{"id":12014,"date":"2025-08-23T16:27:41","date_gmt":"2025-08-23T20:57:41","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=12014"},"modified":"2025-08-23T16:27:41","modified_gmt":"2025-08-23T20:57:41","slug":"cuentos-enrique-izaguirre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-enrique-izaguirre\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Enrique Izaguirre"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">L\u00e1zaro And\u00fajar, el que olvid\u00f3 su nombre<\/h3>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>Si sent\u00eda su existencia, ya muy poco (o casi nada) lo ataba al mundo, caso de entender bien lo que apenas pudo rescatarse del papel ensangrentado donde su compa\u00f1ero hizo notas antes de morir (\u201d\u2026ahora llora tan leve- mente que s\u00f3lo yo lo oigo; ha olvidado el nombre de los hijos, su mujer es apenas una cosa, un simple recept\u00e1culo para incubar el futuro; ha olvidado su perro mensajero, la casa donde consumimos el \u00faltimo instante aprovechable para salvar a los dem\u00e1s; le he preguntado su nombre y apenas responde que \u00e9l se llama &#8216;Dios&#8217;; debe estar medio loco; yo estoy m\u00e1s herido y sin embargo recuerdo todas mis gentes; s\u00e9 mi nombre y entiendo que el sol pronto habr\u00e1 de salir, ya que he contado cada una de las horas\u2026\u00bb). Es lastimoso que la sangre haya cubierto el texto a pedazos y \u00fanicamente queden algunas frases largas. Hubiera sido apasionante para mi (\u00a1Oh pasionaria intimidad!), conservar aquel papel lleno de sangre y de confusos secretos hermosos, donde ahora cabe el \u00faltimo quehacer de un alma bajo la mancha que consume una gota de esfuerzo humano.<\/p>\n\n\n\n<p>A su pesar sangre que oscurece la letra\u2014, con los trozos le\u00eddos, viciados de conceptos irresolutos o m\u00e1s oscuros, me atrevo a contarles (sin que me pregunten qui\u00e9n soy), a contarles c\u00f3mo fue su final, el in de un hombre de en\u00e9rgica contextura moral, mentado L\u00e1zaro And\u00fajar (y no \u201cDios\u201d con quien anduve muchos a\u00f1os, ya trabajando, ya sosteniendo el alma en un hilo, ya caminando el Pa\u00eds -de sol a sol, de cabo a rabo\u2014, haciendo c\u00e1lculos para estos sue\u00f1os que un d\u00eda nos picaron camino sin volverlos alguna vez atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Puedo decir que lo empujaron al agua como quien echa un \u00e1rbol al r\u00edo, tranquilamente. Decidieron recogerlo de nuevo, le dieron algunos auxilios t\u00e9cnicos y entonces pudo respirar otra vez normalmente, pero sin que sus o\u00eddos oyeran bien las preguntas esperadas luego, una tras otra. Llegaron a la orilla del r\u00edo (la masa verde de los \u00e1rboles se asomaba con honesta mansedumbre sobre el agua), atravesando la ciudad por arrabales y picas, penetraron el caser\u00f3n que estaba en lis afueras muy lejos del r\u00edo\u2014, lo empujaron de nuevo y rod\u00f3 escaleras abajo, golpe a golpe, hasta quedar exhausto al lado de otro cuerpo tendido, al que tocaba con lo \u00fanico de su cuerpo impregnado a\u00fan de sensaciones, es decir, lo miraba fijamente,y si reconoci\u00f3 el rostro del vecino no precis\u00f3 jam\u00e1s sus rasgos con refleja familiaridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando L\u00e1zaro lleg\u00f3 de primero \u2014a lo dijo es porque yo lo s\u00e9\u2014 nunca pensar\u00eda que \u00e9se era el principio de su final. Lleg\u00f3 sudoroso, con el temor a cuestas de que in error suyo al contar el tiempo impidiera el acogimiento indispensable de la casa para quienes llegar\u00edan despu\u00e9s. Casi lo miro, al pensarlo con sus dedos flacos y nerviosos, hurgaren sus bolsillos \u2014si cerrara los ojos lo mirar\u00eda como en un espejo\u2014, tocar el fr\u00edo de las llaves, penetrar el cerrojo y sentir el aire distinto del interior al respirarlo profundamente. Es como si lo viera sentarse, descalzar los zapatos y sobarse los pies, uno con otro, mientras pensaba quiz\u00e1s en sus hijos, en su perro, en sus libros dispersos nunca le\u00eddos del todo o en los a\u00f1os que faltar\u00edan al tiempo de cada d\u00eda para que los miedos de hoy fueran materia de canto o poblada efusiva, libertaria, sin contar el silencioso amor feliz. Cuando lleg\u00f3 \u2014despu\u00e9s de \u00e9l- el primero de los citados en aquel sitio, encontrar\u00eda la puerta abierta y m\u00e1s adentro una casa aparentemente sola con el silencio blanco en sus paredes. (En el rinc\u00f3n m\u00e1s oscuro estar\u00eda seguramente L\u00e1zaro mordiendo un cigarrillo, como un simple pensador, oculto tras sus ojos cerrados, tal como para que la luz de afuera no dispersara su atenci\u00f3n interior); despu\u00e9s llegar\u00edan los otros, sacar\u00edan el termo con el caf\u00e9, les obsequiar\u00eda cigarrillos \u2014\u00e9l \u00fanicamente los mord\u00eda, no los fumaba\u2014 con aquella sonrisa fiel que completaba su cabeza atractiva, de esas que gustan al apenas mirarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al verse reunido con los otros (af\u00e1n universal de amor, af\u00e1n consciente de los hombres juntos) pensar\u00edan no en lo que tendr\u00edan que discutir o planificar, sino m\u00e1s en las pausas, en las no dichas palabras, y tendr\u00eda que decirse (como otra veces): \u201cDe todos \u00e9stos qui\u00e9n ser\u00e1 el bueno, qui\u00e9n ser\u00e1 el malo; ellos mismos ignorar\u00e1n su verdadera angustia, cubierta por un af\u00e1n de ego\u00edsta heroicidad, qui\u00e9n ser\u00e1 de \u00e9stos el primer Traidor, o menos, el primero que afloje sus manos sobre los ajenos predios; aqu\u00e9l tiene ojos audaces, el otro fuertes antebrazos; el de boina gris (\u00ab\u00e9ste nunca faltaba a las citas\u00bb), el de boina gris tiene un don especial que ofrece confianza\u2026 pero qui\u00e9n se atreve a conocer el alma del hombre por un s\u00f3lo gesto externo\u201d. As\u00ed transcurrir\u00edan una o dos horas, mientras hablaban, auscultando los hombres cercanos, tratando de llevarlos al nivel superior que \u00e9l sent\u00eda poseer con la certeza del fuego quemado en sus entra\u00f1as. \u201cOye esto (me dijo m\u00e1s de una vez), pero no lo repitas. Te lo digo por nuestra amistad y porque decir estas cosas entre nosotras es como si monologara\u2026 yo me siento un hombre superior, no tengo miedo de pensarlo ni de anunciarlo a ti porque a nadie he hecho da\u00f1o, Casi estoy seguro: mis ideas resuelven los m\u00e1s de los problemas dif\u00edciles o enigm\u00e1ticos; tengo actitudes videntes; algunos pensamientos encontrados en los pocos libros que he le\u00eddo, creo que antes los he tenido yo cuando cierro los ojos y me oculto tras ellos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed era L\u00e1zaro And\u00fajar. Un hombre tan distinto que casi lo he deificado. Si ahora levantara mis ojos y mirara su imagen, hecha por un pintor amigo (aqu\u00ed, en la pared inmediata al lugar donde escribo), me sentar\u00eda a llorar su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Del principio de su muerte s\u00f3lo conozco las esquinas cerradas por hombres oscuros que me impidieron el paso (el paso hacia el lugar de la muerte, la m\u00eda tambi\u00e9n, quiz\u00e1s); las \u00f3rdenes pasadas silenciosamente entre ellos, el silbato final y mis angustias completando el c\u00edrculo de su asedio; mi miedo acatando los hechos cuando record\u00e9 el arma que pesaba en mi cuadril, y a la que tocaba como un escarabajo tenso que erizaba mis dedos. Sent\u00ed la seguridad del disparo repetido si yo hubiere estado adentro y fuera L\u00e1zaro And\u00fajar quien tocara con sus manos hermosas el acero del arma.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde lejos mir\u00e9 c\u00f3mo se acercaba a la casa rosada de la cuadra. La puerta cerrada, la ventana cerrada, las paredes altas, un \u00e1rbol cercano que no facilitaba el paso dieron el tiempo necesario. Se oy\u00f3 el primer disparo (yo toqu\u00e9 de nuevo el oculto acero mortal); se oy\u00f3 otro y otro disparo, y yo volv\u00eda a empu\u00f1ar mi escarabajo tenso, Pero s\u00f3lo miraba. Mis fuerzas yac\u00edan por debajo del pensamiento, mientras apenas ojeaba el transcurrir de la tarde en la copa del \u00e1rbol. Alguien subi\u00f3 al hombro del otro, se acod\u00f3 a la primera horqueta del \u00e1rbol, subi\u00f3 a pulso puro, y cay\u00f3 de regreso al suelo sin un solo movimiento postrero. Un nuevo silbato penetr\u00f3 el largo de la calle y sent\u00ed c\u00f3mo vibr\u00f3 en el acero tenso debajo del pantal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Las gentes vecinas hac\u00edan gritos y voces en sus casas, Mientras yo miraba desde un zagu\u00e1n, entre mujeres despeinadas, las incidencias que descubr\u00edan mi alma peque\u00f1a. \u201cSon ladrones (dec\u00edan), son ladrones\u201d, \u201cse pelean con la polic\u00eda (dec\u00edan), se pelean con la polic\u00eda en la calle\u201d. \u00abEs L\u00e1zaro And\u00fajar\u201d (dijo alguien). Pero nadie lo oy\u00f3, sino mis o\u00eddos hechos al nombre de L\u00e1zaro. Silbaban los silbatos de acero como s\u00ed hicieran del aire un filoso rechinar de miedo y calofr\u00edos intensos. Corr\u00edan aqu\u00e9llos sobre el asfalto, Pensaban con rapidez. La urgencia los separaba de sitios diversos, preguntaban, golpeaban, suger\u00edan, abr\u00edan puertas; se concentraban y dispersaban, se concentraban y diverg\u00edan de dos en dos; disparaban y nuestros pulsos temblaban (\u201cel coraz\u00f3n se nos sal\u00eda del pecho\u201d, refer\u00edan despu\u00e9s las mujeres despeinadas). Disparaban sin un blanco seguro, mientras de adentro algunos disparos certeros deten\u00edan por un instante los otros disparos. \u201cA encima de ellos\u201d (se oy\u00f3 ordenar con energ\u00eda). En un grito estirado entre las detonaciones repetidas, corrieron varios adelante, otros atr\u00e1s; el \u00e1rbol cruji\u00f3 con la fuerza salvaje que lo agred\u00eda, hasta alcanzar la pared rosada, sombreada por el \u00e1rbol que echaba sus ramas hacia el patio de la casa. Penetraron a saltos, con palabras de p\u00f3lvora caliente lacerando el follaje que el viento mov\u00eda apenas; silbaron de nuevo cuando ca\u00edan uno a uno desde el pretil rosado con sus armas blandidas como espadas de combare; llenaron de silbatos las calles vecinas, el aire que envolv\u00eda los tejados vecinos; los silbatos mov\u00edan las hojas; los hombres oscuros segu\u00edan descendiendo por las ramas flexibles hasta que alguien acord\u00f3se de abrir la puerta para la entrada de la hueste \u00faltima. Luego se repitieron los disparos, m\u00e1s secos y opacos, encajonadas sus vibraciones crueles, con el humo de las ca\u00f1oneras. Despu\u00e9s hubo menos disparos; menos gritos hubo por encima de la lentitud que se impuso. Sin embargo, de vez en vez, alguien pegaba un leco de rabia o uno y otros disparos reincid\u00edan hasta que el viento pudo casi o\u00edrse el vuelo de una abeja ostentaba su rumor de itinerario. El \u00e1rbol se cambi\u00f3 tranquilo, la pared rosada estuvo como silenciosa, mi alma era un cordel estirado a su extremo absoluto, los ojos de las gentes se ensancharon, pero sin una palabra dura o simple. El aire suave se hizo infinito mientras \u2014 a lo lejos\u2014 el murmullo de la ciudad pac\u00eda el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cont\u00e9 cerca de treinta minutos. Al fin salieron. Alguien primero, luego L\u00e1zaro, doblada, pens\u00e9 que sudoroso y p\u00e1lido. Cuando el autom\u00f3vil pas\u00f3 cerca de m\u00ed, sent\u00ed que el aire desplazado refresc\u00f3 mis ojos h\u00famedos.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Es doloroso recordar ahora su mand\u00edbula recia y su barba que azulaba un rostro juvenil (a\u00fan con 35 a\u00f1os); recordar nuestras andanzas y charlas que ululaban en el nocturno de los hoteles, Duele (por su muerte) pensar en c\u00f3mo destru\u00eda la enf\u00e1tica presunci\u00f3n de Arist\u00f3teles, cuando rele\u00edamos aquello de que \u00abentre los hombres, los unos son libres y los otros esclavos por naturaleza\u201d. Duele tener entre mis manos sus papeles, sus confesiones, sus cartas de amor, sus libros acotados, casi siempre inconclusos de lectura. Cualquiera podr\u00eda orar largamente si tuviera, como yo, sus fotograf\u00edas (propias y de amigas que lo adoraban). Sin embargo muerto est\u00e1 L\u00e1zaro And\u00fajar, mientras su mujer lo desea y su perro huele a diario los antiguos pasos del amo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMi perro es tan poco com\u00fan (me dec\u00eda) que algunas veces, con el perd\u00f3n de mis cong\u00e9neres, casi lo comparo con ellos. Me contento con mi perro cuando mis cong\u00e9neres me alteran\u201d, Y me dec\u00eda tambi\u00e9n: \u00abAmo mucho a mis gentes todas, pero me impacienta su c\u00f3mplice tranquilidad ante tanto dolor disperso. Uno deja de dormir por ellos y al d\u00eda siguiente el pulpero vecino me ha negado un caf\u00e9; con la promesa de cancelarlo, que es lo peor\u201d. (Hablaba tanto y tanto, as\u00ed, enlazando temas unos con otros). \u201cY hasta tendr\u00e1n raz\u00f3n en negarme unos c\u00e9ntimos: \u00bfa qui\u00e9n le consta que soy un hombre bueno, y no un farsante? A mis allegados, y no a todos; porque el pulpero me conoce desde hace tres a\u00f1os y no se atreve a confiar que no perder\u00e1 25 c\u00e9ntimos conmigo\u201d. \u201cEn el mundo hay todav\u00eda ego\u00edsmo porque hay exceso de temor de unos con otros, y ah\u00ed quienes alientan ese temor para separarnos m\u00e1s unos de otros y demorar el futuro, Quienes piensan que m\u00e1s all\u00e1 de nuestro carapacho se acrece una c\u00e1fila de desconocidos y no tienden la mano para mover la quietud de los otros, esos ser\u00e1n condenados\u00bb. \u00abDebemos echar a un lado la desconfianza (me dijo cuando me opuse a un nuevo militante), vig\u00edlalo si quieres, pero conf\u00eda ahora en \u00e9l. La desconfianza es nuestro gran mal de los menores. Y lo peor es que cunde en todas partes, hasta en mi\u201d, \u00abF\u00edjate (me dijo un d\u00eda en una actitud contradictoria con sus pr\u00e9dicas), yo tengo cinco hijos, mi mujer me consulta sus problemas dif\u00edciles, me llora esas largas ausencias inevitables de mis viajes, y sin embargo no me atrevo a sustentar que mi mujer habr\u00e1 de serme fiel eternamente, ni que mis hijos recoger\u00e1n a mi muerte la bandera que corre a mis pies. \u00bfPor qu\u00e9 ha de ser as? \u00bfPor qu\u00e9 ha de haber desconfianza en el mejor comprobado amor? Me he dicho que es nuestra naturaleza, al pensar: a la mujer puede hacerle falta en una hora indeterminada alg\u00fan hombre que venga a redondear sus senos en la concavidad de sus manos, a mesarle el cabello sudoroso; puede que en un instante ella diga no soy capaz\u201d, pero hay tantos instantes en la vida que otro puede ser m\u00e1s fr\u00e1gil\u2026 Mis hijos me han o\u00eddo hablar y quiz\u00e1s se enteren de que morir\u00eda por nuestro amor universal, por hacer la entereza del hombre y su felicidad\u2026 mas, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda asegurarme que mis hijos pasar\u00e1n el tiempo no traspuesto por m\u00ed con la misma fidelidad que yo estoy seguro de soportar?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed era L\u00e1zaro And\u00fajar. Sutil, elemental como un toro. Con sus pensamientos atizaba su angustia. Por ejemplo, alguna vez trat\u00e9 de disuadirlo de esta otra idea: \u00ab\u00bfQuienes han traicionado han pensado antes traicionar! Y algo m\u00e1s, todos no cobran por traicionar. Algo muy grave tendr\u00e1 que ocurrir en el coraz\u00f3n de un hombre para volver la espalda al sue\u00f1o de los a\u00f1os pasados\u201d. Despu\u00e9s dijo: \u201cLa soluci\u00f3n est\u00e1 en ser adolescentes sempiternos, en impedir que se tecnifique inhumanamente el ideario; entonces el mundo crecer\u00e1 por encima del orgullo y los ego\u00edsmos animales\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda una palabra tras otra. De un concepto le nac\u00edan nuevos pensamientos. 5us papeles escritos muchos se perdieron y otros las conservo con la entra\u00f1able inclemencia del tiempo que cada d\u00eda los hace m\u00e1s amarillos. En alguno de ellos consegu\u00ed esta bella frase: \u201cAlgo anda mal y habremos de resolverlo, ya que somos m\u00e1s concretos que Don Quijote y menos ego\u00edstas que Hamlet\u201d. En otros papeles parec\u00eda continuar la esencia del dicho al escribir: \u00abpero no podemos jugar mucho al crucigrama. No es justo jugar mientras los dem\u00e1s se disgregan, se destruyen, se traicionan, roban el dinero del otro o negocian con el sudor de muchos. Ser\u00eda como dejar en la entra\u00f1a de los bosques un explosivo a tiempo, y otro en el seno \u00faltimo de los mares, para que lentamente cada aspiraci\u00f3n, cada aliento, cada di\u00e1stole, nos fueran acercando hacia un final indubitable. Somos de cualquier dolorosa fibra humana, los audaces miserables, los quim\u00e9ricos y los soberbios practicistas, los que pacientes esperan brisas favorables que los impulsen o los sagaces que desbrozan intrincadas frondas ribeteadas por el sol del conf\u00edn. Hay quienes pensamos y tendemos a la creaci\u00f3n de algo nuevo \u2014como un dios\u2014, pero mientras se cuece esta anhelada novedad, \u00bfqu\u00e9 hacemos con los otros? \u00bfHabr\u00e1n de consumirse en el propio polvo de sus plantas?\u201d Pensaba L\u00e1zaro que su solidaridad era extensa, sin m\u00e9todo inicial, hecha de la espontaneidad con que se vive. \u00abLa caridad no resuelve nada (escribi\u00f3 en un tiempo suyo); \u00bfpero ser\u00e1 f\u00e1cil pasar inadvertidos ante un brazo extendido que no sabe de tecnicismos sociol\u00f3gicos, sino que simplemente es un animal atado al instinto de su conservaci\u00f3n? Atado a su hambre, a la miseria que lo resigna en alg\u00fan accesible portal. He dado limosnas porque soy un hombre sensible y siento hondamente el dolor de mis semejantes. Eso nada resuelve, lo s\u00e9, pero me siento tan bien cuando lo hago tan igual a cuando discutimos y aprobamos soluciones sociales en una ley de grandes n\u00fameros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed era L\u00e1zaro. Elemental como un toro salvaje que rumia cuatro veces el forraje de sus fuerzas. Acento a las maldiciones y a las voces de j\u00fabilo; atento al n\u00edquel que rueda en la calzada como a las estad\u00edsticas del erario. Amoroso del hombre y amoroso de s\u00ed. Si su muerte doliera mucho a otros, nunca doler\u00eda tanto como al mismo L\u00e1zaro And\u00fajar, Saberse vencido ser\u00eda para \u00e9l un amargo licor terrestre, aun cuando se evidenciara la presencia de los dem\u00e1s secundando sus sue\u00f1os, una vez extinguida su poderosa sangre. En \u00e9sta consist\u00eda la elementalidad de L\u00e1zaro And\u00fajar. Daba su l\u00e1stima al limosnero, al homosexual, al oprimido. Hubiera deseado apresar entre sedas inmensurables un aire bondadoso que a todos cubriera, liberando sus males como quien suelta mariposas inofensivas. \u00ab\u00bfY para qu\u00e9 pienso tantas ideas babiecas (dec\u00eda cuando emerg\u00eda de \u00e9l su contradicci\u00f3n)? Morir\u00e9 y todo habr\u00e1 cambiado un poco\u201d. Luego, reanimado con insospechadas circunstancias, anunciaba: \u201cPero habr\u00e1 cambiado algo, al menos. Y un cambio m\u00e1s otro quiz\u00e1s d\u00e9 a nuestros hijos o a los nietos este mundo que bulle en m\u00ed donde los hombres amar\u00e1n \u00fanicamente a sus mujeres; los animales roer\u00e1n las columnas m\u00e1s estables; los comerciantes habr\u00e1n de usar una balanza de cipr\u00e9s amable; los obreros cantar\u00e1n siempre, en especial cuando ensayen sus coros a las seis de la tarde, hora en que el pensamiento es mejor\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Oh, L\u00e1zaro And\u00fajar, c\u00f3mo ver\u00ecas t\u00fa esta pasi\u00f3n con que cuenta tu muerte. Tu muerte que es para m\u00ed la mitad del mundo cubierto por oscuras aguas. Agrias, irredentas, distendidas hacia cada uno de mis pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Una frase larga de aquel papel ensangrentado donde el compa\u00f1ero de L\u00e1zaro hizo notas antes de morir dice; \u201c\u00c9l se nombre a s\u00ed mismo Dios, pero se llama L\u00e1zaro And\u00fajar. Por qu\u00e9 pretende llamarse ahora \u00abDios un incr\u00e9dulo como \u00e9l. Ser\u00e1 posible que se haya acobardado o que la muerte cernida sobre sus cabellos lo convierta en su propio santo, como una lluvia leve que todo lo humedece sin la ostentosa fuerza de los r\u00edos. Pienso&#8230;\u00bb Otra vez la mancha oculta lo escrito por el otro h\u00e9roe, el segund\u00f3n que qui\u00e9n sabe qui\u00e9n conoce tan bien como yo a L\u00e1zaro, y que alg\u00fan d\u00eda podr\u00e1 contar tambi\u00e9n su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Si este hombre simple (an\u00f3nimo, poeta, simple) hubiera tenido tiempo de releer el papel que describe la muerte del otro, la de L\u00e1zaro, no hubiera pensado jam\u00e1s en que a L\u00e1zaro lo acobard\u00f3 la muerte o que pod\u00eda convertirse. Otras frases encontradas de trecho en trecho de la sangre dicen con claridad de felinos ojos nocturnos c\u00f3mo L\u00e1zaro And\u00fajar hab\u00eda olvidado su nombre y pretend\u00eda llamarse \u201cDios\u201d, Yo que estuve diecisiete a\u00f1os oy\u00e9ndolo, pregunt\u00e1ndole acerca de t\u00f3picos por m\u00ed nunca descifrables, puedo entender (por eso lo cuento) sin que me pese su ausencia mortal por no preguntarlo de nuevo, Quien relca este papel ensangrentado, una y otra vez, como yo lo he le\u00eddo en los a\u00f1os que siguieron a su muerte; quien guarde sus papeles m\u00e1s \u00edntimos (hasta sus cartas de amor), rescatados de estas o de aquellas manos, como si afanosamente se tomaran las frutas y las hojas del \u00e1rbol para desnudarlo, \u00e9se podr\u00eda hablar como yo y contar como yo su vida que no est\u00e1 disuelta con su sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>Si lo rescataron del r\u00edo para volverlo a interrogar; si le dispararon sin herirlo desde el pretil de la casa rosada donde comenz\u00f3 su muerte, si Mataron ellos (L\u00e1zaro y el otro) para despejar la fuga de los dem\u00e1s; si lo empujaron escaleras abajo, ya agonizante, obnubilado, con las sienes ardidas, hacia el foso oscuro donde su sangre comenz\u00f3 a manar (como un riachuelo que en m\u00e1s cercano al mar m\u00e1s tenue pasa); si alguien pudo o\u00edrlo hablar con un cuerpo ya extinto, L\u00e1zaro And\u00fajar no era entonces un hombre corriente. Alguien podr\u00eda aducir: \u201cFue un h\u00e9roe y los h\u00e9roes no son corrientes en el mundo\u201d. Pero yo para calificarlo no sopeso \u00fanicamente su muerte heroica. En el su muerte vale mucho, mas no es todo el caudal de su alma, sino apenas una gota final. Si es posible dudarlo, dir\u00e9 otras cosas de L\u00e1zaro, quiz\u00e1s las \u00faltimas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe duelen los ojos y casi no veo\u201d \u2014dijo \u2014. \u201cPonte la mano sobre la frente, L\u00e1zaro\u201d \u2014d\u00edjole el otra, el segund\u00f3n, el otro h\u00e9roe cuya muerte alguien contar\u00e1. \u201cMe duelen los ojos y casi no veo\u201d volvi\u00f3 a decir. \u201cNo me oyes, L\u00e1zaro, ponte la mano sobre La frente\u201d. \u201cMe duelen las espaldas, las plantas de los pies, tengo sed, me duelen las heridas\u2026., creo que hiedo a carne muerta\u201d. El otro tom\u00f3 conciencia del delirio, adivin\u00f3 que ya no le o\u00eda y comenz\u00f3 simplemente a observarlo. Gem\u00eda, lloraba tan levemente, se ensoberbec\u00eda como un muchacho brusco, se llenaba de sangre, manchaba la pared con sus manos angustiosas. \u201cYo mat\u00e9, pero mat\u00e9 por la felicidad, yo mat\u00e9 a los criminales\u201d \u2014dijo con una voz remota. \u00abEllos matan por matar, ellos son lobos. Yo soy un puro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Habl\u00f3 sin detenerse a pensar, embebido en la retrospecci\u00f3n de su recuerdo. Dijo de sus padres, habl\u00f3 de que fueron obreros y lo educaron, de su talento, de los tugurios tristes adonde siempre llevaba su alegr\u00eda inaudita. Cont\u00f3 \u2014a nadie, a el mismo o a su sombra mortal\u2014 diecisiete a\u00f1os de brega, de monte, de charcos hasta la cintura, de hambre, de escondites, de miedo, de muerte, de emboscadas, de amores, de dudas, de nuevos optimismos, de renuncias reincidentes, de fugas imposibles, pero tan ciertas como que ahora est\u00e1 muerto, Dijo de c\u00f3mo amaba al hombre, al hombre individual o al hombre innumerable. \u00abNo creo sino en ti, oscuro y dibujante\u201d \u2014le dijo al segundo que escrib\u00eda a su lado como si fuera alg\u00fan desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Jadeante alzaba los ojos como si no consiguiera el aire espeso del rinc\u00f3n. \u00abNo s\u00e9 qui\u00e9n soy, s\u00e9 que tengo dos apellidos y una c\u00e9dula en mi bolsillo que no alcanzan a hurgar mis manos atadas. Mi alma pende de un hilo, pronto habr\u00e1 de caer y ser\u00e9 inmortal si acaso en mi familia\u201d. Dijo que si de el restaba algo despu\u00e9s de muerto, ser\u00edan sus hijos hechos con su semen y nutridos por los senos lactosos de la mujer que amara. \u201cYo ser\u00e9 su dios de ellos, as\u00ed como mi voluntad y mi amor infinito y mi cuerpo fuerte fueron la trinidad que hizo al dios que amo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Y habl\u00f3 tanto que el otro tuvo tiempo de dormir hasta el amanecer, sin recordar al despertarse cundo lo dej\u00f3 de o\u00edr, porque con la primera luz continu\u00e9 escuch\u00e1ndolo casi como un rumor. Extenuado como estaba, con las ojos hundidos, cabizbajo, con la piel viol\u00e1cea de las ojeras, era todav\u00eda perceptible su voz cansada. \u201cTe he ganado, Baudelaire \u2014dijo mirando el sol\u2014; yo s\u00ed supe juntar la acci\u00f3n con el sue\u00f1o. No morir\u00e9 en vano. Que no vea mis sue\u00f1os realizados no es tan doloroso; entiendo que el tiempo fue menor que el necesario para contemplar las flores repartidas, el ma\u00edz repartido, los caballos abundantes y los coros terrestres de mis hijos y los amigos de mis hijos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s se fue quedando silencioso. Mov\u00eda los ojos. Miraba hacia todos los sitios. El aire que lo rodeaba parec\u00eda escasearen la flaccidez de sus pectorales, El rostro impregnado de sangre sudaba fr\u00edamente, copiosamente, en hilillos que bajaban al cuello que humedec\u00edan m\u00e1s su cabeza sucia de tierra y agua, En alg\u00fan momento sinti\u00f3 un agudo dolor que lo postr\u00f3 sobre el piso. Tuvo largo rato sus ojos abierto, fugaces en el ir y venir de un lado a otro. Tiraba la cabeza hacia los hombros, mientras se iluminaba apenas la punta de su quijada, angulosa como el rasgo de luz que la tocaba. \u201cDios, Dios, Dios\u00bb \u2014comenz\u00f3 a decir finalmente, El otro se acerc\u00f3 a \u00e9l, para preguntarle con suavidad al o\u00eddo: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n llamas?\u201d A mis hijos \u2014respondi\u00f3\u2014. \u201cPero dices Dios\u201d. \u201cNo recuerdo sus nombres, por eso los llamo como se llama su padre\u201d. Aqu\u00e9l quiso tocarle la frente y el rechaz\u00f3 el brazo extendido con postrera energ\u00eda, Sinti\u00f3 una grave sensaci\u00f3n (es de pensarlo) y pretendi\u00f3 incorporarse. Su vida, el hilo tenso, ya colmaba el punto absoluto. Casi alz\u00f3 del suelo su muerte, pero cay\u00f3 sobre sus codos con un rictus de sangre. \u201cLev\u00e1ntate, L\u00e1zaro \u2014dijo\u2014. T\u00fa no puedes morir. Lev\u00e1ntate, todav\u00eda falta algo por hacer. Anda, idiota, que s\u00ed puedes hacerlo\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Cay\u00f3 primero un arco de sus rodillas. Los brazos, las manos, los dedos cayeron uno tras otro hacia la inexorable gravedad. La piel cetrina y los ojos tensos de brillo no parec\u00edan de un hombre. Estir\u00f3 una mano, cerr\u00f3 los ojos, hundi\u00f3 la cara sobre el suelo. Estuvo quieto largo tiempo hasta que el otro dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHa muerto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s, despu\u00e9s comenz\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l a morir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Testamento<\/h3>\n\n\n\n<p>Si se me buscase quiz\u00e1s nadie -\u00a1nadie!- ser\u00eda capaz de reencontrarme. He dejado cada una de las cosas m\u00edas en su sitio para convertirme si no en una idea, al menos en una cosa para ser recordada sea en mal que en bien. Siento como de haber terminado mi transcurso entre ustedes y caminar a la deriva podr\u00eda ser una manera de satisfacer el placer final. A estas horas ya no estar\u00e9 sintiendo el aire de la ventana penetrar y tocar en mis papeles de negocios inconclusos con el cual reposaba un poco mi cabeza tr\u00e9mula o aparentemente inconmovida. Ya no me asaltan los problemas irresolutos, ni tengo temor a nada, puesto que ahora carezco de inter\u00e9s ego\u00edsta y actuante. Superado est\u00e1 el momento en que los signos de nuestro consenso formal con la vida de la colectividad son los que m\u00e1s f\u00e1cilmente se revelan, mientras se ocultan los signos del disentimiento. Ahora mi castillo podr\u00eda revelarse tal como es, en sus odios, en sus aversiones, en sus simpat\u00edas todas, ahora cuando ninguna mirada profana me vigila y mi ser interior se siente seguro. A estas alturas cualquiera me dir\u00eda: \u00abAparta los rodeos y di lo que desees decir\u00bb. Pero tambi\u00e9n divagar es una manera elemental de ser libre y si se me podr\u00eda identificar como Anselmo cuando saludaba con respeto y elegancia sometido a la rigidez de mi vida anterior, una vez transcurrida puedo ser m\u00e1s expl\u00edcito y ocultarme menos detr\u00e1s de las formas que como el saludo no hacen sino limitar el comportamiento. \u00abBuenos d\u00edas, Cenicienta\u00bb, era, por ejemplo, mi primera frase cada d\u00eda y con ella bastaba para encontrar mi taza de caf\u00e9 servida,. cercana a las galletas especiales o a las frutas mientras Alice dorm\u00eda su sue\u00f1o matinal.<\/p>\n\n\n\n<p>Cenicienta ten\u00eda un amor a escondidas. Nadie en la casa lo conoc\u00eda excepci\u00f3n hecha de m\u00ed. Sin vigilancia yo me enteraba de los momentos furtivos. Hab\u00eda un olor extra\u00f1o en su contorno y yo lo percib\u00eda a\u00fan entre sus blusas reci\u00e9n puestas. Yo estaba sometido a tareas propias y parec\u00eda indiferente si es que en verdad no lo era; cada uno se prepara su ambiente m\u00e1s propicio y si en \u00e9l bien vive, \u00bfa qu\u00e9 interrumpir el grato sentido propio y el ajeno? Un bacarat con vino ex\u00f3tico y una amiga que finalmente nos visita a solas. Un beso a la despedida y un cigarrillo pensativo para esperar el retorno. Y despu\u00e9s, con el retorno, el beso que saluda e incita, el licor, el lecho blanco, el silencio jadeante, el orgasmo, el cigarrillo que se enciende y se intercambia, las preguntas sobre nuestros desconocidos parientes y finalmente el rumor de las ropas que nos convierten de nuevo en personas met\u00f3dicas. De esa manera una vida trasciende \u00b7de un placer a otro buscando acorralar la monoton\u00eda. Y se pregunta uno si es justo el placer y es mejor no insistir porque sobrevienen otras preguntas sobre la mortalidad -por ejemplo- que nos hacen tomar angustiosa conciencia de una vida contada d\u00eda a d\u00eda hasta una fe cha ignorada y precisa. Y se regresa a un \u00abbuenos d\u00edas\u00bb general a los subalternos que inician con nosotros su tiempo remunerado en nuestras oficinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cenicienta me dijo una vez: No cuentes t\u00fa tus cosas porque t\u00fa eres inmoral y parcializado. D\u00e9jame hablar a m\u00ed para que te conozcas un poco m\u00e1s. Vuelves de la calle y jam\u00e1s te recuerdas que en tu casa cunde un extra\u00f1o mal, deseoso como vienes por descansar del ruido exterior. Es un misterio a nadie revelado: las puertas aparecen tantas veces abiertas, el tel\u00e9fono suena durante la noche, el dinero desaparece, llegan cartas en blanco cuando no son an\u00f3nimos con que nos amenazan. Yo aqu\u00ed sufro lo indecible soportando adem\u00e1s las visitas o tus largas entrevistas con amigos y negociantes. Casi he o\u00eddo voces cercanas a m\u00ed durante tus ausencias y sin embargo te empe\u00f1as en no comprender. \u00bfQu\u00e9 sucede? \u00bfEsto es sobrenatural o en verdad alguien nos apunta a muerte? Existen situaciones que al menos por inexplicables requieren una humana consideraci\u00f3n y a ella reclamo. Detente un poco m\u00e1s de tiempo en la casa y vigila tus hijos y tus sobrinos si es que yo a estas alturas te intereso poco. Eres un hombre de gran poder y te has sabido rodear de hombres inteligentes y de prestigio, de manera que pudieras promover una investigaci\u00f3n sin mayor publicidad y aclarar al menos a ti mismo lo que ahora sucede entre nosotros. <\/p>\n\n\n\n<p>Ahora no estoy en casa. Quiz\u00e1s se siente el silencio entre mis libros o en el vaso ocre donde meto mis l\u00e1pices usados o en las cortinas lilas y rojas. No me atrevo a pensar en mis antepasados -\u00a1 muertos est\u00e1n!- ni si es o no ser\u00e1 cierto el que deba convivir con ellos, porque siempre he dudado del m\u00e1s all\u00e1 y no va a ser este el instante para invocarlos. Deseo pensar en mi vida, aqu\u00ed, as\u00ed, como quien se echa a dormir en un calabozo de cualquier polic\u00eda urbana, sabiente de sus olores, dolores, interjecciones obscenas, del sue\u00f1o azaroso y de la ma\u00f1ana siguiente que podr\u00eda o no deparar la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Dado que soy Anselmo y mis apellidos son m\u00e1s conocidos que yo mismo, dir\u00eda que nac\u00ed en \u00abEl cocal del medio\u00bb, al lado de un r\u00edo peque\u00f1o de Anzo\u00e1tegui, que camin\u00e9 leguas y leguas, sobre bestias o camiones hasta llegar no s\u00e9 cu\u00e1ndo a este sitio. Enviud\u00e9 pronto, me cas\u00e9 de nuevo y desde entonces he ido siguiendo el destino del pa\u00eds como quien se arrima a la vera de un compadre pr\u00f3spero. Ha sido una aventura m\u00e1s bien callada, insistente para no decir reincidente y hoy, 27 de abril de 1960, me estoy tan lejos de mis m\u00e1s lejos d\u00edas que casi no me reconozco. Tengo una casa de playa con un mar limpio apenas a dos cuadras, un chinchorro desde donde golpeo con los pies desnudos en la pared y me impulso para que el aire refresque mis verijas mientras oscilo entre el viento cruzado de puerta a puerta: veo pasar los vecinos o las vecinas por la calle exhibiendo la piel bronceada, casi desnudas, hablando de su casa en Caracas y me recuerdo tambi\u00e9n de la m\u00eda decorada con cortinas lilas y rojas, con un cuarto-estudio (as\u00ed lo llam\u00f3 el arquitecto), donde mis dos hijas escond\u00edan sus amantes antes de desposarse y escapar a otros pa\u00edses para los mismos quehaceres insulsos; no tej\u00edan, no le\u00edan, no limpiaban, no me preguntaban nada; \u00fanicamente hablaban largas horas por tel\u00e9fono y dorm\u00edan, muchas veces con los solos pantalones del pijama con los senos puestos all\u00ed con las persianas abiertas; andaban todo el santo d\u00eda secrete\u00e1ndose; a las nueve de la ma\u00f1ana desayunaban, se lavaban de nuevo los dientes, se quitaban el esmalte de las u\u00f1as con las piernas tendidas sobre el sof\u00e1 y re\u00edan; hablaban de sus amigos, de sus corbatas, siempre con un aire sospechoso que hac\u00eda pensar en lo peor; de todo lo que en el mundo ocurriese s\u00f3lo se enteraban de los accidentes de tr\u00e1nsito, m\u00e1s bien seguramente por sus veloces vueltas por la ciudad hacia la tarde, cuando se levantaban de su siestas cotidianas, que por alg\u00fan amor al pr\u00f3jimo. He all\u00ed una peque\u00f1a s\u00edntesis de sus vidas, que a la vez, eran parte de la m\u00eda. Si me pusiese a buscar en mis d\u00edas o a\u00f1os alg\u00fan golpe de suerte, estoy seguro de no precisar nada; todo ha sido una lenta transformaci\u00f3n de la nada al todo; digo que casi ni me reconozco y es la verdad verdad; ignoro cu\u00e1ndo comenc\u00e9 a dejar de ser limitado para iniciar la opulencia y me ser\u00eda imposible precisar la parte del a\u00f1o donde el ocio penetr\u00f3 y sustituy\u00f3 las tareas ordinarias de mi casa; haciendo un esfuerzo podr\u00eda recordar alguna noche en que mi mujer reclam\u00f3 una cuarta muchacha para el servicio, adem\u00e1s del jardinero y yo asent\u00ed sin mayor inquisici\u00f3n de \u00abpater familia\u00bb; all\u00ed efectivamente ca\u00ed en cuenta del cambio; aquel ajetreo egipciano de servicios discriminados me hicieron imaginarme para alguna vez pr\u00f3xima carente de toda movilidad, grasoso y rechoncho, convirti\u00e9ndome en un ser grotesco de nalgas plenas y barriga llena, de contextura y aire falso. \u00ab\u00a1Basta!\u00bb, dije entonces. Basta, mujer; empezamos con Cenicienta y ya la casa est\u00e1 invadida por tanta gente \u2026 Deja esto hasta aqu\u00ed, no pidas m\u00e1s o terminar\u00e9 por escapar a un lugar m\u00e1s tranquilo. <\/p>\n\n\n\n<p>No cuente usted, se\u00f1or -me dijo Cenicienta al o\u00eddo -tengo veinticinco a\u00f1os y mis ojos son buenos y grandes. Desde que me trajo usted a esta casa, he hecho otras cosas adem\u00e1s de morder su oreja y tocar sus partes como si yo fuese su leg\u00edtima esposa. Usted sale a la calle y est\u00e1 fuera la mayor parte del d\u00eda y entonces no puede usted ver ni o\u00edr, ni conseguir, ni descubrir; la casa no se muere cuando usted se va, por el contrario, vive m\u00e1s fielmente y tal como son ellos cada rinc\u00f3n se les parece; su hijo menor me toca los senos y se escapa y ay de m\u00ed que yo reclame para que la se\u00f1ora se enfurezca y me amenace y me diga que sus hijos no pueden buscar prostitutas y que yo deber\u00eda comprender si es que soy agradecida de sus bondades; se me ha humillado tanto que a veces prefiero ser distinta a como soy, menos provocativa; quiz\u00e1s Dios me har\u00eda m\u00e1s agradecida a su poder si me hiciese m\u00e1s parecida a cualquier sirvienta de esas tristes y descarnadas. \u00a1C\u00f3mo ser\u00e1 lo que usted desconoce para yo decir estas cosas! <\/p>\n\n\n\n<p>Antes ven\u00edan los novios de sus hijas y comenzaban por sentarse cercanos a ellas. Son esas horas propicias de todas las casas en que ninguno podr\u00eda estar mirando nada. Despu\u00e9s jugaban a los besos, las ni\u00f1as besaban en todos los lugares, ellos met\u00edan la mano por detr\u00e1s de la cota y yo los miraba hacer como si nada; abr\u00edan botellas de vino para irse tenuemente embriagando; cada vez era m\u00e1s f\u00e1cil todo acto, los botones de las camisas ya no val\u00eda la pena cerrarlos, las manos se deslizaban sobre los senos y sobre el pecho de los hombres; cu\u00e1ntas veces las vi humedecerse los pezones en las bocas de las botellas para que ellos succionaran y all\u00ed se quedaban con las caras tensas soportando los labios del hombre, la saliva espesa en los carrillos y el coraz\u00f3n agitado de cada quien. \u00abPon un poco de m\u00fasica, Tha\u00eds\u00bb, dec\u00eda finalmente alguien; encend\u00edan cigarrillos y se echaban sobre sof\u00e1s y alfombras entre la m\u00fasica y paulatinamente se recuperaban hasta que otro volv\u00eda a hablar. \u00abNo hay como el placer; cualquier tristeza se extingue si tienes alguien que te acompa\u00f1e sin temor\u00bb. No, Anselmo, aquello no pod\u00eda ser vida; \u00a1felizmente se casaron y se fueron!<\/p>\n\n\n\n<p>No es que la riqueza sea odiable. Yo vivo de un sueldo que me da la riqueza y no tendr\u00eda jam\u00e1s o\u00eddos para ning\u00fan consejo infiel. Respeto a la se\u00f1ora, a pesar de todo, me content\u00e9 con los matrimonios de sus hijas, como si hubiesen sido gente m\u00eda y de mi boca jam\u00e1s saldr\u00e1 ante gente extra\u00f1a cualquier cosa vista por mis ojos \u2026 Pero, se\u00f1or Anselmo, el respeto es necesario entre los seres y ning\u00fan caballo des bocado es libre; por algo mi abuela me dec\u00eda: \u00abLa cordura cansa, mijita; sostente firme si no quieres caer\u00bb. Si ca\u00ed es porque todo debe llegar a su final y por nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis bienes son bastantes y pocos entre quienes ser\u00e1n repartidos; por eso no creo necesario invocar al Dios Todopoderoso para conciliar cualquier discrepancia. De que yo reparta, \u00a1yo no reparto nada! Si la ley est\u00e1 hecha que sea su letra mi voluntad y a ella me someto para las partes y partecitas que deban ser escogidas. Tha\u00eds que venga de su lejano pueblo y su hermana igual. Si no llegan a tiempo (\u00a1si no llegan a tiempo!) la culpa no ser\u00e1 de quien esto ofrece. De los varones no ser\u00e9 yo quien alegue indignidad para impedirles el disfrute, a pesar de que mis ojos y o\u00eddos que se han de comer la tierra, tienen bastantes e ingratos conocimientos que por ser mis hijos no vienen al caso. Si los quiero, simplemente como un padre, no ser\u00e1 la muerte mi consejera infeliz para desquererlos; ser\u00e9 elemental si les pido el disfrute intenso de estos haberes que pagaron l\u00e1tigos y hachuelas en las compa\u00f1\u00edas belgas de la Guayana donde m\u00e1s de una mano india o negra fue cortada por simples sanciones rutinarias. \u00a1No, tomadlo, os digo! Como si fuese un saco de oro abandonado por un asaltante urgido del tiempo para escapar. Disfrutadlo si pod\u00e9is, si es que os deja la chusma velante. Todo est\u00e1 en su sitio. Mis papeles y t\u00edtulos redactados por juristas de buen saber y guarecidos por el acero que no es casa de polillas. Las llaves est\u00e1n en su sitio. Las claves secretas en alguna p\u00e1gina de mi cuaderno verde. Los nombres de mis ahijados igual, si es que querr\u00e1n Uds. regalarlos con algo. F\u00edjense bien que no deseo hacer nada con mi voluntad por el solo inter\u00e9s de desprender mi alma de estas riquezas en el mismo instante de mi extinci\u00f3n. No s\u00e9 por qu\u00e9 siento esta necesidad. Algo me abruma. <\/p>\n\n\n\n<p>Tha\u00eds era mi debilidad y ni por ello cedo para preferirla; la otra hija mayor cuyo paradero desconozco desde su carta de octubre de 1 956, que ni siquiera fue en diciembre para saludarme, era mi aversi\u00f3n, no por los amantes conocidos de Alice, ni mucho menos por dudas de mi paternidad que ya sus ojos eran copiados de la hermana menor de mi madre, sino por causa de una adversa intimidad nunca comprendida: Alice, mi compa\u00f1era de cuarto desde la noche del Hotel Bellamar en 1935, fue mi amorosa no s\u00e9 por cu\u00e1ntos a\u00f1os o lustros hasta que la indiferencia lentamente nos dio otros compa\u00f1eros constantes o transitorios en quien refugiarnos para no abandonar el placer o para simples compa\u00f1\u00edas durante los veranos europeos. Todas ellas deben venir sin miedo a tomar su parte, a pesar de los pecados que su \u00abdios\u00bb les prohib\u00eda, a pesar de aquello que yo sepa y ellas desconocen, a pesar de todo, como decimos cuando hay un rencor impreciso. A fin de cuentas nadie es culpable, ni yo mismo con mi irresponsabilidad ostentosa, ni todas ellas con sus lindos rostros besables y sus cuerpos. Lo que Cenicienta me haya contado no basta para convencerme de los males que nos sean imputables. El mal est\u00e1 all\u00ed, rode\u00e1ndonos desde siempre, en las calles, en los clubes y fiestas, en el aire, en las miradas, en nuestras conciencias, en las manos lascivas de cada uno cuando saludamos las mujeres innumerables; en las firmas que identifican los valores de cambio; la acechanza de la maldad o la desconfianza es la sola culpable de los males que podamos hacer. Ya mis hijos que en todo pensaban igual lo dec\u00edan o lo dijeron: \u00abTodo negocio que salga bien, pap\u00e1, es una defensa; no sabemos a qui\u00e9n le tocar\u00e1 enga\u00f1arnos con cualquier zancadilla; no importa c\u00f3mo, cada buen negocio debe contentarnos\u00bb. \u00bfY qu\u00e9 hicimos nosotros los esposos cuando comenzamos a traicionarnos? \u00abLa familia, dijimos, pase lo que pase debemos juntos defenderla. Hacemos falta a nuestros hijos\u00bb. \u00a1Oh mentira voluptuosa! Ay dolor instintivo que descompone la imagen verdadera de los hechos. C\u00f3mo ocultar esto que los dem\u00e1s ven y que los peri\u00f3dicos violentos exageran sin adulterar, si hay delitos no conocidos, fraudes, muertos, amibas, multitudes rabiosas que a\u00fallan, a\u00fallan, a\u00fallan, giran hasta ensordecernos; cantan, se estremecen, agreden, nacen, se extinguen y reaparecen como vendavales golpeando en las banderas y en los postigos de las casas. Alice, Tha\u00eds, Peter, t\u00fa, ella, t\u00fa, \u00a1o\u00edd! P\u00f3nganse hacia el lado de los vientos que portan las graves noticias de cerros y suburbios, \u00f3iganlos como cantan o lloran y no busquen comprender. No fueron ustedes ni ser\u00e1n las personas m\u00e1s propicias para comprender.<\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito, Alice, de nuestros hijos, tambi\u00e9n idos, ya mayores y con pie propio, que tambi\u00e9n vengan al fest\u00edn. \u00a1Carezco de facultad para castigarlos!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abAy, Cenicienta, si no fuese por ti, mujer bondadosa\u00bb. \u00abNo diga Ud. nada, Anselmo, que Ud. exagera lo m\u00e1s m\u00ednimo. Que lo diga yo que todo lo he visto cuando la casa era casa sin usted presente\u2026 Yo tambi\u00e9n llevo mi verg\u00fcenza con este amor a escondidas y por tanto tiempo\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 culpa m\u00e1s nimia la de Cenicienta. Venir a mi cuarto de arriba desde los 19 a\u00f1os; asistir a furtivos encuentros y llevarse el perfume de mis colonias en sus blusas limpias. Cu\u00e1l fue la voluntad sino la m\u00eda cuando en aquel pasillo penumbroso de la escalera tom\u00e9 su mano y casi a pulso, venciendo poco a poco su resistencia y rubor, le puse la punta de sus dedos sobre mi sexo y le hac\u00eda estrujar su mano tensa en los botones del pantal\u00f3n hasta causarle dolor. Deja, dijiste, y me trataste de t\u00fa, como otras veces lo haces cuando pretendes ser m\u00e1s enf\u00e1tica. Deja, dec\u00edas y te vine trayendo despu\u00e9s hacia m\u00ed para besarte a sabiendas de que t\u00fa quer\u00edas. Nadie en la casa, sino yo mismo, conoc\u00eda tu amor secreto porque he tenido de a\u00f1os ese don de mirar en la pupila de la mujer y descubrirla. <\/p>\n\n\n\n<p>Vino aqu\u00ed de paso y se qued\u00f3. Lleg\u00f3 para una tarea \u00abhonorable\u00bb de esas que inventan las casas de los ricos y sin embargo hac\u00eda de todo porque ella quer\u00eda. Hasta en el condimento de las comidas decid\u00eda y su lugar para pensar era siempre la mesa del pantry donde escrib\u00eda sus cartas y le\u00eda sus revistas. Ten\u00eda una mano suave para las inyecciones de Alice y eso le permiti\u00f3 un puesto en la mesa de juego cuando alguien de las vecinas o amigas faltaba a la cita cuotidiana. \u00abCenicienta\u00bb es hermosa y la llamo as\u00ed desde la segunda noche furtiva. Mi hijo menor divulg\u00f3 por la casa su nuevo nombre y ella se apeg\u00f3 a \u00e9l con amor. Es optimista y humilde. Habla de sus gentes (\u00abde mis iguales\u00bb, como ella dice) , con amor solidario y dice reconocer la distancia que media entre ella y nosotros. Me he cansado de decirle de mis caminatas en bestias y camiones antes de llegar a este sitio, sin que desista de creer en que una cosa es el amor y otra la clase en que vivirlos y hemos vivido. Tiene duros y bell\u00edsimos senos. Le caen bien la mayor\u00eda de sus vestidos y cuando se acerca tiene un punto de luz en los ojos que hace dif\u00edcil precisar en ellos la tristeza, cualquiera que fuese. Yo que la he tenido desnuda por horas y a\u00f1os conozco su cuerpo hermoso y la dignidad intransigente de su manera de ser. Tampoco para ella aparto nada porque mi voluntad es la misma y sus sue\u00f1os muy distintos a los de mis hijos. \u00abCa\u00ed en tus manos y estoy contenta. No deseo nada m\u00e1s. Si me he equivocado y no mereciese el amor no pretender\u00e9 se me repare el da\u00f1o que yo misma me haya causado\u00bb. Me dijo esto y creo conocerla bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed nada sucede, Marialba (la invoqu\u00e9 entonces por su casi desconocido nombre propio) . Nada est\u00e1 sucediendo. Si Tha\u00eds y la otra hija mayor no viven en casa; si mis hijos \u00fanicamente escriben tarjetas con breves textos y nunca regresan a saludar siquiera, eso no significa que la familia se est\u00e9 extinguiendo. Si Alice envejece, si llegan cartas en blanco, son hechos normales que a nadie deben sorprender. Que una luz aparece en el \u00faltimo cuarto, brilla y se extingue; que yo podr\u00eda morir alg\u00fan d\u00eda de estos, \u00bfpor qu\u00e9 no habr\u00eda de ser probable? Pero al menos algo hay de cierto. Estos temores provienen de lo que hemos sido. No hay raz\u00f3n para gratificar la mentira ni para pretender justificar lo absurdo de una conducta fundada sobre la muerte. Porque podr\u00eda estar muerto en breve tiempo soy capaz de reconocer nuestra complicidad en la injusticia comprobada, evidente; y es cobard\u00eda esperar ahora para decirlo, pero se requieren sensaciones particulares tantas veces y es entonces cuando sentimos su carencia quienes hemos sido hombres normales y utilitarios. Acaso los filos que seccionaban cabezas en las monta\u00f1as podr\u00edan no doler a Alice si tomara conciencia cabal de eso que ella llama su alegr\u00eda y que es el trasfondo de dolores inauditos. Nuestros haberes son un caudal de sangre y tendr\u00e1 que levantarse alg\u00fan d\u00eda la poblada innumerable y mortal o extinta. Ay, Cenicienta, eres y has sido la \u00fanica persona de casa sensible a esta tensi\u00f3n que nos eriza la piel y desconcierta. Oh Dios Todopoderoso, ahora te invoco. \u00a1Tengo miedo! No por m\u00ed, sino por ellos sobrevivientes y c\u00f3mplices de mi prosperidad a compartirse todo, menos mi amor y mi arrepentimiento de hombre infeliz.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto dec\u00eda Cenicienta de las puertas abiertas, de las llamadas nocturnas o de las cartas an\u00f3nimas que comenc\u00e9 a sentir miedo ciertamente; los corredores de la casa hacia las partes de mayor soledad o el garaje o el cuarto de arriba hacia las horas de medianoche me hac\u00edan temerles. Mas con mi aprensi\u00f3n contrastaba la serenidad racional de Alice, mi leg\u00edtima esposa. Semana tras semana mi voluntad iba cayendo en aquel absurdo aparente y comenc\u00e9 a padecer horas de insomnio para aislarme casi del ser terrenal, no obstante permanecer evidentemente despierto. \u00a1Era angustiante no tener un amigo comprensivo en quien refugiarme! Hasta una noche -eran apenas las 10 y media- en que viendo la luna fresca metida como suave luz entre las ramas del jard\u00edn pens\u00e9 que un poco de frialdad lunar dar\u00eda a .mis ojos la necesaria laxitud. Me sent\u00e9 sobre el muro, respir\u00e9 profundamente, mir\u00e9 hacia el cielo y contempl\u00e9 el espacio infinito. Lentamente el miedo toc\u00f3 mis espaldas y por el cuello sent\u00ed la frialdad; si los cabellos eran como c\u00edrculos conc\u00e9ntricos crecientes que antes me estrechaban la piel; si sent\u00ed como si un gusanillo bajara por el conducto del orine; y con certeza me asediaban a distancia. Hubo un momento de inmovilidad y el ment\u00f3n me pesaba y por mis dientes pasaba el relente lunar. Estuve a punto de quejarme, o gritar o llamar. Pens\u00e9 en Alice, en mis hijos. Estaba all\u00ed quieto insalvablemente, pero como nunca dej\u00e9 de estar consciente hasta del color de mis zapatos, pude sin hechizo alguno intervenir el salvaje asedio irreal y someterme. Nada pasaba fuera de m\u00ed. El fr\u00edo lunar a decir verdad m\u00e1s bien podr\u00eda considerarse grato y adem\u00e1s no estaba solo, desde dos o tres balcones iluminados vecinos contemplaban el cielo claro con su luna grande en ascenso. Descend\u00ed del muro y normalmente como si nada camin\u00e9 de nuevo sensatamente sobre mis pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, despu\u00e9s de pensarlo mucho se lo he dicho a esta Alice mi mujer. \u00abEstoy seguro que voy a morir, Alice. Ya no quepo en este mundo\u00bb. Mis inteligentes y sabios amigos no creen en las cosas que pienso y me aseguran que este af\u00e1n critico m\u00edo son resabios rom\u00e1nticos de un alma bondadosa. Permanec\u00eda sin responder cuando esto aduc\u00edan porque no dese\u00e9 nunca escandalizar con mis profundas convicciones. No me atrev\u00eda. Ahora me atrevo porque ser\u00e1 lacrada y secreta mi voluntad postrera. Estoy, estaba seguro, Alice, de que alguien me apuntaba a muerte por las ventanas. Desde tiempo antes alguien andaba por la casa como un fantasma amenazante. Cenicienta ha sido la \u00fanica capaz de percibirlo y me lo dijo: \u00abSe\u00f1or, tenga cuidado; yo no s\u00e9 si esto es natural, pero alguien husmea sus pasos\u00bb. Nadie en la casa siente ni percibe nada, excepci\u00f3n hecha de Cenicienta, a quien Alice ahora toma por una demente, porque oye sonar el tel\u00e9fono despu\u00e9s de medianoche y se asoma a las ventanas para otear los alrededores.<\/p>\n\n\n\n<p>Oh, Alice, \u00e9ramos peque\u00f1os seres corrompidos por la \u00abbondad\u00bb, el \u00abamor\u00bb o el placer o como t\u00fa desees llamar esas sensaciones a las cuales fuiste invitada y sucumbiste. \u00abS\u00f3lo el amor variado nos salva ante Dios, porque nos da poder terrenal. Y entre el hombre y Dios, s\u00f3lo existe un conflicto de poder\u00edo que no se resuelve con la humanidad\u00bb. \u00c9ste es el ideario de uno de tus hijos, Alice. \u00a1Inmoral y contradictorio! Bello ejemplar dimos a la posteridad. Oh, Alice, te he amado y sin embargo no es desesperante esfumarse de tu cercan\u00eda. Enciende, Alice, un baccarat con tu licor intenso y bebe la llama que es mi aliento final. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando rompan el lacre y reconozcan estas advertencias inmutables y todos est\u00e9n silenciosos y solemnes, venidos ahora s\u00ed por \u00faltima vez al viejo hogar, ya no estar\u00e9 yo entre ustedes. Apenas una idea de aquello que fui pender\u00e1 sobre el aire. Calcular\u00e1n peque\u00f1as y grandes cosas y sus n\u00fameros. S\u00e9 que Cenicienta habr\u00e1 desaparecido y que Tha\u00eds estar\u00e1 sentada al lado de Alice y que Peter apuesto y orgulloso no dejar\u00e1 olvidar ning\u00fan detalle, colocado al margen del grupo mayor. La casa, hacia adentro, estar\u00e1 sola, apenas con un olor de flores muertas que como siempre permanece por largo tiempo en el lugar del hombre mortal ca\u00eddo. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>L\u00e1zaro And\u00fajar, el que olvid\u00f3 su nombre I Si sent\u00eda su existencia, ya muy poco (o casi nada) lo ataba al mundo, caso de entender bien lo que apenas pudo rescatarse del papel ensangrentado donde su compa\u00f1ero hizo notas antes de morir (\u201d\u2026ahora llora tan leve- mente que s\u00f3lo yo lo oigo; ha olvidado el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":12015,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12014"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12014"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12014\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17141,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12014\/revisions\/17141"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12015"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}