{"id":1190,"date":"2021-09-09T13:36:09","date_gmt":"2021-09-09T13:36:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1190"},"modified":"2023-11-24T15:18:07","modified_gmt":"2023-11-24T15:18:07","slug":"los-troyanos-en-casa-de-la-abuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/los-troyanos-en-casa-de-la-abuela\/","title":{"rendered":"Los troyanos en casa de la abuela"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Radam\u00e9s Laerte Gim\u00e9nez<\/h4>\n<p>Y pensar que por esta v\u00eda el roc\u00edo juega con la serenidad de los viajantes. Desciende calmo sin traslucir el enga\u00f1o. Calmo y silencioso, aunque no as\u00ed la vida interior. Afuera todo muestra aquel color sustra\u00eddo, el de los viejos mareos y las distancias. La brisa entra h\u00fameda por la ventanilla para divertirse con las somnolencias. Ah\u00ed afuera el puente, sus aguas. Aqu\u00ed adentro, los recuerdos. El puente no se asimila a las edades, no envejece. Hac\u00eda este mismo recorrido aguantando la n\u00e1usea de viajero obligado en aquel carro camastr\u00f3n de Anto\u00f1ito, esa masa robusta de hierro carcomido que nos llevaba de pasajeros hacia Nirgua. Me alejaban por la crueldad de mi hermano mayor. Yo lo llamaba Cochin\u00f3n en silenciosa venganza, gesto nominativo que como s\u00e1ndalo libraba sus efluvios en los arrebatos de furia. Golpes y pisotones eran todos los d\u00edas. Coscorrones si hablaba, pellizcos y gritos si callaba. Era su esclavo sometido por sus amenazas. Yo carajito, \u00e9l mocet\u00f3n. La abuela me sustra\u00eda del c\u00edrculo hogare\u00f1o por ser m\u00e1s d\u00e9bil y no se compadec\u00eda del llanto. Con esa salida perd\u00eda tantas cosas que cre\u00eda propias. Me reten\u00eda fuerte con su abrazo previendo un salto fugitivo. Andando sobre este puente, el de estas aguas, sin esta edad. Tomo puesto de pasajero en este retorno de modorras y recuerdos.<\/p>\n<p>Sosten\u00eda el cuerpo queratinoso con la puntica de los dedos y le amputaba las antenitas. Iban as\u00ed, err\u00e1ticos y agresivos. Yo prefer\u00eda los rojos. Los rojos iban de frente en la pelea. Eran los mejores para cumplir con los mandatos del combate. No corr\u00edan en direcci\u00f3n contraria, nunca evad\u00edan la fatal confrontaci\u00f3n. Era en esas labores cuando sobreven\u00eda la sordera. Entonces, trazaba el cuadril\u00e1tero sobre la tierra y comenzaba el pugilato de los dos colores. La vida anunciaba que todo iba a ser una pelea. El asedio constante fue la primera se\u00f1a. La ventaja del grande sobre el peque\u00f1o. Esa vez era la pelea del rojo diestro y sagaz contra el negro corpulento y bruto. En ese desnudo patio de tierras amarillas era posible la ostentaci\u00f3n de un m\u00ednimo poder hacia los bachacos. En la contienda todo se resolv\u00eda del modo m\u00e1s justo y b\u00edblico: venc\u00eda el desventajado. Hu\u00eda vencido el gigant\u00f3n y a un lado rodaba su cabeza, cercenada.<\/p>\n<p>Est\u00e1 h\u00fameda la v\u00eda. M\u00e1s adelante ser\u00e1 el encuentro violento de los dos carros. M\u00e1s adelante, nadie lo sabe. Corre el agua de verdes reflejos bajo este puente de hierro camastr\u00f3n. La difusa secuencia de postes filtra la vista hacia afuera, all\u00e1 donde est\u00e1 el cuenco abierto de la monta\u00f1a que contiene la laguna de bora. Aqu\u00ed adentro todo es calma y silencio, como un preludio o una v\u00edspera: todo lo anuncia. Puede m\u00e1s el viento fresco del viaje que la revelaci\u00f3n. Algo va a suceder, a pesar y en contra de la indiferencia. La mano anciana reten\u00eda al peque\u00f1o que lloraba y lamentaba lo que iba dejando atr\u00e1s: su peque\u00f1o reino de cosas ganadas y habituales. Todo por culpa de Cochin\u00f3n. Ni llantos ni escondrijos. Para escapar de la fatalidad me hab\u00eda escondido en el rinc\u00f3n oscuro del escaparate, toda la noche, mientras los dem\u00e1s se mov\u00edan en un ambiente de ruidos inquisitorios. La naturaleza se impuso y fui delatado por el fuerte olor de orine. \u201cEsa me la pagas, Cochin\u00f3n\u201d. A la fuerza, todas las cosas de la infancia eran a la fuerza. Voy haciendo este viaje para zanjar los olvidos.<\/p>\n<p>Err\u00e1ticos se mov\u00edan en el centro de tierras amarillas. \u201c\u00a1H\u00e9ctor, ven a comer!\u201d S\u00fabita sordera. S\u00fabita y verdadera. Toda la atenci\u00f3n estaba en el combate de los dos bachacos. Mi pupilo rojo era H\u00e9ctor. El contrario negro era Cochin\u00f3n. Se enfrentaban desigualmente pero ya sab\u00eda cu\u00e1l ser\u00eda el desenlace. \u201cEste s\u00ed es tu pega, Cochin\u00f3n\u201d. Su pega, s\u00ed, a su medida, a la medida del ring de tierra, as\u00ed ejerc\u00eda dominio y venganza. Los cuerpos fren\u00e9ticos se abrazaban en ataques de tenazas. El rojo ten\u00eda la rabia, una rabia roja y viva por el constante acoso del hermano mayor. Entonces, el rojo se le iba encima con todo su empuje y su sordera y sus antenas amputadas. Cochin\u00f3n quedaba debajo recibiendo la andanada. \u201c\u00a1Toma, pa que aprendas que con H\u00e9ctor nadie se mete!\u201d El color rojo brillaba con el sol en la armadura y \u00a1zas! \u201c\u00a1toma lo tuyo, abusador!\u201d \u201c\u00a1H\u00e9ctor, que vengas a comer!\u201d Era una sordera que en verdad no me explico, era como un cerrar de ojos, as\u00ed, un cerrar de o\u00eddos. No se o\u00eda nada. Quedaba la vista, el tacto, la pelea. Y al final: la cabeza de Cochin\u00f3n rodando por la tierra mientras por otro lado erraba el cuerpo hacia cualquier lugar, porque as\u00ed, sin cabeza, no hab\u00eda nada m\u00e1s que hacer. \u201c\u00a1Ah\u00ed tenei lo tuyo, Cochin\u00f3n co\u00f1oetumadre, ah\u00ed tenei!\u201d Se exaltaba el rojo en su triunfo y las hormigas espectadoras saltaban al ring a procurarse el banquete: los despojos del negro. \u201c\u00a1Mir\u00e1, H\u00e9ctor! \u00bfEs que estai sordo? \u00a1Ah\u00ed voy con el rejo!\u201d<\/p>\n<p>Al terminar la r\u00e1faga de postes se sabe que hemos alcanzado el otro extremo del puente. Es el final de las aguas, otros son los ruidos. Comienza la cuesta y la brisa busca manifestarse en peque\u00f1as gotas. S\u00f3lo una voz se deja escuchar aqu\u00ed dentro. El pasajero de adelante insiste en un cuento metido de contrabando. Siluetea el mon\u00f3logo con su sombrero anciano robando todo el aire de ese lado del carro. Reconozco en su charla aquellos modos de la abuela. Las cosas de ahora no son como las de antes\u2026 todo tiempo pasado fue mejor\u2026 lo moderno es pura fantas\u00eda&#8230; Es un fantasma del pasado que reniega del presente sin atender al futuro que nos espera unas cuantas curvas m\u00e1s adelante. Quien no escucha, duerme. Vamos rumbo a la tragedia, nadie lo sabe. Andamos indiferentes en esta llovizna que moja el asfalto. Bien se sabe que esta carretera se convierte en tobog\u00e1n resbaladizo donde la sangre impondr\u00e1 su matiz. Anto\u00f1ito, anciano y \u00e1rabe, iba conduciendo la inmensa cuadratura entre sinuosidades, y la abuela cumpl\u00eda su labor. Yo no encontraba sosiego ni quietud en el ascenso cansado del viejo carro porque, hay que ver lo que es el desarraigo a esa edad tan temprana. En el ni\u00f1o algo se rompe, prematuramente, y es un hilo que no se llega a reparar en ese emplazamiento m\u00f3vil que es la vida. Es una peque\u00f1a tragedia ignorada en medio del sopor.<\/p>\n<p>Los bachacos sin antenas eran guerreros compulsivos. A las hormigas les correspond\u00eda el papel de p\u00fablico y de esclavas. Hab\u00eda que colocar obst\u00e1culos alrededor como l\u00edmite al cuadril\u00e1tero de tierra. Era durante esa tarea cuando se llegaba a reconocer que la pelea era la soluci\u00f3n definitiva, sin diplomacias, sin la impostura de los falsos modales. Los bachacos son los troyanos de la naturaleza, cubiertos con la coraza pulida, con arma filosa en vez de brazos y con ese \u00edmpeto que no sabe de retrocesos. Era costumbre entre griegos sacrificar a los d\u00e9biles arroj\u00e1ndolos desde la cima. S\u00f3lo el fuerte, el preparado para la guerra, ten\u00eda lugar y venc\u00eda. \u00bfCu\u00e1l de los troyanos osaba recular? Es en esta nuestra especie blanda, aparentemente superior, en la que existe la cobard\u00eda. \u201c\u00a1H\u00e9ctor, anda pu\u00e9 a comprar el jab\u00f3n!\u201d Eso no se pod\u00eda o\u00edr. El sonido del mandato llegaba a destiempo, difuminado, como un recuerdo. No se o\u00eda al instante porque hab\u00eda una sobrecarga en la atenci\u00f3n. Pero llegaba un momento, por la insistencia y por la inminencia del castigo, cuando el o\u00eddo se abr\u00eda. Cuando el llamado de la abuela encontraba paso bastaba solamente revolver todo con los pies y eliminar las evidencias. Una buena cascada de orines daba un final catastr\u00f3fico a todo. Y luego del mandado, volver a recoger a los guerreros y a los esclavos.<\/p>\n<p>La llovizna pasa a ser lluvia, formando pocitos en varios tramos de la carretera. Un pozo como \u00e9stos es el que har\u00e1 que el otro carro pierda autonom\u00eda y se deslice velozmente, chocando contra \u00e9ste. El anciano sombrerado hablador no lo sospecha, ni la se\u00f1ora a su lado \u00a1menos! Ella lleva un beb\u00e9 dormido en sus brazos. Dormido, en esta circunstancia, es el mejor estado posible. Dormido todos los sentidos pasan a reserva, sin acechos exteriores. Las marcas del peligro se detienen a orillas de ese cuerpo peque\u00f1o que flota. Nada lo amenaza, nada. Todos parecieran dormir porque no perciben lo que viene. Ni el chofer ni la artista-actriz que va a mi lado. Ni el de lentes m\u00e1s all\u00e1, distra\u00eddo, pegado a la otra puerta. Nadie sabe. Habr\u00e1 un estruendo en medio de la lluvia. El agua de los pozos se tornar\u00e1 roja, los cuerpos que aqu\u00ed van se ir\u00e1n vaciando. El anciano inunda el encierro con sus cuentos de \u00e9pocas desplazadas. La se\u00f1ora abraza al beb\u00e9 contra toda acechanza. La artista de teatro no pierde su pose. Yo la miro intrigado por saber c\u00f3mo es en persona una artista de teatro. Ella finge no darse cuenta. Es de artistas ignorar a los comunes. Mantiene los pies correctamente alineados mientras la bufanda liviana juega a volar con el viento. El de lentes es nadie, es apenas un par de lentes.<\/p>\n<p>Era de noche cuando la abuela encend\u00eda velones para alumbrar sus figuras de yeso. Su murmullo de rezos cimbraba los cimientos de la casa. El murmullo atra\u00eda a las sombras que detr\u00e1s de las lumbres crec\u00edan hasta el techo. Las siluetas iban robando formas venidas de los sue\u00f1os. Los guerreros del cuadril\u00e1tero alcanzaban tama\u00f1o de gente grande. Protegidos por las pecheras de sus conchas, los troyanos hac\u00edan sitio entre los descabezados. Se iba imponiendo la legi\u00f3n vencedora. H\u00e9ctor peleaba, desmontando cabezas de los adversarios que arrojaba a las llamas de los velones. A\u00fan en el fuego las cabezas gritaban, pidiendo perd\u00f3n, rogando al vencedor quien segu\u00eda decapitando contrarios en una \u00e9pica de depuraci\u00f3n hasta extinguirlos. H\u00e9ctor iba de rojo y los cochinones todos de negro, suplicantes y vencidos iban arrastrados al suplicio. Desde aqu\u00ed falta unos veinte minutos para llegar a Caseteja. No nos queda m\u00e1s que dejarnos llevar, ser\u00e1 rodar y rodar pero al final todo se detendr\u00e1 de golpe. En medio de las escaramuzas hago la maniobra de las tenazas, ahora la pelea es cuerpo a cuerpo, de uno a uno. Me basta la ira acumulada para engrandecerme en la pelea. Los carros patinar\u00e1n en una danza de articulaciones mec\u00e1nicas. No habr\u00e1 tiempo para reaccionar; ni un grito, ni una oraci\u00f3n desesperada. La c\u00f3moda continuidad del tiempo tendr\u00e1 ese giro brusco que s\u00f3lo se advierte frente a la desgracia. Cochin\u00f3n ya no se somete a mis lances. Gana fuerza y me toma del cuello con la tenaza. Trato de mantener vivo el \u00edmpeto con la esperanza de revertir esta adversidad. La manilla cromada de esta puerta se va hundir en mi brazo, entrando como un lanzazo limpio, sin dolor. Cierra la tenaza en mi cuello. No me gusta este final. Un resbal\u00f3n en la carretera me hace despertar. No es nada, es un pocito alcanzado a descuido, nada m\u00e1s. El acontecimiento ser\u00e1 m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta curva pasaremos por el sector de las casitas de barro, luego el basurero y m\u00e1s all\u00e1, en la saliente, la casa blanca que nadie volver\u00e1 a habitar. Una concha vac\u00eda donde no entra un cuerpo. Ya esto es lluvia, pero nadie teme. Hay una vulgar confianza aqu\u00ed dentro. Un optimismo que va a salirnos caro. Acosados por el destino, vamos a estrellarnos contra el lateral de la camioneta blanca cargada de mercer\u00eda. Saldr\u00e9 herido del brazo, mis piernas ser\u00e1n golpeadas levantando porciones de piel, se partir\u00e1 mi mano y mucha sangre saldr\u00e1 de mi nariz. Olvidar\u00e9 el preciso momento del encuentro de los dos metales. Pero para eso faltan dos curvas, pienso m\u00e1s bien en la terrible circunstancia de los bachacos. Endebles, sumisos, vueltos nada sin sus antenitas por la acci\u00f3n salvaje de un carajito que se aburre en casa de su abuela. Atacan a los de menor tama\u00f1o y tambi\u00e9n a los de su complexi\u00f3n. Agarras uno y sabes que va a luchar a muerte, todo con tal de zafarse. Hundir\u00e1 sus tenazas en la piel saliente a los lados de tus u\u00f1as, ser\u00e1s su presa. Tanto trabajo para horadar la tierra, hacer columnas de avance hacia la comida y al final pierden todo, no saben lo que va a pasar. A pesar de eso se desplazan hacia el frente, sin pensar en la tragedia que sobreviene en los pies de un carajito o en la tormenta de orines que les cae a chorros. No saben de predeterminaciones de dioses ol\u00edmpicos. Marchan sin cesar, as\u00ed est\u00e9 lloviendo. As\u00ed son los bachacos.<\/p>\n<p>Justamente aqu\u00ed, en esta curva, me dorm\u00eda en el regazo de la abuela. Ten\u00eda en la boca el sabor a zumo de lim\u00f3n y los peri\u00f3dicos en la pancita intentaban parar los v\u00f3mitos. Anto\u00f1ito dominaba la ruta. Esta curva es la v\u00edspera. Luego del choque el otro carro detendr\u00e1 su curso a orillas de esta loma y \u00e9ste quedar\u00e1 estacionado en medio de la carretera. El beb\u00e9 dormido terminar\u00e1 con sus dos piernas fracturadas. Va a llorar mucho, le doler\u00e1. El hombre del sombrero detendr\u00e1 su repaso por los recuerdos y se fracturar\u00e1 la nariz contra el t\u00e9rmino implacable del presente. La artista-actriz de teatro romper\u00e1 su columna y perder\u00e1 la pose inmovilizada dentro del carro. Ahora s\u00ed que abrir\u00e1 su boca, ahora s\u00ed comenzar\u00e1 a gritar por ayuda pero no voy a poder o\u00edrla. Me volver\u00e1 la sordera. S\u00fabita y certera. Abrir\u00e9 la puerta desclav\u00e1ndome la manija del brazo donde habr\u00e1 dejado un hueco, una caverna. Caminar\u00e9 unos pasos sobre un espacio donde desfallecer\u00e1n los sentidos. Una pausa buscar\u00e1 ser un tanteo, una b\u00fasqueda, una errancia. Al voltear hacia el lugar de los sucesos habr\u00e1 un silencio y una detenci\u00f3n de los hechos. Una instant\u00e1nea velada por la sangre. No voy a o\u00edr el griter\u00edo ni los llantos ni el llamado in\u00fatil de las sirenas. Son cosas que suceder\u00e1n m\u00e1s adelante, nadie lo sabe.<\/p>\n<p>Llueve mucho. No llegar\u00e9 a destino. Con todo y eso la memoria sigue insistente. No puede nada el deseo, ciertamente no. No es suficiente el deseo de desplazarse y alcanzar ese otro extremo que completar\u00eda el ciclo. Suceder\u00e1 lo que ha de suceder. Un buen chorro de orines es el final m\u00e1s tr\u00e1gico que se puede esperar.<\/p>\n<p>Tr\u00e1gica circunstancia. Terrible circunstancia la de los bachacos.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/radames-laerte-gimenez\/https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1445&amp;preview=true\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Paisaje de C\u00e9sar Prieto<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Radam\u00e9s Laerte Gim\u00e9nez Y pensar que por esta v\u00eda el roc\u00edo juega con la serenidad de los viajantes. Desciende calmo sin traslucir el enga\u00f1o. Calmo y silencioso, aunque no as\u00ed la vida interior. Afuera todo muestra aquel color sustra\u00eddo, el de los viejos mareos y las distancias. 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