{"id":12042,"date":"2024-06-11T22:13:40","date_gmt":"2024-06-11T22:13:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12042"},"modified":"2024-06-11T22:13:40","modified_gmt":"2024-06-11T22:13:40","slug":"relectura-de-la-poesia-de-los-ochenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/relectura-de-la-poesia-de-los-ochenta\/","title":{"rendered":"Relectura de la poes\u00eda de los ochenta"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Luis Miguel Isava  <\/h4>\n\n\n\n<p>Las condiciones de esta ponencia establecen de entrada lo que podr\u00edamos llamar una doble sujeci\u00f3n \u00abdecimal\u00bb: hablar de diez a\u00f1os de poes\u00eda (la poes\u00eda de los ochenta) en el espacio de diez cuartillas. La segunda sujeci\u00f3n implica no s\u00f3lo concentrar, de manera que puede bordear lo seductivo, el desarrollo de lo que se quiere plantear sino tambi\u00e9n la inevitable exclusi\u00f3n de nombres y obras importantes y aun valiosos en s\u00ed: la exhaustividad est\u00e1 aqu\u00ed en raz\u00f3n inversa a ese necesario prop\u00f3sito de concentraci\u00f3n. Acepto a rega\u00f1adientes la segunda -que por lo dem\u00e1s es siempre inevitable- y pido de antemano disculpas por las omisiones. Respecto a la primera sujeci\u00f3n, no voy a repetir el se\u00f1alamiento de lo arbitrario que resulta dividir en \u00abd\u00e9cadas\u00bb un fen\u00f3meno que es en realidad un proceso hist\u00f3rico continuo, complejo y cambiante. Al contrario, quisiera reivindicar en este caso la delimitaci\u00f3n, pues pienso, y aqu\u00ed est\u00e1 tal vez la propuesta de mi \u00ablectura\u00bb, que en los a\u00f1os ochenta se produjo no un cambio radical, pero s\u00ed una redefinici\u00f3n, una apertura, una ampliaci\u00f3n graduales de las concepciones po\u00e9ticas, de los proyectos creadores que subyac\u00edan e informaban -en el sentido de dar forma- la poes\u00eda anterior; redefinici\u00f3n que ha tenido como consecuencia la gama compleja de registros que exhibe ta poes\u00eda venezolana desde los a\u00f1os noventa hasta comienzos de este segundo milenio. <\/p>\n\n\n\n<p>Remont\u00e9monos, para establecer el contexto de este desarrollo, a la poes\u00eda que comienza a escribirse por los a\u00f1os sesenta. No es un secreto el hecho de que en esos a\u00f1os -y coincidiendo con importantes movimientos po\u00e9ticos de Latinoam\u00e9rica, Norteam\u00e9rica y Europa- surge en Venezuela una poes\u00eda de una calidad, una riqueza y una fuerza innegables. Esta poes\u00eda, como mucha de la que se escribe por esas fechas en el continente, tiene en verdad las caracter\u00edsticas de una vanguardia. En efecto, todos los elementos fundamentales parecen estar all\u00ed: rechazo al orden cultural establecido, renovaci\u00f3n de medios y de t\u00e9cnicas de composici\u00f3n, impulso colectivo y colectivista de la creaci\u00f3n que se manifiesta en la creaci\u00f3n de grupos y revistas, inserci\u00f3n -contra el uso burgu\u00e9s o aburguesado- de la actividad art\u00edstica en un proyecto cultural m\u00e1s radical cuyo alcance trasciende la mera \u00abrep\u00fablica de las letras\u00bb para apuntar a una transformaci\u00f3n que abarque a la sociedad entera. En este sentido, se podr\u00eda decir que efectivamente la poes\u00eda venezolana de estos a\u00f1os (pienso en figuras como Alfredo Silva Estrada y Guillermo Sucre, Rafael Cadenas y Arnaldo Acosta Bello, Caupolic\u00e1n Ovalles y Francisco P\u00e9rez Perdomo, Juan Calzadilla y Rafael Jos\u00e9 Mu\u00f1oz, para nombrar algunos) alcanza el punto m\u00e1s alto y por ello quiz\u00e1 tambi\u00e9n el m\u00e1s \u00e1lgido de nuestra inscripci\u00f3n literaria en la llamada \u00abmodernidad\u00bb: per\u00edodo problem\u00e1tico, quiz\u00e1 por ser tambi\u00e9n un discurso, en el que la actividad literaria se concibe en y desde la adopci\u00f3n de, y la fundamentaci\u00f3n en lo que Lyotard llam\u00f3 los metarrelatos: la revoluci\u00f3n, el progreso, el proyecto pol\u00edtico, la comprensi\u00f3n del mundo, la interrogaci\u00f3n existencial, la creaci\u00f3n absoluta, etc\u00e9tera. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta poes\u00eda, que surge en los a\u00f1os sesenta con las caracter\u00edsticas que he apuntado, constituye pues el punto de partida inequ\u00edvoco de las corrientes po\u00e9ticas de los a\u00f1os posteriores y una referencia ineludible para su comprensi\u00f3n. Corrientes que se caracterizan por un trabajo verbal que busca continuar, aunque someti\u00e9ndolas a una depuraci\u00f3n, a una \u00abdecantaci\u00f3n\u00bb -uso la palabra a prop\u00f3sito-, aquellas propuestas po\u00e9ticas. Es imprescindible enfatizar que este trabajo verbal se hace evidente tanto en los nuevos creadores como en los libros posteriores de aquellos autores. Por ello encontramos un interesante solapamiento entre las manifestaciones ret\u00f3ricas de la \u00abnueva poes\u00eda\u00bb, la que se comienza a escribir en esta otra d\u00e9cada, y la poes\u00eda que ahora escriben los grandes nombres de la vanguardia de los sesenta; un solapamiento que establecer\u00e1 una suerte de vasos comunicantes gracias a los cuales esta nueva poes\u00eda no s\u00f3lo se insertar\u00eda en una tradici\u00f3n sino que a la vez la transformar\u00eda, reescribi\u00e9ndola y haci\u00e9ndola reescribirse. Este fen\u00f3meno, adem\u00e1s, se ve reforzado por la obra de algunas figuras que llamar\u00e9 aqu\u00ed de transici\u00f3n, es decir, poetas que aunque comienzan a escribir en los sesenta, no ser\u00e1 sino hasta los setenta que alcanzar\u00e1n su madurez creadora (pienso por ejemplo en Luis Alberto Crespo, Eugenio Montejo, V\u00edctor Valera Mora). Habl\u00e9 de una decantaci\u00f3n. Me explico: todos estos poetas parecen moverse. desde distintos puntos de partida y con muy distintos objetivos, sobre la l\u00ednea de un impulso com\u00fan: el encaminarse hacia la concisi\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que, desde nuestra perspectiva de hoy, me parece ver en la multiplicidad y la variedad de esas propuestas. a veces explicito, otras apenas insinuado, como rasgo coman: el acercamiento a una dicci\u00f3n menos amanerada, a un \u00ab&#8216;labia\u00bb m\u00e1s directa, a un lenguaje po\u00e9tico menos cargado de \u00abhistoria literaria\u00bb -esa trampa de la que no logramos ni lograremos escapar. Y es esto lo que pace causa com\u00fan en po\u00e9ticas tan distintas como las de P\u00e9rez S\u00f3 y Barroeta, e incluso en las de Ossot y Nunes (y si las culpamos, a su vez, de amaneramiento, es porque olvidamos la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica del lenguaje). A este primer rasgo habr\u00eda quiz\u00e1 que a\u00f1adir otro, que ha pasado casi desapercibido en sus ramificaciones, pero no menos importante respecto a Ia poes\u00eda que habr\u00eda de venir: la paulatina desaparici\u00f3n de la adscripci\u00f3n de la actividad creadora a proyectos sustentados por alg\u00fan tipo de metarrelato. Este hecho, que con un dejo abiertamente cr\u00edtica se ha tildado de \u00abdesencanto\u00bb, me parece que responde en realidad a una postura mas esc\u00e9ptica, y por ello mas acorde con las corrientes intelectuales que se afianzan por entonces, frente a la labor creativa y a su repercusi\u00f3n sociocultural. Una postura que, lejos de corresponder a una simple \u00abfuga al interior\u00bb, constituye el primer signo de una ruptura definitiva con el t\u00f3pico rom\u00e1ntico del poeta-vate o la problematizaci\u00f3n de su estatuto de sentido: en el desarrollo de esta poes\u00eda asistimos al desplazamiento de las profec\u00edas y las certezas al \u00e1mbito de las experiencias: interiores o sensoriales, colectivas o memoriosas. Tal vez sean estos dos aspectos, la b\u00fasqueda de un lenguaje m\u00e1s inmediato, menos retorizado y una posici\u00f3n m\u00e1s esc\u00e9ptica frente a la fuerza y el alcance de los proyectos creadores, lo que prepare el terreno para la apertura que cristalizar\u00eda en toda su fuerza en la d\u00e9cada de los ochenta. <\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo, dicha apertura tome en un principio la forma de una rebeli\u00f3n: el surgimiento de los grupos Trafico y Guaire. Este impasse es necesario analizarlo. Me concentrare, para iniciar dicho an\u00e1lisis, en lo que considero el catalizador de esta situaci\u00f3n, el \u00abManifiesto\u00bb (1981) del grupo Trafico; quiz\u00e1 el texto mas explicito y convencido (\u00bfconvincente?) de estos movimientos. Lo que quiero apuntar es que ese manifiesto, en gran medida por la contradicci\u00f3n que he se\u00f1alado, tuvo una profunda eficacia precisamente por una serie de malentendidos a los que dio lugar. Veamos esto con m\u00e1s detalle. <\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, -y esto se ha dicho suficientemente- su \u00abnueva manera de entender la poes\u00eda\u00bb no lo era en realidad: volver al lenguaje accesible a todos ha sido, como se sabe, uno de los topoi de la poes\u00eda occidental (desde Catulo hasta Pacheco, pasando por Wordsworth y Williams). En segundo lugar, -y esto me parece que no se ha discutido adecuadamente, si es que lo ha sido en absoluto- el manifiesto de Trafico esta escrito, caso singular en la historia de los manifiestos, para un p\u00fablico distinto del que buscar\u00edan -el condicional es aqu\u00ed imprescindible- los poemas. En efecto, la vehemencia retorica (y uno no puede sino pensar en Ia prosa de Armando Rojas Guardia) y las referencias te\u00f3ricas que se urden en este texto se insertan inevitable e inextricablemente en el c\u00f3digo que se desea desalojar. Es posible que haya sido esta \u00abinconveniencia\u00bb lo que hizo que se hablara tanto de sus propuestas y se las analizara tan poco. Lo que es mas, \u00bfno hay acaso un cierto tenor apolog\u00e9tico en este gesto, que parece afirmar \u00abrenunciamos a este lenguaje, pero no porque no lo manejemos\u00bb? En tercer Lugar, se propon\u00eda, en contra de las teorizaciones extraviadas, una vuelta a cierto ideal revolucionario, al metarrelato de la acci\u00f3n social por medio de la creaci\u00f3n de una poes\u00eda \u00abque sirv(ier)a\u00bb. De hecho, \u00bfno repiten las \u00faltimas p\u00e1ginas del manifiesto la critica -frecuente en los c\u00edrculos sociologizantes- del extrav\u00edo de las po\u00e9ticas de la vanguardia, de la perdida del ideal revolucionario, del encierro del poeta, de su escape de la historia? En este aspecto, sopesadas desde nuestra perspectiva actual, las propuestas de Trafico resultan no solo repetidas sino incluso anacr\u00f3nicas. Por Ultimo, y quiz\u00e1 este malentendido a\u00fan nos acompa\u00f1e, se fije, mejor a\u00fan, se petrifico la imagen de la poes\u00eda anterior (la critica virulenta que lleva a cabo el manifiesto se extiende hasta la poes\u00eda de los sesenta) como una poes\u00eda de la \u00abnocturnidad\u00bb, del \u00abesencialismo\u00bb, de \u00abla psique\u00bb, de \u00abla armon\u00eda\u00bb, etc\u00e9tera. Una imagen gruesa e injusta, sin duda alguna. Sin embargo, como indique antes, todas estas propuestas tuvieron un efecto catalizador que \u00abprecipito\u00bb la salida a la luz y el desarrollo de ciertas tendencias que ya se encontraban en ciernes en la poes\u00eda anterior. Pero mas all\u00e1 de eso, la aparici\u00f3n de estos grupos y sus propuestas hizo posible -incluso gracias a los malentendidos, que funcionaron a su favor, en algunos casos, o pasaron desapercibidos en otros- una verdadera apertura tem\u00e1tica y formal de la poes\u00eda de nuestro pa\u00eds. Por ello, seria in\u00fatil e incluso reductivo negar su importancia o querer minimizar la extensi\u00f3n de su influencia. <\/p>\n\n\n\n<p>Veamos ahora qu\u00e9 efecto tuvieron estos aspectos (malentendidos) en el desarrollo de la poes\u00eda de la d\u00e9cada: con ello precisare el panorama que he querido presentar (acoto que, en lo que sigue, me referir\u00e9 no solo al manifiesto mismo, sino a la repercusi\u00f3n que tuvieron en general los grupos Trafico y Guaire). Aunque en apariencia la contradec\u00eda, el llamado a buscar una palabra mas accesible, un lenguaje mas sencillo para el poema, entroncaba en cierta medida con la decantaci\u00f3n que se venia produciendo en la poes\u00eda anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, este llamado, que parec\u00eda tener para estos grupos un \u00fanico prop\u00f3sito (el de llegar a \u00abtodos\u00bb), va a redundar, por el contrario, en una verdadera apertura a la exploraci\u00f3n de las m\u00e1s diversas concepciones de la escritura po\u00e9tica. Esta exploraci\u00f3n, si bien consisti\u00f3 en algunos casos en un esfuerzo por usar un lenguaje menos retorizado, \u00abm\u00e1s. cercano al habla\u00bb, en muchos casos se limit\u00f3 a un cambio de referentes de un registro esencialista a uno de referentes cotidianos y en otros -tal vez los mejores- en una armonizaci\u00f3n de esas dos tendencias. As\u00ed, por ejemplo, hay un cambio radical de escritura entre las construcciones gramaticales de Casa o lobo y la llaneza (aparente) de los versos de <em>Correo del coraz\u00f3n<\/em>, de Yolanda Pantin. Pero tal vez s\u00f3lo encontrarnos un (\u00bfleve?) cambio de \u00e9nfasis entre los poemas de <em>Del mismo amor ardiendo <\/em>y los de <em>Yo que supe de la vieja herida<\/em>, de Armando Rojas Guardia. El registro l\u00e9xico de lo m\u00e1s cotidiano ya ven\u00eda siendo empleado en los primeros libros de William Osuna, y se extender\u00e1, con otros prop\u00f3sitos aunque sin cuestionamiento, en poetas como Miguel James; pero su incorporaci\u00f3n, por ejemplo, en algunos poemas de <em>Soy el muchacho m\u00e1s hermoso de la ciudad<\/em> de Igor Barreto o de Almac\u00e9n de Rafael Arr\u00e1iz Lucca no deja de emparentarse con formas po\u00e9ticas m\u00e1s reflexivas como las que intentaron los poetas de los a\u00f1os anteriores a Tr\u00e1fico y Guaire. <\/p>\n\n\n\n<p>Otra vertiente interesante que se explora en este cambio de registro es la que lleva a un redescubrimiento de la poes\u00eda cl\u00e1sica, en particular la latina. As\u00ed, no s\u00f3lo se recurre al epigrama y su fuerza pol\u00edtica desde lo inmediato; sino que se opta, en algunos casos, por una dicci\u00f3n muy semejante a la de (las traducciones de) la poes\u00eda cl\u00e1sica e incluso por algunos de sus topoi. Tal es el caso de algunos textos de <em>Soneto al aire libre<\/em> de Miguel M\u00e1rquez, de <em>Almac\u00e9n<\/em>, de Arr\u00e1iz Lucca; es tambi\u00e9n el caso de muchos de los poemas de Fragment\u00f3s, de Alejandro Oliveros y, fundamentalmente, del libro Erotia, de Alejandro Salas. Tal vez no sea in\u00fatil ,recordar aqu\u00ed que dicho impulso epigram\u00e1tico se encuentra impl\u00edcito en la poes\u00eda de Calzadilla y se hace evidente en los textos de <em>T\u00e1cticas de vig\u00eda y Una c\u00e1scara de cierto espesor<\/em>. Asimismo, la alternancia de los temas de lo inmediato (pol\u00edtico) y lo amoroso, tan persistente en la poes\u00eda cl\u00e1sica, era tal vez una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s marcadas de la poes\u00eda de Valera Mora. <\/p>\n\n\n\n<p>Otras b\u00fasquedas que se inician con, o paralelamente a esta apertura, son la exploraci\u00f3n de la tradici\u00f3n po\u00e9tica anglosajona y, casi como correlato de esto, el recurso al mon\u00f3logo dram\u00e1tico como molde del poema. La primera, se observa de manera evidente en la poes\u00eda que Oliveros publica en esta d\u00e9cada (aunque ya se insinuaba, en cierta forma, en <em>Espacios<\/em>), es decir en sus libros <em>El sonido de la casa y Fragmentos<\/em>. Y puede identificarse tambi\u00e9n, aunque de manera menos expl\u00edcita, en la poes\u00eda de Alejandro Salas. En este sentido, resulta llamativo notar que estos poetas parec\u00edan avenirse a algunas de las petitiones principi de Tr\u00e1fico por el s\u00f3lo hecho de haber asumido una tradici\u00f3n po\u00e9tica diferente, la anglosajona, con sus estudios de lo urbano, lo hist\u00f3rico, y con la presencia de objetos concretos en el poema en una articulaci\u00f3n que se ha querido llamar, no sin abuso, objetivista. Oliveros y Salas, asimismo, utilizan el recurso del mon\u00f3logo dram\u00e1tico que, con entonaciones muy diversas, se apropiar\u00e1n tambi\u00e9n Harry Almela, en Cantigas y Alicia Torres, en Fatal. Sin embargo, junto con estas l\u00edneas de apertura, y hasta cierto punto incluso retroaliment\u00e1ndose de ellas, hay todo un grupo de poetas que sigue transitando una poes\u00eda m\u00e1s reflexiva -aunque sin amaneramientos-, una poes\u00eda que sigue buscando transmutar en cristalizaciones verbales un c\u00famulo de experiencias, que ahora, es cierto, se tornan de un espacio m\u00e1s amplio del \u00abcampo de los posible\u00bb, como dir\u00eda P\u00edndaro. Tal es el caso de los dos poemarios de Mar\u00eda Auxiliadora Alvarez, Cuerpo y Ca(z)a, que se adentran, respectivamente, en la expresi\u00f3n de las alteraciones corporales\/ps\u00edquicas del embarazo, o de manera m\u00e1s general, del extra\u00f1amiento y el distanciamiento frente a lo otro en lo uno, y en la ruptura que se quiere zurcir con lo que es (aparente y parad\u00f3jicamente) m\u00e1s \u00edntimo: la casa, el amor, la madre, etc\u00e9tera. Es tambi\u00e9n el caso del poemario de Maritza Jim\u00e9nez, <em>Hago la muerte<\/em>, que explora una tem\u00e1tica semejante aunque con una dicci\u00f3n m\u00e1s mesurada. Y sobre otra tem\u00e1tica, pero en una b\u00fasqueda verbal semejante, los poemarios <em>Mustia memoria y Diario de una momia<\/em>, de Laura Cracco. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva que sin duda entronca de manera m\u00e1s clara con la poes\u00eda de los setenta, tenemos en otra vertiente, los poemas minuciosamente elaborados de Ana Nu\u00f1o, en Las voces encontradas; los poemas decantados de <em>Asidua luz y Vivir afuera<\/em> de L\u00e1zaro Alvarez y los poemas precisos de <em>Refugio provisorio y La forma del aire<\/em> de Eduardo Castellanos (y podr\u00edamos ampliar la lista con los poemas de Mhar\u00eda V\u00e1zquez, Jacqueline Goldberg, Jos\u00e9 Antonio Y\u00e9pez Azparren, Patricia Guzm\u00e1n, Sonia Gonz\u00e1lez\u2026). Quiz\u00e1 los dos aspectos m\u00e1s marcadamente nuevos de la poes\u00eda de los ochenta, que de alguna forma pueden vincularse con el reto de Tr\u00e1fico y Guaire, sean el desplazamiento del paisaje po\u00e9tico al \u00e1mbito urbano y el recurso insistente a la iron\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la iron\u00eda, podr\u00eda decirse que es este elemento el que dinamiza toda o casi toda la escritura de esta d\u00e9cada, Esta opci\u00f3n, sin embargo, deber\u00eda ser explorada con mayor profundidad. En efecto, la iron\u00eda -y quiz\u00e1 all\u00ed radique el gran cambio de \u00abparadigma po\u00e9tico de estos a\u00f1os- viene a sustituir el impulso reflexivo de la poes\u00eda anterior, Sin embargo, como se sabe, la iron\u00eda es en s\u00ed misma una forma reflexiva que no se deja ganar por la Tentaci\u00f3n de las generalizaciones. Quiero decir, que la iron\u00eda sin reflexi\u00f3n se convierte en (simple) sarcasmo y en ese sentido pierde eficacia, fuerza verbal, aun convicci\u00f3n. Y es posible que sea este uno de los cargos m\u00e1s serios que se pueda hacer a alguna poes\u00eda de estos a\u00f1os: el caer en el sarcasmo f\u00e1cil y olvidar el verdadero impulso creador. Es posible que mucho de lo que nos entusiasm\u00f3 en un primer momento de este movimiento sea lo que terminar\u00e1 irrit\u00e1ndonos como el elemento m\u00e1s evidente de una suerte de manierismo po\u00e9tico que se produjo en estos a\u00f1os. Tal vez es la conciencia de este hecho lo que explique la \u00abvuelta verbal\u00bb que se da en algunos de estos poetas a finales de los ochenta y principios de los noventa.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es un panorama amplio, en verdad. Estamos ante una verdadera pluralidad de acercamientos po\u00e9ticos, que si bien so consolidaron a partir de la \u00abrevuelta\u00bb que significaron Trafico y Guaire, s\u00f3lo se deben hasta cierto punto ella, De hecho, las po\u00e9ticas de muchos de los poemarios que he citado (incluso, algunos de los \u00faltimos de los mismos integrantes de estos grupos) se oponen abiertamente tanto al esp\u00edritu como a los postulados del manifiesto. La conminaci\u00f3n del grupo no se cumpli\u00f3 en una verdadera apertura de la audiencia y la sencillez o inmediatez que exhiben los nuevos textos es s\u00f3lo aparente. Para hablar s\u00f3lo de un aspecto, la intertextualidad a la que se entregan estos escritores es mucho m\u00e1s rica y compleja que la de sus antecesores, pues se ha ampliado el espacio de referencias de manera inaudita: no s\u00f3lo a la m\u00fasica popular, las telenovelas, los acontecimientos y locales cotidianos -como podr\u00eda haberse esperado-, sino al jazz, la m\u00fasica cl\u00e1sica, la historia y geograf\u00eda europeas, la mitolog\u00eda, la filosof\u00eda, la poes\u00eda cl\u00e1sica, adem\u00e1s de a los tradicionales hitos de la poes\u00eda occidental que lejos de desaparecer se hacen ahora cuerpo en el poema (la presencia de Eliot en <em>El cielo de Par\u00eds<\/em>, de Yolanda Pantin, es un caso emblem\u00e1tico). Todo lo cual nos permite concluir que, aunque se alcanz\u00f3 una dicci\u00f3n \u00abm\u00e1s llana\u00bb, \u00e9sta no redund\u00f3 en una apertura a un p\u00fablico -a una sociedad- para la que la poes\u00eda tendr\u00eda un fin \u00ab\u00fatil\u00bb (quiz\u00e1 el problema radique en el ox\u00edmoron que se esconde en la expresi\u00f3n \u00abpoes\u00eda que sirva\u00bb). Se renov\u00f3 pues el lenguaje po\u00e9tico, se airearon los planteamientos verbales, pero desde la necesidad intr\u00ednseca de la creaci\u00f3n verbal y no corno algo llamado a cumplirse fuera -a expensas- de ella. Para decirlo con m\u00e1s claridad: esta poes\u00eda termin\u00f3 dirigi\u00e9ndose al p\u00fablico al que desafiaba el manifiesto, no al otro, hipot\u00e9tico, al que supuestamente recuperar\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, quiero invitar a \u00abdesfacer un entuerto\u00bb. Tal vez por la necesidad de crear un hombre de paja, la virulencia de los ataques de Tr\u00e1fico tuvo que crear la imagen de una poes\u00eda anterior mon\u00f3tona, amanerada, uniforme. Como he apuntado, creo que no era este el caso. S\u00f3lo un af\u00e1n reductivo puede encontrar identidad en po\u00e9ticas como las de Cadenas, Calzadilla y S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, en las de Montejo, P\u00e9rez S\u00f3 y Oliveros, en las de Hern\u00e1ndez D&#8217;Jes\u00fas, Barroeta y Crespo. \u00bfSer\u00eda acaso justo poner, hoy por hoy, en un mismo paquete las poes\u00edas de Yolanda Pantin, Armando Rojas Guardia e Igor Barreto?, \u00bflas de Rafael Arr\u00e1iz, Luis Enrique P\u00e9rez Ora mas y Alberto Barrera? Hay sin duda l\u00edneas, afinidades, trazados que nos permiten colocar unas obras en di\u00e1logo -por influencia o por reacci\u00f3n- con otras. Esas l\u00edneas siguen y seguir\u00e1n all\u00ed. En ellas volvieron a reinsertarse, a finales de la d\u00e9cada, tambi\u00e9n estos poetas: pensemos si no en La nada vigilante de Rojas Guardia, en los \u00faltimos poemas de <em>La canci\u00f3n fr\u00eda<\/em> de Yolanda Pantin, en Litoral de Rafael Arr\u00e1iz. Sin embargo estas l\u00edneas no est\u00e1n de manera alguna fijas en el tiempo: \u00bfno se han renovado, y a veces de manera radical, la poes\u00eda y la po\u00e9tica de un Pereira, un Acosta Bello, un Calzadilla, un S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, un Cadenas, un Liscano? <\/p>\n\n\n\n<p>A manera de conclusi\u00f3n me gustar\u00eda sugerir una imagen de complementariedad. La poes\u00eda antes de Tr\u00e1fico ten\u00eda una impronta altamente reflexiva; la poes\u00eda que se escribe a partir de \u00e9l, una veta profundamente ir\u00f3nica. Quiero pensar que tal vez la poes\u00eda que se insin\u00faa como m\u00e1s rica en la actualidad combina, aun acuerda estos dos polos, reflexi\u00f3n e iron\u00eda, de una manera natural. Pienso en poetas como Arturo Guti\u00e9rrez, Luis Enrique Belmonte y Alfredo Herrera Salas. Quiz\u00e1 sea en ellos (y sin duda en algunos otros que a\u00fan no leo) que se cumplir\u00e1 la tradici\u00f3n de nuestra poes\u00eda m\u00e1s reciente. Pero d\u00e9jenme detenerme antes de dejarme llevar por la tentaci\u00f3n de vaticinar.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en: http:\/\/noticias.eluniversal.com\/verbigracia\/memoria\/N102\/apertura.html. Foto: https:\/\/elucabista.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Miguel Isava Las condiciones de esta ponencia establecen de entrada lo que podr\u00edamos llamar una doble sujeci\u00f3n \u00abdecimal\u00bb: hablar de diez a\u00f1os de poes\u00eda (la poes\u00eda de los ochenta) en el espacio de diez cuartillas. 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