{"id":11834,"date":"2024-05-09T21:21:32","date_gmt":"2024-05-09T21:21:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11834"},"modified":"2024-05-09T21:21:32","modified_gmt":"2024-05-09T21:21:32","slug":"tres-ensayos-breves","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tres-ensayos-breves\/","title":{"rendered":"Tres ensayos breves"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>EN TORNO A LA AUTOR\u00cdA DE UN PRESUNTO FRAUDE<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>(Elementos para una discusi\u00f3n)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Rafael Bol\u00edvar Coronado (1884-1924) naci\u00f3 en el estado Aragua. Fue hijo de un escritor, hom\u00f3nimo, pr\u00e1cticamente olvidado y opacado por su propio v\u00e1stago: se trata de Rafael Bol\u00edvar, un costumbrista, autor de numerosos cuentos y relatos en los que, con un lenguaje mordaz, caracteriza las modas, costumbres y personajes de la \u00e9poca, que altern\u00f3 la literatura con la ocupaci\u00f3n de algunos cargos pol\u00edticos y algunos per\u00edodos <em>a la sombra<\/em>, en La Rotunda. Sus escritos han sido condensados en <em>Guasa pura <\/em>(1895) y <em>Cuentos chicos<\/em>, publicado p\u00f3stumamente, en 1912.<em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al hijo, y protagonista de esta nota, luego de viajar por todo el pa\u00eds, se incorpora a la vida intelectual de la capital. Empieza a colaborar en El Cojo Ilustrado (1912-1915), en El Universal (1912-1916), El Nuevo Diario (1913-1916), la revista Atenas (1914), El Tiempo (1914), La Revista (1915-1916) y en El Luchador y la revista Horizontes de Ciudad Bol\u00edvar (1914-1915). El 19 de septiembre de 1914, se estrena en Caracas la famosa zarzuela <em>Alma llanera<\/em>, con letra de Bol\u00edvar Coronado y m\u00fasica de Pedro El\u00edas Guti\u00e9rrez. El 19 de abril de 1916 gana el primer premio del certamen promovido por El Nuevo Diario, para producciones en prosa, con su p\u00e1gina \u00abCoraz\u00f3n\u00bb. El 18 de junio de ese mismo a\u00f1o parte para Espa\u00f1a donde trabaja en Madrid en la Editorial Am\u00e9rica, dirigida por Rufino Blanco Fombona y le sirve de secretario al poeta espa\u00f1ol Francisco Villaespesa. Colabora en la revista Cervantes de Madrid (1917) y en el diario El Diluvio de Barcelona (1921-1924).<\/p>\n\n\n\n<p>El nombre de Bol\u00edvar Coronado aparece siempre relacionado con asuntos un tanto discordantes, conflictivos y hasta oprobiosos. La mayor\u00eda s\u00f3lo conoce un <em>aria<\/em> de la zarzuela llamada, muy pomposamente, \u201csegundo himno nacional\u201d; que aparentemente disfrut\u00f3 de buena fama en su tiempo, pero ahora ya casi nadie la recuerda en su totalidad, salvo esos peque\u00f1os fragmentos, utilizados normalmente para hacer entender a los indeseables que ya la fiesta se acab\u00f3. (Me gustar\u00eda alg\u00fan d\u00eda averiguar por qu\u00e9 se escogi\u00f3 como s\u00edmbolo nacional la obra de un sujeto tan dado a saltarse los dict\u00e1menes de la moral y las buenas costumbres; tal vez ello diga mucho de nuestra condici\u00f3n como pa\u00eds.)<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tambi\u00e9n su nombre, para los entendidos y conocedores, se relaciona con los fraudes, los plagios y los heter\u00f3nimos, que son a veces tres formas de nombrar la misma cosa. Aunque algunas de sus obras <strong>s\u00ed<\/strong> fueron publicadas bajo su r\u00fabrica y su autor\u00eda (probablemente), como <em>Las memorias de un semib\u00e1rbaro<\/em>, las m\u00e1s notables y\/o conocidas se las atribuye(n) a otros. Tal es el caso de <em>El llanero <\/em>(r\u00fabrica: Daniel Mendoza), primer texto de sociolog\u00eda en Venezuela; las <em>Letras espa\u00f1olas<\/em>, atribuido a Rafael Mar\u00eda Baralt y las <em>Obras cient\u00edficas<\/em>, del mism\u00edsimo Codazzi.<\/p>\n\n\n\n<p>En su lista de falseamientos se incluye una serie de antolog\u00edas de poes\u00eda americana,&nbsp; agrupadas bajo el sustantivo com\u00fan de <em>Parnaso<\/em>. As\u00ed, se conocen: un <em>Parnaso boliviano<\/em>, de 1919, atribuido a un m\u00e9dico venezolano llamado Luis Felipe Blanco Mea\u00f1o; un <em>Parnaso ecuatoriano<\/em>, firmado por el escritor espa\u00f1ol Jos\u00e9 Brissa, director del <em>Almanaque ilustrado hispanoamericano<\/em>, con el cual colabor\u00f3 tambi\u00e9n Bol\u00edvar Coronado; un <em>Parnaso costarricense<\/em>, que, aunque aparece con su r\u00fabrica, incluye, como en casi todos estos libros, poemas suyos a nombre de otros autores e inclusive inventa algunos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, sobre el <em>Parnaso venezolano<\/em>, firmado por Juan Gonz\u00e1lez Gamargo, creo que subsisten ciertos problemas, relacionados tanto con la autor\u00eda como con las mismas ediciones. Por un lado, Oldman Botello no duda en atribuirle a Bol\u00edvar Coronado la elaboraci\u00f3n de esta antolog\u00eda; por el otro, Castellanos, quien se considera el cr\u00edtico y bi\u00f3grafo oficial de Bol\u00edvar Coronado, discrepa de aqu\u00e9l:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230; disentimos porque el <em>Parnaso venezolano<\/em>, de la misma casa Maucci apareci\u00f3 por primera vez&nbsp; en 1906 y es de Juan Gonz\u00e1lez Camargo, habiendo sido reeditado, con nuevos nombres y m\u00e1s material que el anterior, en 1917 cuando a\u00fan no hab\u00eda llegado a Barcelona nuestro coterr\u00e1neo (sic, p. 146).<\/p>\n\n\n\n<p>No estoy muy de acuerdo con Castellanos, lo cual no quiere decir que lo est\u00e9 con Botello: en realidad, m\u00e1s que plantear mis opiniones, planteo mis dudas. En primer lugar, encuentro que, en otras fuentes que he consultado, se se\u00f1ala el a\u00f1o de 1916 como fecha del traslado de Bol\u00edvar al viejo continente, por lo cual se hace veros\u00edmil o posible (antes que cierto) que nuestro autor antologara tal <em>Parnaso<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, hablemos de los ejemplares que manejo de tal antolog\u00eda:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<ul>\n<li>En uno de ellos no se aclara si es la primera o la segunda, si fue en 1917 o 1906, pero se trata de un solo volumen.<\/li>\n\n\n\n<li>El otro no tiene indicaciones de fecha, abarca dos vol\u00famenes y se\u00f1ala que se trata de una compilaci\u00f3n hecha por un tal G.B.A., en tercera edici\u00f3n, versi\u00f3n ampliada y corregida por Juan Gonz\u00e1lez Gamargo.<\/li>\n\n\n\n<li>Desconozco la existencia de una segunda edici\u00f3n, es decir, en ninguna biblioteca p\u00fablica o privada jam\u00e1s he visto m\u00e1s que la que presumo es la primera y la que afirma ser la tercera.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Estas dos versiones tienen varios puntos en com\u00fan:<\/p>\n\n\n\n<ul>\n<li>el t\u00edtulo;<\/li>\n\n\n\n<li>la editorial Maucci, que es la misma que publica los otros parnasos que, indudablemente, se atribuyen a Bol\u00edvar Coronado;<\/li>\n\n\n\n<li>buena parte de los autores (algunos de los cuales no aparecen en ninguna otra antolog\u00eda, cat\u00e1logo, diccionario ni textos similares);<\/li>\n\n\n\n<li>el hecho de que est\u00e1n firmados, como se dijo, por un tal G. B. A., del cual no se sabe mayor cosa, ya que este <em>Parnaso venezolano<\/em> no se dan datos del antologador y tampoco hay en su \u00edndice un autor cuyas iniciales coincidan<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Por otra parte, para seguir con las dudas, en <em>El cojo ilustrado<\/em> aparece un autor llamado Joaqu\u00edn Gonz\u00e1lez <strong>C<\/strong>amargo, colombiano, seg\u00fan, que publica dos breves poemas, en distintos a\u00f1os: 1898 y 1901, fechas para las cuales acaso nuestro autor dif\u00edcilmente pudo haberse involucrado, pues tendr\u00eda s\u00f3lo entre 14 y 17 a\u00f1os. Es de destacar que estos poemas, <em>Viaje de la luz<\/em> y <em>Estudiando<\/em>, no coinciden con los atribuidos o publicados al casi hom\u00f3nimo de los parnasos, quiero decir que no son los mismos textos y, cotej\u00e1ndolos, he notado que no tienen ni la misma tem\u00e1tica ni el mismo estilo.<\/p>\n\n\n\n<p>Igualmente, hay un Juan Gonz\u00e1lez <strong>G<\/strong>amargo en el <em>Diccionario general de la literatura venezolana<\/em>, en el cual no se dice m\u00e1s que fue poeta y que public\u00f3 su obra entre 1906 y 1919, o sea, fue contempor\u00e1neo a los <em>Parnasos<\/em>. Tanto en <em>El cojo<\/em> y en el <em>Diccionario<\/em> como en otras obras se ignora el Parnaso y, menos a\u00fan, se atribuye a Gonz\u00e1lez Camargo o Gamargo o a Bol\u00edvar Coronado la autor\u00eda del fementido texto.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed comienzo a plantear y a plantearme las preguntas: \u00bfse trata de un reiterado error de imprenta, con los apellidos Camargo y Gamargo? De ser as\u00ed, se incurri\u00f3 en el error desde la impresi\u00f3n del libro: en la portada aparece Juan Gonz\u00e1lez Gamargo; en el \u00edndice y en el cuerpo del libro, Juan Gonz\u00e1lez Camargo. Y de verdad encuentro dif\u00edcil de creer que un autor no cuidara en su libro la escritura de su propio nombre; de all\u00ed nacen mis mayores dudas:<\/p>\n\n\n\n<ul>\n<li>\u00bfEl error de imprenta lo cometi\u00f3 Bol\u00edvar Coronado, suponiendo que haya sido \u00e9l quien hizo la selecci\u00f3n? Suponiendo esto cabe tambi\u00e9n suponer que lo cometi\u00f3 deliberadamente, para aumentar la confusi\u00f3n; o quiz\u00e1 s\u00f3lo fue negligencia.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfSon dos autores distintos, o tres: Juan Gonz\u00e1lez Gamargo, el antologador del <em>Parnaso<\/em>; Juan Gonz\u00e1lez Camargo, poeta, del cual se incluyen, en el <em>Parnaso <\/em>tres breves poemas; Joaqu\u00edn Gonzalez Camargo, el colombiano, que publica en el <em>Cojo<\/em>. En este caso, podr\u00edamos percibir otro error de imprenta: Juan Gonz\u00e1lez Gamargo no aparece, en el <em>Diccionario general de la literatura venezolana<\/em>, sino como poeta, y no se incluye en su bibliograf\u00eda el bendito <em>Parnaso<\/em>. Y si no es un error de imprenta tendr\u00edamos a otro escritor m\u00e1s: un Gonz\u00e1lez Gamargo poeta.<\/li>\n\n\n\n<li>Y si son distintos, \u00bfcu\u00e1l es el verdadero autor del <em>Parnaso venezolano<\/em>? Se supone que un tal GBA, quienquiera que sea, pero con la intervenci\u00f3n de Gonz\u00e1lez Gamargo, quienquiera que haya sido \u00e9ste.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfExisti\u00f3 un poeta colombiano llamado Joaqu\u00edn Gonz\u00e1lez Camargo? Y si existi\u00f3, \u00bfhabr\u00e1 tomado <em>prestado <\/em>parte de su nombre Bol\u00edvar Coronado? He revisado, aunque muy someramente para mi gusto, algunas bibliograf\u00edas colombianas y no he dado con \u00e9l.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfExisti\u00f3 un Gonz\u00e1lez Camargo o Gonz\u00e1lez Gamargo? Sus datos biogr\u00e1ficos, repito, no son abundantes; sus bibliograf\u00edas directa e indirecta son exiguas (en el caso de esta \u00faltima se limita a un pr\u00f3logo de Jacinto \u00c1\u00f1ez); sus libros, si es que alguna vez existieron, no aparecen m\u00e1s que de t\u00edtulo y no de cuerpo presente (casi como el famoso <em>Necronomicon <\/em>atribuido a Lovecraft). Una persona que me asiste ha fatigado la Biblioteca Nacional y no lo ha encontrado.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfEs s\u00f3lo una coincidencia que haya aparecido otro <em>parnaso<\/em>, firmado por \u201cotro\u201d autor, en las mismas fechas y bajo la misma editorial que public\u00f3 los Parnasos de Bol\u00edvar Coronado? Este ser\u00eda tal vez un argumento de peso; pero, pudo haber sido una coincidencia, \u00bfpor qu\u00e9 no?<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfQu\u00e9 significan las iniciales G.B.A.? \u00bfQu\u00e9 o qui\u00e9n se esconde detr\u00e1s de esas letras? Ya mencion\u00e9 que ninguno de los autores incluidos en ambas ediciones de la antolog\u00eda en cuesti\u00f3n ostenta tales iniciales.<\/li>\n\n\n\n<li>\u00bfFue \u00e9ste otro de los <em>fraudes <\/em>de Bol\u00edvar Coronado? Y, \u00bfcu\u00e1l fue el <em>fraude<\/em>: el de la primera edici\u00f3n, el de la tercera, todos? Si la primera edici\u00f3n del Parnaso fue, efectivamente, en 1906, quiz\u00e1 no estuvo Bol\u00edvar Coronado involucrado en esto, ya que se encontraba todav\u00eda en Venezuela; y digo quiz\u00e1 porque no se hace indispensable la presencia de una persona en el lugar donde est\u00e1 la editorial.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>De todos estos dilemas el que aparece como menos imposible de resolver es el de la existencia de un poeta colombiano llamado Joaqu\u00edn Gonz\u00e1lez Camargo: revisando antolog\u00edas, cat\u00e1logos y diccionarios de literatura colombiana que hablen de la \u00e9poca. Si no aparece, como ha sucedido hasta ahora, seguir\u00e9 con la duda. Y si el nombre aparece, no s\u00e9\u2026 no s\u00e9 qu\u00e9 tan lejos haya llegado Bol\u00edvar Coronado.<\/p>\n\n\n\n<p>Con respecto a las otras variantes del nombre, las relacionadas con Venezuela, el asunto luce un poco complicado. Se me ocurre, en primer lugar, la infausta y est\u00e9ril tarea de comparar los estilos de los autores, particularmente aquel cuyos textos aparecen antologados en el Parnaso y el que rese\u00f1a el Diccionario General de la Literatura Venezolana. De esa labor acaso no derivar\u00eda m\u00e1s que deleznables conjeturas, las derivar\u00eda si diera con los libros publicados por el Gonz\u00e1lez Gamargo del <em>Diccionario<\/em>, lo cual, como ya dije, no ha sido posible hasta ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que tampoco llegar\u00eda muy lejos, porque s\u00ed algo supo Bol\u00edvar Coronado fue copiar estilos, e inventarlos. Baste comparar los numerosos autores que aparecen en el Parnaso y que no son mencionados en otro texto: posibles heter\u00f3nimos. Creo que he llegado a un punto muerto en la investigaci\u00f3n, donde no es posible avanzar. Es m\u00e1s sencillo creer, conociendo a Bol\u00edvar Coronado, que su participaci\u00f3n, cualquiera que haya sido, es indudable en este asunto. Es m\u00e1s sencillo, s\u00f3lo eso. <em>Lo dem\u00e1s es silencio<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-table\"><table><tbody><tr><td><strong>&nbsp;<\/strong> <strong>JUAN GONZ\u00c1LEZ<\/strong> <strong>G<\/strong>AMARGO &nbsp;<\/td><td>&nbsp; Aparece en la portada como <strong>antologador <\/strong>del Parnaso Venezolano<\/td><\/tr><tr><td>&nbsp; <strong>JUAN GONZ\u00c1LEZ<\/strong> <strong>C<\/strong>AMARGO<\/td><td>Poeta Se incluyen en el <em>Parnaso Venezolano <\/em>tres breves poemas suyos; no hay m\u00e1s datos.<\/td><\/tr><tr><td>&nbsp; &nbsp; &nbsp; <strong>JUAN GONZ\u00c1LEZ<\/strong> GAMARGO<\/td><td>Poeta &#8211; An\u00e9monas, 1906 &#8211; Canto al \u00e1rbol, 1908 &#8211; Banderas gloriosas, 1916 &#8211; Canto a Italia, 1918 &#8211; Himno al trabajo, 1919 &#8211; No hay bibliograf\u00eda indirecta ni otros datos de importancia &#8211; No se le atribuye el Parnaso (Diccionario general de la literatura venezolana.)<\/td><\/tr><tr><td>&nbsp; &nbsp; <strong>JOAQU\u00cdN<\/strong> GONZ\u00c1LEZ CAMARGO<\/td><td>Poeta colombiano &#8211; Figuran en <em>El Cojo Ilustrado<\/em> dos poemas suyos: 1898 y 1901 &#8211; No hay m\u00e1s datos<\/td><\/tr><\/tbody><\/table><figcaption class=\"wp-element-caption\">Las variantes del nombre<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CARLOS PAZ GARC\u00cdA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>(Un punto que contiene todos los puntos)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Quer\u00eda comenzar esta nota diciendo que Carlos Paz Garc\u00eda es verdaderamente un desconocido, un ilustre desconocido. Sobre \u00e9l aparece una peque\u00f1a nota en el <em>Diccionario general de la literatura venezolana <\/em>(1987), en la que apenas se menciona que naci\u00f3 en Valencia. El a\u00f1o es, presumo, inveros\u00edmil, pues se dice que fue en 1801. (Presumo que debe haber sido 1881.) En la ciudad que lo viera nacer fund\u00f3 una publicaci\u00f3n: <em>Tartar\u00edn<\/em>. Vivi\u00f3 despu\u00e9s en Caracas, donde colabor\u00f3 con <em>El cojo ilustrado, El Universal <\/em>y la <em>Revista<\/em><em> de Caracas<\/em>.All\u00ed muri\u00f3 en 1925. Antes, en 1919, hab\u00eda publicado su \u00fanico libro de cuentos: <em>La daga de oro<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Aparte de todo esto, hay poco que informar sobre su vida, que aparentemente transcurri\u00f3 sin muchos sobresaltos, literarios, pol\u00edticos, o de cualquier otra \u00edndole. Se podr\u00eda decir que no es m\u00e1s que un escritor menor, un escritor de provincias. Aparentemente prefiri\u00f3 el ejercicio del periodismo al de la narrativa. De lo poco publicado por nuestro autor, en cuanto a literatura se refiere, podr\u00eda inferirse tambi\u00e9n que acaso ambos oficios se anulan, a\u00fan a pesar de trabajar, en apariencia, con la misma materia prima.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero que me llama la atenci\u00f3n es la cantidad de bibliograf\u00eda indirecta que aparece en la nota referida; me temo que ese rasgo ha llegado a constituirse para m\u00ed en un claro indicativo de la importancia de un escritor: cuando la bibliograf\u00eda indirecta sobrepasa la directa, se trata de un autor al que toman en cuenta. En el caso de Paz Garc\u00eda no ser\u00eda muy dif\u00edcil, trat\u00e1ndose de un autor de un solo libro. De all\u00ed que me pareciera inicialmente digno de indagar, sobre todo porque la bibliograf\u00eda indirecta incluye nombres como los de Pic\u00f3n Salas, Uslar Pietri, D\u00edaz Seijas.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 toda esa importancia concedida se deba a un peque\u00f1o detalle: ser pr\u00e1cticamente el iniciador de una tradici\u00f3n cuent\u00edstica en Valencia, bastante exigua por dem\u00e1s. (Aunque en general en Venezuela, en los inicios del siglo XX, poco se cultiv\u00f3 el g\u00e9nero del cuento, en comparaci\u00f3n con la novela o el ensayo.) Respetando una estricta cronolog\u00eda, Zupcic (1997) lo coloca abriendo fuegos en la antolog\u00eda por \u00e9l elaborada. Y en efecto, la <em>Daga&#8230;<\/em>fue publicado tres a\u00f1os antes que los <em>Cuentos grotescos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Claro que no todos los iniciadores tienen la suerte de ser Montagine; por el mero hecho de ser el innovador, descubridor, fundador, inventor o precursor de algo no est\u00e1 garantizado que ese algo sea bueno o notable <em>per se. <\/em>Es posible que muchos iniciadores hayan desaparecido de la memoria, opacados por la gloria de los que continuaron con mayores aciertos. Shakespeare no invent\u00f3 ning\u00fan g\u00e9nero (aunque Harold Bloom asegura lo contrario); presumo que tampoco importa mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasemos a los relatos de <em>La daga de oro<\/em> de Paz Garc\u00eda. M\u00e1s que relatos, yo dir\u00eda que son retratos, estampas, daguerrotipos, puesto que hay m\u00e1s psicolog\u00eda, o m\u00e1s evocaci\u00f3n, que acci\u00f3n. Son, en su mayor\u00eda, retratos de seres marginales, (auto)estigmatizados por alg\u00fan hecho del pasado, en cuyo remembranza discurre el texto. El relato que da t\u00edtulo al libro es una joya sin duda, antologable desde todo punto de vista, no s\u00f3lo local ni nacional; hay algo de Poe, sin duda, y si no fuera al rev\u00e9s el asunto, dir\u00eda que hay algo de Borges. Asimismo, las <em>Jornadas b\u00e1rbaras<\/em> en conjunto son lo m\u00e1s notable; son cr\u00f3nicas, muy precisas, condensadas, a las cuales imagino que el autor estar\u00eda muy acostumbrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, aunque demuestra gran dominio de la prosa (es el h\u00e1bito del escritor), para mi gusto las descripciones son m\u00e1s bien rom\u00e1nticas y, normalmente, sustituye la evidencia con la explicaci\u00f3n, es decir, en vez de hacer que un personaje se exprese de manera ca\u00f3tica, lo dice, dice que es ca\u00f3tico, y con eso basta. (Esto era lo que Dostoiewsky no quer\u00eda, que le dijeran que las monedas sonaban. \u201cH\u00e1galas tintinear\u201d, demandaba.)<\/p>\n\n\n\n<p>En la mayor\u00eda de estas remembranzas, hay gran predominio del elemento afectivo-amoroso como eje tem\u00e1tico; por supuesto, se trata de desamores. Al respecto, Uslar Pietri se\u00f1ala que el car\u00e1cter de las letras venezolanas, entre otras cosas, evidencia un gran pesimismo y frustraci\u00f3n, que se manifiesta bien en la presencia de personajes a\u00f1orantes, ab\u00falicos o fracasados, o bien en la presencia de un tono sat\u00edrico.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal como lo he venido exponiendo, el horizonte de expectativas que un lector se formar\u00eda sobre Paz Garc\u00eda no ser\u00eda nada prometedor. Quiz\u00e1 por eso sonar\u00e1 a\u00fan m\u00e1s contradictorio decir que buena parte de la narrativa venezolana pasa por sus relatos, es decir, nuestro autor parece explicar por s\u00ed solo muchas de las vertientes que posteriormente desarrollar\u00eda la narrativa breve venezolana a lo largo del siglo XX. No quiero expresar con esto que haya sido una gran influencia; acaso no lo fue, acaso no ha sido muy le\u00eddo, ya que su libro conoci\u00f3 una \u00fanica y peque\u00f1a edici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s bien creo que funciona como un prisma, como un aleph. De un modo u otro, los temas que aparecen despu\u00e9s en los narradores venezolanos ya estaban en Paz Garc\u00eda. Por ejemplo, el relato <em>El sapo <\/em>recuerda (o prefigura) a esos personajes at\u00edpicos y estramb\u00f3ticos que abundan en la narrativa de Mari\u00f1o Palacio (verbigracia, su <em>Abiga\u00edl Pulgar<\/em>), en Jim\u00e9nez Ure, en Ednodio Quintero, y hasta en Garmendia. El ejercicio de la memoria, de la nostalgia fabuladora, en el cuento del trapecista, muestra otra gran corriente de nuestra literatura, muy frecuentada desde Teresa de la Parra. Tambi\u00e9n se encuentra en sus <em>jornadas b\u00e1rbaras<\/em> el antagonismo civilizaci\u00f3n-barbarie, tan caro a Gallegos y a otros; adem\u00e1s del historicismo (gran fil\u00f3n de la narrativa venezolana). Pero a quien m\u00e1s me remiten estas <em>jornadas<\/em>, es al Armas Alfonzo de las historias de montoneras (incluso con ese dejo de oralidad).<\/p>\n\n\n\n<p>Se me multiplican hasta el infinito estas presencias. Casi todo lo que habr\u00eda de estar en la narrativa venezolana ya estuvo en Paz Garc\u00eda. La mayor\u00eda de los cuentistas venezolanos que he le\u00eddo a veces se parecen un poco, s\u00f3lo un poco, entre ellos; pero a menudo s\u00f3lo se me parecen a Paz Garc\u00eda, casi todos. Me recuerda un poco esa frase que com\u00fanmente atribuyen a Paracelso: hay muchos hombres, pero est\u00e1n en uno. Yo dir\u00eda: hay muchos narradores venezolanos, pero est\u00e1n en Paz Garc\u00eda. Por eso, me cuesta imaginar la narrativa venezolana sin \u00e9l; y viceversa: imaginarlo a \u00e9l sin la narrativa venezolana, ya que la presencia de todos esos temas en otros narradores posteriores, es lo que lo mantiene vivo en la memoria, al menos para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>REYNALDO HAHN <em>VINTEUIL<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Alg\u00fan d\u00eda alguien escribir\u00e1 la historia de la literatura antes de ser literatura, la historia de las contribuciones que han dado a la literatura las personas que no han escrito. No me refiero a la labor de los que andan por las periferias del libro y que por lo general s\u00f3lo saben parasitarlos: libreros, editores, mecenas, profesores universitarios. Me refiero a otra cosa, me refiero a aquellas personas (personajes) que realizan acciones o insin\u00faan posibilidades (la diferencia es balad\u00ed), de modo tal que se juzga apropiado escribirlas; esas personas cuya existencia justifica una p\u00e1gina en la literatura, como dir\u00eda Flaubert. Esto no incluir\u00eda \u00fanicamente a esos hombres extraordinarios de Carlyle y Emerson, lo cual s\u00f3lo ser\u00eda un reduccionismo rom\u00e1ntico, sino que tambi\u00e9n dejar\u00eda espacio para la <em>petitte histoire<\/em>, para esas <em>vidas imaginarias <\/em>que supo condensar Schw\u00f6b.<\/p>\n\n\n\n<p>Presumo que dicha historia tendr\u00eda que iniciarse con Helena de Troya, sin cuya intuible belleza la literatura occidental acaso no habr\u00eda sido posible. Grandes nombres desfilar\u00edan por esta historia: S\u00f3crates, Alejandro Magno, Cristo, Napole\u00f3n, Crist\u00f3bal Col\u00f3n. Nombres acaso deplorables pero que siguen alimentando la imaginaci\u00f3n y la literatura, como el cojitranco Lope de Aguirre. Y tambi\u00e9n nombres y personas sin cuya aparici\u00f3n en la literatura se extraviar\u00edan en el olvido: Laura de Nobres, las an\u00f3nimas mujeres de la sierra que maravillaron a Santillana, un anodino pr\u00edncipe de Dinamarca, las mujeres que hemos amado, odiado u olvidado, y que con seguridad han muerto, como dec\u00eda Hesnor Rivera.<\/p>\n\n\n\n<p>Bosquejar un breve cap\u00edtulo podr\u00eda ser el prop\u00f3sito del presente escrito, puesto que en esta vasta historia de la literatura antes de ser literatura, se podr\u00eda incluir el nombre del <em>carabobe\u00f1o <\/em>Reynaldo Hahn, el <em>Vinteuil <\/em>de Proust. Reynaldo Hahn, seg\u00fan algunas fuentes nacido en Caracas (1874), seg\u00fan otras nativo de Puerto Cabello, estado Carabobo, destacado m\u00fasico y compositor, cuya carrera se desarroll\u00f3 exclusivamente en Europa, a donde hab\u00eda ido a parar desde que, en 1879, su padre decide establecerse en Par\u00eds, lugar donde Reynaldo entra al Conservatorio de M\u00fasica, a la edad de diez a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dice que a los 14 a\u00f1os ya hab\u00eda perpetrado su primera composici\u00f3n, a partir de un poema de V\u00edctor Hugo. Desde 1892 \u201cse suceden los \u00e9xitos de sus composiciones, especialmente sus canciones, \u00f3peras y operetas, alcanzando en estas \u00faltimas su mayor perfecci\u00f3n\u201d. Luego, realiza diversas actividades, sin alejarse del campo de la m\u00fasica, como cr\u00edtico, tambi\u00e9n como cantante, pianista y director de orquesta, director de \u00f3peras, y hasta conferencista sobre nuevas concepciones del arte del canto. En 1945 es \u201celegido individuo de n\u00famero del Instituto en la Academia de Bellas Artes y designado director de la \u00f3pera de Par\u00eds\u201d, ciudad en la que fallece en junio de 1947.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda esa vida a mi juicio queda bien enmarcada en una obra como la de Proust. Aclaro que no es mi inter\u00e9s trazar paralelismos, buscar parecidos ni semejanzas entre el Hahn real y el Vinteuil literario. Esa tarea se la dejo a otros que piensen que la labor del cr\u00edtico es encontrar la <em>verdad <\/em>detr\u00e1s de la literatura. Mi inter\u00e9s se limitar\u00eda a llamar la atenci\u00f3n: si ha de escribirse tal historia de la literatura, Hahn merece tener una <em>entrada<\/em>. Borges opinaba que se pod\u00eda hacer una historia de la pintura sin mencionar un solo nombre de alg\u00fan pintor. Tal vez se pueda hacer la historia de la literatura sin mencionar a un escritor, o a una obra; tal vez se puede hacer una historia de la literatura sobre las contribuciones que han dado las personas que no han escrito. Tal vez sin ellos no existir\u00eda literatura. <em>A la b\u00fasqueda del tiempo perdido <\/em>y Proust no habr\u00edan sido los mismos sin Hahn.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rafael-victorino-munoz\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael Victorino Mu\u00f1oz EN TORNO A LA AUTOR\u00cdA DE UN PRESUNTO FRAUDE (Elementos para una discusi\u00f3n) Rafael Bol\u00edvar Coronado (1884-1924) naci\u00f3 en el estado Aragua. Fue hijo de un escritor, hom\u00f3nimo, pr\u00e1cticamente olvidado y opacado por su propio v\u00e1stago: se trata de Rafael Bol\u00edvar, un costumbrista, autor de numerosos cuentos y relatos en los que, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11835,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11834"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11834"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11834\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11836,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11834\/revisions\/11836"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11835"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11834"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11834"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11834"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}