{"id":11468,"date":"2024-04-02T20:23:59","date_gmt":"2024-04-02T20:23:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11468"},"modified":"2024-04-02T20:23:59","modified_gmt":"2024-04-02T20:23:59","slug":"escenas-de-la-memoria-escenas-del-yo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/escenas-de-la-memoria-escenas-del-yo\/","title":{"rendered":"Escenas de la memoria\/escenas del yo"},"content":{"rendered":"\n<p>AUTORREPRESENTACIONES DE UN PA\u00cdS EN LAS CR\u00d3NICAS DE ELISA LERNER<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Mar\u00eda Teresa Vera-Rojas<\/h4>\n\n\n\n<p>En una entrevista a prop\u00f3sito de la publicaci\u00f3n de <em>As\u00ed que pasen cien a\u00f1os<\/em>. <em>Cr\u00f3nicas reunidas<\/em> (2016), obra que recoge toda la producci\u00f3n cron\u00edstica de Elisa Lerner (Valencia-Venezuela, 1932), la escritora venezolana volvi\u00f3 sobre una de las ideas con la que frecuentemente se hace referencia a su trabajo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El venezolano sigue creyendo en actos de magia y muchos han querido olvidar; les conviene para la lucha por el poder, para su provecho personal. La memoria es tambi\u00e9n como un rezo interior. Nosotros hemos estado mucho en la posesi\u00f3n, en adquirir esto, lo otro; en la an\u00e9cdota, en el espejismo. No solo en los espejismos de la sabana de los que hablaba nuestro gran escritor (Gallegos), sino de [sic.] los espejismos hist\u00f3ricos. Y eso nos ha llevado, creo yo, a no ver con claridad, a ver menos claro. La memoria te sostiene como una familia interior. Es como una parentela que est\u00e1 dentro de ti. Te estructura, te mantiene. Y sin ella, tu historia y la de tu pa\u00eds se tambalean. [\u2026] La falta de memoria nos ha condenado a la inmadurez; no nos conviene, es como un escollo. Es algo que creemos no necesitar para andar ligeros de equipaje. (Lerner, \u201cEl venezolano sigue\u201d s\/p)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En sus m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os de producci\u00f3n literaria, Elisa Lerner ha conjugado en sus cr\u00f3nicas sus experiencias personales con una aguda mirada de cronista, para registrar escenas de la historia no oficial de Venezuela durante el siglo XX. En sus textos, la autorrepresentaci\u00f3n es indisociable del ejercicio de escritura de la memoria, una memoria que puede ser concebida como una forma \u201cde generar sentido, de anclar nuestra vida, protegi\u00e9ndola de la sospecha de lo casual y sin prop\u00f3sito\u201d (Birul\u00e9s 11). As\u00ed, autorrepresentaci\u00f3n, memoria y escritura se conjugan en Lerner para otorgar sentido \u00e9tico al presente y estructurar la casa familiar de la naci\u00f3n, en una sociedad como la venezolana, en la que el descuido del recuerdo se ha convertido en s\u00edntoma integral de su falta de \u00e9tica, de su inmadurez y de su materialismo: \u201cEl macho venezolano es hombre sin amorosa memoria \u2013afirmaba Lerner en 1979\u2013. En este sentido, refleja muy fidedignamente al pa\u00eds actual. Al pa\u00eds sin memoria, donde la democracia requerir\u00eda de m\u00e1s calidad \u00e9tica. Es que en sociedades donde no se estructura el recuerdo, no hay \u00e9tica\u201d (Lerner, \u201cEl marido de\u201d 159).<\/p>\n\n\n\n<p>Tal como lo demuestran sus cr\u00f3nicas e innumerables entrevistas, para Lerner la escritura de la memoria del pa\u00eds es tambi\u00e9n la escritura de su memoria individual, una memoria configurada a partir del ejercicio del recuerdo, as\u00ed como por medio de las representaciones que confluyen en su imagen autorial. De esta forma, las representaciones de escenas de la memoria de la Venezuela del siglo XX que encontramos en las cr\u00f3nicas de Lerner no s\u00f3lo otorgan sentido al presente de su escritura, sino que adem\u00e1s se relacionan con el anclaje de su figura como autora poseedora de una imagen p\u00fablica: \u201cLa memoria es la inacabable despensa del escritor \u2013afirma Lerner\u2013. Sin ella, no hay futuro. Sin memoria no se mantiene lo suficientemente viva y entera la almendra fr\u00e1gil de los D\u00edas\u201d (Lerner, \u201cHay una oscura\u201d s\/p).<\/p>\n\n\n\n<p>Memoria y autor\u00eda son as\u00ed parte indisociable del discurso que desaf\u00eda el olvido y, en el caso de Lerner, estos elementos son inseparables de la gesti\u00f3n con la que ha construido su \u201cimagen de autora\u201d<span style=\"text-decoration: underline;\">(1)<\/span> y se ha posicionado como parte del campo cultural venezolano, gesti\u00f3n que se ha producido, entre otras cosas, a partir de un ejercicio consciente de autorrepresentaci\u00f3n y un meticuloso cuidado del <em>ethos autorial<\/em> \u2013esto es, la imagen p\u00fablica de s\u00ed misma que proyecta en sus textos\u2013, que acompa\u00f1a y particulariza su escritura: \u201cEs cierto, mis cr\u00f3nicas son la vida del pa\u00eds [afirmaba en otra entrevista reciente]. Y s\u00ed, paralelamente, hay cosas de mi biograf\u00eda. Para m\u00ed, vida y literatura son lo mismo [\u2026] Yo creo que la literatura es una autobiograf\u00eda metaf\u00f3rica de la propia vida\u201d (Lerner, \u201cEscribir implica\u201d s\/p). <span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>(2)<\/strong><\/span><\/p>\n\n\n\n<p>Por estas razones, es significativo que la \u201cprimera edici\u00f3n \u00edntegra\u201d de las cr\u00f3nicas de Elisa Lerner, recogidas en el libro <em>As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas<\/em> (2016), exalte su figura autorial a partir de la imagen de constructora de la memoria venezolana (Blanco Calder\u00f3n 12), y contribuya con ello a un definitivo gesto de monumentalizaci\u00f3n de su trayectoria como autora. Este gesto no solo act\u00faa fijando la representaci\u00f3n autorial de Lerner a la memoria venezolana como un significante homog\u00e9neo y monol\u00edtico, sino que adem\u00e1s pareciera contraponerse al <em>ethos<\/em> discursivo desde el cual Elisa Lerner ha concebido la literatura y, en especial, la cr\u00f3nica como el g\u00e9nero del mestizaje y la transitoriedad.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de estas consideraciones, me gustar\u00eda esbozar una propuesta de lectura que, aunque inevitablemente incompleta, intentar\u00e1 demostrar c\u00f3mo en la imagen de autora de Elisa Lerner confluyen adem\u00e1s de las entrevistas, biograf\u00edas, rese\u00f1as, fotograf\u00edas\u2026 un consciente proceso de autorrepresentaci\u00f3n que se resiste incluso a los riesgos de las normalizaciones editoriales, y que adem\u00e1s nos obliga a repensar la tendencia homogeneizadora con la que las teor\u00edas acerca de la autor\u00eda han concebido el papel de la cr\u00edtica en la construcci\u00f3n de la imagen de autor.<strong><span style=\"text-decoration: underline;\">(3)<\/span><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, me detendr\u00e9 en la relaci\u00f3n de la imagen autorial de Elisa Lerner con el g\u00e9nero de la cr\u00f3nica, la representaci\u00f3n de los sujetos femeninos y su posicionamiento como autora en el campo cultural venezolano. En este sentido, me interesa pensar, adem\u00e1s, c\u00f3mo la cr\u00f3nica, considerada g\u00e9nero marginal y \u201cmodo subjetivo de representaci\u00f3n\u201d que entiende \u201clos modos de mirar\/percibir como instancias claves dentro de la experiencia cron\u00edstica, de su concepci\u00f3n y traducci\u00f3n textual\u201d, hace de la experiencia el recurso en el que se funda el ethos autorial de Elisa Lerner. Esto es, quiero enfatizar el hecho de que \u201cEl cronista es, ante todo, un sujeto que observa y escucha la realidad que le rodea; es fundamentalmente un testigo del acontecer diario que decide registrar ciertos eventos y personajes contempor\u00e1neos\u201d, cuya autoridad enunciativa \u201cse vincula a la noci\u00f3n de la presencia autorial en el contexto que sirve de punto de partida para el discurrir textual\u201d (Bencomo 145-146).<\/p>\n\n\n\n<p>En correspondencia con esto \u00faltimo, reflexionar\u00e9 acerca de los elementos paraliterarios que confluyen en la construcci\u00f3n de la imagen de autora de Lerner y que condicionan, en cierta manera, no solo el sentido de sus cr\u00f3nicas, sino tambi\u00e9n el de su imagen de autora en la actualidad; sobre todo, busco repensar el estatuto de verdad que adquieren las cr\u00f3nicas de Lerner en la Venezuela contempor\u00e1nea, incluso a pesar de que tanto su imagen como sus textos se resisten a una \u00fanica significaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En uno de sus muchos textos dedicados a la cr\u00f3nica y a Caracas, Susana Rotker reflexionaba en torno al papel que este g\u00e9nero hab\u00eda ocupado en la representaci\u00f3n de la ciudad y en la \u201cracionalizaci\u00f3n\u201d del presente, por medio de la construcci\u00f3n de genealog\u00edas y la b\u00fasqueda de or\u00edgenes y \u201cmitos\u201d que pudieran otorgar sentido al nuevo imaginario social caraque\u00f1o de finales de siglo XX:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El recuerdo personal ocupa en Caracas \u2013afirmaba Rotker\u2013 el lugar de la materia que se ha desvanecido, <strong>la palabra es omnipotente<\/strong>. Para que exista el pasado, alguien debe pronunciarlo, decirlo y hacer que exista, aunque sea en una instant\u00e1nea y olvidable nota period\u00edstica. Pocos ejemplos tan v\u00edvidos como \u00e9ste sobre la capacidad del lenguaje para \u201chacer presentes\u201d experiencias y significados, para objetivar el \u201caqu\u00ed y ahora\u201d, para trascender lo cotidiano y reencontrar zonas de significado. La cr\u00f3nica ha sido un modo de renarrativizar esa realidad fugitiva. (234; \u00e9nfasis en el original)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente, la modernizaci\u00f3n de Caracas \u2013con su petr\u00f3leo y su proyecto urban\u00edstico\u2013 trajo consigo la ruptura con el pasado en aras de un progreso cuya relaci\u00f3n con el futuro se produc\u00eda desde una vor\u00e1gine edificadora que daba la espalda al paisaje y pasado rurales (v\u00e9ase D\u2019Alessandro). En este escenario, no solo la poes\u00eda hizo de la nostalgia por el pasado rural un motivo de canto en el presente, sino que adem\u00e1s la cr\u00f3nica permiti\u00f3 la reconstrucci\u00f3n del pasado desde el ejercicio mismo de la escritura. Y todo esto ocurr\u00eda, particularmente, a partir de la d\u00e9cada de los ochenta, cuando, como se\u00f1ala Rotker, la cr\u00f3nica literaria en Venezuela consigui\u00f3 una cierta autonom\u00eda respecto del g\u00e9nero period\u00edstico y se convirti\u00f3 en el registro de los nuevos sujetos urbanos y de las experiencias de un pasado no oficial y cotidiano, que se hac\u00edan presentes a partir del relato de cronistas como Elisa Lerner.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun cuando la fruct\u00edfera trayectoria de Lerner \u2013Premio Nacional de Literatura en el a\u00f1o 1999 y Premio de Literatura Filcar en 2016, entre otros\u2013 comienza en la d\u00e9cada de los sesenta y abarca g\u00e9neros como el teatro, la narrativa de ficci\u00f3n y el ensayo, ha sido su trabajo como cronista el que le ha generado mayores reconocimientos de parte la cr\u00edtica y el p\u00fablico lector. Una de las razones para este \u00e9xito ha residido en la misma naturaleza del g\u00e9nero, porque tanto su hibridez como su fragmentariedad han permitido que pasado y presente dialoguen en sus textos, pero adem\u00e1s porque sus registros cotidianos y familiares se posicionan desde escrituras y gestos no hegem\u00f3nicos que otorgan protagonismo a nuevos y an\u00f3nimos sujetos de la cultura e historia de la Venezuela moderna. Al respecto, explicaba en una entrevista concedida a Milagros Socorro:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Antes de \u00abCarriel n\u00famero cinco\u00bb (selecci\u00f3n de cr\u00f3nicas publicadas en \u00abEl S\u00e1dico Ilustrado\u00bb), a m\u00ed lo que me habitaba, lo que me hac\u00eda escribir, era que yo ve\u00eda en una revista a la duquesa de Windsor y a partir de esa met\u00e1fora lejana yo hablaba sobre una serie de cosas muy dolorosas del mundo; o a partir de \u00abYo amo a Columbo\u00bb, la televisi\u00f3n me serv\u00eda para hablar de una serie de pasiones o de fracasos, de sufrimientos, de mediocridades que nos asedian. Pero en Carriel empec\u00e9 a escuchar a la gente. Por mucho tiempo yo escrib\u00eda a partir del cine, que influy\u00f3 mucho en mi infancia y en mi adolescencia; el cine era un atajo para llegar al mundo venezolano: yo ve\u00eda una pel\u00edcula como \u00abCu\u00e9ntame tu vida\u00bb y en esa amnesia particular identificaba la desmemoria del pa\u00eds. El cine, la radio, la moda, las tiras c\u00f3micas y las revistas de consumo masivo me llevaron a comprender  los problemas, los dolores, las limitaciones del pa\u00eds [\u2026] Y paralelamente permanec\u00eda atenta al habla venezolana a trav\u00e9s de personas de carne y hueso con lo que no solo percib\u00ed el habla sino algo m\u00e1s \u00edntimo. Eso tambi\u00e9n ha llegado a mis textos. (Lerner, \u201cElisa Lerner, una atleta\u201d s\/p)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La cultura de masas a la que hace referencia Lerner es el correlato de las movilizaciones sociales que se produjeron en Venezuela como consecuencia del proceso de modernizaci\u00f3n y de las migraciones del campo a la ciudad. En medio de este contexto de cambios, Lerner concibe su educaci\u00f3n sentimental a partir de los registros de la cultura popular y del imaginario medi\u00e1tico, en torno a los que se articul\u00f3 tanto la emergencia de las nuevas masas urbanas latinoamericanas como un cambio en la relaci\u00f3n de los ciudadanos con la naci\u00f3n: \u201cel papel decisivo que los medios masivos juegan en ese periodo [de los a\u00f1os treinta a finales de los cincuenta] residi\u00f3 en su capacidad de hacerse voceros de la interpelaci\u00f3n que desde el populismo convert\u00eda a las masas en pueblo y al pueblo en Naci\u00f3n\u201d (Mart\u00edn-Barbero 189). Pero m\u00e1s a\u00fan, en la representaci\u00f3n que construye de s\u00ed como autora, Lerner se figura como escucha no solo radiof\u00f3nica, sino tambi\u00e9n social. En este sentido, no debe sorprendernos que, entre estos sujetos que adquieren en Lerner una nueva escucha, destaquen, muy especialmente, las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>El feminismo ha concedido a las mujeres el \u201cestatuto de agentes de su propia existencia\u201d. Gracias a este, afirma Fran\u00e7oise Collin, la transmisi\u00f3n entre mujeres se ha convertido en \u201cuna interpelaci\u00f3n por la que una mujer despierta a otra; autoriz\u00e1ndose a hablar, adquiere autoridad y autoriza [\u2026]; al exteriorizar su experiencia, inscribi\u00e9ndola en objetos simb\u00f3licos \u2013y para empezar en su discurso\u2013, mediatiza su aportaci\u00f3n, la objetiva y la deja en herencia para ser interpretada\u201d (155). Efectivamente, una de las caracter\u00edsticas distintivas de Lerner ha sido el hecho de construir en sus cr\u00f3nicas una galer\u00eda de mujeres en las que las transgresoras se mezclan con mujeres an\u00f3nimas, pero tambi\u00e9n con actrices de cine, pol\u00edticas y escritoras. Su estatus de autora tambi\u00e9n pasa por la autorizaci\u00f3n con la que otras mujeres hablan a trav\u00e9s de su escritura, por eso, en sus textos, adquieren relevancia las mujeres que asesinan por celos o las que cosen para mantener un pa\u00eds o las que encarnan el culto a la apariencia de la sociedad venezolana, pero tambi\u00e9n aquellas que, aun desde el margen, han configurado como ella el mapa literario nacional. En este sentido, de su amplio repertorio quiero destacar una cr\u00f3nica, \u201cLa literatura: \u00bftiene sexo?\u201d, de 1981, publicada como parte de su libro <em>Cr\u00f3nicas ginecol\u00f3gicas<\/em> (1984), donde reflexiona magistralmente acerca de la \u201cliteratura femenina\u201d<strong><span style=\"text-decoration: underline;\">(4)<\/span><\/strong> no solo para inscribirse como autora en una tradici\u00f3n literaria de escritoras venezolanas, sino tambi\u00e9n para situarse en la genealog\u00eda de figuras excepcionales de la literatura latinoamericana:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfExiste o no, una literatura femenina? [se pregunta Lerner] En los a\u00f1os 40 era esa una pregunta que \u2013en Venezuela\u2013 llenaba de indignaci\u00f3n a reporteras literarias y poetisas. Era un tiempo de nueva democracia, de lucha por los derechos de la mujer y, a veces, \u2013\u00bfqui\u00e9n sabe?\u2013 ambiente de confusi\u00f3n regocijante. \u201cLa literatura no tiene sexo\u201d clamaban las poetisas [\u2026] Aunque \u2013en todo momento\u2013 en\u00e9rgicas proclamaban, que eran ellas poetas. Lo de <strong>poetisas<\/strong>, con desd\u00e9n ol\u00edmpico, lo consideraron como personal insulto. La voz particular \u2013entre valiente y extravagante\u2013 de esas mujeres venezolanas de hace 40 a\u00f1os, acaso todav\u00eda vive en m\u00ed [\u2026]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La mujer durante a\u00f1os (\u00bfo siglos?) ha escrito una prosa fragmentaria, donde la espontaneidad de una \u00edntima efusi\u00f3n predomin\u00f3 sobre los artificios del argumento [\u2026] Por lo que m\u00e1s sensato me parece hablar antes que de literatura femenina, de libros femeninos o de libros escritos por mujeres. Creo que, en \u00e9stos, sigue dominando el diario fragmentario, la vasta ep\u00edstola de una <strong>preliteratura femenina<\/strong>. En los textos femeninos m\u00e1s que la s\u00f3lida astucia de un argumento, viven las complejas rugosidades del matiz, de la iron\u00eda. (458-459; \u00e9nfasis en el original)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Su aproximaci\u00f3n a la literatura se produce desde su experiencia como escritora y desde la intimidad y valent\u00eda que, junto con el matiz y la iron\u00eda, constituyen el sello distintivo de su escritura; pero tambi\u00e9n como lectora y escucha del mundo y la sociedad que le rodeaban, por eso, en su cr\u00f3nica, adem\u00e1s de cuestionar la inferioridad intelectual de las mujeres, se pueden \u201centreleer\u201d sus lecturas y su desencanto con Simone de Beauvoir<span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>(5)<\/strong><\/span>, as\u00ed como sus vivencias como parte del grupo literario venezolano Sardio (1955-1961), del cual formar\u00eda parte como casi la \u00fanica escritora reconocida<span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>(6)<\/strong><\/span>. En este contexto, Elisa Lerner deviene una figura cuya legitimaci\u00f3n como autora pasa por la lectura de otras autoras y por su inscripci\u00f3n en una genealog\u00eda literaria formada de fragmentos y resistente a las totalizaciones, una legitimaci\u00f3n desde la cual construye una imagen de s\u00ed, en cuanto que autora, atravesada por la denuncia social, la reflexi\u00f3n literaria, la herencia de las experiencias femeninas, as\u00ed como el reconocimiento de la importancia que tienen la domesticidad y la cotidianidad como motivos literarios: <\/p>\n\n\n\n<p><em>Y si se han escrito esos femeninos libros es porque la mujer confinada por a\u00f1os (\u00bfpor siglos?) a su dormitorio conyugal, a los comedores de familia m\u00e1s que observar al mundo, lo ha <strong>espiado<\/strong>. Pero de ese chismoso espionaje \u2013donde el detalle, los matices tienen jerarqu\u00eda de brillante acci\u00f3n\u2013 surgen, a veces, las m\u00e1s inteligentes cr\u00f3nicas femeninas, textos de cotidianidad luminosa. Clarice Lispector escribe cuentos de aparente domesticidad. Pero en esos relatos [\u2026] hay una reflexi\u00f3n rotunda acerca de la vejez, la soledad, la muerte. Clarice Lispector nos se\u00f1ala que la cotidianidad \u2013inocente\u2013 femenina no est\u00e1 separada de las zonas m\u00e1s dolorosas de la vida. Lo abrumador no siempre es lo m\u00e1s solemne. (459; \u00e9nfasis en el original)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La cr\u00f3nica fue el g\u00e9nero que, gracias a su marginalidad, permiti\u00f3 que Lerner incorporara como parte de la memoria nacional las experiencias de las mujeres, as\u00ed como la legitimidad de sus propias experiencias como cronista, mujer, adem\u00e1s de hija de inmigrantes rumanos, para as\u00ed narrar el acontecer nacional y la modernizaci\u00f3n de Venezuela en el marco de las transformaciones que trajeron consigo el petr\u00f3leo, la democracia, la literatura y los mass media:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aunque empec\u00e9 a escribir muy joven es ahora cuando estoy entendiendo mejor al venezolano y a la sociedad venezolana. Esto ha sido el resultado de un proceso muy lento porque el hecho es que mi v\u00eda para comprender el pa\u00eds ha sido a trav\u00e9s de sus mitos. Al final de mi infancia se produce la llamada Revoluci\u00f3n de Octubre, la ca\u00edda de Gallegos y luego la muerte de Delgado Chalbaud, todo eso repercuti\u00f3 muy profundamente en mi trabajo literario. No es que yo sea una escritora hist\u00f3rica pero s\u00ed he estado atenta a los ruidos que me rodean: primero percib\u00ed las palabras, despu\u00e9s las voces y finalmente escuch\u00e9 la sociedad venezolana. Claro que siempre de una manera oblicua, vali\u00e9ndome de pretextos. (Lerner, \u201cElisa Lerner, una atleta\u201d s\/p)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la emergencia de nuevas clases burguesas producto del petr\u00f3leo en contraste con la pobreza de la mayor parte de la poblaci\u00f3n venezolana, la inscripci\u00f3n de pr\u00e1cticas de consumo masivo, los nuevos iconos populares (escritores, actrices, cantantes), pero, muy especialmente, las escenas del pasado militar y dictatorial del siglo XX venezolano (Juan Vicente G\u00f3mez [1908-1935], Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez [1953-1958]) tuvieron un nuevo significado en las cr\u00f3nicas de Lerner. De la mano de los nuevos sujetos de la Venezuela moderna, el ethos de sus cr\u00f3nicas otorgaba otro sentido a la contemporaneidad de la sociedad venezolana, constru\u00eda una \u201cmitolog\u00eda urbana\u201d (v\u00e9ase Rotker) y configuraba la imagen de autora de Elisa Lerner como parte del campo cultural venezolano que comenzaba a tomar forma luego de la ca\u00edda del dictador Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez el 23 de enero de 1958. Una cr\u00f3nica titulada \u201cEl pa\u00eds y la memoria\u201d, de 1968, publicado en <em>Yo amo a Columbo<\/em> o la pasi\u00f3n dispersa (1979), as\u00ed lo expon\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p><em>debemos reconocer que si, como pueblo, por muchos a\u00f1os, \u00fanicamente, hemos conocido castigos primitivos, corporales, se debe, en mucho, a que los gobiernos dictatoriales no solo nos privaron de educaci\u00f3n. Tambi\u00e9n nos privaron de la memoria, de sus castigos reflexivos como v\u00edas para abandonar la magia y el subdesarrollo. Porque cuando se vive bajo las dictaduras, como las que ha tenido Venezuela, la memoria ya no es claridad o pensamiento, \u00edntima reiteraci\u00f3n para ser fidedignos colectivamente y no dogm\u00e1tico tiempo del \u00e9nfasis. Se transforma en una posesi\u00f3n de los dictadores, en juego y nunca misi\u00f3n. Es una pertenencia enigm\u00e1tica, solitaria que solo sirve para perseguir y no para la identificaci\u00f3n colectiva y amorosa de un pa\u00eds [\u2026].<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y es, acaso, porque, siempre, en estos pa\u00edses sin memoria como los nuestros, son aconsejables los contingentes inmigratorios que, entre otras cosas, nos traen una conmovedora capacidad para no olvidar.<\/p>\n\n\n\n<p>Una memoria semejante es la que nos toca desentra\u00f1ar y que una nueva generaci\u00f3n de escritores, entre nosotros, quiz\u00e1 est\u00e1 procurando en sus ficciones. (1 13-115) Producir el pasado por medio de su representaci\u00f3n pareciera ser la misi\u00f3n con la que Lerner construye su imagen y legitima su funci\u00f3n autorial en el campo cultural venezolano posterior a la dictadura perezjimenista, y lo hace mediante la exaltaci\u00f3n de la condici\u00f3n correctiva de la memoria como un ejercicio cr\u00edtico que se distingue del disciplinamiento corporal e irreflexivo con el cual las dictaduras militares han coaccionado el v\u00ednculo de sus habitantes con su pa\u00eds y su historia. Y a la vez que reconoce la necesidad de una escritura de la memoria venezolana, Lerner problematiza las posiciones que naturalizan el v\u00ednculo de las mujeres con el cuerpo, desestiman la capacidad reflexiva y creadora asociada a su escritura y deslegitiman su funci\u00f3n autora en un campo intelectual tradicionalmente dominado por hombres (P\u00e9rez Fontdevila, Torras y Cr\u00f3quer 20).<\/p>\n\n\n\n<p>En sus cr\u00f3nicas, Lerner ocupa una posici\u00f3n-sujeto que forma parte de un entramado textual y cultural en el que se inscribe de manera consciente y subversiva para dar cuenta de las redes de poder que han hecho de la literatura producida por mujeres un asunto exc\u00e9ntrico y marginal. Su comprensi\u00f3n de que el oficio de escritora es indisociable de las libertades sociales y pol\u00edticas de las mujeres define tanto su manera de comprender el desarrollo de la literatura y sociedad venezolanas como su autorrepresentaci\u00f3n en el campo cultural nacional; de all\u00ed que sea frecuente encontrar en sus cr\u00f3nicas reflexiones que vinculen las desigualdades sociales con el desarrollo de mujeres novelistas en Venezuela, o bien cr\u00f3nicas en las que el relato de los avances y dificultades de las mujeres en la sociedad le permiten autolegitimar la importancia de su labor como mujer, profesional, escritora y militante en el campo de las letras venezolanas. En este sentido, su trabajo como cronista y su identidad en el campo intelectual venezolano posterior a la dictadura perezjimenista se producen desde la conciencia de marginalidad de este g\u00e9nero, pero tambi\u00e9n desde el lugar que rescata el compromiso con la reflexi\u00f3n pol\u00edtica, cultural y social del entorno que le rodea al escritor:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En Venezuela domina la tendencia de un ensayo muy hablado [\u2026]. Todo esto se debe a nuestro miedo de interpretar el instante; y al abstenernos de interpretar el instante  evitamos interpretarnos a nosotros mismos: no asumimos nuestra propia escena [\u2026]. No me interesa intentar la definici\u00f3n de la cr\u00f3nica ni de ning\u00fan otro g\u00e9nero porque yo soy una mestiza cultural, tanto por mi formaci\u00f3n (por ser hija de la inmigraci\u00f3n) como por haber nacido en un pa\u00eds de la periferia. Yo creo que la cr\u00f3nica es el g\u00e9nero del mestizaje, el que practicamos los que no tenemos p\u00e1nico a no ser novelistas. Hay mucha gente que llega a la novela o al relato de manera forzada, por miedo a quedarse al margen de \u201clos grandes g\u00e9neros\u201d. Hay un gran miedo a lo transitorio; y lo bello de la cr\u00f3nica es que no le importa jugar con la mortalidad. Desde luego que cuando yo he escrito cr\u00f3nica no lo he hecho con el objetivo de defender el mestizaje cultural o de indagar en las posibilidades de la mortalidad; todo lo que he escrito responde a un proceso inconsciente: es un canto solitario que algunas veces suena como un aria y otras como una cancioncita popular. Nunca digo: hoy me siento a escribir de tal a tal hora una cr\u00f3nica\u2026 no, la cr\u00f3nica es para m\u00ed una manera de estar en la vida; una manera dialogante, amable, donde est\u00e1 el otro, donde no estoy yo sola\u2026 es una manera poco arrogante de estar en la vida. Tambi\u00e9n es una forma de ciudadan\u00eda. (Lerner, \u201cElisa Lerner, una atleta\u201d s\/p; \u00e9nfasis personal)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto que modo subjetivo de representaci\u00f3n, la postura<span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>(7)<\/strong><\/span> de Elisa Lerner como autora en el campo cultural venezolano se define a partir de la misma fugacidad desde la que entiende el g\u00e9nero de la cr\u00f3nica. De all\u00ed que podamos atisbar la dificultad en monumentalizar su figura y su obra como repositorios de la memoria venezolana del siglo XX, sobre todo cuando tanto su ethos como su imagen apuestan por el margen y la transitoriedad, pero, muy especialmente, cuando tanto su proyecto como su imagen tienen como fin \u00faltimo establecer formas de di\u00e1logo y de comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cNotas de una aspirante a escritor\u201d, texto publicado en <em>Yo amo a Columbo o la pasi\u00f3n dispersa<\/em>, Lerner se val\u00eda de este formato libre para elaborar una suerte de dec\u00e1logo o ars poetica sobre el ejercicio de la escritura, de su escritura y de su imagen como escritora. En este, entre otras notas, apuntaba:<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"5\">\n<li>Acaso la literatura sea un intento por buscar esa palabra exacta, precisa, que pueda<br>unirnos, definitivamente, al mundo y a sus seres. [\u2026]<\/li>\n\n\n\n<li>Si somos artistas debemos buscarnos un espejo en que quepa no solo nuestro rostro;<br>tambi\u00e9n, dolorosos reflejos del mundo.<\/li>\n\n\n\n<li>Si aspiramos a ser escritores, no debemos poseer la palabra como objeto. Porque la<br>palabra po\u00e9tica es expresi\u00f3n, no posesi\u00f3n. Solo en un caso es admisible la tenencia de<br>las palabras: cuando el escritor las entrega para que las posean aquellos que nada tienen.<\/li>\n\n\n\n<li>El escritor debe aspirar a un amor en el que la carne sea capaz de transformarse<br>en imagen. [\u2026]<\/li>\n\n\n\n<li>La memoria en ocasiones parece ser, apenas, remoto papel de copia de lo que han<br>sido nuestras experiencias. (305-306)<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>La conciencia del papel que ocupan sus cr\u00f3nicas en la construcci\u00f3n de una memoria no oficial de Venezuela articula, casi desde el comienzo de su carrera, el sentido de su prosa. En consecuencia, en las cr\u00f3nicas de Elisa Lerner, memoria debe ser entendida \u201cno como espacio cerrado e inmutable donde se guardan las experiencias del pasado como si fueran piezas de museo, sino como un proceso en-el-tiempo que se redefine desde y a trav\u00e9s del presente, abierto a nuevas lecturas e interpretaciones capaces de revelar otras concepciones del pasado y nuevas posibilidades de imaginar el futuro\u201d (Saraceni 25). Esta manera de concebir la memoria en su obra y en relaci\u00f3n con su proyecto autorial, sin embargo, es v\u00edctima de contradicciones, no solo en lo que respecta a la comprensi\u00f3n de sus cr\u00f3nicas, sino tambi\u00e9n de su imagen de autora. A estas contradicciones en el proceso de construcci\u00f3n de la imagen de autora de Lerner por parte de la cr\u00edtica dedicar\u00e9 estas \u00faltimas p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ya he mencionado anteriormente, Elisa Lerner ha sido reconocida y galardonada en Venezuela casi desde sus inicios como escritora; pero sus libros, su biograf\u00eda y sus entrevistas han experimentado en los \u00faltimos a\u00f1os un revival importante que ha resignificado no solo su papel en la escena cultural venezolana, sino sobre todo su figura como autora. Esto ha venido a materializarse de manera mucho m\u00e1s contundente y difundida a partir de la influencia de los medios y las redes sociales, los cuales han construido una imagen de autora tan inmensa como su memoria<span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>(8)<\/strong><\/span>, una autora accesible, por dem\u00e1s, a las nuevas generaciones de lectores y cr\u00edticos quienes, aun a riesgo de ir tras la b\u00fasqueda de la verdad de la historia en sus cr\u00f3nicas y de erigirla como una figura de \u201cautoridad\u201d \u2013de una singularidad anterior y una soberan\u00eda aut\u00f3noma a su proceso de producci\u00f3n (v\u00e9ase P\u00e9rez Fontdevila, Torras y Cr\u00f3quer)\u2013, han restituido la importancia de la memoria en la construcci\u00f3n de la identidad nacional. Y esto tiene una gran relevancia, adem\u00e1s de una explicaci\u00f3n de motivos, de cara a las versiones maniqueas y premodernas con las que la revoluci\u00f3n bolivariana ha instaurado su relaci\u00f3n de pertenencia con el pasado venezolano y ha buscado legitimidad mediante la restauraci\u00f3n de figuras hist\u00f3ricas, batallas y s\u00edmbolos nacionales en los cuales proyectar un presente m\u00edtico y grandioso guiado por la revoluci\u00f3n y sus l\u00edderes (v\u00e9ase Boym).<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro del vasto repertorio de entrevistas y promociones editoriales, me detendr\u00e9 brevemente en dos publicaciones que emergieron casi simult\u00e1neamente y que nos pueden dar pistas para entender dos aristas desde las cuales se produce la imagen de autora de Elisa Lerner en la actualidad: me refiero, por una parte, a un documental, poco conocido, y de escasos veinte minutos, dirigido por el cineasta C\u00e9sar Cortez como parte de la Escuela de Cine Documental de Caracas \u2013y en el marco de un ciclo de documentales dedicados a creadores venezolanos\u2013, llamado <em>Yo, Elisa Lerner<\/em> (2015), y, por otra, al volumen ya referido,<em> As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas (2016)<\/em>, de este \u00faltimo prestar\u00e9 atenci\u00f3n, especialmente, al pr\u00f3logo escrito por Rodrigo Blanco Calder\u00f3n, \u201cRecordar hacia ma\u00f1ana: las cr\u00f3nicas de Elisa Lerner\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun cuando hoy en d\u00eda circulan numerosos videos de entrevistas a Lerner en los que esta repite de manera recurrente los mismos detalles acerca de su vida familiar y profesional, las razones que la llevaron a ser escritora y los motivos de su escritura<span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>(9)<\/strong><\/span>, el documental <em>Yo, Elisa Lerner <\/em>registra estas an\u00e9cdotas desde la conciencia de autor\u00eda, de su construcci\u00f3n como sujeto autorial Elisa Lerner, como un registro textual atravesado por experiencias personales, retazos musicales, registros fotogr\u00e1ficos y recuentos cinematogr\u00e1ficos, como un sujeto en cuya identidad participan su biograf\u00eda personal, el imaginario medi\u00e1tico, la tradici\u00f3n literaria, su ejercicio como escritora y su vida cotidiana. As\u00ed, la primera escena de este documental se inicia con la voz en off de Lerner \u2013acompa\u00f1ada por una pieza musical que recuerda a la \u00e9poca dorada del cine de Hollywood\u2013, la cual comienza pregunt\u00e1ndose por la identidad de Elisa Lerner, mientras un foco de luz, una c\u00e1mara de fotograf\u00eda y, posteriormente, la silueta de su cabeza y sus hombros \u2013delimitada por una imagen de Caracas tan verde como urbana, que le sirve de contraluz, mientras el encuadre va abri\u00e9ndose para recoger el espacio de la cocina, desde el que habla (Imagen 1)\u2013 van dando paso progresivamente a su rostro. Todo esto no sin antes enfocar al equipo encargado de producir su imagen en el mismo acto de rodaje del documental.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"951\" height=\"336\" class=\"wp-image-11474\" style=\"width: 550px;\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/imagen-1-2.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/imagen-1-2.jpg 951w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/imagen-1-2-300x106.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/imagen-1-2-768x271.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 951px) 100vw, 951px\" \/><\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, en Yo, Elisa Lerner no hay, de entrada, un primer plano de la imagen visual de Lerner, sino, por una parte, un juego de luces y sombras en el que es Caracas el escenario que delinea el contorno de su figura y, por otra, el encuadre de c\u00e1maras que enfocan otras c\u00e1maras a trav\u00e9s de las cuales, finalmente, aparece una imagen de Lerner, como efecto de la representaci\u00f3n. Este marco inicial posee la intencionalidad de introducirnos en un personaje que, atravesado por c\u00e1maras, encuadres, geograf\u00edas y un andamiaje de producci\u00f3n, refuerza su imagen ficcional, esto es, el hecho de ser un producto que se distancia de la persona \u201creal\u201d Elisa Lerner, incluso cuando este personaje hable desde el espacio dom\u00e9stico (Imagen 2). As\u00ed, como si estuviera recitando un guion practicado, Lerner dice:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Me pregunto qui\u00e9n es Elisa Lerner, \u00bfes acaso solo la poseedora de una c\u00e9dula de identidad que una muestra cada vez m\u00e1s muestra con cierto pudor porque no est\u00e1 en la esplendidez de los a\u00f1os j\u00f3venes? Una misma no sabe qui\u00e9n es, una misma va cosiendo lentamente una biograf\u00eda que en m\u00ed se activa siendo en esa cocina que es la de la escritura, pero para los otros, a lo mejor, soy una mujer anecd\u00f3tica que va a una farmacia, que va a la peluquer\u00eda, que vuelve a la farmacia y le preguntan su tarjeta es de ahorro o su tarjeta es de d\u00e9bito y yo les digo: corrient\u00edsima. Y yo, para muchos, no soy la escritora Elisa Lerner, en mi calle soy la se\u00f1ora de la tarjeta corrient\u00edsima y eso me gusta much\u00edsimo porque me abraza al mundo. (Cortez, Yo, Elisa Lerner 0:34-1:50)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No deja de ser curioso que, aun a pesar de los esfuerzos por deslindarse de su biograf\u00eda personal, cuando una autora adquiere un reconocimiento sostenido por la tradici\u00f3n y la cr\u00edtica literarias, su imagen de autora se construye casi de manera natural a partir de su biograf\u00eda y desde el escenario dom\u00e9stico. Es decir, es como si su representaci\u00f3n literaria no pudiera comprenderse si no es a partir del registro de su vida, de la reproducci\u00f3n de su imagen, de la indagaci\u00f3n en su verdad personal (Maingueneau 21-22). Sin embargo, uno de los aspectos interesantes de este documental es su prop\u00f3sito de construir la imagen de una autora que, desde el comienzo, da cuenta de la imposibilidad de su singularizaci\u00f3n: es un personaje cuya biograf\u00eda ha estado definida por y para la escritura, pero es tambi\u00e9n una ciudadana an\u00f3nima marcada por la cotidianidad de la urbe.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de este comienzo metaficcional, sin embargo, el documental registra diferentes planos de Elisa Lerner en distintos lugares de la casa y, desde esta intimidad, pretende hacernos espectadores de su vida. As\u00ed, Lerner es configurada a partir de temas que recogen m\u00faltiples aspectos de su escritura, pero que adem\u00e1s pretenden indagar en su identidad personal. Entre estos, la literatura como forma de entretenimiento; el arte de la iron\u00eda la cual sin la met\u00e1fora se acercar\u00eda a \u201cla violencia del insulto\u201d, \u201cal sarcasmo de la gente ordinaria\u201d; la envidia, en cuanto que \u201cadmiraci\u00f3n plebeya\u201d; el deseo; su preferencia por la palabra escrita como resultado de la herencia maternal y de la lectura silenciosa de la prensa; y la escritura como \u201ctarea noct\u00e1mbula\u201d, que nos permite entretenernos con nuestros \u201csue\u00f1os m\u00e1s desconocidos y tratar de llevarlos a la claridad de la vida\u201d. Como era de esperar, la memoria tiene un espacio en este repertorio, sobre esta se\u00f1ala, en exacta correspondencia con su obra y sus opiniones sobre este tema, que: \u201cyo creo que, en nuestro pa\u00eds, donde no hay cultura de la memoria, tampoco hay cultura de la verdad, de manera que no duelen ni la verdad ni duele la memoria. La memoria le da un valor \u00e9tico, un tiempo moral enorme a lo vivido, sin memoria no hay futuro\u201d (Yo, Elisa Lerner 8:10-8:37).<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, el documental permite que nos acerquemos tambi\u00e9n al recuerdo de su vida, de sus padres y de su hermana en relaci\u00f3n con la Caracas de mediados de siglo XX, una ciudad entonces peque\u00f1a que se asomaba a la modernidad. Este recuerdo se enlaza, en el documental, con el car\u00e1cter urbano de sus cr\u00f3nicas y de su identidad como escritora, una de cuyas se\u00f1as son las pel\u00edculas de Hollywood que se suced\u00edan en la ciudad: \u201cYo creo que lo urbano es pisar firme en el asfalto y ver un movimiento inenarrable de gente activa, entrando en edificios, en tiendas en librer\u00edas, creo que hay como un ritmo incesante de la vida\u201d (Yo, Elisa Lerner 11:00-11:19). Como parte de este repertorio, la fotograf\u00eda y el cine tienen un colof\u00f3n final, pero no por ello menos importante: si consideramos el ethos de su escritura y la imagen de autora que Lerner elabora de s\u00ed misma en sus textos, no debe extra\u00f1arnos que en la pregunta por la marca del cine en su identidad y en su escritura destaque a Jean Arthur, quien, precisamente, hac\u00eda las veces de periodista en las pel\u00edculas, o a Arturo de C\u00f3rdoba, una figura que no solo pone a Am\u00e9rica Latina en comuni\u00f3n, sino que adem\u00e1s recuerda la modernizaci\u00f3n de las urbes latinoamericanas, al encarnar \u201cuna lujosa y sobria nocturnidad urbana latinoamericana\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, como parte del imaginario medi\u00e1tico, Lerner expande el concepto de familia para hermanarse con el sentimiento de p\u00e9rdida de las comunidades que vivieron el exilio como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Es por esto que, seg\u00fan Lerner, el cine de Hollywood fue m\u00e1s que parte integral de su educaci\u00f3n sentimental, porque este cine permiti\u00f3 la construcci\u00f3n de \u201cuna familia imaginaria pero que result\u00f3 muy efectiva\u201d, y cuyo v\u00ednculo resid\u00eda, adem\u00e1s de en el nexo maternal con el cine, en el origen europeo de numerosas estrellas de cine que protagonizaron muchas de las pel\u00edculas de la primera mitad del siglo XX. Como parte de este imaginario visual, el recuerdo y la fotograf\u00eda son planteados de manera yuxtapuesta para demostrar c\u00f3mo para Lerner ambas hablan de la transitoriedad del presente. Al final de estas escenas, una fotograf\u00eda de Lerner con el equipo de producci\u00f3n sirve de tel\u00f3n de fondo para el cierre, casi circular, de su representaci\u00f3n: \u201cUna pel\u00edcula debe terminar bien \u2013se\u00f1ala Lerner\u2013, con la felicidad de los protagonistas, con la dicha en el coraz\u00f3n, lo que deseo para el pa\u00eds, con la dicha para su historia, con una reconciliaci\u00f3n para lo mejor de su destino\u201d (Yo, Elisa Lerner 18:36-18:57).<\/p>\n\n\n\n<p>El mestizaje entre la representaci\u00f3n de su imagen, su compromiso pol\u00edtico y la intimidad de su recuerdo permiten que Lerner construya una imagen l\u00fadica de su figura como autora. Es quiz\u00e1s por esto que, en su caso, no deba sorprendernos la lucidez desde la cual expone su lugar de enunciaci\u00f3n y la construcci\u00f3n de su imagen de autora como un devenir, como un proceso, que, siguiendo a P\u00e9rez Fontdevila, Torras y Cr\u00f3quer: no tiene lugar en la habitaci\u00f3n propia, aislada, de la escritura, sino en la escena social y pol\u00edtica, una escena en la cual la autorialidad depende de la mirada ajena y, por tanto, de la instituci\u00f3n de una imagen reconocible y doblemente impropia: construida mediante relatos colectivos, y vulnerable a las m\u00faltiples reelaboraciones y reescrituras de los agentes del campo cultural. (24)<\/p>\n\n\n\n<p>Una de estas reescrituras, quiz\u00e1s la m\u00e1s reciente, es la producida a partir de la publicaci\u00f3n de As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Este texto podr\u00eda significar una suerte de consagraci\u00f3n de su carrera como autora, esto es, la materializaci\u00f3n en forma de obra de un cuerpo\/corpus org\u00e1nico de su producci\u00f3n literaria, es decir, la composici\u00f3n material de los registros que definen su textualidad autorial. Este grueso volumen re\u00fane toda su producci\u00f3n como cronista: cinco libros de cr\u00f3nicas, cr\u00f3nicas sueltas, as\u00ed como pr\u00f3logos que reflexionan en torno a su labor como cronista en el campo cultural venezolano; pero adem\u00e1s resignifica su figura como autora: es como si su imagen de autora acabara de esculpirse a partir del esfuerzo de una editorial joven, Madera Fina, heredera de la explosi\u00f3n editorial venezolana de la primera d\u00e9cada  del siglo XXI<span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>(10)<\/strong><\/span> \u2013fundada en 2015 y dirigida por Rodrigo Blanco, Luis Yslas, Carlos<\/p>\n\n\n\n<p>Sandoval y Patricia Heredia\u2013 por atajar los fragmentos de la memoria venezolana. No en vano, el pr\u00f3logo del conocido y joven escritor venezolano Rodrigo Blanco Calder\u00f3n, que presenta el libro, incluye sentencias como \u201cnuestra m\u00e1xima cronista\u201d, \u201cla m\u00e1s subrayable de nuestros escritores\u201d. A partir de estas, la imagen de Lerner es exaltada hasta un punto de autoridad que contrasta, sin duda, con la manera como ella misma construye su imagen como autora en el documental Yo, Elisa Lerner \u2013y como se refiere al oficio solitario del escritor en Venezuela\u2013. No dejan de ser ilustrativos, en este sentido, los argumentos con los que Blanco Calder\u00f3n culmina su pr\u00f3logo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La memoria, o la falta de memoria, es una preocupaci\u00f3n cardinal en la vida y obra de <strong>nuestra m\u00e1xima cronista<\/strong>. [\u2026] <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La historia, que para Stephen Dedalus, un europeo, era una pesadilla de la que trataba de despertar, para nosotros ha sido un letargo en el que preferimos permanecer inmersos. No por nada afirma Lerner (<strong>la m\u00e1s subrayable de nuestros escritores<\/strong>) que \u201cdespu\u00e9s de descubierto el petr\u00f3leo, a nuestros conciudadanos solo les interesa que alguien invente la m\u00e1quina del olvido\u201d. Tan olvidadizos somos que hasta se nos ha olvidado que esta m\u00e1quina ya existe y que reaparece intermitentemente en la historia a modo  de revoluciones, con el infaltable operario que pretende anular el tiempo transcurrido, arrasar con el pasado y comenzar de cero.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>A la muchachita venezolana, de ra\u00edces jud\u00edas, que con apenas quince a\u00f1os vio en acci\u00f3n a la m\u00e1quina del olvido derrocar a R\u00f3mulo Gallegos, <strong>le toc\u00f3 construir a partir de entonces lo que despu\u00e9s llam\u00f3 \u201cuna nueva memoria: desnuda, despojada. Una memoria del desamparo<\/strong>\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En las cr\u00f3nicas de Elisa Lerner el lector encontrar\u00e1 los vestigios y las ruinas de un pa\u00eds y de un tiempo arrasados. Pero <strong>tambi\u00e9n hallar\u00e1 las instrucciones para un nuevo uso de la memoria, donde lo joven y lo viejo [\u2026] nos recuerdan la direcci\u00f3n total del tiempo<\/strong>. (12; \u00e9nfasis personal)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La indisociable relaci\u00f3n entre la escritura de un pa\u00eds que se produce al tiempo que se construye un relato de vida define en este pr\u00f3logo la imagen de autora de Elisa Lerner, hasta el punto de fusionar identidad personal con identidad nacional. Es por ello que el t\u00edtulo del libro, tomado de una de las cr\u00f3nicas de Lerner, establece la hoja de ruta para comprender la orientaci\u00f3n con la que los editores concibieron la organizaci\u00f3n de este volumen: \u201cAs\u00ed que pasen cien a\u00f1os\u201d es la cr\u00f3nica del siglo XX venezolano, es la memoria de los escenarios y protagonistas que dieron forma a la Venezuela que terminar\u00eda con una nueva constituci\u00f3n en los albores del siglo XXI. \u201cEsta hija del siglo\u201d, se llama a s\u00ed misma Lerner, y as\u00ed ser\u00e1 construida la imagen que de ella propone este libro, en una Venezuela y un presente diferentes al que acompa\u00f1aron la escritura de sus cr\u00f3nicas.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, no deja de ser interesante que, aun cuando Elisa Lerner haya participado de la decisi\u00f3n editorial de publicar sus cr\u00f3nicas reunidas, en la actualidad su imagen de autora se construya a partir de diferentes miradas que conviven a pesar de sus contradicciones. Porque si bien es cierto que, como afirma Maingueneau, la imagen de autor no es \u201cun punto fijo ni una zona de contacto entre instancias estables\u201d, sino \u201cuna frontera movediza, resultante de un juego de equilibrio inestable en reconfiguraci\u00f3n permanente\u201d (26), las interpretaciones que se derivan de este volumen pueden correr el riego de apuntar hacia una \u00fanica direcci\u00f3n, un \u00fanico sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos dos ejemplos nos ponen de cara a una imagen de autora de Lerner construida desde dos perspectivas diferentes, aunque contempor\u00e1neas. Es este espacio de contradicciones el que debemos considerar cuando pensamos en el papel que juega la cr\u00edtica en la construcci\u00f3n de la imagen de autor, porque, as\u00ed como no hay una \u00fanica lectura para los textos de Lerner, tampoco hay una \u00fanica manera de aproximarse, edificar y resignificar memoria y figura autorial en Lerner. \u201cMemoria y cr\u00edtica son las dos caras de una actitud ilustrada y moderna que no ignora torpemente el pasado, sino que lo elabora y lo piensa desde la interrogaci\u00f3n del presente\u201d, afirma Gisela Kozak (s\/p) en una rese\u00f1a del libro. De esta forma, el mismo ejercicio de autorrepresentaci\u00f3n con el que Lerner ha gestionado su imagen adquiere una nueva dimensi\u00f3n en \u201cLa calle de la infancia\u201d, cr\u00f3nica que cierra As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas, y que se publica por primera vez en este volumen:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Solo que hay que confiar a medias sobre lo que, aqu\u00ed, llevo escrito. Porque, en honor a la verdad, no hay laja m\u00e1s resbaladiza que la del recuerdo. Nunca vuelve a instalarse en la desvanecida arquitectura original. En estas p\u00e1ginas, acaso, he apelado a una laja inexistente. Esa donde la memoria ha dejado mimarse por sue\u00f1os de clemencia. (770)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A partir de estas palabras, Lerner nos obliga a posicionarnos ante un cuerpo\/corpus y una imagen de autora que se resisten a la normalizaci\u00f3n, pero sobre todo ante una memoria y una identidad que revelan sus or\u00edgenes textuales y narrativos, y que debemos leer bajo sospecha, desde un lugar de resistencia al sentido \u00fanico como estrategia para conseguir otras formas de articular la memoria, pero tambi\u00e9n de concebir la autor\u00eda (Saraceni 21).<\/p>\n\n\n\n<p>Memoria y experiencia constituyen tramas indisociables de su oficio como escritora, de su producci\u00f3n literaria, as\u00ed como tambi\u00e9n de la imagen que de Elisa Lerner ha construido el aparato editorial e institucional en Venezuela. Con todo, lo que no debemos perder de vista es que, a lo largo de los a\u00f1os, Lerner ha procurado establecer una imagen de autora que, m\u00e1s all\u00e1 de fijarse en un concepto y lejos de construir verdades, propone la escritura \u2013y el oficio de escritora\u2013 como un terreno en el que ficci\u00f3n\/representaci\u00f3n, imagen, recuerdo, experiencia y comunidad constituyen un todo inseparable de la funci\u00f3n autorial. Esto es, en Elisa Lerner, la conciencia de que el origen de la escritura no es el yo, sino el otro, y de que no es posible concebir el sujeto autorial sin su alteridad, supone, adem\u00e1s de un gesto de generosidad, una manera de concebir la figura del escritor y su objeto m\u00e1s cercana a la idea de despropiaci\u00f3n (v\u00e9ase Esposito) que al car\u00e1cter unitario y la tendencia representativa de la monumentalizaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva, Elisa Lerner deviene un sujeto complejo, cuyas cr\u00f3nicas, lejos de erigir una imagen singular de autora y una memoria s\u00f3lida y sin fisuras, se producen en el contexto de una escenograf\u00eda autorial en la que textos, paratextos y tradici\u00f3n construyen una imagen que se resiste a un \u00fanico sentido. Es decir, construyen un sujeto autorial cuya identidad, lejos de fijar una imagen del pasado, se resiste, como la memoria, a su monumentalizaci\u00f3n para, por el contrario, evitar los riesgos normativos de la nostalgia y construir una imagen que deja el camino abierto a las m\u00faltiples significaciones no solo de su identidad sino, muy especialmente, de la memoria nacional venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Amossy, Ruth. \u201cLa doble naturaleza de la imagen de autor\u201d. La invenci\u00f3n del autor. Nuevas aproximaciones al estudio sociol\u00f3gico y discursivo de la figura autorial. Comp. Juan Zapata. Medell\u00edn: Editorial Universidad de Antioqu\u00eda, 2014. 67-84.<\/p>\n\n\n\n<p>Bencomo, Anadeli. \u201cSubjetividades urbanas: mirar\/contar la urbe desde la cr\u00f3nica\u201d. Iberoamericana 3.11 (2003): 145-159.<\/p>\n\n\n\n<p>Birul\u00e9s, Fina. \u201cIntroducci\u00f3n\u201d. El g\u00e9nero de la memoria. Comp. Fina Birul\u00e9s. Pamplona: Pamiela, 1995. 7-14.<\/p>\n\n\n\n<p>Blanco Calder\u00f3n, Rodrigo. \u201cRecordar hacia ma\u00f1ana: las cr\u00f3nicas de Elisa Lerner\u201d. Pr\u00f3logo. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Elisa Lerner. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 7-13.<\/p>\n\n\n\n<p>Boym, Svetlana. The Future of Nostalgia. Basic Books: Nueva York, 2001.<\/p>\n\n\n\n<p>Collin, Fran\u00e7oise. \u201cHistoria y memoria o la marca y la huella\u201d. El g\u00e9nero de la memoria. Comp. Fina Birul\u00e9s. Pamplona: Pamiela, 1995. 155-170.<\/p>\n\n\n\n<p>Cortez, C\u00e9sar, dir. Yo, Elisa Lerner. Escuela de Cine Documental de Caracas, 2015.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u2019Alessandro Bello, Mar\u00eda Elena. \u201cCr\u00f3nica, un g\u00e9nero para fijar a una Caracas del recuerdo\u201d. Letras 52. 82 (2010): 63-89.<\/p>\n\n\n\n<p>Esposito, Roberto. Communitas. Origen y destino de la comunidad. Trad. Carlo Rodolfo Molinari Marotto. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2003.<\/p>\n\n\n\n<p>Kozak Rovero, Gisela. \u201cEl siglo XX de Elisa Lerner: As\u00ed que pasen cien a\u00f1os\u201d. El Estilete. 24 jul. 2016. . 12 jun. 2016.<\/p>\n\n\n\n<p>Lerner, Elisa. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016.<\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cAs\u00ed que pasen cien a\u00f1os\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 710-733. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cEl marido de la se\u00f1ora de C\u00e1rdenas\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 157-160.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cEl pa\u00eds y la memoria\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 112-116.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cLa calle de la infancia\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 755-770.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cLa literatura: \u00bftiene sexo?\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 458-460.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cLa mujer: sat\u00e9lite lunar\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 511-513.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cNotas de una aspirante a escritor\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 305-306.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>\u201cSoberano rega\u00f1o para Madame Simone\u201d. As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas. Caracas: Editorial Madera Fina, 2016. 537-540.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>Entrevistada por Diego Arroyo Gil. \u201cHay una oscura herencia venezolana que a los j\u00f3venes les toca desterrar de su coraz\u00f3n y de la historia. Entrevista a Elisa Lerner\u201d. Runrunes, 12 abr. 2016. . 16 oct. 2017.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>Entrevistada por Milagros Socorro. \u201cElisa Lerner, una atleta de la soledad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ <em>Entrevista a Elisa Lerner\u201d. Verbigracia 48. 3, 6 abr. 2000. . 13 ago. 2017.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>_____ Entrevistada por Dulce Mar\u00eda Ramos. \u201cEscribir implica soledad. Entrevista a Elisa Lerner\u201d. El Universal. 20 mar. 2016. . 10 jun. 2017.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>_____ Entrevistada por Hugo Priero. \u201cEl venezolano sigue creyendo en actos de magia. Entrevista a Elisa Lerner\u201d. Prodavinci. 12 feb. 2017. . 10 jun. 2017.<\/p>\n\n\n\n<p>Maingueneau, Dominique. \u201cEscritor e imagen de autor\u201d. Tropel\u00edas. Revista de teor\u00eda de la literatura y literatura comparada 24 (2015): 17-30.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00edn-Barbero, Jes\u00fas. De los medios a las mediaciones. Comunicaci\u00f3n, cultura y hegemon\u00eda. 1987. Rub\u00ed: Anthropos Editorial, 2010.<\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e9rez Fontdevila, Aina, Meri Torras y Eleonora Cr\u00f3quer. \u201cNinguna voz es transparente. Autor\u00edas de mujeres para un corpus visibilizador\u201d. Mundo nuevo: Revista de estudios latinoamericanos 7. 16 (2015): 5-27.<\/p>\n\n\n\n<p>Rotker, Susana. \u201cCr\u00f3nica y cultura urbana: Caracas, la \u00faltima d\u00e9cada\u201d. Inti: Revista de literatura hisp\u00e1nica 37-38 (1993): 233-242.<\/p>\n\n\n\n<p>Saraceni, Gina. Escribir hacia atr\u00e1s. Herencia, lengua, memoria. Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2008.<\/p>\n\n\n\n<p>Sandoval, Carlos. Entrevistado por Gabriel Payares. \u201cEl ejercicio cr\u00edtico es visto como una actividad ingrata\u201d. Prodavinci, 8 jun. 2014. . 2 sep. 2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Silva Beauregard, Paulette. \u201cNovela e imaginaci\u00f3n p\u00fablica en la Venezuela actual: el regreso de viejos fantasmas\u201d. Esp\u00e9culo. Revista de estudios literarios 48 (2012). http:\/\/webs.ucm.es\/info\/especulo\/numero48\/novimagve.html. 6 jun. 2012.<\/p>\n\n\n\n<p>Torres Olmos, Lisett y Efr\u00e9n Eduardo Galvis, productores. Elisa Lerner Nagler (Premio Nacional de Cultura, menci\u00f3n Literatura 1999). Ministerio para el Poder Popular para la Cultura, 2013.<\/p>\n\n\n\n<p>Zapata, Juan. \u201cIntroducci\u00f3n\u201d. La invenci\u00f3n del autor. Nuevas aproximaciones al estudio sociol\u00f3gico y discursivo de la figura autorial. Comp. Juan Zapata. Medell\u00edn: Editorial Universidad de Antioqu\u00eda, 2014. 17-30.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1 Para entender a qu\u00e9 hace referencia la \u201cimagen de autora\u201d, es necesario, como afirma Ruth Amossy, dejar de lado la persona real, es decir, aquella que firma la obra, para prestar atenci\u00f3n a \u201csu figura imaginaria\u201d, esto es, a \u201cla imagen discursiva que se elabora tanto en el texto literario como en sus alrededores (en este caso, los discursos de acompa\u00f1amiento como la publicidad editorial o la cr\u00edtica)\u201d (68). Agradezco a Aina P\u00e9rez Fontdevila los clarificadores intercambios te\u00f3ricos en torno a este concepto.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Consciente del car\u00e1cter performativo de la imagen autorial, en una entrevista ampliamente citada y difundida, conducida por la periodista y tambi\u00e9n cronista y escritora venezolana, Milagros Socorro, Lerner constru\u00eda un relato entre l\u00fadico e infantil sobre la motivaci\u00f3n que la impuls\u00f3 a ser escritora para, luego de hacernos sonre\u00edr, en pocas frases llevarnos del recuerdo familiar a la crueldad de la represi\u00f3n social y pol\u00edtica de la dictadura de P\u00e9rez Jim\u00e9nez en Venezuela. Este es uno de los muchos ejemplos que sintetiza los espacios entre los que se mueven la experiencia, el recuerdo y la cr\u00edtica social en su escritura, y a partir de los cuales Lerner configura de manera cuidadosa su imagen autorial: \u201cA los once a\u00f1os. A esa edad mi padre me regal\u00f3 unos zapatos muy lindos, abiertos en la punta y adornados con una trenza que remataba en un lazo. Me pareci\u00f3 que aquellos eran zapatos de escritora y as\u00ed se lo dije a mi padre: \u2018pap\u00e1\u2019, le dije, \u2018\u00e9stos son zapatos de escritora. Ya estoy armada para ser una escritora\u2019. Y a \u00e9l le pareci\u00f3 muy bien. Poco despu\u00e9s me compraron papel, muchas plumas y una m\u00e1quina de escribir. En mi infancia escrib\u00ed tres poemas con un tema muy doloroso: mi mam\u00e1 se enferm\u00f3 gravemente cuando dej\u00f3 de recibir noticias de Europa. A los diecis\u00e9is escrib\u00ed un libro de relatos que titul\u00e9 La ciudad del lucro y que luego extravi\u00e9 no s\u00e9 si en una mudanza o en un interrogatorio de la Seguridad Nacional\u201d (Lerner, \u201cElisa Lerner, una atleta\u201d s\/p).<\/p>\n\n\n\n<p>3 La imagen de autor no puede concebirse solo en funci\u00f3n del texto literario y el ethos discursivo, sino tambi\u00e9n a partir de la relaci\u00f3n de este con la imagen visual y las diferentes funciones \u2013promocional, cultural, as\u00ed como la manera de comunicaci\u00f3n con el p\u00fablico lector\u2013 seg\u00fan las cuales: \u201cla imagen (en su sentido literal, esto es, en el sentido visual del t\u00e9rmino) se duplica en una imagen de sentido figurado. Esta se compone de dos rasgos distintivos: 1. Est\u00e1 construida en y a trav\u00e9s del discurso, por lo que no puede confundirse con la persona real del individuo que escribe, pues se trata de la representaci\u00f3n imaginaria de un escritor en cuanto tal. 2. Es esencialmente producida por fuentes externas y no por el autor mismo, pues se trata de una representaci\u00f3n de su persona y no de una representaci\u00f3n de s\u00ed mismo. Por esto se distingue del ethos discursivo, o de la imagen que el locutor produce de s\u00ed mismo a trav\u00e9s de su discurso\u201d (Amossy 68-69). Mi lectura de la imagen de autora en Lerner busca explorar su producci\u00f3n a partir de la confluencia de los elementos paraliterarios y del ethos discursivo, en este sentido, mi posici\u00f3n intenta poner en di\u00e1logo tanto la aproximaci\u00f3n de Amossy como la aportaci\u00f3n que al respecto realiza Dominique Maingueneau para quien \u201cla imagen de autor no es s\u00f3lo el producto de una actividad del autor: se elabora en la confluencia de sus gestos y de sus palabras, por una parte, y las palabras de todos los que, de modos diversos y en funci\u00f3n de sus intereses, contribuyen a modelarla\u201d (21).<\/p>\n\n\n\n<p>4 En un gesto cargado de autorreferencialidad, Lerner dedica muchas de sus cr\u00f3nicas \u2013especial, aunque no exclusivamente, en <em>Cr\u00f3nicas ginecol\u00f3gicas<\/em>\u2013 a registrar y reflexionar, en l\u00ednea con la perspectiva ginocr\u00edtica, en torno al trabajo de escritoras venezolanas, latinoamericanas, norteamericanas y europeas, as\u00ed como al significado de la llamada \u201cliteratura femenina\u201d. Entre estas cr\u00f3nicas, quiero destacar \u201cLa mujer: sat\u00e9lite lunar\u201d, porque este texto, publicado tambi\u00e9n en Cr\u00f3nicas ginecol\u00f3gicas, podr\u00eda considerarse una suerte de colof\u00f3n o ep\u00edlogo sobre el tema de la \u201cliteratura femenina\u201d tratado en \u201cLa literatura: \u00bftiene sexo?\u201d. En este sentido, se\u00f1ala: \u201cUna gran literatura escrita por mujeres, siempre la ha habido. Hacia los a\u00f1os 20 [\u2026] Virginia Woolf y Katherine Mansfield, pongamos por caso, ten\u00edan ya acentuado prestigio. \u00bfPor qu\u00e9, entonces, al presente \u2013en este discurrir, a\u00fan ansioso, de la d\u00e9cada del 80\u2013 tanto se viene hablando de una literatura femenina? [\u2026] Se habla hoy con casi lineal desenfado en torno a libros escritos por mujeres, no solo porque tiende a haber un n\u00famero \u2013cada vez mayor\u2013 de escritoras excelentes. Acaso, tambi\u00e9n, porque esa intensa literatura \u2013no necesariamente, ginecol\u00f3gica\u2026\u2013 viene a ser notorio matiz expresivo, dentro de la tan sonada \u2013\u00bfsolo contempor\u00e1nea?\u2013 \u2018liberaci\u00f3n femenina\u2019. [\u2026] Al presente, una tr\u00e9mula mujer cuyo carnal texto tiende a ser deso\u00eddo en el lecho desenfadado, pero circunstancial, tender\u00e1 a expresarse a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n literaria. No en balde hoy d\u00eda, en m\u00e1s de un libro escrito por mujer hay una altiva \u2013nada t\u00edmida\u2013 aleluya del cuerpo femenino. [\u2026] Y en la actualidad si no en una no tan arm\u00f3nica libertad sexual \u2013al menos, en la escritura femenina\u2013, el cuerpo de la mujer ya no es para ella, en todo momento, prohibido planeta, empa\u00f1ado espejo. Remoto pa\u00eds pecador, del cual tenga que sentirse culpable\u201d (511-513).<\/p>\n\n\n\n<p>5 V\u00e9ase, al respecto, la cr\u00f3nica \u201cSoberano rega\u00f1o para Madame Simone\u201d, incluida originalmente en Carriel n\u00famero cinco (1983) como parte de los textos de Lerner aparecidos en diferentes publicaciones, entre \u00e9stas la famosa revista humor\u00edstica venezolana El S\u00e1dico Ilustrado (1978-1979). Posteriormente, estas cr\u00f3nicas fueron revisadas, reescritas y seleccionadas para su publicaci\u00f3n en Carriel para la fiesta (1997), del que provienen los textos que se incluyen en As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. Cr\u00f3nicas reunidas.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Sobre este grupo y su relaci\u00f3n con el machismo de la cultura venezolana y con \u201cEl infranqueable abismo entre el mundo del hombre y el mundo de la mujer\u201d, Lerner afirmaba en la entrevista a Hugo Prieto: \u201cPersonalmente, vengo de un hogar no machista, seguramente por esa cultura jud\u00eda, israelita, lo que sea, donde la mujer es muy importante, aunque a la hora del rezo hay esa separaci\u00f3n tan venezolana. S\u00ed, los hombres a un lado y las mujeres por el otro. Eso nunca lo he entendido. Tampoco tuve ese problema en la escuela o en el liceo, me iba de maravilla, era tomad\u00edsima en cuenta. En (el grupo) Sardio, imag\u00ednate. Aunque ahora advierto que hab\u00eda un sesgo machista, porque mis compa\u00f1eros siempre enfatizaban \u2018Elisa es la \u00fanica escritora de Sardio\u2019 y claro, yo en mi vanidad, primero adolescente y luego juvenil, me parec\u00eda maravilloso. \u2018Las otras son amigas\u2019, muchachas muy inteligentes, lectoras, sensibles, que estaban en la universidad. Yo no ten\u00eda compa\u00f1eras que escribieran al un\u00edsono que yo. Ellas, la mayor\u00eda, tambi\u00e9n eran machistas, terminado el bachillerato lo que quer\u00edan era el matrimonio inmediato, como si fuese un refugio antia\u00e9reo\u201d (Lerner, \u201cEl venezolano sigue\u201d s\/p).<\/p>\n\n\n\n<p>7 Siguiendo a J\u00e9r\u00f4me Meizoz, Juan Zapata concibe la postura como una noci\u00f3n que define la simultaneidad en el an\u00e1lisis que contempla las conductas del escritor \u2013la funci\u00f3n-autor en el campo literario\u2013, el ethos del escriptor \u2013el enunciador del texto\u2013 y los actos de la persona. Es decir, que la postura \u201cno solo se construye en los textos, sino que tambi\u00e9n se construye en las actitudes, en las poses, en las formas de hablar, de vestirse o de comportarse que el escritor adopta en su vida institucional (entrevistas en los medios de comunicaci\u00f3n, participaci\u00f3n en eventos p\u00fablicos, etc.) [\u2026] la noci\u00f3n de postura tiene la virtud de articular la dimensi\u00f3n textual (an\u00e1lisis de la imagen que el autor proyecta de s\u00ed mismo a trav\u00e9s de sus textos) y la dimensi\u00f3n comportamental (an\u00e1lisis de la imagen que el autor proyecta de s\u00ed mismo en sus conductas p\u00fablicas). S\u00edntesis de las nociones de ethos y de imagen de autor, la noci\u00f3n de postura se revela extremadamente estimulantes para comprender no solamente la doble dimensi\u00f3n del proceso de construcci\u00f3n autorial (textual y comportamental), sino tambi\u00e9n sus presupuestos institucionales\u201d (22).<\/p>\n\n\n\n<p>8 Un vistazo a algunas de las entrevistas y notas de prensa que salieron a prop\u00f3sito de la publicaci\u00f3n del libro puede darnos una idea acerca de la imagen eterna y magnificente con la que ha resurgido su figura en los \u00faltimos a\u00f1os. La introducci\u00f3n a la entrevista realizada por Dulce Mar\u00eda Ramos es un buen ejemplo de lo anterior: \u201cLa escritora venezolana Elisa Lerner present\u00f3 hace d\u00edas en Caracas su libro <em>As\u00ed que pasen cien a\u00f1os<\/em>, publicado por la editorial Madera Fina. La \u00fanica mujer del grupo Sardio y fiel testigo de los momentos hist\u00f3ricos que han marcado la vida pol\u00edtica del pa\u00eds, ha sido homenajeada no solo de forma literaria con la edici\u00f3n de este libro que re\u00fane su obra como cronista; hace poco recibi\u00f3 el Premio de Literatura Filcar en el Festival Internacional del Libro del Caribe, realizado en la isla de Margarita; tambi\u00e9n ser\u00e1 reconocida en el Festival de la Lectura Chacao, previsto para abril en Caracas. Elisa Lerner fue una mujer avanzada para la sociedad de su \u00e9poca, aunque no lo reconozca. Empez\u00f3 a escribir relatos a los 16 a\u00f1os y su primer cuento lo titul\u00f3 \u2018Una muchacha excepcional\u2019\u201d (Lerner, \u201cEscribir implica\u201d s\/p; \u00e9nfasis personal).<\/p>\n\n\n\n<p>9 V\u00e9ase, entre otros, Elisa Lerner Nagler (Premio Nacional de Cultura, menci\u00f3n Literatura 1999) (2013), el cual forma parte del ciclo \u201cRegistro Nacional Voz de los Creadores\u201d del Ministerio para el Poder Popular para la Cultura [de Venezuela].<\/p>\n\n\n\n<p>10 La necesidad de discutir la memoria oficial erigida por la revoluci\u00f3n bolivariana favoreci\u00f3 la creaci\u00f3n de un movimiento editorial alternativo, de iniciativa privada, cuyo esplendor en los primeros a\u00f1os del siglo XXI puede explicarse, en parte, gracias a la necesidad del p\u00fablico de leer de manera pol\u00edtica los textos  de ficci\u00f3n, especialmente aquellas novelas que revisitaban el pasado venezolano para encontrar en ellas claves para la comprensi\u00f3n de la realidad nacional, reactualizando con ello el v\u00ednculo entre novela y naci\u00f3n (v\u00e9ase Silva Beauregard). De la misma forma, la atenci\u00f3n cr\u00edtica recibida por dicho fen\u00f3meno editorial tambi\u00e9n ha sido explicada por la influencia que tuvieron en su momento la organizaci\u00f3n de conferencias, foros, charlas relacionadas con la literatura venezolana del siglo XXI, pero adem\u00e1s por el impacto de esta literatura en la producci\u00f3n de dosieres monogr\u00e1ficos, tesis, art\u00edculos de investigaci\u00f3n y antolog\u00edas literarias (v\u00e9ase Sandoval).<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">Publicado en: Revista Iberoamericana, Vol. LXXXV, N\u00fam. 268, Julio-Septiembre 2019, 709-728<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>AUTORREPRESENTACIONES DE UN PA\u00cdS EN LAS CR\u00d3NICAS DE ELISA LERNER Mar\u00eda Teresa Vera-Rojas En una entrevista a prop\u00f3sito de la publicaci\u00f3n de As\u00ed que pasen cien a\u00f1os. 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