{"id":11635,"date":"2023-04-19T21:08:00","date_gmt":"2023-04-19T21:08:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11635"},"modified":"2024-04-19T21:52:11","modified_gmt":"2024-04-19T21:52:11","slug":"para-que-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/para-que-literatura\/","title":{"rendered":"Una pregunta \u201ct\u00e9cnica\u201d: \u00bfPara qu\u00e9 sirve la literatura?"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gustavo Luis Carrera<\/h4>\n\n\n\n<p>En una \u00e9poca de tan extraordinario desarrollo tecnol\u00f3gico como la actual, la pregunta que antecede no parece in\u00fatil y rebuscada. Por lo menos la posible respuesta no resulta obvia para m\u00faltiples mentes \u201ctecnificadas\u201d que rigen buena parte de los destinos materiales y administrativos de nuestra organizaci\u00f3n social presente. De otro lado, es f\u00e1cil o\u00edr a estudiantes de secundaria de alta vocaci\u00f3n \u201ct\u00e9cnica\u201d, hacer la pregunta al profesor de la materia o lanzar la cuesti\u00f3n al aire, entre los compa\u00f1eros, en tono despectivo: \u201c\u00bfpara qu\u00e9 sirve la literatura?\u201d Asimismo se preguntan para qu\u00e9 sirven las disciplinas human\u00edsticas o art\u00edsticas en general; tanto en su sentido profesional como de art\u00edculo de consumo. En el caso de la literatura, la interrogante se diversificar\u00eda as\u00ed: \u00bfPara qu\u00e9 leer literatura? \u00bfPara qu\u00e9 estudiar literatura? En cambio, las ciencias y las t\u00e9cnicas en general parecen ofrecerles respuestas precisas y estimulantes en el caso de tales preguntas. Hay una directa funci\u00f3n pr\u00e1ctica, hay un uso, una aplicaci\u00f3n de inmediato creadora y justificada. Pero en cambio: \u00bfPara qu\u00e9 sirve la literatura?<\/p>\n\n\n\n<p>No cabe duda de que trata de una pregunta espinosa, inquietante. Con toda seguridad los profesores la toman como un enojoso af\u00e1n de molestar de parte de adolescentes deformados o ignaros, y les contestan en pocas palabras cortantes, o aparentan desde\u00f1ar el planteamiento cuya respuesta se les antoja obvia y lo dejan pasar, sin detenerse a ninguna consideraci\u00f3n interna, con un gesto de indiferencia. En otros casos el profesor desprevenido que de buena fe intente la respuesta adecuada deber\u00e1, repentinamente, recurrir a nerviosos esfuerzos para dar con t\u00e9rminos de contestaci\u00f3n de alguna objetividad concreta. Y es que en verdad es una pregunta-infinito, una trampa sin fondo. Pero, all\u00ed sigue, \u201ct\u00e9cnicamente\u201d planteada: \u00bfPara qu\u00e9 sirve la literatura? Y no hay m\u00e1s remedio que buscar el modo de encararla.<\/p>\n\n\n\n<p>De antemano es necesario dejar de lado las respuestas directas o naturales: la literatura sirve para hacerla, ense\u00f1arla, entenderla; es decir, las soluciones ofrecidas por el escritor, el lector, el estudioso, el profesor y el editor y el librero. O sea de aquellos que en cierto modo viven en o de la literatura. Y no porque estas respuestas no sean v\u00e1lidas -por el contrario, son seguramente las m\u00e1s sinceras y vigorosas\u2014, sino porque su r\u00edgido enunciado presupone una serie de antecedentes y afinidades que no todo el mundo posee y sobre todo si se piensa en las mentes \u201ct\u00e9cnicas\u201d, la ineficacia de la contestaci\u00f3n espont\u00e1nea parece total. Como ejemplo puede imaginarse que a la respuesta: \u201cla literatura sirve para leerla\u201d, seguir\u00e1 la segunda pregunta: \u00bfY para qu\u00e9 sirve leer literatura?\u201d, y as\u00ed ir\u00e1n surgiendo r\u00e9plicas y contrarr\u00e9plicas en sucesi\u00f3n interminable. En suma, que no hay m\u00e1s remedio que tratar de aproximarse a los aspectos esenciales de la cuesti\u00f3n aun a sabiendas de la vastedad y los espejismos que la caracterizan y enrevesan. En fin, por lo menos una l\u00ednea de b\u00fasqueda puede llegar a trazado firme. Una v\u00eda inicial bien corresponder\u00eda al concepto de la literatura como peculiar manera de expresi\u00f3n, como medio elevado de aprehensi\u00f3n de realidades, como forma de conocimiento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una forma de conocimiento<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las necesidades del hombre de conocerse a s\u00ed mismo y la realidad circundante encuentran fuentes de satisfacci\u00f3n en los modos de conocimiento. Dentro de este conjunto de instrumentos destinados a aprehender realidades que inquietan -pregunta, obst\u00e1culo, est\u00edmulo al hombre encuentra lugar la literatura -al igual que las artes en general- como una forma de conocimiento que revela asuntos diferentes de los correspondientes a otros m\u00e9todos de conocimiento, como las ciencias y la filosof\u00eda. De base, la distinci\u00f3n puede se\u00f1alarse -al caracterizar a la ciencia como due\u00f1a de un m\u00e9todo discursivo &#8211; por l\u00f3gico y demostrable- y a la literatura como depositar\u00eda de un m\u00e9todo expositivo, que presenta y representa. Esta representaci\u00f3n literaria -que implica una asimilaci\u00f3n y un reflejo interpretativo de las cosas busca la proyecci\u00f3n de una verdad, de lo veros\u00edmil, a trav\u00e9s de una elaboraci\u00f3n art\u00edstica eficaz. Es, en \u00faltima instancia la verdad literaria -que no es toda la verdad ni la \u00fanica revelaci\u00f3n de la verdad, distinta de la verdad palpable, cronol\u00f3gica y circunstancial de la realidad circundante, y que es una verdad estructurada de acuerdo a una selecci\u00f3n y un prop\u00f3sito, para la permanencia de los significados y las formas. En tal sentido, dicha representaci\u00f3n literaria revela cualidades que de manera corriente no se perciben en las cosas y que se diferencian de los conocimientos anal\u00edticos y concluyentes que proporciona el campo cient\u00edfico. Y ello, fundamentalmente, porque la literatura es vida: hace vivir al hombre en su fisiolog\u00eda y su medio social, lo presenta actuante en su momento hist\u00f3rico, dinamizado en sus perfiles psicol\u00f3gicos y en el mundo de sus ideas. Es el hombre general y particular: el tipo y el caso: la simbolog\u00eda y la concreci\u00f3n. Es la verdad literaria, ambiciosa y admirable que busca cubrir dilatadas zonas de la caracterizaci\u00f3n esencial \u2014intimidad y comportamiento del hombre. Es un objetivo del arte, que como se\u00f1ala Juan Carlos Portantiero (Realismo y realidad en la narrativa argentina), en su condici\u00f3n de \u201cparte totalizadora del proceso general unitario de apropiaci\u00f3n humana de la realidad, debe aspirar a eliminar las parcelaciones, a aprehender ese complejo mundo objetivo y subjetivo, en el que individuos y grupos, sociedad y naturaleza act\u00faan rec\u00edprocamente, como una totalidad omnicomprensiva\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de ese poder de creaci\u00f3n de vida de la literatura, precisamente se ha llegado a considerar que su materia no s\u00f3lo ofrece conocimiento, experiencia sensible y placer est\u00e9tico al buen lector, sino que adem\u00e1s suministra elementos de informaci\u00f3n y estudio de determinadas disciplinas cient\u00edficas. En la actualidad no resulta nada extra\u00f1o afirmar que la historia, la psicolog\u00eda y la sociolog\u00eda, por ejemplo, pueden encontrar materiales de provecho directo indirecto en obras literarias. Otro tanto puede destacarse con respecto a la filosof\u00eda y el panorama general de las ideas y la cultura. Es evidente que el riguroso concepto determinista de Taine de la literatura como documento directo y totalmente fidedigno de un orden social y espiritual resulta excesivo y sobre todo desfigurador de su \u00edndole est\u00e9tica; pero no es menos cierta la exactitud de ese valor relativo antes se\u00f1alado de la literatura como fuente de representaci\u00f3n informativa que puede esclarecer o fundamentar asertos de orden cient\u00edfico o sistem\u00e1tico universal.<\/p>\n\n\n\n<p>En su categor\u00eda de forma de conocimiento, la literatura llega a proporcionar la visi\u00f3n m\u00e1s o menos integral de aspectos poco exploradas del mundo sensible e intuitivo del hombre, muchas de cuyas peculiaridades no rese\u00f1an las ciencias precisamente por la \u00edndole huidiza y no experimental de tales fen\u00f3menos. Algunos de ellos apenas comienzan a ser penetrados por la psicolog\u00eda. De igual modo, se hace patente el valor de la literatura como v\u00eda de conocimiento del grupo social, tanto por parte del individuo lector como de la sociedad misma. El hombre adquiere noci\u00f3n de su propio medio y el conjunto social o por lo menos buena parte de \u00e9l aprecia su propio reflejo. En este sentido, y en consideraci\u00f3n de la literatura activa, de denuncia social y ansias de superaci\u00f3n progresista, se destaca con toda claridad el alcance de la obra literaria como revulsivo para la renovaci\u00f3n de las formas organizativas de la sociedad. Sartre (\u00bfQu\u00e9 es la literatura?) lo dice de forma elemental e idealista: \u201cPor medio de la literatura\u2026 la colectividad pasa a la reflexi\u00f3n y a la meditaci\u00f3n y adquiere una conciencia turbada y una imagen desequilibrada de s\u00ed mismo que trata sin tregua de modificar y mejorar\u201d. Detr\u00e1s del hecho hay mucho de combate de ideas, de conflicto de clases y de oportunidad pol\u00edtica, pero el fen\u00f3meno es cierto, a fin de cuentas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas l\u00edneas de consideraciones generales van apuntando algunos de los modos de revelaci\u00f3n do la literatura como forma de conocimiento. Los puntos esbozados llevan a una constataci\u00f3n provisional: la literatura refleja la vida de las cosas y del hombre (En este caso las cosas pueden asimilarse al concepto de Naturaleza y el hombre implica toda su propia carga objetiva y subjetiva). Pero surge de inmediato una interrogante: \u00bfen la medida en que la literatura es una forma de conocimiento y por igual una v\u00eda de expresi\u00f3n, es tambi\u00e9n una forma de propaganda?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Expresi\u00f3n y propaganda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De el modo m\u00e1s directo podr\u00edan encadenarse las ideas siguientes: como f\u00f3rmula expresiva, la literatura dice, al decir difunde ideas, al difundir hace propaganda. Pero el asunto es de gran complejidad. Hay que empezar por determinar un sentido concreto a la propaganda en su manifestaci\u00f3n literaria (o art\u00edstica en general, cabr\u00eda agregar). <\/p>\n\n\n\n<p>Com\u00fanmente se llama literatura de propaganda a la que defiende alguna posici\u00f3n ideol\u00f3gica o manera org\u00e1nica de ver las cosas o modo concreto de pensar, que ostente alg\u00fan determinado r\u00f3tulo en la historia del pensamiento, \u00bfPero es justa esta limitaci\u00f3n? En todo caso, \u00bfno ser\u00eda tambi\u00e9n literatura de propaganda la que disemina y auspicia las ideas del autor, aunque ellas no puedan ubicarse en ninguna escuela, corriente o partido clasificado? El proceso viene a ser el mismo: divulgar, en sentido enaltecedor, expl\u00edcito o impl\u00edcito, una concepci\u00f3n de la vida. Hay expresi\u00f3n: hay divulgaci\u00f3n: hay propaganda. Y cabe aqu\u00ed una pregunta abierta: \u00bfpuede concebirse una obra literaria de valor y significaci\u00f3n que no encierre una concepci\u00f3n de la vida que ella misma abarca?<\/p>\n\n\n\n<p>Parece evidente que toda obra literaria lleva el af\u00e1n, consciente o inconsciente de base, de conducir al lector a aceptar y compartir un punto de vista, una actitud ante la vida, m\u00e1s all\u00e1 del puro efecto de emoci\u00f3n est\u00e9tica. Es en el fondo, el inevitable mensaje espiritual (que los esteticistas se empe\u00f1an absurdamente en negar) que contiene la obra literaria, como producto de un hombre que busca expresarse, comunicarse. Porque, tal como anota Robert Escarpit (Sociolog\u00eda de la literatura): \u201cTodo escritor en el momento de escribir, tiene un p\u00fablico presente en la conciencia, aunque s\u00f3lo fuese \u00e9l mismo. Una cosa no est\u00e1 enteramente dicha sino cuando se dice a alguien\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En este di\u00e1logo, en ese decir- algo para alguien, es donde se patentiza la relaci\u00f3n social entre el escritor y el p\u00fablico. Y esa relaci\u00f3n toma de inmediato car\u00e1cter de compromiso. Es un hecho que se ha ido haciendo m\u00e1s intenso y general en nuestra \u00e9poca. Hasta cr\u00edticos de ideas particularmente reaccionarias como Guillermo Torre (Problem\u00e1tica de la literatura) reconocen que se ha producido de manera definitiva el paso de la literatura \u201cgratuita\u201d a la literatura \u201cresponsable\u201d; de la literatura \u201cdesprendida\u201d a la \u201ccomprometida\u201d. Para explicarse la situaci\u00f3n, de Torre se\u00f1ala que ha ocurrido un desplazamiento del \u201chombre est\u00e9tico\u201d por el \u201chombre social\u201d, pero esto no es m\u00e1s que determinar de modo apresurada y superficial un fen\u00f3meno harto complejo, que requiere estudios y constataciones reposadas; m\u00e1s a\u00fan cuando el cr\u00edtico admite que el propio Spranger, te\u00f3rico de la cuesti\u00f3n, no se atreve a hacer afirmaciones categ\u00f3ricas al respecto. As\u00ed, en esta b\u00fasqueda de v\u00edas de soluci\u00f3n a la pregunta \u201c\u00bfPara qu\u00e9 sirve la literatura?\u201d, surgen dos se\u00f1alamientos nuevos: la literatura es propaganda y es compromiso. Es necesario, pues, acercarse a estos conceptos.<\/p>\n\n\n\n<p>La propaganda es manifiesta en todas las obras literarias; aunque en determinadas \u00e9pocas o circunstancias parece m\u00e1s resaltante dicho mensaje divulgado a los cuatro vientos. Bastar\u00eda con pensar en violenta enumeraci\u00f3n en la literatura romana de la \u00e9poca de Augusto, la difusora y apolog\u00e9tica del cristianismo, la humanista del renacimiento, el Teatro Cl\u00e1sico espa\u00f1ol, la comedia de Moliere, el debate ideol\u00f3gico en el siglo XVIII, la renovaci\u00f3n espiritual rom\u00e1ntica, el experimento naturalista, el cambio modernista en Am\u00e9rica, la actual poes\u00eda revolucionaria mundial, la joven narrativa de rebeld\u00eda y denuncia. \u00bfPero en verdad hace falta citar ejemplos? Todo escritor trabaja con palabras y al hacerlo va encadenando significados que responden a una manera peculiar de ver las cosas, y en esa visi\u00f3n particular por fuerza se manifiesta una actitud, una toma de posici\u00f3n. Es absurdo suponer la posibilidad de un reflejo imparcial de la sociedad y del hombre. Esa objetividad ideal se pierde al pasar por la mente y la sensibilidad del propio creador de literatura (o de arte en general). All\u00ed esta, ineludible, necesaria, la propaganda.<\/p>\n\n\n\n<p>Problema aparte lo constituye el compromiso y m\u00e1s a\u00fan la conciencia del compromiso. En un sentido general, el compromiso se revelar\u00eda en esa misma relaci\u00f3n y correspondencia del escritor con su \u00e9poca, su medio, y su propia, defensa de sus ideas con el prop\u00f3sito de difundir puntos de vista dirigidos a provocar reflexi\u00f3n y renovaci\u00f3n de la sociedad. Pero una de las formas m\u00e1s extendidas del concepto de compromiso se debe fundamentalmente a Sartre (ob. cit.), a trav\u00e9s del supuesto de que el escritor comprometido sabe que la palabra es acci\u00f3n y que revelar es cambiar, por lo tanto el solo hecho de revelar supone el prop\u00f3sito de un cambio. Pero esto es cierto s\u00f3lo como un punto de partida, no como una actitud total y suficiente. <\/p>\n\n\n\n<p>Hay que saber el cambio que se aspira a impulsar para que la condenaci\u00f3n de una realidad siga su consecuente camino evolutivo. Saber ad\u00f3nde se va o se quiere ir, y estar dispuesto a participar en la edificaci\u00f3n de ese nuevo estado. Ya que, como observa Portanticro (ob. cit.), el compromiso inconformista, \u201cantiburgu\u00e9s\u201d, abstracto, es incapaz de construir algo distinto de esa sociedad que rechaza; sus bases son s\u00f3lo esquemas y valoraciones de tipo moral y su \u201cnegatividad\u201d es pura, sin proyecciones pr\u00e1cticas. As\u00ed, m\u00e1s importante que la existencia del compromiso de hecho inevitable es para el escritor el tener conciencia de ese compromiso y darle car\u00e1cter din\u00e1mico creciente. Y es all\u00ed donde juegan papel decisivo las concepciones ideol\u00f3gicas del escritor o su af\u00e1n de progreso, su amor al pueblo y su nobleza de ideales, le llevar\u00e1n a adherirse a las causas m\u00e1s justas en defensa de las mayor\u00edas populares, que es como decir en defensa de la dignidad y del futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en este punto de las presentes consideraciones de aproximaci\u00f3n al tema, podr\u00eda observarse que ha llegado el momento de hacer referencia al tradicional planteamiento de pretendido car\u00e1cter antag\u00f3nico que distingue elementos predominantemente art\u00edsticos o ideol\u00f3gicos en cada obra seg\u00fan sus caracter\u00edsticas y prop\u00f3sitos. Es decir, la forma expresiva y la idea trasmitida: el veh\u00edculo de penetraci\u00f3n y el objeto intelectual: lo dulce y lo \u00fatil, en \u00faltima instancia. En efecto, es tiempo de la referencia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lo dulce y lo \u00fatil<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El asunto es de la m\u00e1s absoluta antig\u00fcedad: ya en Horacio se patentiza el concepto de la poes\u00eda como \u201cdulce y \u00fatil\u201d a un tiempo. Los preceptos renacentistas vigorizan la formulaci\u00f3n al proclamar que la poes\u00eda deleita ense\u00f1ando o ense\u00f1a deleitando. Es un planteamiento due\u00f1o de una firme tradici\u00f3n. Nuevos enfoques y enriquecimientos dial\u00e9cticos de la tesis desde el neoclasismo y el romanticismo hasta nuestros d\u00edas, revelan su transcendencia y el valor vigentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no se trata de una feliz y armoniosa unidad de conceptos. Por el contrario, con frecuencia a lo largo de la historia de la literatura (de la historia de las artes, podr\u00eda decirse), lo dulce y lo \u00fatil se han tomado como t\u00e9rminos antit\u00e9ticos de la m\u00e1s absoluta oposici\u00f3n. Y esta tendencia polar con respecto a la significaci\u00f3n de tan profundas esencias de la obra literaria, lleva a considerarlas en sus espec\u00edficas categor\u00edas propias.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo dulce va asociado a la forma externa de lo literario y al placer est\u00e9tico que se deriva de su apreciaci\u00f3n. Tambi\u00e9n podr\u00eda asimilarse a m\u00e1s complejas motivaciones placenteras de orden espiritual prevenientes de elementos internos, tem\u00e1ticos o discursivos. Pero en todo caso, siempre encerrar\u00eda como factor primario la captaci\u00f3n y trasmisi\u00f3n del placer. (Hay que aclarar, en seguida, que se trata no de un placer cualquiera, semejante al que proporcionan los sentidos en su alcance m\u00e1s inmediato, sino de un placer de evidente condici\u00f3n superior, cuyo car\u00e1cter se representa del modo m\u00e1s sublime en la denominaci\u00f3n de \u201cplacer est\u00e9tico\u201d). Lo dulce vendr\u00eda a ser lo placentero, captable de modo sensorial y an\u00edmico, pero sin un verdadero proceso de aprehensi\u00f3n de ense\u00f1anzas y sistemas de pensamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo \u00fatil de otra parte, ser\u00eda lo que se aprende, lo que se capta con posibilidades de enriquecer la experiencia y el conocimiento propios. (Igualmente aqu\u00ed cabe precisar que esa ense\u00f1anza humana y cultural se diferencia por completo de la instrucci\u00f3n directa y normativa, de ordenamiento acad\u00e9mico, que pueden proporcionar los libros de textos. Es un fen\u00f3meno muy amplio de traspaso de actitudes y visiones ante y de la vida, que no se rige por simples prop\u00f3sitos did\u00e1cticos finalistas, sino que persigue compenetraciones emotivas e intelectuales previas a toda sugerencia ideol\u00f3gica). Corresponder\u00eda a lo \u00fatil la parte aprovechable de toda lectura en un sentido humano, social y cultural pr\u00e1ctico, de posible aplicaci\u00f3n como bagaje intelectual o como principio rector para la vida en sociedad y sus forzosos procesos evolutivos. Es decir, en suma, como instrumento vital para el hombre en s\u00ed y para su ubicaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPero se justifica esta supuesta ant\u00edtesis? \u00bfC\u00f3mo se manifiesta el problema de acercar los dos pretendidos extremos? Si se aproximan los conceptos de lo dulce y lo \u00fatil, la ant\u00edtesis comienza a disiparse. En primer lugar, la sola divisi\u00f3n de los factores integrales de una obra literaria  en dulces y \u00fatiles resulta una discriminaci\u00f3n arbitraria e insostenible. La violencia que implica le resta exactitud, y de all\u00e1 su derrumbamiento como principio firme. Para aceptar su aplicaci\u00f3n habr\u00eda que comenzar por dirimir la interminable discusi\u00f3n sobre forma y fondo y aun, entonces, el absurdo de un desdoblamiento de la personalidad del escritor en est\u00e9tica y social; todo lo cual, en el mejor de los casos, no exceder\u00eda de los l\u00edmites de una discusi\u00f3n bizantina o una b\u00fasqueda abstrusa.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s: \u00bfdarle al producto literario la sola posibilidad de comunicar lo dulce, no ser\u00eda limitarlo a la categor\u00eda de juego, de hermosa diversi\u00f3n? Sin negarle validez a la teor\u00eda l\u00fadica sobre el origen de la poiesis impulsada por Huizinga (Homo ludens), no puede afirmarse que la obra literaria sea e1 resultado de un mero juego intelectual, simplemente porque es al mismo tiempo una elaboraci\u00f3n, un trabajo. Por detr\u00e1s de la belleza externa y el poder de expresar vida, han quedado la selecci\u00f3n de elementos, la distribuci\u00f3n de partes, el basamento estructural. Y aqu\u00ed de nuevo han surgido los dos polos: el juego y el trabajo. Lo cual lleva a observar de inmediato con R. Wellek y A. Warren (Teor\u00eda literaria), que el concepto absoluto de \u201ctrabajo\u201d olvida el goce de la obra literaria y el de \u201cjuego\u201d descarta su condici\u00f3n de \u201cobra \u00fatil\u201d de un artista y su gravedad e importancia: Observaci\u00f3n que pone en guardia acerca de cualquiera de los enfoques extremos como \u00fanica visi\u00f3n v\u00e1lida, y que ya apunta hacia una integraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 hay detr\u00e1s de todos estos planteamientos reflejos? Hay que el puro entretenimiento y la evasi\u00f3n s\u00f3lo pueden pensarse en el caso de la infraliteratura de las novelas rosas, los \u201cdigests\u201d y cuadernillos espurios de consumo mec\u00e1nico (Aun en esos casos un estudio cuidadoso habr\u00eda de revelar s\u00ed el entretenimiento y la evasi\u00f3n tienen realmente car\u00e1cter absoluto). Hay que la literatura no es hermosa cobertura y nada m\u00e1s; y esto ni siquiera en el caso de s\u00f3lo ver en ella la comunicaci\u00f3n de un sentimiento est\u00e9tico, puesto que, como anota A- Tegorov (Arte y Sociedad): \u201cSer\u00eda un craso reducir el sentimiento est\u00e9tico a las sensaciones, ya que \u00e9stas no son m\u00e1s que un reflejo sensorial directo de unas u otras propiedades del objeto: el sentimiento est\u00e9tico, en cambio, nos da una comprensi\u00f3n \u00edntegra del objeto que ha pasado ya por la conciencia y tiene valor de conocimiento. El sentimiento est\u00e9tico es regido por la idea y est\u00e1 a su servicio, pues refleja los aspectos substanciales, las relaciones y cualidades est\u00e9ticas de la realidad, provocando determinado impulso creador que incita a la acci\u00f3n. He all\u00ed una de las claves del problema: el fen\u00f3meno est\u00e9tico incluye la percepci\u00f3n sensible y la revelaci\u00f3n do la idea.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo literario se ha visto c\u00f3mo se apuntan posibles extremos esteticistas puros y utilitarios del m\u00e1s pleno pragmatismo. Pero, en verdad se trata de puntos l\u00edmites, un tanto te\u00f3ricos y sobre todo ya en terrenos que se salen de lo literario: el simple juego caprichoso -y el panfleto desnudo. En el fondo hay un soporte determinante: el talento del creador y su consecuencia con los principios art\u00edsticos. Ser\u00e1, entonces, un problema de g\u00e9nero y de  calidad. Pero en la v\u00eda concluyente se perfila de todos modos en que la literatura, como creaci\u00f3n de arte, integra los elementos expresivos e ideol\u00f3gicos en un producto de vastas proyecciones humanas que tiende hacia un equilibrio de porcentajes y que se dirige al hombre sensible y pensante. Sartre (ob . cit,) hace una advertencia rotunda, digna de recordarse: si el arte de escribir \u201cfuera a convertirse en pura propaganda o pura diversi\u00f3n, la sociedad volver\u00eda a caer en la pocilga de lo inmediato, es decir, en la vida sin memoria de los himen\u00f3pteros y los gaster\u00f3podos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, al buscar respuestas a la viva pregunta: \u201c\u00bfPara qu\u00e9 sirve la literatura?\u201d, es necesario volver donde el viejo Horacio para repetir con \u00e9l que la literatura es dulce y es \u00fatil. Que la belleza formal y el mensaje ideol\u00f3gico son elementos integrados y necesarios. Que as\u00ed como toda elaboraci\u00f3n art\u00edstica, refleja lo dulce, toda actitud ante la vida, toda visi\u00f3n del hombre y su problem\u00e1tica refleja lo \u00fatil, (Cosa aparte son el compromiso consciente y la orientaci\u00f3n activa, como se ha visto). De modo que se tienen esbozos de respuestas: la literatura sirve para crear belleza y allegar conocimiento: para satisfacer necesidades est\u00e9ticas e ideol\u00f3gicas del hombre, que es como decir esencialmente humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ya se ha se\u00f1alado que la interrogante b\u00e1sica es una pregunta infinita. Las l\u00edneas de respuestas pueden ser m\u00faltiples y complejas, tanto como cada parte y cada \u00e1ngulo de la v\u00eda escogida. En este caso s\u00f3lo se ha seguido un camino de se\u00f1ales. Y no queda m\u00e1s que una \u00faltima declaraci\u00f3n: est\u00edmulo final: futuro abierto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfApolog\u00eda ingenua?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De entrada puede advertirse que toda apolog\u00eda comporta cierto grado de ingenuidad, en cuanto escoge las luces y los aciertos, dejando de lado con rincones oscuros y los inevitables fiascos. (Con ello puede quedar, tal vez, este aparte a salvo de malas interpretaciones.) En nuestro medio es frecuente que los detractores de la literatura pongan en duda su inter\u00e9s y su funci\u00f3n. (\u201c\u00bfPara qu\u00e9 sirve la literatura ?\u201d); pero cada d\u00eda son m\u00e1s numerosos, aun entre profesionales del campo literario, quienes a la pregunta; \u00bfa d\u00f3nde va la literatura?\u201d, responden: \u201ca la desaparici\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta actitud inhumante proviene de la constataci\u00f3n de hechos indudables en nuestra sociedad actual. Son fen\u00f3menos paliables: es creciente el imperio del mal cine, la televisi\u00f3n, las \u201cnovelas,, radiof\u00f3nicas y las revistas de mu\u00f1equitos y de \u201ccondensados\u201d novelescos; mientras decae el auge de la literatura como actividad cultural de primer orden, los lectores son cada vez grupos m\u00e1s reducidos (y los compradores menos a\u00fan), los verdaderos amantes de la poes\u00eda son casi individualidades contadas, en general el creador literario ha perdido su prestigio relevante, opacado por estrellas del cine, de la televisi\u00f3n del deporte. Ante el fen\u00f3meno, indudable signo de nuestro sistema social, son numerosos los intelectuales de grande y escaso valor que presagian la sustituci\u00f3n de la literatura por los medios audiovisuales ya se\u00f1alados (sobre todo en sus manifestaciones m\u00e1s pedestres e intrascendentes), para consumo de un p\u00fablico cada vez m\u00e1s perezoso, superficial y homog\u00e9neo. Es una actitud derrotista cuando no interesada cuyo escepticismo impide a sus sostenedores ver que detr\u00e1s de la situaci\u00f3n se encuentra un problema de \u00edndole cultural y social. El inter\u00e9s por la difusi\u00f3n de la cultura y por el mantenimiento del valor preponderante de las artes entre las m\u00e1s elevadas actividades del esp\u00edritu humano, s\u00f3lo puede tener categor\u00eda general, de aplicaci\u00f3n com\u00fan, en sistemas sociales distintos al nuestro. Se necesita que sean superados los mezquinos objetivos comerciales que rigen los destinos de nuestra organizaci\u00f3n cultural, y que haya un desinteresado af\u00e1n por hacer participar a grupos cada vez mayores, masivos, en, el mundo de la cultura, y de las artes en particular. Por otra parte, en momentos en que se anuncian en el mundo importantes cambios realmente pr\u00f3ximos de necesario avance pol\u00edticos y social, de verdadera transformaci\u00f3n esencial de los sistemas tradicionales capitalistas en todos los torrentes vitales es ofuscamiento o desorientaci\u00f3n presagiar aniquilamiento para la literatura o para cualquier arte, \u00bfNo es m\u00e1s propio considerar que para la inmediata sociedad basada en la defensa del hombre y sus derechos a la elevaci\u00f3n material y espiritual, la literatura, como las dem\u00e1s artes, ocupar\u00e1 lugar sobresaliente en importancia y desarrollo? Adem\u00e1s, realidades comprobables lo demuestran ampliamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ello porque la literatura, como expresi\u00f3n art\u00edstica y como forma peculiar de conocimiento, seguir\u00e1 existiendo como due\u00f1a de un territorio creador donde no penetran otras artes y mucho menos los famosos medios audiovisuales tan en boga. (Claro est\u00e1 que estos mismos sistemas de difusi\u00f3n por la imagen y el sonido encuentran su propio campo de acci\u00f3n, que en su desarrollo y adecuada orientaci\u00f3n tendr\u00e1n cada vez mayor calidad art\u00edstica y funci\u00f3n cultural. Como lo ha demostrado el cine en relaci\u00f3n con el teatro. Problema aparte es el de la calidad; deficiencias t\u00e9cnicas, inter\u00e9s comercial, ausencia de sensibilidad art\u00edstica). La literatura est\u00e1 ligada a las necesidades est\u00e9ticas del hombre, a sus requerimientos de indagaci\u00f3n de su precio mundo interior y a su b\u00fasqueda de orientaciones y claves de comprensi\u00f3n para la vida en sociedad, para su determinaci\u00f3n de ideales y normas de superaci\u00f3n. Todo de un modo \u00edntimo y revelador que no pueden nunca alcanzar cuantos manuales y textos se lo propongan. De una manera profunda e incitante que se deriva de su penetraci\u00f3n a un tiempo por las antenas sensibles e intelectuales del individuo, lo que equivale a decir; en una captaci\u00f3n integral del individuo.<\/p>\n\n\n\n<p>De all\u00ed que la experiencia de la lectura literaria resulte para todo buen esp\u00edritu receptivo un camino de experiencias, un mundo de revelaciones. A la leg\u00edtima emoci\u00f3n est\u00e9tica, percibida en incesante disfrute, se a\u00f1aden las voces claras de la vida y las ideas. As\u00ed mientras fluya del Quijote todo un eterno planteamiento vital junto al enfoque caracterizado de una \u00e9poca: mientras las pasiones humanas transiten insospechados caminos de sobrecogimiento en S\u00f3focles, en Shakespeare, en Calder\u00f3n; mientras los horizontes interiores perfilen sus luces y sus sombras en Dostoievsky; mientras la palabra comunique su belleza esencial en Garcilaso, en Verlaine; mientras el alma de un pueblo aflore en Gallegos; habr\u00e1 literatura. As\u00ed, mientras la vida total, menuda, noble, mezquina, contradictoria, agite sus se\u00f1ales en Balzac mientras la trampa del relato absorbente se cierre sobre el asombro del lector en Chejov, en Poe, en Quiroga; mientras lo popular reaviva cada vez su esp\u00edritu de m\u00faltiples pasos en el Romancero, en Lope; mientras el hombre diga su firme palabra de acci\u00f3n en Gorki; mientras el milagro po\u00e9tico extienda la l\u00ednea de la belleza para ubicar lo humano y lo social en Machado, en Neruda; habr\u00e1 literatura. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfResulta ingenuo citar nombres? Tal vez. Son tantos y de tal disimilitud, que toda enumeraci\u00f3n es solo un p\u00e1lido recuento que desemboca en la ineficiencia del capricho. \u00bfEn el fondo no se trata m\u00e1s de una oportunidad de memoria y afinidades? Seguramente. Pero cada nombre incompleto, cada nombre inseguro, cada nombre arbitrario es punto de partida de eficaces sugerencias. Son se\u00f1alamientos literarios que lanzan el recuerdo a revivir. Los nombres pueden cambiar (\u00a1siempre el capricho!), pero el hecho se mantiene aferrado al entusiasmo: la literatura subsiste porque ora en el hombre mismo. Creaci\u00f3n y lectura son dos actitudes vitales. As\u00ed, mientras exista el hombre, habr\u00e1 literatura; mientras cada vez m\u00e1s la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre se transforme en el mejoramiento del hombre por la sociedad, el auge de la literatura ir\u00e1 en ascenso. \u00bfIngenuidad de apologista? No parece, pues ya las luces rompen tambi\u00e9n en el futuro cercano y nuestro.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Escarpit, Robert (1971). Sociolog\u00eda de la literatura. Barcelona: oikus-tau.<\/p>\n\n\n\n<p>Huizinga, Johan (2008). Homo ludens. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. <\/p>\n\n\n\n<p>Portantiero, Juan Carlos (2011). Realismo y realidad en la narrativa argentina. Buenos Aires: Eudeba<\/p>\n\n\n\n<p>Wellek y A. Warren (2009). Teor\u00eda literaria. Madrid: Gredos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sartre, Jean- Paul (2003). \u00bfQu\u00e9 es la literatura? Buenos Aires: Editorial Losada.<\/p>\n\n\n\n<p>Yegorov, A. (1961). Arte y sociedad. Montevideo: Ed. Pueblos Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Torre, Guillermo (1951). Problem\u00e1tica de la literatura. Buenos Aires: Editorial Losada.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gustavo-luis-carrera\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Fuente del texto e imagen: Entreletras, N\u00b0 11. Enero-junio de 2022. pp. 19-24<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gustavo Luis Carrera En una \u00e9poca de tan extraordinario desarrollo tecnol\u00f3gico como la actual, la pregunta que antecede no parece in\u00fatil y rebuscada. 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