{"id":11612,"date":"2024-04-17T19:37:53","date_gmt":"2024-04-17T19:37:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11612"},"modified":"2024-04-23T21:38:49","modified_gmt":"2024-04-23T21:38:49","slug":"cuentos-de-keila-vall-de-la-ville","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-keila-vall-de-la-ville\/","title":{"rendered":"Cuentos de Keila Vall de la Ville"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas, o te voy a contar qui\u00e9n soy<\/h3>\n\n\n\n<p>Cuando llegu\u00e9 me dije: Llegu\u00e9. Ya estoy en Madison. Es m\u00e1s econ\u00f3mico que Manhattan, apenas a cuarenta y cinco minutos de viaje en tren, y tengo a Josefina. Jose llevaba apenas dos a\u00f1os en el pueblo y se mud\u00f3 entonces gracias a que su hija, casada con un mexicano, la pidi\u00f3. Esper\u00f3 durante a\u00f1os. Al final le salieron los papeles y un buen d\u00eda, agradecida con mis padres pero sin pensarlo dos veces, se despidi\u00f3 en el umbral de la reja azul de mi casa, nos dio abrazos salados, y se vino a los Estados Unidos. Como dice ella:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Eso fue darle un abrazo a Bel\u00e9n, conocer a Justino, dejar la maleta en la sala y salir a buscar. Para luego es tarde. Cuando eres inmigrante no hay trabajo malo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed mismo como se despidi\u00f3, me recibi\u00f3 frente a la puerta de madera de su casa. Me ayud\u00f3 a arrastrar mi maleta, y me ofreci\u00f3 un jugo de tamarindo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Este es el plan\u2013 me dijo. Y me cont\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella limpia casas y oficinas, pasea y cuida mascotas, riega plantas, ha lavado platos y servido mesas y ha hecho <em>catering<\/em> para eventos de la iglesia pentecostal del pueblo. Ahora mismo trabaja como costurera en una lavander\u00eda y mantiene cinco o seis clientes privados. Les resuelve la vida, dice. Me lo imagino perfectamente, y entiendo ahora que eso era lo que ella hac\u00eda con nosotros en casa: resolvernos la vida. Jose se ha mudado nueve veces en estos dos a\u00f1os. Ahora vive en la planta baja de una casa, en un anexo de una habitaci\u00f3n, sala comedor y lavandero, con Eleazar, que trabaja como vendedor en una tienda de fotograf\u00eda, y dice que escribe poes\u00eda. Esto \u00faltimo no me consta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente de darme la bienvenida, ofreci\u00e9ndome una taza de caf\u00e9 y una arepa de queso, pero tambi\u00e9n ya poni\u00e9ndose un impermeable y con la cartera en la mano, me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Voy saliendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfTe vas? \u00bfY el plan?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Si me quedo se me hace tarde. Te va a venir a buscar Sebasti\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfSebasti\u00e1n?<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda terminado de hacer la pregunta cuando un colombiano m\u00e1s o menos de mi edad, de unos veintipocos a\u00f1os, se apareci\u00f3 en la puerta. Su saludo fue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Vamos. Al Tri\u00e1ngulo de las Bermudas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin preguntar me atragant\u00e9 el caf\u00e9, di dos mordiscos a la arepa, la envolv\u00ed y la met\u00ed en el bolsillo (no ten\u00eda idea de cu\u00e1ndo volver\u00eda a comer) y me fui tras \u00e9l. En seguida me di cuenta de que ten\u00eda muchas ganas de hacer pip\u00ed. No dije nada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Este pueblo t\u00fa lo ves muy gringo, Beatriz. Pero quienes hacemos que camine y lo mantenemos as\u00ed, tan cl\u00e1sico, tan hist\u00f3rico \u2013y esto lo dijo con iron\u00eda, dibujando dos comillas en el aire a la palabra hist\u00f3rico\u2013, somos nosotros. Ac\u00e1 nunca vas a estar sola. Y \u00e9ste \u2013dijo al llegar a la avenida principal, delineando en el aire con el \u00edndice un tri\u00e1ngulo invisible: tres vectores incongruentes para m\u00ed, pero a juzgar por la precisi\u00f3n con las que los marcaba dibujando la nada, topos muy reales\u2013, este es El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas. Llegamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos sentamos en un banquito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Theresa es un poco rara. Pero es buena gente. Creo que le vas a gustar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto supe que Theresa, como mi abuela pero con hache, es muy generosa con los inmigrantes. No s\u00e9 qu\u00e9 la mueve, pero se toma nuestro destino muy a pecho. \u00bfQui\u00e9nes somos nosotros?, \u00bfcu\u00e1l es nuestro destino y c\u00f3mo es que hay uno compartido? Esas son las preguntas que te haces cuando no eres inmigrante. La respuesta la encuentras muy pronto cuando lo eres. Yo tengo m\u00e1s en com\u00fan con los colombianos o mexicanos reci\u00e9n llegados y sin documentos, el miedo, este continuo buscar trabajo, el rebusque, el dinero que alcanza pero de broma, el queso blanco y el aguacate, el cilantro y el aj\u00ed, y The Gin Mill, por decir algo, que con otras personas. No importa si esas otras personas son de tu mismo pa\u00eds. Si son legales y tienen trabajo fijo, son de otra raza. Qu\u00e9 de otra raza, son de otro planeta. Jose no, y Theresa tampoco. Y Sebasti\u00e1n, tampoco. Ellos son clase aparte. Son de los m\u00edos. As\u00ed le digo yo a mis pap\u00e1s cuando hablamos por tel\u00e9fono: ellos son de los m\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas. Nuestro lugar. A un lado (e)Studio Yoga, al otro la tienda de fotograf\u00eda \u201cde Ezequiel\u201d, al otro la lavander\u00eda \u201cde Jose\u201d. A cada lado de la calle, dos banquitos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013El de la izquierda me pertenece \u2013dijo Sebasti\u00e1n apuntando hacia el asiento de la izquierda\u2013. Pero est\u00e1 a la orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 que la cosa se estaba poniendo rara, e interesante. Tambi\u00e9n pens\u00e9 que nada ten\u00eda verdadera importancia.<\/p>\n\n\n\n<p>El (e)Studio Yoga es peque\u00f1o, est\u00e1 en un edificio hist\u00f3rico de cuatro pisos sin ascensor, de los cuales los tres primeros est\u00e1n destinados a oficinas. En el largo pasillo del tercer piso hay un consultorio de acupuntura, el bufete privado de una abogada, dos puertas que no s\u00e9 qu\u00e9 ocultan, y la escuela. En la entrada, unos cajones para guardar zapatos con dos notas escritas en una fuente que imita el s\u00e1nscrito, pero en ingl\u00e9s, claro: <em>Right past this line, there\u2019s nowhere else to go but in<\/em><em>.<\/em> La primera vez que me asom\u00e9 me entraron unas ganas incontrolables de entrar, s\u00ed, pero a bailar salsa. \u00a1Es enorme! Al otro extremo del corredor est\u00e1n la recepci\u00f3n, la oficina de Theresa, y una peque\u00f1a tienda de ropa e implementos de yoga: colchonetas de grosor variado y distintos colores, bloques de madera y de goma espuma, cobijas de lana, cinturones de tela. Cuando me asom\u00e9, en quien pens\u00e9 fue en Julia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfNo se supone que el yoga libera? Esto parece tortura. Muy sospechoso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Qu\u00e9 se yo \u2013le respond\u00eda yo. Menos mal que a nosotras lo que nos gusta es bailar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no me reconozco en esos recuerdos. Y no porque haya cambiado de opini\u00f3n o me convirtiera en yogini, nada que ver, sino porque cuando te vas de tu pa\u00eds sin un plan cierto, todas las ideas sobre qui\u00e9n eres y qu\u00e9 estar\u00edas dispuesta a hacer, cambian. Te aseguras de perder relevancia para poder existir.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de la due\u00f1a, en el (e)Studio Yoga trabajan Leila, una brasilera que tambi\u00e9n es profesora y con quien no hablo. No s\u00e9 por qu\u00e9. Y claro, Sebasti\u00e1n, ahijado de Jose, como supe despu\u00e9s, y encargado de recibir, procesar, empaquetar y enviar las compras online. La verdad es que Sebasti\u00e1n tiene todos los trabajos: mover de lugar el auto de Theresa antes de que el estacionamiento caduque, lavarlo y ponerle gasolina; hacer dep\u00f3sitos en el banco (\u00e9l se cas\u00f3 as\u00ed que est\u00e1 legal, tiene documentos), pintar paredes, cambiar bombillos, ir al supermercado y claro, buscar almuerzos para la oficina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Cualquier amiga de Josefina es amiga de esta escuela. Ahora todo depende de ti \u2013me dijo Theresa en un tono promisorio pero \u00e1spero. Ni que fuera el trabajo de mi vida, pens\u00e9, lo que necesito es ahorrar. No sab\u00eda si para llevarme el dinero de vuelta a Caracas, mudarme a New York, irme a Madrid. Lo \u00fanico que ten\u00eda claro y eso no ha cambiado, era que no ten\u00eda plan. Plan A, B, C, me da igual. Lo m\u00edo es una sopa de letras, me dije, y hasta ah\u00ed lleg\u00f3 el asunto pues en el momento Theresa dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Tienes cinco trabajos: uno, encargarte de ordenar la tienda. Dos, limpiar y ordenar el sal\u00f3n de yoga. Tres, coser las almohaditas de linaza para los ojos y los sacos grandes de arena (dos d\u00edas a la semana). Y cuatro, ayudar a Sebasti\u00e1n en lo que necesite.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la sonrisa congelada y la mente en blanco dije:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Okay.<\/p>\n\n\n\n<p>Sebasti\u00e1n pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY el quinto?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ese lo vemos despu\u00e9s \u2013le respondi\u00f3 Theresa\u2013. Ya veremos \u2013dijo mir\u00e1ndome con cara de \u00bfqu\u00e9 esperas pues? aunque lo que dijo fue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No hay tiempo que perder.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pero yo no s\u00e9 coser.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los primeros cuatro meses viv\u00eda en la sala de la caja de zapatos de Jose y su esposo. Mi espacio privado: la cama tras un biombo que la separaba del resto de la casa, y tres gavetas libres del mueble. Lo que no cab\u00eda all\u00ed, lo ten\u00eda o bien guardado en mi equipaje bajo la cama, o en una caja pl\u00e1stica en el s\u00f3tano, donde estaba el lavandero y dorm\u00eda Ezequiel y a veces Jose tambi\u00e9n. \u00bfC\u00f3mo es eso? Ni idea. Yo no pregunto si no quiero que me expliquen.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada domingo ella preparaba una olla enorme de frijoles, otra de arroz, una de sopa de verduras. Aparte de trabajar, yo no hac\u00eda mucho. Perder tiempo. Acompa\u00f1ar a Sebas a hacer sus diligencias. Usualmente en esas vueltas \u00edbamos callados. A veces compart\u00edamos un tabaco. A veces. Casi siempre escuchamos <em>hard rock<\/em>, que es lo que le gusta a \u00e9l, o salsa. Una noche de esas, despu\u00e9s de ir a Target a comprar un ventilador, nos sentamos en su banquito de El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas y \u00e9l comenz\u00f3 a hacerme cari\u00f1os en el muslo. Bajo la falda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 pasa, pues?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfNo quieres? \u2013pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Bueno. S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces en las tardes, despu\u00e9s del trabajo o de pasear por ah\u00ed con \u00e9l, me iba a su casa y ah\u00ed s\u00ed me sacaba el vestido, la falda y la camisa, o el pantal\u00f3n y el su\u00e9ter. Cuando lleg\u00f3 el invierno: el abrigo, los guantes, el sombrero, las medias de lana. Su casa era una habitaci\u00f3n sin ventanas y sin calefacci\u00f3n, en el mismo edificio del (e)Studio Yoga. Si las oficinas a los lados no estaban alquiladas me dejaba las medias. Cuando estaban ocupadas, ten\u00edamos calefacci\u00f3n indirecta: el apartamento era un hornito.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo le dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Tu casa parece uno de esos hornitos para las arepas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No \u2013respond\u00eda \u00e9l\u2013: Es un hornito de bagels.<\/p>\n\n\n\n<p>Si estaba por mi cuenta me sentaba en un banco del parque frente a la estaci\u00f3n de tren y ah\u00ed me quedaba. Haciendo nada. Mirando las nubes o las ardillas pasar. Digamos que ese era el banquito que me pertenec\u00eda. El m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces iba a New York, y era como ir al Himalaya. Eso dec\u00eda Sebas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Parece que vas a los Himalayas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me llevaba una mochila. Este es el asunto. Por ejemplo en Venezuela uno dir\u00eda \u201cmorral\u201d. Pero ac\u00e1 si dices \u201cmorral\u201d nadie te entiende o te miran raro. Entonces dices \u201cmochila\u201d y todos felices mientras t\u00fa, misteriosamente, te vuelves una extra\u00f1a de ti misma. Como \u201cpalomitas de ma\u00edz\u201d. No es f\u00e1cil aceptarlo, el orgullo nacional toma formas insospechadas. Pero la verdad es que nadie m\u00e1s en el mundo dice \u201ccotufas\u201d. Tienes que ser inmigrante para saber que algo que dabas por sentado, algo por lo que apostabas: las cotufas, por decir algo, no es viable. Palomitas. Llevaba un s\u00e1nduche y una botella de agua, un su\u00e9ter. Una muda de camisa. El cepillo de dientes. Todo en la mochila. Un mapa. Tomaba el tren de las 9 de la ma\u00f1ana y pasaba el d\u00eda entero caminando, solo me paraba para comer. \u00bfQu\u00e9 hac\u00eda? Lo mismo que en Madison. Nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto dej\u00e9 de ir a la ciudad. Me pareci\u00f3 que ir sin plan no ten\u00eda gracia. Y ya lo dije: yo planes no ten\u00eda intenciones de hacer. As\u00ed que me quedaba en nuestro pueblo. Pasaba horas vagando en el supermercado bajo las miradas de sospecha de los empleados. Me quedaba ah\u00ed viendo las marcas de pan, por ejemplo. Mis pap\u00e1s en plena crisis del pa\u00eds no encontraban all\u00e1 ni un pancito, y ac\u00e1: trescientos tipos. Gluten free, integral, con semillas, de harina blanca, de dieta. Una cosa loca. \u00bfYogures? tres millones de tipos.<\/p>\n\n\n\n<p>De resto, me sentaba en mi banco, o me iba con Sebas, o me acostaba con Sebas. Sebasti\u00e1n tiene en las costillas del lado izquierdo un tatuaje en tinta negra que se llama <em>In Angel\u2019s Care<\/em><em>. <\/em>Eso dice \u00e9l, que es un \u00e1ngel. Yo veo tres fantasmitas. Cuando se lo dije:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Pero no parece un \u00e1ngel, parecen tres fantasmitas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Claro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ordenar la tienda es f\u00e1cil. Los <em>mats<\/em> de yoga deben estar bien enrollados, cada art\u00edculo debe tener su etiqueta y su precio. Es necesario ordenar las pilas de ropa por tipo de prenda, modelo, talla y color. Cosas as\u00ed. Cosas f\u00e1ciles. Coser debe ser igual de sencillo, me dije en un arranque optimista el primer d\u00eda. Las almohadas son rectangulares, pens\u00e9. Esto va a ser pan comido, que ac\u00e1 no se dice <em>an eaten bread<\/em> sino m\u00e1s bien un trozo de torta, <em>a piece of cake<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9? La linaza de las famosas almohaditas para los ojos hay que meterla en el microondas para evitar que se la coman los animalitos una vez dentro del forro. Al calentarla lo suficiente huele a: palomitas de ma\u00edz. Si te pasas de cocci\u00f3n, huele a: palomitas de ma\u00edz chamuscadas. Ya no se puede usar y la oficina termina apestando a aceite tostado. Hay que estar pilas. Coses el rect\u00e1ngulo con la tela al rev\u00e9s. Dejas un huequito abierto. La volteas muy pendiente de las esquinas. Usas un l\u00e1piz para empujar cada una. La rellenas de semillas a trav\u00e9s de un embudo. Si te pasas de relleno, queda muy apretada. No se ajusta a las curvas de los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el forro de la almohada es de seda, ay. Pobre de ti. Se resbala.<\/p>\n\n\n\n<p>La seda se resbala.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>fucking<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>seda<\/p>\n\n\n\n<p>se<\/p>\n\n\n\n<p>resbala. Las m\u00edas eran casi siempre almohadas paralelep\u00edpedo. Esa, descubrimos pronto, era mi especialidad. Beatriz, la costurera de almohadas paralelep\u00edpedo. La costurera de almohaditas Picasso. Eso dec\u00eda Sebas.<\/p>\n\n\n\n<p>Vi el tr\u00e1nsito hacia el oto\u00f1o desde mi banquito. Comenzaba prestando atenci\u00f3n a los trenes en su ir y venir, los pasajeros apresurados mont\u00e1ndose o baj\u00e1ndose de los vagones torpemente arrastrando o empujando sus maletas, rega\u00f1ando a sus hijos. Jal\u00e1ndolos por los brazos. Siempre pienso que les van a dislocar un hombro. De resto, las semanas se me iban en coser, ordenar la tienda, hacer diligencias, bailar y acostarme con Sebasti\u00e1n. Perfecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda Jose me pregunt\u00f3 si quer\u00eda trabajar m\u00e1s, si me hac\u00eda falta dinero. Siempre hace falta dinero, le quise responder. Me cont\u00f3 su plan. T\u00fa no decides un d\u00eda cualquiera dedicarte a limpiar oficinas o coser almohaditas parelelep\u00edpedo en un estudio de yoga. No decides hacer ventas por tel\u00e9fono. No es algo que planeas, sencillamente ocurre, como quedarte calva, como caerte por una escalera, un minuto est\u00e1s en el descanso de la escalera arriba, y al minuto siguiente est\u00e1s en el de abajo. No te acuerdas de todos los escalones que pasaste hasta aterrizar donde est\u00e1s. Como doblarte un tobillo. Est\u00e1s caminando tranquilamente y metes la pata y listo. Como prender el agua de la ducha y que no salga agua caliente. Se entiende la idea: para esas cosas no hay plan. Sencillamente ocurren. Como enamorarte o terminar sintiendo algo especial por un banquito igual a todos los banquitos de una avenida pero para ti \u00fanico, est\u00e1 plantado en la mitad de la nada pero para ti integra el tri\u00e1ngulo invisible que te define. No lo planeas. Ocurre. Sobre todo, como doblarte un tobillo. Se entiende la idea. No lo planeas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfTe hace falta dinero, Bea? \u2013pregunt\u00f3 Jose. Y listo. \u00bfC\u00f3mo decir que no? Cinco horas tres d\u00edas a la semana vendiendo planes de internet. Nada complicado, lo haces desde casa y ganas algo de dinero extra. Eres tu propia jefa y lo haces todo a tu manera. Te dan una lista y tu trabajo es cubrirla toda. Llamar a todos los tel\u00e9fonos. Algo as\u00ed me dijo Jose. No hay trabajo malo, entend\u00ed yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Te dan un entrenamiento, claro, y un gui\u00f3n que puedes seguir al pie de la letra si no tienes vena de vendedora. Yo repet\u00eda aquello como una oraci\u00f3n a San Cayetano, obvio. Cero improvisaci\u00f3n. Pero la verdad es una sola: no hay training posible para setenta noes al d\u00eda. Lo verdaderamente dif\u00edcil de trabajar en <em>telemarketing<\/em> son los rechazos. Sin importar cu\u00e1ntos tel\u00e9fonos marcas cada d\u00eda, cincuenta, doscientos, un mill\u00f3n, sabes que el noventa y ocho por ciento de esas voces al otro lado quiere verte desaparecer, si pudiera te borrar\u00eda, ignici\u00f3n espont\u00e1nea. Pssshhht. No m\u00e1s Beatriz. Por supuesto para tener \u00e9xito debes confiar en ti, es decir: debes ignorar esa certeza y manifestar esperanza, tal vez esta es la llamada del \u00e9xito, te dices, como para hipnotizarte. Y es como querer convencerte de que la gravedad no existe, como imaginar que lanzas la manzana al piso y no se golpea, sino que sale flotando como un globo. Para animarse tambi\u00e9n es \u00fatil imaginar que la persona al otro lado es un t\u00edtere de tela. Un t\u00edtere de esos que se hacen con medias. Te los imaginas tan tiernos sosteniendo el tel\u00e9fono. \u00bfC\u00f3mo har\u00e1 esta se\u00f1ora para hablar sosteniendo el tel\u00e9fono en la boca? No puedes pensar que la persona al otro lado es una persona como t\u00fa, que tal vez tiene problemas, que tal vez est\u00e1 triste ese d\u00eda en el que t\u00fa recitas tu cartilla sorda a todo lo dem\u00e1s. Seg\u00fan mi experiencia lo m\u00e1s efectivo es imaginarte el t\u00edtere, la media y los ojitos pl\u00e1sticos adheridos con goma blanca, el auricular con dificultad sostenido, que no se resbale, cuidado con el auricular.<\/p>\n\n\n\n<p>Si intentan colgarte el tel\u00e9fono, cumples con tu papel de vendedora indeseada y llevas al cliente atr\u00e1s, al gui\u00f3n, que no se despiste para as\u00ed lograr decir todo lo que tienes que decir y de paso s\u00ed, le rezas a San Cayetano a ver si el <em>deal<\/em> se da. Te pones tus aud\u00edfonos, te sientas frente a una computadora. Y listo, llamas como si de esa llamada dependiera la estabilidad del globo terr\u00e1queo. Cuando cuelgas la llamada, la computadora autom\u00e1ticamente llama a otra persona. Cero descanso. Cada d\u00eda esperaba que llegara la inspiraci\u00f3n, la iluminaci\u00f3n. Sentir confianza en m\u00ed y en el resultado, en la raz\u00f3n de ser de aquel trabajo. Ninguno de estos mensajes divinos lleg\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Hay algo <em>trashy<\/em> en todo esto \u2013le dec\u00eda a Sebas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Obvio \u2013respond\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la gente me preguntaba sobre m\u00ed, sobre mi trabajo, yo dec\u00eda: soy vendedora. Y cuando me preguntaban de qu\u00e9, dec\u00eda que de instrumentos de tortura y sue\u00f1os. Y de telecomunicaciones. Porque el yoga es una forma de telecomunicaci\u00f3n tambi\u00e9n. \u00bfO no? Me quedaba viendo a la persona fijamente y dec\u00eda: de tortura y sue\u00f1os. Pero en concreto, de telecomunicaciones. Me devolv\u00edan la mirada con expresi\u00f3n confusa. Luego yo dec\u00eda que era un chiste, y agregaba: tal vez todo es un chiste. En el fondo todo da igual. La situaci\u00f3n se volv\u00eda m\u00e1s inc\u00f3moda a\u00fan y no me preguntaban nada m\u00e1s. Debo parar, me advert\u00eda a m\u00ed misma. Debes parar. Esto no te beneficia.<\/p>\n\n\n\n<p>Menos mal que ten\u00edamos El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas. Y sobre todo The Gin Mill. The Gin Mill es un pub irland\u00e9s que de martes a jueves a partir de las nueve de la noche pone sets de merengue, cumbia, salsa y reggaet\u00f3n. Tiene una mesa de pool y un tiro al blanco. Por supuesto, est\u00e1 siempre a reventar. Reggaet\u00f3n, merengue, salsa: <em>you name it<\/em><em>, <\/em>que es como decir t\u00fa lo nombras, lo que sea. Te lo bailo. Cuando est\u00e1bamos muy cansados o muy sudados Sebasti\u00e1n y yo nos sent\u00e1bamos en una esquinita y nos met\u00edamos mano hasta que yo le dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Basta. A bailar.<\/p>\n\n\n\n<p>En las ma\u00f1anas nos duch\u00e1bamos por separado y nos \u00edbamos al Bagel Caf\u00e9. Yo me com\u00eda un muffin y \u00e9l, claro, un bagel.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Beatriz, lo que te dije ayer es en serio \u2013dijo Sebas una ma\u00f1ana mientras se limpiaba la boca empegostada de queso crema pas\u00e1ndose la lengua por los labios y se chupaba los dedos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Gracias \u2013respond\u00ed\u2013. \u00bfPor qu\u00e9 hacen eso?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo igual estoy solo. \u00bfQu\u00e9 cosa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Tanto queso crema.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Porque los bagels no saben a nada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfPara qu\u00e9 los pides, pues?<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 los hombros y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Hmmm.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras yo le agregaba una bolsita extra de az\u00facar al caf\u00e9, que tampoco sab\u00eda a nada, \u00e9l sigui\u00f3 con lo otro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Estar\u00eda bien bac\u00e1n. Ya conoces todo. El apartamento y al due\u00f1o. \u00bfNo te vas a comer eso? \u2013dijo se\u00f1alando lo que quedaba de mi muffin.<\/p>\n\n\n\n<p>Se devor\u00f3 lo que quedaba de mi desayuno en dos mordiscos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Uff. La rumba s\u00ed da hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>Josefina se puso content\u00edsima cuando le dije que me mudaba con Sebasti\u00e1n. Me dijo que pod\u00eda seguir yendo los domingos a su casa a cocinar y comer de su comida toda la semana. Eso hice. Nos sent\u00e1bamos, Sebasti\u00e1n y yo, en uno de los dos banquitos de El Tri\u00e1ngulo y ah\u00ed almorz\u00e1bamos si no hac\u00eda fr\u00edo. Si no hac\u00eda calor.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda de noviembre Theresa con hache me habl\u00f3 de la quinta misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Mi sobrina Robin llega ma\u00f1ana. Necesita compa\u00f1\u00eda. Se quedar\u00e1 aqu\u00ed quince d\u00edas. Tal vez le puedes ense\u00f1ar a hablar espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto que nadie aprende a hablar espa\u00f1ol en quince d\u00edas. Pero mi respuesta fue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Bien. \u00bfA qu\u00e9 hora la busco?<\/p>\n\n\n\n<p>A las tres de la tarde del d\u00eda siguiente llegu\u00e9 a la puerta de la casa de Theresa, toqu\u00e9 el timbre, y abri\u00f3 una muchacha flaquita, blanqu\u00edsima, de cabello negro y largo, con brazos de f\u00f3sforo y piernas de gancho, en shorts de bluy\u00edn cortos y camisa a cuadros. En la nariz un piercing y los ojos s\u00faper maquillados. Kajal. Bien. Vamos bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo que ocurri\u00f3, ocurri\u00f3 en ingl\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfEst\u00e1s lista?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Umj\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo soy Beatriz. Vamos a El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se me qued\u00f3 mirando con expresi\u00f3n incierta y desabrida. Es decir: no s\u00e9 qu\u00e9 quer\u00eda decir con aquella cara. Igual la llev\u00e9. Llegamos al lugar. Entonces descubr\u00ed que El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas no siempre se ve. Es incre\u00edble. Nos sentamos en mi banquito. Le dibuj\u00e9 el tri\u00e1ngulo en el aire, tal como me hab\u00eda ense\u00f1ado Sebasti\u00e1n, y su respuesta fue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfD\u00f3nde queda la oficina de correos?<\/p>\n\n\n\n<p>Incre\u00edble. Vamos mal, me dije. Esto va a ser como el <em>telemarketing<\/em><em>.<\/em> Insisti\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013El correo. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013En la calle de abajo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Vamos, pues.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda que enviarle una postal a su novio. Antes ten\u00eda que comprar la postal y luego mandar la postal al novio. Fuimos a la tienda de Ezequiel, que quedaba en la v\u00eda. Lo encontramos de pie junto a la caja registradora e inclinado ante un papelito, con un peque\u00f1o l\u00e1piz en la mano. Estaba escribiendo un poema. Eso dijo orgulloso al vernos entrar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Estoy escribiendo un poema. Con este llevo ochenta y siete.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Robin eligi\u00f3 una tarjeta con un gato pelud\u00edsimo. Asegur\u00f3 que era una raza asi\u00e1tica que hab\u00eda sobrevivido a la bomba de Hiroshima. Ni idea. Su novio jugaba f\u00fatbol americano y era muy celoso. Su mam\u00e1 estaba enferma, de una enfermedad sobre la que lo \u00fanico que supe fue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo vine a despejarme. El padecimiento de mi madre: lo \u00fanico de lo que no hablar\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>A ella no le escribi\u00f3 ninguna postal.<\/p>\n\n\n\n<p>Supe luego que Theresa la hab\u00eda mandado a buscar. Tienes que despejar la mente, le hab\u00eda dicho. Sal y despeja tu mente, le hab\u00eda dicho. Y Robin le hizo caso. Cumpli\u00f3 con su palabra. Se dedic\u00f3 a salir y despejar la mente, es decir que pase\u00f3 todo el d\u00eda y no habl\u00f3 de su mam\u00e1 ni le escribi\u00f3 postales. Se ech\u00f3 en la grama a hablar ingl\u00e9s. Admitir\u00e9 que mi desenvolvimiento en todo lo referente a la responsabilidad n\u00famero cinco dej\u00f3 mucho qu\u00e9 desear.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Mejor te ense\u00f1o yo a ti \u2013me dijo Robin el segundo d\u00eda. \u2013No tendremos clases de espa\u00f1ol. Yo vine fue a despejarme. Cu\u00e9ntame todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos acostamos en la grama del parque frente a la estaci\u00f3n a ver las nubes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfTodo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013S\u00ed. Todo \u2013respondi\u00f3 sent\u00e1ndose y sacando de su bolso un esmalte de u\u00f1as negro. Se pint\u00f3 las u\u00f1as de los pies.<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil contar veintitantos a\u00f1os as\u00ed como as\u00ed. Pero por alg\u00fan lado ten\u00eda que comenzar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013P\u00e1same tus pies\u2013. Y me pint\u00f3 a m\u00ed tambi\u00e9n las u\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto tom\u00e9 una decisi\u00f3n. Si vamos a hacer esto, hay que hacerlo bien. \u00bfQu\u00e9 era \u201cesto\u201d? No s\u00e9. Solo s\u00e9 que tom\u00e9 una decisi\u00f3n: hacerlo bien, y al d\u00eda siguiente dije a Robin:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Voy a grabarte historias. Te voy a contar qui\u00e9n soy.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso hice.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante esas dos semanas casi no vi a Sebas. No durante el d\u00eda. Me encontraba con \u00e9l solo al final de la jornada o en el trabajo. Las diligencias las hac\u00eda solo. Yo ten\u00eda mi misi\u00f3n: la quinta. Una misi\u00f3n que como ya dije, no cumpl\u00ed, o no cabalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando no has vivido en un sitio desde siempre, cuando aterrizas as\u00ed de manera forzosa, la persona que eres es un personaje secundario. La protagonista de esa historia que es la tuya es una extra\u00f1a, vive una vida paralela que a la vez te pertenece. Es complicado. Si te desconoces a ti misma, si borras parte de tu pasado para no entristecer o para hacerte la vida m\u00e1s f\u00e1cil, que en este caso son la misma cosa, \u00bfc\u00f3mo puedes decirle a los dem\u00e1s qui\u00e9n eres? De paso, ya no eres adolescente, no tienes todo el tiempo del mundo para compartir. Pongamos Andre\u00edna y yo, por ejemplo. Pas\u00e1bamos cuatro y cinco horas pegadas al tel\u00e9fono conversando sobre cualquier estupidez despu\u00e9s de estar todo el d\u00eda juntas en el colegio. Eso ya no vuelve a pasar. Me escucho diciendo que eso ya no vuelve a pasar y me digo: Bea, te convertiste en una adulta contempor\u00e1nea. La adultez contempor\u00e1nea no es una edad, es una manera de ver el mundo. Qu\u00e9 pavosa, Bea. Hay adultas contempor\u00e1neas de ocho, quince a\u00f1os. Bea: te veo mal.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que cada noche durante las siguientes noches me sent\u00e9 en la cama y me dediqu\u00e9 a contar. Cada grabaci\u00f3n deb\u00eda tener un t\u00edtulo. Robin: te voy a hacer una grabaci\u00f3n cont\u00e1ndote qui\u00e9n soy, claro, fue la primera. Le sigui\u00f3: Este fue mi primer novio, ya va que enciendo un cigarrillo. Robin: te voy a contar ahora cu\u00e1ndo fum\u00e9 mi primer cigarrillo y cu\u00e1ndo fum\u00e9 mi primer tabaco. Los espa\u00f1oles le dicen porro. Creo. Otras: Te voy a contar c\u00f3mo fue que termin\u00e9 con mi primer novio y por qu\u00e9. Te voy a contar por qu\u00e9 no deber\u00edas tener un novio beisbolista: nunca tengas un novio beisbolista. Tampoco tengas un novio surfista: insolaci\u00f3n segura. Esta es la historia de cuando yo quer\u00eda un perro y me robaba el de los vecinos. Un d\u00eda me mordi\u00f3 y sali\u00f3 corriendo y no lo pude rescatar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Ahora Robin y yo somos muy amigas \u2013dije a Sebasti\u00e1n un d\u00eda sentados en mi banquito mientras \u00e9l armaba un cubo m\u00e1gico a la velocidad del rayo y yo tomaba un <em>moccaccino<\/em> de Starbucks.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfY de qu\u00e9 te sirve? Si ya se fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Me arrim\u00f3 hacia \u00e9l abrazando mi cadera con una mano. Empezamos a besarnos. Pos\u00e9 mi <em>moccaccino<\/em> a un lado en el banquito y le met\u00ed la mano bajo la camisa. Esa noche fuimos al hornito de arepas y luego a The Gin Mill. Al d\u00eda siguiente nos ba\u00f1amos juntos. Fuimos al Bagel Caf\u00e9 y desayunamos lo de siempre. De Robin, no supe nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Memoria para los nombres<\/h3>\n\n\n\n<p>D\u00f3nde est\u00e1bamos, d\u00f3nde me dirig\u00ed cuando luego de tu primera convulsi\u00f3n me pediste un momento de silencio y soledad, es tan importante como el inicio y el desarrollo de esta historia de la que soy tambi\u00e9n responsable; y entre los dos, la \u00fanica sobreviviente. La cueva era tan oscura y hab\u00eda tal cantidad de pasadizos, que se hac\u00eda imposible conocer la totalidad de c\u00e1maras ocultas y bibliotecas que albergaba. Los portones se desplegaban a lo largo de pasillos de duraci\u00f3n indefinida. Aunque el d\u00eda y la noche eran siempre oscuros, el cambio casi org\u00e1nico en el paisaje, la perspectiva cambiante en cada recorrido, generaban una clara conciencia de temporalidad. Para sentir que el tiempo pasaba era necesario moverse. Luz, o lo que entendemos por luz, hab\u00eda s\u00f3lo en el Gran Sal\u00f3n. Mejor dicho era fuego. S\u00f3lo all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Qui\u00e9n iba a decir, dec\u00edas, que el lugar fuese tan oscuro a la mirada. En efecto. Qui\u00e9n pod\u00eda pensar que fuera tan tenebroso y confuso. Qui\u00e9n pod\u00eda creer que el nacimiento y el ultraje provinieran ambos del mismo hueco rancio. De esos pasillos sin \u00e1ngulos rectos, de aquellas superficies lisas y brillantes. Est\u00e1bamos tal vez dentro de alg\u00fan cuerpo humano, llegu\u00e9 a temer.<\/p>\n\n\n\n<p>Intento hacer memoria, pero no recuerdo ahora por d\u00f3nde comenzaste, qu\u00e9 objeto o fen\u00f3meno cay\u00f3 primero a consecuencia de tu antojo. No recuerdo por qu\u00e9 tomaste la decisi\u00f3n que lo desat\u00f3 todo. S\u00e9 que rasgaste una hoja de alg\u00fan libro y eliminaste un nombre. Y que en seguida se inici\u00f3 el tsunami de letras, objetos y fen\u00f3menos que describo. Permanecen frescos en mi memoria tus ojos brillantes, especialmente hermosos y m\u00e1s claros esa ma\u00f1ana en que todo comenz\u00f3; tu rostro satisfecho y esa sonrisa infantil, casi traviesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos mis anteriores intentos por no comprometerme, no entregarme, no perder el derecho al ocio que proporciona no tener plan ni estrategia en la vida, quedaron sin vigencia de una vez y para siempre desde entonces. En efecto, era justamente la ausencia de plan o estrategia la responsable de mi compromiso con aquella misi\u00f3n descomunal: hab\u00eda sido sitiada por mi propia aversi\u00f3n al control que sobre las personas ejercen los calendarios y las responsabilidades. No hab\u00eda excusa para negarse, pocos pod\u00edan ser tan libres como yo para asociarse a ti y convertirse en notarios de tu sue\u00f1o terrible que lo abarcaba todo, destruyendo para crear el universo en un chasquido cada vez. Recuerdo que alg\u00fan trazo de vanidad me condujo a imaginar que lo que estaba ocurriendo pod\u00eda sobrevivir mi muerte, al menos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trataba de una tarea delicada y minuciosa la m\u00eda: una vez iniciado alg\u00fan proyecto, anunciado alg\u00fan cambio con sus adosadas muertes y nacimientos, deb\u00eda atravesar los corredores oscuros como h\u00edgados, explorar por temas el mundo, llegar a la fuente del verbo y de la imagen, modificarla; luego hallar las bisagras conectivas con otros temas relacionados, visitar sus pasillos, encontrar sus or\u00edgenes, alterarlos, y repetir el proceso hasta cerrar un c\u00edrculo perfecto. Al final, ubicar y recorrer el camino de regreso, el camino de regreso hasta ti, que estar\u00edas esperando suspendido en el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez dijiste que la palabra mar era demasiado corta. Que el mar era muy hermoso y extenso para llamarse as\u00ed, demasiada vida, tantos colores y misterios: tres letras no bastaban. Primero pensaste necesario construir una palabra que contuviera todos los sonidos, pero pronto dijiste que eso no era posible. No era posible. Entonces decidimos trabajar tomando como punto de partida lo que el mar es, pusimos a prueba palabras, sentidos, sopesamos consecuencias y virtudes de cada bautizo aceptable; finalmente decidimos que el mar se llamar\u00eda universo. Pero el asunto no finalizaba all\u00ed, era necesario determinar qu\u00e9 ocurrir\u00eda con la palabra universo y con el universo mismo. Y por otra parte, con las plantas, la fauna marina, \u00bfqu\u00e9 ocurrir\u00eda?, \u00bfse llamar\u00edan estrellas todas las formas de vida existentes en los mares y oc\u00e9anos? No pod\u00eda ser. El trabajo era pesado, agotador. Yo deb\u00eda caminar los pasillos, encontrar todos los libros en los que mar, universo, pez, fugaz, marea, estrella, alga, planeta y cualquier otra palabra relacionada apareciese escrita; comenzando por enciclopedias y diccionarios, pero contemplando tambi\u00e9n cuentos y novelas, poemas y cuanto documento cient\u00edfico hubiese sido escrito y mencionara estas palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que aquel lugar com\u00fan es verdadero: el mundo es un pa\u00f1uelo. Al cambiar un sustantivo se generaba una grieta, una rotura s\u00f3lo susceptible de reparaci\u00f3n mediante nuevos bautizos y documentos que justificaran y conciliaran la topograf\u00eda antigua con la reci\u00e9n creada. Todo cuanto era soplado por tu boca depend\u00eda de mi intuici\u00f3n para ubicar su lugar, reconocer los \u00e1ngulos de encuentro y desencuentro; las fallas, que luego de mi minuciosa deducci\u00f3n deb\u00edan quedar perfectamente cubiertas. El mundo tal como hab\u00eda existido hasta tu siguiente capricho deb\u00eda ser rajado, confeccionado y luego pulido por fragmentos, con el objetivo de emparejar lo antiguo con sus nuevas versiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Las consecuencias de lo que apenas comenzaba superaban las de aquella enfermedad a consecuencia de la cual, seg\u00fan dicen, las personas se vieron en la necesidad de etiquetar los objetos para saber c\u00f3mo nombrarlos, y que fue agrav\u00e1ndose hasta que las etiquetas fueron etiquetadas, y las etiquetas de las etiquetas etiquetadas, en la preocupaci\u00f3n por recordar no s\u00f3lo c\u00f3mo nombrar aquello que se contemplaba, aquello a lo cual deseaba hacerse referencia o incluso aquello que requer\u00eda usarse con urgencia, sino tambi\u00e9n para perpetuar su funci\u00f3n y en ciertos casos de afecci\u00f3n grave, traer a la memoria la relaci\u00f3n entre ambos asuntos \u2014entre el nombre, la funci\u00f3n del objeto\u2014 y el angustiado lector de las etiquetas, que, daba dolor, pod\u00eda pasar horas antes de comprender qu\u00e9 hac\u00eda ante una ventana, una tina o un libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan que este \u00faltimo caso, el de los libros, era adem\u00e1s humillante, pues el lector pod\u00eda confundir las etiquetas con las p\u00e1ginas del libro y su historia o su discurso, terminando sin saber siquiera qui\u00e9n era qui\u00e9n, qui\u00e9n le\u00eda y qui\u00e9n hab\u00eda escrito, qui\u00e9n era real en el mundo de las tres dimensiones y qui\u00e9n una sombra plana; si las guerras, el amor, la nostalgia o los descubrimientos cient\u00edficos que hab\u00eda en su mente ten\u00edan algo que ver con \u00e9l, o incluso con el uso y sentido del objeto cuadrado o rectangular de peso y caracter\u00edsticas variadas que sosten\u00eda entre las manos. En ciertos casos, cuentan las cr\u00f3nicas de los sobrevivientes, pod\u00eda uno encontrarse a un caballero sentado en la acera llorando desconsoladamente sin saber bien d\u00f3nde dirigirse, cu\u00e1l era la frontera de s\u00ed mismo, qu\u00e9 era todo aquello que se mov\u00eda a su alrededor con ritmos, colores, olores, tama\u00f1os y direcciones extra\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 era eso \u2014\u00a1el mundo! le hubi\u00e9semos dicho\u2014, que lo rodeaba como a un reci\u00e9n nacido que no se reconoce a\u00fan los dedos de los pies. Numerosos hogares, oficinas y proyectos fueron abandonados de un momento a otro por no comportar relaci\u00f3n con lo que las personas afectadas constru\u00edan y reconoc\u00edan como su historia reciente, como memoria presente. Y para los efectos debe decirse, persona afectada resultaban tambi\u00e9n los familiares, amigos, socios, vecinos del desmemoriado, abandonados por irreconocibles y progresivamente por invisibles.<\/p>\n\n\n\n<p>No. Esto era distinto. Sin lugar a dudas menos po\u00e9tico que aquella pr\u00e1ctica antigua que aconsejaba rotular los recuerdos para organizarlos cuidadosamente en las esquinas y otros espacios libres de las casas, de manera de no tropezar con ellos. En efecto, nuestro estremecimiento no persegu\u00eda a los recuerdos. Al menos no intencionalmente. El car\u00e1cter m\u00e1s bien \u00edntimo de las memorias las mantuvo a salvo por alg\u00fan tiempo m\u00e1s, aunque quedaba claro que en alg\u00fan momento tambi\u00e9n ellas terminar\u00edan arrolladas, sin siquiera etiquetas que las salvaran del precipicio al que ca\u00edan lenta pero indefectiblemente el presente, sus artefactos, sus afectos, sus ruinas y sus sombras. Mientras abajo soplabas palabras y sentidos a fuego vivo, arriba todo era plegado y desplegado, sacudido y vuelto a armar; y la gente se iba desorientando ante esos espacios vac\u00edos, trasmutados ante sus ojos sin explicaci\u00f3n aparente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada d\u00eda yo ten\u00eda m\u00e1s trabajo, atendiendo a esos pliegues y contradicciones de la realidad pasada y prometida. Del plano horizontal hacia abajo los \u00fanicos imprescindibles parec\u00edamos ser t\u00fa y yo, perdidos en el laberinto oscuro, sabi\u00e9ndonos uno y el mismo. Una tarde, dedicada a transformar las palabras grito, sonido y soplo en la palabra nacimiento, extra\u00f1as punzadas comenzaron a transitar mi cuerpo. De la cabeza a la mano izquierda, al est\u00f3mago, a las rodillas. Ser\u00eda el cansancio, pens\u00e9 primero. No transcurri\u00f3 mucho tiempo, una vez habitados los espacios visibles e invisibles de mi anatom\u00eda, los dolores se convirtieron en dagas punzantes que me dejaban paralizada. Todo arriba continuaba indiferente su curso, maltrecho, pero sin memorias del cambio, sin extra\u00f1ezas luego de cada operaci\u00f3n. En cambio abajo mi salud empeoraba con cada recorrido, con cada muerte y cada nacimiento. Alguna palabra, alg\u00fan sentido habr\u00edamos cambiado que impact\u00f3 mi existencia y comenz\u00f3 a borrarla. Progresivamente los pasillos comenzaron a desdibujarse y junto con ellos las c\u00e1maras y sus bibliotecas, los portones, las l\u00edneas curvas y oscuras. Todo abajo comenzaba a decaer, no sabr\u00eda decir si a pulverizarse o derretirse, esfumarse o escurrirse. No comprend\u00eda si se trataba de una sensaci\u00f3n generada por mi progresiva p\u00e9rdida de facultades para identificar los lugares de tu visi\u00f3n, o si era la muerte, ese vaho que enrarec\u00eda los bolsillos de cada t\u00fanel. Comenc\u00e9 a sentir la amenaza del extrav\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto entend\u00ed que quedaba poco tiempo antes de perderme y perder el mundo en un cataclismo, en un amasijo de palabras y sentidos, en una confusi\u00f3n o un hast\u00edo de sonidos que lo destrozar\u00eda todo. Tu existencia comenzar\u00eda a palidecer, pues con el deterioro de mi cuerpo y de mi ejercicio vendr\u00eda el de tus predios, el del fuego y el del sue\u00f1o que so\u00f1abas. S\u00f3lo quedar\u00eda un peque\u00f1\u00edsimo punto negro. Con la certeza de la salvaci\u00f3n en la palabra no pronunciada, me propuse silenciarte, borrarte. Iniciar\u00eda una \u00faltima traves\u00eda hacia los lugares que fueran precisos, cumplir\u00eda con el protocolo, minuciosa como siempre. Buscar\u00eda adem\u00e1s de tu nombre todos los nombres que te han dado desde los comienzos; en cada pasillo, en cada poema, texto antiguo, documento. La luz comenzar\u00eda a temblar, los pasillos se borrar\u00edan. A partir de entonces yo continuar\u00eda vagando sin plan ni estrategia. Arriba los proyectos y en definitiva el mundo continuar\u00edan medio cojos, igual que siempre. As\u00ed como se ven hoy. Quedar\u00edan hu\u00e9rfanos las mujeres y los hombres, esperando sin saberlo por el nuevo mundo inventado.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/keila-vall-de-la-ville\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados en: https:\/\/prodavinci.com y https:\/\/leamoscuentosycronicas.blogspot.com, respectivamente<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Tri\u00e1ngulo de las Bermudas, o te voy a contar qui\u00e9n soy Cuando llegu\u00e9 me dije: Llegu\u00e9. Ya estoy en Madison. Es m\u00e1s econ\u00f3mico que Manhattan, apenas a cuarenta y cinco minutos de viaje en tren, y tengo a Josefina. 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