{"id":11455,"date":"2023-12-15T18:31:00","date_gmt":"2023-12-15T18:31:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11455"},"modified":"2024-03-30T18:41:59","modified_gmt":"2024-03-30T18:41:59","slug":"cuentos-de-maria-elvira-gonzalez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-maria-elvira-gonzalez\/","title":{"rendered":"Cuentos de Mar\u00eda Elvira Gonz\u00e1lez"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El Valle de Virginia<\/h4>\n\n\n\n<p>La vi venir entre la mancha m\u00f3vil de gente que baja en cascadas las escaleras del metro. Lleva un coraz\u00f3n de lentejuelas rojas sobre la franela negra, dos bolsas y un malet\u00edn en una mano y un muchachito en la otra, esconde rollos de todo tipo entre los jeans y camina encaramada en enormes sandalias \u2014casi zancos\u2014 de moda. Logr\u00f3 entrar antes que se cerrara la puerta y pudo sentarse con bolsas, malet\u00edn y muchachito en un solo asiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Se siente observada y me mira. Regreso a la p\u00e1gina central del peri\u00f3dico. En la \u00faltima columna a la derecha, la caricatura en trazos simples: rancho, perro flacuchento, moscas revoloteando y enclenque hombre de pueblo diciendo cualquier juego de palabras contra el gobierno, cualquier gobierno. Es tarde, llevar\u00e9 pan para no hacer arepas<em>. <\/em>Ella sigue ah\u00ed, con su pelo pintado, el muchachito durmi\u00e9ndose encima de las bolsas y sus manos huesudas rode\u00e1ndolo todo, con una pulserita de l\u00e1grimas de pl\u00e1stico y las u\u00f1as pintadas de verde. Se me ocurre que trabaja en Petare, tal vez buhonera, y el muchachito juega debajo de los tenderetes, entre cartones. \u00bfEn qu\u00e9 piensa? \u00bfQu\u00e9 opinar\u00eda de la caricatura? La mujer me mir\u00f3 y se acomod\u00f3 en su asiento. Momento de fijarme en el se\u00f1or que viaja de pie frente a m\u00ed, parece un oficinista boliviano. El llavero colgando de su pantal\u00f3n, es un tumi. \u00bfSer\u00e1 peruano?<\/p>\n\n\n\n<p>Otra vez al peri\u00f3dico, lo compr\u00e9 esta ma\u00f1ana y no he pasado de los titulares: Cabrera peg\u00f3 cuadrangular. R\u00edo Apure desbordado, pobladores en canoa. Muertos en Irak, muertes en Palestina. Muerto comerciante secuestrado<em>.<\/em> Muertos que nos llegan v\u00eda sat\u00e9lite a la incomodidad del hogar, donde sin necesidad de vivir gran cosa, digerimos p\u00edldoras para sufrir que nos sirven en la tele.Pausapublicitaria, Urbanizaci\u00f3n Hogar de Sue\u00f1os, town house, piscina, y centro comercial. P\u00edldora para reventar. \u00bfSer\u00e1 envidia? No creo, no me gustar\u00eda vivir ah\u00ed. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfEst\u00e1n verdes? Los muchachos ya habr\u00e1n llegado, qui\u00e9n sabe qu\u00e9 estar\u00e1n inventando. El celular hace falta. Ojal\u00e1 no les haya pasado nada malo.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchachito se despert\u00f3. R\u00e1pidamente se est\u00e1 arrodillando en las piernas de la madre, ella est\u00e1 intentando sentarlo en otro asiento que ha quedado vac\u00edo, pero \u00e9l prefiere ir cargado como un beb\u00e9. Ahora est\u00e1 abrazado al cuello de su mam\u00e1. Se est\u00e1 chupando el dedo y con la otra mano juega con el zarcillo de pl\u00e1stico. De pronto da la vuelta y me mira. Yo le vuelo un beso, \u00e9l cierra los ojos y se tapa la cara con una mano. Mejor interrumpo ese jueguito amoroso y vuelvo al peri\u00f3dico. \u00bfCu\u00e1ntas estaciones faltan adem\u00e1s del trasbordo? Ser\u00eda ch\u00e9vere que el trasbordo me llevara en g\u00f3ndola hasta una estaci\u00f3n en el mar y de all\u00ed en canal subacu\u00e1tico directo a Manhattan. No s\u00e9 bien por qu\u00e9, pero creo que me gustar\u00eda vivir en Manhattan. Nunca he estado all\u00ed, pero suena estupendo. El chico de Manhattan, Manhattan Transfer. No estoy segura si quiero regresar al hogar \u2014no el de mis sue\u00f1os\u2014, el del piso 18, torre D. Siempre me toca ese n\u00famero. En la cola para la citolog\u00eda tambi\u00e9n. Qu\u00e9 cosa. \u00bfSer\u00e1 que juego ese n\u00famero? \u00a1Ah! no, loter\u00eda no, hasta all\u00e1 no llego, aunque Marx diga que el hombre piensa como vive. Ojal\u00e1 el ascensor est\u00e9 funcionando. Visualizaci\u00f3n creativa: Imagen de ascensor funcionando, lucecitas marcando los pisos. Se abre la puerta, no hay ascensor, me voy por el hueco. Cancelado. Cero pensamientos negativos. Lo que s\u00ed me puede matar es que no estoy haciendo la dieta como deber\u00eda, ni estoy haciendo ejercicios. Despu\u00e9s de la cena me instalo frente al televisor, agarro el control y clic arriba, clic abajo. Orangutanes multiplicando, leones hu\u00e9rfanos y cocodrilos amarrados. Lo dem\u00e1s son muertos: emergencias, policiales, cat\u00e1strofes a\u00e9reas, guerras, sida, forenses. En la tele, la \u00fanica que no mata a nadie es la Madre Ang\u00e9lica, y eso si no es semana santa. Yo deber\u00eda levantarme a las cuatro de la ma\u00f1ana y salir a caminar a Los Pr\u00f3ceres, pero no, me quedo acurrucada en mi cama, hasta las cinco y media, cuando ya no hay tiempo ni de desayunar.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre con tumi se sent\u00f3 al fin. Lleva anillo de casado y actitud de quien no conoce el trayecto, ojal\u00e1 no lo atraquen por ah\u00ed. Ahora saca de una de sus bolsas un libro y se dispone a leer. \u00bfQu\u00e9 estar\u00e1 leyendo? Parece nervioso, como si no conociera bien la estaci\u00f3n donde debe bajarse. \u00bfPor d\u00f3nde iremos? Esta gente del este se conoce hasta por la manera de mirar el tren cuando llega. Entran al vag\u00f3n como si quisieran decir algo importante pero no lo pueden decir, y se instalan sentados o de pie, sin mirar a nadie. No s\u00e9 como lo logran, pero van con los ojos abiertos sin ver. Cero contacto visual, como aconseja el Departamento de Polic\u00eda de Nueva York. En-uai-pi-di.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya se sent\u00f3 esa ni\u00f1a punk al lado del hombre del tumi, s\u00ed, parece peruano. Y aquel pobre viejo, si no se sienta se va a caer, ah, por fin un chamo amable, qu\u00e9 bueno. Creo que m\u00e1s bien voy a comprar pan dulce para todos. No para m\u00ed, porque engordo. Esa es otra, por si fuera poco, todo lo que me gusta engorda o es muy caro. Tan f\u00e1cil que esa punketa lleva un realero en peinado y pintura del pelo, falda de cuero \u2014bien corta por cierto\u2014 maquillaje, tatuajes, sortijas, zarcillos, cadenas y equipo port\u00e1til de escuchar m\u00fasica. Ahora me ha dado por sentir envidia de todo el mundo. Especialmente si el objetivo no tiene celulitis. Tengo que quitarme esa p\u00e9sima costumbre que se revierte en mi contra. Nada de eso, cancelado, los seres inteligentes y sensibles como yo somos observadores, lectores, amables, educados, positivos. Eso de hablar de bolsillos es de mal gusto. Las personas que leen (las que pueden) las novelas de hoy en d\u00eda, saben que no hay pobres. Hasta la palabra es fea. El llano en llamas se extingui\u00f3, y Pedro P\u00e1ramo est\u00e1 enterrado, lo que sigue vigente es el fantasma de Juan Rulfo, y el premio, para que no vaya uno a creer que eso le sali\u00f3 as\u00ed, como si fueran puras voces en su cabeza no m\u00e1s. O sea, el estilo y la t\u00e9cnica y tal. Ma\u00f1ana debo ir a pagar la electricidad o me la van a cortar. No s\u00e9 si a\u00fan hay campesinos, si desaparecieron en los tremedales de Gallegos, o si los mataron en los primeros cuentos de los grandes maestros. No s\u00e9. Los peque\u00f1os seres de botiquines y prost\u00edbulos andan por ah\u00ed como detalles de encuadre. Pero de la gente del cerro ni hablar. Demasiado realismo social demod\u00e9. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 escribir una novela cuyo escenario sea el cerro de San Andr\u00e9s que veo desde mi ventana en el apartamento 18D? \u00a1Eso es candanga! Felizmente ya pasamos esa etapa de crudezas y dificultades del pr\u00f3jimo. Ahora estamos en Pare de Sufrir. Y adem\u00e1s, \u00bfpara qu\u00e9 hablar de eso? \u00bfQui\u00e9n querr\u00eda leer ese dram\u00f3n? Interesante es cuando te echan cuentos babil\u00f3nicos, o te explican en detalle ciertos c\u00f3digos para detectar enemigos en Egipto Antiguo. La erudici\u00f3n me fascina. El erotismo de buen gusto tambi\u00e9n. Yo disfruto una novela como unas vacaciones. Adulterio y homosexualidad incluidos. Digo en la novela, no en las vacaciones. As\u00ed es, \u00bfno? Un poco m\u00e1s que uno, pero no tanto all\u00e1. Pero sobre todo, nada que asome que estamos pasando trabajo, a menos que sea en Par\u00eds. Si me oyeran los chamos dir\u00edan que me puse g\u00f3tica, y eso suena peor. En cuanto llegue, les hago una pasta para que coman y se acuesten. Nada de arepas ni pan dulce. A lo mejor ni se han ba\u00f1ado. Ojal\u00e1 me pueda encerrar a leer la novela de esa escritora colombiana que me prest\u00f3 mi compadre ayer. Si es que terminaron la tarea. Si es que no me quedo dormida. Si es que no me atrapa primero la telenovela brasilera ambientada en Marruecos, donde hay baile del vientre y todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed est\u00e1 la se\u00f1ora de u\u00f1as verdes, detr\u00e1s de aquel mont\u00f3n de estudiantes. Ahora el ni\u00f1o va acostado, con la cabeza en las piernas de la madre y chup\u00e1ndose el dedo. No s\u00e9 c\u00f3mo esa se\u00f1ora puede caminar con esas sandalias tan altas y cargar las bolsas, el malet\u00edn y el muchachito.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo deber\u00eda escribir una telenovela. \u00bfPor qu\u00e9 no? En la telenovela los pobres son como nosotros, aunque vivan en el cerro. Las muchachas pobres nunca son tan pobres, ni son putonas. Son siempre muchachas honradas y decentes. Nunca se presentan incestos, ni los vecinos se masturban en el ascensor. Los ni\u00f1itos nunca son bizcos y las ni\u00f1itas se visten como ni\u00f1itas, con medias tobilleras y todo. Nada de bailar regat\u00f3n ni salsa er\u00f3tica en pantaleticas de faralao. Tampoco hay sirenas como las que se escuchan aqu\u00ed todas las noches, esas alarmas como aquella famosa que mantuvo despierto a Perucho Contreras. A \u00e9l \u00a1Gloria a Dios! le dio por querer ser Pedro Infante, en cambio a m\u00ed las hormonas me hicieron una trampa pat\u00e9tica, y cuando estaba ya toda verde, a punto de convertirme en Hulk, me desinfl\u00e9 llorando a moco tendido en el ba\u00f1o, con tapones de algod\u00f3n en los o\u00eddos, abrazada a mi almohada, entre la regadera y el lavamanos. A pesar de esas diferencias \u2014digamos de g\u00e9nero\u2014 mi supervisora me dice que escribo bien los informes, y las muchachas se r\u00eden cuando les cuento las tragedias con mi ex. Qui\u00e9n sabe&#8230; De repente me consigo por ah\u00ed a Leonardo Padr\u00f3n por estas calles, y zas le cuento rapidito unos cuantos episodios, y Leonardo: \u2014Oye chica, interesant\u00edsimo, nos vemos en el canal. No, mejor me invita a comer y todo. Deseng\u00e1\u00f1ese comadre, no hay escritoras viviendo en superbloques, y menos con cuatro angelitos negros. \u00a1Ah! Si yo fuera Eduardo Liendo. \u00bfQui\u00e9n ha visto negro como ese, ah?<\/p>\n\n\n\n<p>B\u00e1jate de esa nube. \u00bfA quien podr\u00eda interesarle un ascensor descompuesto, una lavadora que no exprime y cuatro carajitos echando vaina? Aterriza. Busca la manera de mudarte para M\u00e9rida. Otro ambiente, m\u00e1s culto. Ma\u00f1ana antes de entrar al metro, voy a jugar la serie completa del 18<em>.<\/em> As\u00ed le doy la raz\u00f3n a Marx, y pienso como vivo. \u00bfPor azar?<\/p>\n\n\n\n<p>La se\u00f1ora de sandalias alt\u00edsimas con muchachito sigue all\u00ed. Ir\u00e1 para El Valle tambi\u00e9n. \u00bfQui\u00e9n sabe? Sus ojos tristes se fijan en m\u00ed como si me descifrara. No sostengo la mirada, busco la verdad de su inter\u00e9s en sus bolsas, en el malet\u00edn negro, en el muchachito. El tren se detiene en Las Tres Gracias. La mujer sacude sus rollos y se levanta con el ni\u00f1o de la mano, pasa frente a m\u00ed y me lanza una \u00faltima mirada de reconocimiento. El malet\u00edn es una laptop, y antes de bajar, la espalda de su franela negra me grit\u00f3 en blanco relieve que es graduada en letras.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo me dice que ma\u00f1ana a esta hora ser\u00e9 yo la que ir\u00e1 en el vag\u00f3n del metro rumbo a El Valle. En su pantalla de aut\u00e9ntica escritora, mis cejas escasas destilar\u00e1n verdades de mujer madura sin maquillaje; sospechosa de cualquier cosa por mi falda marr\u00f3n larga, y para colmo, mocasines. Pero tendr\u00e1 sus dudas. Mi nariz, los lentes, el peri\u00f3dico. \u00bfY la ridiculez de lanzarle besos al ni\u00f1o?Si le gusta Agatha Christie, es posible que mi aspecto oculte al ama de llaves del jefe de una banda distribuidora de drogas en el metro, o a la verdadera jefa. Pero si \u2014como supongo\u2014 prefiere un esp\u00edritu brit\u00e1nico m\u00e1s exquisito, seguramente cambiar\u00e1 mi agenda de reuniones y el t\u00e9 con mis amigas, y me describir\u00e1 organizando una reuni\u00f3n para vender Avon (such a convenient brand) en el vecindario, o lanzando miradas de enganche a chicas que prometan una aventura l\u00e9sbica. Tal vez, esa disc\u00edpula de Virginia Woolf en sandalias de plataforma, a\u00fan sin habitaci\u00f3n propia, pero con laptop y muchachito, ni siquiera me imagin\u00f3. Soy algo marr\u00f3n en la mancha gris, azul, que viaja cada d\u00eda en el metro. En cualquier metro.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La voz<\/h4>\n\n\n\n<p>Cuando atraves\u00e9 el jard\u00edn y llegu\u00e9 a la redoma o\u00ed una voz resonante y clara, como de r\u00edo, que ven\u00eda de un aula frente al corredor. Inexplicablemente, esa voz entr\u00f3 en mi cuerpo y se aloj\u00f3 en no s\u00e9 qu\u00e9 entretela de mi ser. Llegu\u00e9 al sal\u00f3n y por el \u00e1ngulo estrech\u00edsimo de la puerta entreabierta, se ve\u00eda una parte del p\u00fablico muy atento, casi hechizado.<\/p>\n\n\n\n<p>En el viejo edificio hab\u00eda un silencio enorme. No hab\u00eda actividades regulares ese d\u00eda. Los corredores estaban limpios, los techos de madera oscura bien conservados, pero segu\u00eda siendo un edificio mal querido y pobremente utilizado.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a la plazoleta y me sent\u00e9 en un banco a leer. Los bancos eran inc\u00f3modos, el sitio mismo, entre todos esos corredores vac\u00edos, no era apropiado. Me sent\u00eda expuesta y extra\u00f1a, algo me dec\u00eda que no deb\u00eda estar all\u00ed, pero no obedec\u00ed a ese \u201calgo\u201d y permanec\u00ed inc\u00f3modamente sentada tratando en vano de leer a Octavio Paz y o\u00edr la voz al mismo tiempo. \u00bfC\u00f3mo justificar ante m\u00ed misma o ante cualquier otro mi presencia all\u00ed? Estaba, como muchas veces en mi vida, fuera de contexto, desenfocada.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo no imaginaba rostro ni figura. No me planteaba eso. Algo me emparentaba con la sustancia de esa voz, y hubo un temblor, un miedo peque\u00f1o, como si resbalase entre las piedras de ese r\u00edo andino de voz clara y definida.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo vi salir \u2014alto y encorvado\u2014 cargado de papeles, caminando deprisa, no pude o no quise verle el rostro; ya casi oscurec\u00eda, deb\u00eda irme o seguirlo. Sus pasos resonaban en el corredor y me guiaron hasta su oficina. Pas\u00e9 por la puerta y segu\u00ed por el pasillo sin atreverme a entrar. Otras voces estaban all\u00ed junto a la suya. Voces m\u00e1s reales y cotidianas: una oscura y profunda, otra granulada y ligeramente nasal. Ninguna de tantos y tan claros matices como la suya.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien grit\u00f3 un nombre y apellido como cuando pasan asistencia en el ej\u00e9rcito, y \u00e9l respondi\u00f3: \u2014\u00bfS\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo llaman por tel\u00e9fono. En la oficina del Decanato.<\/p>\n\n\n\n<p>Y \u00e9l, como un ni\u00f1o: \u2014Gracias, enseguida voy.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconoc\u00ed su nombre, lo hab\u00eda le\u00eddo en las p\u00e1ginas de cultura de alg\u00fan diario. Comenc\u00e9 a temblar como con fr\u00edo. Con las quijadas casi atornilladas y la expresi\u00f3n m\u00e1s profesional que pude, entr\u00e9 a la oficina y pregunt\u00e9 por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Caballeros atentos se pusieron de pie y me cedieron un asiento en el peque\u00f1o despacho. Sent\u00ed \u00bfo cre\u00ed sentir? ciertas miradas cruzarse con malicia caribe de machos conocedores de la presa. Intent\u00e9 acomodarme en el asiento, pero simplemente no pod\u00eda moverme. Escuch\u00e9 sus pasos y mir\u00e9 cobardemente a otro lado. Mi alma se desbordaba por alg\u00fan lado en el r\u00edo de su voz. Su mano enorme, como de campesino, m\u00e1s que saludarme, me sostuvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco fui recobrando la serenidad hasta que me sent\u00ed c\u00f3moda conversando.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguramente hablamos de lecturas y poetas, no s\u00e9 qu\u00e9 otras cosas dijimos o acordamos, recuerdo vagamente que me present\u00f3 a las otras voces y nos despedimos. Quince minutos despu\u00e9s \u2014como en un acuerdo mudo\u2014 nos vimos en la entrada del edificio. Sub\u00ed a su autom\u00f3vil como si entrara a una nave espacial, con temor y ansiedad por el magn\u00edfico infinito desconocido, la misma sensaci\u00f3n sagrada de soledad y peque\u00f1ez. Inmediatamente nuestras almas se escondieron, se acurrucaron en alg\u00fan lugar lejano. Su mirada se hizo m\u00e1s intensa y menos brillante, su voz m\u00e1s tenue, menos clara: \u2014\u00bfVamos a tomar algo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es un poco tarde para m\u00ed, pero podemos ir un rato a un lugar cercano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gracias \u2014me dijo\u2014 y su mano de panadero arrop\u00f3 la m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo sent\u00ed deseos de bajarme de la nave espacial y correr a mi casa, pero no, me empe\u00f1\u00e9 en descifrar los reflejos de sus ojos y los tonos de su voz cuando aparec\u00edan trazas de aut\u00e9ntica alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 refugio buscaba su alma atada al intelecto y la academia? \u00bfQu\u00e9 playa habr\u00eda podido amansar a ese r\u00edo revuelto de ideas y compromisos?<\/p>\n\n\n\n<p>Esa tarde \u2014desde mi posici\u00f3n de lectora com\u00fan, distante de la academia y de los c\u00edrculos conc\u00e9ntricos de intelectuales\u2014 cre\u00ed atisbar el contorno secreto de su ser \u00edntegro y verdadero, de su talento creador. La voz entonces se hizo m\u00e1s transparente, sus ojos la apoyaron totalmente hasta volverse agua, las manos interrogantes intentaron atrapar algo que yo desconoc\u00eda. Entonces, como si pusiera punto y coma, se instal\u00f3 en posici\u00f3n de latin lover con reflejos dorados de intelectual condescendiente. Y otra vez el alma se escondi\u00f3 detr\u00e1s de pilas de erudici\u00f3n y testosterona.<\/p>\n\n\n\n<p>El combate cuerpo a cuerpo fue intenso. Nuestras almas se buscaron in\u00fatilmente entre sus pecas, en el contorno de mis caderas, en el fondo de sus ojos. El r\u00edo de su voz segu\u00eda ba\u00f1ando mis arenas y yo continuaba hurgando entre recuentos, por las veredas de Saint John Perse, en paisajes andinos, a orilla de mar y con guitarra. Ni el fuego de tambores de Barlovento, ni la ortiga de recuerdos dolorosos lograban que su alma de creador, excluido de s\u00ed mismo, regresara del rigor abismal del pensamiento cr\u00edtico, ni se bajara de aquella loma seductora. Mi alma se extraviaba en su voz de raro talento y sensibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si lo amaba, m\u00e1s bien creo que lo sufr\u00eda con ansiedad por descubrir lo que intu\u00eda en su voz. De pronto comenz\u00f3 a enronquecerse; cada d\u00eda era menos clara y vibrante, hasta que un d\u00eda, en una mueca de tristeza, me disfrac\u00e9 y aparec\u00ed sin previo aviso en un encuentro de intelectuales, con atuendo de secretaria sexy. Dej\u00f3 de llamarme y yo, desesperada por o\u00edrle, hice pat\u00e9ticos esfuerzos que lo alejaron definitivamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca m\u00e1s lo vi, pero s\u00e9 que su batalla se hizo cruenta, el rigor cont\u00f3 estructuras como piedras, el an\u00e1lisis sospech\u00f3 de la ternura. En la disecci\u00f3n no hay esp\u00edritu que valga. Se apag\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El fantasma de su voz me arropa hoy mientras escribo. Sus ojos escudri\u00f1an incr\u00e9dulos el texto. Sus manos de campesino empujan suavemente mi voluntad hasta este punto.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/maria-elvira-gonzalez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados en: https:\/\/letralia.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Valle de Virginia La vi venir entre la mancha m\u00f3vil de gente que baja en cascadas las escaleras del metro. 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