{"id":11897,"date":"2024-05-20T20:20:10","date_gmt":"2024-05-20T20:20:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11897"},"modified":"2024-05-20T20:22:55","modified_gmt":"2024-05-20T20:22:55","slug":"sensibilidad-transgresora-teresa-parra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sensibilidad-transgresora-teresa-parra\/","title":{"rendered":"La sensibilidad transgresora de Teresa de la Parra"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p><strong>En el Centenario de <em>Ifigenia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ana Teresa Parra Sanojo naci\u00f3 en Par\u00eds en 1889, cuando sus padres se encontraban en esa ciudad por unos d\u00edas, mientras el padre desempe\u00f1aba funciones diplom\u00e1ticas de c\u00f3nsul en Berl\u00edn; ellos eran Rafael Parra Hernaiz e Isabel Sanojo Espeloc\u00edn de Parra, ambos venezolanos, como su hija. La familia estaba conformada por cinco hermanos, dos mayores, Luis Felipe y Miguel, y tres hermanas menores, Mar\u00eda del Pilar, Isabelita y Elia. Despu\u00e9s de cumplir don Rafael sus funciones diplom\u00e1ticas, la familia regres\u00f3 a Caracas a establecerse; entonces la peque\u00f1a Ana Teresa cursa estudios en varios colegios, con frecuentes viajes a Valencia y el litoral central.&nbsp; Al apenas Teresa cumplir los once a\u00f1os, la familia marcha a Europa de nuevo; a los diecinueve, ella ya se inclina a escribir poemas con el seud\u00f3nimo de Fru Fru de la Parra; empieza a acercarse a diarios y revistas como Actualidades, El Universal, Lectura Semanal y El Luchador, donde comienza a destacarse ganando concursos literarios, y aproxim\u00e1ndose a escritores de la \u00e9poca, como Jos\u00e9 Rafael Pocaterra y R\u00f3mulo Gallegos, quienes dirig\u00edan revistas culturales y le animan a publicar cuentos y narraciones de viajes por el lejano oriente y Europa, as\u00ed como algunos fragmentos del <em>Diario de una se\u00f1orita que se fastidiaba<\/em>. Comienza a viajar por Colombia, Chile, Argentina y Cuba; pa\u00eds \u00e9ste \u00faltimo donde conoce y se une sentimentalmente a la escritora cubana Lydia Cabrera, con quien sostiene una intensa relaci\u00f3n y correspondencia. Se radica despu\u00e9s en Madrid, donde comienza a padecer de asma y vive en medio de incomodidades. Contin\u00faa escribiendo cuentos y novelas, hasta que obtiene en Francia un Premio en el Instituto Hisp\u00e1nico de Cultura Francesa, con su novela <em>Ifigenia<\/em>, obra que la da a conocer en Europa e Hispanoam\u00e9rica. Imparte varias conferencias en La Habana y Bogot\u00e1, se encuentra entusiasmada por la recepci\u00f3n de su obra. Inicia entonces la redacci\u00f3n de su segunda novela, <em>Las<\/em> <em>memorias de Mam\u00e1 Blanca<\/em>, la cual aparece en 1929 y la confirma como una de las grandes narradoras intimistas. Sin embargo, nuevos eventos de asma y tuberculosis la asedian, hasta que un d\u00eda del a\u00f1o 1936 fallece en Madrid. A\u00f1os despu\u00e9s, sus restos ser\u00edan trasladados al Pante\u00f3n Nacional de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>La novela venezolana ha descrito un desenvolvimiento coherente a trav\u00e9s de su historia. Desde novelas fundadoras como <em>Z\u00e1rate<\/em> (1882) de Eduardo Blanco;<em> Peon\u00eda<\/em> (1890) de M.V. Romero Garc\u00eda; <em>\u00cddolos rotos <\/em>(1901) y <em>Sangre Patricia <\/em>(1903) de Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez; desembocando en la profusa obra novel\u00edstica de R\u00f3mulo Gallegos desde <em>Reinaldo Solar<\/em> (1920) hasta <em>Canaima<\/em> (1935) o <em>Pobre negro<\/em> (1937) tenemos a una serie de obras significativas atendiendo llamados del modernismo, el realismo o el costumbrismo. Ellas han motivado a un buen n\u00famero de lectores. En este grupo de narradores resalta el nombre de una mujer que, con una sola novela, da un giro completo a las tendencias narrativas de la \u00e9poca: Teresa de la Parra con <em>Ifigenia <\/em>(1924), obra cumpliendo este a\u00f1o su centenario cronol\u00f3gico. Esta obra de la escritora caraque\u00f1a es completamente distinta de la tradici\u00f3n de novelas venezolanas de las primeras d\u00e9cadas del siglo XX. Los apuntes que realizo a continuaci\u00f3n intentar\u00e1n mostrar cu\u00e1les son los rasgos que la caracterizan.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, esta obra revela una aguda conciencia literaria en cuanto a las t\u00e9cnicas narrativas, y su disposici\u00f3n de llevarlas a cabo en pro de una innovaci\u00f3n formal, disponiendo de su capacidad para desarrollarlas mediante el uso de varias t\u00e9cnicas donde sobresale el estilo epistolar, coloquial y \u201cespont\u00e1neo\u201d de la confesi\u00f3n, donde impera el uso de las exclamaciones y la b\u00fasqueda de musicalidad, donde los adjetivos buscan engranarse al ritmo de esas&nbsp; exclamaciones y accesos de sentimiento que le imprimen un estilo peculiar a la novela, muy propio del romanticismo hispanoamericano del cual a veces se resiente (y se reclama) la autora, y que ella misma hizo notar al modo de autocr\u00edtica&nbsp; en varias oportunidades. Sin embargo, la obra sale ilesa de la prueba porque tal recurso, precisamente, forma parte del temperamento de la \u00e9poca. Consciente de ello, la autora se dispuso trabajar sobre un esquema de cinco partes. La primera de ellas la conforma, como ya mencionamos, una extensa carta \u201cdonde las cosas se cuentan como en las novelas\u201d (es decir, mediante una parodia) de Mar\u00eda Eugenia Alonso, la protagonista, a Cristina de Iturbe, a cuatro meses de haberse despedido de ella en Biarritz, para regresar a Venezuela. Ella confiesa escribir esta carta desde el fastidio, en una casa donde vive con su abuelita y su t\u00eda Clara, recibe frecuentes vistas de su t\u00edo Panchito y otros allegados como Mar\u00eda Antonia o la familia Ram\u00edrez.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Eugenia hace excursiones al cerro \u00c1vila o a Macuto, en medio de un tedio natural. La naturaleza de este tedio es algo distinta del aburrimiento; se trata m\u00e1s bien de lo que los franceses llaman espl\u00edn y los ingleses <em>spleen<\/em>, sentimiento de dejadez placentera que incluye tristeza o nostalgia, pero no es ninguno de los dos (Freud la llam\u00f3 <em>unheimliche<\/em>, \u201cinquietante extra\u00f1eza\u201d) desde la cual Mar\u00eda Eugenia encauza la mayor\u00eda de sus sentimientos o pensamientos. Ella es, eso s\u00ed, muy temperamental y educada, aunque a veces adquiere modales de muchacha de la calle, se da gustos que oscilan entre lo delicioso y lo prohibido, mientras lee obras como el <em>Diccionario filos\u00f3fico<\/em> de Voltaire, nada menos. Mar\u00eda Eugenia est\u00e1 resuelta a escribir un <em>Diario<\/em> por donde circulen sus pensamientos, y \u00e9stos a la postre constituir\u00e1n los principios de la narradora, plasmados en digresiones, emociones y descripciones penetrados de ideas \u201cpasadas de moda\u201d, dejando traslucir en ellos \u201cla poca influencia que tienen nuestras convenciones en nuestra conducta\u201d, contrastando de modo permanente la monoton\u00eda vital de la protagonista con sus pensamientos reales.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta carta inicial constituye, en s\u00ed misma, el texto epistolar m\u00e1s extenso de toda la literatura venezolana del siglo XX, y el m\u00e1s significativo en cuanto a connotaciones femeninas y sentimentales; sirve de introito a los ratos de suave contemplaci\u00f3n en el patio de su casa que lleva a cabo Mar\u00eda Eugenia, en una narraci\u00f3n cuya estructura aparece dividida en partes, y esas partes en cap\u00edtulos. Las partes van a estructurarse del siguiente modo: 1) Una carta muy larga donde las cosas se cuentan como en las novelas. De Mar\u00eda Eugenia a Cristina de Iturbe. 2) El balc\u00f3n de Julieta (7 cap\u00edtulos). 3) Hasta el puerto de \u00c1ulide (2 cap\u00edtulos), 4) Ifigenia (9 cap\u00edtulos), las cuales sumarian 19 cap\u00edtulos.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de un ambiente femenil dado a la coqueter\u00eda, elegancia y sensibilidad aparece, en la Segunda parte de la obra, Gabriel Olmedo, \u201ccon su lisa y perfumada cabeza <em>ala de cuervo<\/em>\u201d, una de las figuras masculinas por excelencia de la novela, donde se centran los m\u00e1s c\u00e1lidos deseos de Mar\u00eda Eugenia, y no precisamente a la manera de novio intangible del romanticismo, sino como personaje palpable. Aparece tambi\u00e9n otra figura masculina, Alberto Palacios, y de todo ello surgen las primeras ideas de libertad femenina, al ser contrastadas con tales personajes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTe escribo en mi cuarto cuyas dos puertas he cerrado con llave. Mi cuarto es grande, claro, empapelado de azul celeste, y tiene una ventana con reja que da al segundo patio de la casa. Del lado de afuera de la ventana, muy pegadito a la reja, hay un naranjo; y m\u00e1s all\u00e1, en cada una de las esquinas, hay otro naranjo. Como yo he colocado mi escritorio y mi sill\u00f3n muy cerca de mi ventana, mientras pienso echada atr\u00e1s la cabeza contra el respaldo del sill\u00f3n, apoyada de codos sobre la blanca tabla del escritorio, estoy siempre mirando mi patio de los naranjos. Y es tanto lo que tengo pensado mirando hacia arriba, que ya conozco hasta el m\u00e1s m\u00ednimo detalle de la verde filigrana sobre el azul del cielo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAhora antes de comenzar mi relato, sin mirar naranjos, ni cielo, ni nada, he cerrado un instante los ojos, me he puesto sobre ellos las dos manos enlazadas, y muy claramente, durante unos segundos, te he visto de nuevo, tal como dej\u00e9 de verte all\u00e1, en el and\u00e9n de la estaci\u00f3n de Biarritz; andando primero, corriendo despu\u00e9s junto a la ventanilla de mi vag\u00f3n que se alejaba, y luego tu mano, y por fin tu pa\u00f1uelo que me dec\u00edan a gritos: \u00b7 \u00a1Adi\u00f3s!Adi\u00f3s!&#8230;\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo siguiente, remitida ya la interminable carta a su amiga Cristina, Mar\u00eda Eugenia Alonso resuelve escribir su <em>Diario<\/em>. Como se ver\u00e1 en este primer cap\u00edtulo, aparece por fin la gentil persona de Mercedes Galindo. Y contin\u00faa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cConsidero que es una gran tonter\u00eda, y me parece adem\u00e1s de un romanticismo cursi, anticuado y pasad\u00edsimo de moda, el que una persona tome una pluma y se ponga a escribir su diario. Sin embargo, voy a hacerlo. S\u00ed; yo, Mar\u00eda Eugenia Alonso, voy a escribir mi diario, mi semanario, mi peri\u00f3dico; no s\u00e9 c\u00f3mo decir, pero en fin es algo que, al tratar sobre mi propia vida, equivaldr\u00e1 a eso que en las novelas llaman \u201cdiario\u201d \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Surgen entonces las diferencias de visi\u00f3n de Mar\u00eda Eugenia con su abuela, donde las miradas distra\u00eddas de ella suelen ocasionar \u201chorribles tormentas\u201d de sentimientos encontrados; pudi\u00e9ramos decir que justamente esta mirada, en apariencia distra\u00edda, rezagada o fastidiada, es la que prevalece en la vida de Mar\u00eda Eugenia; por decirlo as\u00ed es su ojo cr\u00edtico. Pero no es una mirada en gran angular sino fijada en detalles, en min\u00fasculos datos \u00edntimos, en sensaciones huidizas, poco perceptibles a primera vista, pero con un gran poder de penetraci\u00f3n psicol\u00f3gica, que me recuerda la mirada que a la sociedad burguesa de Francia arroja en su momento Marcel Proust en su magna obra <em>En busca del tiempo perdido<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Cap\u00edtulo tercero aparecen las primeras contradicciones intelectuales de la protagonista con la clase aristocr\u00e1tica. Por ejemplo, el fen\u00f3meno de la lectura de novelas \u2013y en general de obras literarias de imaginaci\u00f3n o filosof\u00eda&#8211; figura como motivo de discrepancias o burlas, o \u00e9stas constituyen cr\u00edticas a la clase mantuana, encarnadas en las permanentes discusiones suyas con la t\u00eda Clara, quien en numerosas ocasiones manda callar a Mar\u00eda Eugenia; mientras por otra parte Gabriel Olmedo aparece como un libre pensador refinado, disoluto, diletante, hombre alejado de ideas religiosas, dedicado a cuestiones de negocios con el gobierno; puede ser un amante refinado de la buena mesa, <em>ep\u00e1tant<\/em> o <em>rafin\u00e9 <\/em>o hablar extensamente sobre el Libertador Sim\u00f3n Bol\u00edvar, quien&nbsp; se acerca a Mar\u00eda Eugenia entre comentarios intelectuales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSeguramente que esta noche ir\u00e1 tambi\u00e9n a la comida el tan anunciado y tan cacareado Gabriel Olmedo&#8230; S\u00ed; no hay duda que ir\u00e1 y me lo presentar\u00e1n hoy mismo. Bien. Hay que tener en cuenta las leyes draconianas que abuelita y Clara suelen aplicar a la cuesti\u00f3n del luto; un invitado extra\u00f1o puede dar a una comida eterno aspecto de fiesta, y si ellas, por desgracia se dan cuenta del aspecto \u00bfpatatr\u00e1s! O me llaman \u201chija sin coraz\u00f3n\u201d, lo cual es muy desagradable, o me dejan sin ir a la comida, lo cual es mucho m\u00e1s desagradable todav\u00eda, \u00bfqu\u00e9 hacer?<\/p>\n\n\n\n<p>Y como en el almac\u00e9n de mi cabeza nunca faltan recursos para allanar el conflicto y a guisa de medida de precauci\u00f3n, decid\u00ed elaborar la siguiente mentira: dir\u00eda que Mercedes se encontraba sola, que su marido estaba ausente y que por esta raz\u00f3n me invitaba a ella para que fuese a acompa\u00f1arla.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Desde estos primeros cap\u00edtulos pareciera que la familia quiere \u201cdomar\u201d los instintos y libertades de Mar\u00eda Eugenia, mientras en los cap\u00edtulos cuarto y quinto la vemos conversando \u00edntimamente con una rama de acacia, o recibiendo un paquete que le env\u00eda como regalo Gabriel Olmedo con las obras de Shakespeare, hecho que genera un delicioso malentendido, una intimidad con lo po\u00e9tico, creando disposiciones an\u00edmicas que se cuelan a toda la novela haci\u00e9ndola de trasiego l\u00edrico, es decir, una obra sustentada en una fuerte armaz\u00f3n formal pero de trasfondo po\u00e9tico, de intimidad con los vuelos de la sensibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Se produce aqu\u00ed entonces, en el cap\u00edtulo cuarto \u2013mientras escucha los consejos del r\u00edo\u2014la aparici\u00f3n del personaje Mar\u00eda Antonieta Fern\u00e1ndez de Aguirre, t\u00eda de Mar\u00eda Eugenia, a quien ella admira como hero\u00edna intelectual y sentimental, pens\u00e1ndola en momentos de soliloquio impertinente en sus diarios paseos vespertinos, que le hacen rememorar a Gabriel Olmedo y la estimulan a que le dirija una carta a Gabriel, la cual, a la postre se convertir\u00e1 en la que pudiera ser considerada la m\u00e1s bella carta de una mujer a un hombre de toda nuestra literatura, aunque considerada por ella \u201cestramb\u00f3tica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Ah! \u00bfMi enredadera es toda de bejucos y esta es la raz\u00f3n por la cual hasta el presente no ha hecho sino oprimirme con sus mil tent\u00e1culos! S\u00ed me oprime, me agobia, me estrecha, como si quisiera verme muerta entre sus dedos largu\u00edsimos y se llama\u2026 se llama \u00a1La ansiedad de la espera!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, en este punto cuaja la vocaci\u00f3n po\u00e9tica de Mar\u00eda Eugenia (y de la propia Teresa de la Parra) como poseedora de una sensibilidad transgresora, al escribir un soneto inspirado en Shakespeare (\u201cEl balc\u00f3n de Julieta\u201d), o de redactar al final del Cap\u00edtulo quinto un perfecto poema en prosa. Veamos el poema:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEL BALC\u00d3N DE JULIETA\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Que larga es ya la espera!&#8230; En la noche sombr\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>De mi sed infinita, sobre el camino otro<\/p>\n\n\n\n<p>Para ver si antes que alumbre su luz el nuevo d\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>En mi balc\u00f3n florece tu escala, mi Romeo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Pero nada!&#8230; no llegas, y en mi melancol\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Sangrando entre las sombras, es tu sombra que veo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 Teobaldo te ha herido? \u00bfQui\u00e9n cort\u00f3 la alegr\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1De las alas abiertas, amor de mi Romeo!<\/p>\n\n\n\n<p>Y a la luna, la sabia, con su advertencia fr\u00eda,<\/p>\n\n\n\n<p>Me ha dicho compasiva: \u201c\u00a1No esperes a los muertos!\u201d \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no he de cerrar mi balc\u00f3n todav\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Te aguardar\u00e9 hasta el alba, y ya el alba encendida,<\/p>\n\n\n\n<p>Buscar\u00e9 tu cad\u00e1ver, y entre tus labios yertos<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Con mi boca en su boca, encender\u00e9 tu vida!&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras que el mencionado final de cap\u00edtulo reza:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cY fue tan intensa la decepci\u00f3n que experiment\u00e9 luego de hablar a Mercedes, me sent\u00ed tan agobiada y sola, que caminando al azar sin saber ad\u00f3nde iba, llegu\u00e9 hasta el borde del estanque; me acost\u00e9 sobre la hierba a la sombra de los sauces llorones, pens\u00e9 con envidia en el silencio de los cementerios, y fingi\u00e9ndome muerta, inm\u00f3vil bajo los sauces, con pa\u00f1uelos de sombra y de sol sobre los ojos, me llor\u00e9 un largo rato a m\u00ed misma\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El personaje Mercedes Galindo viene a ser la hero\u00edna \u201creal\u201d de Mar\u00eda Eugenia Alonso en la novela; su presencia lo llena casi todo: inteligencia, belleza, seguridad, Al ella marcharse, Mar\u00eda Eugenia se siente desolada. \u201cQu\u00e9 va a ser de m\u00ed, dios m\u00edo?\u201d, se pregunta.&nbsp; Luego de un largo interregno de a\u00f1os, Gabriel Olmedo termina cas\u00e1ndose con otra mujer, Mar\u00eda Monasterios; mientras Mar\u00eda Eugenia es cortejada por un nuevo partido: C\u00e9sar Leal. As\u00ed se inicia otro per\u00edodo de su existencia. A todas estas, las anotaciones que ha venido haciendo Mar\u00eda Eugenia sobre s\u00ed misma y su entorno son ordenadas en un paquete de p\u00e1ginas autobiogr\u00e1ficas, y guardadas en un armario en donde permanecen por dos a\u00f1os, considerando ella que \u201cser\u00eda una gran tonter\u00eda escribirse a s\u00ed misma\u201d y rechazando su posible verbosidad: se trata de un juego de literatura dentro de la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cabo de un tiempo, y por razones de azar, ella vuelve a hallar el manuscrito oculto en el armario y le encuentra val\u00eda, al reconocerse escritora llena de \u00e1nimos con la presencia del nuevo personaje, C\u00e9sar Leal, picaflor pragm\u00e1tico nada idealista, con mucho car\u00e1cter y decidido a conquistarla. \u00c9l va a visitarla en un flamante autom\u00f3vil (para entonces el auto ten\u00eda en s\u00ed mismo una gran simbolog\u00eda de progreso); todo ello condimentado con las permanentes chanzas y el buen humor del t\u00edo Pancho, personaje gracioso, progresista, humorista, que aparece como figura refrescante en la novela, mientras se refiere a C\u00e9sar Leal tild\u00e1ndolo de \u201cech\u00f3n\u201d (que se las da o se las \u201cecha de mucho\u201d decimos a\u00fan en Venezuela en el lenguaje coloquial), personaje que transmite seguridad a Mar\u00eda Eugenia, mientras ella, en medio de su encantadora femineidad, gusta de recibir flores para decorar su estancia, su habitaci\u00f3n de mujer sensible y delicada, cuya belleza es conocida en toda la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Justamente, el <em>Diario<\/em> de Mar\u00eda Eugenia se interrumpe por dos a\u00f1os y ella luego lo retoma cuando aparece C\u00e9sar, quien a la saz\u00f3n es doctor en leyes, Senador y Director de Fomento. La ha transformado a ella al punto de llevarla al altar del matrimonio, no importa ya si lo hace mediante una felicidad impuesta; en todo caso la ha transformado ventajosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En la tercera parte del Cap\u00edtulo segundo, nos hallamos con el segmento m\u00e1s fuerte en lo que respecta a un humor de todos los tipos y colores: negro, cruel, \u00e1cido, pesimista o ir\u00f3nico donde el amor, por ejemplo, \u201ces nada y menos que nada y peor que nada\u201d, y el beso es antihigi\u00e9nico, o descubre de pronto que odiaba las recitaciones, los romanticismos, los discursos bachilleres y, sobre todo, a la mujer como objeto decorativo; preferir\u00e1 por ello admirar a Sarah Bernardt, Isadora Duncan o Eleonora Dusse, lo cual la acercar\u00eda a los protagonismos feministas de principios del siglo XX. Su iron\u00eda se despliega para criticar su propia e inevitable gordura; se niega a considerarse escritora; o se dedica a denostar de su propia literatura y a mofarse de la cursiler\u00eda oratoria de C\u00e9sar Leal, coloc\u00e1ndose en una posici\u00f3n de cosmopolitismo de avanzada. En fin, Mar\u00eda Eugenia le da acceso a un humor \u00e1cido o esc\u00e9ptico, al examinar su propia sensibilidad solitaria en medio de su habitaci\u00f3n, mientras se halla en su cama. Se trata de un segmento muy importante de su obra, pues surge como autocr\u00edtica implacable en todos los \u00f3rdenes. A la vez, comporta una suerte de caleidoscopio sensible, con posibilidad de adentrarse en los distintos matices de la<em> persona<\/em> (m\u00e1scara) femenina, lo cual le permite avanzar en su pesquisa de lo estrictamente humano.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ifigenia<\/em> logra, como todas las grandes novelas, un crescendo narrativo, una tensi\u00f3n progresiva en cuanto a situaciones y personajes en un contexto epocal y geogr\u00e1fico preciso, confirmando un dominio estil\u00edstico de mucha riqueza idiom\u00e1tica. Ya en la parte final de la obra los cap\u00edtulos se van haciendo m\u00e1s breves, a veces de cuatro o cinco p\u00e1ginas solamente (tienen la duraci\u00f3n de un d\u00eda), m\u00e1s en ellos siguen ocurriendo cosas fatales: muere T\u00edo Pancho; oye los pasos del silencio en la casa, confesando que escribe s\u00f3lo para distraer el miedo. Los cap\u00edtulos se apegan a la duraci\u00f3n de cada d\u00eda y la t\u00eda Clara va perdiendo la memoria, mientras la t\u00eda Gregoria, por lo contrario, lo comprende todo. Por su parte Gabriel Olmedo fracasa en su matrimonio con Mercedes Galmito, y se lo confiesa a Mar\u00eda Eugenia; en fin, las tragedias de la vida se hallan ocultas debajo de su tranquila apariencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Gabriel Olmedo termina declarando otra vez su amor a Mar\u00eda Eugenia; ambos hacen varios amagos de volver a estar juntos; pero ya es imposible, el tiempo se lo ha tragado todo. La declaraci\u00f3n de amor de Gabriel es, por lo dem\u00e1s, la m\u00e1s bella que yo haya le\u00eddo en nuestra literatura, y conforma otro cap\u00edtulo de la obra. Ellos mismos se sienten como personajes de grandes obras literarias: Leandro y Hero; Ofelia y Hamlet; Romeo y Julieta; Trist\u00e1n e Isolda; Werther y Carlota. Hasta nos parece que van a ingresar a un nuevo pante\u00f3n tr\u00e1gico de la literatura. Poco a poco Gabriel va enloqueciendo, hasta llegar a adquirir un aspecto terror\u00edfico, con horribles ojos desorbitados que llenan de miedo a Mar\u00eda Eugenia. Se produce un terrible enfrentamiento entre Gregoria y Mar\u00eda Eugenia; mientras, el exagerado romanticismo pat\u00e9tico de Gabriel lo conduce a ataques de c\u00f3lera e histeria que terminan por asustar a Mar\u00eda Eugenia. Gabriel consigue escribirle una carta (la cual es otro cap\u00edtulo) que, como ya hemos dicho, termina siendo el primer texto confesional de amor masculino a una mujer en nuestra literatura, y donde logra una suerte de desdoblamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, Gabriel enloquece y ella contempla en la noche un vestido suyo que parece desmayarse, muerto sobre un sill\u00f3n, el cual sirve como una suerte de s\u00edmbolo de un alma sin cuerpo, en brazos del amante desquiciado. Ella se entrega a la corriente despiadada de la vida hasta el \u00faltimo momento. Aparece la t\u00eda Clara entre las sombras\u2026como un fantasma.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Por momentos. <em>Ifigenia<\/em> se nos presenta como una obra del mejor g\u00f3tico literario de principios del siglo XX en nuestra lengua, una novela donde se gesta un eros tr\u00e1gico y donde se concentran una serie de s\u00edmbolos de la \u00e9poca colonial venezolana, repleta de atavismos inquietantes, y en ese sentido la novela logra una atm\u00f3sfera del mejor romanticismo; s\u00f3lo que aqu\u00ed el g\u00f3tico se vuelve tropical y se tamiza en esa Edad Media criolla nuestra que es el per\u00edodo colonial de Am\u00e9rica Latina, para brindarnos m\u00e1s bien un drama de la intimidad que no acude a artilugios fant\u00e1sticos, sino que apela a elementos de nuestro propia tierra caliente, para transvasarlos a un relato realista.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, es \u00fatil revisar un op\u00fasculo de tres conferencias dictadas por Teresa de la Parra en Bogot\u00e1, <em>La influencia de las mujeres en la formaci\u00f3n del alma americana<\/em> (1930), donde la autora, en un ensayo novelado, desarrolla aspectos relevantes del rol de la mujer durante la conquista, la colonia y la independencia, con una soltura estil\u00edstica admirable. Sin acudir a recursos culteranos o eruditos, nos ofrece una panor\u00e1mica sobria, din\u00e1mica, elegante, de los papeles de la mujer, acudiendo a ejemplos concretos de f\u00e9minas que, de manera individual o gregaria, han asumido sus compromisos hist\u00f3ricos, sociales y familiares. En la Conquista, las mujeres ser\u00edan dolorosas crucificadas por el choque de las razas; las de la Colonia ser\u00edan m\u00edsticas y so\u00f1adoras; las de la Independencia respiradoras y realizadoras. En esta Edad Media Criolla que seg\u00fan Teresa de la Parra es la Colonia, la naturaleza catequiza a los nuevos b\u00e1rbaros, mientras ellos catequizan a los indios. En nuestro caso, el <em>Diario<\/em> de Mar\u00eda Eugenia Alonso ser\u00eda volteriano, p\u00e9rfido y peligros\u00edsimo en manos de las se\u00f1oritas contempor\u00e1neas; en \u00e9l se percibe un mariposeo mundano y fr\u00edvolo, con un trasfondo de incomprensi\u00f3n, el cual tiende a un snobismo criollo naturalizado en el extranjero, dando pie a un feminismo naciente, y propiciando de paso al bovarismo en Hispanoam\u00e9rica, es decir, la <em>Madame Bovary<\/em> de Flaubert se pasea campante por algunos espacios nuestros, v\u00edctima de traiciones, llena de culpas y oscuros presagios.&nbsp; Mientras en el convento las monjas viven entre libros, la mantuana so\u00f1adora se halla encerrada eternamente en casa; las mujeres envejecen solteras y se ponen m\u00e1s maternales que sus propias mam\u00e1s. \u00c9stas son para Teresa de la Parra las creadoras de nuestro t\u00edpico sentimentalismo criollo, que aman siempre con dolor.&nbsp; Durante la Colonia la mujer aparecer\u00eda ingenua y feliz, como los ni\u00f1os y los pueblos sin historia; la mujer se encierra dentro de la Iglesia, la casa o el convento, en una sociedad que madura en silencio. Nuestra autora asume su nostalgia de lo colonial como punto de partida para crear <em>Ifigenia<\/em>. All\u00ed se conforman los vestigios de esta \u00e9poca para dar forma a una patria, que la Independencia s\u00f3lo alter\u00f3 de manera externa; de ah\u00ed tambi\u00e9n que nuestra escritora hable de la \u201caristocracia pobre\u201d de Caracas, o considere a las monjas como precursoras del moderno ideal feminista.<\/p>\n\n\n\n<p>La menci\u00f3n a la <em>Ifigenia<\/em> griega cl\u00e1sica es apenas postrera y funciona s\u00f3lo como s\u00edmbolo, tal la presenta el gran tr\u00e1gico Eur\u00edpides en su obra <em>Ifigenia en \u00c1ulide.<\/em> Hija de Agamen\u00f3n y Climtemnestra y hermana de Electra, vengar\u00e1 a su padre despu\u00e9s de la Guerra de Troya. Para ello se debe sacrificar a Ifigenia, mientras la nuestra se ha sacrificado simb\u00f3licamente como mujer, para que los suyos sean felices, aun cuando esa felicidad tampoco sea posible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1S\u00ed!, como la tragedia antigua soy Ifigenia, navegando estamos en plenos vientos adversos, y para salvar este barco del mundo que tripulado por no s\u00e9 qui\u00e9n corre a saciar sus odios no s\u00e9 d\u00f3nde\u2026 es necesario que entregue en holocausto mi d\u00f3cil cuerpo marcado por los hierros de muchos siglos de servidumbre. S\u00f3lo \u00e9l puede apagar las iras de ese dios de todos los hombres en el cual yo no creo y del cual nada espero. Deidad terrible y ancestral; Monstruo Sagrado de siete cabezas que llaman: sociedad, familia, honor, religi\u00f3n, moral, deber, convenciones, principios. Divinidad omnipotente que tiene por cuerpo al ego\u00edsmo feroz de los hombres; insaciable Moloch, sediento de sangre virgen en cuyo b\u00e1rbaro altar se inmolan a millones las doncellas!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>La simbolog\u00eda es un tanto forzada, pero v\u00e1lida, funciona como una suerte de met\u00e1fora universal. Lo relevante aqu\u00ed es otra cuesti\u00f3n: el despliegue de una sonda \u00edntima, de una condici\u00f3n humana de varias facetas conflictuadas, en pos de una visi\u00f3n cosmopolita. Se trata de una obra vanguardista \u2013conceptual e hist\u00f3ricamente hablando&#8211; osada en el sentido experimental del t\u00e9rmino, por c\u00f3mo se va gestionando su trama de lo externo hacia lo interno; se va reduciendo su corpus hist\u00f3rico y epocal hasta convertirlo en un d\u00e9bil manojo de sentimientos o impresiones fugaces de la existencia. El contexto hist\u00f3rico sigue estando impregnado por las dos guerras mundiales de Europa en el siglo XX, y por los conflictos externos e internos que configuraron esa refriega.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde un espacio de intimidad y perplejidad, nuestra gran escritora logr\u00f3 narrar latencias, sentimientos, intuiciones y dudas, m\u00e1s que demostrar tesis o certezas; consigui\u00f3 narrar desde la interioridad femenina &#8211;y de todo lo que ella involucra&#8211; para construir un sentido m\u00faltiple de temperamento, \u00e1nimo y exaltaci\u00f3n perdurables. Gracias a su sensibilidad trasgresora, conquist\u00f3 as\u00ed un lugar de excepci\u00f3n en la literatura venezolana y latinoamericana de cualquier tiempo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gabriel-jimenez-eman\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*En la foto: Gonzalo Zaldumbide, maduro y joven, Lydia Cabrera (los dos grandes amores de su vida), y Teresa de la Parra (cortes\u00eda del autor)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n En el Centenario de Ifigenia Ana Teresa Parra Sanojo naci\u00f3 en Par\u00eds en 1889, cuando sus padres se encontraban en esa ciudad por unos d\u00edas, mientras el padre desempe\u00f1aba funciones diplom\u00e1ticas de c\u00f3nsul en Berl\u00edn; ellos eran Rafael Parra Hernaiz e Isabel Sanojo Espeloc\u00edn de Parra, ambos venezolanos, como su hija. 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