{"id":11997,"date":"2024-06-07T23:12:31","date_gmt":"2024-06-07T23:12:31","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11997"},"modified":"2024-06-07T23:13:13","modified_gmt":"2024-06-07T23:13:13","slug":"rostros-infancia-memorias-mama-blanca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rostros-infancia-memorias-mama-blanca\/","title":{"rendered":"Los rostros de la infancia en \u00abMemorias de Mam\u00e1 Blanca\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Los l\u00edmites de la autobiograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Existen numerosos equ\u00edvocos en relaci\u00f3n a la llamada literatura autobiogr\u00e1fica, o de la autobiograf\u00eda en literatura, si se lo prefiere. El hecho de ofrecer datos personales al fen\u00f3meno literario es un proceso complejo, no equivalente casi nunca a una verdad o realidad vertida en palabras escritas a objeto de construir determinado texto. Casi siempre se produce una alteraci\u00f3n escrituraria en cuanto lo vivido intenta ser transcrito al papel o la pantalla, o bien la mente del escritor le quita o agrega algo a su biograf\u00eda cuando se produce el trasvase de lo vivido a lo inventado, m\u00e1xime si se trata de ficci\u00f3n narrativa. En el llamado g\u00e9nero autobiogr\u00e1fico los escritores \u2013pienso&#8211; no tenemos la suficiente objetividad para plasmar las cosas tal cual son. Si se tratara de personajes excepcionales, h\u00e9roes, santos o celebridades el asunto es m\u00e1s complicado, pues el trabajo en estos casos suele ser efectuado por escribientes contratados o bi\u00f3grafos profesionales que garanticen la tan ansiada veracidad de los hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los casos t\u00edpicos de lo que pudi\u00e9ramos llamar el s\u00edndrome autobiogr\u00e1fico lo tenemos en nuestra escritora Teresa de la Parra, caso paradigm\u00e1tico que lleg\u00f3 a producir a la propia escritora agudas perturbaciones, al punto de reclamarle a ella pensamientos, sentimientos, opiniones o amor\u00edos de sus personajes: Teresa de la Parra no fue ni Mar\u00eda Eugenia Alonso, ni Ifigenia ni Blanca Nieves; pero la fuerza de \u00e9stos era tal que a veces se impon\u00edan sobre la personalidad de la propia escritora, hasta convertir\u00eda en una suerte de emblema de mujer coqueta, independiente o feminista, lo cual le acarre\u00f3 a la escritora no pocos inconvenientes sociales, amorosos o familiares.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de la Parra es el nombre art\u00edstico de Ana Teresa Parra Sanojo, nacida y criada en el seno de una familia acomodada de Caracas, una familia de terratenientes, de un padre diplom\u00e1tico Rafael Parra Hernaiz y de la se\u00f1ora Isabel Sanojo Espelozin, quienes procrearon cinco hijos, dos varones, Luis Felipe y Miguel y tres hermanas menores, Mar\u00eda del Pilar, Isabel y Elia, muy unidos entre s\u00ed y educados dentro de las normas y costumbres de una relativa aristocracia, encontrando hermanos y hermanas sus respectivas parejas hasta formar matrimonios. La \u00fanica que no lo hizo fue precisamente Teresa; no porque no pudiese, sino por \u00edntima elecci\u00f3n personal.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Entre dos mundos, entre dos amores<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Durante el gobierno de Juan Vicente G\u00f3mez el padre de Teresa acepta un cargo de c\u00f3nsul en Berl\u00edn y debe viajar por varias ciudades europeas, entre ellas Par\u00eds, la cual visita con frecuencia. En uno de esos viajes con su esposa a la capital francesa es cuando do\u00f1a Isabel Sanojo da a luz a Teresita. Poco despu\u00e9s, y luego de concluidas sus funciones diplom\u00e1ticas de don Rafael Parra, toda la familia regresa a Caracas a hacer vida de familia. Se instalan en el centro de la ciudad; disfrutan de paseos por Macuto, el \u00c1vila y de una casa de campo situada en Taz\u00f3n, donde llevan a cabo fiestas, celebraciones, veladas. Teresa lee, escucha m\u00fasica, toca el piano, toma contacto con revistas y libros, escritores como Garc\u00eda Calder\u00f3n, su primo Caracciolo Parra P\u00e9rez, quien la estimula mucho a escribir y publicar; entonces ella se dispone a escribir cuentos y narraciones de viaje, que se editan en peri\u00f3dicos y revistas. Lleva una vida social amplia; conoce a los escritores Jos\u00e9 Rafael Pocaterra y R\u00f3mulo Gallegos, quienes la invitan a colaborar en las respectivas revistas que dirigen, y sus textos tienen buena acogida. Contin\u00faa escribiendo y leyendo hasta que un buen d\u00eda decide pasar una temporada en Francia para conocer mejor la bella ciudad donde hab\u00eda nacido por casualidad, y all\u00e1 se encuentra con un mundo distinto del caraque\u00f1o, pleno de refinamientos; pasea por amplios bulevares, visita museos y bibliotecas, frecuenta cen\u00e1culos de intelectuales.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde aquella \u00e9poca los viajes a Europa ser\u00edan intermitentes, pero constantes, donde ella cumple casi siempre los mismos recorridos: Francia, Suiza, Cuba, Caracas, Bogot\u00e1. En Par\u00eds visita met\u00f3dicamente museos y monumentos, toma lecciones de dicci\u00f3n francesa con la actriz Marguerite Moreno; pasa temporadas en Suiza con su hermana Isabelita; frecuenta hoteles en Breta\u00f1a, la Costa Azul, el Hotel Vernet de Par\u00eds. Se acostumbra a trayectos donde repite los mismos itinerarios, se siente libre de ir y venir, de ser hu\u00e9sped constante de los mismos lugares; ama la libertad. Conoce entonces a una de las mujeres que en su vida ser\u00eda decisiva: Emilia Ibarra, dama rica y refinada que comparte con ella su buen gusto y sus ideas de avanzada; Emilia es acaudalada y con varias propiedades; con ella Teresa tiene una comunicaci\u00f3n e identificaci\u00f3n profundas. Cuando Emilia muere en 1924 Teresa pasa varios meses de duelo, descubriendo luego que Emilia le ha dejado sus propiedades. Marcha a Par\u00eds y realiza excursiones en autom\u00f3vil por la ciudad; justo en esos a\u00f1os conoce a su primer gran amor: Gonzalo Zaldumbide, escritor y diplom\u00e1tico ecuatoriano, a quien frecuenta en ciudades europeas, manteniendo con \u00e9l una intensa relaci\u00f3n y correspondencia, donde se reflejan sentimientos de mutua atracci\u00f3n, aun cuando \u00e9l se encuentra casado con una famosa pianista ecuatoriana.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando su primera novela <em>Ifigenia <\/em>resulta ganadora de un Premio de novela en Francia avalado por el Instituto Hispano, a las pocas semanas el libro comienza a tener resonancia internacional; lectores de Francia y Espa\u00f1a lo reconocen y Teresa es objeto de numerosas recepciones sociales e invitaciones donde escritores europeos le demuestran su admiraci\u00f3n. En Espa\u00f1a conoce a Miguel de Unamuno y a Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna, quienes escriben sobre ella; en Francia a Jules Supervielle, Valery Larbaud y Francis de Miomandre; \u00e9ste \u00faltimo queda como hechizado con Teresa y la da a conocer en la <em>Nouvelle Revue Francaise<\/em>, hecho que constituye una especie de consagraci\u00f3n, divulgando su obra en los medios franceses. Pese a toda esta favorable receptividad literaria, Teresa no se aprecia muy inclinada a llevar una vida mundana (Une femme du monde, en el sentido europeo) pues su refinamiento es sobre todo intelectual. Recordemos que para aquella \u00e9poca se hallaban presentes los vestigios de la belle epoque francesa, surgidos del diletantismo de fin de siglo diecinueve y de comienzos del veinte, que dio lugar al modernismo en las artes y letras, movimiento al que se sumaron artistas como Antonio Gaudi, escritores como Oscar Wilde; mujeres como Sarah Bernardt e Isadora Duncan y Anais Nin, y muchos otros artistas, bailarinas o cantantes que influyen en las artes de Estados Unidos y Am\u00e9rica Latina. La sola figura elegante de Teresa de la Parra llevando atuendos y sombreros, el cabello corto y mostrando grandes cigarrillos, bailando al ritmo del charlest\u00f3n o el jazz, celebrando el cine y aupando la moda, prepararon el terreno a la nueva sensibilidad cosmopolita.<\/p>\n\n\n\n<p>Alejada del snobismo y desconfiada de los triunfos del progreso, un tanto mareada por el \u00e9xito (un peu guis, dir\u00eda ella), Teresa experimentaba, seg\u00fan sus propias confesiones, una sensaci\u00f3n ambigua de estar viviendo en Par\u00eds huyendo de Par\u00eds, ciudad seductora y terrible donde no le era posible concentrarse para escribir. Le ocurri\u00f3 tambi\u00e9n que lectores superficiales la confund\u00edan e identificaban de manera autom\u00e1tica con el personaje Mar\u00eda Teresa Alonso en <em>Ifigenia<\/em>, cuesti\u00f3n que la incomodaba en extremo. Por otra parte, el reconocimiento hacia su obra es rotundo: Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, Lisandro Alvarado o Avil\u00e9s Ram\u00edrez le dedican p\u00e1ginas significativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiempo despu\u00e9s de haber iniciado su relaci\u00f3n con Gonzalo Zaldumbide, Teresa conoce a la escritora cubana Lydia Cabrera \u2013diez a\u00f1os menor que ella\u2014 una mujer de car\u00e1cter fuerte con quien tambi\u00e9n traba relaci\u00f3n abierta: con Lydia recorre varias ciudades europeas y visita La Habana; con ella disfruta de la atm\u00f3sfera familiar del tr\u00f3pico que tanto le agrada. Lydia es antrop\u00f3loga reconocida y autora de varios libros importantes en esta disciplina. La relaci\u00f3n es apasionada, aunque no viven juntas de manera permanente; mantienen vidas independientes, aun as\u00ed, Lydia le confiesa sentir fobia celosa hacia Gonzalo Zaldumbide.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco, la sensibilidad de Teresa se va modificando, justo cuando comienza a padecer de asma y de los primeros accesos de tisis, enfermedad que la va debilitando progresivamente, aunque se somete a los m\u00e1s avanzados tratamientos de entonces, y los m\u00e9dicos eventualmente la controlan y calman; Teresa no puede librarse de un continuo decaimiento; se entrega a la escritura y la lectura como formas de terapia mental e intelectual, alej\u00e1ndose lentamente de la esfera sensual y tratando de acercarse a sus or\u00edgenes culturales venezolanos. En cierto modo, a trav\u00e9s de su escritura Teresa va purgando \u2013acaso sin saberlo conscientemente\u2014 sus carencias amorosas reales con sus amantes Gonzalo Zaldumbide y Lydia Cabrera, acerc\u00e1ndose a los mundos afectivos de la familia, justo cuando inicia la redacci\u00f3n de su novela <em>Las memorias de Mam\u00e1 Blanca<\/em>, la cual le lleva varios a\u00f1os de trabajo y es publicada en 1929. En ella nuestra escritora intenta sumergirse en las honduras de una edad maternal.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aproximaci\u00f3n a una memoria femenina<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Antes de realizar un acercamiento a esta obra, es necesario tener presente algunos rasgos resaltantes de su novela anterior, <em>Ifigenia<\/em> (1924) constituida por audacias verbales, giros musicales y exclamativos, voz en alto para expresar disidencias o conjuras contra el orden social de rasgos coloniales vigentes hasta inicios del siglo XX: la sociedad cerrada, prejuiciosa y conservadora, rociada de excesos religiosos y caracterizada, entre muchas otras cosas, por un perfil intelectual opaco de las mujeres, auspiciado por el machismo social. Quiz\u00e1 la fuerza m\u00e1s notable de esta novela sea la desprejuiciada b\u00fasqueda de una nueva sensibilidad femenina, que se inmola y se busca en detalles de la intimidad, en la fuerza generada mediante una expresi\u00f3n que acude a todos los recursos posibles, a fin de poner en escena a los personajes de la obra en un plano similar, otorg\u00e1ndoles a todos valores similares, independientemente de su rango social o cultural. He intentado en un breve ensayo se\u00f1alar algunos rasgos de esta obra, los cuales contrastan notablemente con los de Memorias de Mam\u00e1 Blanca. Pienso que nuestra autora dise\u00f1\u00f3 cuidadosamente el proyecto de esta novela a fin de narrar en voz baja los sentimientos y pareceres de los personajes. Si en <em>Ifigenia <\/em>la voz cantante corresponde a una adolescente que madura hasta llegar a edad casadera, los dem\u00e1s personajes van apareciendo en torno de ella hasta conformar una complicada trama de madres, t\u00edas, abuelas, abuelos, galanes, familias y complicadas situaciones afectivas o sentimentales, en Memorias de Mam\u00e1 Blanca la situaci\u00f3n es distinta: se trata aqu\u00ed de un di\u00e1logo entre infancia y vejez.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dispositivos narrativos, rasgos de estilo y estructura<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La autora utiliza sus dispositivos narrativos para presentarnos voces femeninas infantiles como protag\u00f3nicas, empleando el recurso de la memoria. Mam\u00e1 Blanca es la depositaria de tal memoria, aunque pronto muta hacia una anciana que toca el piano e invita a una ni\u00f1a a que la escuche, ingrese a la casa y la acompa\u00f1e con las otras ni\u00f1as: Aurora, Violeta, Rosalinda, Estrella, Aura Flor y Blanca Nieves. \u00c9sta \u00faltima es quien narra la historia. La reiteraci\u00f3n sobre la blancura, el \u00e9nfasis puesto en la nieve pur\u00edsima para otorgar nombre a una muchacha, adem\u00e1s de confirmar su condici\u00f3n de clase acomodada, tambi\u00e9n se relaciona con la madre anciana, la vieja abuela que colma la cotidianidad sentimental de la hacienda Piedra Azul. En este caso, el azul se halla relacionado secularmente con lo elevado, lo celestial o lo oce\u00e1nico, se\u00f1alando hacia todos esos momentos de dicha infantil vividos en la hacienda, en medio de un trapiche, r\u00edos, paseos.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo relativo al lenguaje utilizado, es muy cierto que \u00e9ste se soporta en una suerte de est\u00e9tica de la oralidad, como bien infiere el escritor Douglas Boh\u00f3rquez en el pr\u00f3logo a una edici\u00f3n de esta novela donde hay una insistencia en el lenguaje hablado, dando lugar a una escritura tonal sustentada en la tradici\u00f3n oral, la cual discurre a trav\u00e9s de las distintas narraciones de la Madre; voz narrativa alejada de los \u00e9nfasis y de las entonaciones elocuentes de la prosa ret\u00f3rica. En efecto, a lo largo de toda la novela, una p\u00e1tina de espontaneidad es el signo distintivo de toda su prosa, plena de frecuentes cadencias r\u00edtmicas y musicales.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a la estructura misma de la novela, esta no es del tipo secuencial, donde la acci\u00f3n de los personajes se produce dentro de un orden cronol\u00f3gico temporal sucesivo; es m\u00e1s bien un orden en contrapunto, donde cada cap\u00edtulo se cierra sobre s\u00ed mismo en una especie de relato aut\u00f3nomo; digo \u201cen una especie\u201d porque no es del todo as\u00ed: la ilaci\u00f3n entre los cap\u00edtulos se produce de manera indirecta y oblicua, subterr\u00e1nea, conservando su peculiaridad en cuanto a unidad de desarrollo de personajes independientes: estos se conectan al corpus de la novela por v\u00eda indirecta, tangencial: Vicente Cochocho, Primo Juancho, Aurora, Mar\u00eda Mo\u00f1itos, Blanca Nieves y compa\u00f1\u00eda inciden en los espacios de la hacienda Piedra Azul, en el trapiche de az\u00facar y en el sitio de orde\u00f1o sin necesidad de hacer de este procedimiento mec\u00e1nico dentro del mismo paradigma espacio-temporal, si no matiz\u00e1ndolo merced al mundo propio de los narradores gen\u00e9sicos de la historia: Mam\u00e1 Blanca y Blanca Nieves.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuentes literarias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No es posible eludir aqu\u00ed el conocido cuento recogido y versionado por los hermanos Grimm &#8211;hace m\u00e1s de doscientos a\u00f1os&#8211;, quienes popularizaron la narraci\u00f3n <em>La peque\u00f1a Blanca Nieves<\/em>, la cual se inicia cuando una joven reina va paseando por el jard\u00edn de un palacio, inspirada al parecer en una historia tradicional del siglo XVI, tambi\u00e9n conocida con el nombre de <em>Blanca Nieves y los siete enanos<\/em>, cuyo desenvolvimiento narrativo incluye elementos de crueldad, escatolog\u00eda, venganza, vanidad y humor \u00e1cido, elementos frecuentes en las f\u00e1bulas tradicionales, aprovechados luego en el siglo XX por el cine y los dibujos animados.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de Teresa de la Parra se encuentra protagonizada por cinco ni\u00f1as inocentes que viven en una suerte de para\u00edso natural, recibiendo indicaciones de Mam\u00e1 Blanca, Evelyn y un abuelo autoritario, que no duda en impartir \u00f3rdenes o en imponer su criterio todo el tiempo. Tanto el abuelo como la abuela representan autoridades concedidas por la sabidur\u00eda y experiencia de la vejez. Piedra Azul, la hacienda, es otro nombre expresamente embellecido con un color simb\u00f3lico para que tales personajes se muevan libremente y puedan desarrollar sus perfiles, sirviendo tambi\u00e9n como activadores tutelares para el resto de los personajes, masculinos o femeninos. Los masculinos, por ejemplo, no desean instalarse en la novela como personajes recios o portadores de poder pol\u00edtico, social o econ\u00f3mico en un sentido tradicional: se trata de dos personajes presentados a trav\u00e9s de perfiles humildes: Primo Juancho y Vicente Cochocho. Primo Juancho en el pasado hab\u00eda sido un verdadero luchador social, depositario de un saber popular, con experiencia en refriegas revolucionarias, due\u00f1o de gran templanza para las cuestiones del pensamiento y la elocuencia, cronista, historiador natural, hombre recio que termina constituyendo el gran personaje masculino de la novela en el sentido de reciedumbre, \u201cun gran perrote natural que nunca ha mordido\u201d. Mientras, m\u00e1s adelante, Blanca Nieves nos dice que:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn efecto, algunos a\u00f1os despu\u00e9s, debido tan s\u00f3lo a Primo Juancho, sin tener a\u00fan ninguna cultura, ni el menor sentido de la historia, mientras personas m\u00e1s graves y m\u00e1s doctas se aburr\u00edan leyendo Don Quijote, yo sab\u00eda escuchar atenta la bondad de sus consejos, me deleitaba el conversar llano de Sancho, le avivaba con un grito cuando por segunda vez dec\u00eda el mismo refr\u00e1n, jugaba con su burro, juntos los dos, al pasar Rocinante nos gui\u00f1\u00e1bamos un ojo, por la mucha fanfarronada sobre la mucha flacura, tanto acababa al fin por quererlos a todos, que al igual de las Santas Mujeres, andando, andando, me iba tambi\u00e9n en los de ellos, los segu\u00eda con amor en su calvario, y lloraba de dolor y de risa ante el martirio alegre y conmovedor de las palizas y de sus mantenimientos.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El otro personaje masculino es Vicente Cochocho, quien encarna la sabidur\u00eda pr\u00e1ctica, la inocencia o la ingenuidad de nuestros campesinos; brillante conuquero, sembrador, jinete, trabajador notable en el trapiche de la ca\u00f1a de az\u00facar, mezcla de indio y negro \u201cbigotes de cucaracha\u201d, de estatura peque\u00f1a pero grande en alma; un alma que desconoce el odio, pero aviva la justicia, y por esta raz\u00f3n se hace eco del llamado de los alzamientos revolucionarios. En verdad, tanto Juancho como Cochocho cimientan la masculinidad creadora en la novela, m\u00e1s all\u00e1 de los estereotipos de hombres poderosos, bien parecidos o elocuentes. En cambio, personajes masculinos como el Abuelo-pa\u00e1 o Papa-Abuelo son herm\u00e9ticos, terribles, de actitud todopoderosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCochocho no era un apellido, era un apodo. Nuestro gran amigo tutelar Vicente ni calzaba zapatos ni calzaba apellido. Cochocho, perd\u00f3nenme otra vez, quiere decir piojo, pero un piojo tan despreciable que ni siquiera se encuentra en el diccionario. Para dar con \u00e9l hay que ir, seg\u00fan creo, a los llanos de Venezuela, y buscarlo con paciencia entre la piel o crines del ganado, no s\u00e9 bien. Yo nunca lo vi, pero a juzgar por su hom\u00f3nimo Vicente, que llevaba tal nombre con la mismo naturalidad elegante con que ciertos grandes llevan sus t\u00edtulos, un Cochocho, debe ser, sencillamente, horrible (\u2026) Vicente, que era grande por la bondad de su alma, no pod\u00eda ser m\u00e1s peque\u00f1o en cuanto a estatura f\u00edsica, apenas le llevar\u00eda unos cuatro o cinco dedos a Aurora, quien dicho sea con justicia, era alta para tener siete a\u00f1os. Ambas dimensiones, la del cuerpo y la del alma, lo acercaban a nosotras, que \u00e9ramos peque\u00f1as de tama\u00f1o y que siendo inocentes busc\u00e1bamos la bondad naturalmente por consonancia o amor a la armon\u00eda.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n es digno de menci\u00f3n el pasaje donde se da cuenta de un insulto del Padre de las ni\u00f1as a Vicente Cochocho, que genera su ida de la hacienda. <\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Ay!: El horrible oprobio de aquellas palabras, \u201cMi se\u00f1or capit\u00e1n don Vicente Aguilar\u201d, mucho m\u00e1s duras, mucho m\u00e1s crueles que los m\u00e1s crueles insultos. \u201cAguilar\u201d era lo peor de todo. Aguilar en boca de Pap\u00e1 resultaba espantoso, ustedes no lo comprender\u00e1n, tampoco \u00e9l lo comprendi\u00f3. A los grandes no les era dado entrar en el mundo de los peque\u00f1os, ciegos ante lo muy menudo, son duros por ceguera y crueles por exceso de tama\u00f1o. Nosotras, peque\u00f1as, comprendimos el dolor producido por aquel insulto (\u2026) Y se fue, \u201cHasta m\u00e1s ver\u201d no se cumpli\u00f3. Ya no volvimos a verle m\u00e1s. Pero aquella \u00faltima mirada buena de perro apaleado sin raz\u00f3n, deb\u00eda acompa\u00f1arnos siempre. A m\u00ed me ha seguido a trav\u00e9s de mi vida entera, a\u00fan est\u00e1 aqu\u00ed, aun me acompa\u00f1a, a\u00fan me adoctrina y me ense\u00f1a.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Faenas placenteras del trabajo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una vez ya se encuentra impregnado el lector con los esbozos claros de estos personajes, nuestra escritora nos sumerge luego en la faena del trapiche, observada por las cinco ni\u00f1as como si se tratase de un gran espect\u00e1culo. A la par de sitio de trabajo para producir az\u00facar, el proceso del trapiche como rueda majestuosa de la molienda es a la vez teatro y club, lugar de esparcimiento donde habita una forma de felicidad poblada de sonidos y ruidos, donde se encierra una suerte de poes\u00eda de la sobrevivencia. Las seis chicas llegan all\u00ed con Evelyn, la mujer de servicio que las ha cuidado en todas partes y en todo momento, desde el principio de esta historia&#8211; un personaje sobrio y sabio: Evelyn es due\u00f1a de gran sentido com\u00fan e inteligencia pr\u00e1ctica. Las ni\u00f1as van de la mano de Evelyn, la negra trinitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNuestros juguetes preferidos los fabric\u00e1bamos nosotras mismas bajo los \u00e1rboles, con hojas, piedras, agua, frutas verdes, tierra, botellas in\u00fatiles y viejas latas de conservas. Al igual que los artistas, sent\u00edamos as\u00ed la fiebre divina de la creaci\u00f3n; y cono los poetas, hall\u00e1bamos afinidades secretas y concordancias misteriosas entre cosas de apariencia divina. Cuando cog\u00edamos, pongamos por caso, una latica vieja, y con un palo y una piedra le hac\u00edamos un agujero, al cual adapt\u00e1bamos una ca\u00f1a o tim\u00f3n; a \u00e9ste un par de tusas o cuescos de mazorca que hac\u00edan el papel de bueyes, a cada tusa o cuesco dos espinas curvas que imitasen dos cuernos; al todo una ca\u00f1a larga, o sea una garrocha; cuando rematada la obra, tirando de la garrocha y remedando la voz de los ga\u00f1anes, grit\u00e1bamos a las tusas rebeldes: <\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Arre buey!\u201d \u00a1Atr\u00e1s golondrina! \u00a1Ap\u00e1rtate lucerito!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, la mujer que evoca y escribe todo esto, de setenta y cinco a\u00f1os de edad, realiza una meditaci\u00f3n de su existencia transcurrida en el mismo medio amable y severo bajo el cual trascurri\u00f3 su infancia. M\u00e1s adelante escribe:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa vida imit\u00f3 a Evelyn, me dio a probar todos sus bienes, pero bondadosa, me los dio tan tasados y tan a su hora, que jam\u00e1s la saciedad vino a apagar en mi alma la fresca alegr\u00eda del deseo. Como al pasar los a\u00f1os indiferentes no se llevaron entre sus dedos raudales de belleza, de amor, ni de honores, no detesto los a\u00f1os pasados en m\u00ed, ni aquellos que a\u00fan no han pasado de los otros. El tiempo, al besarme los cabellos, me coron\u00f3 tiernamente con mi propio nombre, sin nunca llegar a clavarme en el alma sus dientes de amargura: a los setenta y cinco aun siento latir mi coraz\u00f3n ante la perspectiva de una excursi\u00f3n campestre en autom\u00f3vil bajo el sol entre monta\u00f1as, y mis manos tiemblan todav\u00eda de emoci\u00f3n y de impaciencia al desatar los lazos que anudan con gracia exquisita la sorpresa de un regalo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>A este episodio seguir\u00e1 el del orde\u00f1o de las vacas (\u201cNube de agua y Nube de ag\u00fcita\u201d) donde su autora parece apuntar hacia una suerte de \u201chigiene moral\u201d propiciada por el padre, y transmitida por medio de Evelyn, describiendo as\u00ed una completa y hermosa din\u00e1mica del trabajo y del esfuerzo del ser humano para ganarse la vida, de donde no se except\u00faan las estafas y la rapacidad de algunos astutos, tal el caso de Daniel, trabajador de orde\u00f1o que se aprovecha de la copiosa producci\u00f3n l\u00e1ctea para sacarla en secreto y comercializarla aparte, quien \u201cten\u00eda a las vacas consentidas y mal acostumbradas\u201d; \u201cal paso de su rapacidad florec\u00edan sentimientos generosos y dignos del elogio\u201d. O como apreciamos en la siguiente declaraci\u00f3n: \u201cDaniel dejaba que madre e hijo se uniesen en ternura y en leche durante un rato. Despu\u00e9s interven\u00eda \u00e9l. Al hacerlo lo ataba como por su ronzal al pie de la vaca. As\u00ed, enga\u00f1ada ella, presenciaba \u00e9l, el robo inicuo de aquella leche que iba cayendo en el balde, en lugar de caer en la garganta. (\u2026) La voz de Daniel se balanceaba sobre cada s\u00edlaba como se balancean las palmeras en la brisa.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso, la leche forma parte, como elemento, de esa blancura que Teresa de la Parra desea mostrarnos como s\u00edmbolo de descanso o alimento. Al final del cap\u00edtulo, uno de los animales, \u201cNube de ag\u00fcita\u201d amanece enfermo y su agon\u00eda es tambi\u00e9n la agon\u00eda del rito del orde\u00f1o y de la vida, donde animales nobles como la vaca se asimilan al trabajo y a la sobrevivencia humana<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Al final, el principio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El final de esta novela se encuentra tambi\u00e9n signado por el recomenzar, por el signo del alba o de una Aurora, el cual es justamente el nombre de la ni\u00f1a de siete a\u00f1os comparada al \u201crubio nacer del d\u00eda\u201d, criatura fallecida a los ocho a\u00f1os v\u00edctima de sarampi\u00f3n, complicado con tosferina. La madre tambi\u00e9n fallece en este proceso de sensibilizaci\u00f3n \u201cde aquella herida que dur\u00f3 lo que dur\u00f3 su vida\u201d, quince a\u00f1os m\u00e1s tarde. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 nos dejaste \u00edngrimos?\u201d se pregunta Blanca Nieves con el dolor la familia a cuestas, al trasladarse a Caracas a enfrentar una vida \u00e1spera, donde la gran autoridad paterna se va diluyendo, y con ella tambi\u00e9n Piedra Azul. La hacienda se vende; las ni\u00f1as deben acostumbrarse a otro tipo de vida, cuesti\u00f3n que tambi\u00e9n es motivo de celebraci\u00f3n por parte de las muchachas, viendo alejarse Piedra Azul para siempre, lo cual motiva esta admirable reflexi\u00f3n donde se trasluce una verdadera filosof\u00eda de vida:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Pobres ni\u00f1itas gritonas de la api\u00f1ada calesa! Lo mismo que los m\u00e1s viejos y los m\u00e1s sabios, ignor\u00e1bamos una verdad que no se aprende nunca, verdad que yo no he logrado a\u00fan retener durante m\u00e1s de cinco minutos en mi memoria los m\u00e1s brillantes cambios de vida, los m\u00e1s amenos viajes, en su mon\u00f3tona diversidad s\u00f3lo nos ense\u00f1an una novedad trascendental y cruel es nuestra propia miseria; y aquella feliz ignorancia de ella, para siempre perdida, dentro de la cual era tan dulce vivir.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Las p\u00e1ginas finales del libro est\u00e1n dedicadas a describir la vida en la ciudad, y a contrastar los viejos momentos de dicha en la hacienda con las costumbres y personajes de una vida similar a la de un hormiguero urbano. Aun cuando las ni\u00f1as y sus padres viajan a Caracas llenos de expectativas, una de las personas que las muchachas echan de menos es a la negra Evelyn, suplantada ahora por una nueva cuidadora sin tacto ni paciencia; as\u00ed, se va produciendo ese permanente contraste campo-ciudad, donde las muchachas van forjando una nueva perspectiva de vida. Han pasado dos a\u00f1os y las cosas son muy distintas; ya ha transcurrido la Edad de Oro, y al regreso, este para\u00edso ya se encuentra perdido. Las tristes a\u00f1oranzas del \u201c\u00bfte acuerdas?\u201d y de otras tantas chanzas donde las muchachas imploran a la madre una visita a Piedra Azul, y la madre les advierte que es peligroso \u201cenfrentarse a las cosas sobre las cuales, de lejos, ponemos a reposar nuestros recuerdos\u201d. De cualquier modo, este enfrentamiento es terrible. Teresa de la Parra utiliza, en esta parte, toda la fuerza de su poder evocativo, volcando su memoria y la de su personaje en una sola, haciendo gala de un sutil lenguaje, de una verba l\u00edrica formidable con la cual encant\u00f3 y sigue encantando a miles de lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>A este respecto, pudi\u00e9ramos decir que esta novela constituye una suerte de f\u00e1bula moderna y vanguardista, un relato donde no existen tipolog\u00edas pintorescas ni dibujos costumbristas idealizados, sino un dibujo veraz donde hay gran desconfianza hacia los dogmatismos, en un \u00e1mbito donde reinan las mujeres y la pol\u00edtica casi no se percibe (en pleno gobierno de Juan Vicente G\u00f3mez) o, por lo menos, donde se considera a la pol\u00edtica un asunto sucio. Se encauza el contexto hist\u00f3rico de la narraci\u00f3n hacia una especie de idealismo apol\u00edtico. Es posible que en esta obra nuestra escritora haya estado buscando una regeneraci\u00f3n, alejada de la iron\u00eda o el escepticismo. Recordemos que en medio de su enfermedad Teresa se torna hura\u00f1a, se aburre de la gente y entra en una crisis donde llega a hablar de \u201cla enfermedad de la vida\u201d, o se siente \u201cmiserable de soledad\u201d. Acaso considera a la muerte como un nuevo nacimiento, se resiente de \u201cno tener engranaje espiritual con nadie\u201d, sinti\u00e9ndose inmersa en algo que no es una armon\u00eda id\u00edlica, pues va a contracorriente de la vida misma, en medio de un sentimiento que pudiese estar cercano a un misticismo laico, a una m\u00edstica alejada de la religi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En uno de esos estados, acaso Teresa lleg\u00f3 a sentir que la enfermedad le brindaba un perfume de santidad. Como a los grandes m\u00edsticos \u2013siempre estuvo fascinada por la personalidad de Teresa de Jes\u00fas\u2014tal vez al final lleg\u00f3 a profesar una amistad consigo misma, como si se hubiese desprendido de su propio cuerpo para vivir en una especie de estado de gracia, en medio de un camino blanco pleno de vida espiritual, similar a la luz de la luna cayendo sobre la nieve.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gabriel-jimenez-eman\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n Los l\u00edmites de la autobiograf\u00eda Existen numerosos equ\u00edvocos en relaci\u00f3n a la llamada literatura autobiogr\u00e1fica, o de la autobiograf\u00eda en literatura, si se lo prefiere. 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