{"id":11647,"date":"2023-04-23T20:58:00","date_gmt":"2023-04-23T20:58:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11647"},"modified":"2025-06-06T08:53:26","modified_gmt":"2025-06-06T13:23:26","slug":"el-requetemuerto-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-requetemuerto-fragmentos\/","title":{"rendered":"El requetemuerto (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Pulido<\/h4>\n\n\n\n<p>Hace una morisqueta, ensaya un bailecito nervioso y retrocede como un enanito que bromea en el circo, aunque en los sustratos de la memoria es solamente un ni\u00f1o punzando a su madre para que lo quiera. Se deja caer encima del cuero arrugado y suave del largo sof\u00e1 y se recuesta en el hombro de la mujer. Ella endereza el busto y sobresale el temblor de las redondeces, movidas por un sismo que se origina en el parpadeo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sienta pegadito y acomoda la cabeza en son lactante. Hace caranto\u00f1as, mingonea caricias, se pone \u00f1ongo. Ella tuerce los ojos, gesticula, mostrando fastidio. Se sale de madre lo que ocurre porque \u00e9l tiene m\u00e1s de sesenta a\u00f1os y ella treinta y cuatro.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pent-house la riqueza flota como una fragancia, deslumbra como si mil diamantes escondidos soltaran sus reflejos y poblaran la superficie de todos los objetos. Muebles, artefactos, adornos, piezas de arte, cortinajes bordados a mano: todo parece aspirar in\u00fatilmente a la eternidad y eso le imprime al ambiente una atm\u00f3sfera de encierro bestial. Ellos desean aventuras estremecedoras que no da\u00f1en un \u00e1pice sus cuerpos. Muy particularmente el de ella, que es una estructura de m\u00fasculos suaves, de turgencias apetecibles, sus carnes generan sismos que culminan en tibias redondeces; su boca quiere morder, besar, tragar; esa calidez interior sube de temperatura cada minuto.<\/p>\n\n\n\n<p>-Ya se lo que quieres, Efra\u2026-dice Minerva sin dejar de mirar la televisi\u00f3n donde Elizabeth Taylor, madura y ojerosa, contin\u00faa su martirio amoroso con Richard Burton. Mientras eso ocurre, Efra le mete una mano bajo la falda y sus dedos gruesos van buscando. \u201cYa se lo que quieres, Efra\u201d suena igual a lo que entonar\u00eda la voz materna ante el ni\u00f1o que desea jugar con algo o comerse un postre prohibido. Y aunque podr\u00eda ser una queja, tambi\u00e9n contiene su dosis de actuaci\u00f3n: en su mente lib\u00e9rrima, en aquella intimidad mental donde s\u00f3lo ella puede escucharse, trama sordideces gustosas y est\u00e1 prepar\u00e1ndose como en un camerino interior, para alborotar a ese viejo en\u00e9rgico que se convierte en un cerdo. Sonr\u00ede a esta altura porque ella lo ha entrenado duramente para que sea el mejor cerdo de la comarca.<\/p>\n\n\n\n<p>Es indudable que entre sus piernas hay un territorio riqu\u00edsimo. \u201cEsta es tu tierra, ve a ver qu\u00e9 haces\u201d ha dicho Minerva, la diosa urbana. \u201cElla no sabe un co\u00f1o de agricultura, pero es ub\u00e9rima\u201d, ha comentado Efra.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda se\u00f1alarse con mucha testarudez, que bajo tierra no s\u00f3lo pueden encontrarse el infierno y el t\u00e1rtaro: tambi\u00e9n se consiguen unos olores fuertes, unas hediondeces an\u00edmicas que constituyen en s\u00ed mismas un para\u00edso de placeres subterr\u00e1neos. Se puede ser ra\u00edz y contener la fragancia de una flor podrida pero sublime.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella piensa a veces de esa manera. Saca a colaci\u00f3n para sus propios argumentos, la existencia de las trufas, esos hongos divinos y costos\u00edsimos&nbsp; que est\u00e1n a veinte cent\u00edmetros bajo tierra y por eso el ser humano no puede captarlos con su olfato.<\/p>\n\n\n\n<p>Las trufas se consiguen amaestrando cerdos. Su abuela, que hab\u00eda nacido en Arag\u00f3n y era una cocinera inigualable, le hablaba nostalgiosa de c\u00f3mo amaestraban cerdos: enterraban una trufa perfumada. Ella averigu\u00f3 mucho al respecto porque en sus veinte a\u00f1os hab\u00eda so\u00f1ado fugazmente con ser cocinera de altura. Por eso supo que en esta \u00e9poca se usan quesos roquefort o gorgonzola envueltos en trapos. Ensayan hasta que el cerdo aprende. Minerva sonr\u00ede porque tiene su cerdito bien entrenado. \u2013Ya se lo que quieres, Efra\u2026-repite y sale corriendo de repente dej\u00e1ndolo en el sof\u00e1, con cara de mercader morboso. El sabe que ella corre hacia la habitaci\u00f3n. Por all\u00e1 adentro suelta una carcajada de ni\u00f1a buscando escondite. Ac\u00e1, gru\u00f1endo y encarnando a un presunto monstruo, Efra se baja del sof\u00e1 y avanza por el living. El coraz\u00f3n se le dispara. Trata de calmarse un poco: respira por la nariz y bota aire por la boca, respira por la nariz que pronto oler\u00e1 la cercan\u00eda de la trufa y bota el aire por la boca que pronto probar\u00e1 el para\u00edso extraviado. El coraz\u00f3n es un cobarde emocionado porque \u00e9l, el cerdito amaestrado, intuye que aquel cuerpo esplendoroso en dulcedumbres est\u00e1 completamente desnudo esper\u00e1ndolo en alguna parte.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Neditza adolescente<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Odiaba la necesidad de los espejos. Ella era hija \u00fanica y ten\u00eda catorce a\u00f1os de edad cuando sus padres se divorciaron. Nadie llor\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquella edad de ansiedades en el so\u00f1ar y pezones en el vestir, era una sabionda que le gustaba hablar de temas que los dem\u00e1s ni siquiera pensaban. Eso la apartaba de cualquier mayor\u00eda y la dejaba relativamente libre para estar como le gustaba vivir: sola. Tambi\u00e9n la convert\u00eda en una adolescente sin cari\u00f1os reales, que compart\u00eda sentimientos con personajes imaginados. Hab\u00eda pasado velozmente de leer La dama de blanco, de Wilkie Collins, a El hombre que fue jueves, de Chesterton. De ah\u00ed en adelante sus gustos se tornaron densos: permaneci\u00f3 mucho tiempo releyendo el poema Cementerio Marino, de Paul Valery, hasta que lo convirti\u00f3 en su ejercicio espiritual y mental de todos los d\u00edas. Era como una incr\u00e9dula rezando.<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00eda con tanta paciencia y detenimiento que pod\u00eda discernir la calidad del papel, adivinar la celulosa por la cantidad de insectos y hongos y la lignina por la aparici\u00f3n de alg\u00fan lunarcillo amarillento en una p\u00e1gina; reconoci\u00f3 las texturas de los diversos papeles, la fragancia o el vaho de las tintas y el modus operandi de los bichos que viven en las bibliotecas junto con los escribidores inmortales.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda conocimiento del Lepisma saccharina o pecesillo de plata, el veloz insecto con escamas y largos filamentos cuyo destino era ser un vicioso de la pega con que encolan el lomo de los libros. Ya de adulta, comprob\u00f3 que todo el mundo tiene la impresi\u00f3n de haber visto alguna vez, pasando en celaje por alg\u00fan rinc\u00f3n de la mente, uno de estos peque\u00f1os monstruos que parecen sardinas de tierra o dijes de pulseras fantasmales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA lo mejor, estos Lepisma saccharina tambi\u00e9n buscan grietas en los rincones de los seres humanos\u201d hab\u00eda pensado alguna vez, por las meras ganas de construir uno de sus chistes negros. Lo cierto es que segu\u00eda asombrada de que un insecto de esos pudiera vivir de los libros m\u00e1s de diez a\u00f1os, toda su existencia, cochina envidia. Y ning\u00fan bichaco le llamaba m\u00e1s la atenci\u00f3n que la carcoma parecida a un escarabajo, la Nicobium castaneum, esa que atraviesa un libro del grueso que sea y deja como huella digital unas profundas galer\u00edas sinuosas. No hay que darle vueltas al asunto: esos escarabajitos acumulan miles de letras en sus diminutos est\u00f3magos. Ella sab\u00eda de estos bichos analfabetas pero le\u00eddos, porque las rumas de libro que hab\u00eda dejado su padre en anaqueles y en cajas constitu\u00edan su mejor entretenimiento solitario. Su madre s\u00f3lo dijo en una ocasi\u00f3n \u201cvende toda esa mierda\u201d, pero despu\u00e9s la dej\u00f3 quieta y se ocup\u00f3 de sus propios avatares.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel divorcio fue el efecto de varias causas. El hombre se torn\u00f3 pellejudo, con aliento de buitre y perdi\u00f3 totalmente las pocas destrezas sexuales que ten\u00eda. La madre engord\u00f3, se llen\u00f3 de estr\u00edas como un mapa a\u00e9reo y de mujer cantarina pas\u00f3 a destacarse en la categor\u00eda de malhumorada profesional. Las desnudeces compartidas entre ellos se fueron espaciando hasta que el ejercicio del sexo parec\u00eda cosa de una vez al a\u00f1o, como la navidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Las ternuras y los cari\u00f1os dieron paso a los refunfu\u00f1os y a la indiferencia. Pero la causa que incluy\u00f3 a los abogados en aquella relaci\u00f3n de veinte a\u00f1os, fue la que ella misma, la silenciosa y martirizada hija, aport\u00f3. Descubri\u00f3 que ten\u00eda un hermano de su misma edad y eso significaba una sola cosa de inter\u00e9s: la madre de ese muchacho, era una amante muy antigua, que su padre les hab\u00eda escondido con sobrada eficiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pap\u00e1 los ocult\u00f3 a ustedes muy bien\u2026 nunca lo sospechamos- le dijo su medio hermano el d\u00eda que se conocieron.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY c\u00f3mo se conocieron? \u00bfc\u00f3mo supo ella que su padre ten\u00eda otra familia desde qui\u00e9n sabe qu\u00e9 tiempos inenarrables?&nbsp; Fue muy f\u00e1cil: a ella le llam\u00f3&nbsp; la atenci\u00f3n que su padre desapareciera invariablemente entre los d\u00edas 14 y 15 de junio. Se percat\u00f3 de esto desde que cumpli\u00f3 los doce a\u00f1os. Su padre manifestaba razones perfectas para estar ausente esos d\u00edas. Su madre no se daba cuenta de las fechas pero ella s\u00ed y los pretextos de viaje de su padre le parecieron demasiado preparados. Su padre era ingeniero civil. Era, porque muri\u00f3 unos a\u00f1os despu\u00e9s en un accidente de tr\u00e1nsito. Trabajaba con unos constructores y viajaba con mucha frecuencia. Pasaba por lo menos dos semanas de cada mes fuera de casa. Y jam\u00e1s se quedaba con ellas entre los d\u00edas 14 y 15 de junio.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue como ella inici\u00f3 la b\u00fasqueda de elementos para sacar conclusiones. En una agenda vieja de su padre encontr\u00f3 una direcci\u00f3n y posteriormente hall\u00f3 la factura de un juego de video y en su hogar no hab\u00eda ni uno solo porque all\u00ed quien usaba la televisi\u00f3n era su madre y s\u00f3lo para ver las telenovelas y algunos programas de cocina. La direcci\u00f3n que encontr\u00f3 era de una ciudad que se hallaba a doscientos kil\u00f3metros apenas de la suya. Por eso tuvo la idea de inventarle a su madre que pasar\u00eda el d\u00eda 14 de junio estudiando con una profesora y se fue al mediod\u00eda hacia la ciudad del misterio. El terminal de autobuses estaba repleto. La gente se api\u00f1aba desordenadamente para comprar boletos. Ella logr\u00f3 asegurar el suyo despu\u00e9s de esperar casi cuarenta minutos en una cola. Se puso a leer apenas el autob\u00fas arranc\u00f3. Casi no le interesaba el paisaje. Al desembarcar en el otro terminal busc\u00f3 un taxi y le inform\u00f3 la direcci\u00f3n. Lleg\u00f3 en quince minutos. Era una urbanizaci\u00f3n de clase media alta. La casa ten\u00eda un nombre: Quinta Mis encantos. No le encontr\u00f3 la causa a ese nombre. El taxista arranc\u00f3 y le ech\u00f3 una mirada por el espejo retrovisor: era una muchacha endeble pero con mucho car\u00e1cter. Ella se aproxim\u00f3 a la puerta de la casa y toc\u00f3 el timbre. Se escuchaba una m\u00fasica escandalosa. La puerta se abri\u00f3 y al fondo, en un patio amplio estaba un conjunto de j\u00f3venes abrumando un rock y varias parejas bailando sin mucha gracia. Un muchacho alto qued\u00f3 enmarcado en la entrada y le pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfEres invitada?- y ella lo mir\u00f3 un instante y le respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-Eres parecido a \u00e9l\u2026-<\/p>\n\n\n\n<p>El joven trat\u00f3 de ponerse serio y de todas maneras dej\u00f3 escapar una risita.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfA qui\u00e9n me parezco?<\/p>\n\n\n\n<p>-A mi pap\u00e1\u2026-dijo ella y en ese instante se asom\u00f3, en efecto, el padre de ambos. El ingeniero palideci\u00f3, pero autom\u00e1ticamente la bes\u00f3 en una mejilla y le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>-Pasa, Nedy\u2026pasa\u2026-<\/p>\n\n\n\n<p>El la llamaba as\u00ed: Nedy. Una mujer esplendorosa, adornada con un vestido verde pegado al cuerpo, se acerc\u00f3 hacia ellos con curiosidad inocultable.<\/p>\n\n\n\n<p>Nedytza pens\u00f3 \u201cyo tambi\u00e9n hubiera enga\u00f1ado a mi mam\u00e1 con una mujer as\u00ed\u201d. Inclusive, not\u00f3 que su padre se ve\u00eda menos pellejudo y m\u00e1s lozano. Y hasta parec\u00eda capaz de ejercer alguna funci\u00f3n amorosa.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho sonre\u00eda mirando a Nedytza y ella de vez en cuando detallaba aquel rostro. Definitivamente su hermano le ca\u00eda bien. No ten\u00eda problemas con eso.<\/p>\n\n\n\n<p>En una mesa hab\u00eda una gran torta de cumplea\u00f1os. La mujer que se acercaba a ellos se hab\u00eda detenido un momento para conversar con una muchacha que cargaba una bandeja de sanduchitos y bocadillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se agarr\u00f3 al brazo de su padre y le dijo en voz bajita \u201cya sabes que te quiero, pap\u00e1\u201d y \u00e9l asinti\u00f3. El joven los mir\u00f3 con cierto despiste y se disculp\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-Tengo que tocar la guitarra\u2026-y se dirigi\u00f3 hacia el grupo de rock.<\/p>\n\n\n\n<p>-El toca con ese conjunto- dijo el ingeniero.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQui\u00e9n le va a contar esto a mam\u00e1?- pregunt\u00f3 ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Su padre no respondi\u00f3. Pero cuando al fin la mujer del traje verde lleg\u00f3 hasta ellos la present\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-Esta es mi hija Nedytza\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Era una mujer elegante, fresca, radiante, atl\u00e9tica y jacarandosa.<\/p>\n\n\n\n<p>-Mucho gusto- le expres\u00f3 la dama y estrech\u00f3 la mano huesuda y tierna de Nedytza. Acto seguido le dijo al ingeniero:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPodemos hablar en nuestra habitaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>Nedytza hizo un gesto de que ella esperar\u00eda y se fue hacia donde tocaba el grupo rockero. Una media hora despu\u00e9s apareci\u00f3 su padre vestido con otra camisa. El se limit\u00f3 a decirle \u201cte voy a llevar al terminal de pasajeros\u201d. El muchacho not\u00f3 que ellos iban a salir y dej\u00f3 la guitarra. Los alcanz\u00f3 y le dijo a Nedytza:<\/p>\n\n\n\n<p>-Te llamar\u00e9 para que nos veamos un d\u00eda de estos\u2026-y le entreg\u00f3 una tarjeta que dec\u00eda \u201cLos desvirgantes\u201d rock duro a domicilio. Ella le respondi\u00f3 con un beso cachetero y leyendo el nombre en la tarjeta lo pronunci\u00f3 por primera vez:<\/p>\n\n\n\n<p>-Feliz cumplea\u00f1os, Toto Samarcanda\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Y ya en el carro, su padre le explic\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-Sus amigos lo llaman Toto\u2026bueno: nosotros tambi\u00e9n\u2026pero su nombre es Antonio\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Sinti\u00f3 l\u00e1stima por su padre. Posteriormente supo que hab\u00eda perdido los dos hogares el mismo d\u00eda. No le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que regresar a casa y decirle a su madre lo ocurrido. Tarde en la noche lleg\u00f3 su padre y su madre rompi\u00f3 varios platos. Ella parec\u00eda escoger los que estaban en peor estado: en el fondo era una mujer muy pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<p>El asunto es que ella caus\u00f3 un desastre con su primera investigaci\u00f3n, pero no&nbsp; ten\u00eda mucha culpa porque cuando sent\u00eda curiosidad por algo ten\u00eda que averiguar todo lo posible hasta encontrar una soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que ella, motolita y bajo perfil, calladita y alevosa, descubr\u00eda cualquier secreto, cualquier enigma o situaci\u00f3n enrevesada. Esa era su gran virtud. Muchos la detestaban por ser tan virtuosa como sabueso. Ahora se desenvolv\u00eda en su ambiente: era Comisario de Homicidios y apenas llevaba diez a\u00f1os en la carrera policial. A las cinco de la ma\u00f1ana, en vez de llamar a la casa de su madre o a la casa de su padre, llamaba a la morgue para conocer las novedades. Su hermano Toto Samarcanda era m\u00e9dico derrapado: fumaba y parrandeaba y de vez en cuando se ve\u00edan para pasar ratos divertidos. Toto y ella dec\u00edan lo mismo, estaban unidos por una consigna: cero matrimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos sus compa\u00f1eros la respetaban y aunque era una mujer de buen ver no sent\u00edan la m\u00e1s m\u00ednima motivaci\u00f3n er\u00f3tica. Algunos dec\u00edan que eso se deb\u00eda a la manera como ella llevaba su pistola, pero en realidad la Comisario de Homicidios Neditza Yamilet Samarcanda L\u00f3pez, harto conocida como la jefa Samarcanda, no excitaba a la masiva ordinariez porque s\u00f3lo hablaba de cr\u00edmenes o de filosof\u00eda. Y cuando se le trancaban las ideas llamaba a Toto y conversaban como dos extra\u00f1os hermanos.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-pulido\/\" target=\"_blank\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Pulido Hace una morisqueta, ensaya un bailecito nervioso y retrocede como un enanito que bromea en el circo, aunque en los sustratos de la memoria es solamente un ni\u00f1o punzando a su madre para que lo quiera. Se deja caer encima del cuero arrugado y suave del largo sof\u00e1 y se recuesta en el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11648,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11647"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11647"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11647\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16352,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11647\/revisions\/16352"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11648"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11647"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11647"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11647"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}