{"id":11839,"date":"2024-05-11T21:02:00","date_gmt":"2024-05-11T21:02:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11839"},"modified":"2024-05-11T21:02:00","modified_gmt":"2024-05-11T21:02:00","slug":"la-solterona-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-solterona-fragmentos\/","title":{"rendered":"La solterona (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Julio Rosales<\/h4>\n\n\n\n<p>\u00bfPara qu\u00e9 pod\u00eda solicitarla su cu\u00f1ado? \u2014se preguntaba Genoveva, sorprendida, al aviso que acababa de transmitirle Agueda; la vieja sierva que la acompa\u00f1aba, Se alegraba de haber estado fuera de casa, para no haber recibido la visita del cu\u00f1ado. No le agradaba tener en casa hombres, solitaria como viv\u00eda y a pesar de su edad y de relaciones de parentesco.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras Agueda se llevaba a la cocina los platos que Genoveva hab\u00eda engullido con buen apetito, no obstante sus a\u00f1os, \u00e9sta segu\u00eda cavilando el motivo ignoto de la solicitud. Bajo su pantalla rizada de tarlat\u00e1n rosado, el quinqu\u00e9 de petr\u00f3leo sobre la mesa del comedor iluminaba la estancia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9 me buscar\u00e1 ese hombre?<\/p>\n\n\n\n<p>Genoveva viv\u00eda con la \u00fanica compa\u00f1ia de la vieja criada, desde hac\u00eda unos cuantos a\u00f1os. Agueda le guisaba el alimento diario, le barr\u00eda el inmueble hereditario, en el cual le aderezaba el dormitorio; lav\u00e1bale los vestidos de c\u00e9libe consagrada, una vez por semana, y le serv\u00eda de portera, mientras que la patrona se entregaba a dar clases a domicilio a varias alumnas de condici\u00f3n social distinguida. Hiciese sol reverberante o lloviese a c\u00e1ntaros, siempre a las mismas horas, los d\u00edas de labor, la patrona entraba y sal\u00eda de la casa cuya puerta exterior nunca estaba franca al solicitante, sino herm\u00e9tica y con auxilio del cerrojo. M\u00e1s de veinte a\u00f1os contaba Genoveva, de sus cincuenta y siete de existencia, viviendo en esa forma, con h\u00e1bitos invariables, sin saber de familia, de la cual le restaba s\u00f3lo una hermana m\u00e1s joven, casada, con fruto consistente en una peque\u00f1a hija, Del resto la misma calma ininterrumpida, la paz inalterable al paso del Tiempo, la felicidad silenciosa y tranquila entre los muros anta\u00f1ones de una vieja casona, antiguo solar her\u00e1ldico de los antepasados castellanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Serenidad penumbrosa e infecunda la suya; nadie, ni nada, la hab\u00eda molestado con una demanda de auxilio, con una exigencia ni siquiera insignificante, de simple etiqueta o necia majader\u00eda. Nunca se hab\u00eda acordado nadie de ella ni en las graves tragedias, ni en los festivales regocijados. Y su ego\u00edsmo cong\u00e9nito se refocilaba, en vez de irritarse, en ese olvido intencional o involuntario de los pr\u00f3jimos, porque gracias a \u00e9l su independencia resultaba soberana. Resultaba m\u00e1s due\u00f1a de sus horas, de sus pensamientos y prop\u00f3sitos, de todas sus acciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin alzarse del asiento del comedor, Genoveva repas\u00f3 en un momento buena parte de su vida. El noviazgo de la hermana que la obligaba, por ser ambas ya hu\u00e9rfanas, a hacer acto de presencia durante la visita del novio, minutos interminables de hast\u00edo y mutismo, mientras que los enamorados cuchicheaban, con voz muy queda, sus arrumacos, rec\u00edprocamente. Despu\u00e9s, el casamiento, a ra\u00edz de menudos afanes protocolares. Recordaba el traje blanco de la novia, a la que esta prenda comunicaba un realce gentil\u00edsimo muy cercano de belleza, asemej\u00e1ndola a una magnolia gigante de carne de nieve. Recordaba la gallard\u00eda inusitada del novio, casi imberbe, sonriente de j\u00fabilo y de satisfacci\u00f3n; envanecido entre el cortejo alegre, que le rend\u00eda parabienes cumplidos. Recordaba el apuesto mancebo que recit\u00f3 el epitalamio de rigor, versos c\u00e1lidos, apasionados, melodiosos, que resultaron m\u00e1s conmovedores recitados entre ramilletes olorosos y bajo luminarias suspendidas a porf\u00eda; que tuvieron para ella, Genoveva, el sabor m\u00edstico de los c\u00e1nticos de su min\u00fasculo eucologio. Recordaba, en fin, el estremecimiento nervioso que recorri\u00f3 las fibras de su ser cuando un desconocido concurrente, al pasar a su vera, antes de disolver su figura en el gent\u00edo, suspir\u00f3le al o\u00eddo una frase madrigalesca&#8230; Despu\u00e9s, record\u00f3 aquel desasosiego \u00edntimo, lleno de inquietudes, de delirios, de lucubraciones continuadas por vigilias, cuando del coraz\u00f3n anhelante, sin saber de qu\u00e9 flu\u00eda en su esp\u00edritu vaga tristeza. Y, no quer\u00eda recordar a\u00fan, pero se lo impon\u00eda en el \u00e1nimo un \u00edmpetu invencible, el orgasmo no bien dominado, nuncio del hervor sin desgaste de su naturaleza que gritaba dentro de ella, como en s\u00faplica, desvar\u00edo anormal por el novio. Aplacada la crisis, mediante ayunos y rezos, comenz\u00f3 a mirar con repulsi\u00f3n a quien antes tomara por objeto de su aberrativa crisis hist\u00e9rica. Vencido ese sentimiento, se acentu\u00f3 con mayor relieve su ojeriza hacia todo lo que envuelve aspiraciones fecundas, amalgamas fruct\u00edferas, intercambios f\u00e9rtiles. Se hizo misantr\u00f3pica.<\/p>\n\n\n\n<p>Gonoveva hac\u00eda girar, con nerviosidad, entre dos de sus dedos de la diestra una cadenilla de plata que se hab\u00eda quitado moment\u00e1neamente del cuello y que llevaba por costumbre, en son de adorno, de la cual pend\u00edan dos medallas de oro con efigies sagradas, Agueda torn\u00f3 al comedor, Se ocup\u00f3 con doblar en silencio el mantel y la servilleta y termin\u00f3 en desocupar la mesa de los dem\u00e1s utensilios de la cena, La lampara do petr\u00f3leo lanzaba sobre la faz angulosa de la patrona su l\u00edvido resplandor, comunic\u00e1ndolo una expresi\u00f3n semit\u00e9trica. Llameaba alzando por dentro del tubo trasparente, sutil columnilla de fuego, En el remate la llama rubia convert\u00edase en hilo de humo y el tufo de la esencia, esparcido en el ambiente, atosigaba las mucosas de Agueda; por cuya causa, la oriada, se apresur\u00f3 a hacer descender, con mano tr\u00e9mula, la mecha sobrante, que ces\u00f3 de humear y atufar el aire de la estancia. La man\u00eda tenaz de Agueda eran los temores de incendio,<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojillos de pintada de Genoveva, duros y punzantes, cayeron sobre las pupilas de Agueda, morenas y circuidas por los halos cer\u00faleos de la ancianidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Apaga de una vez, Agueda,<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLa se\u00f1orita piensa recogerse?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed; me siento extenuada,<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQuiere que le d\u00e9 su fricci\u00f3n de Agua Divina?<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias: el sue\u00f1o me rinde, Agueda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No es prudente ir al lecho acabada de cenar: puede venir la congesti\u00f3n. \u00a1Se han visto tantos casos!<\/p>\n\n\n\n<p>La vieja hubiera referido una vez m\u00e1s sus ejemplos guardados en la memoria si su uma no hubiese puesto en practica su decisi\u00f3n de encaminarse al dormitorio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Agueda, que pases buena noche.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1orita, que disfrute de una noche feliz. \u00bfDesea para ma\u00f1ana al amanecer una copa de leche o su caf\u00e9, como siempre?<\/p>\n\n\n\n<p>La se\u00f1orita no respondi\u00f3 al ofrecimiento de la sierva. Agueda hab\u00eda quedado sola en el comedor. Mat\u00f3 la luz del quinqu\u00e9 y la noci\u00f3n de soledad y el prurito de palique le hicieron m\u00e1s sensible el reinado de la noche. Gir\u00f3 sobre sus plantas y gui\u00e1ndose por instinto y h\u00e1bito, se encamin\u00f3 a la cocina. Husme\u00f3 en la penumbra, cuidadosamente, no fuera cosa que una chispa volandera del hogar, en que las brasas al rojo blanco, arropadas en sus cenizas y tranquilas, dorm\u00edan tambi\u00e9n, fuera a saltar y a incendiar otra dependencia del inmueble.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">* * *<\/p>\n\n\n\n<p>Agueda penetr\u00f3 muy de ma\u00f1ana en la estancia, todav\u00eda en penumbra, de su ama, gui\u00e1ndose a tientas, hasta tropezar con el lecho. Una silueta enjuta se movi\u00f3 bajo las s\u00e1banas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aqu\u00ed tiene su leche, se\u00f1orita.<\/p>\n\n\n\n<p>La diestra de Genoveva, afilada y seca como una garra, busc\u00f3, tambi\u00e9n a tientas, el vaso invisible que le anunciaba la criada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Su cu\u00f1ado ha vuelto, se\u00f1orita. Ha venido muy temprano y le ha dejado raz\u00f3n de que est\u00e1 postrada, de cuidado, su se\u00f1ora hermana. No ha dicho lo que sea. Aunque me ha recomendado reserva, yo le digo, de una vez, que sospecho sea caso de muerte, por la insistencia. Si no creyera la cosa tan grave la dejar\u00eda dormir.<\/p>\n\n\n\n<p>En la penumbra bastante densa se escuchaba el regurgitar sordo de Genoveva, apurando el l\u00edquido a tragos lentos. Hubo silencio. Agueda sinti\u00f3 que el cristal yerto del vaso devuelto her\u00eda con fr\u00edo su mano, como el glacial contacto de una piel cadav\u00e9rica. Tom\u00f3 el vaso en sus dedos e insisti\u00f3 en su insinuaci\u00f3n prudente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Su cu\u00f1ado ha dado a entender que es caso de muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>La vieja abandon\u00f3 la alcoba.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la conciencia de Genoveva cay\u00f3 pesado dilema:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDebo ir? \u00bfPuedo abstenerme?<\/p>\n\n\n\n<p>La posibilidad de encontrarse frente a frente con el cu\u00f1ado; sola acaso, si el mal de la hermana ten\u00eda fatal desenlace, la forzaban a rebelarse contra todo deber de asistencia. Acaso era ya tarde. La reiterada solicitud del cu\u00f1ado permit\u00eda sospechar la postraci\u00f3n de fuerzas de la enferma, o a\u00fan m\u00e1s, la agon\u00eda ya declarada, o a\u00fan m\u00e1s, el desenlace postrero y la situaci\u00f3n de su peque\u00f1a sobrina, desamparada de todo calor y cuidado maternal en virtud de su orfandad. Se incorpor\u00f3 maquinalmente, se visti\u00f3 con lentitud, eligiendo un traje severo, m\u00e1s de lo acostumbrado y abandon\u00f3 la c\u00e1mara. Afuera la ma\u00f1ana estaba fresca, alegre. El d\u00eda era diafan\u00edsimo, se anunciaba espl\u00e9ndido y la misma vivienda, a pesar de su clausura herm\u00e9tica, se hallaba invadida por cierta atm\u00f3sfera de bienestar. Indistintas aromas de flores ven\u00edan soplando desde el solar convertido en poblado jard\u00edn de especies selectas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u00faltimas rosas do una juventud que no se resigna a ser sacrificada precozmente, inspiraban a Genoveva aquella coqueter\u00eda, oto\u00f1al ya, que mostraba vistiendo completamente a la \u00faltima, llevando las botas siempre flamantes de limpieza, portando en los sombre: ros ese sello airoso y casi infantil que denuncia la presunci\u00f3n innata. La profusi\u00f3n un poco excesiva de las aplicaciones y otros adornos superfluos hac\u00edan su figura un tanto chocante, No desde\u00f1aba, aconsejada por aquella \u00edndole de gusto no muy selecto, colgarse abalorios churriguerescos, con despreocupaci\u00f3n chabacana. Y de tales prendas cursis tomaban pie sus alumnas a ninguna de las cuales.ca\u00eda simp\u00e1tica, para forjar chistes, con disimulo y encaramarle, encubiertamente, remoquetes agudos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella ma\u00f1ana Genoveva, despu\u00e9s de aplicarse algunos toques nerviosos, con la mota del polvo en las mejillas, de pie ante el espejo, angosto y largo como ella, y de arreglarse el cabello con ligeros movimientos digitales de suprema agilidad, distanci\u00f3se de la luna azogada unos pasos, encuadrando en esta su entera figura, para remirarse una \u00faltima vez con pueril preocupaci\u00f3n; y la luna le devolvi\u00f3 su Imagen, soca, enjuta, atezada, invadida por prematura vejez, como esos \u00e1rboles a los cuales exten\u00faa su libre crecimiento la exig\u00fcidad del cuadrado de tierra en donde sus ra\u00edces ara\u00f1an una savia pobr\u00edsima.<\/p>\n\n\n\n<p>Genoveva titube\u00f3, una vez m\u00e1s, cohibida por la nueva visi\u00f3n de Agueda que andaba ya iniciando las faenas rutinarias del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSin duda deb\u00eda ir a causa do la enferma!\u201d Y raciocinando as\u00ed tom\u00f3 la regadera para insinuarla en el tanque, hasta rebosarla y, doblegada por el peso. Al principio, comenz\u00f3 a regar sus corolas odorantes. Agueda se atrevi\u00f3 a preguntarlo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo se resuelve, se\u00f1orita?<\/p>\n\n\n\n<p>Genoveva, quien tiempo hac\u00eda que hab\u00eda roto toda clase de lazos simp\u00e1ticos con su familia y hab\u00eda destruido en ella todo g\u00e9nero de afecciones hacia los pr\u00f3jimos, ten\u00eda en el cultivo del jard\u00edn un sustituto de sus ternuras. Un refugio para sus divagaciones. Un baluarte de defensa contra los tiros del mundo. Un asilo de paz y de olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que hab\u00eda ido expulsando de su sensibilidad toda inclinaci\u00f3n de altruismo, confinando su ego\u00edsmo contumaz en el cerco de su retiro solitario, iba dedic\u00e1ndoles m\u00e1s y m\u00e1s afici\u00f3n a sus plantas. Y el vergel, encelado como una fortaleza estrat\u00e9gica, constitu\u00eda el objeto \u00fanico de sus amores. En \u00e9l invert\u00eda, con prescindencia de todo otro objetivo, sus energ\u00edas ociosas y lo cerraba a toda otra alma que no fuera su propia alma zahare\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus hortensias, sus lilas y claveles, sus geranios, sus jazmines y violetas, sus rosas, sus lirios, que sin tregua florec\u00edan como agradeciendo tanto miramiento. Eran sus mejores parientes, sus pr\u00f3jimos m\u00e1s acatados.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-horacio-rosales-echeverria\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Rosales \u00bfPara qu\u00e9 pod\u00eda solicitarla su cu\u00f1ado? \u2014se preguntaba Genoveva, sorprendida, al aviso que acababa de transmitirle Agueda; la vieja sierva que la acompa\u00f1aba, Se alegraba de haber estado fuera de casa, para no haber recibido la visita del cu\u00f1ado. 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