f3n suavemente:<\/p>\n\n\n\n<p>Por favor, no hablemos de eso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en la habitaci\u00f3n que se me hab\u00eda destinado me inclin\u00e9 sobre el lecho y mullida almohada nerviosamente. Mis labios temblaban un poco: \u00abNo voy a llorar&#8230; No voy a llorar. Esto no se resuelve con l\u00e1grimas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la mesita de noche, al lado del florero con flores, puse el retrato de mi madre que siempre llevaba conmigo. No era la vez primera que dialogaba con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>-Bueno, Cristina \u2013 le dije\u2013, ya estamos aqu\u00ed. \u00bfY ahora qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ramon-diaz-sanchez-2\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez I El regreso a Herrera Tengo buena memoria. Cuando me pongo a enhebrar recuerdos lo hago con precisi\u00f3n de cronista, no importan los a\u00f1os que hay pasado. Esto que voy a contar aqu\u00ed comienza con nuestro viaje al valle de Borburata a mediados de 1953. 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