{"id":11864,"date":"2024-05-15T15:42:57","date_gmt":"2024-05-15T15:42:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11864"},"modified":"2025-04-12T08:37:15","modified_gmt":"2025-04-12T13:07:15","slug":"cuentos-papelera-seleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-papelera-seleccion\/","title":{"rendered":"Cuentos de papelera (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Luis V\u00e1squez Silva<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Un tren al fin del mundo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estando en la parada, con tres maletas esperando en el piso, le rogu\u00e9 a mi mujer que no se devolviese, mucho menos por una menudencia; pero ella no me hizo caso, y all\u00e1 le toc\u00f3 quedarse, tan tiesa como una estatua de sal.<\/p>\n\n\n\n<p>De pasajero en el bus, camino a donde mis cu\u00f1adas solteronas y con las tres maletas en rastra, me preguntaba si hab\u00eda hecho lo correcto, abandon\u00e1ndola de aquella manera. Me respond\u00ed que hab\u00eda sido lo mejor, despu\u00e9s de todo de nada servir\u00eda perder el tiempo en los tr\u00e1mites legales. Eso hubiese estropeado&nbsp; el plan para salvar nuestro hogar de las garras de la&nbsp; desalmada&nbsp; nuera. De seguro su comadre y \u00fanica amiga&nbsp; \u2014confiaba a ciegas en aquello\u2014 se ocupar\u00eda en sembrarla&nbsp; bajo la mata de mango del traspatio, donde ellas sol\u00edan coger el fresco en las tardes veraniegas, recordando sus tiempos de muchachas bellas, cuando luc\u00edan amplios y coloridos faldones solo para que el viento las ayudara a coquetear con los mozuelos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un punto del camino el colectivo interurbano se detuvo a recargar combustible, justo a la entrada de un triste y desali\u00f1ado pueblo. Aprovech\u00e9 de ir al ba\u00f1o de la estaci\u00f3n gasolinera,&nbsp; desde donde se pod\u00eda ver a un viejo bus, que con un cartelito pegado con tirro al vidrio roto anunciaba tres horarios de salida hacia la estaci\u00f3n ferroviaria, del que se acercaba el \u00faltimo, justo a las seis de la tarde. Siempre hab\u00eda tenido el deseo de subir a un ferrocarril&nbsp; y nunca lo hab\u00eda cumplido, sin contar por supuesto los paseos en <em>El Tren Del Terror<\/em> de las Ferias de Mayo; as\u00ed que, d\u00e1ndome un gusto de ni\u00f1o, decid\u00ed embarcarme al destartalado autob\u00fas, que estaba vac\u00edo de gente y sin conductor. En la espera de la salida, segu\u00eda meditando, muy preocupado por el destino del amado cuerpo muerto, que se hab\u00eda quedado&nbsp; abrazado a un pedazo de friso,&nbsp; como si de una reliquia sagrada se tratase.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al salir de la casa para tomar el \u00f3mnibus,&nbsp; la hab\u00eda dejado tal como lo hab\u00edamos planificado, con las luces apagadas y las puertas sin seguro; para que los vecinos se percataran de nuestra ausencia, de&nbsp; manera que los m\u00e1s aprovechados empezaran a llevarse los corotos y los m\u00e1s audaces, a ocuparla.&nbsp; Era la \u00fanica v\u00eda que ten\u00edamos para ganarle la partida a la viuda, la esposa de nuestro hijo muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estando en aquellos pensamientos&nbsp; me interrumpi\u00f3 un muchacho, el colector del autob\u00fas del que me hab\u00eda apeado,&nbsp; quien se asom\u00f3 a la puertecilla para avisarme que&nbsp; hab\u00eda olvidado&nbsp; dos de mis maletas. \u201cQu\u00e9date con ellas, est\u00e1n llenas de basura\u201d; le dije, lo cual era muy cierto: la grande portaba&nbsp; ajuares de mi mujer, que ya no&nbsp; servir\u00edan para nada y la mediana con cosas de ambos, que tampoco&nbsp; ser\u00edan muy \u00fatiles, qued\u00e1ndome solo con el bolso de mano,&nbsp; lleno de artefactos personales.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se\u00f1or, que hace aqu\u00ed \u2014escuch\u00e9 que me dec\u00eda una carrasposa voz.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Voy a tomar el \u00faltimo tren, por supuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Mire, se\u00f1or, hace unos cuantos a\u00f1os que no llevo a nadie. Solo me estaciono&nbsp; para cumplir mi horario, y luego me regreso a casa \u2014me contest\u00f3 la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Le tocar\u00e1 por hoy dejar esa costumbre \u2014le advert\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Su pasaje no me alcanzar\u00e1 ni para el gasoil \u2014se quej\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Le pago los tres puestos \u2014le dije\u2014, mientras me acostaba usando mi peque\u00f1o bolso de almohada.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un rato de silencio delat\u00f3 el pensamiento de la voz carrasposa, hasta que tom\u00f3 una firme decisi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Est\u00e1&nbsp; bien se\u00f1or, lo llevar\u00e9 de gratis, con la santa condici\u00f3n de que charlemos mucho durante el camino. Tengo bastante tiempo sin contarle mis cosas&nbsp; a alg\u00fan fulano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y en efecto, durante el trayecto el hombre&nbsp; relat\u00f3 bastante de su vida, como la de trabajar desde chico en la Compa\u00f1\u00eda Ferroviaria Nacional; empezando como jardinero, pasando como guardagujas, ayudante del maquinista, hasta quedar como chofer de aquel&nbsp; destartalado autob\u00fas. Cont\u00f3 que nunca le dio por casarse, porque le bastaba ser el amante de la taquillera de la estaci\u00f3n ferroviaria, quien al final lo dej\u00f3, cuando se enter\u00f3 que el marido lo sab\u00eda todo y aquello le quitaba el ali\u00f1o al puchero.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras el sujeto hablaba, yo intentaba sacarme la imagen del amado cuerpo, recostado al piso, con los ojos apagados, tan luminosos que ellos hab\u00edan sido, como dos soles reci\u00e9n nacidos. Me apenaba haberlo dejado all\u00ed, tirado, como un saco roto de sal; pero era la \u00fanica manera de cumplir nuestra pen\u00faltima meta de vida, la de arrebatarle la casa a nuestra desnaturalizada nuera. \u201c\u00a1Desgraciada!\u201d, se me escap\u00f3 un grito, y el chofer estuvo de acuerdo: \u201cc\u00f3mo me iba a dejar despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, dizque porque ya no la e<em>sitaba<\/em>\u201d, dijo \u00e9l, trag\u00e1ndose una gruesa bola de saliva.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El conductor sigui\u00f3 contando asuntos de los cuales hubiese preferido no enterarme;&nbsp; como de las veces que le hizo el amor a la taquillera, aupado por los vaivenes del tren. \u201c\u00a1Ay que me muero!\u201d, gritaba ella, mientras el vag\u00f3n atravesaba por una larga hilera de baches.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n cont\u00f3 que su mejor amigo, que hac\u00eda de todo en la estaci\u00f3n, prefer\u00eda irse los d\u00edas de cobro a emborracharse con \u00e9l, en vez de con su mujer, a descansar el fin de semana. \u201c\u00c9l fue mi mejor y \u00fanico amigo\u201d, me dijo, tragando grueso, \u201chasta que nos separaron las circunstancias del trabajo\u201d, prosigui\u00f3, casi llorando.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; M\u00e1s tarde me gan\u00f3 el sue\u00f1o y no escuch\u00e9 m\u00e1s nada de lo que el conductor dec\u00eda, hasta que \u00e9l mismo me despert\u00f3, sacudiendo mis piernas cuando arribamos a la estaci\u00f3n del tren.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cYa sabe, busque a la taquillera o al se\u00f1or que hace de todo, que tienen el deber de hacer que usted se suba a ese tren, aunque es posible&nbsp; no est\u00e9n hoy aqu\u00ed. Ellos son esposos y, como yo, solo de vez en cuando cumplen el horario de trabajo\u201d, me aconsejaba el chofer, al tiempo que yo me introduc\u00eda al abandonado edificio, caminando sobre una alfombra formada por hojas muertas y otros restos org\u00e1nicos acumulados.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Oiga!, \u00a1c\u00f3mo me dijo que se llamaban sus amigos? \u2014le grit\u00e9 al conductor, pero \u00e9l no&nbsp; me respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me devolv\u00ed unos pasos, me asom\u00e9 a la portezuela, pero el chofer ya no estaba. Di varias vueltas al autob\u00fas, sin lograr localizarlo. Me sorprend\u00ed al notar que aquel transporte estaba m\u00e1s destartalado de lo que hubiese imaginado, con los rines asom\u00e1ndose entre los desinflados cauchos.&nbsp; \u201cQuiz\u00e1s ese chivato sufre de incontinencia y se fue corriendo a&nbsp; desaguarse en el monte\u201d, me dije para tranquilizarme y no seguir esperando la respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dentro de la estaci\u00f3n me dediqu\u00e9 a buscar al encargado y a su mujer, la inquieta taquillera,&nbsp; pero no tropec\u00e9 con nadie,&nbsp; as\u00ed que me acost\u00e9 en una podrida banqueta de madera para esperar al tren. All\u00ed segu\u00ed tortur\u00e1ndome con la imagen de mi se\u00f1ora abrazada al pedazo de friso, quien &nbsp;seg\u00fan ella&nbsp; pose\u00eda la sagrada sombra de <em>La Pastora.<\/em> Quiz\u00e1s la tozuda se regres\u00f3 para desgajar el trozo de pared y no aguant\u00f3 el esfuerzo, o en el proceso se cay\u00f3 y se golpe\u00f3 la cabeza. No s\u00e9, no tuve tiempo de inspeccionar su cad\u00e1ver. Me gan\u00f3 la prisa por abandonar la casa, para que fuese ocupada antes de que se enterara de nuestra huida la malvada viuda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al poco rato, estando adormilado en la banqueta,&nbsp; escuch\u00e9 los pitidos del tren, que saliendo de la nada se acercaba sin ninguna prisa, como un viejo y cansado caballo de arado. Al lado del \u00fanico and\u00e9n estaba encendida una l\u00e1mpara de mano, a la cual elev\u00e9, d\u00e1ndole giros en el aire, tal como me hab\u00eda contado el conductor del bus que lo hac\u00eda su amigo, para que el tren no pasase de largo. \u00a1Y lo logr\u00e9! Con asombro y alegr\u00eda lo vi detenerse, chirriando las ruedas de acero sobre las oxidadas v\u00edas. Me qued\u00e9 expectante, esperando que alguien se bajara a dar instrucciones, pero no se asom\u00f3 nadie, y el peque\u00f1o convoy se mantuvo estacionado, tosiendo un humo negro por su peque\u00f1a chimenea. Parec\u00eda el ferrocarril de un cuento para ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De repente se sacudi\u00f3 la bestia de fierro, lanz\u00f3 tres largos pitidos y reinici\u00f3 su marcha, lo que me oblig\u00f3 a subirme apresurado al vag\u00f3n del centro. Tambaleante, me dirig\u00ed hasta los \u00faltimos asientos, acomod\u00e9 al bolso como almohada, para intentar quedarme dormido, lo que logr\u00e9 a duras penas, por las pesadillas que se entreveraban con los sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En aquellos sue\u00f1os vi como mi mujer y yo levant\u00e1bamos aquel hogar, envidia de todo el vecindario, mientras crec\u00eda&nbsp; nuestro \u00fanico hijo. Ella hab\u00eda recibido un humilde rancho de sus padres, al que convertimos en una pr\u00f3spera granja, con ayuda de un pr\u00e9stamo hipotecario, dec\u00eda yo; y por la gracia de la<em> Divina Pastora<\/em>, dec\u00eda ella, mientras le rezaba a una mancha triangular que hab\u00eda dibujado la humedad sobre un pedazo de pared. En ese sue\u00f1o feliz vimos crecer a nuestro hijo, graduarse y unirse en matrimonio con una leona pelirroja, que aunque era absolutamente bella, nunca sonre\u00eda y mucho menos nos hablaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego se atravesaron&nbsp; las pesadillas, como cuando mi hijo nos iba a visitar y lloraba desconsolado, porque su mujer le exig\u00eda cada vez m\u00e1s y \u00e9l se endeudaba hasta las coyunturas. O del d\u00eda que mi mujer me esper\u00f3 destilando un&nbsp; llanto \u00e1cido, al descubrir, revisando al descuido unos papeles foliados, la supuesta venta de nuestra granja a la pelirroja.&nbsp; Ella no lloraba por la propiedad, sino por lo resaltante de la r\u00fabrica de nuestro hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un seco salto del tren termin\u00f3&nbsp; sac\u00e1ndome&nbsp; de la m\u00e1s reciente pesadilla, cuando nos fue a visitar la viuda, vestida como de fiesta, para decirnos entre sonrisas sarc\u00e1sticas que no nos preocup\u00e1ramos, que ella nos har\u00eda el favor de dejarnos vivir en su propiedad, hasta que nos muri\u00e9semos; que deber\u00eda ser tan pronto como fuese posible, para&nbsp; poder salir de las deudas que le hab\u00eda dejado su in\u00fatil marido. \u201c\u00a1Desgraciada!\u201d, me despabil\u00f3 mi propio grito, que sali\u00f3 prendado a un largo chirrido que emerg\u00eda de entre las ruedas del tren.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al sentir la necesidad de hablar con alguien, para saber hacia d\u00f3nde me dirig\u00eda, decid\u00ed llegar hasta donde el maquinista, cruzando en vilo los&nbsp; engarces entre los vagones, que se bamboleaban en r\u00edtmicos movimientos, imagin\u00e1ndome&nbsp; donde hac\u00edan sus travesuras el chofer y la taquillera.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El compartimento contiguo estaba vac\u00edo y era absolutamente id\u00e9ntico al que acababa de dejar, y as\u00ed pas\u00f3 con los dos siguientes. Tanto se parec\u00edan que me imagin\u00e9 algo rid\u00edculo: que hab\u00eda un \u00fanico vag\u00f3n. Pero luego comprob\u00e9 que no era una absurda idea, cuando para mi sorpresa&nbsp; encontr\u00e9 colgando mi bolso en el \u00faltimo puesto. Aquello me dej\u00f3 aturdido y decid\u00ed atravesar varias cabinas en reversa, con el mismo resultado: siempre arribaba&nbsp; al&nbsp; mismo lugar, con el bolso sirviendo de singular testigo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al sentirme atrapado en el bizarro tren, muy peque\u00f1o, pero interminable,&nbsp; me resign\u00e9 a seguir marchando hacia ninguna parte, recostado al bolso-almohada, adormilado, quiz\u00e1s para siempre. Una serie de enormes saltos me despabilaron, y me pareci\u00f3 o\u00edr gritar a una dama: \u201c\u00a1ay que me muero, dios m\u00edo!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de escuchar el fantasmal&nbsp; grito me levant\u00e9 muy alerta, y al alzar la vista me sorprendi\u00f3 ver, varios puestos delante de m\u00ed, la cabeza de una inquieta hidra. Me levant\u00e9 y me fui acercando hacia la fogata de pelos, que se bat\u00eda con la fuerte brisa que entraba forzada por la ventanilla semiabierta. Cada vez m\u00e1s cerca, la cabeza se parec\u00eda m\u00e1s a la de mi esposa; por su forma redondeada, como un tierno <em>pan cabeza de mono<\/em> y por su inconfundible color de panoja desgranada. Al ver por completo a la pasajera, casi me desmayo,&nbsp; y&nbsp; no termin\u00e9 de caer al piso&nbsp; porque fue ella la que me sostuvo, mi mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apenado m\u00e1s que aterrorizado, repos\u00e9 mi cabeza sobre sus senos, mientras ella me la sobaba con ternura.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Estate tranquilo, yo fui la culpable, no deb\u00ed haberme devuelto \u201cpor aquella menudencia\u201d, como t\u00fa le dices a la venerable aparici\u00f3n de la divina patrona.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Pero querida, c\u00f3mo hiciste para seguirme y para&nbsp; alcanzarme, si yo mismo no sab\u00eda hacia d\u00f3nde me dirig\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Esos son misterios de la vida, o no s\u00e9 si de la propia muerte, porque yo tampoco s\u00e9 c\u00f3mo lo logr\u00e9. Lo importante es que estamos aqu\u00ed, m\u00e1s ligados que nunca, sin cosas materiales que nos importunen.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y aquel&nbsp; tren nos fue llevando hasta el fin del mundo, mientras la brisa&nbsp;&nbsp; carcom\u00eda nuestros cuerpos,&nbsp; que convertidos en estatuas de sal, se derrumbaba el uno sobre el&nbsp; otro. Al fondo se escuchaba aquel agudo grito de amor entre el chofer y la taquillera, que parec\u00eda haberse quedado esculpido entre el roce de los aceros, que lo repet\u00edan en un reverberante eco.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando el tren arrib\u00f3 a la \u00faltima estaci\u00f3n, unos j\u00f3venes caleteros empezaron a descargarlo. Uno de ellos encontr\u00f3 dos sacos rotos de sal en el abandonado y desvencijado vag\u00f3n de pasajeros.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Patr\u00f3n, que hago con estos dos!, parece que alguien intent\u00f3 meterlos de contrabando.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1<em>Dejalos<\/em> ah\u00ed! M\u00e1s tarde vendr\u00e1n los m\u00e1s pobres del barrio y se encargaran de llev\u00e1rselos,&nbsp; para&nbsp; intentar salvar&nbsp; a sus ins\u00edpidos sancochos domingueros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><strong>La chinita de la china<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Fin, fue la infeliz palabra que vi levantarse en Cinemascope, por encima de un peque\u00f1o cami\u00f3n de carga que, de a poco, se iba desvaneciendo en el horizonte de una triste carretera.<\/p>\n\n\n\n<p>De vuelta a las memorias de mi pueblo, recordaba como de chico&nbsp; llegaba corriendo de la escuela, tiraba el bulto a la cama y me&nbsp; adelantaba a mi hermano mayor para pedirle a mi madre la lista del mercado e irme&nbsp; derecho&nbsp; al \u201cabasto de la china\u201d, que quedaba a tres cuadras de la casa. All\u00ed buscaba a una muchacha id\u00e9ntica a las mu\u00f1equitas de porcelana de mi abuela, con una piel tan pulida y reluciente, que le resbalaba el polvo de los paquetes que desde peque\u00f1a la obligaban a cargar.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a ten\u00eda poderes m\u00e1gicos, como el de flotar en vez de caminar y el de&nbsp; transformar el interior de cualquier bulto en algod\u00f3n, para llevarlo sin esfuerzo alguno. Si la mu\u00f1eca no estaba en la caja registradora,&nbsp; la ubicaba donde fuese, rastreando su p\u00e1lida luz de medusa, tan solo por intercambiar con ella miradas y sonrisas furtivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si nos encontr\u00e1bamos entre los anaqueles, mientras yo repasaba la etiqueta de alg\u00fan producto, ella reacomodaba cualquier mercanc\u00eda las veces que fuese necesario. Si la ubicaba ayudando en la caja, me apresuraba a convertirme en el ni\u00f1o m\u00e1s feliz del mundo, cuando ella me pasara la bolsa con la compra, rozando mis dedos de gonzalito con los suyos de paloma y de \u00f1apa obsequi\u00e1ndome su reluciente sonrisa de conejo y una p\u00edcara mirada de gato.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de cruzar la puerta de salida, siempre me volteaba, a sabiendas de que, mirando primero las espaldas de su madre, ella me dir\u00eda adi\u00f3s con su delgado brazo, tan tierno como un panecillo de ma\u00edz. Yo era muy feliz con aquella rutina y la repet\u00eda cada vez que se pod\u00eda, sobre todo los fines de semana.<\/p>\n\n\n\n<p>En una ocasi\u00f3n que jam\u00e1s olvidar\u00e9, vi c\u00f3mo al fondo del almac\u00e9n el pap\u00e1 golpeaba a <em>la chinita<\/em> con una vara. Unos d\u00edas despu\u00e9s, con la boca llena de trapos, ya le hab\u00eda ofrecido ayuda a su mam\u00e1; porque preguntando con disimulo hab\u00eda averiguado que el padre la maltrataba&nbsp; porque seg\u00fan \u00e9l, ella era muy bruta para las matem\u00e1ticas y para el castellano, algo muy importante para su supervivencia en un pa\u00eds extra\u00f1o. Ese d\u00eda la <em>se\u00f1ora china<\/em>, con el entrecejo de un gallo, me pregunt\u00f3: \u201ccu\u00e1nto me vas a <em>coblal tlip\u00f3n<\/em>\u201d, y yo le respond\u00ed que nada, que era solo para un proyecto de mi escuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u201c<em>mielcoles<\/em> en la <em>taldecita<\/em>\u201d se tornaron sagrados para m\u00ed. Le explicaba en la trastienda, con amor y mucha paciencia, matem\u00e1ticas y castellano a la mu\u00f1eca de porcelana, entre los olores de los bultos de ma\u00edz, arroz y pasta. La <em>se\u00f1ora china<\/em> nos colocaba estrat\u00e9gicamente en una mesa, de tal manera que nos pod\u00eda ver desde el puesto de la caja. Casi siempre la madre de la muchacha terminaba empuj\u00e1ndome fuera del abasto, entreg\u00e1ndome alg\u00fan obsequio, como una bolsa de caramelos de coco o un paquete de Galletas Mar\u00eda; los que me com\u00eda a escondidas de mis hermanos, porque ellos se mofaban de m\u00ed y de mi supuesta novia, estir\u00e1ndose los ojos para decirme: \u201c\u00bf<em>quiele aloj<\/em> con leche, <em>miamol<\/em>?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En el transcurso de las primeras clases <em>la chinita<\/em>&nbsp; me hab\u00eda preguntado el nombre y yo a ella&nbsp; el suyo. Luego ella me dijo: \u201cno, no, t\u00fa te <em>llamal\u00e1s shol neglo<\/em> y yo luna blanca. T\u00fa <em>sabel<\/em> mucho y <em>sel<\/em> un <em>shol neglo pala<\/em> m\u00ed y me alumblas en la noches <em>osculas<\/em>\u201d. Ese d\u00eda me cost\u00f3 cumplir con la tarea, por culpa de un animalito que se qued\u00f3 aferrado a mi garganta.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los d\u00edas de las&nbsp; lecciones, ya sin disimulo, yo le preguntaba a la ni\u00f1a si pensaba&nbsp; alguna vez&nbsp; irse a estudiar bien lejos, porque yo me podr\u00eda escapar con ella, para ayudarla con todos sus deberes. <em>La chinita<\/em> <em>de la china<\/em> siempre respond\u00eda: \u201ccalla boca, <em>shol neglo<\/em>,<em> decho<\/em> no se habla\u201d. Al principio lo dec\u00eda&nbsp; asustada, luego un poco m\u00e1s sonriente y relajada; para finalmente, mirando primero hacia la caja, repetirlo entre risas felices, colocando sus dedos sobre mi boca. Gesto que yo tomaba como un \u201cbeso de dedito\u201d, con sabor a canela, porque ella&nbsp; siempre los cargaba embadurnados de una rica crema, que tomaba a hurtadillas del negocio&nbsp; para compartirla conmigo.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me ejecutaron sin piedad una calurosa tarde veraniega, al t\u00e9rmino de mi sexto a\u00f1o de escuela. Yo estaba cerca de una ruma de piedras ubicada al frente de la casa de la abuela, ayud\u00e1ndola&nbsp; a cortar la grama, cuando de repente pas\u00f3 el zagalet\u00f3n de mi hermano y me dijo como si nada: \u201c\u00bfy eso?, \u00bfno te despedir\u00e1s de tu novia?\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ante la sorpresiva noticia, sal\u00ed corriendo hasta el abasto pero, cuando llegu\u00e9, ya estaba cerrado. Mir\u00e9 hacia el frente y vi como el cami\u00f3n de compras que ellos ten\u00edan, marchaba cargado con muchos enseres dom\u00e9sticos. Me imagin\u00e9 que por el sucio vidrio trasero la ni\u00f1a se asomaba para decirme adi\u00f3s, con su brazo de paloma, con sus dientes de conejo y con sus ojos de gato.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me puse de rodillas y con la fuerza de mi imaginaci\u00f3n estir\u00e9 los brazos para retener al viejo cami\u00f3n de compras, que se fue achicando entre mis dedos&nbsp; mientras se colaba entre las nubes aquella infeliz palabra. Y desde all\u00ed casi pude o\u00edr cuando <em>la chinita <\/em>me gritaba: \u201c\u00a1hasta <em>chemple<\/em>, <em>shol neglo<\/em>!, \u00a1<em>hasta chemple<\/em>, <em>miamol<\/em>!\u201d<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-luis-vasquez-silva-por-si-mismo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Cuentos del libro ganador del XVII Concurso para autores in\u00e9ditos convocado por Monte \u00c1vila Editores (2023), en la menci\u00f3n narrativa. Foto: http:\/\/laguiadecaracas.net.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Luis V\u00e1squez Silva Un tren al fin del mundo Estando en la parada, con tres maletas esperando en el piso, le rogu\u00e9 a mi mujer que no se devolviese, mucho menos por una menudencia; pero ella no me hizo caso, y all\u00e1 le toc\u00f3 quedarse, tan tiesa como una estatua de sal. 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