{"id":11494,"date":"2022-08-03T21:33:00","date_gmt":"2022-08-03T21:33:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11494"},"modified":"2024-04-03T21:47:53","modified_gmt":"2024-04-03T21:47:53","slug":"cuentos-jose-pulido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-jose-pulido\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Jos\u00e9 Pulido"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Los cangrejos sufren toda la noche<\/h3>\n\n\n\n<p>El ritmo del mar en la oscuridad desampara a Irma Melecia, cuyo rostro aceitado de luces se desarmoniza empavorecido cuando describe los enormes aletazos, las planchas de zinc hundi\u00e9ndose con el ventarr\u00f3n del aleteo y rechinando bajo unas garras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l se imagina hundi\u00e9ndose en el oc\u00e9ano, algas flotando, babas desconocidas, un pez que de improviso es partido en dos por un mordisco.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta vida no, se\u00f1or \u00a1qu\u00e9 va! de este lado del mundo nunca se ha visto un p\u00e1jaro de ese tama\u00f1o, que hieda tanto a perro muerto, a llaga de pierna vieja.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella explica que, mientras pensaba eso que acaba de decir, se pinch\u00f3 un dedo al meter la mano en la caja donde ten\u00eda el hilo y los bordadores. Aquella noche sac\u00f3 la tijera y la abri\u00f3 encima de la cama porque las brujas se alejan de ese modo. Le cuesta sobreponerse a tanto atrevimiento y se muerde los labios brevemente; tiemblan sus senos en el universo de vibraciones nocturnas: ramas, persianas de mimbre, una lejana l\u00ednea de espuma. \u00c9l no se da cuenta de que Irma Melecia se siente avergonzada al pronunciar la palabra \u00abcama\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY c\u00f3mo supiste que era una bruja? \u2014pregunta Remigio fumando indolente y sin asombro, lamentando ahora tanta soledad; apenas un aparato de radio captando las noticias de Trinidad. A veces la linterna amarillenta de un bote pesquero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Porque dije lo que se debe decir: \u00abVen ma\u00f1ana por sal\u00bb y al d\u00eda siguiente amaneci\u00f3 tocando la puerta la se\u00f1ora Costanza. Cuando uno dice \u00abven ma\u00f1ana por sal\u00bb, las brujas voladoras se ven obligadas a visitar la casa y a pedir sal. \u00bfUsted se acuerda de Costanza? viv\u00eda a dos casas de la escuela. Cuando ibamos a la escuela usted me asustaba tir\u00e1ndome las ranas que encontraba en los pl\u00e1tanos. Usted me jalaba los cabellos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La se\u00f1ora Costanza \u00bfte pidi\u00f3 sal?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, vino con los ojos cansados y la boca seca.<\/p>\n\n\n\n<p>Remigio entiende y no se atreve a opinar. Por eso hablaban tan mal a espaldas de Costanza y la evad\u00edan en las fiestas del pueblo. \u00c9l cree que la gente invent\u00f3 lo de las brujas voladoras para que nadie reclamara cuando le pegasen a una mujer. Para enfrentar a una bruja era necesario tener un palo de pi\u00f1\u00f3n ensalmado. Asustada, la bruja se transformaba en pavo, en cabra o en cochino. Acorralaban al animal y no dejaban de golpearlo hasta que mor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En alguna casa, cercana o lejana, aparec\u00eda una mujer adolorida, agonizando.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n era posible matar a las brujas usando cartuchos de plomo y sal en las escopetas.<\/p>\n\n\n\n<p>Irma Melecia jura que una noche vio un p\u00e1jaro grand\u00edsimo encima de un algarrobo y su abuelo le dispar\u00f3 un tiro de sal. Buscaron el p\u00e1jaro en el monte y no apareci\u00f3, pero al otro d\u00eda les contaron que en el pueblo vecino se estaba muriendo, pegada a las colchas, una extra\u00f1a anciana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para que lo sepa: era muy rara porque se le hab\u00eda ca\u00eddo toda la piel. Antes de salir a volar, las brujas se quitan el cuero y lo dejan escondido debajo de un tronco o de cualquier escondite que sea de madera. Usted ya estudiaba en Caracas el a\u00f1o en que mi abuelo dispar\u00f3 la sal. Casi no ven\u00eda por aqu\u00ed. Su mam\u00e1 s\u00ed conoci\u00f3 la historia. Una vez le mand\u00f3 a usted unas conservas de coco y pi\u00f1a que hicimos las dos \u00bfno recuerda esas conservas? \u00a1Ay, tan sabrosas! con una pizca de clavos de olor, el coco rallado, la pulpa de pi\u00f1a. Yo le preguntaba a cada rato a su mam\u00e1 \u00bfusted cree que a \u00e9l le van a gustar las conservas ahora que est\u00e1 en la universidad? y ella me rega\u00f1aba.<\/p>\n\n\n\n<p>Remigio escucha y trata de conectarse con el golpe de las olas, pensando en los barcos de la literatura, en las naos, en las carabelas, en los galeones de los piratas, en los remos movidos al son de latigazos. La universidad de pulcras avenidas engramadas llena su cabeza y enga\u00f1a a sus ojos que miran hacia adentro y siguen el revoloteo de una falda transparente. Es Anaisa dirigi\u00e9ndose a la Facultad de Derecho; el viento sopla pegando la tela casi l\u00edquida a las lib\u00e9rrimas nalgas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estar\u00e1 aprovechando el tiempo el profesor Juan Torberena, quien acosa silenciosamente a Anaisa, mir\u00e1ndola por encima de los lentes, escudri\u00f1\u00e1ndola, haciendo que lee o desarrollando teor\u00edas y alardeando con su erudici\u00f3n. Quiere pensar en otra cosa y la estaci\u00f3n de radio ha ca\u00eddo en una hora de m\u00fasica rom\u00e1ntica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo est\u00e1 la se\u00f1ora Costanza? \u2014pregunta hacia la oscuridad donde Irma Melecia sirve ahora dos tazas de t\u00e9 de malojillo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace unos cinco meses fuimos su mam\u00e1 y yo de visita al hospital porque hab\u00edan operado a su t\u00eda Carmuncha, y vimos a Isolina \u00bfse acuerda? la hija de la se\u00f1ora Costanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Irma Melecia finge que es la madre de \u00e9l, hace un gesto suave y coloca las manos como si rezara. Su madre salud\u00f3 a Isolina y le pregunt\u00f3 por la salud de Costanza. Irma Melecia arruga el entrecejo imitando a Isolina y su voz se adelgaza un poco para responder \u00abmam\u00e1 est\u00e1 sufriendo mucho, ya sabe, se\u00f1ora: con ese sufrimiento de la gente que tiene que pagar todo el mal que ha hecho\u00bb y entonces Irma Melecia lo mira con ternura fugaz haciendo de madre: \u00bfc\u00f3mo vas a decir eso de Costanza? Isolina se yergue desafiante y replica \u00abusted sabe muy bien que mi mam\u00e1 es una bruja voladora que ha causado bastante da\u00f1o\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Isolina \u00bffue capaz de hablar as\u00ed de su madre? \u2014pregunta con desagrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Isolina era tan t\u00edmida y callada. En el comedor escolar \u00e9l le quitaba la gelatina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or: nos cont\u00f3 que Costanza fumaba tabacos y fabricaba filtros para que la gente se enamorara a juro o se odiara, y pod\u00eda matar por encargo, desde lejos, enviando culebras venenosas. Isolina dijo: \u00ab\u00bfustedes no tienen en su memoria aquello que mam\u00e1 hac\u00eda siempre?\u00bb y pasamos un rato adivinando y no se nos ven\u00eda nada a la mente porque no era un recuerdo. Entonces nos aclar\u00f3 todo: la se\u00f1ora Costanza era quien ba\u00f1aba a los ni\u00f1os que se mor\u00edan. Les pon\u00eda las alas de papel a los angelitos y les pintaba la cara, de lo m\u00e1s lindo \u00bfse acuerda? \u00bfse acuerda del primer hijo de su hermana Candelaria, que naci\u00f3 muerto y ella le puso los palillos entre un p\u00e1rpado y otro para abrirle los ojos? bueno: la se\u00f1ora Costanza se llevaba para su casa el agua con que hab\u00eda ba\u00f1ado a los muchachitos muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>El mar pega en las piedras cortantes, que durante el d\u00eda son propiedad de los pel\u00edcanos y \u00e9l se imagina que los cangrejos se aferran a peque\u00f1as oquedades mientras vienen y van los faralaos de espuma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 se llevaba el agua para su casa? \u2014interroga a punto de meterse otra vez en los pasillos de la universidad. Irma Melecia se soba las piernas. Suspira.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La se\u00f1ora Costanza dec\u00eda que el agua de angelitos atra\u00eda dinero y por eso hac\u00eda sus empanadas y sus helados de vainilla roja con esas aguas. \u00bfSe acuerda que com\u00edamos siempre esos heladitos y esas empanadas? A usted le gustaba mucho echarle los heladitos a la avena.<\/p>\n\n\n\n<p>Irma Melecia est\u00e1 congestionada. \u00c9l conoce a las mujeres. Intuye las ganas de llorar. Sabe que hablar de esas cosas le trae im\u00e1genes cari\u00f1osas del pasado, de la madre de \u00e9l, de quien fue compa\u00f1era inseparable, especie de enfermera y de hija adoptiva hasta hace unos d\u00edas, cuando amaneci\u00f3 dormida con los ojos abiertos. Irma Melecia ha carecido de tacto para contarle algo tan tremebundo, que le enturbia a\u00fan m\u00e1s la infancia. Casi no le queda pureza al pasado. Aquellos helados de vainilla roja formaban parte de su mitolog\u00eda. Hablaba de ellos con sus amigos, los pon\u00eda como ejemplo del sabor perdido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pregunta mirando hacia la palpitaci\u00f3n infinita del oc\u00e9ano, queriendo extinguir el llanto de Irma Melecia, y ella se acaricia las piernas, como apacigu\u00e1ndolas, como tranquiliz\u00e1ndolas. Igual que se le pasa la mano al caballo por el cuello o por el lomo. Irma Melecia solloza, con la cara tan baja que sus cabellos caen hasta desaparecer en la penumbra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 dijo mam\u00e1 cuando Isolina le habl\u00f3 de los helados y las empanadas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La rega\u00f1\u00f3. Eso no se dice, c\u00e1llate la boca, Isolina. Y la aconsej\u00f3. Su mam\u00e1 era tan bondadosa. Se preocupaba mucho por la gente. Ella me cur\u00f3 el asma con miel y repollo. Una vez me pic\u00f3 un alacr\u00e1n y no se me hinch\u00f3 el pie porque ella rez\u00f3 una oraci\u00f3n. Era muy sabia \u00bfentiende?, pero los filtros de amor que hac\u00eda para que el pap\u00e1 de usted regresara nunca sirvieron. Jam\u00e1s. \u00bfPuede creerlo?<\/p>\n\n\n\n<p>A \u00e9l le parece que Irma Melecia anda mal de la cabeza y trata de no darle ninguna importancia a las mentiras que ha dicho. Es una solterona. Eso es. La escudri\u00f1a y constata que llora por noveler\u00eda, como cualquier mujer. Quiere irse a acostar inmediatamente pero el t\u00e9 de malojillo le ha generado m\u00e1s calor del que ten\u00eda. La falda se hunde y deja al descubierto las piernas de Irma Melecia. La radio sigue transmitiendo canciones dulzonas y todo le parece una pesadilla: la playa sin luminosidad, el pasado pudri\u00e9ndose y ahora esa mujer gimiendo y murmurando con la cabeza entre las rodillas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Usted no sabe lo que es sufrir, porque es doctor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y las palmeras baten sus alas enormes sin poder volar<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Nunca llegaron rosas para el amor de ayer<\/h3>\n\n\n\n<p>Su padre boque\u00f3 y muri\u00f3 cuando el sol estaba saliendo y en la calle se escuchaban algunos portazos. Se intu\u00eda el avance de un autob\u00fas escolar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edan pasado la noche acompa\u00f1\u00e1ndolo en la cl\u00ednica a\u00f1os cincuenta, ventiladores y aire acondicionado, paredes mantecado, fluorescentes redonditos como aureolas de \u00e1ngeles, pasos yendo, pasos viniendo y tacones detenidos de improviso; olores a desinfectante de pino, alcohol, mercurocromo, yodo, perfumes de enfermeras; voces de pasillo, la muerte a punto de brotar como una flor invisible y f\u00e9tida.<\/p>\n\n\n\n<p>Las primeras horas que estuvieron juntos al lado de la cama las aprovecharon para reencontrarse, de una manera tan contagiosa que en algunas ocasiones el anciano interven\u00eda para hacer una que otra acotaci\u00f3n o aclaratoria. Se dedicaron a conversar sobre sus vidas, y el viejo abr\u00eda los ojos, los cerraba, se debat\u00eda suavemente bajo los guada\u00f1azos de la muerte que se balanceaba haciendo su n\u00famero de trapecista en las sondas del suero. La muerte lo pescaba y \u00e9l coleteaba agonizante ensartado con nailon. Enrique miraba orgulloso a su hermano Camilo y \u00e9ste lo contemplaba de igual manera a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n se va a comer esa manzana? El viejo no puede tragar nada s\u00f3lido. Se interrump\u00edan y se escuchaban. Se sent\u00edan como extra\u00f1os reci\u00e9n presentados porque no se ve\u00edan desde hac\u00eda diez a\u00f1os, por lo menos. Enrique viv\u00eda haciendo su trabajo de ingeniero metal\u00fargico en Guayana y de all\u00ed no sal\u00eda nunca. Camilo era publicista y hab\u00eda hecho su rutina existencial en Miami. Sus vidas eran ahora unos curr\u00edculums de papel que pronto dejar\u00edan la materializaci\u00f3n pulposa y viajar\u00edan por computadora. As\u00ed de modernos y desarraigados estaban. En navidades se llamaban y se saludaban pero hablaban a r\u00e1fagas y durante unos pocos minutos.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo pens\u00e9 que tantos tubos de pl\u00e1stico metidos en la nariz y en la boca era cosa de pel\u00edculas pero a pap\u00e1 lo ten\u00edan atravesado con esas vainas- coment\u00f3 Enrique unas horas despu\u00e9s. Esa mosca maldita meti\u00e9ndose en el vaso. Esa mosca se va a parar encima del s\u00e1nduche que se exhibe en el mostrador.<\/p>\n\n\n\n<p>No hallaban nada sustancioso qu\u00e9 decir estando sentados en el cafet\u00edn, bebiendo caf\u00e9 ma\u00f1anero, esperando el certificado de defunci\u00f3n y los otros papeles de la cl\u00ednica. Ya a Enrique se le estaba pasando el gusto de escuchar el mal castellano que ahora hablaba Camilo, aunque de repente se sent\u00eda tentado a decir como \u00e9l: sorring. A un cuarto para la seis de la ma\u00f1ana su padre los observ\u00f3 con detenimiento y les hizo se\u00f1as con una mano para que se acercaran. Antes de decir cualquier otra cosa coment\u00f3 para s\u00ed, como si acabasen de entrar a la habitaci\u00f3n: vinieron, por fin vinieron.<\/p>\n\n\n\n<p>La cara parec\u00eda reducida pero m\u00e1s larga, como una calavera de animal. La piel estaba virtualmente despegada de los huesos, como a punto de caerse hacia un lado. Cual edred\u00f3n que se rueda. Igual que los forros de los muebles cuando se aflojan \u2013S\u00ed, aqu\u00ed estamos, pap\u00e1- respondi\u00f3 Camilo por los dos y el viejo les habl\u00f3 de la madre verdadera, una esposa que se aburri\u00f3 de verlo meterse debajo de un carro como un orde\u00f1ador de aceite, y despu\u00e9s hizo comentarios sobre Alida y pareci\u00f3 pedir perd\u00f3n o por lo menos insisti\u00f3, en medio de una tormenta de asma, que hab\u00eda sido un hombre muy individualista y encerrado en s\u00ed mismo. De repente les confesaba tengo miedo y ellos sab\u00edan que estaba muri\u00e9ndose y que temblaba ante lo que iba a sentir por \u00faltima vez. Esperaba un fuerte dolor, un dolor m\u00e1s grande que todo lo experimentado, algo revuelto con oscuridad y desesperaci\u00f3n. Ellos le dec\u00edan \u201cno te preocupes que todo va a salir bien\u201d como cuando \u00e9l los llevaba al dentista y les explicaba que eso no era nada. Ya viene, ya viene: es muy dif\u00edcil, se quejaba y ellos repet\u00edan no te preocupes que estamos contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Llama al m\u00e9dico, llama a la enfermera- dec\u00eda Enrique y no se mov\u00eda de la orilla de la cama que hab\u00eda hecho suya. Del otro lado estaba Camilo, buscando el timbre para llamar al personal de guardia. Lo encontr\u00f3 y lo hundi\u00f3 varias veces. La habitaci\u00f3n se llenaba de luz natural y se escuchaba el tronco de los ventiladores pidiendo grasa. El hombre abri\u00f3 los ojos hasta desorbitarlos y luego los cerr\u00f3 llev\u00e1ndose un trozo de techo blanquecino, unas aspas lentas y un aleteo de persianas para el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Camilo piensa en la boca de Betty y aspira su aliento de cereza. El m\u00e1s all\u00e1 es un eufemismo para definir el momento en que se abandona para siempre el m\u00e1s ac\u00e1. Le repetir\u00e1 esa idea a Betty. \u00bfQu\u00e9 haces a esta hora en Miami Florida, mi amor? \u00bfme a\u00f1oras, me llamas? Estar\u00e1 prepar\u00e1ndose para sus clases de aerobics. Hace se\u00f1as de que le traigan otro caf\u00e9 y le dice a Enrique, ambos insuflados por una libertad de adultos aut\u00e9nticos reci\u00e9n graduados, que pueden pedir lo que quieran en el cafet\u00edn de la cl\u00ednica:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 no vamos hoy mismo a la casa de la monta\u00f1a?<\/p>\n\n\n\n<p>Y Enrique asiente preguntando \u00bfpor qu\u00e9 no? Hace poqu\u00edsimo vieron morir al padre y \u00e9ste ni siquiera tembl\u00f3 o grit\u00f3: se qued\u00f3 quieto despu\u00e9s de un ronquido y ya est\u00e1, tanto caminar, tanto hablar, tanto comer, tanto ba\u00f1arse y limpiarse: tieso como un palo. Pero antes les hab\u00eda contado todo lo de Alida y ellos se quedaron abismados mir\u00e1ndolo. La cama estaba convertida en una lancha mortuoria que cruzaba hacia la otra playa. La sent\u00edan avanzando para aquel lado y su padre se empeque\u00f1ec\u00eda de veras. La carita, las cuenquitas, los huesitos. Un fardo tirado.<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy poco lo que recuerdan respecto a ella: s\u00f3lo vaguedades como la vez que baj\u00f3 hacia la autopista y se fue caminando por la orilla mientras a su lado pasaban carros de todos los colores, unos recortando la velocidad, otros apresur\u00e1ndose. El humo de un cigarrillo flu\u00eda hacia su espalda y luego se perd\u00eda en el espacio.<\/p>\n\n\n\n<p>Fumaba de noche en el porche; era alta, con una cabellera te\u00f1ida de rubio casi blanco. Le gustaba llevar camisas o franelas muy cortas. Siempre estaba presente su ombligo, como el ojo de Polifemo, mirando la mitad de la vida desde una piel tensa reseca saturada de vellos, que parec\u00edan espinitas de sol.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces se transformaba en una persona de car\u00e1cter muy fuerte y no sal\u00eda de la cocina donde le\u00eda recetas de libros y preparaba unas comidas pastosas que su padre engull\u00eda fascinado y ellos tragaban a duras penas, pero generalmente era una mujer melanc\u00f3lica y solitaria que llamaba a las estaciones de radio para pedir canciones. Ten\u00edan perfecta conciencia de que Alida se hab\u00eda cansado de la vida tan abrumadoramente apacible y engordadora que capitaneaba su padre. El era un hombre de poqu\u00edsimas palabras que trabajaba fuera de la casa cinco d\u00edas a la semana y los dos d\u00edas que estaba en el hogar los pasaba divirti\u00e9ndose a solas con sus herramientas y su carro.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un tiempo en que su padre comenz\u00f3 a prestarle m\u00e1s atenci\u00f3n al hogar, sobre todo a partir del d\u00eda que Alida desapareci\u00f3 de la casa y estuvo una semana ausente. Una ma\u00f1ana se detuvo un taxi desvencijado en el hombrillo de la autopista como si se hubiese descompuesto y ella baj\u00f3 lentamente. No tra\u00eda regalos ni nada. Descendi\u00f3 del carro carcomido y repintado y subi\u00f3 la cuesta poco a poco. Se detuvo, arranc\u00f3 unas hojas, pareci\u00f3 dudar y luego abri\u00f3 la puerta del corral de la casa y entr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>-Los dos se encerraron en su cuarto y hablaron mucho\u2026pap\u00e1 grit\u00f3 una sola vez \u00bftienes memoria de eso, Camilo? Nosotros dec\u00edamos la va a co\u00f1acear y no sab\u00edamos de parte de qui\u00e9n nos deb\u00edamos poner, aunque en el fondo le d\u00e1bamos la raz\u00f3n a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>-Claro que me acuerdo. Despu\u00e9s de ese samplegorio la normalidad parec\u00eda una patilla a punto de caerse de un cami\u00f3n. Esa vez escuchamos cuando pap\u00e1 le dijo tengo que hablar con Enrique y Camilo y nosotros nos cagamos porque pensamos que nos iban a mandar para un internado, porque cuando pap\u00e1 se arrechaba lo que dec\u00eda era eso: los voy a meter en un internado y uno se imaginaba que un internado era como una c\u00e1rcel para ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Su padre y ella viv\u00edan temporadas armoniosas en que los llevaban a pasear a la playa, a comer pollo en brasas o a un centro comercial. Donas, el cine, cotufas. Se ve\u00edan tranquilos y muy amables el uno con el otro. Hasta que lleg\u00f3 el desesperante y caluroso mes en que ella baj\u00f3 hacia la autopista sin decir una palabra y no regres\u00f3 m\u00e1s. Su padre se enferm\u00f3 esper\u00e1ndola y cuando se dio cuenta de que nunca m\u00e1s volver\u00eda se dedic\u00f3 a beber cerveza y jugar domin\u00f3 qui\u00e9n sabe ad\u00f3nde. Lo dejaba solos y ellos aprovechaban para no ir a la escuela. Hasta la pantalla del televisor se cubri\u00f3 de polvo. Despu\u00e9s la abuela lleg\u00f3 para poner orden y se los llev\u00f3. As\u00ed fueron creciendo hasta que se graduaron y se separaron cada uno por su lado. Hasta estos d\u00edas en que les avisaron que su padre estaba grave y ellos retornaron para verlo morir y aprovecharon para ir a visitar la casa de la monta\u00f1a y ver qu\u00e9 iban a hacer con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>-Nos volv\u00edamos locos por los chicharrones de pollo que nos preparaba Alida- murmura Enrique mirando la distancia y buscando con los ojos el pino donde colocaban el cart\u00f3n de tiro al blanco.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed. Y por el quesillo aquel. Ella nos dejaba comer bastante quesillo y nunca nos fastidi\u00f3 ni nos rega\u00f1\u00f3. Era tan rara. Las otras mam\u00e1s de por ah\u00ed gritaban no coman dulce, hagan la tarea y apaguen ese televisor. En cambio Alida nos preguntaba si quer\u00edamos jugar bingo o si quer\u00edamos ir al cine con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>-A veces la escucho, escucho aquella voz hablando de veleros y catamaranes, de barcos y muelles y de las camisas floreadas que le gustaban tanto cuando ve\u00edamos aquel programa de televisi\u00f3n que mostraba a Hawai. \u00bfNo estaba medio loca por las cosas marinas?- responde Camilo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Lo absurdo- vuelve Enrique- fue cuando se apareci\u00f3 la polic\u00eda con aquellos se\u00f1ores y conocimos a la mam\u00e1 de mam\u00e1 diciendo que nos iba a salvar de pap\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>-Primera noticia de que ten\u00edamos una abuela. T\u00fa la ve\u00edas escondido detr\u00e1s de las persianas y me dec\u00edas: parece uno de los malos de la lucha libre. La abuela nos llev\u00f3 de ah\u00ed y despu\u00e9s de eso fue que supimos que la mam\u00e1 de nosotros era otra mujer que tambi\u00e9n hab\u00eda dejado a pap\u00e1 cuando est\u00e1bamos m\u00e1s chiquitos y que se hab\u00eda muerto en un aborto, que t\u00fa preguntaste qu\u00e9 era un aborto y yo le grit\u00e9 que Alida era nuestra mam\u00e1 y la abuela me rompi\u00f3 la boca de un manot\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-La abuela Gregoria nada m\u00e1s nos dec\u00eda que pap\u00e1 se hab\u00eda vuelto muy irresponsable pero nunca quiso hablar de Alida. Le pregunt\u00e1bamos y ella nos mandaba a lavar las manos o a pelar papas. No hablen de eso aqu\u00ed en mi casa, vagabundos, los voy a ense\u00f1ar a ser cristianos gritaba \u00bfte acuerdas, Camilo?<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfQu\u00e9 habr\u00e1 sido de Alida? Ojal\u00e1 que est\u00e9 bien. Ojal\u00e1 que est\u00e9 viviendo en una isla, en una playa. \u00bfSabes? M\u00e1s que ese gorgoteo que se le vino a pap\u00e1 desde el pecho como si se le estuviera enredando en baba el coraz\u00f3n, me impresion\u00f3 lo de Alida y cuando dijo que la hab\u00eda querido con mucha rabia porque no pod\u00eda llevar amigos a la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo todav\u00eda no puedo creer que Alida\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-Yo tampoco\u2026sus labios sonre\u00edan con dulzura y sufr\u00eda aquella soledad tan femenina que la atosigaba. Actuaba como una mujer. Enlazaba las manos y colocaba la barbilla encima. Cruzaba las piernas. As\u00ed, con ese matiz\u2026tan\u2026fr\u00e1gil.<\/p>\n\n\n\n<p>La autopista se congestiona. Los veh\u00edculos comienzan a avanzar lentamente hasta que se forman largas colas y aparecen manos agit\u00e1ndose por las ventanillas. Mariposas diminutas intentando escapar de los escarabajos gigantes, de los \u00e1caros envenenados. Cerca de ah\u00ed, en un \u00e1rbol que est\u00e1 como sembrado en sus columnas vertebrales, irrumpe el aleteo espantoso de un p\u00e1jaro demasiado grande; lejos a\u00fallan una o dos sirenas. \u00bfGuayabas? \u00bfson guayabas maduras? All\u00e1 en el manch\u00f3n verde, junto al barranco.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique y Camilo se callan. Van y vienen. Palpan la cerca, miran la vieja y rechoncha mata de ciruelas desde abajo como si tuviera faldas. En el tronco, ahorcado por un alambre de p\u00faas, ha desaparecido el coraz\u00f3n que ellos dibujaron a manera de sorpresa con el nombre de Alida en el centro.<\/p>\n\n\n\n<p>-Ella se emocion\u00f3 yo s\u00e9 que se emocion\u00f3 \u00bfno recuerdas que nos abraz\u00f3 largo rato? A mi me llam\u00f3 hijito y a ti te dijo ay hijito. Era tierna cuando le tocaba y caminaba como Marilyn Monroe-comenta Camilo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Alida me parec\u00eda muy femenina- agrega Enrique pero no pueden seguir hablando porque ahora s\u00ed es verdad que se les ha reventado el llanto y cada uno vuelve la cabeza para un lado distinto intentando llorar sin aspavientos ni moqueaderas y por eso se quedan est\u00e1ticos mientras el paisaje de la infancia se derrite y ambos piensan sin querer, as\u00ed de pasadita, en el plateado y chulo aeropuerto.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Sobre el autor<\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los cangrejos sufren toda la noche El ritmo del mar en la oscuridad desampara a Irma Melecia, cuyo rostro aceitado de luces se desarmoniza empavorecido cuando describe los enormes aletazos, las planchas de zinc hundi\u00e9ndose con el ventarr\u00f3n del aleteo y rechinando bajo unas garras. \u00c9l se imagina hundi\u00e9ndose en el oc\u00e9ano, algas flotando, babas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11495,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11494"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11494"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11494\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11498,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11494\/revisions\/11498"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11495"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11494"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11494"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11494"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}