{"id":11809,"date":"2024-05-09T15:21:15","date_gmt":"2024-05-09T15:21:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11809"},"modified":"2024-05-09T15:21:15","modified_gmt":"2024-05-09T15:21:15","slug":"cuentos-de-carlos-paz-garcia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-carlos-paz-garcia\/","title":{"rendered":"Cuentos de Carlos Paz Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La daga de oro<\/h3>\n\n\n\n<p>Aquel artista raro era un poseso del crimen. Tenia la obsesi\u00f3n roja y negra. En su cuerpo indolente velaba un alma tr\u00e1gica. Un d\u00eda me confeso que precisamente por causa de esa indolencia no cultivaba el terrible ante del asesinato. No consideraba la obra del exc\u00e9ntrico de Quincey sobre la est\u00e9tica de los asesinos, como producto de un humorismo l\u00fagubre, a la sajona, sino que era para el perfectamente seria. Ese ingles fue un genio \u2014declaraba\u2014mas, por desgracia, un genio te\u00f3rico. Creo que, como a mi, falt\u00e1bale el impulso fecundo. Esta invencible inercia para traducir el pensamiento en acto \u00a1qui\u00e9n sabe de cuantas obras maestras priva a la tierra! Yo, por ejemplo, tengo ideas originales, exquisitas, maravillosas. En materia de cr\u00edmenes, puedo asegurar que poseo la chispa genial y, ademas, una fuerte cultura cl\u00e1sica. No ser\u00eda, en todo caso, un advenedizo vac\u00edo y vulgar. Mis profundos estudios, mi decidida vocaci\u00f3n , me dar\u00edan rango distinguido. Pero esta maldita falta de energ\u00eda me sit\u00faa entre los in\u00e9ditos. Adem\u00e1s, s\u00e9 bien que seria un incomprendido. Nadie sabr\u00eda admirar un bello crimen. Me considerar\u00edan al mismo nivel de los m\u00e1s comunes y viles asesinos. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh! !Aquella magnifica edad del Renacimiento! En ella fue depurado el instinto feroz y abrupto de la Edad Media, y de tan rica aunque ruda materia se extrajeron sutiles quintaesencias. \u00a1C\u00f3mo florec\u00eda la tragedia! \u00a1Qu\u00e9 labor tan selecta la del pu\u00f1al y el t\u00f3sigo! El arma que os mataba era art\u00edstica: hierro cuyo pu\u00f1o era filigrana, veneno que se escond\u00eda entre flores. <\/p>\n\n\n\n<p>Y el artista, con sus cabellos de cobre y sus ojos de acero, tenia un aspecto sat\u00e1nico mientras evocaba, con una voluptuosidad infinita, las viejas historias siniestras. Su casa era un museo extra\u00f1o. Muebles, cuadros, estatuas, armas y joyas, encerraban recuerdos funestos. Siento un odio especial \u2014me dec\u00eda\u2014 por las cosas an\u00f3nimas. Mi placer es verme rodeado de objetos que viven, que asumen una vida inquietante por virtud de los sucesos en que figuraron. Casi todas las cosas que me rodean est\u00e1n animadas por a\u00f1oranzas hermosas y tremendas. Han presenciado fieras epopeyas del mal, o bien han actuado en ellas. Cada una contiene una cantidad de drama. Cuando estoy entre ellas, mi esp\u00edritu viaja por alucinantes sendas bermejas y se intensifica en la crueldad\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda mostr\u00f3me una daga muy rara, forjada en oro. El pu\u00f1o era una v\u00edbora ondulante, con ojos de rub\u00ed. Y en la hoja se abr\u00edan tambi\u00e9n rub\u00edes de distintos tama\u00f1os. No me es posible dar idea del extra\u00f1o aspecto de aquella suntuosa joya fat\u00eddica. Era preciosa y era horrible. No se por qu\u00e9 aquel oro l\u00edvido, mate, como patinado, ten\u00eda para m\u00ed un aspecto de piel enferma y las gemas me fing\u00edan rojas llagas. S\u00ed. Para m\u00ed era aquella una daga enferma, llagada. Inspir\u00e1bame al mismo tiempo temor y repugnancia. La historia de esta daga \u2014empez\u00f3 el artista, cuyos ojos de acero destellaban\u2014 es en verdad una historia de belleza. Con materia de sacrilegio, fue fabricada para un rom\u00e1ntico crimen. \u00a1Admirable episodio del lejano tiempo renacentista!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Era un joven de ilustre casa. En el blas\u00f3n de su familia, esculpido con los m\u00e1s altos orgullos, iluminado por las m\u00e1s claras glorias, apareci\u00f3 la injusta m\u00e1cula de la pobreza. Cuando el mancebo recibi\u00f3 aquella herencia de honra y ruina y viose rico en linaje y pobre en dinero, triste pero altivo y denodado, resolvi\u00f3 conquistarse por las armas la fortuna que exig\u00eda el lustre de su blas\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Pertenec\u00eda a la nobleza de uno de aquellos estados ambiciosos y b\u00e9licos que eran como peque\u00f1os aventureros a quienes la audacia y la suerte hac\u00edan grandes. En la guerra, el mozo dio fe de que en sus venas ard\u00eda muy pura la sangre de la estirpe. Su valor fren\u00e9tico, como desesperado, destac\u00f3lo pronto como un brillante hombre de haza\u00f1as. Cuando regres\u00f3 a la Corte, ya era bien amado del laurel. Su penacho conoc\u00eda la racha heroica. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Y sucedi\u00f3le que en un baile fue herido de amor. Violento como era, su pasi\u00f3n desde el primer momento alz\u00f3 roja llama. Con el prestigio de su mocedad gallarda y de su probado denuedo, fu\u00e9le grato a la dama, una doncella nobil\u00edsima, rubia beldad mil veces loada por los trovadores. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Pocos d\u00edas contaba el idilio cuando el caballero tuvo que ce\u00f1irse nuevamente el arn\u00e9s de guerra. Para su alma llameante, casi tr\u00e1gica, entre su amada y \u00e9l no pod\u00eda existir nada m\u00e1s fuerte, m\u00e1s sagrado, que el pacto de pasi\u00f3n sellado con la p\u00farpura de sus labios, solemnemente hasta la muerte. Parti\u00f3, lleno de dolor, pero con la fe de aquel amor que era espuela de fuego para su ambici\u00f3n de gloria y fortuna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Despu\u00e9s de una campa\u00f1a larga y cruda, retorn\u00f3 con nuevos laureles pero con la escarcela siempre enjuta. Y entonces sinti\u00f3 como nunca la pesadumbre de su pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque la doncella que le jur\u00f3, ser suya hasta la muerte, era la prometida de un opulento se\u00f1or. Juzgaba, de seguro, como el romano, que el laurel era bello pero sin fruto. Y desde\u00f1ando al glorioso doncel prefer\u00eda dar su mano al que le brindaba el m\u00e1gico jard\u00edn de las manzanas de oro. <\/p>\n\n\n\n<p>Hasta aqu\u00ed esta historia no tiene mayor inter\u00e9s. Lo original de ella est\u00e1 en la venganza del burlado mozo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su dolor fue profundo y callado. Y en silencio maquin\u00f3 el castigo de la mujer desleal y ambiciosa. El odio realizaba uno de sus m\u00e1s intensos y complicados trabajos. En un ser selecto como \u00e9l ten\u00eda que producir una obra excepcional. He aqu\u00ed como el mismo caballero hizo el relato de su venganza. Es una sugestiva pagina de esa vieja edad de amor y sangre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">\u2014Pues el oro y las joyas to seducen, pues amas la riqueza m\u00e1s que mi amor, el d\u00eda de to boda te har\u00e9 rico presente de oro y joyas&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">As\u00ed me dije, y dime a meditar mi venganza con todo el odio de un hombre desamparado por cielo y tierra. Y la empec\u00e9 con un sacrilegio. En el claro obscuro de una hora crepuscular me introduje en un templo. Logr\u00e9 ocultarme tras una espesa cortina y all\u00ed permanec\u00ed hasta que las puertas fueron cerradas. Ya solo en la sombra del recinto, rasgada en algunos altares por delgadas llamas de luz, me dirig\u00ed al altar donde se alzaba el sagrario como un breve palacio cincelado. Violent\u00e9lo con un pu\u00f1al y me apoder\u00e9 de la custodia. Era como una opulenta rosa de oro en la que los rub\u00edes formaban un milagroso roc\u00edo de sangre. Aquel oro deb\u00eda empaparse pronto de un roc\u00edo de sangre verdadera.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel momento me sent\u00ed, por primera y \u00fanica vez en la vida, pose\u00eddo de terror. Mis pasos, en el recinto enlobreguecido, eran panes de miedo. Mis cabellos se erizaban y me figuraba eran asidos por una fr\u00eda garra de sombra. Ve\u00eda por todas partes cuerpos negros y ojos llameantes. <\/p>\n\n\n\n<p>Esper\u00e9 tr\u00e9mulo, aterrado, que pasaran las horas. Me parec\u00eda que estaba encerrado en un horrible, tenebroso sitio de eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>A la media noche, tir\u00e9 con grande esfuerzo de los f\u00e9rreos y pesados cerrojos de una puerta y al fin me vi en la calle. La calle alargaba su silencio sombr\u00edo, su soledad sombr\u00eda, como una prolongaci\u00f3n de mi terror.<\/p>\n\n\n\n<p>Ocurr\u00ed a un art\u00edfice jud\u00edo y logr\u00e9 que me fabricara una daga con oro y rub\u00edes de la Santa custodia. <\/p>\n\n\n\n<p>La boda se verific\u00f3 en el mismo temple profanado por m\u00ed. Perfumes, sedas, terciopelos, joyas, m\u00fasica, alegr\u00eda, triunfaban en el claro recinto. En medio de la claridad y el baile, yo evocaba la tiniebla y el terror de la noche del sacrilegio. A la salida, la novia recibi\u00f3 mi regalo de bodes, tal como se lo merec\u00eda su condici\u00f3n de mujer deslumbrada por el dinero y las joyas. Su coraz\u00f3n innoble tuvo el oro y las gemas del sacrilegio&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfNo le parece muy bella esta historia?\u2014 me pregunt\u00f3 el artista, mientras su mano se crispaba en el pu\u00f1o de la siniestra daga. \u2014Me agradar\u00eda ver en esta arma, sobre la sangre petrificada de los rub\u00edes, la viva sangre de una hermosa herida\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Yo contemplaba la daga y se me hacia m\u00e1s patente la visi\u00f3n de una piel enferma, llena de rojas llagas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oro perverso, oro maldito, t\u00fa est\u00e1s en verdad ulcerado de dolor, de infamia, de crimen! \u2014 empec\u00e9 a filosofar tontamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el artista me interrumpi\u00f3 as\u00ed, con voz ir\u00f3nica:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si usted sabe de un amador burlado y se interesa por \u00e9l, d\u00edgale que esta daga est\u00e1 a sus \u00f3rdenes.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El hombre de la m\u00e1scara tr\u00e1gica<\/h3>\n\n\n\n<p>Por obra del mal que hab\u00eda en su rostro aquel hombre lleg\u00f3 a las alturas y tuvo poder y hasta gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una admirable historia de un pa\u00eds donde los matones portaban sus ejecutorias de malandantes como credenciales dignas de admiraci\u00f3n p\u00fablica. En aquel raro pa\u00eds el m\u00e1s alto ideal era inspirar terror. Quien lograra hacerse una fama de bebedor de sangre pod\u00eda esperar tranquilo que sobre \u00e9l llovieran los dineros y las dignidades. Feliz raza aquella, para la cual la burda hoja de un machete ten\u00eda un resplandor deslumbrante de antorcha. \u00a1L\u00e1stima que haya desaparecido un pueblo donde exist\u00eda tan noble culto!<\/p>\n\n\n\n<p>Pues sucedi\u00f3 que aquel chico naci\u00f3 con el don de una cara terrible. La gracia que existe siempre en cualquier rostro infantil, por m\u00e1s feo que sea, nunca la tuvo \u00e9ste. En el bronce obscuro de aquella fisonom\u00eda parec\u00eda que el horror se hab\u00eda propuesto cincelar su m\u00e1s perfecta efigie. Lo que los cronistas de la \u00e9poca de la invasi\u00f3n h\u00fanica, en su miedo a la cruel raza, nos dicen de los ni\u00f1os hunos, se podr\u00eda decir de \u00e9ste: que su rostro inspiraba terror.<\/p>\n\n\n\n<p>En su familia nadie fue nunca capaz de hacerle una caricia. El instinto que lleva a cualquier mujer a besar un ni\u00f1o se quedaba helado ante esta criatura. Ni siquiera piedad inspiraba, como ciertos seres que nacen deformes. Vi\u00e9ndole no se pensaba sino en la presencia temible y neta de una amenaza. Dir\u00edase que en lugar de hadas s\u00f3lo satanes velaron en torno a la cuna de aquel ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue creciendo y con el crecimiento se hac\u00eda m\u00e1s categ\u00f3rica en su rostro la existencia de la amenaza. \u00bfQui\u00e9n, a quien contemplara, no se sent\u00eda contemplado por el propio odio encarnado en figura humana?<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas asisti\u00f3 por breves d\u00edas al colegio. Los otros ni\u00f1os hu\u00edan de \u00e9l y el maestro no pod\u00eda soportar su presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Rudo, en toda su rudeza, deb\u00eda quedar para la obra a que lo destinaba la fortuna. Su alma, seca de afectos, amargada por todas las repulsiones circundantes, era la m\u00e1s propicia para las empresas que se admiraban en el pa\u00eds donde naci\u00f3 el ser de la cara tr\u00e1gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en aquel infeliz no exist\u00eda ni la m\u00e1s m\u00ednima cantidad de instinto perverso. Muy por el contrario, estaba lleno de debilidades y de tendencias afectuosas. En su cara no se reflejaba nada de su ser interior tan humilde, tan c\u00e1ndido, tan predispuesto al bien. Pero la faz de obscuro bronce era implacable en su expresi\u00f3n terrible. Imposible que se rompiera en gestos amables aquella como m\u00e1scara de un metal espantoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el instinto del hombre naci\u00f3 en \u00e9l y quiso ir, lleno de anhelos, hac\u00eda las mujeres, empez\u00f3 a experimentar el m\u00e1s cruel dolor de su vida. Todas las mujeres, hasta las m\u00e1s desgarbadas y despreciables, le hu\u00edan llenas de miedo. Era una muralla de horror la que se interpon\u00eda entre \u00e9l y los corazones femeninos. Su sed de amor jam\u00e1s hallar\u00eda fuente d\u00f3nde saciarse. S\u00f3lo los miedos surgir\u00edan ante \u00e9l, aisl\u00e1ndolo en la vida, cerr\u00e1ndole con murallas herm\u00e9ticas, todos los jardines del gozo.<\/p>\n\n\n\n<p>No se daba cuenta de por qu\u00e9 todos hu\u00edan de \u00e9l. Portaba su fiereza rostral inconscientemente, inocente de los p\u00e1nicos que inspiraba. Desesperado de ver c\u00f3mo en su pueblo todos le hu\u00edan, resolvi\u00f3 marcharse a la ciudad lejana, donde qui\u00e9n sabe si encontrar\u00eda la flor de alegr\u00eda que se le negaba entre los suyos.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que lleg\u00f3, igual impresi\u00f3n pudo notar. Y los encargados de velar por la seguridad p\u00fablica lo tuvieron en vigilancia como si fuera capaz de los m\u00e1s atroces delitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin resolvi\u00f3 marcharse de la ciudad donde tampoco encontraba el vivir que ansiaba. Cerca de su pueblo, en campo despoblado, se construy\u00f3 una r\u00fastica vivienda. Y solitario, pasaba sus d\u00edas vac\u00edos, iguales, tristes, en medio a la paz de las cosas naturales, bajo las alas de oro del sol o las alas de \u00e9bano de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy rara vez iba al pueblo. Cada d\u00eda tem\u00eda m\u00e1s verse objeto de aquella repulsi\u00f3n que no llegaba a explicarse. Y su alma se salvajizaba y Se llenaba de sombras.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche en que velaba en su rancho, una partida revolucionaria que por all\u00ed acert\u00f3 a pasar, lo agreg\u00f3 a sus filas. A la luz del turbio candil que iluminaba el rancho, los rebeldes no se fijaron bien en su fisonom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la marcha lo armaron de un fusil y un machete, y llev\u00e1ndolo entre ellos continuaron su recorrida a trav\u00e9s de la noche negra y tranquila. El se sent\u00eda m\u00e1s bien feliz por aquella aventura. Se encontraba entre gentes, se sent\u00eda en relaci\u00f3n con sus hermanos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando amaneci\u00f3, fue inmensa la impresi\u00f3n en toda la partida. Con su rostro todo fiereza y Su fusil y su machete aquel hombre les inspir\u00f3 a todos un gran p\u00e1nico.<\/p>\n\n\n\n<p>Y desde aquel momento empez\u00f3 para el hombre de la m\u00e1scara tr\u00e1gica una \u00e9poca de sucesivos triunfos. Con su solo aspecto venc\u00eda. La fama de aquella especie de ogro que andaba entre los revolucionarios se esparci\u00f3 por todo el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco tiempo era el jefe supremo de todas las hordas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y siempre bueno, pero llevado al mal a impulsos de la furiosa vida circundante, imper\u00f3 por obra de aquella m\u00e1scara tr\u00e1gica, de aquella m\u00e1scara de bronce obscuro en la que parec\u00eda que el horror se hab\u00eda esmerado en cincelar su m\u00e1s perfecta imagen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">(1902)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La daga de oro Aquel artista raro era un poseso del crimen. Tenia la obsesi\u00f3n roja y negra. En su cuerpo indolente velaba un alma tr\u00e1gica. Un d\u00eda me confeso que precisamente por causa de esa indolencia no cultivaba el terrible ante del asesinato. 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