{"id":11935,"date":"2024-05-27T21:08:37","date_gmt":"2024-05-27T21:08:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11935"},"modified":"2024-05-27T21:09:02","modified_gmt":"2024-05-27T21:09:02","slug":"psalmo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/psalmo\/","title":{"rendered":"Psalmo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Andr\u00e9s Mata<\/h4>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Oh Dante! T\u00fa lo dices:<br>no hay mayor desventura<br>que recordar en tiempos de amargura<br>las \u00e9pocas felices!<\/p>\n\n\n\n<p>Dichoso el hombre fuera<br>si al conocer del mundo los enga\u00f1os,<br>retroceder pudiera<br>en el largo camino de los a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Que entonces vivir\u00eda<br>la vida de la infancia;<br>y por nada en el mundo trocar\u00eda<br>la amable ceguedad de la ignorancia!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En mi clara memoria reconcentro<br>alegr\u00edas, y dudas y dolores;<br>y recordando mi ni\u00f1ez, encuentro<br>luz en el cielo y en la tierra flores.<\/p>\n\n\n\n<p>Que aunque se aleje el tiempo<br>hora tras hora,<br>y a la sonrisa matinal suceda<br>la sombra, de la sombra engendradora;<br>nada hay que al hombre suplantarle pueda<br>su nunca muerto coraz\u00f3n de ni\u00f1o<br>donde emerge la luz de la ternura<br>a cuya claridad, radiante y pura,<br>se contempla la tierra con cari\u00f1o<br>y con amor se mira hacia la altura.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA\u00fan par\u00e9ceme ver c\u00f3mo blanquea<br>la ermita de la aldea<br>entre el follaje de la verde loma\u2026<br>a lo lejos semeja una paloma<br>que mecida en las ramas aletea<\/p>\n\n\n\n<p>La torre esbelta; la delgada aguja<br>que mira hacia la b\u00f3veda infinita<br>entre la niebla gris que se arrebuja<br>sobre el h\u00famedo techo de la ermita;<br>los vidrios que, incrustados en el muro,<br>del sol que nace a la fulgente llama<br>evocan las escenas de aquel drama<br>que primero fue idilio en el oscuro<br>establo de Bel\u00e9n, y luego toma<br>aspecto de tragedia en el Calvario,<br>donde al grito del pueblo victimario<br>el Redentor del Mundo se desploma;<br>la claridad dudosa, sugestiva<br>que se apaga en el fondo de la nave,<br>donde parece que el misterio aviva<br>la fe en el alma; la solemne y grave<br>plegaria que en el \u00f3rgano resuena<br>cuando consagra el sacerdote; el suave<br>aroma del incienso; la serena<br>figura del doliente crucifijo<br>que, en actitud de perdonar, y fijo<br>en la cornisa del altar, semeja,<br>entra la oscuridad que lo circunda,<br>un p\u00e1lido celaje que se aleja<br>hacia otro cielo que calor difunda;<br>memorias son de inextinguible encanto<br>y a su prestigio alentador acudo,<br>cuando en mis noches de tristeza y llanto,<br>blasfemo y grito, y desespero y dudo!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfQui\u00e9n, a la tarde, cuando el sol alumbra<br>el dorso inaccesible de la sierra,<br>se dirige a la ermita y acostumbra,<br>de la nave central en la penumbra<br>orar contrita, la rodilla en tierra?<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy no es la hermosa ni\u00f1a<br>que a su nevada frente de camelia<br>ce\u00f1\u00eda, como Ofelia,<br>las flores que arrancaba en la campi\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Presa del sufrimiento, ya no viste<br>sino el oscuro traje que responde<br>al rec\u00f3ndito af\u00e1n del que est\u00e1 triste;<br>y mientras lucha y al dolor resiste,<br>dentro del alma su dolor esconde!<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy es ya la mujer que en el ocaso<br>de su radiante juventud, el vaso<br>de amargas penas hasta el fin apura;<br>y empujada por \u00edntimos empe\u00f1os<br>bajo las gradas del altar procura<br>enterrar el cad\u00e1ver de sus sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Oh juventud radiante que envejeces<br>cuando la aurora triunfa de la noche!<br>\u00a1Al caer desmayada te pareces<br>al lirio que en la pl\u00e1cida laguna<br>abre a la tarde el argentado broche<br>y muere al beso de la casta luna!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo lejos del humilde caser\u00edo<br>y bajo arcadas de tupidas frondas,<br>sobre piedras y troncos rompe el r\u00edo<br>la blanca espuma de sus blancas ondas.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus cristales di\u00e1fanos retrata,<br>discurriendo sonoro,<br>lo mismo la camp\u00e1nula de plata<br>que la corola del bot\u00f3n de oro.<br>Y, espejo de celajes y de nubes,<br>se apropia los fant\u00e1sticos paisajes<br>de nubes y celajes<br>que en el cielo dibujan los querubes.<\/p>\n\n\n\n<p>VII<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Oh t\u00fa, la candorosa compa\u00f1era<br>de mis mejores a\u00f1os! El olvido<br>no ha logrado borrar de mi memoria<br>aquella breve, perdurable historia<br>que comenz\u00f3 del r\u00edo en la ribera\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Yo buscaba en los \u00e1rboles un nido<br>cuando nos vimos por la vez primera!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>VIII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cVibraba la canci\u00f3n de los rumores,<br>del soto en lo interior. La primavera,<br>pisando sobre nubes fulgurantes,<br>volcaba sobre el llano y los alcores<br>\u00e1nforas de perfumes tentadores<br>y cr\u00e1teras de perlas y brillantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La ma\u00f1ana era espl\u00e9ndida: en el cielo,<br>patria de la esperanza y del consuelo,<br>el sol quebraba su carcaj de llamas;<br>y bajo la explosi\u00f3n de los colores<br>entonaban los pardos ruise\u00f1ores<br>el c\u00e1ntico nupcial entre las ramas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IX<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Eva de aquel ed\u00e9n, donde la planta<br>que produce el ensue\u00f1o se levanta<br>protegiendo el remanso transparente;<br>Diana de aquella fuente,<br>oculta siempre en la floresta umbr\u00eda,<br>ni contempl\u00e9 en el \u00e1rbol la serpiente<br>ni la fiera jaur\u00eda<br>hinc\u00f3 en mi pecho el afilado diente!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>X<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDespu\u00e9s de la ma\u00f1ana de aquel d\u00eda,<br>nosotros fuimos la feliz pareja<br>que, ya junto a la reja<br>de la alegre alquer\u00eda,<br>o camino del monte que desbroza<br>el humilde labriego, cuando trunca<br>las ramas para el fuego de la choza;<br>habl\u00e1bamos de amores, pero nunca<br>de aquel amor ardiente<br>que en nuestros corazones se escond\u00eda,<br>y que al querer hablar enmudec\u00eda,<br>y no hablando jam\u00e1s, era elocuente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Oh, corazones tiernos donde cabe<br>y se eterniza la inquietud secreta<br>que es indiscreta cuanto m\u00e1s discreta<br>y nada ignora cuanto menos sabe,<br>permitid que os alabe;<br>que a la triste indolencia del reposo<br>se rebelen mis duelos; y que os pida<br>aquel desasosiego misterioso<br>que hizo a mi coraz\u00f3n el m\u00e1s dichoso<br>en los primeros a\u00f1os de mi vida!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDesp\u00f3tico y sarc\u00e1stico el destino,<br>lo mismo que junt\u00f3 nuestras dos almas<br>las separ\u00f3 despu\u00e9s\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>En el camino<br>juntas d\u00e1banle sombra al peregrino,<br>acariciadas por el sol, las palmas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sopl\u00f3 el viento glacial: el viento ronco<br>que llena de pavor al campesino;<br>y c\u00fapula y ra\u00edz, ramaje y tronco,<br>dispers\u00f3 en la comarca el torbellino.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XIII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHuyendo del conflicto sanguinario<br>de las guerras civiles,<br>que convierten la patria en escenario<br>de torpes odios y venganzas viles,<br>nuestras madres, tan puras como buenas,<br>buscaron sitio agreste y solitario<br>donde calmar sus penas.<br>No dio tregua el dolor! \u00a1las amargas<br>noches de soledad fueron m\u00e1s largas<br>que las noches serenas!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 fue de nuestras madres? Resistieron<br>como madres al fin, pero lloraron<br>tanto, que prontamente envejecieron:<br>como dos almas buenas se durmieron<br>y en un mundo mejor se despertaron.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XIV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAjenas a la tr\u00e1gica tortura<br>que secreta minaba los cimientos<br>del palacio ideal que a tu hermosura<br>fabricaron mis nobles sentimientos,<br>volaban nuestras horas de ventura<br>en alas de amorosos pensamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay sitio alguno en la callada aldea<br>que testigo no sea<br>de aquellas gratas, apacibles horas,<br>que el firmamento del pasado encienden<br>y en los abismos de mi pecho esplenden<br>cual una eterna sucesi\u00f3n de auroras.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando estos sitios y tu nombre evoco<br>para domar mis \u00edmpetus de loco<br>y quebrantar mi b\u00e1rbara agon\u00eda;<br>s\u00f3lo un recuerdo el coraz\u00f3n me aterra;<br>el recuerdo funesto de la guerra<br>que separ\u00f3 tu alma de la m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMientras daban al viento sus pendones<br>de purp\u00fareo color los batallones<br>que a defender el valle se aprestaron,<br>desplegaban banderas amarillas<br>las compactas guerrillas<br>que en las verdes colinas acamparon.<\/p>\n\n\n\n<p>Vibr\u00f3 el himno de muerte en las cornetas;<br>volaron las legiones al combate;<br>y fue lucha de atletas contra atletas<br>que en impetuoso y sanguinario embate<br>decidieron al fin las bayonetas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XVI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDespu\u00e9s de aquella lid pujante y brava<br>que en el campo sembr\u00f3 males prolijos,<br>qued\u00f3 la Patria, como siempre, esclava<br>de las pasiones torpes de sus hijos!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XVII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY el odio cruento que empuj\u00f3 con sa\u00f1a<br>al humilde bracero a la pelea,<br>y transform\u00f3 en trinchera la caba\u00f1a,<br>y recorri\u00f3 con incendiaria tea<br>el llano la campi\u00f1a y la monta\u00f1a;<br>que, rudo ante el honor, sordo ante el ruego,<br>en contubernio vil con el pillaje,<br>hizo de la mujer c\u00ednico ultraje,<br>y de sus bienes despoj\u00f3 al labriego;<br>el odio, ebrio de febril venganza,<br>que extrem\u00f3 su crueldad en la matanza,<br>y sobre los escombros de su imperio<br>neg\u00f3 todo consuelo a la esperanza<br>y convirti\u00f3 el poblado en cementerio;<br>alimentando s\u00f3rdidas pasiones<br>satisfizo su ind\u00f3mita demencia\u2026<br>y emponzo\u00f1\u00f3 los buenos corazones<br>y profan\u00f3 el altar de la conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XVIII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Despu\u00e9s\u2026 el hondo abismo:<br>un pi\u00e9lago de sangre sin riberas!<br>\u00a1La ingrata soledad del ostracismo;<br>y tras noches enteras<br>de rudo af\u00e1n en el hogar extra\u00f1o,<br>las penas, mis dolientes compa\u00f1eras,<br>cantando la canci\u00f3n del desenga\u00f1o!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XIX<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfEn d\u00f3nde estaba Dios cuando la suerte<br>separ\u00f3 nuestros pechos con su brazo?<br>Preferible a tal golpe era el m\u00e1s fuerte:<br>libertadora del dolor, la muerte<br>nos hubiera fundido en un abrazo!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>XX<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLlamaron a la puerta del proscrito<br>miseria y orfandad, duelos sin nombre;<br>y mientras interroga al infinito<br>si tambi\u00e9n la inocencia es un delito,<br>al ni\u00f1o pronto lo reemplaza el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre aqu\u00ed est\u00e1 ya!\u2026<br>La caravana<br>atraves\u00f3 la noche del desierto,<br>y al brillar en el cielo la ma\u00f1ana<br>la caravana descans\u00f3 en el huerto. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>XXI<\/strong><br>\u201c\u00a1Regreso con las ansias imposibles<br>de beber en la fuente de tus ojos<br>la l\u00e1grima que calme los enojos<br>de mis dudas horribles!<\/p>\n\n\n\n<p>Te busco en la ciudad y no te miro,<br>y me responde el eco si te llamo.<br>\u00bfPor qu\u00e9, si como ayer, por ti suspiro,<br>oculta en el rinc\u00f3n de tu retiro,<br>no atiendes a mi f\u00e9rvido reclamo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo hay nidos en los \u00e1rboles? \u00bfLas flores<br>no se abren a la lumbre matutina<br>y perfuman el llano y los alcores?<br>\u00bfLa centenaria encina<br>su sombra niega al viajador? \u00bfEl r\u00edo<br>no recorre como antes su trayecto<br>salpicando las hojas de roc\u00edo?\u2026<br>Ll\u00e1mame, como ayer: \u201c\u00eddolo m\u00edo\u201d;<br>abre tu coraz\u00f3n al mismo afecto<br>que en nuestros pechos encendi\u00f3 una llama<br>y en nuestras almas derram\u00f3 un perfume.<br>\u00a1Esa llama de amor no se consume!<br>\u00a1Ese aroma inmortal siempre embalsama!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Vamos al porvenir! \u00a1No me abandones!<br>\u00a1Unamos otra vez los eslabones<br>de la cadena del amor! \u00a1Imprime<br>sobre mi frente el \u00f3sculo edemante!<br>\u00a1Jam\u00e1s esperes que la alondra cante!<br>\u00a1Escucha siempre al ruise\u00f1or que gime!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Pero no puede ser!\u2026 El bosque humea,<br>y fermenta en los surcos todav\u00eda<br>La sangre \u00a1oh cielos! de tu padre\u2026<br>\u00a1Sea!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>In\u00fatil es tu af\u00e1n, \u00a1pobre alma m\u00eda!<br>\u00a1Recoge los pu\u00f1ales de Medea<br>y tus propios dolores desaf\u00eda!\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/andres-mata\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andr\u00e9s Mata \u201c\u00a1Oh Dante! 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