{"id":11924,"date":"2024-05-22T15:29:14","date_gmt":"2024-05-22T15:29:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11924"},"modified":"2024-11-21T17:23:58","modified_gmt":"2024-11-21T21:53:58","slug":"dos-cuentos-de-gloria-stolk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-gloria-stolk\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Gloria Stolk"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El joven de las barbas<\/h3>\n\n\n\n<p>Y la otra historia, acaecida tambi\u00e9n en la ciudad, la del joven de otras tierras que lleg\u00f3 aqu\u00ed y se dej\u00f3 crecer las barbas, para ocultar con ellas el verde detonante de unos ojos llenos de luz ajena. El joven vino con su mujer for\u00e1nea, ni bella ni fea, ni joven ni vieja y pens\u00f3 que iba a sacar del suelo oro en forma de ca\u00f1as verdes, de dulce alm\u00edbar, de ardiente licor, de que se yo qu\u00e9. Vino con unos trajes elegantes de esos que llaman tropicales y un perro fino, afeitado de peluquer\u00eda, que al poco tiempo se muri\u00f3. La mujer no se muri\u00f3, pero se volvi\u00f3 loca de rumba, de merengue, de ojos negros rasgados, de bigotitos finos y otras cosillas m\u00e1s, y hubo que mandarla r\u00e1pido a su tierra fr\u00eda, de gente seria, para que se le pasara su alegre mal. Alguien dijo que la sirvienta le hab\u00eda hecho un \u00abtrabajo\u00bb para ponerla as\u00ed, que la hab\u00eda ensalmado para quedarse ella con la casa, con los ojos verdes y la maquinita licuadora, pero no fue verdad. El m\u00e9dico que hab\u00eda estudiado fuera dijo que era una anemia complicada de un trastorno del apetito, bulimia que llaman, y la hizo regresarse a su pa\u00eds. Dijo que en el tr\u00f3pico a algunas mujeres les sol\u00eda dar. <\/p>\n\n\n\n<p>EL joven de las barbas, ya muy bronceado y con cara de trit\u00f3n en ayunas, no quiso irse. Abandon\u00f3 los trajes tropicales empez\u00f3 a vestirse como todo el mundo y a hablar con un dej\u00f3 perezoso el espa\u00f1ol. Ya se com\u00eda las eses finales, ya dec\u00eda: \u00abVaamono, pue, a la tre no juntamo todo\u00bb-\u00bb y cosas as\u00ed, y cuando alguien le hablaba en su propia lengua sajona se hac\u00eda el distra\u00eddo. A \u00e9se se lo comi\u00f3 ya la tierra, comentaban indignados y desde\u00f1osos sus amigos elegante, y suspiraban: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 islas, Se\u00f1or, qu\u00e9 islas para devorar!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto, el joven de las barbas, liberado de mujer y perro, gozaba un mundo y los ojos se le pon\u00edan cada vez de un verde m\u00e1s profundo, m\u00e1s terr\u00edgeno: color de monte, color de bosque seco, color de tigre y de jaguar. <\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco, entre tanto sentir su hambre y saciarla, se le fue olvidando lo del oro en ca\u00f1as, lo de sacarle el jugo a la tierra, y resolvi\u00f3 sac\u00e1rselo a la vida, que es mejor. Siempre segu\u00eda trabajando donde mismo, pero ya no era el \u00abjoven ejecutivo prometedor\u00bb que dec\u00edan en los peri\u00f3dicos y que con tanto entusiasmo hab\u00eda importado la compa\u00f1\u00eda. Era un empleado m\u00e1s, que un poco antes de las cinco empezaba a mirar a hurtadillas el reloj y a preguntarle por lo bajo a alg\u00fan compa\u00f1ero: \u00ab\u00bfD\u00f3nde es la cosa esta noche?\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Los palos de golf dorm\u00edan en un rinc\u00f3n. Hace mucho calor. Pero en cambio se compr\u00f3 una guitarra y la tocaba con hondo, encorajinado ardor. Por las noches altas daba serenatas. Sus amigos de ahora lo llamaban Tico, haciendo diminutivo de su nombre extranjero y Tico se ba\u00f1aba en el r\u00edo, com\u00eda casabe, dorm\u00eda en hamaca, so\u00f1aba en lengua romance y le importaba un pito lo que dijeran de \u00e9l. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed tuvo que pasar lo que pas\u00f3. En sus andanzas Tico conoci\u00f3 a una mujer un poco especial. Era una criolla hermosa, l\u00e1nguida y malcriada por fuera, para \u00e9l tierna y sumisa. Con una sumisi\u00f3n que a \u00e9l le fascinaba, no habiendo conocido nunca cosa igual. Entre serenatas, paseos a lo largo de los arrecifes, susurros de palmeras c\u00f3mplices, Tico se perdi\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>Es tan femenina, se dec\u00eda. Tan blanca y suave. Parece un malabar. Y quiso llevarse el malabar a su casa. <\/p>\n\n\n\n<p>La sirvienta que le chiflaba la licuadora hizo que alguien le escribiera a la esposa ausente. \u00c9sta vino y se aperson\u00f3. \u00c9l la recibi\u00f3 rev\u00f3lver en mano: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1T\u00fa me has faltado! \u2014 le dijo. <\/p>\n\n\n\n<p>Ella abri\u00f3 mucho los ojos ante aquel argumento de latino y despu\u00e9s de convencerlo de que pusiese el arma sobre la mesa le record\u00f3 sus d\u00edas universitarios, el trabajo para obtener su t\u00edtulo, la joven promesa que \u00e9l era en la Compa\u00f1\u00eda, su porvenir de triunfador seguro, el oro dormido en las vegas, las acciones de Bolsa y todo cuanto hab\u00eda sido la meta de ambos al venir a aquella oscura isla embrujada\u2026 Todo in\u00fatil. <\/p>\n\n\n\n<p>Tico respond\u00eda tozudamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1No es oscura, sino clara, clara! No es embrujada sino m\u00e1gica \u2014y acab\u00f3 por confesar: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es que ella parece un malabar. \u00bfTe das cuenta? Un verdadero malabar, blanca, con unos ojos negros\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>La mujer replic\u00f3 furiosa que los malabares no tienen ojos, que adem\u00e1s no se llaman malabares sino gardenias y que \u00e9l era un est\u00fapido, y acab\u00f3 por marcharse, entre llantos y sarcasmos. Tico fue libre, y la gardenia lo encaden\u00f3. A \u00e9l le parec\u00eda la cosa m\u00e1s maravillosa del mundo casarse con una flor. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hasta aqu\u00ed \u2014dec\u00eda el viejo Zacar\u00edas, alis\u00e1ndose las gre\u00f1as rizosas\u2014 el caso no tiene nada de particular. Eso de que ellos se vuelvan como nosotros suele pasar, una vez que otra, sobre todo si hay hembras de por medio\u2026 Oye como sigue la historia, \u00f3yesela al mar\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>El mar bramaba, ronco, y el viejo lo dejaba hablar. La gardenia de Tico de pronto empez\u00f3 a cambiar. Siempre ten\u00eda los ojazos negros muy abiertos, como alas de mariposas sobre una flor de terciopelo, pero su ternura se hizo caprichosa, su sumisi\u00f3n volvi\u00f3se imperativa y dominaba a Tico por la dulzura, una voluntariosa e irresistible dulzura, llena de lo-que-t\u00fa-quieras-mi-amorcito, que \u00e9l no sab\u00eda c\u00f3mo contrariar. Quiso una casa grande, amigos influyentes, conocer gente extranjera y viajar, tener, progresar.<\/p>\n\n\n\n<p>El volvi\u00f3 a ser hombre importante en la Compa\u00f1\u00eda, espoleado por la ambici\u00f3n f\u00e9rrea que se ocultaba tras el suave rostro de flor. Los caprichos de la ni\u00f1a mimada se fueron convirtiendo en fr\u00edas exigencias de mujer y Tico acced\u00eda todo, temeroso de verla partir. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMe voy para mi pueblo\u00bb\u00bb\u00bb, dec\u00eda ella de vez en cuando y cuando Tico se rasur\u00f3 las barbas, en tanto sus ojos tomaron un brillo met\u00e1lico, de buscador de oro, agudo y depredador. Fue un exitoso hombre de empresa. Sus amigos lo celebraban envidi\u00e1ndole, y \u00e9l era terriblemente infeliz en su felicidad. <\/p>\n\n\n\n<p>El malabar ya no era una flor en su mente, sino una ara\u00f1a, blanca, tersa, monstruosamente suave y devorante. Tico ten\u00eda pesadillas. La ara\u00f1a lo abrazaba hasta ahogarlo sobre un mont\u00f3n de oro mullido como lecho de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda se sorprendi\u00f3 a s\u00ed mismo, hablando en su lengua materna, como perdido en la infancia remota, lejos de toda realidad. No ten\u00eda ya contacto con el mundo exterior. Todo cuanto le rodeaba era ajeno, enemigo, hostil. S\u00f3lo o\u00eda la voz mon\u00f3tona y acariciante del mar. Se despoj\u00f3 del traje de calle adocenado, cambi\u00e1ndolo por ropas viejas, sin color y sali\u00f3 calladamente, al filo de la pared, como quien huye, dej\u00e1ndolo todo.<\/p>\n\n\n\n<p>El malabar qued\u00f3 en su regia casa, rica, blanca, desconsolada. Se daba aires de viuda joven cuando al correr de los meses Tico no apareci\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 se hizo?, se preguntaba la gente. Ese siempre fue medio raro. \u00bfSe march\u00f3 a su tierra? \u00bfSe lo trag\u00f3 el mar?<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin se cansaron de buscarlo. Nadie supo de \u00e9l. Nadie sino el mar. <\/p>\n\n\n\n<p>El viejo Zacar\u00edas me confiaba malicioso, por lo bajo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Unos a\u00f1os atr\u00e1s me lo encontr\u00e9 por all\u00e1, por la costa sur, con sus barbas de trit\u00f3n gozoso, sus ojos llenos de luz verde, su vieja guitarra bajo el brazo. Era pescador de oficio y viv\u00eda humilde y dichoso entre la tierra y el mar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El cuarto de atr\u00e1s<\/h3>\n\n\n\n<p>Eran gente importante de provincia. Ricos hacendados en cuyas tierras hab\u00edan acaecido muchos sucesos de trascendencia nacional. Cuando resolvieron venir a radicarse a la ciudad capital para que los hijos estudiasen con m\u00e1s comodidad y las hijas se casaran mejor, construyeron una bella casa de muchos aposentos y en ella viv\u00edan como virreyes coloniales, dando fiestas que eran de gran impacto en aquella sociedad antigua y reservada, bajo su aspecto bullanguero, y que ellos no lograban realmente penetrar. Los capitale\u00f1os elegantes iban a las fiestas, se divert\u00edan mucho, se deshac\u00edan en amabilidades y\u2026 no siempre se acordaban de retomar la invitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Don Pedro sacud\u00eda la cabeza ante estos olvidos, m\u00e1s indiferente que molesto, pero do\u00f1a Gracita se pon\u00eda roja de furor y con renovada energ\u00eda multiplicaba su campa\u00f1a de bailes y saraos, convencida de que a la fuerza habr\u00eda de tomar aquel baluarte de cerrada altivez. Y en efecto, ante la catapulta renovada de los convites y los sabrosos disparos del champ\u00e1n, la plaza se iba rindiendo y do\u00f1a Gracita se ve\u00eda de pronto sentada en salas que nunca hab\u00eda pensado poder violar.<\/p>\n\n\n\n<p>Su m\u00e1xima alegr\u00eda le lleg\u00f3 con el compromiso de una de sus hijas, la m\u00e1s linda, la m\u00e1s snob, con un chico de la alta sociedad. \u00c9l pertenec\u00eda a una de las cuarenta familias consagradas, y si no ten\u00eda mucho dinero ten\u00eda en cambio modales y buen tipo en cantidad, como dec\u00edan las muchachas que, verdes de envidia, ve\u00edan aquel triunfo de la graciosa provinciana. Do\u00f1a Gracita empuj\u00f3 r\u00e1pidamente el asunto, y pronto empezaron los preparativos de boda. No fuera cosa que el codiciado gal\u00e1n se echara para atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre de do\u00f1a Gracita, que hab\u00eda venido a vivir con ellos en la ciudad, enferm\u00f3 de pronto, y estuvo al borde de la tumba. Do\u00f1a Gracita hizo un alto en los preparativos de boda, d\u00e1ndole tiempo a la vieja para que se muriera, pero \u00e9sta mejor\u00f3. La do\u00f1a no sab\u00eda qu\u00e9 hacer. Resolvi\u00f3 armar a toda prisa el casorio, aprovechando aquella pasajera mejor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Damas de honor con florecitas en la cabeza, traje de bodas suntuosamente recamado de mostacillas francesas, adornos de cintas, cirios especiales tra\u00eddos de muy lejos para la iglesia, calzoncitos de terciopelo para los ni\u00f1os del cortejo, fueron preparados a todo vapor. Entre mo\u00f1os de moar\u00e9 y tarjetas con letras en plata, el m\u00e9dico examinaba a la vieja se\u00f1ora, y dec\u00eda que su estado era estacionario. Nunca fue una gravedad pasada m\u00e1s turbulentamente, entre preparativos rituales, de alto nivel.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Mam\u00e1, toma tu cucharada \u2013dec\u00eda do\u00f1a Gracita, con un frasco medicinal en una mano y un cortinaje de terciopelo blanco en la otra, y la vieja mam\u00e1 entre vah\u00eddos y puntadas en el pecho, se ve\u00eda como nunca atendida, con un empe\u00f1o un poco amenazante:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Por Dios, mejora mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la pobre enferma no pudo complacer.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, tuvo un grave atraso. Las tarjetas que ya estaban timbradas con la fecha, fueron detenidas, pero se continu\u00f3 escribiendo los sobres. Mano sobre mano, do\u00f1a Gracita y don Pedro esperaban. La madre en su colapso, no se daba cuenta de nada. Todos ansiaban su muerte con apuro, pero poco a poco fue mejorando. Un mes se llev\u00f3 en hacerlo. La paciencia de sus hijos fue ejemplar. Con una sonrisa estereotipada, dec\u00edan:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 les parece? Mam\u00e1 est\u00e1 mucho mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y r\u00e1pido, r\u00e1pido se echaron a la calle las nuevas invitaciones y se encargaron montones de flores frescas para el gran d\u00eda. La abuela jadeaba, quej\u00e1ndose sordamente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Est\u00e1 llena de vida \u2013dec\u00eda do\u00f1a Gracita\u2013, no le hagan caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y dej\u00f3 que la enfermera se ocupara de la enferma, mientras ella corr\u00eda de un lado a otro de la lujosa casa, arregl\u00e1ndolo todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 por fin la noche famosa. Los jardines esplend\u00edan, miliunochescos, llenos de antorchas, cuajados de luces. Los salones desbordaban de flores, de guirnaldas, de cortinajes suntuosos. Algunos comentaban que el decorado era un tanto excesivo, pero la envidia nunca encuentra nada bien. Regresaba el cortejo de la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>La novia era una mu\u00f1equita de biscuit ataviada de reina, como se encarg\u00f3 de comunicarlo do\u00f1a Gracita a todos sus amigos con frase algo cursi pero rotunda. Ella misma, enfundada en un traje de pana verde, un poco mesa de billar, cubierta de joyas, luc\u00eda estupenda. Bastante nerviosa, comentaban algunas amigas, pero la envidia es as\u00ed. Don Pedro, grave y solemne, era toda la estampa del padre que toma en serio la boda de su hija amada. El novio luc\u00eda insignificante pero chic.<\/p>\n\n\n\n<p>Empez\u00f3 a correr el champ\u00e1n, circular el pastel de bodas, caer p\u00e9talos de flores de una campana enorme de seda blanca que colgaba en el centro del sal\u00f3n. Cajitas plateadas con almendras y otras de f\u00f3sforos cubiertas de raso, eran repartidas por ni\u00f1as vestidas de pajes medievales. Un poeta improvisado dijo unos bellos versos alusivos, y seis j\u00f3venes trajeadas de rosa, lindas como flores, entonaron con sus vocecitas fr\u00e1giles el Ave Mar\u00eda de Gounod. La fiesta se desarrollaba dentro de las m\u00e1s viva euforia, personajes realmente importantes hab\u00edan acudido a este sonado evento, quiz\u00e1s m\u00e1s para ver que por estar. Los brindis se cruzaban como ingeniosos rel\u00e1mpagos, todos charlaban y re\u00edan alegres, felices.<\/p>\n\n\n\n<p>Las amigas de do\u00f1a Gracita advert\u00edan, a rega\u00f1adientes, que \u00e9sta se hab\u00eda anotado por fin un gran triunfo social.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013La mejor gente es la invitada por el novio \u2013hizo notar una enemiga irreductible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Aunque as\u00ed sea, vieja, lo cierto es que est\u00e1n aqu\u00ed \u2013arguy\u00f3 otra menos refractaria.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, un alto personaje oficial, que hab\u00eda bebido demasiado champ\u00e1n, le dijo a un obispo con quien conversaba:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfD\u00f3nde habr\u00e1 por aqu\u00ed un ba\u00f1o?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Vamos a buscar uno, con disimulo \u2013asinti\u00f3 el obispo, tambi\u00e9n apremiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Discretamente abrieron una puerta, era el dormitorio de la se\u00f1ora. Y otra. Era el boudoir. Y una m\u00e1s. Era el cuarto de la lencer\u00eda. Y otra m\u00e1s. \u00a1Aahhh! El ministro dio un grito irreprimible y tras de \u00e9l se precipitaron en la habitaci\u00f3n el obispo y varios personajes de lo m\u00e1s principal. Siguiendo sus ahogados cuchicheos, vino m\u00e1s gente, y m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>En el centro del cuarto, tendida sobre su pobre catafalco, sola entre pa\u00f1os negros que contrastaban extraordinariamente con los alegres decorados de fuera, estaba de cuerpo presente pasando su \u00faltima noche sobre la tierra, la vieja se\u00f1ora que no supo morirse a tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>El obispo, maquinalmente, ech\u00f3 al aire un par de bendiciones, mientras hac\u00eda salir a todos del cuarto. Cerr\u00f3 la puerta con mano firme y volvi\u00f3, un poco p\u00e1lido, a la recepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gloria-stolk\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El joven de las barbas Y la otra historia, acaecida tambi\u00e9n en la ciudad, la del joven de otras tierras que lleg\u00f3 aqu\u00ed y se dej\u00f3 crecer las barbas, para ocultar con ellas el verde detonante de unos ojos llenos de luz ajena. 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